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Política de EE.UU. de Reagan a Clinton

El documento analiza la evolución de la política estadounidense desde Reagan hasta Clinton, destacando el crecimiento del poder global de EE.UU. debido a su economía, sistema de defensa y estructuras políticas. Se describe el sistema bipartidista, los cambios en las políticas de los partidos Republicano y Demócrata, y cómo estos han influido en la política interior y exterior del país. Además, se aborda la transición de un liderazgo conservador a uno más progresista, así como los desafíos económicos y sociales que enfrentó EE.UU. durante este período.

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Política de EE.UU. de Reagan a Clinton

El documento analiza la evolución de la política estadounidense desde Reagan hasta Clinton, destacando el crecimiento del poder global de EE.UU. debido a su economía, sistema de defensa y estructuras políticas. Se describe el sistema bipartidista, los cambios en las políticas de los partidos Republicano y Demócrata, y cómo estos han influido en la política interior y exterior del país. Además, se aborda la transición de un liderazgo conservador a uno más progresista, así como los desafíos económicos y sociales que enfrentó EE.UU. durante este período.

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TEMA 37: [Link].

: DE REAGAN A CLINTON

1. Elementos estructurales de la política estadounidense

Si [Link]. fue incrementando su poder a escala global es por tres causas. El dinamismo de su
economía y ética del trabajo le permiten acumular capital e inversiones exteriores que posicionan sus
intereses en todo el mundo. La defensa de esos intereses motiva un sistema de seguridad y defensa
inigualable para otro país, que con la IIGM toma posiciones en Europa y Asia y durante la Guerra Fría las
consolida hasta ser primera potencia militar. El tercer factor es la consistencia de sus estructuras políticas,
entendidas como continuidad institucional, persistencia del marco normativo y consenso sobre grandes
principios nacionales.
Con la más antigua constitución del mundo y un sólido entramado normativo basado en la tradición
y la labor de los cuerpos legislativos, en [Link]. se ha desarrollado un sistema político muy distinto al de
Europa. Una República Federal presidencialista se sustenta en una rigurosa división de poderes, primero
entre Administraciones federal, estatal y local, con grandes cuotas de autogobierno, y luego entre poder
ejecutivo, legislativo y judicial, todos legitimados mediante elección y con sistemas de fiscalización.
Estas bases son el elemento fundamental de continuidad política, sólo con novedades menores.

1.1 El sistema de partidos en [Link].


El sistema de partidos políticos es muy distinto al de occidente, con dos únicas fuerzas políticas,
Republicanos y Demócratas, que se reparten todos los niveles administrativos. Pero su influencia no es
absoluta ante una sociedad civil muy dinámica y ajena a los dos grandes partidos. Son dos formidables
máquinas electorales, pero los sistemas legislativos federal y estatal no tienen una correlación única, ya
que los miembros de las cámaras se sienten más fiscalizados por sus bases electorales que por sus
partidos. El uso de elecciones primarias para seleccionar candidatos y la búsqueda de financiación
individual por los candidatos hace que la dirección de los partidos políticos no tenga el poder de Europa.
Si se suma la trascendencia del uso de los medios de comunicación por la propia clase política y los
intereses entrelazados entre sociedad civil y empresas, se ve la amplia autonomía de los representantes
populares y la ausencia de una obediencia de partido.
El Partido Republicano fue reconstruido en los ochenta, recuperando las bases del moderantismo
optimista de la edad dorada de los cincuenta, al que suma un radical liberalismo económico y la defensa
de valore que el crecimiento de las Iglesias hacían socialmente rentables. Reagan representa esta
reconstrucción y su sucesor, Bush, era buen conocedor de la Administración y no le interesó cambios
importantes en la política interna excepto subidas de impuestos, estando más implicado en una política
internacional que experimentó los mayores cambios de las últimas décadas.
El Partido Demócrata tuvo serios problemas de identidad desde el final de Carter y ya desde la
pérdida de apoyos electorales en los estados del sur en los sesenta. El partido llega a los noventa sin
programa claro y alternativo al republicano, asumiéndolo y perdiendo la simpatía del electorado
damnificado por las políticas ultraliberales. Su recomposición fue obra de Clinton, que atrajo al partido al
centro y atrajo el voto de clases medias urbanas y trabajadores de baja renta, aunque su mayor innovación
quedó frenada por la mayoría republicana de las Cámaras.
La vuelta republicana al poder en 2000 obedeció al éxito de la política socioeconómica de Clinton y
el crecimiento económico, lo que hizo a la sociedad más conservadora y menos dispuesta al gasto social.
A pesar de su parentesco, el republicanismo de George W. Bush tuvo poco que ver con su padre,
sintiéndose más heredero de Reagan en la reducción de carga fiscal y la voluntad de imposición global en
la política internacional tras el 11-S.
El fracaso de ambas políticas, con el mayor déficit, metiendo a [Link]. en dos guerras abiertas y
dejando la mayor crisis económica desde 1929, posibilita el regreso demócrata con Obama. Obama estaba
entre los más progresistas de los demócratas, pero supo conjugar posiciones pragmáticas con un discurso
emotivo. Si durante el primer mandato su idea de consenso para superar la triple crisis encontró
resistencia entre los menos tradicionales del partido y los republicanos, en el segundo periodo se intentó
imponer en duras negociaciones con el Capitolio. La hegemonía republicana en la Cámara y su ala más
reaccionaria, el Tea Party, limitaron la gestión presidencial. Esas mismas bases, para sorpresa de los
dirigentes republicanos, auparon a Donald Trump, un outsider que derrotó en las primarias a las grandes
nuevas figuras del partido y se impuso en las presidenciales abrazado a un nacionalismo populista y
excluyente.

