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"Fuera de mí: La voz de Melody"

La novela 'Fuera de mí' de Sharon M. Draper narra la vida de Melody, una niña con una inteligencia excepcional y memoria fotográfica, que no puede hablar ni moverse debido a su discapacidad. A pesar de ser incomprendida por su entorno, la historia destaca su curiosidad y perseverancia, mostrando la lucha por ser reconocida como un ser humano digno. A través de su perspectiva, el libro explora la frustración de no poder expresar sus pensamientos y sentimientos, mientras resalta la importancia de la dignidad y el respeto hacia las personas con necesidades especiales.
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"Fuera de mí: La voz de Melody"

La novela 'Fuera de mí' de Sharon M. Draper narra la vida de Melody, una niña con una inteligencia excepcional y memoria fotográfica, que no puede hablar ni moverse debido a su discapacidad. A pesar de ser incomprendida por su entorno, la historia destaca su curiosidad y perseverancia, mostrando la lucha por ser reconocida como un ser humano digno. A través de su perspectiva, el libro explora la frustración de no poder expresar sus pensamientos y sentimientos, mientras resalta la importancia de la dignidad y el respeto hacia las personas con necesidades especiales.
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Fuera de mi (Spanish Edition) Sharon M.

Draper

Esta joven no puede moverse ni hablar, pero es excepcional-

mente inteligente y tiene

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Fuera de mi (Spanish Edition) Sharon M. Draper

memoria fotográfica. La frustración por su discapacidad y el

poder de su mente están tan bien logrados que te harán

sentir como si estuvieras viviendo su vida.

John Green, autor de Bajo la misma estrella

Melody es la más inteligente de toda la escuela… pero na-

die lo sabe. Su memoria y

capacidad son increíbles. La mayoría de la gente –maestros

y médicos incluidos– cree que es medio retardada, y asiste a

un aula especial donde le repiten el abecedario una y otra

vez. Si pudiera contarles a todos lo que piensa y lo que sa-

be… Pero eso es imposible, porque Melody no puede ha-

blar ni caminar ni escribir… ni casi nada. Fuera de mí habla

de una vida extraordinaria, plena de curiosidad y perseve-

rancia. Una historia de superación que

demuestra lo que somos capaces de hacer por el solo hecho

de tener la dignidad de ser

humanos.

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Fuera de mi (Spanish Edition) Sharon M. Draper

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Fuera de mi (Spanish Edition) Sharon M. Draper

A mi hija Wendy Michelle Draper, con amor.

Agradecimientos

Con profundo aprecio, me gustaría darles las gracias a todos

los seres maravillosos que

dedican su vida a los niños con necesidades especiales.

Quisiera demostrarles mi especial gratitud a los pacientes y

aplicados asistentes de las

instalaciones de Echoing Lake, de la residencia The Re-

nouard, del Centro Lucy Idol, del

Campamento Cheerful, de Stepping Stones, del Campa-

mento Allyn y de las escuelas Bobbie

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Fuera de mi (Spanish Edition) Sharon M. Draper

Fairfax y Roselawn Condon (un agradecimiento adicional pa-

ra Daphne Robinson).

¡Gracias a mi amiga Karen Brantley, que posee una profunda

comprensión de todo este

tema!

Y un agradecimiento especial a mi editora Caitlyn Dlouhy

por su capacidad y visión

increíbles y su famoso bolígrafo verde de edición.

Capítulo 1

Palabras.

Estoy rodeada de miles de palabras. Tal vez, millones.

Catedral. Mayonesa. Naranja.

Mississippi. Napolitano. Hipopótamo.

Sedoso. Terrorífico. Iridiscente.

Cosquilleo. Estor nudo. Deseo. Preocupación.

Las palabras siempre se arremolinaron a mi alrededor como

copos de nieve. Frágiles y distintas, se derretían intactas en-

tre mis manos.

En lo más profundo de mi ser, las palabras se amontonan en

montañas enor mes

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Fuera de mi (Spanish Edition) Sharon M. Draper

for mando frases, ideas conectadas entre sí, expresiones inte-

ligentes, bromas y canciones de amor.

Desde muy pequeña –debía tener unos pocos meses de

edad–, las palabras fueron obsequios dulces y líquidos que

bebía como si se tratara de limonada. Casi podía saborear-

las.

Le daban sustancia al desorden en que se movían mis pen-

samientos y sentimientos. Mis padres siempre me rodearon

de conversaciones: charlaban, mur muraban, verbalizaban y

vocalizaban. Papá me cantaba y mamá me susurraba sus pa-

labras de aliento al oído.

