TEMA 9.- ESTRUCTURA ECONÓMICA y SOCIAL EN LA ESPAÑA MEDIEVAL.
I. ECONOMÍA AGRARIA Y GANADERÍA: CONTRATOS AGRARIOS. LA MESTA.
1.- Contratos agrarios.
El régimen de explotación tuvo diversas variantes según la naturaleza de las tierras. El pequeño propietario trabajó por sí mismo la tierra que
adquiría hasta que se aceleró el proceso de absorción en el régimen señorial, y los grandes dominios se entregaban a los camp esinos para que
trabajaran la tierra bajo las fórmulas jurídicas del prestimonio o de otros contratos.
- Prestimonio agrario.
Las cartas pueblas y fueron agrarios dictados por nobles y señores eclesiásticos para tierras de su jurisdicción se referían a su entrega en préstamo
o prestimonio. Estos documentos eran declaraciones unilaterales del señor e implicaba una concesión de tierras en la que el d ueño retiene la
propiedad y quien las recibe adquiere un derecho al cultivo a cambio de determinadas prestaciones. El prestatario debe reconocer al señor como
dueño y le ha de servir y guardar fidelidad. A cambio de lo recibido pagaba un canon anual y prestaba sernas en la reserva se ñorial.
- Otros contratos.
• Contratos para poblar tierras reconquistadas (ad populandum): fueron concesiones de los reyes leoneses, condes castellanos, magnates
y altos eclesiásticos, que ordenan las obligaciones y derechos económicos de quienes ocupaban nuevos territorios. Tenían cará cter
enfitéutico y llevaban consigo el disfrute del predio recibido, la apropiación de los frutos y la posible transmisión del derecho al fundo
con consentimiento del dueño.
• Contrato para trabajar la tierra (ad laborandum): comprende el otorgamiento del derecho a la mitad de la propiedad del predio o de
sus frutos, y la fórmula por la que el cesionario procede a la roturación o cultivo abonando sólo una parte de determinados productos
de la cosecha.
• Contratos ad complantandum y ad partionem: responden a la idea de coparticipación del señor y del cultivador en el aprovechamiento
de los frutos y en la propiedad de la tierra. El dueño cede el predio para su cultivo o plantación durante un período de tiem po, y una
vez transcurrido se procede a dividir la propiedad entre ambos.
2.- La Mesta.
A las reuniones de ganaderos de localidades y comarcas le siguió la constitución de poderosas juntas o mestas municipales. En la mitad del siglo
XIII estas asambleas estaban establecidas en las ciudades y disfrutaban de un ordenamiento confirmado por el Rey, teniendo su s propias
autoridades y escapaban en cierta medida del control de los concejos. Disponían de amplias competencias en temas ganaderos, y las mest as
locales entendían de todos los litigios que se suscitaran en la conducción, alimento y custodia de los rebaños..
En 1273 todos los ganaderos de León y Castilla debían formar parte de una única junta o hermandad ya que Alfonso X otorgó una carta de
privilegios al concejo de la Mesta de los pastores del reino. A partir de ello se afirma que este monarca fundió las diversas mestas en una gran
hermandad que con el tiempo se llamó Honrado Concejo de la Mesta de los Pastores de Castilla, motivado por la preocupación económica de
establecer una claridad en el cobro de los tributos a través de una organización homogénea.
a) Estructura del Concejo.
Se componía por los Hermanos de la Mesta, dueños de rebaños que contribuían económicamente mediante el llamado "servicio de g anado".
Quien pagaba ese servicio era "hermano" independientemente del número de reses que tuviera.
Los miembros de la hermandad podían concurrir a las asambleas generales, que durante la Baja Edad Media se celebraron 3 veces al año, pasando
ser 2 en el siglo XVI y a sólo 1 en el siglo XVII. Las reuniones se hacían en una iglesia o en el campo y el quorum mínimo s e fijó en 40 hermanos,
aunque solían asistir de doscientos a trescientos. Las mujeres propietarias de ganado tenían voz y voto como los varones.
Las decisiones del Concejo se adoptaban en el seno de los cuatro grandes grupos o cuadrillas correspondientes a Se govia, Soria, Cuenca y León.
La máxima autoridad de la Mesta era el presidente o Alcalde Entregador Mayor, quien dirigía la administración interna, intervenía en las relaciones
de alto nivel entre agricultores y pastores, y representaba al organismo ante el gobierno del reino. Debajo de él estaban los Alcaldes Entregadores
que vigilaban y protegían la institución, multando a quienes violaran sus privilegios.