1.2 Tendencias en la política exterior


La implicación de [Link]. en asuntos internacionales es asunto menor para los ciudadanos, no dando
grandes dividendos electorales la política exterior. Pero los estadounidenses son conscientes de la
necesidad de liderazgo de su país y conocedores de la responsabilidad y coste de ese liderazgo. La
opinión sobre política internacional oscila entre la tentación aislacionista, la defensa del multilateralismo
y la práctica del unilateralismo.
El aislacionismo es la tendencia exterior americana de mayor tradición hasta la IGM, siendo su
participación en ella su primera y corta ruptura, volviendo en los veinte y treinta a una ausencia de
participación. La entrada en la IIGM hizo que, junto a los intereses nacionales comprometidos en el
exterior y la Guerra Fría, ya no hubiera opción a volver al aislacionismo. La última oportunidad para esta
corriente llega con el fin de la Guerra Fría, cuando algunos círculos influyentes interpretan la caída de la
URSS como el triunfo de la democracia liberal y el mercado libre a escala global, aunque para entonces la
globalización es un hecho contradictorio con su aislamiento internacional.
El idealismo de Wilson tras la IGM es mejor acogido en Europa que en [Link]., no siendo la
Sociedad de Naciones aceptada por el Senado. Sus tesis se imponen tras el fin de la IIGM con la
fundación de la ONU. Aunque desde entonces [Link]. tiene un papel protagónico, su apuesta por el
multilateralismo siempre se contrabalancea con una defensa de sus intereses y una interpretación de la
escena internacional poco influenciable. Así, cuando sus intereses coinciden con la mayoría, ha usado
mecanismos de consenso pero ha desdeñado decisiones colectivas si estaban contra sus posiciones. Este
unilateralismo ha tenido el apoyo de amplias capas sociales propensas a no dejarse someter por
mecanismos de decisión multilaterales, aunque fue más estridente durante el primer lustro del siglo XXI.
En general hay una tendencia demócrata a confiar en la cooperación con otros países mediante
multilateralismo y una tendencia republicana a usar medios unilaterales, acentuándose la tendencia en las
tres últimas décadas.

