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Malena y el engaño de Óscar

Malena reflexiona sobre su vida y su relación con Óscar, sintiéndose insatisfecha y sospechando que él le es infiel. A pesar de su rutina en el trabajo y su vida aparentemente organizada, comienza a cuestionar la fidelidad de Óscar tras recibir mensajes de un tal Antonio. La inseguridad y la desconfianza crecen en ella mientras lidia con su relación y sus propios sentimientos de conformismo.

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Malena y el engaño de Óscar

Malena reflexiona sobre su vida y su relación con Óscar, sintiéndose insatisfecha y sospechando que él le es infiel. A pesar de su rutina en el trabajo y su vida aparentemente organizada, comienza a cuestionar la fidelidad de Óscar tras recibir mensajes de un tal Antonio. La inseguridad y la desconfianza crecen en ella mientras lidia con su relación y sus propios sentimientos de conformismo.

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GATA EN CELO

Capítulo 1.

Hace exactamente año y medio que podría estar felizmente casada, o por lo
menos eso pensaba que pasaría...
Sí, yo que creía ser feliz, tenerlo todo bajo control y una vida resuelta pronto
descubrí que me había convertido en una Malena de la que no me gusta mucho
recordar. Una Malena conformista, aburrida, débil, insegura y muchas cosas más
de mi misma que descubrí después y que la vida me hizo ver a sabiendas de que
en el fondo de mí ser yo ya las sabía pero no quería reconocer.
¿Cómo puede cambiar tanto la vida?. Te acuestas una noche con una vida
organizada y cuadriculada y al otro día se ha desmoronado todo...
Los cambios siempre son para mejor, decía mí madre... pero yo eso no lo sabría
hasta pasado un tiempo.
Iré al grano. intuía que Óscar mí novio y futuro marido me engañaba ,sí lo sé, ese
instinto que tenemos las mujeres y no nos preguntéis porque pero lo tenemos,
me hizo ponerme como una gata en celo. Y sí, mi instinto no falló.
Pero para que me entiendas mejor me iré al principio.
Era sábado y Óscar no trabajaba los sábados, pero me dijo que tenía que ir a mirar
la caldera del hotel donde trabajaba, era el chico de mantenimiento.
Yo que trabajaba en el obrador de Lili, mi sitio preferido en el mundo no le dí
importancia. La verdad es que nosotras trabajabamos muchas horas porque
estábamos a jornada completa y sólo descansábamos sábados y domingos por las
tardes pero si caía en festivo ni eso. A mí no me pesaba porque me encantaba mi
trabajo, era muy feliz en el y a esto se le sumaba que tenía una muy buena
compañera, Carlota se llamaba.
Era para que me entendaís la compañera que toda mujer debería de tener en su
trabajo. Servicial, amiga, confidente, solidaria, respetuosa, optimista, tenía una
capacidad para enfrentarse a cada tipo de cliente que la hacía única. Llevábamos
ocho años trabajando juntas y lo que nos hacía diferentes nos hacía inseparables.
Ella era morena y cuando digo morena es piel morena de parecer que se pegaba
todo el año en la playa, porque hasta en navidad estaba bronceada y yo blanca
como un pescada. Ella tenía la melena larga castaño oscuro y yo melena larga
cobriza. Ella ojos marrón oscuro y yo azules grisáceos. Ella tenía la cara con unos
rasgos muy marcados, labios, pómulos, cejas y unos pestañones negros que ni
falta de rimel le hacían.
Era muy guapa y tenía estilo vistiendo, para mí todo lo que se ponía le quedaba
bien incluso las camisetas XL de su novio Alberto que se ponía para ir más cómoda
y anchita a trabajar.
Yo sin embargo tenia pecas, la tez muy clara y me costaba lograr un mínimo de
bronceado, labios de grosor medio pero que siempre llevaba en tonos rojos o
naranjas. Me encantaban resaltarlos junto con un poco de rimel para destacar mis
pestañas rubias que tenía que teñir junto con mi iluminador de Mac para darle luz
a mi cara.
Nos parecíamos en altura las dos mediamos sobre 1,67. Lili nos decía que eramos
dos mujeronas.
Teníamos cintura y caderas anchitas y marcadas y a las dos nos valía la misma talla
de abajo pero de arriba ella era más pechugona que yo. Ahí volvía a ganar
Carlota, tenía buenos pechotes. Eso siempre se lo envidié. Yo tenía que
conformarme con dos tetitas bien puestas pero de una talla 90. La copa nunca la
supe bien. ¿No os pasa a vosotras a la hora de comprar una sujetador?. En serio,
yo odio comprar sujetadores por eso mismo.

