0% encontró este documento útil (0 votos)
3 vistas5 páginas

De Bush a Trump: Política y Crisis en EE.UU.

El documento analiza la transición de EE.UU. desde la presidencia de George W. Bush, marcada por la respuesta al 11-S y el inicio de guerras en Afganistán e Irak, hasta la administración de Barack Obama, quien enfrentó una crisis económica y conflictos sociales, proponiendo un cambio significativo en la política interna y exterior. Bush dejó un legado de déficit fiscal y un enfoque militarista, mientras que Obama buscó la recuperación económica y el cierre de conflictos bélicos, enfrentándose a una oposición política significativa. A pesar de las expectativas, la administración de Obama tuvo que navegar por un entorno complicado de crisis heredadas y resistencia legislativa.

Cargado por

angelin82
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
3 vistas5 páginas

De Bush a Trump: Política y Crisis en EE.UU.

El documento analiza la transición de EE.UU. desde la presidencia de George W. Bush, marcada por la respuesta al 11-S y el inicio de guerras en Afganistán e Irak, hasta la administración de Barack Obama, quien enfrentó una crisis económica y conflictos sociales, proponiendo un cambio significativo en la política interna y exterior. Bush dejó un legado de déficit fiscal y un enfoque militarista, mientras que Obama buscó la recuperación económica y el cierre de conflictos bélicos, enfrentándose a una oposición política significativa. A pesar de las expectativas, la administración de Obama tuvo que navegar por un entorno complicado de crisis heredadas y resistencia legislativa.

Cargado por

angelin82
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

TEMA 38: [Link].: DE GEORGE W.

BUSH A TRUMP

1. La voluntad imperial: George W. Bush (2001-2009)

Su periodo está marcado por la respuesta al 11-S que requirió medidas excepcionales y del éxito de
esas medidas dependió la suerte de su presidencia. Bush ocupó la Casa Blanca para gobernar un país en la
cima de su poder, con una hegemonía pacífica y el mayor superávit fiscal. Pero al final de su mandato,
[Link]. estaba empantanado en dos guerras, cuestionado su liderazgo mundial y con el mayor déficit
fiscal, debiendo aceptar la ayuda crediticia de países competidores y desaparecidas políticas públicas
puestas en marcha por el Estado en décadas anteriores.
Las elecciones de 2000 fueron las más reñidas de la historia. Tras derrotar en las primarias
republicanas a John McCain, George W. Bush se enfrentó al vicepresidente Al Gore, que logró mayoría
en voto popular aunque Bush ganó en estados y votos electorales. El recuento de votos se impugnó, sobre
todo en Florida. La Corte Suprema de Florida ordenó el recuento manual de votos del estado y, ante la
expansión de impugnaciones, extendió su orden a todo el país. La Corte Suprema de Justicia revocó la
orden, paralizando el recuento. Con apenas 500 votos populares de diferencia, todos los votos electorales
de Florida fueron adjudicados a Bush y, con ello, la victoria.
El programa electoral de Bush reunía todas las tendencias del conservadurismo americano de los
noventa, muy variados en orientación ideológica, referencias sociales y programas económico y exterior.
Durante la campaña sintetizó su posición como conservador compasivo, lo que era poco indicativo de un
programa que recortaba impuestos y gasto federal, reducía la presencia militar exterior o introducía
organizaciones religiosas en el reparto de ayudas públicas. Pero poco de lo programado se llevó a cabo,
ya que la conmoción del 11-S obligó al Gobierno a políticas no contemplada que exigieron del país
grandes esfuerzos y adaptación.