1.3 La apoteosis del American Century


En la historiografía anglosajona es común hablar del siglo XX como American Century para
manifestar el protagonismo de [Link]. Este estatus privilegiado es más una conquista paulatina de
influencia y poder hasta llegar al nivel de hiperpotencia. El fin de la IGM convirtió a [Link]. en acreedor
de Europa y el fin de la IIGM en su protector. Tras la IGM, Washington se abstuvo de una política
internacional expansiva y no integró la Sociedad de Naciones. Tras la IIGM [Link]. tuvo su máxima
extensión territorial (administrando islas del Pacífico), militar (tropas de ocupación en Filipinas, Japón y
Alemania) y económica (Plan Marshall, préstamos de guerra y concesiones a sus empresas en los países
liberados). En 1945 [Link]. es la primera superpotencia, con una fortaleza militar y económica que se
trasladó a influencia política y social convirtiéndose en garante de la seguridad y modelo a seguir por
occidente. Pero no fue hasta el inicio de la última década de siglo cuando el poder de [Link]. toma
niveles inéditos en la historia.
En la Guerra Fría el liderazgo de [Link]. encontró una alternativa en la URSS. Con la desaparición
del bloque del Este, [Link]. asume el papel de hiperpotencia única. Su economía es la más influyente del
mundo (primer país productor y consumidor, mayor inversión, mercado financiero y desarrollo
tecnológico), su política exterior es determinante (puesto prioritario en las relaciones de cualquier otro
país, Fuerzas Armadas con una capacidad sin igual en otro país, la mayor flota de los océanos, vehículos
aéreos, terrestres y arsenal estratégico) y su capacidad de influencia cultural sobre usos y costumbres (soft
power).
[Link]. tiene un nivel de poder equivalente a los grandes imperios de la historia, con la diferencia de
que se da en un momento de completa integración de la humanidad, siendo [Link]. el primer imperio
global. Pero con tres diferencias: no se asienta sobre un dominio territorial, se manifiesta por capacidad
de influencia y no de control, y es el primer imperio que se niega a serlo. En [Link]. el concepto político
de imperio se ha visto como negativo, naciendo el país de la independencia del dominio británico, siendo
en el siglo XIX adalid de la emancipación de las Américas y en el XX, frente a la pervivencia de los
imperios europeos abandera la descolonización. Cuando a finales de siglo hay la conciencia de que
[Link]. alcanzó un estatus similar a los antiguos imperios (con sus tintes más negativos en el primer
lustro del siglo XXI), hay un debate sobre la virtualidad del modelo y el necesario respaldo de la sociedad
que debía asumir el coste imperial.

2. La herencia de la era Reagan y el mandato de George Bush

En los ochenta, en [Link]. hay una reacción conservadora que responde a la crisis económica y de
credibilidad provocadas por la subida del precio del carburante y crecimiento de potencias económicas
alternativas, y los efectos de la derrota en Vietnam y la crisis de los rehenes en Irán. Esta aparente
postración se transforma al final de la década en una imagen de recuperación nacional y triunfo de la
Guerra Fría.

2.1 El triunfo del neoliberalismo: Ronald Reagan (1981-1988). Política interior


La presidencia de Reagan sentó las bases de una refundación republicana que hacía del partido un
portavoz de los sectores más tradicionales y económicamente más poderosos.
En política interior, Reagan realizó programas neoliberales en su gestión: reducción de impuestos,
disminución de gasto público, desaparición de burocracia innecesaria y de inversión en sectores no
imprescindibles. La lectura política era la reducción de la presencia del Estado en áreas que el
intervencionismo había invadido, estando de fondo la vieja interpretación conservadora que proclama la
menor injerencia posible del Estado en el ciudadano, al que el sistema le proporcionaría oportunidades de
promoción por libre competencia.
Los primeros efectos de la disminución de política social son el aumento de marginación y
desigualdad. El resultado, además de una política laboral ultraliberal, es el resurgimiento de la economía
y nueva etapa de prosperidad. La inflación y el desempleo se reducen y se crean puestos de trabajo. Pero
las políticas fiscales y el crecimiento tienen efectos secundarios, con un alarmante aumento del déficit
público que hace reconsiderar la promesa de no subir los impuestos, y un dólar muy caro que permite
comprar barato en el exterior pero dificulta exportar de modo competitivo. Estas razones hunden la bolsa
de Nueva York en octubre de 1987, con un efecto social multiplicativo por los escándalos financieros de
los tiburones especulativos de Wall Street.

