DESCARTES
A) El problema del CONOCIMIENTO / REALIDAD
El conocimiento
El ideal de conocimiento que presenta Descartes es el de un gran sistema del saber expuesto de
modo deductivo, de modo que en él se aprecie la necesidad de cuanto se afirma, y se vea
además la dependencia de cada parte respecto a la unidad del todo. Este sistema no sería sino la
sabiduría humana, que es sólo una, obtenida por la razón, que es igualmente sólo una, y de
acuerdo con el mismo método.
Esta sabiduría humana puede presentarse como un gran árbol, en el cual las raíces serían la
metafísica, el tronco la física, y la moral y la medicina algunas de sus ramas más importantes.
El método a seguir lo expone Descartes en las “Reglas para la dirección del espíritu” y en el
“Discurso del método”: un método universal para el saber, único, y está inspirado en el proceder de
la matemática.
El método consiste en un conjunto de reglas que permiten usar del modo más adecuado las dos
operaciones fundamentales del espíritu que son, según Descartes, la intuición y la deducción.
Las reglas del método, tal y como aparecen en el Discurso son las cuatro siguientes: regla de la
evidencia (consiste en no tomar como verdadero nada de lo que tenga alguna razón para dudar); el
ánálisis (dividir lo complejo en sus partes más simples) ; la síntesis (unir lo complejo desde sus
partes más simples) y la enumeración. Descartes comienza por aplicar su método a las raíces del
árbol del saber, es decir, a la metafísica.
Para la aplicación de la primera regla hace uso de la duda metódica. Esta duda es universal, no
escéptica (la duda es un instrumento metodológico y no el punto final de su filosofía), teórica.
Dudará, primero, de los sentidos. De este modo cabe dudar de que el mundo sea tal y como los
sentidos nos lo muestran.
En una segunda fase la duda consiste en afirmar que no podemos con total seguridad saber que el
estado de vigilia no es un producto de la imaginación, y por tanto, que no es un sueño. Resultaría
así que el mundo externo y el propio cuerpo no serían otra cosa sino imaginaciones y entidades
oníricas. No obstante, seguirían siendo ciertas las matemáticas.
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Se le ocurre a Descartes entonces, que es posible, aunque ciertamente no muy probable, que Dios o
quizás un Genio maligno empleara todo su tiempo en conseguir que me equivocara. En este
supuesto, ni siquiera las verdades matemáticas serían realmente verdades.
Sin embargo, aún en la aplicación más exagerada de la duda, es imposible dudar de que
pienso, pues esté en el error o en la verdad, o esté dudando, es imposible que haga cualquiera
de estas cosas sin estar a la vez pensando. Ahora bien, si pienso también existo, pues es
imposible lo uno sin lo otro. El “cogito ergo sum” aparece, pues, como la primera verdad
indubitable.
Así pues, con toda seguridad, sabe Descartes que es una cosa que piensa, y por tal concibe, una cosa
que entiende, que duda, que afirma, que niega, que quiere, que siente, que imagina, etc.
A continuación descubre Descartes el criterio de certeza, es decir, el criterio que ha de usarse para
reconocer con seguridad la verdad de algo. Sostiene que no es sino la claridad y distinción con
que ha comprendido que es una cosa que piensa. Esas dos notas, claridad y distinción son lo
que tiene el principio indubitable al que ha llegado, y por eso se dispone ahora a aplicar ese criterio
a otras nociones.
En su intento de avanzar en el establecimiento de nuevas verdades, considera Descartes cuáles son
los tipos de pensamientos (cogitaciones) que encuentra en su mente, y por ello distingue entre
ideas, voluntades y juicios. Sobre las ideas considera que puede dividirlas en tres tipos: - aquellas
que parece que vienen causadas por algo externo a su mente (adventicias); - aquellas que parece
que puede producirlas con la imaginación (facticias); - aquellas otras que parece que deben haber
nacido con él (innatas).
La segunda verdad que Descartes descubre es que Dios existe (Descartes dará tres pruebas), y que
debido a su perfección no puede ser engañador, de modo que se le plantea a Descartes el problema
de explicar el error. El error surge por precipitación de la voluntad, no por culpa de Dios.
En posesión ya de la seguridad en la existencia de Dios que no engaña, pasa Descartes a reconocer a
las verdades matemáticas como juicios que cumplen adecuadamente el criterio de certeza, y
por tanto como algo de lo que puede estar seguro.
A continuación, la tercera certeza que alcanzará será la existencia del mundo exterior (incluido
su propio cuerpo), pues Dios no podría permitir una inclinación tan natural y poderosa a creer en la
realidad de todo esto si no fuera porque es verdad. Del mismo modo demuestra Descartes la verdad
de la existencia de otras mentes distintas a la suya.
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Tenemos así recobrada la totalidad de la realidad, aunque bien es verdad que la naturaleza del
mundo externo a la mente no será exactamente la que proporcionan los sentidos.
La realidad
La realidad de Descartes puede ser clasificada así: Dios (substancia infinita y perfecta), la
substancia pensante imperfecta o finita, y la substancia extensa, igualmente limitada en su
perfección.