Más próximos a la vida cotidiana estaban los Alcaldes de la Mesta o Alcaldes de Cuadrilla que dirimían los conflictos y pleitos entre las cabañas.
El apartado administrativo del Concejo estaba en manos de un cuerpo de contadores y receptores cuyas rentas se revisaban anua lmente por el
presidente. Los intereses del Concejo se defendían por diversos tipos de procuradores como los procuradores de puertos que percibían los
derechos de la Mesta en los puertos reales; los procuradores de dehesas, representantes de la institución en el arriendo de pastos; y los
procuradores de Corte o de Chancillerías que actuaban en nombre de la Mesta ante los tribunales de justicia.
II. ECONOMÍA URBANA Y COMERCIO: FERIAS Y MERCADOS, CRÉDITO Y SOCIEDADES MERCANTILES.
- La revolución comercial de la Baja Edad Media.
La revolución comercial es el proceso por el que los historiadores establecen la transformación de la Europa agraria altomedieval en un mundo
de relaciones mercantiles, cuyos ejes principales fueron la cuenca mediterránea y el litoral de la Europa del norte, sobre to do radicada en los
Países Bajos.
La prosperidad meridional fue principalmente por la Cruzadas que facilitó el restablecimiento de la unidad mediterránea quebrantada con la
invasión musulmana, siendo el centro de ese mundo las ciudades italianas de Venecia, Génova, Florencia y Milán. El progreso n órdico tuvo de
punto de arranque el cultivo de tierras al este del Elba y el apoyo armado de las Órdenes Militares.
Existen unos fundamentos generales de la revolución comercial entre los que están el desarrollo de la navegación que liberó del inmovilismo de
la civilización agraria, la aparición de burgos y ciudades que hacen surgir la clase social de los burgueses dedicada a la ac tividad mercantil, el
fomento de intercambios comerciales en ferias y mercados, y una transformación de la mentalidad que llevó a un espíritu de empresa dirigido a
la explotación del dinero y a las diversas formas de préstamos y créditos característico del mundo capitalista.
Al principio los mercaderes fueron gente errante que con el tiempo se acogió a la protección de los burgos y pequeñas ciudades, estableciéndose
en las afueras de los núcleos urbanos construyendo un burgo nuevo donde se practicaban las transacciones mercantiles y un mod o de vida
distinto de aquellos que vivían en el interior. Estas aglomeraciones de mercaderes favorecieron las de artesanos, por lo que su actividad dejó el
campo y empezó a tener lugar ahí donde podía venderse.
Los mercaderes y artesanos transformaron las ciudades donde se establecieron, acudían a ferias y mercados, adquirieron grande s fortunas por la
explotación y préstamo del dinero, y promovieron empresas y sociedades de tráfico marítimo. La ciudad era el centro de la exp ansión económica
y los burgueses lograron tener en ella una atmósfera protectora que les permitía controlar el comercio y defen der sus intereses mediante
agrupaciones corporativas y gremios.
- Ferias y mercados.
Las ferias y mercados tuvieron un papel principal en la organización económica medieval, ello era debido a que el comercio ne cesitaba la reunión
personal del comprador y del vendedor y en esas ferias y mercados se encontraban más establecimientos y con ello mayores posibilidades de
obtener la mercancía buscada, mientras que los vendedores se rodeaban de más clientes. Por otra parte se rebajaba el clima de inseguridad
propiciando que las transacciones se realizaran en un lugar y fechas determinados, dentro de un marco de protección y garantía.
Según su periodicidad se puede distinguir tres tipos de mercado medieval: la feria o mercado anual, el mercado que se celebra cada semana y el
mercado diario.
Las ferias son reuniones internacionales de comerciantes que se congregan determinados días al año en plazas que por ello adquieren notoriedad
y prestigio.
El mercado semanal limitaba su acción a un región o comarca cuyos habitantes acudían un día a la semana a traficar con sus mercancías
El mercado diario era el lugar de intercambio habitual de quienes vivían en una localidad concreta.
En Castilla y León la concesión de mercados debió ser un derecho del rey, y se supone que los señores podían otorgar licencias dentro de sus
dominios. Existe un concesionario llamado senior mercati quien por otorgamiento real es el beneficiario de los ingresos del tráfico. Los fueros
municipales dieron cabida a establecer mercados y otras veces eran autorizados mediante documentos específicos.
