También nosotros debemos dar
la vida por los hermanos» (1 Jn
3,16)... HORA SANTA 19 Por los
enfermos
Monitor:
Bienvenidos hermanos y amigos a vivir estos
momentos de adoración a Jesús Eucaristía. Hoy
tenemos el regalo maravilloso de encontrarnos
frente a Él que viene a nuestro encuentro en su
presencia Eucarística. Tal como lo hicieron
tantos enfermos, pobres y necesitados en su
tiempo, nosotros también queremos verlo y
escucharlo. Aprovechemos este espacio de
intimidad para hablar con Él y para dejarle
hablar.
Canto de Entrada:
Juntos cantando la alegría (Gabaraín)
Juntos cantando la alegría
de vernos unidos en la fe y el amor.
Juntos sintiendo en nuestras vidas
la alegre presencia del Señor.
Somos la Iglesia peregrina que Él fundó,
somos un pueblo que camina sin cesar,
entre cansancios y esperanzas hacia Dios.
Nuestro amigo Jesús nos llevará.
Hay una fe que nos alumbra con su luz,
una esperanza que empapó nuestro esperar.
Aunque la noche nos envuelva en su inquietud,
nuestro amigo Jesús nos guiará.
Es el Señor: nos acompaña al caminar.
Con su ternura a nuestro lado siempre va.
Si los peligros nos acechan por doquier
nuestro amigo Jesús nos salvará.
El Ministro (sacerdote, diácono, religioso o
seglar) coloca a Jesús Sacramentado en la
Custodia. (Puede ser que en una comunidad
pequeña solamente se abra el Sagrario y ya
esté Jesús en el expositor).
Ministro: Adoremos y demos gracias en cada
momento
Todos: al Santísimo Sacramento
Ministro:
Bienvenidos hermanos y amigos a vivir estos
momentos de adoración a Jesús Eucaristía. Hoy
tenemos el regalo maravilloso de encontrarnos
frente a Él que viene a nuestro encuentro en su
presencia Eucarística. Tal como lo hicieron
tantos enfermos, pobres y necesitados en su
tiempo, nosotros también queremos verlo y
escucharlo. Aprovechemos este espacio de
intimidad para hablar con Él y para dejarle
hablar.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Ministro: Adoremos y demos gracias en cada
momento
Todos: al Santísimo Sacramento
Ministro:
Señor Jesús, Salud de nuestras almas, ten
compasión de los que sufren en su cuerpo, de
los que tienen penas en su corazón y de los que
sufren en su alma en el mundo entero. Ten
compasión de ellos, Señor, bendícelos a todos y
haz que muchos, si es tu voluntad, recobren la
salud, que su fe crezca y se mantengan abiertos
a las maravillas de tu amor. Hoy te pedimos
que nuestros hermanos enfermos sean testigos
de tu presencia y de tu entrega en la cruz por la
salvación del mundo.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Ministro: Adoremos y demos gracias en cada
momento
Todos: al Santísimo Sacramento
Ministro:
Señor Jesús, Salud de nuestras almas, Tú nos
has revelado que ya has tomado sobre Ti todas
nuestras dolencias y por tus santas llagas
hemos sido curados. Hoy, Señor, te
presentamos con fe a todos los enfermos que
se han encomendado a nuestras oraciones, te
pedimos, si es tu santa voluntad, que los alivies
en su enfermedad y que les concedas la salud.
Hoy oramos también por todos aquellos a
quienes les pides que en la enfermedad
compartan tu Cruz; haz que crezcan en la fe, en
la esperanza y que te ofrezcan su enfermedad
para gloria de tu Nombre, para que tu Reino
siga extendiéndose más y más a través de la
aceptación de su dolor.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Momentos de silencio.
Canto de meditación:
Sáname.
Hoy, Señor Jesús
vengo ante ti para alabarte ,
hoy, Señor Jesús
con tu poder puedes cambiarme.
Sáname Señor,
hoy quiero vivir,
dame tu amor sin ti no puedo ser feliz.
Sáname Señor,
líbrame del mal,
toca el corazón para alcanzar la santidad.
Hoy Señor Jesús...
Momentos de silencio.
Monitor:
Pongámonos de pie para escuchar ahora la
Palabra del Señor, y que es siempre Palabra
que sana y dejemos que penetre en nuestros
corazones. Cantemos el Aleluya:
Canta Aleluya al Señor,
canta Aleluya al Señor.
canta Aleluya
canta Aleluya
canta Aleluya al Señor.
Monitor:
"Vengan a mí todos los que están cansados y
agobiados que yo los aliviaré, dice el Señor" (cf.
Mt 11,28).
Ministro:
Del Evangelio de San Juan 5,2-9.14
Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las
ovejas, una piscina que se llama en hebreo
Betesda, que tiene cinco pórticos. En ellos yacía
una multitud de enfermos, ciegos, cojos,
paralíticos, esperando la agitación del agua.