2.2 La política exterior de Reagan


En política exterior, Reagan endurece la posición americana, tanto en relaciones con la URSS como
resto del mundo. Un posicionamiento negociador y estratégico, sin llegar hasta las últimas consecuencias
(excepto la invasión de Granada y el raid aéreo sobre Libia). Las relaciones con la otra superpotencia
parten de constatar que en los setenta la URSS no había perdido influencia e incluso había reducido la de
[Link]. en algunas zonas, siendo el objetivo invertir la dinámica e imponerse a la URSS. Los medios
usados fueron negar concesiones en las negociaciones en marcha y su cierre tras la invasión de
Afganistán, el despliegue en Europa de un nuevo sistema de misiles balísticos, y el incremento del gasto
militar multiplicando medios tradicionales y de nueva capacidad. La URSS intentó primero responder
para luego reconocer que no tenía respuesta, por lo que debió negociar un desarme efectivo, negociación
que la caída de la URSS paralizó ya con Bush como presidente. Washington lo interpretó como una
victoria en la Guerra Fría.
La política exterior hacia el resto del mundo complementa este endurecimiento, intentando hacer de
[Link]. garante de todo proceso de cambio o impedir que se diera si iba contra ellos. Eso exigió una gran
financiación y la caída de la exigencia sobre derechos humanos de Carter a favor de una presión sobre
pacificación, control de gasto y lucha contra filocomunistas, en ocasiones sosteniendo dictaduras militares
en América Latina y Asia. El balance exterior de Reagan es muy favorable para los intereses de [Link].,
aprovechando la caída de la URSS y el diálogo de Gorbachov con una alteración de la dinámica que
impone el criterio de Washington.
El apoyo a anticomunistas hace que la situación soviética en Afganistán sea insostenible y se retiren,
como los vietnamitas de Camboya y los cubanos de Angola. Desaparecen las maniobras
desestabilizadoras de Libia y en Centroamérica fracasan las iniciativas guerrilleras. El Muro de Berlín
desapareció y el bloque del Este estaba en proceso de disolución. Pero estos triunfos implican un gran
coste económico, imposible de sostener en el tiempo. Pero esto no supone el descenso de la popularidad
de Reagan, que acaba mandato con el prestigio de devolver el orgullo y seguridad a su país.

2.3 Continuidad y crisis: George Bush (1990-1993). La crisis interior


La herencia de Reagan se sintió con Bush, vicepresidente de Reagan y favorecido por su gran
popularidad, logran un fácil triunfo en las elecciones de 1988. Pero el optimismo de Reagan no podía ser
igualado por Bush, un rico empresario conocedor de la Administración y la mala situación interna del
país. Su presidencia constata la crisis económica y los enormes nuevos desafíos internacionales.
Los excesos públicos y privados en la segunda mitad de los ochenta llevaron a [Link]. a una
delicada situación económica que se fue agravando. El origen del problema era el déficit público de la
presidencia anterior junto a la bajada de productividad de la industria unida al incremento de la de sus
competidores. Con un amplio stock, la bajada de ventas en el exterior y pérdida de cuota de mercado
interior, las empresas denunciaban el alto coste social de la industria y servicios, el ritmo de su
producción y la pérdida de competitividad. Frente a estas acusaciones, los sindicatos denuncian las
grandes ganancias de los ejecutivos. Y en conjunto, empresas y sindicatos critican la pasividad
gubernamental y la escasa capacidad de reacción.
Todas estas críticas minan la confianza de la economía a la vez que denuncian la falacia del dogma
neoliberal de la autorregulación del mercado. El resultado es la peor crisis económica desde 1973. En
1992 [Link]. se enfrenta al paro, cierre de empresas y negocios, bajada de valor de propiedades
inmobiliarias y quiebra de sociedades financieras. La crisis afectó más a los profesionales especializados
y directivos empresariales que a trabajadores industriales o agricultores.
La crisis obliga a reconsiderar la promesa de no subir impuestos. En 1990 debe haber un aumento de
ingresos fiscales, elevando impuestos directos y desapareciendo exenciones tributarias a la vez que crecen
los impuestos indirectos sobre consumo. La incapacidad para frenar la crisis y la ruptura de la promesa de
congelación fiscal precipitó la popularidad de Bush a una caída que ni los éxitos exteriores remontaron.

