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Vida y lucha en un barrio peligroso

La historia narra la vida de Sara, una madre soltera que lucha por mantener a su hija Helena a salvo en un barrio peligroso, mientras enfrenta la presión de la violencia de pandillas. A través de personajes como Don Pedro, un anciano preocupado, y Luis, un ex militar decidido a tomar acción, se exploran las tensiones comunitarias y el deseo de cambio. El clímax se alcanza cuando Helena descubre el trágico destino de Don Pedro, lo que intensifica el miedo y la desesperación en su entorno.

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Vida y lucha en un barrio peligroso

La historia narra la vida de Sara, una madre soltera que lucha por mantener a su hija Helena a salvo en un barrio peligroso, mientras enfrenta la presión de la violencia de pandillas. A través de personajes como Don Pedro, un anciano preocupado, y Luis, un ex militar decidido a tomar acción, se exploran las tensiones comunitarias y el deseo de cambio. El clímax se alcanza cuando Helena descubre el trágico destino de Don Pedro, lo que intensifica el miedo y la desesperación en su entorno.

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Bajo la Sombra del Miedo

Personajes:

-Sara: Una madre soltera que lucha por mantener a su hija segura en
un barrio peligroso. Altura de 1,70m, piel oscura, ojos y cabello
marrón, vestida con una camiseta amarilla vieja con un estampado de
flores rosas y una falda larga azul celeste de mala calidad.

- Don Pedro: Un anciano de 70 años que ha vivido en el barrio toda su


vida y es testigo de la transformación del lugar. Altura de 1,65m, piel
oscura, poco cabello y una barba canosa, vestido con una camisa a
cuadros azul y un pantalón jean azul agujereado y manchado de
aceite de motor.

- Helena: La hija de Sara, una niña de 7 años curiosa y energética.


Cabello marrón, piel color canela y ojos de color avellana heredados
de su difunto padre Pepe. Usa una camiseta roja con estampado de
dinosaurio que Don Pedro le regalo a su madre junto a un pantalón
corto negro.

-Luis: Un joven ex militar que busca cambiar la situación de su


comunidad. Una altura de 1,80m, cabello rubio corto, ojos verdes y
cuerpo fornido. Vestido con una camiseta holgada y un pantalón largo
y negro que lo ayudan a esconder el arma que siempre lleva consigo.

-Orlando: Un joven mecánico que disfruta de cazar y montear. Altura


de 1,80m vestido con una camisa roja con cuadros negros y un
pantalón jean azul desgastado y manchado de lodo acompañado por
botas negras.

-Doña Petra: Una señora de avanzada edad que perdió a su hija luego
de que se involucrara con los miembros de una banda callejera.
Altura de 1,60m, ligeramente subida de peso, con cabello trenzado y
canoso, piel arrugada y lleva un vestido largo con un patrón de rosas.

-Pandilla del Norte: Una pandilla de jóvenes criminales que habitan los
callejones del barrio desde hace unos años. Entre los miembros de
alto rango de esta se encuentra Carlos, el hijo de Don Pedro.

-Pandilla del Sur: Una banda relativamente nueva en conflicto con la


pandilla del Norte, con la peculiar costumbre de vestir siempre
camisetas rojas y pantalones negros y holgados
Acto I: La Realidad

Escena 1:

(En la casa de Sara, una pequeña vivienda en un barrio deteriorado,


con paredes amarillas de las que se desprende la pintura, un piso de
madera y techo de zinc, decorada con servilletas estampadas y tazas
de café sobre la única mesa en la casa para dar la impresión de un
hogar, se escucha el sonido de sirenas y gritos desde afuera.)

Sara: (mirando por la ventana) Helena, ven aquí. No salgas hasta que
se calmen las cosas.

Helena:(con curiosidad) Pero mamá, ¿por qué siempre hay problemas


aquí? Quiero jugar con mis amigos.

