SOLTERA A LOS TRIENTA
CAPÍTULO 4.
Me desperté de madrugada esnortada, Aurora estaba durmiendo al lado mía y me
dio ternura verla ahí babeando mi [Link]é que Mauro la llamaría para
contarle todo y ella, conociéndola se vendría corriendo para hacer de hermana
mayor.
Me levanté y bajé, la casa estaba vacía se habrían ido [Link] no me enteré de
nada, con el coctel de pastillas que llevaba... como para enterarme de algo. Ví que
eran las cinco de la mañana y me pusé la cafetera de cápsulas con un
descafeinado porque no quería más cafeína de la cuenta en el cuerpo. La nota
estaba arrugada en el cubo de la basura, la cogí y la volví a leer.
Me encendí un cigarro y me senté en la pequeña mesa de la cocina con la taza en
la mano. La leí más de cuatro veces. Y tenía un cúmulo de sentimientos y
sensaciones que no sabría ni por donde empezar.
Óscar había roto con la esencia del compromiso amoroso libremente asumido.
La duda de una infidelidad produjo una tormenta emocional en mi mente y en mi
corazón que me hizo sentirme estafada. Y ese enfado interior me produjo
frustración y sentimientos contradictorios hacia la otra persona.
Yo estaba enamorada, pero experimenté sensaciones opuestas de amor y odio a
nivel inconsciente y no podía evitar la inercia de preguntarme en todo momento
como era esa tercera persona.
No podía evitar pensar que tendría ella que no tuviera yo, preguntarme que tiene
de especial ese alguien que desconoces... que ha enganchado tanto a mi novio.
Las preguntas que se me vinieron a la cabeza me desgastaron a un nivel
psicológico que se conviertió en un ladrón de energía emocional en mí rutina
cotidiana. De ahí que no me levantará ni de la cama.
¿Un embrazó? Por Dios...
Me sentía engañada sin confianza en mi misma, la autoestima por los suelos,
avergonzada y culpable. Eso fue lo peor, sentir que yo tenía la culpa. Entré en
cólera… y así me lleve tres días.
Aurora estaba ya desesperada.
- O te levantas hoy de la cama o llamó a tu madre y te levanta ella, ¡tú decides! –
estaba enfadada y con los brazos en jarra-.
- ¡¡No quiero salir de aquí!! ¡¡déjame con mis mierdas, vete!! – tiró de todo con lo
que me tapaba y me dejó descubierta en medio de la cama- ¡¡sal ya!! ¡¡Venga a la
ducha!! 1, 2, 3 la llamó ehh!! ¡¡Malena la llamó!!
- ¡¡No llames a nadie pesada!!-me levanté -.
- Venga a lavarte guarra, que hueles a rancio-. Y me cogió del brazo y me metió en
el baño -.
- Aurora, ¿habéis llamado a Lili?-no sabía nada de ella, y ni siquiera la había
llamado.
- Sí está al tanto de todo, dice que no te preocupes, pero que el lunes te quiere
allí, y lo último lo ha dicho en tono de madre firme.- me sonrió-.
- Tengo que hacer limpieza. – le dije mientras me desnudaba-.
- Vale la haremos, Jimena viene a comer y Mauro se va a pasar por lo de Lili para
traer pasteles para el café, te ayudaremos entre los tres. Te espero abajo. – cerró
la puerta y se fue-.
Me bañé acordándome de la última vez que lo hice, entusiasmada en bajar y
sorprenderlo con un buen polvo. Me dije tonta a mí misma y puse música para no
pensar.
Uno de mis antojos al comprar la casa fue que la columna de la ducha tuviera
radio. Puse los 40 Principales y sonaba “Sia” con “Helastic Heart Feat” La letra
parece referirse a una ruptura difícil, con Sia a medio camino entre la resignación
y la aceptación de que una relación a la que se ha entregado con pasión yace
herida de muerte. Ella, sin embargo, no va a dejar que su amante la destroce,
pues su piel es «gruesa» y su «elástico corazón» es irrompible. «Ahora otro
muerde el polvo», insiste; «pero no me verás >>-.