1.1 El primer mandato: seguridad y déficit


La política interna de George W. Bush pretendió una vuelta inicial a planteamientos neoliberales de
Reagan, aprovechando las ventajas de la globalización económica con un ambicioso recorte de impuestos,
apoyo a la actividad empresarial y desregulación del mercado laboral y financiero. La elección de un
gabinete muy conservador y la oposición a aceptar la presión de grupos liberales marcan su política
social: endurecimiento a la inmigración, recorte de ayudas a los más desfavorecidos y apoyo a sectores
religiosos. Pero el 11-S hizo de la seguridad el tema estrella.
El ataque al corazón del territorio nacional con instrumentos no militares desde el interior del país
hizo que el reforzamiento de la seguridad fuera la prioridad. La respuesta del Ejecutivo se amparó en las
evidencias de los ataques, en la psicosis de la población y en la persistencia de los intentos terroristas. A
diferencia de la Guerra Fría, la inexistencia de un enemigo estatal e identificable incrementaba la
incertidumbre. Las medidas de la Administración están en dos bloques, institucional y legislativo.
En el institucional, la mayor innovación fue la creación del Departamento de Seguridad Nacional,
nuevo ministerio que coordina agencias y cuerpos de seguridad. Los ataques terroristas mostraron la
descoordinación de las agencias de investigación e inteligencia, creando como respuesta la Dirección
General de Inteligencia, encargada de facilitar la integración de las anteriores instituciones. Más calado
tuvieron las reformas legislativas, con nuevas leyes para la actuación de los organismos federales con
amplitud y profundidad que motivaron protestas de defensores de derechos civiles. El Gobierno federal
podría interferir comunicaciones, vigilar movimientos de ciudadanos y controlar todo producto
introducido en el país. La sombra de un estado policial se abatió sobre una nación que presumía de la
libertad individual como principio básico.
El segundo campo de actuación fue el económico. El presidente recibió un superávit fiscal,
ejecutando pronto la promesa electoral que le aupó: un plan de recorte de impuestos que favorecía a los
sectores de menores ingresos y grandes fortunas; recorte impositivo a la vez que se pretendía cancelar la
deuda pública. Con un crecimiento económico sostenido el recorte podría haber funcionado pero hubo
dos procesos que lo hicieron fracasar: el agotamiento del ciclo de crecimiento y el incremento de gasto
por las guerras de Afganistán e Irak. El resultado es que tres años después se había enjugado todo el
superávit y había el peor déficit fiscal. Normalmente no era la mejor tesitura para unas elecciones, pero
las guerras de Afganistán e Irak y una aparente victoria rápida hizo que las elecciones de 2003 fueran
muy distintas y Bush, presentándose victorioso y como garantía de seguridad, recibiera apoyo
mayoritario.

1.2 Segundo mandato: crisis


El segundo mandato fue una prolongación crecientemente desfavorable del primero. La economía
americana sufría una dislexia: mientras las cuentas públicas tenían rendimiento negativo, las empresas se
benefician de la mejora de la situación y el consumo todo favorecido por un precio del dinero muy bajo
que permitía un endeudamiento gratuito. La Reserva Federal realiza una política monetaria que aumentó
la actividad económica y combatió la depresión mediante el abaratamiento del crédito lo que, junto al
recorte de impuestos, dejaba en empresas y particulares más efectivo para inversión.
Al mantenerse un lustro la situación hubo un recalentamiento de la economía, desincentivando el
ahorro y promoviendo mayores créditos. El escaso rendimiento de los ahorros tradicionales tuvo dos
consecuencias. Los grandes bancos recortan su beneficio contemplando las hipotecas como el principal
medio de beneficio por lo que amplían su cartera incluso entre los que no tienen recursos parad devolver
la hipoteca A la vez, los bancos de inversión lanzan nuevos productos de rendimientos más atractivos
pero alto grado de especulación y gran opacidad.
Los créditos baratos tienen gran efecto en el mercado inmobiliario, promoviendo construcción. Pero
es negativo el crecimiento sostenido del valor inmobiliario por encima del valor real, que pone en riesgo
la garantía crediticia. Aunque las primeras señales de crisis llegan en 2007, en 2008 se evidencia la
gravedad: el incremento del interés bancario y la bajada del precio de la vivienda pinchan
simultáneamente la burbuja y la combinación de los créditos subprime y los bonos de alto riesgo ponen en
muy alto riesgo la estabilidad del sistema financiero. El crédito se contrajo al máximo, las empresas
cortaron su oportunidad de inversión y los particulares de adquisición, quebraron las dos principales
empresas hipotecarias del país, los grandes bancos de inversión suspendían pagos…
El resultado es una crisis económica que, por la conexión de la economía internacional, se extiende
por todo el mundo. La respuesta de Bush es salvaguardar el sistema financiero, con una línea de crédito
extraordinario a disposición de los grandes bancos luego ampliada a grandes empresas. Estas grandes
ayudas públicas a la iniciativa privada se completan con los mayores niveles de regulación sobre
financieros y empresas. Al cierre de su presidencia, Bush había dado un giro de 180º sobre el
neoliberalismo que llevó a la Casa Blanca.

