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Hume: Conocimiento y Causalidad en Filosofía

Hume propone una ciencia del hombre basada en el método experimental, enfocándose en la relación entre impresiones y ideas, y argumenta que el conocimiento se deriva de la experiencia. Rechaza la idea de causalidad como una conexión necesaria, considerándola una creencia basada en hábitos derivados de la sucesión y contigüidad de eventos. En ética, sostiene que la moralidad se basa en sentimientos y no en la razón, mientras que en política, sugiere que las instituciones son convenciones útiles, no derivadas de un estado de naturaleza.

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Hume: Conocimiento y Causalidad en Filosofía

Hume propone una ciencia del hombre basada en el método experimental, enfocándose en la relación entre impresiones y ideas, y argumenta que el conocimiento se deriva de la experiencia. Rechaza la idea de causalidad como una conexión necesaria, considerándola una creencia basada en hábitos derivados de la sucesión y contigüidad de eventos. En ética, sostiene que la moralidad se basa en sentimientos y no en la razón, mientras que en política, sugiere que las instituciones son convenciones útiles, no derivadas de un estado de naturaleza.

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HUME

A) El problema del CONOCIMIENTO / REALIDAD

Conocimiento
Para Hume todas las ciencias guardan relación con la naturaleza humana. Por eso él se dispone a
elaborar una ciencia del hombre que sea además fundamento de las demás ciencias y que tendrá
que hacerse de acuerdo con el método experimental, es decir, combinando observación (que en
esta ciencia permitirá la introspección) e inducción. Con esto pretende Hume aplicar en el
conocimiento del hombre el mismo método que había utilizado Newton en el conocimiento del
mundo natural. Hume va a desarrollar esta ciencia del hombre fundamentalmente en dos ámbitos,
en el epistemológico y el moral.
Por lo que hace al ámbito epistemológico: Hume llama percepciones a todos los contenidos de la
mente. Las percepciones las divide en impresiones y en ideas. Las impresiones son originales y
más vivas y detalladas que las ideas, siendo estas copias menos detalladas y menos vivaces. Es una
impresión, por ejemplo, la percepción que tengo de una manzana mientras la aprecio por los
sentidos, y es una idea, por ejemplo, la percepción que tengo de esa misma manzana cuando la
recuerdo.
Las impresiones pueden ser simples o complejas. Del mismo modo, hay ideas simples, cuando
copian una impresión simple, y complejas, cuando copian una impresión compleja, o cuando surgen
de combinar ideas precedentes. Además, las impresiones pueden ser de la sensación (tanto de los
sentidos externos, como de los sentidos internos) o de la reflexión. Por tanto, las impresiones son
sensaciones, pasiones, emociones, etc. También podemos distinguir entre ideas que copian
impresiones de la sensación e ideas que copian impresiones de la reflexión.
Consecuencias de todo lo anterior son: toda idea debe derivar de alguna impresión para que
tenga propiamente significado, y no hay ideas innatas, pues todas aparecen en la mente como
copias o combinaciones de impresiones.
En relación a las ideas, para Hume estas se combinan por la imaginación de dos maneras:
abitrariamente (idea de centauro) o naturalmente (idea de un naranjo). Y cuando actúa naturalmente
se rige por tres leyes de asociación de ideas: semejanza, contigüidad y causalidad.
Hume hace otra distinción, importantísima, en relación a los tipos de juicio en los que se expresa el
conocimiento: las relaciones de ideas, es decir, los juicios de las matemáticas y de la lógica, que
establecen juicios necesarios pero no existenciales, y su verdad no puede discutirse salvo cayendo
en contradicción; los juicios que expresan cuestiones de hecho, es decir, los que pretenden hablar

1
acerca de la realidad, resultan meramente contingentes, pues su negación no implica contradicción
alguna.
Podemos aceptar la verdad segura de las cuestiones de hecho que hablan de un hecho presente,
incluso aceptar la verdad segura de las cuestiones de hecho pasadas de las que conservamos
memoria, pero, ¿qué podemos saber de los hecho futuros? Según Hume, nuestro saber acerca de los
hechos futuros está basado en la relación de causalidad, y dado que sobre la causalidad se asienta
también la previsión que de la realidad futura hacen las ciencias que hablan de la realidad, conviene
analizar la naturaleza y alcance de esta relación de causalidad.