La protección jurídica de las reuniones de mercaderes se llevaba a cabo mediante la “paz del mercado”, la cual salvaguarda no sólo el lugar donde
ser realiza sino también el acceso y el retorno de los comerciantes que acuden. El coto regio establecía una multa especialmente grave para quien
perturbara la pacífica celebración de los encuentros mercantiles.
- El crédito y la explotación del dinero.
1.- Letra de cambio y préstamos usuarios.
El banquero medieval era prestamista y negociante y sus operaciones eran tanto de préstamo como de inversión y fomento de negocios divers os.
La vida mercantil tuvo un especial desarrollo con el hallazgo y puesta en práctica de instrumentos comerciales entre los que estuvo la
generalización de la letra de cambio.
En sus orígenes la letra de cambio fue un contrato de cambio entre comerciantes ante notario asegurado con la entrega de una prenda,
convirtiéndose después en un documento que permitía realizar operaciones comerciales en distintas plazas y en monedas diferentes. El enorme
riesgo que suponían los viajes para los comerciantes y su necesidad de disponer de dinero en su destino popularizó el uso de esos documentos
mediante los cuales un acreedor, que libraba la letra, ordenaba a su deudor en otro lugar que pagara una determinada cantidad en fecha fija a
un tercero (tomador) para él o para otra persona (beneficiario).
El endoso multiplicó la eficacia comercial de las letras convirtiéndolas en eficaces instrumentos de crédito, y algunos dicen que vendría con la
desaparición del beneficiario, reconociendo al tomador el poder nombrar a otros tenedores de la letra mediante la “cláusula a la orden”, pero lo
más probable es que fuera causa del hábito de ciertos cambiadores de hacer sus pagos mediante bancos asentando el importe de las letras en
el correspondiente libro contable.
El préstamo de dinero suponía una remuneración o beneficio en favor del prestamista, pero esta práctica topó con las estrictas prohibiciones de
la iglesia contra la usura por lo que el préstamo se convirtió en una dedicación de los judíos, quienes conseguían con ello grandes ganancias.
- Cambistas y banqueros.
Las transacciones comerciales de gentes de distintos países en los mismos lugares para comprar y vender facilitó la presencia de cambistas de
moneda, que se lucraban con operaciones de cambio que se podían escapar a control. Esos mismos cambistas se fueron convirtien do con el
tiempo en custodios de dinero en depósito, que ellos a su vez prestaban a cambio de altos beneficios. Por circunstancia diversas algunos de esos
barcos privados quedaron transformados en verdaderos establecimientos públicos.
La aparición de establecimientos bancarios fue desigualen territorios peninsulares, y en Castilla apenas pasó de un estado inicial de cambistas que
acudían a ferias. En Cataluña se siguió el ejemplo de las empresas y establecimientos italianos por lo que desde el siglo XII I los cambistas se
dedicaron a prestar dinero a los particulares, a municipios y al propio monarca. La Taula de Canvi de Barcelona fundada en 1401 se puede
considerar el primer banco oficial aparecido en España.
- Sociedades mercantiles: compañía y comenda.
El desarrollo de las operaciones comerciales durante la Edad Media llevó a la aparición de sociedades capitalistas de diversa clase. Entre ellas hay
que destacar:
• La compañía: sociedad compuesta por mercaderes y negociantes que se unen aportando capital y actividad, con el fin de obtener
beneficios en una determinada empresa. Los diversos tipos de sociedades de compañía aparecen definidos por dos aspectos, por un
lado el mayor o menor número de bienes que cada miembro aporta al capital social, y por otro el fin u objeto a cumplir con es os
medios.
Según el resultado de sus operaciones la empresa puede ser lucrosa por lo que procedía repartir ganancias entre los socios, damnosa o causante
de unas pérdidas que los socios debían asumir, o simplemente sterilis.
En cuanto a su duración, se podían establecer hasta fecha determinada o bien con carácter indefinido.
Las causas de disolución eran diversas como realizar el negocio previsto o supuestos que impedían cumplir el fin social.
• Comenda: podía ser tanto comenda-depósito consistente en de dinero o mercancías, como comenda-mercantil la cual implicaba que
el comendatario debía llevar a cabo una gestión comercial. La comenda mercantil consistía en que el comendante aportaba el di nero
o las mercancías mientras que el comendatario se comprometía a realizar la que iba a beneficiar a ambos.