Sara: (suspirando) Lo sé, cariño. Pero este lugar no es seguro. Hay


personas que no respetan la vida de los demás.

*Se escucha como alguien toca la puerta*

Helena: ¡Ya va!

Sara: ¡Helena, espérate!

*Helena corre a la puerta y la abre, revelando detrás un señor de cara


amigable*

Don Pedro: ¡Helena mi niña! ¿Cómo estás? Mira lo que te traje

*Don Pedro saca del bolsillo de su camisa unas mentas de caramelo*

Helena: ¡Muchas gracias Don Pedro!


Sara: ¡Helena, te he dicho mil veces que no abras la puerta sin
preguntar quien es! Vas a hacer que me de un infarto…

*Don Pedro entra en la casa, con una expresión preocupada.*

Don Pedro: Buenas tardes, Sara. Oí que hubo otra pelea anoche.

Sara: Sí, Don Pedro. Estoy cansada de esto. No quiero que mi hija
crezca con miedo.

Don Pedro: Ay Sara, he pasado mi vida entera aquí, y honestamente


este no es lugar para criar una niña. Mira lo que pasó el año pasado,
como mataron a la hija de Doña Petra en una balacera, o el hijo mío
como se volvió un criminal. Si te soy sincero, lo mejor que puedes
hacer es irte de aquí antes de que pase lo peor.

Sara: Pero es que Don Pedro, yo no tengo a nadie, una mujer viuda
como yo teniendo que cuidar de una muchacha no encuentra trabajo
en cualquier sitio, y la vida en la ciudad es demasiado cara, yo no
puedo pagar alquiler con lo poquito que me gano. Tuvimos suerte de
que mi difunto Pepe nos dejara esta casita aquí antes de morir.

Don Pedro: Bueno, yo te entiendo mijita, de verdad que si, pero tienes
que encontrar la forma, por tu bien y por el bien de la niña.

Sara: Yo lo intento Don Pedro, créame que si.

Don Pedro: Bueno mijita, las dejo aquí tranquilas que ya se está
poniendo oscuro.

Sara: Cuídese mucho Don Pedro, que Dios lo guarde.


*Don pedro sale de la casa y Sara se sienta en su mecedora
angustiada y agotada por el estrés. Por otro lado, Helena solo mira a
su madre confundida mientras juega con unas tazas de plástico rotas.

Acto II: La Lucha

(Unos días después, en una reunión comunitaria en el centro del


barrio, dentro de lo que solía ser una iglesia católica, Luis está
hablando a un grupo de vecinos.)

Luis: ¡Esto no puede seguir así! ¿A dónde vamos a parar con esto?

Orlando: La cosa está cada vez peor, desde que se metieron esa
gente aquí con su lío entre bandas aquí no se puede vivir tranquilo.
Algo hay que hacer si.

Doña Petra: ¿Tu estás loco muchacho? En lo lío de esa gente es mejor
no meterse, mira lo que le pasó a la niña mía por involucrarse en
eso…

Luis: Lo que pasó con Lidia fue muy triste Doña Petra, pero no
podemos hacernos los locos y esperar a que se vayan.

Orlando: Pero también, ¿Qué se puede hacer? Tu viste lo que pasó


anoche, uno llama a la policía y ellos le dan un par de pesos para que
se hagan los locos y se acaba ahí. Aquí la gente se muere y ni se
investiga que pasó.

Luis: Si la policía no piensa resolver, lo que hay que hacerlo nosotros


mismos. Esa gente se odian, lo que hay que hacer es o sacar a una de
las bandas o que se maten entre ellos.
Orlando: Ya genio, y ¿Cómo tu piensa hacer eso?

Luis: Sencillo, los de la banda nueva son menos, todo el mundo sabe
en que esquina es que ellos se paran por la noche, lo que hay que
hacer es agarrarlos cuando estén todo junto y acabar con ello uno
mismo, yo tengo pistola y toda las armas que hacen falta, solamente
hay que juntar suficiente gente.