Análisis y crítica de la causalidad


¿En qué consiste realmente esa relación? Hume piensa que lo que tradicionalmente se ha entendido
por causalidad es una conexión necesaria entre los sucesos, de modo que por inspección del
primero podríamos anticipar que ocurriría el segundo con seguridad. Ahora bien, ¿tenemos
experiencia o, en términos de Hume, impresión de esa relación de necesidad entre uno y otro
suceso? Según el análisis de Hume, lo único que cabe encontrar en eso que llamamos sucesos
relacionados por la causalidad es su sucesión y contigüidad, y esto es lo único que una y otra vez
podemos encontrar, pero de ningún modo tenemos la impresión de un tercer elemento que una
esos dos sucesos. Lo que ocurre es que la repetida experiencia de esa sucesión y contigüidad,
genera en la mente una costumbre o hábito, costumbre por la que luego pensaré esos dos
sucesos como unidos, de manera que la experiencia del primero me llevará naturalmente a
esperar que ocurra el segundo.
De este modo, la única descripción adecuada de la causalidad es la que la presenta como una
creencia (idea) derivada del hábito (impresión interna) basado en la sucesión y contigüidad
constante (impresión externa).
La creencia en que los hechos futuros seguirán siendo semejantes a los hechos pasados es útil
para la vida, y la seguridad que otorga esta creencia es suficiente para la ciencia natural.
Ahora bien, ésta descansa en la experiencia repetida y en la propensión natural, pero no en la
necesidad.
El principio que tenemos para justificar que la naturaleza seguirá comportándose en modo
correspondiente a nuestra creencia, es el de la uniformidad de la naturaleza. El comportamiento
uniforme de la naturaleza sólo puede ser justificado por la inducción, pero esta nunca nos da
seguridad.

2
Realidad
Hume rechazó la idea de sustancia. No tenemos impresión de dicha idea, no percibimos la esencia
de las cosas, sino solo impresiones actuales de ellas. La idea de sustancia será una idea compleja
formada por la imaginación siguiendo las leyes de la asociación de ideas.
Debe, además, quedar claro que la legitimidad que tiene el principio de causalidad como creencia,
se limita sólo a relacionar impresiones, de modo que no puede justificarse con él la relación entre
impresiones y aquello de lo que nunca hayamos tenido impresión.
Por tanto, el principio de causalidad no servirá ni para demostrar la idea del yo como sustancia ni la
existencia de Dios (sustancia infinita).
Sobre Dios, Hume defiende lo que sigue: no hay impresión alguna de él, y por lo tanto su idea no
está justificada, de modo que ningún argumento basado en la idea de Dios puede demostrar su
existencia (rechaza, por tanto, todo argumento a priori de la existencia de Dios).
En cuanto a los argumentos a posteriori basados en la causalidad, Hume replica diciendo que la
legitimidad del principio de causalidad se limita a relacionar impresiones, y dado que de Dios
no hay impresión, no cabe hacer del mundo un efecto de Dios. Además, muchos argumentos se
basan en el orden del mundo, que implica la causalidad de una inteligencia para generar efectos, lo
cual es problemático por el mismo motivo. (En cuanto al origen de la religión Hume sostuvo que se
fundaba en los temores del hombre y en el beneficio que la idea de un poder inteligente puede
tener. Señaló además que la religión podía tener un mal efecto en la moralidad, pues promovía la
virtud por un interés ajeno a la virtud misma.)
Por lo que respecta a la idea del yo como sustancia, esta no deriva de impresión alguna. Lo único
que percibimos dentro de nosotros es un conjunto de percepciones que se suceden unas a otras, de
modo que buscamos algo que unifique esa experiencia. Pero esa unificación como yo o alma, no
tiene impresión alguna así que su idea no es posible. El yo, para Hume, no es algo distinto de sus
percepciones, y como estas no se mantienen idénticas, tampoco se mantiene idéntico el yo. No
somos más que “un haz o colección de percepciones diferentes” que se suceden unas a otras con
una rapidez inconcebible.
De todo esto se deriva que la filosofía de Hume se declare como escéptica en relación a la
posibilidad de saber que tales entidades existan. No obstante tampoco dice dogmáticamente que no
las haya.