III. LA SOCIEDAD ESTAMENTAL MEDIEVAL.
(veure tema 18 meu)
IV. EL FEUDALISMO.
El feudalismo fue un sistema social y político propio del occidente de Europa entre los siglos X y XIII. El nombre de feudali smo deriva de su
principal elemento constitutivo que era el feudo. El feudalismo ordenó la vida social de Francia, Alemania y el reino de la Borgoña, y se proyec tó
también sobre Cataluña por sus vínculos con la monarquía franca carolingia.
Articula una estructura social jerárquica y lleva consigo la multiplicación de los lazos de dependencia personal, así como el desarrollo de
concesiones de tierras o cargos públicos como pago a la fidelidad y a la prestación de determinados servicios. Las relaciones de dependencia
comporta la existencia de una personal principal que es el señor y de otra subordinada que es el vasallo. Pero el mismo señor puede ser vasallo
de otro superior e incluso los vasallos ser señores de otras personas inferiores, por lo que la sociedad feudal se muestra co mo un global
encadenamiento de relaciones privadas como una pirámide en cuya cúspide está el rey como señor supremo y por el debajo de él una base
formada por vasallos de vasallos.
El feudo es el resultado de las instituciones de vasallaje, o relación personal entre el señor y el vasallo, y el beneficio o cesión del disfrute de tierras
a cambio de específicas prestaciones.
A) Orígenes y teorías.
1.- La teoría de Brunner.
Desde 1887 hasta bien entrado el siglo XX tuvo general crédito la teoría del historiador alemán Brunner que ponía en relación la multiplicación de
los contratos de feudo con las necesidades sentidas en Francia de organizar el ejército de caballería que se enfrentase a los musulmanes. Según
su teoría las tropas invasoras que llegaron a Francia eran fundamentalmente de jinetes y el ejército franco era de guerreros a pie. El caudillo
franco, Carlos Martel, logró vencer pero se dio cuenta que sería necesario contar con una fuerte caballería que pudiera parar la caballería árabe.
Crear un ejército de jinetes no era fácil por el elevado coste económico que suponía para cualquier particular adquirir y mantener un caballo con
el que acudir a la guerra, por lo que se ideó entregar tierras en préstamos a los súbditos a cambio de sus servicios a caball o. Ello exigía disponer
de muchas tierras para repartir, pero la realeza franca entonces tenía muy diezmado su patrimonio fundiario, pero la Iglesia sí tenía en las Galias
amplios territorios por mercedes reales o liberalidades de laicos. La solución fue confiscar tierras a la Iglesia dándolas a los particulares para que
pudieran comprar un caballo y equipo de guerra.
La Iglesia protestó y se arbitró un sistema transaccional por el que se reconocía a la Iglesia la propiedad de lo que se habí a incautado, manteniendo
la entrega de tierras en manos de los súbditos quienes se convertían en usufructuarios de las mismas. Pero esas tierras sólo se cedieron a quienes
eran o se convertían en vasallos por lo que se hizo común la existencia independiente de beneficio y vasallaje, de un feudo propiamente dicho lo
que llevó a establecer el feudalismo.
2.- Crítica de la historiografía germánica.
El conjunto de tesis de Brunner fue rechazado en 1920 por Alfonso Dopsch el cual sostenía que el ejército franco no carecía de jinetes en los
tiempos de la invasión musulmana, pero tampoco hubo un predominio de ellos, por lo cual no eran la base de la explicación sobre el origen del
feudo, además que las confiscaciones de tierras no eran ninguna novedad por cuanto en períodos anteriores habían sido llevadas a cabo por los
reyes merovingios quienes también entregaban tierras a los vasallos con frecuencia. Según su teoría el feudalismo existía ant eriormente en las
Galias y no nació por las necesidades bélicas de disponer de una caballería.
Von Schwerin apoyó a Brunner en lo de la necesidad de una caballería y las confiscaciones de tierras, insistiendo en una gran transformación del
ejército franco hacia una poderosa milicia a caballo a partir de la invasión árabe, pero niega que con carácter general se retribuyera a los vasallos
con beneficios territoriales antes de que la presencia musulmana aconsejara generalizar tal procedimiento. Para él no hubo fe udalismo antes del
siglo VIII.