Y yo absorbía y recordaba todas esas palabras que me de-

cían cuando se dirigían a mí o hablaban acerca de mí. Una

por una.

No tengo idea de cómo desentrañé el complicado proceso

de la for mación de las palabras y

del pensamiento, pero ocurrió rápida y naturalmente. Para

cuando tuve dos años, todos mis recuerdos poseían pala-

bras y todas mis palabras tenían significado.

Pero solo dentro de mi cabeza.

Tengo casi once años y nunca pronuncié una sola palabra.

Capítulo 2

No puedo hablar, no puedo caminar, no puedo alimentar me

ni ir al baño por mis propios

medios. Un plomo.

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Fuera de mi (Spanish Edition) Sharon M. Draper

A pesar de la rigidez de mis manos y de mis brazos, puedo

aplastar los botones del control remoto del televisor y mover

la silla de ruedas con la ayuda de unas perillas. Sin embargo,

no puedo sostener una cuchara o un lápiz sin que se me cai-

gan y mi equilibrio es nulo: Humpty Dumpty tiene más do-

minio del cuerpo que yo.

Cuando las personas me miran, supongo que ven a una chi-

ca de cabello oscuro, corto y rizado, amarrada a una silla de

ruedas color rosa. Por cierto, el hecho de que la silla sea ro-

sa no tiene nada de simpático: el color no cambia nada.

Podrían ver a una niña con ojos oscuros llenos de curiosidad,

si no fuera porque uno de ellos está ligeramente torcido.

Su cabeza se bambolea levemente.

Y, a veces, se babea.

Es realmente diminuta para tener diez años y nueve meses.

Tiene pier nas muy delgadas, probablemente porque nunca

las usó.

Su cuerpo tiende a moverse descontroladamente y, algunas

veces, en for ma inesperada, los pies lanzan patadas y los

brazos se agitan y le pegan a lo que se encuentre cerca: una

pila de CDs, un tazón de sopa, un florero.

En verdad, no tiene mucho dominio de sus miembros.

Quizás, una vez que las personas hayan ter minado la lista de

todos mis problemas, se tomen un instante para notar que

tengo una sonrisa razonablemente bonita y hoyuelos profun-

dos. Creo que mis hoyuelos no están nada mal. También lle-

vo aretes de oro.

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Fuera de mi (Spanish Edition) Sharon M. Draper

A veces, la gente ni siquiera me pregunta el nombre, como

si no fuera algo importante.

Pero lo es. Me llamo Melody.

Tengo recuerdos de cuando era muy, muy pequeña. Claro

que es difícil separar los recuerdos reales de los videos que

papá grabó con su cámara, pues los he mirado millones de

veces.

Mamá trayéndome a casa desde el hospital. Tiene el rostro

sonriente pero los ojos entrecerrados de preocupación.

Estoy acurrucada en una bañera pequeñita para bebés, los

brazos y las pier nas muy delgados. No salpicaba ni pateaba.

Rodeada de mantas en el sofá de la sala con una expresión

de alegría en el rostro. Mamá

jura que, cuando yo era bebé, lloraba muy poco.

Mamá pasándome loción después del baño (todavía puedo

sentir el aroma a lavanda) y luego envolviéndome en una

toalla suavecita con capucha.

Papá me grababa mientras me alimentaban, me cambiaban

e incluso mientras dor mía. Al

ir creciendo, imagino que esperaba que me diera vuelta, me

incorporara y caminara. Sin embargo, nunca lo hice.

Pero sí absorbía todo lo que me rodeaba. Comencé a reco-

nocer ruidos, olores y sabores. El silbido de la caldera al

arrancar cada mañana; el olor penetrante y amargo del pol-

vo mientras la casa se calentaba; la sensación de estar a

punto de estor nudar.

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Fuera de mi (Spanish Edition) Sharon M. Draper

Y la música. Las canciones flotaban a través de mi cuerpo y

per manecían dentro de mí.

Dor mía rodeada de canciones de cuna y de los suaves aro-

mas que había a la hora de ir a la cama. Los acordes me ha-

cían sonreír. Es como si siempre hubiera existido una colori-

da banda de sonido otorgándole música de fondo a mi vida.

Cuando suena una canción, siento como si oyera colores y

oliera imágenes.

Mamá adora la música clásica. Durante todo el día, suenan

las sinfonías de Beethoven a todo volumen en su equipo de

sonido. Al escucharlas, esas piezas siempre me parecen de

un azul brillante y huelen a pintura fresca.