Doña Petra: Pero muchacho ¿tu quiere que te maten?

Orlando: Yo no sé no… Eso es como arriesgado.

Luis: Llévate de mi, si no hacemos algo, van a ser ellos los que nos
maten a nosotros. Y ni siquiera hay que matarlos, solo hay que darle
un susto para que se larguen de aquí.

Orlando: Bueno, eso es verdad, cuenta conmigo entonces que yo


busco la gente.

Doña Petra: miren no se metan en eso ¡Eso va a acabar en tragedia!

Luis: Usted tranquila Doña Petra, que yo sé lo que hago.

*Orlando y Luis se van de la iglesia y solo queda Doña Petra, quien


camina hasta lo que alguna vez fue el altar y se arrodilla*

Doña Petra: Dios mío, no dejes que esos muchachos hagan una locura
señor…

Acto III: Un acto de amor


(Dentro de la casa de Sara, a las 8:00 am de la mañana, Don Pedro va
a tomar el café junto a Sara como acostumbran)

*Sara se acerca a la mesa con dos tazas de café negro calientes


mientras Helena la sigue brincando alegre*

Sara: Ay Don Pedro, estos muchachos no dejan a uno ni colar café


tranquilo, yo no entiendo que ella hace despierta a esta hora.

*Helena se sienta en la silla junto a Pedro abrazando su brazo con una


sonrisa*

Helena: ¡Porque yo quiero jugar con Pedro mami!

Don Pedro: Jajaja, estos niños, así mismo era Carlitos cuando estaba
pequeño.

Sara: Y hablando de Carlitos, ¿Dónde anda ese muchacho?

Don Pedro (preocupado): Ay mijita ni lo menciones, ese muchacho


desde que se involucró en esa banda se fue de la casa, y ahora yo no
sé ni donde vive, y con esa banda nueva ahora que anda en pleito
con la de él me tiene más preocupado todavía.

Sara (triste): ¡Que cosa tan terrible! Que Dios lo guarde y lo saque de
ese mundo…

Don Pedro: Yo como quien dice ya no tengo a nadie, yo vivo solo y mi


único hijo me abandonó, pero tu y Helena son como mi familia ahora

Sara: Usted también es como nuestra familia Don Pedro, desde que
nos mudamos aquí usted ha sido una bendición para nosotras.
Don Pedro: Por eso es que no quiero que tú y la niña vivan aquí
expuestos al peligro. Yo ya me retiré y no necesito mucho para vivir,
pero ustedes… Necesitan esto mucho más que yo.

*Don Pedro saca una cajita de madera y la coloca sobre la mesa,


Sara, intrigada por las palabras de Don Pedro, abre la caja
lentamente*

Sara (sorprendida): ¡Esto es..!

Don Pedro: Es una parte de mis ahorros.

Sara: Don Pedro yo no puedo aceptar esto, yo… No le podría pedir


algo así

Don Pedro: Ay mijita, tu no me estás pidiendo nada, soy yo quien te lo


está ofreciendo.

Sara: Pero aún así, esto es demasiado…

Don Pedro: Por favor Sara, tu bien sabes que este lugar no va a
cambiar nunca. Con esto, tú y Helena podrán aguantar en otro lado al
menos un par de meses hasta que logres salir adelante. Así que te
pido que lo aceptes, déjale a este viejo ayudar a la única familia que
tiene en este mundo.

Sara (entre lágrimas): Yo… Usted no tiene idea de lo mucho que


significa esto para nosotras.

*Helena ve a su madre llorar y va corriendo a abrazarla*

Helena (preocupada): Mami, ¿Por qué lloras, pasó algo malo?


*Sara coloca sus manos en las mejillas de su hija tratando de darle
una sonrisa*

Sara (llorando): No mi vida, no pasó nada malo, ve dale las gracias a


Don Pedro.