2.4 La política exterior de Bush. El cambio con la URSS


En un discurso de 1991 Bush dice que son la única nación con fuerza moral y material para
acaudillar el mundo, intentando evidenciar que su larga guerra contra el imperio del mal acabó con
victoria. Pero también muestra la gran responsabilidad que [Link]. debía asumir en el exterior.
La presidencia de Bush preside el mayor cambio internacional desde el fin de la IIGM y la
desaparición del núcleo central exterior de [Link]. las últimas cuatro décadas: la lucha indirecta contra la
URSS. Cuando es investido presidente en enero de 1989 la geopolítica mundial (salvo la emergencia del
Tercer Mundo) era muy similar a los años cuarenta, pero todo ha cambiado cuando deja el cargo. El
arquitecto de la política exterior es el secretario de Estado James Baker que, alejado de triunfalismo,
intenta reaccionar a los cambios y hacer consciente a la Administración de los enormes nuevos desafíos.
Las relaciones con la URSS se dan con prudencia y continuidad. Bush apoyó las reformas de
Gorbachov, manteniendo estrechos vínculos por considerarlo una oportunidad para reorientar las
relaciones Este-Oeste hacia una menor competitividad. Fruto de esta línea es el Tratado sobre Reducción
de Armas Estratégicas (START, 1991) que reducía el arsenal de armas nucleares de largo alcance. Pero
las relaciones con la URSS no podían evadirse de lo que ocurría en el bloque del este. El objetivo
fundamental era el apoyo a la autonomía y transición de Europa oriental, colaborando con Moscú y
evitando la violencia. Los momentos más delicados son las independencias de los países bálticos y la
reunificación de Alemania, usando un discurso ajeno al triunfalismo y apoyando la presidencia de
Gorbachov, un objetivo que se alcanzó aunque [Link]. acabó yendo a remolque de los acontecimientos.
2.5 La situación en América Latina y Oriente Próximo: Panamá e Irak
Hubo continuidad en los asuntos de América Latina, aunque con un tono menos moderado. Bush
siguió apoyando a Contra en Nicaragua, mantuvo el bloqueo económico contra el Gobierno sandinista de
Daniel Ortega y respaldó la unificación antisandinista. Su apoyo triunfó en las elecciones de 1990 con
Violeta Barrios de Chamorro, que supuso el cambio de régimen en el país. En ese sentido destaca la no
aceptación de los tratados de Esquipulas, plan de paz propiciado por Costa Rica para acabar con los
conflictos en Centroamérica provocados por grupos guerrilleros, basados en promover regímenes
democráticos y una reconciliación nacional.
Pero la actuación más significativa es Panamá, donde Noriega, antiguo colaborador de los servicios
secretos con el apoyo de Washington para tomar el poder, endureció su régimen con un discurso populista
que quería recuperar la soberanía sobre el canal. La reacción de Bush fue de línea intervencionista para
desestabilizar el régimen, denunciando su corrupción e implicación en tráfico de drogas y blanqueo de
dinero. La dependencia económica de Panamá de la presencia americana en el canal lo hacían delicado,
por lo que Bush decreta un bloqueo económico que reduce el apoyo popular al dictador.
La escasa eficacia del a medida lleva a [Link]. a una intervención militar en diciembre de 1989,
donde las tropas acantonadas en el canal invaden Panamá y provocan la huída de Noriega, que acaba
entregándose en enero de 1990 y deportado a [Link]. Pero el proceso de devolución de la soberanía sobre
el canal no fue detenido y entró en vigor en diciembre de 1999.
La decisión exterior más trascendente de Bush fue el liderazgo en la respuesta internacional ante la
invasión de Kuwait por el Irak de Saddam en agosto de 1990. Ante la posibilidad de que Saddam
controlara las reservas petroleras de Oriente Próximo, [Link]. desplegó soldados mientras en el Consejo
de Seguridad de la ONU se solicitaba la intervención si Irak no abandonaba Kuwait. Hussein dilató la
situación y la diplomacia barajó distintas opciones mientras se iban sumando fuerzas militares de países
occidentales e islámicos, hasta 700.000 soldados de 34 países. La mayoría del contingente era de [Link].,
450.000, así como el mando de operaciones y la comunicación.
El 17 de enero empieza la operación Tormenta del Desierto, evidenciando una nueva era bélica
donde era clave la tecnología y medios de comunicación. Por su superioridad, sobre todo aérea y de
misiles, el conflicto acabó rápido, el 27 de febrero. En [Link]. se interpreta como un conflicto nacional,
con la opinión pública informada selectivamente, generando gran expectación, pero la euforia se evaporó
rápido por el mantenimiento del régimen de Saddam, el gran coste económico del a participación y las
denuncias sobre montajes informativos de desinformación contribuyeron al descenso del apoyo popular.