1.3 Las consecuencias del 11-S


La presidencia Bush está marcada por la reacción al 11-S y donde más se notan las consecuencias es
en la reformulación de la política exterior, rediseñando las relaciones internacionales y el papel de su país
en la escena global.
En la campaña electoral de 2000, la candidatura republicana prestó atención muy secundaria a
política exterior. A diferencia de su padre, George W. Bush no tenía experiencia en el campo. Su
principal asesora, Condoleezza Rice sintetizó, antes del triunfo, las líneas maestras exteriores:
priorización de los intereses sobre los principios, uso del liderazgo para reforzar la continuidad,
aprovechamiento de las oportunidades abiertas por la revolución informática, vinculación con potencias
emergentes y disposición de fuerzas armadas con capacidad de disuasión e imposición.
Estas grades ideas se intentan materializar en los primeros meses con tres líneas. La primera es la
composición y despliegue de las fuerzas armadas, reduciendo su dimensión, mejorando su tecnología y
recortando su presencia exterior. Las críticas republicanas a las políticas de construcción nacional de
Clinton ahora afloran en un discurso aislacionista que reconoce el escaso interés de [Link]. en estar
presente en todos los escenarios. El segundo campo es la recomposición del mapa estratégico, priorizando
a las potencias asiáticas emergentes o con armamento nuclear, dando a Europa atención exclusiva en
temas económicos y con un incremento de las relaciones con América Latina. Por último, tras una década
de posguerra fría donde [Link]. no definía su papel mundial, intentaba afianzarse, consciente de su
incuestionable liderazgo por su superioridad militar y económica, y siendo el mantenimiento del statu quo
el mejor instrumento para preservar esta privilegiada posición. Pero el 11-S afectó a este diseño de
política exterior al introducir una nueva variable: la guerra.
Desde el día siguiente de los atentados, [Link]. se declaró en estado de guerra. Antes de un mes la
guerra era una realidad en Afganistán y en marzo de 2003 se abre un nuevo conflicto en Irak. Aunque las
campañas militares apenas duran unos meses, la incapacidad para consolidar los regímenes afines hizo
que las campañas se prolongaran por años, sin encontrar medios para desescalar la presencia militar y
reducir los enormes costes que suponía.

2. Cambio y recuperación: Barak Obama (2009-2016)

Generando gran expectación, el triunfo de Obama fue un cambio en la política del país. Con dos
guerras abiertas, la crisis económica y conflictos sociales internos, el programa del gobierno tenía
prioridades muy marcadas. El cambio de administración y un discurso y prácticas socializadoras nuevas
crean grandes expectativas que la realidad no siempre permitió. La crisis internacional, las variaciones
geopolíticas y la mayoría republicana en el Congreso limitan los grandes programas propuestos.

