0% encontró este documento útil (0 votos)
7 vistas7 páginas

Significado de Logos en la Biblia

El Logos, o Verbo, en la Biblia se refiere a Jesucristo como la Palabra Eterna de Dios que se hizo carne. La dependencia total de Dios es fundamental en la vida cristiana, como lo ejemplificó Jesús, quien consultaba al Padre en todo momento. Ser libre en Cristo implica vivir sin el control del pecado y en obediencia a la voluntad de Dios, lo que resulta en una vida plena y abundante.
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
7 vistas7 páginas

Significado de Logos en la Biblia

El Logos, o Verbo, en la Biblia se refiere a Jesucristo como la Palabra Eterna de Dios que se hizo carne. La dependencia total de Dios es fundamental en la vida cristiana, como lo ejemplificó Jesús, quien consultaba al Padre en todo momento. Ser libre en Cristo implica vivir sin el control del pecado y en obediencia a la voluntad de Dios, lo que resulta en una vida plena y abundante.
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

¿Qué significa logos según la Biblia?

Verbum (o Logos o Palabra), con frecuencia, en tratados teológicos, se traduce


por "Verbo". Y el Verbo (Logos) Divino "se hizo carne y habitó entre nosotros"
(Juan 1:14). Es decir, el Hijo de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad
es el Verbo, la Palabra Eterna de Dios entre nosotros.
El Logos es realmente Dios, porque es eterno y porque se diferencia
substancialmente de toda creatura (creada de la nada), las cuales son creadas por
el Padre mediante él. Es el unigénito, el Hijo por naturaleza. Para comprender el
significado de depender de Dios es necesario muchas veces, llegar al punto de
perderlo todo y contar solo con Él.

¿Qué es libertad y ejemplos?


Ser libre significa poder elegir y actuar de acuerdo con las propias creencias,
valores y deseos. Por ejemplo: cuando un niño llega al parque, tiene la libertad de
elegir a qué juego subirse, o si jugar con otros niños o solo.

depender

1. 1.
verbo intransitivo
Estar subordinado a una autoridad o jurisdicción.
"Depender de la jueza, de la municipalidad."
Similar: acatar,obedecer,servir pender
[Link] intransitivo. Producirse o ser causado o condicionado por alguien o algo.
"Mi fortuna dependía de las apuestas."

Depender de Dios no es fácil puesto que vivimos en una sociedad que no


solamente nos enseña a ser independientes desde muy jóvenes, sino a desechar
a Dios por completo de nuestras vidas. En la actualidad y de manera lamentable,
en lo que menos pensamos es en Dios y mucho menos para siquiera creer que
podemos depender de Él. Eso suele sonar hasta ridículo y absurdo en un mundo
tan materialista como el nuestro. Depender de Dios totalmente es la clave de la
vida del cristiano, porque es la forma en que Jesucristo vivió a su paso por el
mundo, dándonos su ejemplo. Depender de Dios y no de nuestros recursos, es lo
que Jesucristo quiso enseñarnos con su ejemplo a su paso por la tierra, pues su
conexión con Dios fue tan perfecta, que jamás hizo nada sin consultarlo primero
con el Padre. En Juan 6:1-13, narra cómo Jesucristo pudo alimentar a más de
5000 personas con tan solo cinco panes y dos peces. El contraste de la demanda
de personas para comer y los recursos existentes era enorme, sin embargo, Jesús
lo hizo, demostrando cómo es posible superar situaciones imposibles.

El Hijo depende totalmente de Dios.

Muchos pudieran decir que lo que Jesucristo hacía, lo hacía porque era Dios, pero
cuando Él vino al mundo renunció por ese tiempo a su divinidad, aunque seguía
siendo Dios. Jesucristo en la tierra era un hombre común y corriente como tu o
como yo, pero la gran diferencia radicaba en su estilo de vida, en su completa
conexión con Dios, que le permitía depender de Él totalmente como Él mismo lo
afirmaba: “No puedo hacer nada por mi mismo, porque no busco mi voluntad sino
la voluntad del Padre”, Juan 5:30.

¿Porque lo hacía? Porque quería demostrarnos lo que implica depender de Dios


completamente y los innumerables beneficios que eso conlleva, y esos beneficios
están más que confirmados en el Salmo 37:5-6 que expresa lo siguiente:
“Encomienda a Jehová tu camino, y confía en Él y Él hará. Exhibirá tu justicia
como la luz, y tu derecho como el mediodía”.