3. La vuelta a la prosperidad: Bill Clinton (1993-2000)

La campaña presidencial de 1992 enfrentó los triunfos en política internacional y la crisis económica
interior. Los Demócratas tuvieron dificultades para un candidato de peso con garantías de triunfo. El
elegido fue el gobernador de Arkansas, sin formación en política internacional por lo que basa su
campaña en asuntos domésticos, sobre todo la mala situación económica. Los resultados finales están
influidos por el tercer candidato, Ross Perot, cuyo programa era neoliberal sin complejos pero bajo un
discurso populista sencillo y directo que toma el respaldo de una quinta parte del voto, perjudicando a
Bush.
Clinton es investido en enero de 1993, con una presidencia de ocho años donde sale de la crisis y hay
una larga etapa de crecimiento. Clinton desarrolla un nuevo estilo de comunicación directo y persuasivo.
En un principio tiene paralelismos con Kennedy incluso en el papel de su esposa, Hillary Clinton, con
gran influencia y un estilo de última consejera.
Clinton basó su campaña en que “América volviera a pensar en sí misma”, recobrando fuerza el
tradicional aislacionismo americano. La presidencia de Clinton tuvo un liderazgo selectivo internacional,
la defensa de políticas sociales que enlazaban con la herencia kennedyana y el apoyo a nuevas fórmulas
empresariales de creación de riqueza.

3.1 La salida de la crisis


La administración Clinton local tenía dos temas: superar la delicada situación económica y un
consenso sobre política social. El histórico déficit público de [Link]. mermaba su capacidad para superar
la crisis, la reducción fiscal republicana dejó más efectivo en los particulares a costa de dejar exhaustas
las arcas federales, una losa cuando el dólar dejó de ser moneda refugio y el gasto de amortización de la
deuda aumentó. La pérdida de competitividad de la economía, sobre todo en los sectores más
tradicionales de industria y agricultura, se agrava por la inversión en el exterior y la deslocalización
productiva. La solución fue un paquete de medidas en dos grandes bloques.
Primero se recortaron los gastos federales para reducir a la mitad el déficit público, la
Administración se reestructura y se reduce el número de trabajadores, así como el fasto militare en
efectivos e inversión en equipos. Segundo hay tres grandes iniciativas con la puesta en marcha de un
sistema fiscal más equitativo (subiendo en general los impuestos) a la vez que se incentivan inversiones
públicas y privadas y se reducen los costes laborales. La formación del Consejo Económico Nacional,
encargado de coordinar las políticas sectoriales y su inserción en el panorama económico internacional.
Se institucionaliza la apuesta por superar el neoliberalismo pero dejando autonomía a la iniciativa
privada. El resultado final de las reformas es la rápida reducción del déficit federal en el primer mandato
y la acumulación de superávit en el segundo. Así [Link]. recupera el liderazgo crediticio mundial y el
dólar vuelve a ser moneda refugio.

3.2 El triunfo de la nueva economía


Con estas bases, la economía americana tiene nuevos sistemas de creación de riqueza, no basadas en
trabajadores industriales sino en grandes capacidades tecnológicas que multiplicaban la producción. Era
la revolución de la nueva economía, aplicándose las nuevas tecnologías de la información que permitían
grandes aumentos de la productividad, afectando al aumento de la competencia, control de la inflación y
reducción de la prima de riesgo. Es clave en la nueva economía la utilización de las nuevas tecnologías
para compraventa y prestación de servicios. Tiene tres efectos: realización de transacciones comerciales o
financieras en tiempo real, la supresión de la mayoría de intermediarios y la posibilidad de acceso al
consumidor en igualdad de nivel y oportunidades independientemente de su localización.
El éxito de la nueva economía repercutió en la economía de [Link]. cuya expansión se basó en
nuevos sistemas de producción y comercialización con una mejora continua de equipos informáticos y su
aplicación en red. [Link]. en los noventa fue el principal suministrador de hardware y software. Más
importante fue su repercusión en el mundo empresarial. Si a finales de los ochenta la informática
revolucionó el sector financiero, la expansión al resto del mercado y hogares y el desarrollo de internet,
posibilitan nuevos sectores empresariales y multiplican la productividad del resto. En los noventa, el
incremento de las empresas de este sector, las puntocom, y la gran concentración de financiación supone
un posicionamiento privilegiado de las nuevas tecnologías y un sector de creación de riqueza.