3.- La teoría de Sánchez Albornoz.
Se enfrentó a la teoría de Brunner en 1942 al publicar su obra sobre los orígenes del feudalismo, discutiendo los aspectos de la caballer ía franca
y la constitución de feudos para hacerla posible..
En cuanto al aspecto de la caballería Sánchez Albornoz advertía la presencia de tropas a caballo entre los francos desde mediados del siglo VI y
en lo relativo a la caballería musulmana destacó que España había sido conquistada por ejércitos de infantería musulmana y qu e los que cruzaron
los Pirineos también eran tropas a pie con una minoría de jinetes.
En relación a las confiscaciones y feudos, con Carlos Martel y Pipino el Breve hubo confiscaciones de bienes eclesiásticos qu e si bien se realizaron
con una finalidad militar no fueron para crear una caballería masiva. El crecimiento de tropas de caballería fue en todo caso consecuencia de esas
confiscaciones y no la causa.
Las cesiones temporales de tierras no representaban una novedad en occidente por cuanto en la España visigoda ya se había lle vado a cabo tal
práctica con la finalidad de remunerar servicios.
B) Las Instituciones feudales: vasallaje y beneficio.
1.- El Vasallaje.
A semejanza de los vínculos del séquito germánico muchos nobles se ligaron entre sí o con el monarca a través de relaciones de fidelidad y mutua
ayuda, surgiendo así el vasallaje como relación entre dos personas una de las cuales que es el vasallo jura fidelidad a la ot ra que es el señor, y se
compromete a prestarle determinados servicios recibiendo a cambio protección, sustento y otras mercedes.
Al principio los vasallos eran gentes de condición social inferior o sujetas a una dependencia no noble, también personas lib res subordinadas en
los prestimonios y señoríos a la autoridad de los hombres poderosos, pero con el tiempo el término inclu yó a los nobles y a un conjunto
indiscriminado de la población del reino. Los vasallos nobles se denominaban milites o caballeros, y hacerse miles del rey era convertirse en vasallo
suyo.
- La formación del pacto.
El pacto vasallático se establecía en una ceremonia solemne llamada “homenaje” la cual simbolizaba el compromiso libremente contraído entre
las partes. Los formalismos denotan la desigualdad entre el señor y el vasallo, así como la libertad del pacto en que el seño r pregunta al vasallo
si quiere serlo, convertirse en hombre suyo, con la consiguiente respuesta de aceptación.
Estando de rodillas el vasallo juntaba las manos y en señal de confianza y sumisión las colocaba entre las del señor mientras expresaba su deseo
de pasar a ser “su hombre”. Este rito hace ostensible la entrega del vasallo y al cerrar el señor sus manos sobre las del vasallo manifiesta la
aceptación de la ofrenda personal y de las obligaciones inherentes a ella.
Tras el homenaje tenía lugar el juramento de fidelidad prestado de pie y con las manos sobre los libros sagrados o un relicario, y el vasallo prometía
ser fiel y leal a su señor. Junto al homenaje y el juramento de fidelidad en Europa le seguía el osculum o beso como elemento accidental y
confirmatorio del contrato vasallático. En España el acto del besamanos tuvo mayor importancia porque sustituyó la unión de manos entre vasallo
y señor, convirtiéndose en elemento constitutivo y esencial del homenaje.
- Obligaciones del señor y del vasallo.
La obligación principal del señor es hacer bien a los vasallos lo cual comportaba una afección moral que derivaba en un deber de protección y
de facilitar el sustento u otros medios de vida. En Castilla no se establecía el vasallaje sin el previo acuerdo sobre lo que el señor debía dar a quien
pasaba a depender de él, siendo frecuente la entrega en tenencia de tierras o castillos así como pagos de soldadas. El Señor a menudo proveía
a sus protegidos con caballo y equipo de guerra, les prestaba amparo en trances difíciles y se responsabilizaba de los daños que los vasallos
causaran por seguir sus órdenes.
Las obligaciones del vasallo eran ser fiel al señor y facilitarle el consilium, el compromiso de dar consejo al señor cuando éste lo requiriera, y el
auxilium de acudir a la expedición militar o hueste. Los vasallos actúan de juradores solidarios en los pleitos de sus amos, intervienen como
testamentarios, ejecutan comisiones de diversas clases, trabajan como mensajeros del señor y le acompañan en sus desplazamien tos y
peregrinaciones. Sin el permiso de su señor los vasallos no pueden auxiliar a otros señores. También deben ser obedientes, hasta tal punt o que
un precepto de las Partidas eximía de perjurio al vasallo que quebrantaba un juramento cuando el señor le había ordenado algo que realmente
le impedía cumplirlo.