Porque el Ángel del Señor bajaba de tiempo en
tiempo a la piscina y agitaba el agua; y el
primero que se metía después de la agitación
del agua, quedaba curado de cualquier mal que
tuviera. Había allí un hombre que llevaba
treinta y ocho años enfermo. Jesús, viéndole
tendido, sabiendo que llevaba ya mucho
tiempo, le dice: ¿Quieres curarte? Le respondió
el enfermo: Señor, no tengo a nadie que me
meta en la piscina cuando se agita el agua; y
mientras yo voy, otro baja antes que yo. Jesús
le dice: Levántate, toma tu camilla y anda. Y al
instante el hombre quedó curado, tomó su
camilla y se puso a andar.
Más tarde Jesús lo encuentra en el Templo y le
dice: Mira, estás curado; no peques más, para
que no te suceda algo peor. Palabra del Señor.
Monitor:
La beata María Inés Teresa, en una de sus
meditaciones escribió: “Las penas de la
enfermedad, los dolores, la congoja moral, las
molestias, deben llevarnos continuamente al
pie de la cruz del Salvador; y ahí, con él, en
unidad de sentimientos, en una fusión de
corazones, con el alma henchida de
agradecimiento, de amor, de contrición, ofrecer
al Padre celestial, en unión de los martirios del
Hijo, todo lo que se padece, pero con la mayor
intensidad de amor”. En silencio, dejemos que
estas palabras resuenen en nuestro corazón a
la luz del Evangelio de Jesús que acabamos de
escuchar y después escuchemos algunos
fragmentos del mensaje del Papa Francisco
para la Jornada Mundial de los Enfermos:
Lector 1: "Queridos enfermos, la Iglesia
reconoce en ustedes una presencia especial de
Cristo que sufre. Dentro de nuestro sufrimiento
está el de Jesús, que lleva a nuestro lado el
peso y revela su sentido. Cuando el Hijo de Dios
fue crucificado, destruyó la soledad del
sufrimiento e iluminó su oscuridad. De este
modo, estamos frente al misterio del amor de
Dios por nosotros, que nos infunde esperanza y
valor: esperanza, porque en el plan de amor de
Dios también la noche del dolor se abre a la luz
pascual; y valor para hacer frente a toda
adversidad en su compañía, unidos a él".
Lector 2: "El Hijo de Dios no ha eliminado de la
experiencia humana la enfermedad y el
sufrimiento sino que, tomándolos sobre sí, los
ha transformado y delimitado. Delimitado,
porque ya no tienen la última palabra que, por
el contrario, es la vida nueva en plenitud;
transformado, porque en unión con Él, de
experiencias negativas, pueden llegar a ser
positivas. Jesús es el camino, y con su Espíritu
podemos seguirle".
Lector 1: "Para crecer en la ternura, en la
caridad respetuosa y delicada, nosotros
tenemos un modelo cristiano a quien dirigir con
seguridad nuestra mirada. Es la Madre de Jesús
y Madre nuestra, atenta a la voz de Dios y a las
necesidades y dificultades de sus hijos. María,
animada por la divina misericordia, que en ella
se hace carne, se olvida de sí misma. Ella es la
Madre de todos los enfermos y de todos los que
sufren. Es la Madre del crucificado resucitado:
permanece al lado de nuestras cruces y nos
acompaña en el camino hacia la resurrección y
la vida plena".
Lector 2: "La Cruz es «la certeza del amor fiel
de Dios por nosotros. Un amor tan grande que
entra en nuestro pecado y lo perdona, entra en
nuestro sufrimiento y nos da fuerza para
sobrellevarlo, entra también en la muerte para
vencerla y salvarnos… La Cruz de Cristo invita
también a dejarnos contagiar por este amor,
nos enseña así a mirar siempre al otro con
misericordia y amor, sobre todo a quien sufre, a
quien tiene necesidad de ayuda»".
Momentos de silencio.
Monitor:
Elevemos a Jesús Eucaristía nuestras súplicas.
Él está vivo y resucitado, Él es esperanza para
todo el que sufre en el cuerpo o en el espíritu.
Digamos después de cada súplica: "Jesús
Eucaristía, escucha nuestra oración".
(Las peticiones pueden ser distribuidas entre los
asistentes).
1.- La salud que nos ofrece Jesús no es sólo una
salud biológica, mental, social, es la salud
integral, es decir, la salvación. Oremos para que
el Señor nos ayude a vivir conformes a su
voluntad amándole sobre todas las cosas y
amando la situación que nos ha toda vivir,
buscando ir a metas altas de santidad.
Roguemos al Señor...
2.- Jesús ha venido a curarnos de la enfermedad
más tremenda, la enfermedad del pecado.
Oremos para que abramos nuestros corazones
de par en par a esta salvación que nos ofrece
Jesús. Roguemos al Señor...
3.- Jesús es portador y dador de una vida que
no se acaba. Oremos para que todas las
dolencias y sufrimientos de este mundo nos
ayuden a configurarnos con Cristo y así
alcancemos el premio de los cielos con un
corazón purificado que lata al unísono del suyo.
Roguemos al Señor...
4.- Para Jesús nada ni nadie está perdido.
Oremos para que la confianza en una vida plena
y feliz nos ayude a vivir con esperanza y para
que demos razón de esta esperanza a nuestros
hermanos lo que más sufren. Roguemos al
Señor...