3.3 La oposición republicana


El saneamiento de las arcas y la socialización de los beneficios de la economía pudieron ser
utilizados para la reforma social que Clinton pretendió, pero sufrió una oposición cerrada republicana que
moderó y frenó la mayoría de sus reformas. Desde las legislativas de mitad de mandato de 1994, los
republicanos tienen mayoría en las dos Cámaras, obstaculizando las iniciativas presidenciales en el
ámbito social. A pesar de la trascendencia de reformas en desempleo, enseñanza o medioambiente, el
paquete legislativo de mayor esfuerzo fue la reforma sanitaria, que pretendía una cobertura básica para la
población más desfavorecida sin cuestionar el sistema sanitario privado ni las sociedades médicas.
Con la mayoría, los republicanos no sólo rechazan las reformas, sino que descalifican al matrimonio
Clinton tildándole de radical. En el primer mandato, el líder republicano en la Cámara de Representantes,
Gingrich es el azote de la Casa Blanca. Con su iniciativa legislativa los republicanos intentan forzar a
Clinton a reducir el gasto social, bloqueando meses el presupuesto de 1996.
En ese año debía haber elecciones, por lo que los republicanos usan la presión legislativa, pero la
radicalización del discurso y su inflexibilidad facilita la estrategia de Clinton. Su programa moderado
exhibe sus éxitos económicos y su promesa de política social, respeto a los principios del Estado y la
incorporación de nuevos valores hicieron que la candidatura de Clinton fuera la más centrista y de
consenso. Habrá un nuevo triunfo demócrata, éxito empañado por el triunfo republicano en la renovación
parcial de las cámaras, ampliando más la mayoría conservadora.

3.4 El segundo mandato de Clinton


El segundo mandato de Clinton es de sostenido crecimiento económico, moderación de los
programas reformistas de políticas sociales y crecientes escándalos del matrimonio Clinton. Mientras los
republicanos moderaron su intransigencia al no querer obstaculizar la bonanza económica, el acoso a la
presidencia se trasladó a los medios para acabar en tribunales e investigación. Los tres asuntos más
espinosos fueron la financiación de la campaña, operaciones inmobiliarias anteriores a la ostentación de
cargos públicos y sobre todo las relaciones extraconyugales del presidente.
Éste fue lo que más complicaciones produjo a Clinton, obligado a un juramento público negando los
hechos cuando las pruebas mostraban lo contrario. La presión de los medios conservadores se incrementó
y en 1999 el Senado lanza un proceso de destitución (impeachment) por perjurio y obstrucción a la
justicia. El intento fracasa al no lograr la iniciativa los dos tercios de apoyo pero oscurece los últimos
años de Clinton a pesar de su gran apoyo popular. Éste venía de sectores que veían en la oposición de
acoso un desesperado intento reaccionario para frenar una transformación social que desbordaba las
posibilidades presidenciales, consecuencia de los cambios culturales de la globalización. Pero el apoyo
popular a Clinton estaba motivado por un hecho de gran trascendencia: cogió el gobierno con el mayor
déficit fiscal de la historia y abandonó la Casa Blanca con el mayor superávit.