Lili tenía la pastelería en una avenida muy transitada del pueblo y teníamos
muchos clientes a diario, era un pueblo grande de unos 40 mil habitantes. En el
obrador además de hacer pan hacíamos unas tartas y pasteles buenísimos.
También empanadas, napolitanas y croissants, galletas, hojaldres de fruta,
muffins… Bueno paró que me está entrando hambre; en resumen, que hacíamos
todas esas cosas que el dietista te quitaría de una dieta. Alimentos prohibidos,
pero los que más feliz hacen a la gente.

Tengo que reconoceros que mí vida estaba en el negocio todo el día y solo veía a
Óscar por las noches.
Eso me volvió muy asexual y follábamos muy poco. Tampoco es que él me buscará
demasiado, pero no le daba importancia siempre me decía a mí misma que eran
rachas y que no nos hacía falta el sexo para estar juntos y enamorados, total nos
íbamos a casar ese verano. ¿Había prueba de amor más grande?.
El caso es que podría ser verdad que tuviera que ir a echarle un vistazo a ese
cacharro que era bastante viejo y siempre andaba con problemas y lo jefes se
negaban a cambiar por una nueva.
Le empecé a dar importancia cuando ví que eran la una de la madrugada y aún no
había llegado habiéndole llamado varias veces y dejándole cuatro mensajes de
Whatsapp.
Llamé a Aurora, que como siempre no lo cogió, estaría con uno de Tinder o vete tú
a saber. Llamé a Jimena que tampoco lo cogió y seguro que ya llevaba dormida
dos horas. Llamé a Mauro, pues mira no, tampoco lo cogió porque seguro que
estaría follando con Nando.
Me fumé un cigarro Nobel y me subí al baño de arriba, me lavé los dientes y
cuando me disponía a hacerme la sesión anti-age con mis cremas de ácido
hialurónico que mi hermana decía que sí que con 30 años de edad había que
prevenir, escuché la puerta.
-¿Óscar?... ¿Dónde estabas?
- Malena estaba trabajando, no he mirado el móvil lo siento. -escuché que subía-.
- ¿Qué ha pasado? -yo seguía con mi ritual de cremas, y un moño en la cabeza
con mi pijama osos y mis calcetines rojos de las navidades pasadas. Muy sexy-.
- Nada lo de siempre, esa caldera es muy vieja, siempre le salen cosas… no
calentaba agua suficiente, obstrucción en el calentador sanitario. -se desnudó
delante de mí y se metió en la ducha-.
Terminé y me dispuse a recogerle la ropa del suelo para poner una lavadora, me
gustaba lavar de noche y así de día solo tenía que doblar y guardar. Yo no planchó
la ropa.
- Malena déjala para mañana, es tarde, además no me gusta que me recojas la
ropa del suelo no eres mi madre, ya lo hago yo -me dijo mientras se duchaba-.
-No me importa hacerlo. - le contesté-.
No le hice caso como siempre y bajé a ponerla. Pero antes de salir del baño le
pregunté sí había cenado porque quedaba empanada en el frigo y me dijo que no,
pero que no le apetecía comer nada. Últimamente comía menos. Pero no me
preocupé, así le quedaría mejor el traje de novio.