Casualidad o no, todas las canciones eran de amor y desamor. Aurora decía que
solía pasar eso de que la música estuviera intencionada a tu estado de ánimo.
Me puse unos leggings negros, camiseta básica blanca, susadera negra oversize
con el pato Donald en el pecho y unas zapatillas converses negras con corte alto y
plataforma. El pelo lo dejé secar al aire libre.
Bajé, Aurora estaba en la cocina haciendo spaghettis para un ejército, me miró y
me ofreció una cerveza. Bebí y le pregunté por su último ligue de Tinder. Me dijo
que el trabajaba en Madrid y que sólo bajaba cada dos semanas, que no le daba
confianza porque supuestamente no tenía redes sociales y que creía que tenía
novia y era un golfo. Cuando le fui a decir algo al respecto, sonó el timbre de casa
y fui a abrir, me encontré con Mauro cargando con dos paquetes de cerveza
Cruzacampo y Jimena con los pasteles de Lili y dos tarrinas de helado de huevo de
chocolate.
Mi cara lo decía todo, entraron y cerré tras ellos.
- ¿Dónde vais con tantas cosas insanas? ¿Quereís cebarme? ¿Ponerme como un
tonel y que ya no me quieran ni los perros??
- Las crisis amorosas, se pasan a golpe de donettes, de toda la vida, ¡¡hija de mi
vida!!!
- ¡Mauro no me hace gracia! - y me fui a la cocina, él me siguió los pasos detrás de
mí para meter las cervezas en el congelador. Jimena ya estaba mojando pan con
tomate en la olla de los spaghetti-.
-Jimena, ¡¡joder que de ahí comemos todos!!-Aurora -.
- Ya lo sé, pero nos conocemos de toda la vida, ¿os da asco de mí?
- No nos da asco, venga decirme cuánto os hecho en los platos, que Jimena
siempre dice que le hecho poco y Mauro que le hecho mucho.-Aurora-.
Yo me fui al salón a poner la mesa y puse música, no me gusta la televisión, a
penas la veo. Volvieron los tres al salón con los platos humeantes y un cubo con
hielo y ocho cervezas. Me reí, me hizo gracia verlos intentando hacerme un
almuerzo acogedor transmitiéndome apoyo cada uno a su manera porque son
personas totalmente diferentes pero yo notaba amor, calor, esfuerzo en que yo
estuviera arropada por ellos en ese momento tan duro para mí.
- ¿Qué nos miras así?-Aurora -.
-Nada, sólo que gracias, de verdad gracias a los tres.
Nadie hablaba y Mauro se emocionó, el era muy sensible y sentimental y me
abracé a él.
- ¡¡Venga!! ¡¡por favor que no quiero llorar!! – Aurora-. Jimena se unió al abrazo y
Aurora llorando se unió la última-.
-Venga va, a comer, fuera dramas, que se enfría- Jimena -.
Y bebimos, comimos, reímos, lloramos, volvimos a reír, volvimos a comer y beber.
Se quedaban a dormir; eran las once de la noche de un viernes y estábamos de
comer y beber hasta arriba. Abrimos el cheslong y lo hicimos sofá cama.
-Jimena te voy a abrí un Tinder, ahora mismo. -No reímos todos-.
-No Aurora, yo no quiero eso, ¡¡ábreselo a Malena!!
- A Malena no le hace falta eso ahora mismo, ya se lo haré, tiempo al tiempo, pero
a ti ahora mismo.
-Ponle una foto buena.-Mauro-.
- Eso tía, haber que foto me vas a poner. -Interrumpí el momento-.
-Chicos me he quedado sin tabaco. ¿Dónde puedo compra ahora?
-En la gasolinera dónde yo reposto por las mañanas, es 24 horas, está a 5 minutos.