Jesucristo en el mundo dependía completamente de Dios y lo demostraba


consultando al Padre en todo lo que hacía. Jesucristo ayunaba, Jesucristo oraba y
Jesucristo estudiaba la Palabra de Dios, entonces el Antiguo Testamento, y era
eso lo que lo mantenía firme en las tentaciones, porque la Biblia narra que fue
tentado muchas veces. Jesús permaneció santo en la tierra pero no por ser Dios,
sino porque dependía totalmente del Padre y su conexión con Dios era perfecta.
Era la total dependencia de Dios la que le permitía a Jesús hacer milagros. Los
milagros de Jesús no eran evidencia de su deidad, porque muchos en la Biblia los
hicieron sin ser Dios. Moisés, Pedro, Pablo y algunos de los Profetas por ejemplo,
hicieron milagros y no eran Dios.
Todos ellos incluyendo a Jesús, eran solo instrumentos de Dios para hacer
milagros, y lo lograban enteramente porque su dependencia de Dios era total.

Aprender a depender de Dios.

Depender de Dios significa reconocer el Señorío de Jesucristo en nuestra vida y


no es fácil, porque a pesar de su mismo ejemplo de dependencia con el Padre,
muchos cristianos no aprenden a depender de Dios. La mayoría de las personas
cuando enfrentan las dificultades de la vida, tratan de resolverlo todo tomando en
cuenta tan solo sus propios recursos, sin tener en cuenta a Dios.

Pero no debe ser ese el caso de los cristianos, porque ¿cuáles son pues las
ventajas de ser cristianos si vivimos del mismo modo que aquellos que no lo son?
Jesucristo vino a ofrecernos una vida abundante y cómo se supone que la vamos
a recibir si ni siquiera queremos tomar en cuenta a Dios.

El cristiano debe aprender a depender de Dios.

Debemos aprender a depender de Dios como Jesucristo nos enseñó, pero para
hacerlo debemos tener una perfecta relación con Dios basada en la obediencia a
su Palabra y la oración diaria, permaneciendo en Cristo. Nuestra dependencia de
Dios debe ser total del mismo modo que un bebé depende enteramente de su
madre.

Un bebé no hace nada por su cuenta porque no puede hacerlo y no sabe cómo,
así mismo debemos ser nosotros con el Padre, es decir, no hacer nada sin
consultarlo primero a Él. ¿Difícil no? Pero no imposible. Todo es cuestión de
hábitos y te aseguro que una vez aprendes esto tu vida será mucho más fácil
porque las decisiones que tomes van a estar siempre respaldadas por Dios y bajo
su Voluntad. Recuerda que Él siempre quiere lo mejor para nosotros, de tal
manera que no lo excluyas de tu vida y te evitarás grandes dolores de cabeza.

Libertad en Cristo: qué significa ser libre en la Biblia


Ser libre en Cristo significa que Jesús es el Señor de mi vida y que, gracias a su
obra en mí, el pecado no controla mis acciones. ¡Esa es la realidad de los que
somos hijos de Dios! Desde el momento en el que permitimos que Jesús reine en
nuestras vidas, que nos llene con su presencia y nos transforme, él nos da las
fuerzas necesarias para obedecerle. Con su ayuda decimos no al pecado y sí a la
voluntad de Dios. Dejamos de ser esclavos del pecado y pasamos a vivir la
vida plena que Dios anhela para nosotros. ¡Esa es la maravillosa libertad que
tenemos en él!

¡Libres en Cristo!
1. La verdad nos libera

Jesús se dirigió entonces a los judíos que habían


creído en él, y les dijo: Si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente
mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.
(Juan 8:31-32)

Cuando tenemos una experiencia genuina con Jesús, surge en nosotros un gran
anhelo de obedecerle y de ser fiel a él. ¡El toque salvador de Jesús no nos deja
igual! Nace en nosotros el deseo de sumergirnos en su Palabra y de buscar su
presencia en oración. Le permitimos hablar sobre su voluntad para nuestras vidas
y mostrarnos lo que desea hacer en nosotros.

Es en medio de esa búsqueda que él revela más de su verdad a nuestros


corazones. Nos muestra quiénes somos en él: sus hijos amados, redimidos para
su gloria. Dios nos revela su poder sobre el pecado. Nos da claridad en cuanto a
la salvación que ya consiguió para nosotros a través de su muerte en la cruz y su
resurrección, y nos muestra cómo debemos vivir ahora que somos sus hijos.

2. ¿Esclavos o libres?