5.- Jesús nos invita a vivir sanamente todas las
realidades de la existencia, incluso las
dolorosas y adversas como la enfermedad.
Oremos para que sepamos ofrecer nuestros
sufrimientos por la salvación del mundo entero.
Roguemos al Señor...
6.- Somos hombres y mujeres de fe en Jesús
que nos sana. Oremos para que apoyados en la
fe, en los cuidados que nos ofrecen los médicos,
las enfermeras, las auxiliares, en la compañía y
en el cariño de los familiares y amigos, vivamos
con paz los momentos de soledad y de dolor
cuando esté presente la enfermedad.
Roguemos al Señor...
Monitor:
La Sagrada Escritura, en la primera carta de san
Juan nos dice: «También nosotros debemos dar
la vida por los hermanos» (1 Jn 3,16). En esta
Hora Santa, motivados por la Palabra de Dios,
oramos también por todos los que, sin estar
enfermos, tienen el deseo de estar cerca de los
que sufren para reavivar en ellos las ganas de
vivir y para ayudarles a encontrar sentido a la
enfermedad. Después de cada súplica hagamos
un momento de silencio para orar.
(Preferentemente estas súplicas las hacen unas
personas que estén saludables, pueden ser
médicos o enfermeras).
Lector 1: Tú Pan de Vida Eterna, eres alimento,
fuente de fuerza y esperanza; bendice Señor a
quienes has elegido como colaboradores de tu
gracia para aliviar y curar el sufrimiento
humano. Asiste con tu gracia a todos los
médicos, enfermeros, psicólogos y consejeros.
Lector 2: Tú Pan de Vida Eterna, haz que donde
haya debilidad y dolor, ofrezcamos fortaleza y
alivio. Que donde haya ansiedad y miedo,
ofrezcamos aliento y ayuda. Que combatamos
cuanto deshumaniza el trato del enfermo, y a
las estructuras deshumanizadoras e injustas.
Lector 3: Tú, Pan de Vida Eterna, ayúdanos para
que luchemos contra todo lo que denigra y
pisotea la dignidad de los enfermos y de sus
familias, ayúdanos a mostrar tu rostro frente al
hermano enfermo, frente al que se siente solo y
desamparado.
Canto previo a la bendición:
Ya no eres pan y vino (Bohorquez.)
Ya no eres pan y vino, ahora que eres cuerpo y
sangre, vives en mí,
de rodillas yo caigo al contemplar tu bondad,
como no te voy a adorar.
Mientras te pierdes en mis labios,
tu gracia va inundando todo mi corazón
por esa paz que me llena de alegría mi ser
como no te voy a adorar.
Señor Jesús, mi salvador,
amor eterno, amor divino
ya no falta nada, lo tengo todo, te tengo a tí
(bis)
Dueño y Rey del universo,
como puede ser posible que busques mi amor.
Tú tan grande y yo pequeño y te fijas en mi,
como no te voy a adorar.
De rodillas yo te pido,
que el día cuando tu me llames sea como hoy,
para mirarte a los ojos y poderte decir,
que como no te voy a adorar
Señor Jesús, mi salvador,
amor eterno, amor divino
ya no falta nada, lo tengo todo, te tengo a tí
(bis)
Bendición con el Santísimo Sacramento.
Ministro: Señor nuestro Jesucristo, que en este
admirable Sacramento nos dejaste el memorial
de tu pasión concédenos, venerar de tal modo
los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu
Sangre, que experimentemos constantemente
los frutos de tu Redención. Tú que vives y
reinas por los siglos de los siglos. Amén
(Si está presente un sacerdote o diácono, se
dará la bendición del forma acostumbrada, de
otra manera, se hace la reserva).
Bendito sea Dios
Bendito sea su santo Nombre
Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y
verdadero Hombre
Bendito sea el nombre de Jesús
Bendito sea su sacratísimo Corazón
Bendita sea su preciosísima Sangre
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento
del Altar
Bendito sea el Espíritu Santo Consolador
Bendita sea la excelsa Madre de Dios: María
santísima
Bendita sea su santa e inmaculada concepción
Bendita sea su gloriosa asunción
Bendito sea el dulce nombre de María, Virgen y
Madre
Bendito sea San José, su castísimo esposo
Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus
santos. Amén
Canto final:
Danos un corazón.
Danos un corazón grande para amar.
Danos un corazón fuerte para luchar.
Hombres nuevos, creadores de la historia,
constructores de nueva humanidad.
Hombres nuevos que viven la existencia
como riesgo de un largo [Link] un
corazón grande para amar.
Danos un corazón fuerte para luchar.
Hombres nuevos, luchando en esperanza,
caminantes, sedientos de verdad.
Hombres nuevos, sin frenos ni cadenas,
hombres libres que exigen [Link] un
corazón grande para amar.
Danos un corazón fuerte para luchar.
Hombres nuevos, amando sin fronteras,
por encima de razas y lugar.
Hombres nuevos, al lado de los pobres,
compartiendo con ellos techo y pan.