“Substancia” se define en Descartes como aquello que no necesita de otra cosa para existir. Lo
es Dios en sentido estricto, y por analogía la mente creada y los cuerpos creados. Ambos,
mente y cuerpo, son sustancias en cuanto son independientes y no se necesitan una a otra.
Ambas sustancias constan de atributos y de modos:
- Atributos: constituyen la esencia de las sustancias. En el caso de la substancia pensante, el
atributo es el pensamiento; en el caso de la substancia extensa, el atributo es la extensión. Son
independientes pues el pensamiento puede concebirse sin extensión, y la extensión puede existir con
total independencia del pensamiento.
- Modos: propiedades no esenciales de la sustancia. En la extensa, por ejemplo, serían la figura, la
posición, etc. En la pensante: odiar, amar, etc. Dios no tiene modos.
Para Descartes, nuestro conocimiento es una representación mental de la realidad. Conocemos las
ideas directamente, pero no las cosas. Dios nos grantiza que nuestras ideas muestran lo que las
cosas son respecto a sus cualidades primarias (aquellas que alcanzamos a través del
entendimiento), pero no es garante de las cualidades secundarias (aquellas que conocemos por los
sentidos).
Por el modo en que Descartes concibe los cuerpos (como pura extensión, solo en términos
cuantitativos) prescindió de conceptos aristotélicos como el de “forma” o “naturaleza”, así como de
conceptos como el de cambio o causalidad, aceptando solo el cambio local y rechazando las cuatro
causas aristotélicas y quedando solo con la causa eficiente. Así, solo hay una causa eficiente, Dios,
que ha transmitido el movimiento al resto del mundo.
Finalmente, todo cuerpo es un mecanismo, de modo que plantas y animales son seres sin alma (pues
no poseen mente) y deben ser entendidos como simples autómatas.
En el ser humano se juntan dos sustancias (pensamiento, que goza de libertad, y extensión) y
sobre ellas Descartes sostuvo el interaccionismo, es decir, la teoría de que en el hombre las dos
sustancias podían influirse mutuamente.
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B) El problema de DIOS
“Substancia” se define en Descartes como aquello que no necesita de otra cosa para existir. Lo es
Dios (sustancia infinita) en sentido estricto, y por analogía la mente creada y los cuerpos creados.
La existencia de un Dios perfectísimo y, por tanto, no engañador, va a ser la garantía para poder
aplicar el criterio de certeza más allá del cogito ergo sum.
Descartes demostrará la existencia de Dios de tres maneras:
1- Entre las ideas, encuentra una que parece muy especial, se trata de la idea del ser infinito,
omnisciente, omnipotente, inmutable y creador universal. Es decir, se trata de la idea de Dios,
según Descartes. Pues bien, toda idea exige una causa real proporcionada a su contenido
objetivo, y dada la envergadura del contenido encontrado en la idea de Dios, concluye Descartes
que la causa real de esa idea no puede ser sino Dios mismo, que la ha impreso en su mente
como el sello es impreso por el artista en su obra. Esa idea es innata (no resulta de la
representación de algo experimentado por los sentidos, ni puede ser una ficción de la
imaginación). Por lo tanto, Dios existe.
2- Descartes añade otra vía de argumentación para demostrar la existencia de Dios. La
argumentación discurre así: si yo, que existo con esa idea de perfección antes considerada, fuera
la causa de mi propia existencia, me habría dado a mí mismo todas las perfecciones incluidas
en la idea de ser perfecto. Mas, como no las tengo, he de entender que mi existencia se debe a
otro ser. Ahora bien, este otro ser, o bien existe con todas las perfecciones de la idea, y es por tanto
Dios mismo, o bien existe con la idea de ser perfecto pero no con esas perfecciones incorporadas en
su existencia. Si este es el caso, ese ser por el que existo ha de existir a su vez por otro. Como es
imposible que la serie sea indefinida, hemos finalmente de llegar a reconocer que, en cualquier
caso, para que yo exista teniendo esa idea, ha de haber un Dios que explique en último
término mi existencia. Por tanto, Dios existe.
3- Las dos argumentaciones anteriores son expuestas por Descartes en la tercera de sus
Meditaciones metafísicas, y conviene apreciar que las dos hacen uso del principio de causalidad.
En la quinta meditación añadirá a esas dos pruebas otra más, la del ARGUMENTO
ONTOLÓGICO DE SAN ANSELMO, aunque en una formulación propia. El argumento
sostiene que a la esencia de Dios le pertenece la existencia de modo necesario, y por tanto Dios
existe. Es decir, del mismo modo que puedo estar seguro de que a la esencia de un triángulo le
corresponde el que la suma de sus ángulos sea de 180º, así puedo estar también seguro de que
a la esencia del ser sumamente perfecto le corresponde la existencia. Luego este ser existe.
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Además, considera Descartes que Dios no sólo crea el mundo sino que lo conserva. Para el
filósofo francés crear y conservar en la existencia no son en realidad cosas distintas.