¿Te llevó? -Mauro se levantó y cogió las llaves de su coche.
- Chicas, ahora venimos.
Ellas seguían entretenidas con la aplicación y sólo asintieron. Al montarme en el
coche sentía la necesidad de sincerarme con Mauro.
-Mauro, gracias por lo de la otra noche, no quería decírtelo delante de las chicas,
pero gracias de verdad. Por cuidarme y arroparme en ese momento tan dramático
para mi. – me miró y me sonrió -.
-No hay nada que agradecer Malena, era lo que debía hacer, ¿para que estamos
los amigos? – y asentí -.
No hizo falta decir nada más. A veces se dice más con las miradas que con las
palabras. Después para romper el silencio, me preguntó por la señora cara peo y
le dije que me había llamado varias veces y que se estaba portando mejor de lo
que esperaba. La verdad es que me sorprendió su forma de tratarme y el cariño
que me mostró en sus llamadas, al final me iba a querer más de lo que yo
imaginaba. Y sin darme cuenta, estaba en la gasolinera que decía Mauro.
Como aún no eran las doce se podía entrar a comprar, después de las doce te
atendían por la ventanilla. Entramos y había un chico en el mostrador que nos
recibió con una sonrisa y un tono agradable.
- ¡Hola Mauro! ¿Qué necesitáis? – me miró y me llamó la atención. Era guapo,
pelo castaño oscuro, casi negro, más largo de lo que a mí me gustaría.“Pelo de
pijos. Diría Aurora.
-¡Hola guapo! ella tabaco, yo voy a mirar...
Llevaba unas gafas de pasta color negro mate y plata en el acabado de los
cristales. Era muy atractivo y las gafas le quedaban muy bien.
Medía menos que Óscar, yo diría que 1,80. Complexión normal pero se le intuía
que estaba marcado debajo de ese polo negro que le favorecía bastante. Tenía
unos rasgos marcados sobre todo sus pómulos y su nariz un poco anchita y
respingona, su boca de dientes perfectos y blancos, mandíbula ancha y cuadrada
con unos labios carnosos y sexys.
Al chocar nuestras miradas, me dió vergüenza y a parté los ojos disimulando con
los chicles Trident que tenía delante de mí.
A todo esto Mauro ya estaba con un cesto cogiendo guarradas para comer más
aún. Lo fulminé con la mirada, se rio sacándome el dedo y siguió cogiendo
Cheetos.
Él estaba pendiente de toda la escena en el mostrador, con bolígrafo en mano
apuntando algo en una libreta.
-Quería un paquete de Nobel, por favor.
-Yo también fumó Nobel -me sonrió -. Antes fumaba Camel, pero me pasé al
Nobel, aunque los dos son igual de malos para la salud.
- Ya sí... estoy yo ahora como para dejar de fumar -y lo dije más alto de la cuenta.
-Yo me lo propongo como propósito de año nuevo, siempre lo hago, nunca lo
cumplo. – me volvió a sonreír.
- Yo también tengo un propósito de año nuevo.
- ¿Ah sí cuál? – y me miró a los ojos manteniendo la mirada.
- No casarme nunca, y no enamorarme nunca más, reniego de los hombres.-se río
a carcajadas-. Me gustaba su risa-.
- Entonces son tres propósitos, alguno vas a incumplir seguro. ¿Cuál es tu
nombre? El mío es Berto. – indicándome la insignia del polo negro.
-Malena, me llamo Malena.
-Encantado Malena.
Me ofreció su mano en modo saludo cordial. La estrechamos y noté una energía
especial cuando chocamos las manos. Me miró fijamente y me indicó con la
mirada divertida, en dirección a Mauro. Y se echo a reír de nuevo.
Mauro en 5 minutos de conversación había llenado un cesto de todo menos sano,
se podría decir .
- Mauro veníamos por tabaco, ¿qué haces?