A papá le gusta el jazz y, cada vez que puede, me guiña el

ojo, saca el disco de Mozart de mamá y pone un CD de Mi-

les Davis o Woody Her man. Para mí, el jazz es color café tos-

tado y huele a tierra mojada. A mamá la vuelve loca, lo cual

podría explicar por qué papá escucha esa música todo el

día.

–El jazz me da escozor –dice con el ceño fruncido mientras

la música estalla dentro de la cocina.

Papá se dirige hacia ella, le rasca suavemente los brazos y la

espalda, y luego la envuelve en un abrazo. Entonces ella de-

ja de fruncir el ceño. Pero, apenas papá abandona la habita-

ción, mamá vuelve a poner música clásica.

Por alguna razón, siempre amé la música country: el rasgueo

de guitarra fuerte y nítido, la música que habla del corazón

herido. Huele a limón: no es ácida sino dulce como el azú-

car, y levemente amarga. ¡Como el glaseado de un pastel de

limón y como la limonada fresca! ¡Puro limón! Me encanta.

Cuando era muy pequeñita, tengo el recuerdo de estar sen-

tada en la cocina mientras mamá me daba el desayuno y, de

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Fuera de mi (Spanish Edition) Sharon M. Draper

la radio, brotaba una canción que me hacía chillar de aleg-

ría.

So I’m singin’

Elvira, Elvira

My heart’s on fire, Elvira

Giddy up oom poppa oom poppa mow mow

Giddy up oom poppa oom poppa mow mow

Heigh-ho Silver, away

¿Cómo es que todavía me acuerdo de la letra y del ritmo de

esa canción? No tengo idea.

Debió haberse filtrado en mi memoria de alguna for ma… tal

vez desde un programa de radio

o televisión. Fuera como fuese, prácticamente me caía de la

silla. El rostro arrugado, me sacudía y me retorcía mientras

intentaba señalar la radio pues quería escuchar la canción

otra vez. Pero mamá se quedaba mirándome como si estu-

viera chiflada.

¿Cómo podía entender que yo adoraba la canción Elvira

cantada por los Oak Ridge Boys cuando yo misma apenas la

entendía? Me resultaba imposible explicarle que, al escu-

charla, podía oler rodajas frescas de limón y ver notas musi-

cales con tonalidades cítricas en mi mente.

Si tuviera un pincel… ¡guau! ¡Podría hacer un cuadro increí-

ble!

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Fuera de mi (Spanish Edition) Sharon M. Draper

Pero mamá solo atinaba a mover la cabeza y continuaba lle-

nándome la boca con puré de

manzana. Hay tanto que desconoce de mí.

Pienso que es algo bueno recordar todo, ser capaz de guar-

dar cada instante de mi vida dentro de la cabeza. Pero tam-

bién es muy frustrante: es algo que per manece allí dentro

para siempre y no puedo compartirlo con nadie.

Recuerdo tonterías, como la sensación de tener una bola de

avena pegada en el paladar o

el sabor de la pasta dental en la boca.

Un recuerdo persistente es el aroma a café en las mañanas,

unido al olor a tocino y al parloteo incesante de fondo, de

los locutores de los noticieros matutinos.

Sin embargo, lo que más recuerdo son las palabras. Muy

pronto descubrí que en el mundo

existían millones de palabras. Todos los que me rodeaban

podían proferirlas sin ningún esfuerzo.

Los vendedores de la televisión: ¡Compre una y reciba dos

por el mismo precio! Es una oferta por tiempo limitado.

El cartero en la puerta de calle: Buenos días, señora Brooks.

¿Cómo está la beba?

El coro de la iglesia: Aleluya, aleluya.

El cajero de la tienda: Gracias por venir.

Todos utilizan palabras para expresarse excepto yo. Y estoy

segura de que la mayoría de las personas no se dan cuenta

del poder que poseen las palabras. Pero yo sí.

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Fuera de mi (Spanish Edition) Sharon M. Draper

Los pensamientos necesitan de las palabras y las palabras

necesitan de la voz.

Me encanta cómo huele el pelo de mi madre cuando está

recién lavado. Y la piel áspera del rostro de mi padre con

barba de varios días.

Pero nunca pude decirles a ellos lo que siento.

Capítulo 3

Creo que fui descubriendo que era distinta en for ma gra-

dual. Como nunca tuve problemas para pensar o recordar,

me resultaba sorprendente que hubiera cosas que no pudie-

ra hacer. Y eso me enojaba mucho.