Uno de los atributos divinos que más importancia tendrá en la filosofía de Descartes es el de la
inmutabilidad, por sus consecuencias en relación a la res extensa. Acerca de esta res extensa, creada
y conservada por Dios, y su movimiento, establece Descartes ciertas leyes que pretende fundar
metafísicamente en el atributo de inmutabilidad de Dios. Estas leyes serían, entre otras: la ley de la
inercia y la ley de la conservación de la cantidad de movimiento.
En cuanto a la relación de mi libertad con Dios, dice Descartes que aunque Dios sepa lo que voy a
hacer (es omnisapiente), no determina mi voluntad por saberlo.
C) El problema de la ANTROPOLOGÍA
En el ser humano se juntan dos sustancias (pensamiento y extensión). Este dualismo es
suavizado afirmando la unidad del ser humano, pero lo cierto es que Descartes no llegó a solucionar
los problemas que planteaba la heterogeneidad de sustancias. De un lado parecería que sostiene que
el alma se relaciona con el cuerpo al modo como lo hace el capitán del barco con este, pero
Descartes niega explícitamente que sea así, y sostiene que la relación es mucho más íntima. De otro
lado parece inexplicable que dos sustancias tan distintas puedan conjugarse tan estrechamente como
para constituir un solo ser, pero esto es lo que vendría a defender la idea de la unidad del ser
humano.
En cualquier caso, Descartes sostuvo el interaccionismo, es decir, la teoría de que en el hombre
las dos sustancias podían influirse mutuamente, aunque es verdad que como justificación de la
misma se limitó a señalar la parte donde tenía lugar la interacción (la glándula pineal).
Mientras que la sustancia extensa es un mecanismo sometido a la necesidad de las leyes de la
naturaleza, la sustancia pensante es libre, espiritual (es independiente del cuerpo) e inmortal
(nuestra alma puede prescindir del cuerpo ya que podemos concebirla sin él).
Respecto a la libertad, el hombre, en cuanto es una cosa que piensa, goza por tanto de libre
albedrío de la voluntad. Sostiene, además Descartes, que el uso de la libertad es lógicamente
anterior al mismo cogito ergo sum, pues el ejercicio de la duda supone la libertad. Por otro
lado, tanto la abstención en el juicio ante lo que no es evidente, como el asentimiento ante lo
mismo, suponen la libertad de la voluntad.
En cuanto a la relación de mi libertad con Dios, dice Descartes que aunque Dios sepa lo que voy a
hacer (es omnisapiente), no determina mi voluntad por saberlo.
También dice Descartes, frente a la libertad entendida como indiferencia, que actúo más libremente
hacia algo cuantas más razones pueda dar de porqué actúo atraído por ese algo.
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Por último, es claro que la libertad nos hace responsables, y que por ella merecemos alabanza e
inculpación.
En relación a la naturaleza radicalmente diferente de los animales respecto del hombre, sostiene
Descartes que, aparte de la negación de Dios, el error más pernicioso para la moral consiste en
creer que la diferencia entre hombre y animal es meramente de grado.
D) El problema de la MORAL
Para hablar de la ética en Descartes tendremos en cuenta los siguientes textos: el “Discurso del
método”, el tratado “Las pasiones del alma” y los comentarios a la “Vida beata de Séneca”
presentes en su correspondencia.
En el Discurso de método, antes de la construcción de su sistema, Descartes presenta la moral
provisional, a la que hace consistir en las siguientes reglas:
-obedecer la ley y las costumbres del país;
- ser firme en las decisiones adoptadas;
- cambiarse a sí mismo más bien que a la fortuna y al orden del mundo;
-cultivar la razón y buscar la verdad.
En Las pasiones del alma, nos dice que éstas (las pasiones) son emociones causadas por el cuerpo
que pueden perturbar el alma. Se refiere a cosas cono la ira, el miedo, etc. No son malas en sí
mismas, pero su exceso sí lo es. Para evitar ese exceso hay que cambiar las causas físicas que las
provocan, o idear en el alma representaciones que las aminoren ([Link]. imaginar los efectos
beneficiosos de una relación amistosa, o la dignidad y honor que depara la valentía, etc.)
De sus comentarios a la Vida beata se deduce que nuestro bien en esta vida es la beatitud, que
Descartes identifica con una tranquilidad del alma que descansa en la virtud y el saber, y que
nos lleva a actuar dentro de lo que está en nuestro poder y buscando la realización de la
mayor de las perfecciones en nosotros. Esto incluye la resignación respecto a todo aquello que no
depende de nuestro poder. De todo esto se sigue que es evidente la influencia de la tradición
aristotélica y estoica en Descartes.
Además de lo dicho hasta aquí, hay que dejar constancia que Descartes no llegó a construir una
ética deductivamente enraizada en el sistema de la sabiduría. La construcción de una perfecta
ciencia moral, fruto último del árbol del saber, exige la construcción previa de una ciencia de la
naturaleza humana que Descartes no realizó.