3
C) El problema de la ÉTICA
La reflexión moral de Hume se encuentra principalmente en sus obras “Tratado de la naturaleza
humana” e “Investigación sobre los principios de la moral”. Hume se encuentra, en esta parte de
su filosofía, ubicado en la línea de autores como Shaftesbury (1671-1713) y Hutcheson (1694-
1746), que defendieron el papel principal del sentimiento en la moral.
Hume sostiene que la razón no puede determinar nuestro comportamiento, no puede ser principio de
acción, y siendo, sin embargo, verdad que la moral sí determina nuestro comportamiento, concluye
que de la razón no dependen nuestras apreciaciones morales. También sostiene que la razón no
puede ofrecernos fines finales y que estos pertenecen al ámbito de la moral. La razón puede
brindarnos sólo medios instrumentales para obtener esos fines.
La razón produce juicios que establecen relaciones entre ideas o refieren a cuestiones de hecho,
pero las apreciaciones morales no son de ninguno de estos dos tipos. Las apreciaciones morales no
son semejantes a los juicios de la matemática ni de la lógica, además de que en estas dos ciencias no
se encuentra prescripción alguna que exija la acción.
Por otro lado, en las cuestiones de hecho que la razón descubre no se halla de ningún modo ni
la virtud ni el vicio, pues todo lo que podemos describir como presente en un suceso de los que
llamamos morales se limita a acciones, movimientos, accidentes, voliciones, etc., sin que
jamás aparezcan el bien y el mal como tales.
Por otro lado, de la descripción detallada de una cuestión de hecho sería injustificado formular
una prescripción que mandara un deber. Es lo que se conoce como falacia naturalista. Es decir,
Hume señala la falacia de extraer el deber ser de lo que es, y con esto critica una gran parte de
éticas precedentes.
Según Hume, la moralidad, la virtud y el vicio, el bien y el mal, no dependen pues de la razón ni de
los hechos, sino más bien del sentimiento. Lo que hace que denominemos a su teoria como
emotivismo moral. Es cuando volvemos los ojos a lo que ocurre en nuestro interior cuando
presenciamos un suceso moral, cuando descubrimos la moral como sentimiento de agrado o
desagrado, aprobación o rechazo. La razón queda entonces al servicio de la pasión
(sentimiento), y virtud y vicio pueden ser entendidos como hechos, pero interiores.
Dado que la naturaleza humana es tal que nos hace sentir simpatía y compasión por la humanidad,
nos agrada lo que es útil a la mayoría, y nos desagrada lo que es perjudicial para la mayoría, de
modo que el sentimiento moral es desde el punto de vista particular, desinteresado.
La filosofía moral de Hume se encuentra, de este modo, en el camino de las éticas emotivistas y
utilitaristas.

4
D) El problema de la POLÍTICA

La teoría política de Hume está basada en el análisis de los hechos y encuentra en la noción de
utilidad y en el sentimiento de interés o de ventaja, el fundamento explicativo de la vida social,
de sus instituciones y de las leyes por las que se regula. El carácter empírico y científico que
confiere a la filosofía política le aleja de consideraciones acerca de lo que debe ser la sociedad
futura, (del tipo de las realizadas por Platón y Tomás Moro, por ejemplo, sobre la sociedad ideal),
así como de toda consideración basada en "principios" eternos y abstractos, a partir de los que
explicar y/o justificar la legitimidad de ciertas formas de poder, o los fundamentos de las formas de
gobierno. Igualmente, criticó las teorías políticas basadas en el pacto.

Hume considera que la existencia de un estado de naturaleza no es más que una ficción filosófica,
que no tuvo nunca lugar ni puede tener realidad alguna. La "sociedad" no puede deslindarse de la
vida del ser humano, al haber un deseo natural que empuja a unirse a los seres de ambos
sexos y a mantenerse unidos para criar a sus descendientes. La familia constituye el núcleo
básico de la sociedad, que se va ampliando al constatar los beneficios que derivan de tal
asociación natural. La sociedad no se genera, pues, gracias a la reflexión, sino que es el
resultado de un deseo natural (apetito sexual) de unión que se plasma inicialmente en la
familia. Las instituciones del estado, sin embargo, son una convención. La base de tal
convención radica en la utilidad que las instituciones reportan a la sociedad, al margen de la
cual no tendrían sentido. En ningún caso se puede decir que forman parte "por naturaleza" de la
sociedad pues es posible, por ejemplo, la existencia de una sociedad sin gobierno coactivo. De
hecho, la sociedad sin gobierno es el estado "más
Con el fin de llevar a cabo relaciones entre sociedades políticas y obtener mayor utilidad, Hume
desarrolló una serie de normas co bases análogas a las leyes de la naturaleza (la ventaja y la
utilidad) que denominó leyes de las naciones.
Finalmente, el modelo político que defendió fue heredero del liberalismo político de Locke,
contemplando así la división de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial).

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