3.5 El liderazgo selectivo exterior


La presidencia de Clinton es la primera con una política exterior que pretende superar la herencia y
esquemas de la Guerra Fría. La promoción de la democracia por el mundo, el apoyo al desarrollo
económico, el control de armas de destrucción masiva y la confianza en organizaciones internacionales,
cooperación y multilateralismo son las bases de su acción exterior.
Mientras sus antecesores tuvieron como objetivo prioritario la respuesta al enemigo soviético,
Clinton lideró una superpotencia sin antagonista. Viendo que su sucesor George W. Bush declaró su país
en estado de guerra, se percibe la excepcionalidad del periodo Clinton. Sus secretarios de Estado, Warren
Christopher y Madeleine Albright eran internacionalistas que amplían el criterio de intervención
internacional a la vez que se encuentran situaciones inéditas. Es una etapa que propicia una acción
internacional multilateral, apoyando la actuación de la ONU y la pacificación de conflictos heredados.
La responsabilidad de ser la única superpotencia exigía un sistema diplomático y un músculo militar
que permitiera al país intervenir en variadas situaciones y conflictos. Desde el principio Clinton intentó
recortar gasto en defensa, obligando la necesidad a seleccionar los ámbitos de intervención. Es el
liderazgo selectivo, la renuncia a un papel de gendarme universal pero aceptando la responsabilidad del
estatus de superpotencia única.

3.6 Las intervenciones exteriores y el proceso israelí-palestino


No hubo áreas prioritarias de intervención. Aunque se siguió la evolución de la nueva Rusia, se
priorizó la estabilidad política y desarrollo económico. Europa vio disminuir la atención, perdiendo parte
de su importancia y, cuando la recupera, es por la vuelta de la guerra. [Link]. interviene para resolver las
guerras civiles tras la fragmentación de Yugoslavia, primero pacificando Bosnia (Acuerdos de Dayton
1995) y luego limitando la agresiva política serbia con una acción militar directa sobre Belgrado y
ocupando Kosovo (1999) ambas bajo bandera OTAN y siguiendo mandato de la ONU.
La degradación de las condiciones políticas en África y su ingobernabilidad requirieron atención.
Había dudas sobre las necesidades y posibilidades de actuación. Al inicio del mandato, Clinton apoya con
medidas militares programas de ayuda humanitaria en el conflicto civil de Somalia, pero tras el derribo de
dos helicópteros Black Hawk en Mogadiscio y su gran repercusión mediática, [Link]. retira a todos sus
soldados y mantiene sólo apoyo logístico al no haber intereses nacionales en juego. Más dramático aún es
Ruanda en 1994, con la limpieza étnica contra la minoría tutsi. Desde el Consejo de Seguridad hay una
dolorosa autocrítica, donde la ausencia de intereses nacionales no debía permitir mirar hacia otro lado
cuando había crímenes de lesa humanidad.
Como todo, Clinton también lanzó un programa para resolver el conflicto israelí-palestino. El apoyo
a conversaciones secretas (Proceso de Oslo) culmina en septiembre de 1993 con la firma de un acuerdo de
principios entre Rabin y Arafat. Aunque al año siguiente Rabin es abatido y entre los palestinos creía la
opción radical de Hamás, el proceso siguió durante la década. En septiembre de 2000 hay una nueva
cumbre en Camp David que debía culminar el proceso pero a pesar de las concesiones de ambos y la
presión del anfitrión, no se alcana el acuerdo. Clinton también fue incapaz de solucionar el conflicto.

3.7 La política en América Latina y la incorporación del medio ambiente


Si la política exterior y la economía siempre han estado vinculadas, con Clinton hay mayores
sinergias. Aunque su administración presta menos atención a América Latina, el crecimiento económico
se institucionaliza con la ampliación de los tratados bilaterales y la entrada en vigor del Tratado de Libre
Comercio de Norteamérica 1994 que ya sondea una gran unión aduanera. Este mismo planteamiento da
un empuje al Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) creado en 1989 pero sin celebrar
cumbre de líderes hasta 1993. La creciente importancia del Pacífico fue vista por Washington como la
oportunidad de crecimiento, y la preocupación del ascenso de las economías asiáticas.
Un campo innovador en la política exterior de Clinton fue el medioambiente. Aunque los ecologistas
llevaban décadas alertando, será en los noventa cuando los Gobiernos nacionales se interesen,
coincidiendo con los primeros informes sobre el agujero de ozono y el calentamiento global. El
vicepresidente Al Gore es una voz decisiva para incorporar la causa al debate político. La ratificación
institucional del a preocupación es el apoyo de [Link]. al recorte de las emisiones de gases
contaminantes y la firma del protocolo de Kioto.

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