Óscar no era un tío guapo, pero tenía algo que gustaba a las tías porque una lo
nota cuando miran a su chico. Era atractivo con barba de una semana y pelo
espeso de color castaño, sus ojos eran marrones miel y era bastante alto. Medía
1,90. No estaba cachas pero tampoco estaba delgado, estaba bien de cuerpo. Era
viril como a mí me gustan los tíos.
Bajé a la cocina y cuando estaba metiendo la ropa en la lavadora me dio olor a
perfume de mujer. Reconozco que me emparanollé un pelín.
Subí y ya estaba en la cama en bóxer porque el no usaba pijama, ya me lo ponía yo
como un oso polar por él. Me unté crema de manos y al meterme en la cama se
lo pregunté.
- Oscar, la ropa olía a perfume de mujer - Me miró y se puso muy serio-.
-¿Sí? ¡Ah! sí joder, Rosa.
- ¿Rosa qué? -lo mire fijamente- Y me acomodé en la cama-.
- Rosa que ha llevado el catálogo de Avon y se ha confundido de perfume y me ha
echado uno de mujer. - Miró al techo-.
- Pues huele muy bien, dile que quiero uno y así cambio un poco. - Lo busqué y
me acomodé en su pecho-.
- Malena la boda es en julio, y nos quedan muchas cosas por hacer, ¿crees que nos
dará tiempo? - Me miró y le miré fijamente-.
- Tanto no queda por hacer Óscar. La lista de invitados la tenemos, mi vestido esta
para la primera prueba en febrero y el salón esta cogido desde hace un año.
Tienes que mirar tu traje pero a los hombres no os hace falta tanto tiempo, los
cursos prematrimoniales empiezan en enero y no sé que más… Pero vamos bien
no te preocupes. - Se quedó callado-.
Y no sé porque pero esa noche lo busqué, quería sexo. Llevábamos más de veinte
días que no hacíamos nada. Pero el me evitó y me dijo que estaba cansado que
mañana por la mañana sería mejor.
¿Por la mañana cuándo? Yo trabajaba los domingos hasta mediodía y ese día
siempre entrábamos antes porque Lili quería las vitrinas llenas y las empanadas
recién echas para abrir. En resumen que tampoco se iba a follar por la mañana. Y
menos Óscar que podías hacer el ruido más grande en casa que no se despertaba
ni a tiros.
Me dormí sin más y a las 6 y media me levanté para tomarme un café
tranquilamente, fumarme mí cigarro mañanero y tender la ropa.
El día en la pastelería de Lili fue como todos los domingos: mucha gente.
A las doce recibí un WhatsApp de Óscar. <<buenos días nena, comemos en casa
de mis padres, te recojo a las dos y media en la puerta de Lilli>>
Le contesté <<vale>> y nada más.

Me recogió a las dos y media en su coche y nos fuimos a casa de mis suegros. No
es que me apeteciera una barbaridad el plan, pero accedí como todos los
domingos sin rechistar y aguanté a mi suegra hasta las seis de la tarde, hora del
bendito café. Ella iba de madraza, sí de madraza, siempre se creyó más madre que
nadie. Mí madre decía que tenía al hijo muy protegido para la edad que tenía, que
eran 29 años.
Pero la aguanté con sus más y sus menos y hubo algo que me hizo ponerme un
poco violenta. Violenta en el buen sentido de la palabra, no le pegué aunque no
me hubiera disgustado darle una buena ostia en toda la boca por meterse donde
no la llaman, como dice Aurora.
Estábamos en la ronda del café y el móvil de Óscar empezó a sonar con un tal
“Antonio”. Él se quedó mirando la pantalla pero no lo cogía.
- Cógelo le dije yo. - Y el me miraba y no decía nada, lo noté tenso, y le colgó-.
Pero en menos de un minuto “Antonio”volvió a llamar. Y le volví a insistir en que lo
cogiera, el padre que era más bueno que un santo, no decía nada. Y la madre
como siempre me tuvo que decir que lo dejara que hiciera lo que quisiera.
Él me miraba y no lo cogía se quedó paralizado. Y no se porque lo cogí yo.
¡Hola! ¿Si?... - Nadie hablaba- y colgó-. Le pregunté que quien era y él respondió
nervioso.
- Es… Eh… el de la caldera, será para ver si todo va bien. Sí Malena ¡joder! el
- Vale, pero... ¿porqué no se lo has cogido?
Y ya saltó como no, Julia la salvadora de su hijo. - Dejalé que haga lo que quiera,
además es domingo no es día de molestar. - La miré con la mirada que siempre
pongo de querer decir y callar-.
Y le dije a Óscar que estaba cansada y que quería irme a casa.