*Helena se levanta y abraza con fuerza a Don Pedro mientras llora al


no entender la situación*

Don Pedro: Ya, ya mi niña, todo está bien, todo está bien.

*Luego de un rato, Don Pedro vuelve a su casa mientras Sara y


Helena lo despiden en la puerta*

Acto IV: “Aquella noche”


(La noche de ese mismo día, en un callejón del barrio donde se
reúnen algunos miembros de la nueva pandilla, Luis, Orlando y un
grupo de vecinos armados acechan con intención de hacer justicia por
las buenas, o por las malas…)

Luis: Ya están todos aquí, son solo cinco.

Orlando: nosotros los superamos en número aunque sea solo por uno.

Luis: Escuchen, hoy al fin nos deshacemos de este problema, todo el


mundo con cuidado, a mi señal… 3…2…1…!

*El grupo de hombres enfurecidos salen y disparan a los criminales,


tomándolos desprevenidos e hiriendo de gravedad a dos de ellos. Sin
embargo, los demás logran ocultarse y recuperar la compostura*
Pandillero 1: ¡Malnacidos!

*Los tres pandilleros restantes salen de su escondite armados,


espantando a los vecinos disparando a quemarropa*

Pandillero 2: ¡Que no se escape ni uno!

*Se escuchan disparos constantes mientras los vecinos, dirigidos por


Luis, escapan en la oscuridad*

Pandillero 3: ¡Loco, vengan que se nos mueren Paco y Lora!

*Los pandilleros van corriendo hasta los cuerpos heridos de sus


compañeros, quienes desangrándose, no pueden articular palabras y
rápidamente, mueren…*

Pandillero 2: ¡Diablos! ¿¡Y quienes eran esos!?

Pandillero 1: ¿Y no es obvio? Los malnacidos del Norte

Pandillero 3: Eso fue el maldito Carlos, tenía días amenazando ya

Pandillero 1: Que no se apure, que esto no se va a quedar así tu va a


ver. Si no lo podemos encontrar a él yo sé lo que vamos a hacer.

*La escena cambia, mostrando de nuevo a Sara y Helena en su casa


escondidas bajo la mesa. Sara tapa con sus manos los oídos de
Helena, quien tiembla de miedo mientras llora.

*Disparos a lo lejos*
Sara (angustiada): ¡Ya pasará mi amor, sé fuerte..!

Helena (entre lágrimas): ¡Tengo miedo mamá!

*Los disparos se detienen*

Sara: Ya está bien, todo está bien Helena…

Helena: *solloza*

Sara: Tranquila Helena, muy pronto mami te llevará a vivir a un lugar


mucho mejor donde vas a poder jugar, ir a la escuela, tendrás tu
propia cama.

*Helena continúa abrazando a su madre con fuerza. Unas horas más


tarde en la madrugada*

*Disparos*

Sara: Eso fue muy cerca… No pasa nada Helena, quédate aquí con
mami

Helena (preocupada): ¿Mamá que pasa?

Sara: Ya pasó Helena… ya pasó. Vamos, intenta dormir…

*La noche pasa sin mayores incidentes. Helena y Sara tratan de


dormir todo lo que pueden hasta el dia siguiente*
Acto V: Una vista inolvidable

(Por la mañana, Sara cuela su café como de costumbre, mientras


Helena juega sin mucha energía por el mal sueño de la noche
anterior)

*Sara lleva las dos tazas de café a la mesa como de costumbre*

Sara: El café ya está listo, déjame lavarme la cara. ¡Helena, hazme un


favor y llama a Don Pedro, por favor!

Helena: ¡Ya voy!

*Helena se levanta y sale de la casa. A esta hora, el barrio aún está


en silencio. Helena va corriendo hasta la casa pequeña casa del
frente, que luce igual que siempre, con sus paredes azul celeste, su
alfombra negra con la frase “Bienvenidos”, salvo un pequeño detalle,
el cartelito con el versículo Juan 3:16 de la puerta en el piso, y la
puerta abierta*

Helena: ¡Don Pedro! ¡Don Pedro! Hmmm, no responde, pero está


abierto, lo voy a buscar.

