El Cliente de la Última Mesa
Desde que abrió su restaurante, Yobeida notó algo extraño: cada noche,
a la misma hora, un hombre se sentaba en la última mesa del fondo.
Nunca pedía nada, solo observaba.
—Señora, su cliente de siempre me da escalofríos —susurró su mesera
un día.
Pero cuando Yobeida se giró para mirar, el hombre ya no estaba.
Un día, decidió enfrentar el misterio. Antes de cerrar, dejó un plato con
pabellón criollo en la mesa del fondo. A la mañana siguiente, el plato
estaba vacío.
Preguntó a los vecinos y descubrió que, hace veinte años, el dueño del
restaurante anterior murió envenenado en esa misma mesa.
Esa noche, el hombre volvió. Pero esta vez, cuando Yobeida se le
acercó, él le susurró:
—Tú cocinas mejor que yo… No cometas mis errores.
Y desapareció. Desde entonces, cada noche, Yobeida deja un plato en la
última mesa. Y cada mañana, el plato aparece vacío.