Llegamos a casa, me di una ducha y el hizo lo de siempre, tirarse en el sofá y


ponerse la serie Vikingos que a mí no me gustaba nada de nada. Me senté en el
sofá a su lado y me pusé a leer un libro "un invitado inesperado" de Shari Lapena.
El móvil empezó a sonar. ¿Adivináis quién era? Sí, “Antonio“.
Lo miré y me dijo que no lo iba a coger que su madre tenía razón, que era
domingo y no era día de [Link] dieron ganas de cogerlo otra vez pero sabía
que se montaría gorda después y la verdad no me apetecía discutir con él.
- Haz lo que quieras pero si insiste mucho será por algo. ¿Te ha llamado Rosa? -me
miró de nuevo -.
- Eh Rosa no, no me ha llamado. ¿Porqué?.
- Es que lo a lo mejor Rosa no te ha querido llamar y por eso te llama él. - Miró el
móvil de nuevo que seguía sonando-.
- Rosa no trabaja hoy, hoy en cocina está Javi.
- Vale Óscar pues ya se cansará.
Mentí porque lo que realmente quería era que lo cogiera. Siguió viendo la serie y
yo me encendí un cigarro. - Me volvió a mirar-.
- ¿Qué? ¿Qué pasa? – deje el mechero en la mesa -.
- Nada, sólo que fumas mucho y sabes que no me gusta. - No le conteste porque
de nuevo pensé que no quería discutir.
- Puedes quitarle volumen a la tele, no me concentró. - Bufó… y puso mala cara-.
- ¡Joder! Déjalo me voy arriba a leer.-apagué el cigarrillo y me subí y me tiré en la
cama con libro en mano.
No podía concentrarme, porque tenía la sensación de que pasaba algo, tenía una
mala intuición.
A los diez minutos de subirme lo escuché hablar muy bajito.
“no me llames más “ ”te lo digo enserio” “mi novia estaba delante todas las veces
que has llamado, incluso lo ha cogido una de ellas” “no” “vale” “sí” “hasta
mañana” y colgó.
¡¡Jodeer!! ¿Quién coño era? Ahí ya sí que os tengo que admitir que me empecé a
acojonar y a hacerme mil suposiciones en la cabeza. Yo confiaba plenamente en
él, llevábamos 9 años juntos.
Nos conocimos en el cotillón del pueblo, y desde esa nochevieja no nos volvimos a
separar. Teníamos nuestros más y nuestros menos como cualquier pareja. Aunque
tengo que decir, que yo cedía más que él.
El siempre tenía cosas que hacer, siempre. Era muy activo en ese sentido. Jugar al
padel, al fútbol, tocar el saxo; que se le daba bastante bien, La Semana Santa le
apasionaba, a mí me gusta pero en un modo normal; en su fecha y vendiendo
muchas torrijas en el obrador con olor a incienso y nazarenos de chocolate. Lo de
él era otro nivel. Era todo el año.
Yo era más casera, más tranquila. Con el simple hecho de llegar a casa y abrir una
Coca Cola Zero, una copa de vino, coger un libro y tirarme en el sofá era feliz. Él
necesitaba salir constantemente.
Vale, admito que me relajé. Deje de salir de fiestas con estas y Mauro me reñía
muchísimo por ello. Me acomodé a la casa, al trabajo a Óscar... Yo creía haberlo
vivido ya todo, ¡Qué ingenua! ¿Verdad?.
Llegué a imaginar que ese tal Antonio fuera gay y que se hubiera enamorado de
Óscar, y que mí novio lo hubiera notado en el trabajo y lo estuviera evitando.
También cabía la posibilidad de que Óscar fuera gay o bisexual... De ahí que
follarámos poco. Lo mismo ya no le ponía.
Toda posibilidad era válida menos la real. La que yo no quería ver.

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