Cuando tenía menos de un año, mi padre me trajo un gatito

de peluche. Era blanco y suave y tenía el tamaño justo para

mis deditos regordetes. Estaba sentada en el piso en una de

esas sillitas para bebés, amarrada y segura mientras exami-

naba mi mundo confor mado por una alfombra verde de fel-

pa y un sofá haciendo juego. Mamá colocó el muñeco en

mis manos y yo sonreí.

–Melody, papi te trajo un “minino morrongo” –exclamó con

ese tono agudo que los adultos utilizan con los niños.

Bueno, ¿qué es un “minino morrongo” ? Como si no fuera

suficientemente difícil entender los tér minos reales, ¡también

tenía que descifrar el significado de palabras inventadas!

Pero me fascinó la tersura fresca del pelaje del gatito. Luego

se cayó al suelo y fue papá quien lo volvió a colocar en mis

manos. Yo realmente deseaba sujetarlo y abrazarlo pero vol-

vió a caerse. Recuerdo que me enojé y me largué a llorar.

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Fuera de mi (Spanish Edition) Sharon M. Draper

–Prueba otra vez, cariño –dijo papá con palabras teñidas de

tristeza–. Puedes hacerlo –y

pusieron de nuevo el gatito en mis manos. Pero cada vez

que lo hacían, mis deditos no podían aferrarlo y volvía a des-

lizarse hacia la alfombra.

Yo también me caí varias veces en esa alfombra; pienso que

esa es la razón por la cual la recuerdo tan bien. Vista de cer-

ca, era verde y fea. Imagino que esas alfombras de pelo lar-

go ya habían pasado de moda antes de que yo naciera.

Mientras yacía sobre ella esperando que alguien viniera a le-

vantar me, tuve mucho tiempo para analizar cómo estaba te-

jida. Como no podía dar me vuelta hasta que me rescataban,

debía per manecer allí, sola e irritada sobre esa alfombra pe-

luda con el olor a leche de soja en la nariz.

Cuando no me ponían en la silla para bebés, mis padres me

acomodaban en el suelo y me

rodeaban de almohadas. Pero al distinguir un rayo de sol

que atravesaba la ventana, me daba vuelta para contemplar

las motas de polvo que flotaban en él y bum, aterrizaba de

cabeza en el suelo. Lanzaba un alarido, uno de ellos me le-

vantaba, me calmaba e intentaba asegurar me mejor con los

cojines. De todas maneras, en pocos minutos volvía a caer.

Entonces, papá hacía algo gracioso como imitar a la rana de

Plaza Sésamo y eso me provocaba risa. Al instante, chocaba

otra vez contra el piso. Yo no quería caer me pero no podía

evitarlo: carecía por completo de equilibrio.

En ese momento, no comprendía qué me sucedía, pero pa-

pá sí. Él suspiraba y me colocaba

en sus rodillas. Me abrazaba con fuerza y levantaba el gatito

–o el juguete favorito de ese momento– para que pudiera

tocarlo.

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Fuera de mi (Spanish Edition) Sharon M. Draper

Aun cuando a veces inventara su propio vocabulario, nunca

me hablaba con lenguaje infantil como mamá. Siempre se

dirigía a mí como si estuviera hablando con un adulto, utili-

zando palabras reales y suponiendo que yo lo entendería.

Estaba en lo cierto.

–Mi pequeña Melody, tu vida no será fácil –decía en voz ba-

ja–. Si pudiéramos intercambiar nuestros lugares, yo lo haría

sin dudarlo un segundo. Lo sabes, ¿verdad?

Yo solo parpadeaba, pero captaba lo que decía. A veces, su

cara estaba bañada de lágrimas.

De noche, me llevaba afuera y me hablaba al oído acerca de

las estrellas, la luna y el viento nocturno.

–Las estrellas están montando un espectáculo solamente pa-

ra ti, mi amor –comentaba–.

¡Observa ese increíble despliegue de brillo! ¿Sientes el vien-

to? Está tratando de hacerte cosquillas en los pies.

Y durante el día, a menudo me quitaba todas esas mantas

con que mi madre insistía en envolver me y per mitía que sin-

tiera la tibieza del sol en el rostro y en las pier nas.

Había colocado un comedero para pájaros en el porche y

nos sentábamos juntos afuera mientras los pájaros pasaban

a toda velocidad y tomaban una semilla por vez.

–El rojo es un cardenal –explicaba–, y aquel es un azulejo.

No se llevan muy bien –

señalaba riendo por lo bajo.

Lo que papá más hacía era cantar me. Tiene una voz clara

que parece hecha para canciones

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FIN DEL FRAGMENTO

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