2.1 Discurso refundacional y propuestas innovadoras


Tras la crisis exterior e interior heredadas de Bush, la entrada de Obama se interpreta con perspectiva
refundacional. No sólo debían cerrarse guerras y superar la depresión económica, sino que el sistema
debía ser modificado, haciendo que los principios democráticos se impusieran sobre intereses
minoritarios. La empresa requería un consenso mayoritario y se llamó a la unidad con el lema “Yes, we
can”. Obama se impuso contra todos los pronósticos, usando herramientas del siglo XXI frente a métodos
tradicionales, enfatizando la denuncia de los problemas más que promesas de resolución.
En las primarias demócratas Obama se impuso en dura pugna al a favorita inicial, Hillary Clinton.
En la campaña presidencial, se enfrentó al republicano John McCain, siendo ambos opciones minoritarias
y no tradicionales dentro de sus partidos, suponiendo una ruptura con Bush. Frente a la experiencia
política y reconocimiento popular de McCain, Obama se centró en presentar la necesidad de cambio
profundo, llamando no a los partidarios, sino a la ciudadanía. Obama logró una mayoría que evidenció el
deseo de un país agobiado por la crisis, cansado de guerras y anhelante de un nuevo comienzo.
Sobre Obama había muchas expectativas, pero la herencia no era optimista, con dos guerras
enquistadas y una crisis que llegaba a depresión. Debió hacer frente a la reconciliación social mientras
intentaba recomponer alianzas exteriores dañadas por la política unilateralista anterior, así como
enfrentarse a nuevos poderes emergentes. Había tantas tareas acumuladas y un nivel de exigencia tan alto.
En política interior, la prioridad fue la grave situación económica por la crisis financiera y la quiebra
del mercado hipotecario. Obama mantuvo ayudas a las grandes instituciones bancarias, pero variando las
medidas en la reforma del sistema, aumentando la regulación y presencia del Estado. En su segundo año
se dan las primeras cifras de crecimiento y una reforma donde incrementa los sistemas de control de las
direcciones empresariales y financieras. Al inicio de su segundo mandato la crisis estaba superada, a pesar
del crecimiento del déficit fiscal y el recorte de gasto público, pero el sector privado recuperaba confianza
y el consumo interno y exportaciones volvían a crecer.
En paralelo a esta superación, el segundo gran triunfo de Obama es su reforma sanitaria (Medicare),
frenada durante décadas por las compañías farmacéuticas y médicas. A pesar de las grandes presiones de
la Cámara de Representantes, la aprobación del Medicare en 2010 y su entrada en vigor en 2013 es un
paso en el sistema de prestación de servicios de salud pública, ampliando la cobertura entre los
necesitados.
También hubo reforma del régimen de inmigración. País de inclusión y polo de atracción de
inmigración, [Link]. logró un gran dinamismo demográfico, con alta movilidad geográfica y un sistema
de integración y ascenso social que permitió al país generar gran riqueza. Por el constante flujo de
inmigración, el censo de 2010 ya tenía a los hispanos como mayor minoría étnica, con 40 millones de
inmigrantes en [Link]. y 12 millones en residencia ilegal. Abordar el problema era cuestión de justicia
social pero también influía en el mercado laboral, relaciones exteriores y el debate de identidad nacional.
El cúmulo de intereses hizo de su tramitación muy lenta.
La política doméstica de Obama tuvo el hándicap de su minoría parlamentaria. El control
republicano de la Cámara de Representantes hizo que el empuje popular de Obama fuera contrarrestada
por la oposición desde el Capitolio, una especie de lucha de poderes entre ejecutivo y legislativo. Muy
grave fue con los presupuestos. La mayoría republicana usaba la negociación presupuestaria para
oponerse a iniciativas presidenciales o exigir su retirada para aprobar el presupuesto. Esta política llevó a
prórrogas presupuestarias, cierres parciales o incluso la parálisis de la Administración.
El origen de la oposición republicana estaba en corrientes rupturistas opuestas a cualquier concesión
a Obama. El movimiento del Tea Party, un grupo heterogéneo alrededor de la idea de reducir los poderes
federales y la oposición a la clase política de Washington. Surgido a principios de 2009 en respuesta a las
ayudas federales a las grandes empresas y bancos en dificultades por la crisis, el movimiento se consolida
y se moviliza en las elecciones legislativas de mitad de mandato 2010. La presencia de miembros del Tea
Party en los republicanos radicaliza el partido, que endurece su oposición en una estrategia
contraproducente, ya que en las elecciones de 2012 su candidato Mitt Romney no se despega de ese ala
radical, dejando el centro político a Obama que revalida mandato.
Este fracaso aumenta la fortaleza del movimiento en el republicanismo que, ante las legislativas de
2014 incrementa su número de candidatos. El Tea Party aumentó sus seguidores alrededor de la idea de
orígenes constitucionales y limitación legislativa y presupuestaria del Gobierno federal. Conservadores y
reaccionarios ante cambios sociales, el movimiento se enriqueció con visiones libertarias y recibió el
respaldo de sectores religiosos fundamentalistas, así como el aplauso de capas sociales con una visión
muy reduccionista en política.