*Helena avanza por la casa, pasando el comedor, encontrando sillas


desordenadas y huellas de lodo por todo el camino, para llegar a la
habitación de Don Pedro al final del pasillo*

Helena (Disgustada): ¡Eww, que sucio está todo, y que feo huele!

*Helena llega hasta el final del pasillo, donde solo faltaría girar a la
derecha para entrar a la habitación*

Helena: ¡Don Pedro, dice mami que ya está el-


*Helena gira con intención de entrar en la habitación, donde su
camino se ve interrumpido por el cuerpo pálido de Don Pedro tendido
en el piso boca arriba, en un charco de sangre. Helena baja la mirada
lentamente, mirando congelada directo directamente a los ojos del
señor, los ojos que una vez resplandecían de alegría al mirarla, ahora
yacían ante ella perdidos y vacíos. Helena continuó mirando
paralizada directamente a los ojos de Don Pedro, que apuntaban a los
suyos, una vista inolvidable, únicamente interrumpida por moscas
entrando por un agujero en su cabeza.

Helena (en shock): Ah…Ah…¡¡¡AHHHHHH!!!

*El grito de Helena retumbó en todo el barrio, no, incluso en la ciudad.


El grito desgarrador de una niña que despertaría a todo el pueblo.
Sara, al escuchar la voz de su hija, corrió desesperada hasta la casa
de Don Pedro, solo para encontrar a su hija congelada frente al
cuerpo sin vida de quien había sido como su padre en los últimos
años.

Sara (horrorizada): ¡¡¡HELENAA!!!

*Sara, asqueada por la vista, corre a tomar en brazos a su hija y la


lleva fuera de allí, donde esperan los vecinos de las casas alrededor
atraídos por el grito de la niña. Sara abraza con fuerza a su hija
mientras llora de dolor, de haber perdido a la única persona en el
mundo que tenía, y de saber que la imagen que acababan de
presenciar, quedaría registrada en la memoria de Helena hasta el
último de sus días*

Acto VI: Volver a vivir


(En las semanas posteriores, el caso de Don Pedro resonó en las
noticias, llamando la atención del mundo a este pequeño pueblo y
obligando a las autoridades a investigar a fondo hasta atrapar a los
culpables. Esta atención repentina también espantó a la banda del
Norte del pueblo, desapareciendo y dejando un barrio tranquilo. Sin
embargo, aunque el lugar era todo lo que Sara alguna vez quiso que
fuera, este ya no era lugar para ellas)

*Sara y Helena esperan en una estación de metro junto a unas bolsas


negras que usan de maletas, cargando solo ropa y los juguetes de
Helena, a excepción de ciertas tazas de plástico*

*La bocina suena con fuerza*

Helena (sobresaltada): ¡…!

Sara: Está bien, no pasa nada…

*El metro se detiene frente a ellas*

Sara: Vamos Helena, nos vamos.

Helena: …

*Helena toma la mano de Sara y juntas se suben al metro y se sientan


junto a la ventana. Helena mira por la ventana mientras aprieta con
fuerza la mano de su madre hasta quedarse dormida*

Sara (Con culpa): Mi Helena… ¿Cómo te pido que seas feliz después
de todo lo que deje que pasara..?

*Sara lucha por contener las lágrimas*

Sara: *suspira* Pedro… Espero que, desde el cielo, puedas ver a


Helena, ayúdala a seguir adelante…
*Sara continúa pensando en Don Pedro, pero sabe que debe ser
fuerte, por Helena y por su futuro, para que pueda tener una vida
libre del peligro y ruega por que Dios le de fuerza para superar el
trauma que ha vivido, pero debe seguir adelante y darle una mejor
vida a su hija. Porque es lo que Don Pedro quería para ella

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