- Chica la party pijamera da hambre y si no, tenemos todo el finde para seguir
comiendo, total este finde es de relax. Pero sólo este Malena, porque tú tienes
que salir, este es el último que nos quedamos sin salir Malena. – ese último
“Malena”lo hizo señalando a Berto. -Lo miré con la mirada de “te voy a matar”-.
- A este paso, si sigues sin salir creo que sí puedes llevar a cabo los tres propósitos
de año nuevo. – se apoyo en el mostrador, divertido y me sonrió malicioso.
- Pues sería lo mejor, no te enamores nunca y mucho menos hagas planes de
boda, mi consejo, nunca sale bien.
- No se lo tomes en cuenta, es que la han dejado plantada en el altar, y está
negada. – sonrió a Berto.
- Yo no estoy negada, solo que pasó del amor, de los hombres, de todo.
- Negada, eso es negada- comentó Berto, muy divertido de la situación mirando a
Mauro.
-Oye Mauro, ¿nosotros hemos venido por tabaco y a por guarradas varias, o a
hablar de mi vida amorosa de mierda? -grité, más de lo que quería hacerlo.
-A todo un poco. - me guiñó un ojo.
-¿Van a querer algo más?- Dijo mientras metía todo en una bolsa de papel marrón.
-No. Pagar.-soné algo borde.
- ¡¡Ah Malena, pero si tienen palomitas de colores!! ¡¡Ponlas también!!
-¿Algo más? -me miró.
-No, nada más.
Pagó Mauro y me quejé de que me pagará el paquete de tabaco.
-Bueno Malena encantado de conocerte, a ver si nos vemos pronto. - y sonó a
ganas de más- Y encantado de verte Mauro, a ti te conozco de más, a ella no la
había visto nunca.
- Es que ella no sale de su trabajo ni de su casa, es difícil verla.
- ¿Dónde trabajas? -me volvío a mirar con interés.
- En la pastelería Lili, no se si la conoces esta… - me interrumpió.
- Sí se donde es, hacen unas empanadas de escándalo.
- ¡¡Claro, las hace ella!! Berto, tiene unas manos… - lo volví a mirar con cara de
quererlo matar.
- Pues si no sales, ya sé donde encontrarte. -y la mirada hacia mí fue descarada.
- Bueno encantada yo también - estaba avergonzada-. Adiós.
- Adiós, no me gusta, mejor hasta otro día. -y me guiño un ojo y me ruboricé.
- Hasta otro día, ¡¡guapísimo!!- Dijo Mauro siguiéndole el juego.
Nos fuimos y nada más arrancar.
- Has ligado Malena, con Berto, que es monísimo. ¡Has ligado!– tocando las
palmas y todo -.
- No he ligado, ha sido agradable.
- Le has molado Malena, yo eso lo noto y le has gustado.
-Bueno pues yo no lo vi así. – no le quise dar importancia, lo que menos quería,
era otro tío en mi vida -. Además el outfit que llevó es muy adecuado para
gustarle a un pijo como ese.
- Sí te preocupa el outfit, es que también te ha gustado.- y se río haciendo
corazones en el aire-.
- ¿Puedes estar pendiente de la carretera o moriremos por culpa de mí outfit?
Al llegar no me dio tiempo ni de entrar y cerrar la puerta cuando ya estaba
contando la historia según el de “amor” “Berto y Malena”
- Berto es mono, yo lo conozco de la carrera y estamos en las mismas clases de
inglés; está preparándose las oposiciones para auxilio judicial y mientras está
trabajando en la gasolinera, es muy agradable y simpático.- Dijo Jimena-.
- No le pongo cara ahora mismo, y eso es raro en mí. ¿Tiene Tinder, Instagram?
Voy a mirar.
- ¿Veis normal todo lo que ha comprado este hombre? – lo dije para cambiar de
tema-.