Existían obligaciones recíprocas como que si los señores abandonaban el reino o eran expulsados por el monarca los vasallos l es seguían, pero
también el señor seguía al destierro al vasallo desaforado por el rey. También estaban los casos de riepto en los que el vasallo estaba legitimado
para desafiar a quien ofendiese a su señor, a la vez que el señor también podía hacerlo por el vasallo agraviado.
- Ruptura del vasallaje e “ira regia”.
La relación vasallática solía establecerse de por vida aunque no resultaba difícil romper el vínculo mediante justa causa. Conforme se afianzó el
sistema el vasallo podía dejar de serlo por sufrir graves vejaciones por el señor y también por su mera y libre voluntad.
En la Castilla bajomedieval la ruptura del vínculo vasallático se acompañó del acto de despedirse por el cual quien se iba perdía todo aquello que
había recibido del señor, excepto los libramientos y soldadas por los servicios prestados. Ningún vasallo podía entrar al se rvicio de un señor sin
haberse despedido del anterior dueño, con la permanencia de una cierta obligación del antiguo vasallo respecto del señor que había dejado de
no herirle o matarle.
Los que eran armados caballeros por un señor no podían despedirse hasta que transcurriera un año y un día, a no ser que el vasallo sospechara
que el señor quería darle muerte, deshonrar a su mujer, o le hubiera arrebatado sin justa causa las tierras que le entregó.
El señor puede finalizar la relación vasallática cuando su protegido quebrantara la fidelidad o incumpliera los deberes correspondientes. De
especial gravedad era la ruptura por el señor cuando éste era el rey, entonces el vasallo incurría en la llamada “ ira regia” que le obligaba a
abandonar el reino.
A la vista de las posibilidades de deshacer el vínculo vasallático por el señor y el vasallo cabe preguntarse si ello sucedió con ci erta frecuencia o
si el vasallaje fue hecho principalmente como una institución vitalicia sólo rota por la desaparición física del señor o del vasallo. Grassotti se inclina
por la frecuencia de las despedidas y por tanto por la temporalidad del vasallaje castellano.
2.- El Beneficio.
Se ha constatado que en el siglo IX en Europa los reyes llegaron a entregar a sus vasallos tierras en plena propiedad como contraprestación por
los servicios prestados. A la par en el reino castellano-leonés hay donaciones pro bono et fideli servitio las cuales fueron reflejo tardío de la
costumbre de los monarcas visigodos de dar tierras a sus fieles.
Junto con las donaciones transmisoras de la propiedad fue más frecuente la concesión de tierras en beneficio que otorgaba un derecho al disfrute
del predio a cambio de prestar determinados servicios, especialmente de caballería y militar. En los reinos hi spánicos fue habitual la entrega de
tierras en tenencia temporal o vitalicia constituyendo lo que se conoció al principio como préstamo o atondo, que desde el siglo XII fue conocida
en León y Castilla como prestimonio y también como honor.
Tales prestimonios y honores en España se caracterizaron por ser concesiones que no recayeron siempre en vasallos, que la entrega en beneficio
no implicó de por sí crear un vínculo vasallático, y también que las concesiones beneficiarias fueron temporales, revocables en su mayoría y no
eran transmisibles hereditariamente. Sólo se hicieron algunas concesiones estipendiarias para remunerar servicios típicamente vasalláticos, y con
ellas el beneficiario disfrutaba la tierra recibida debiendo conservarla en buen estado y prestar los correspondientes servicios.
Los bienes objeto de prestimonio u honor fueron de diversa naturaleza comprendiendo desde reinos, condados enteros, ciudades, villas, aldeas,
castillos, fortalezas, dominios rurales, casas aisladas, caballos y armas, y hasta vasos sagrados y objetos de culto.
La concesión del beneficio vasallático finalizaba, cualquiera que fuera su plazo, con la muerte de una de las dos partes. Si fallecía el vasallo el
señor recuperaba lo dado en préstamo, si moría el señor se interrumpía la relación y obligaba al vasallo a solicitar la renovación del compromiso
al sucesor.