2.2 Pacificación y redireccionamiento


Las tendencias de continuidad y cambio se conjugan en la política exterior y de defensa de Obama.
La doble idea que articuló su mandato fue la pacificación y reorientación exterior. La primera se da en el
punto final a las guerra de Irak y Afganistán, ni sencillo ni rápido; y la segunda en un conjunto amplio de
programas que busca responder al ascenso de nuevas potencias, redimensionar los presupuestos de
Defensa, responder a las demandas exteriores de responsabilidad multipolar, ejercer un liderazgo
selectivo y, en el fondo, mantener la defensa de los intereses estadounidenses. Ambas ideas se articulan
en un discurso que recupera las ideas de excepcionalidad estadounidense y u ejecución donde
pragmatismo y reducción de gasto dictaban las decisiones.
Al inicio, Obama sorprende con la continuidad del secretario de Defensa anterior, Robert Gates, con
la responsabilidad de reducir la presencia en Irak y acabar la pacificación de Afganistán. Si bien acabar
con las guerras era imposible a plazo corto, debía replantearse la política exterior. El consenso, recuperar
liderazgo y posicionarse en positivo en grandes temas globales serían los objetivos de la nueva secretaria
de Estado, Hillary Clinton. El cambio de estrategia se vio en ámbitos como la lucha contra el cambio
climático o la reducción de armas nucleares. Pero el logro fundamental fue la mejora en las relaciones con
sus aliados tradicionales (nueva interlocución con la UE, nueva estrategia en la OTAN y atención hacia
América Latina), la reformulación de las relaciones bilaterales con otras potencias (China, India, Rusia o
Japón) y la mejora en la imagen exterior del país ante la opinión pública internacional.
Acabar con la intervención en Irak y lograr una salida a la cooperación internacional en Afganistán
eran los puntos esenciales de la agenda. Ambos conflictos se habían entrelazado hasta confundirse en la
opinión pública. Encontrar una salida digna a ambos era imprescindible ante la caída de apoyo popular, el
coste humano y económico y la degradación de la imagen del país. Afganistán fue la guerra más extensa
(oct 2001-dic 2014) y cara de la historia de [Link]. y la incapacidad de resolución aconsejaron la
finalización. Para lograrlo con ventaja, a la vez que se fortalecía la defensa nacional, se incrementaban las
tropas extranjeras para lograr un control territorial que permitiera un repliegue seguro. Dado por
finalizado el conflicto, se acordó la permanencia en Afganistán de unos 15.000 soldados de [Link].;
modelo seguido antes para acabar con la intervención en Irak, donde en diciembre de 2011 las autoridades
locales asumían el control de la seguridad nacional y 13.000 soldados de [Link]. permanecían allí.
Ambos conflictos han sido de coste humano y económico extraordinario, con 1,5 millones de
soldados enviados, 6.000 muertos, un coste de 4 billones de dólares financiado por préstamos, el coste de
la atención a los veteranos de las guerras…
Por el alto coste de estas intervenciones, desde Defensa y Estado se generan estrategias nacionales
que transforman la proyección exterior de [Link]. Priorizando el eje diplomático, Washington permite
mantener su influencia mediante relaciones bilaterales y su capacidad económica. Ante conflictos en
zonas de interés que no se atajaban por vía diplomática (crisis de Siria), la capacidad militar se usa de
forma puntual y buscando subvertir la correlación de fuerzas (Libia y el derrocamiento de Gadafi),
favoreciendo situaciones que sí podían manejarse negociando. Este método desarrolló con Obama nuevos
medios de gran eficacia y dudosa legitimidad: ataques selectivos con drones y el desarrollo de un sistema
de vigilancia virtual de alcance global.
Si con su antecesor se pretendió un orden imperial estadounidense, con Obama [Link]. sienta las
bases para un liderazgo de largo alcance en un mundo interconectado y donde el poder internacional ya
no reside exclusivamente en [Link].