Ciertamente les aseguro que todo el que peca es


esclavo del pecado —respondió Jesús—. Ahora bien, el esclavo no se queda para
siempre en la familia; pero el hijo sí se queda en ella para siempre. Así que, si el
Hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres.
(Juan 8:34-36)

¡Jesús nos da completa libertad! Al recibirlo como salvador dejamos de ser


esclavos del pecado. Pasamos a ser libres para vencer la tentación y para vivir la
vida dentro del propósito de Dios.
En Cristo tenemos libertad, pero debemos decidir si viviremos como hijos libres
que reflejan su imagen o si viviremos como esclavos. Dios nos da las fuerzas para
no ceder ante la tentación y nos recuerda que con él somos más que vencedores.
Al enfocarnos en Dios y en vivir dentro de su voluntad, disminuye en nosotros el
deseo de hacer lo que nos place y aumenta el anhelo de agradarlo.

3. La vida con Jesús

Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para


los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de
vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte.
(Romanos 8:1-2)

La ley trae castigo severo, pero la vida con Jesús nos libera de la condenación. No
importa cuán grandes sean los errores cometidos en el pasado, cuando Dios con
su divina gracia decide perdonar, él concede un perdón completo.

Dios nos ofrece un nuevo comienzo lleno de vida abundante. Nos da la esperanza
para la eternidad con él y también nuestra vida aquí adquiere un nuevo sentido
gracias a la presencia del Espíritu Santo. Nuestra meta es vivir para la gloria de
Dios y llevar su presencia y amor dondequiera que vamos.

4. ¡Atención al fruto!

Cuando ustedes eran esclavos del pecado,


estaban libres del dominio de la justicia. ¿Qué fruto cosechaban entonces? ¡Cosas
que ahora los avergüenzan y que conducen a la muerte! Pero ahora que han sido
liberados del pecado y se han puesto al servicio de Dios, cosechan la santidad
que conduce a la vida eterna. Porque la paga del pecado es muerte, mientras que
la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor.
(Romanos 6:20-23)
Aquí vemos la diferencia entre una vida esclava del pecado y una dedicada al
servicio de Dios, dominada por él y su justicia. Es fácil saber quién o qué gobierna
nuestras vidas: solo debemos mirar el fruto. El pecado trae fruto que avergüenza y
lleva a la muerte espiritual. Sin embargo, el fruto de justicia o de una vida puesta al
servicio de Dios, es un fruto lleno de santidad y conduce a la vida eterna.

Una vida santa es una apartada para Dios que busca agradarlo en todo momento.
¡Necesitamos llenarnos del Espíritu Santo! Es así como logramos reconocer el
gran regalo de vida eterna que Dios nos ha dado. Viviendo llenos del Espíritu,
perseveramos en obediencia a la Palabra de Dios. Es por su gracia que hemos
pasado de muerte a vida en Cristo Jesús y nuestras vidas no pueden quedarse
igual ante esta realidad.

5. Firmes en nuestra libertad

Cristo nos libertó para que vivamos en


libertad. Por lo tanto, manténganse firmes y no se sometan nuevamente al yugo
de esclavitud.
(Gálatas 5:1)

En Jesús tenemos libertad tanto del yugo del pecado como de tener que cumplir
con toda la ley del Antiguo Testamento. No hay nada que podamos hacer para
ganar el perdón de Dios, no importa cuán buenos aparentemos ser ante los ojos
de los demás. Somos salvos por la gracia de Dios (Efesios 2:8-9) y solo el
sacrificio de Cristo nos trae verdadera libertad.

Lee más sobre el poder de la gracia de Dios

Una vez somos transformados por el amor y el poder redentor de Dios, el Espíritu
Santo viene a morar en nosotros. Él nos da la ayuda necesaria para vivir en
obediencia a Dios y para permanecer firmes. No le obedecemos por temor o por
legalismo, sino por amor, porque el deseo de nuestro corazón es vivir de acuerdo
con su voluntad.

6. La vida llena del Espíritu


En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad,
bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas
cosas. Los que son de Cristo Jesús han crucificado la naturaleza pecaminosa, con
sus pasiones y deseos. Si el Espíritu nos da vida, andemos guiados por el
Espíritu.
(Gálatas 5:22-25)

Hemos sido llamados a ser libres, pero eso no nos da permiso para vivir como
queramos, dando rienda suelta a nuestras pasiones y deseos (Gálatas 5:13-26).
Hay un gran contraste entre las obras de la carne y la vida llena del Espíritu:
nuestra elección debe ser siempre actuar de acuerdo a la vida llena del Espíritu.
Dios debe ser quien dirija todas nuestras acciones, sentimientos y palabras. Con
él tenemos la fortaleza que necesitamos en todo momento para no ceder ante el
pecado. La libertad que tenemos en Cristo es una que nos trae bienestar espiritual
y nos ayuda en nuestra relación con los demás. Dejemos que el Espíritu haga su
obra transformadora en nosotros y vivamos libres del poder del pecado para la
gloria y honra de nuestro Salvador.

También podría gustarte