- Pues no, no tiene Tinder. Jimena su Instagram ¿cuál es? – no me valió la
estrategia, siguieron con el tema -. Tía queda con él, es ¡¡monisímo!!. Jimena no
me habías hablado de el, ¿te lo estabas guardando para tí?
- No Aurora. No es mi tipo, yo estoy intenrando averiguar las miradas del abogado
guapo que tengo en el bufete. ¿Por qué me mira de esa manera?
- Aurora, ¿tú crees que yo estoy para quedar con alguien? Sigo teniendo la casa
llena de Óscar y no me apetece nada quedar ni con él ni con nadie.
La noche siguió para no variar en beber, comer, reírnos de nuestras anécdotas
contadas mil veces... pero que nos hacían la misma gracia que el primer día.
Nos dormimos tarde y nos despertamos temprano con churros que trajo Carlota
para desayunar y arreglamos la casa. Tiré al contenedor de ropa usada toda la
ropa de Óscar que supuse que si no se había llevado era porque no la quería. Yo
sinceramente tampoco la quería en mi armario. Guardé las fotos en una cajita
porque no me veía preparada para deshacerme de ellas. Guardé su traje de Alvaro
Moreno que tenía dos puestas y algunas camisas para devolvérselas o dárselas a
su madre. Yo lo hubiera tirado todo, pero Mauro me quitó la idea.
Cambiamos las sábanas y le dí un cambio al dormitorio para que pareciera mas
acogedor ahora que era para mí sola. Y ahí fué cuando verdaderamente me dí
cuenta de que estaba soltera de nuevo, a los treinta.
Se quedaron hasta el café, y después de preguntarme diez veces que si estaba
bien para quedarme sola, y yo decir que sí unas catorce, se fueron.
Tenía dos llamadas perdidas de Óscar en el móvil. Una solicitud de amistad en
Facebook, y un nuevo seguidor en Instagram. Berto las dos últimas.
¿Qué hice? evidentemente lo que todas haríamos. Mirarle las fotos de Insta, y
aceptarlo en Facebook.
Era guapo, pero no era esa guapura que se ve a kilometros. Era guapo de los que
te llaman lentamente, y después ya lo ves guapisímo de todas las maneras. Esa
sonrisa en las fotos... sabía posar. Se defendía muy bien ante la cámara, y vestía
con mucho rollo, aunque fuera clásicón. Tenía percha. Los trajes los defendía
como un gentleman. Joder me estaba poniendo verlo en traje, una barbaridad.
¿Qué me pasaba?. Se supone que no tendría que tener ganas de nada, y menos
de un tío...
Me dí cuenta de que había viajado mucho, que veraneaba en Marbella, a dudar
por las fotos de verano se veía que tenían casa allí.
Era el típico chico que llaman la atención pero del que yo Malena, nunca me
hubiéra fijado.
Llamé a mamá porque caí en la cuenta de que aún no había hablado con ella,
aunque sé que Mauro sí la había llamado un par de veces; y como siempre que la
llamo, dos horas pegada al teléfono me tuvo. Luego le contesté a mí hermana los
WhatsApps, me hice un Yatekomo en el microondas, y me puse a leer hasta
quedarme dormida, la lectura me da paz.
Soñé con Berto, sí, con ese mismo que había conocido el día antes en la
gasolinera.
Me desperté a las tres de la mañana, cayendo en la cuenta de que estaba soñando
con él. Y tanto tiempo sin follar y con un polvo que me dejó toda la miel en los
labios… pues... sí me toqué pensando en él, en sus gafas, en el polo negro,
imaginando su piel marcada debajo de la tela, en sus manos cuando me estrechó
la mía, en su boca y sus labios, en Berto en traje y camisa blanca... entre una cosa
y otra, llegué al orgasmo, rápido y húmeda. Me corrí y sentí una relajación
profunda, que me dejó cao.
Tendría que hacerlo más a menudo, pensé. Quizás comprarme un Satisfyer...
Después me dormí de nuevo.