3. America first: Donald Trump (2017-2020)

Trump ya era polémico antes de su entrada en la campaña electoral de 2016. Sin servicio militar ni
cargo público, Trump se enfrentó en las primarias a las nuevas promesas republicanas con un discurso
rupturista y provocativo. A pesar de no tener el apoyo de la dirección del partido, se impuso en la
nominación y se enfrentó en las presidenciales a la demócrata Hillary Clinton, logrando Trump más votos
electorales y siendo proclamado.
La presidencia de Trump fue desmesurada. El presidente de mayor edad en entrar, el de mayor
fortuna personal, el que más veces se había casado o más quiebras empresariales provocadas. También
era el presidente más extrovertido, polémico y deslenguado, sin consideración con minorías, adversarios o
contradicentes. Su apoyo tampoco suponía tranquilidad, arrastrado por reacciones primarias impropias.
Pero sobre todo fue el más controvertido por la interferencia rusa a su favor durante la campaña
presidencial, con investigaciones que probaron la interferencia pero no la connivencia con el presidente,
aunque sí hubiera contactos con cargos y familiares.
La política interior de Trump ha estado marcada por desmontar los grandes programas de Obama,
sobre todo el sanitario, expandir la inmigración como un problema nacional (promesa electoral de un
muro con México) y las reformas fiscales (rebaja de impuestos a los sectores de mayores ingresos) y
financieras (relajando el control federal a grandes bancos y sociedades). La política industrial ha
denunciado los efectos de la deslocalización y la comercial las consecuencias del déficit exterior. Ambas
iniciativas han llevado a replantear el libre comercio y apostar por el proteccionismo, desatando la batalla
arancelaria con China y la UE. Mientras los resultados macroeconómicos de [Link]. han sido positivos.
Su política exterior es de unilateralismo creciente, con rupturas de consenso y sacrificio de alianzas
históricas sin unos objetivos ni logros claros. Los think tanks y el ciudadano medio están perplejos y no
comprenden el papel de su país en el mundo. Se han multiplicado los frentes: comerciales con China,
nucleares con Irán y Corea del Norte, inmigratorios con México y Centroamérica, geopolíticos con la UE
y Rusia…
Trump enfatizó que era hora de la reconcentración de [Link]. en sus propios asuntos, pero aún a la
espera de reducir tropas en el exterior, Trump ha intervenido en Venezuela, Cuba e Irán, apoyando
cambios ideológicos en coherencia con su estilo de gobierno: Brexit, endurecimiento de posturas israelíes,
aplauso a las nuevas políticas de Bolsonaro, Salvini, Orbán o Duterte… El elemento más significativo de
este cambio de rumbo exterior es la apuesta por un desarrollo de la fuerza militar como instrumento de
imposición.

También podría gustarte