Arte y Documentales: Respuestas Humanas
Arte y Documentales: Respuestas Humanas
humanidades
ISSN: 2448-5241
gabrielotti@[Link]
Universidad Autónoma de Yucatán
México
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Contacto: rojasbez@[Link]
Resumen
Las experiencias estéticas y el arte pueden ser comprendidos y definidos como modos humanos de sentir,
producir, actuar… responder ante lo universal. A la audiovisualidad natural y a la escénica, el cine añadió
la del binomio superficie-matriz que nutrió a la televisión e incluso a Internet, entre otros. Todos los medios
pueden implicar experiencias estéticas, aun cuando no sean propiamente artes. Diferenciamos las filmacio-
nes puramente informativas, documentos audiovisuales, de los documentales (realizaciones fílmico-artís-
ticas). El cine, como arte, propone estructuras de signos y universos de imágenes válidas por sí mismas,
capaz de un mayor o menor realismo o fantasía en sus referentes. La mirada, la actitud, la experiencia
artística (y la estética) potencian tales estructuras y experiencias sensibles. Puede incluso no haber referen-
tes ostensibles más allá de sus propias formas. Tales disposiciones personales y sociales diferencian a las
artes audiovisuales entre los medios, cuya finalidad primordial es la comunicación, para el arte una de sus
muchas funciones. Así, el falso-documental es comúnmente un filme de ficción, apropiado y rico para las
experiencias lúdica y hedonista del universo del arte pero no para el puramente mediático.
Palabras claves: Audiovisualidad, perspectivas humanas, actividad social, medios, artes, cine, géneros
fílmicos, falso-documental.
Abstract
Aesthetic experiences and art can be understood and defined as human ways of feeling, producing, acting
... responding to the universal. To natural and scenic audiovisual nature, cinema added the binomial sur-
face-matrix that nurtured television and even the Internet, among others. All media may involve aesthetic
experiences, even if they are not properly arts. We differ purely informative films, audiovisual documents
from documentaries (film-art embodiments). Cinema, as art, proposes structures of signs and a universe
of images valid in themselves, capable of more or less realism and fantasy in their referents. The look, the
attitude, the artistic experience (and aesthetics) enhance such structures and sensory experiences. It may
not even be related ostensible beyond their own ways. Such personal and social provisions differentiate
between visual art media, whose primary purpose is communication, for art, one of its many functions.
Thus, the fake-documentary is commonly a fiction film, suitable for rich experiences playful and hedonistic
universe of art but not for purely media.
Keywords: audiovisual nature, human perspectives, social, media, arts, cinema, film genres, faux-docu-
mentary.
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Sin embargo, alcanzado cierto grado de desarrollo cultural surgieron lo que llamamos martillo,
fabricado especialmente para percutir (cabo alargado, extremo duro, peso apropiado…); vaso,
diseñado para beber (material, forma, impermeabilidad); y el cenicero, para echar cenizas.
Debatidos desde los sofistas, Sócrates, Platón y Aristóteles; he aquí problemas nunca
resueltos del todo sobre el ser humano como medida (o no) de las cosas, sobre los conceptos, la
estructura simbólica del pensar, el sentir y el actuar humanos; cuestiones retomadas en los últimos
siglos por el pragmatismo de Peirce, Dewey y James (utilidad, instrumentos, variabilidad de
significaciones), la filosofía lógica y lingüística de Frege (el valor instrumental de los conceptos y
el lenguaje, y la diferenciación entre sentido y referencia), Ortega y Gasset, con su perspectivismo y
su racio-vitalismo y, en el campo particular del arte, el arte como institución, según Dickie, Danto,
Margolis…no tan radicales como Dino Formaggio (arte es todo lo que llamemos arte).1
Son cuestiones que ponen en juego la opción de perspectivas y receptar con ánimos dife-
rentes un producto simbólico, así como el aspecto de sus correspondencias con las realidades, de
modo especial en las obras de arte con referentes que se nos ofrecen como realistas o verídicas
(lo sean o no), donde emergen como señeros ejemplos los documentales y los falso-documentales.
Retomamos la escena del moribundo con su esposa, su médico y un pintor, de esa obra ba-
sal que es La deshumanización del arte. ¡Con qué actitudes tan diferentes vivencian al moribundo
1 Hemos de dar a estos autores y obras mencionadas como conocidas o como motivaciones para la investigación.
Estas páginas no permiten abundar en ello. Remitimos, en consecuencia, a la bibliografía final donde, además, se
refieren trabajos nuestros que reflexionan sobre ellos.
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la esposa con su actitud amante, el médico con su proceder científico y el artista con su visión
artística! Cada mirada con sus propias determinaciones sentimentales, sociales y culturales.
Un erotómano llega al Museo del Prado. Ante La Maja Desnuda de Goya no se entrega a
la contemplación de la artisticidad de la obra en cuanto estructura significante y universo simbó-
lico; su mirada se focaliza en el referente (su contenido o lo que dice: en términos de las estéticas
groseras): una incitante mujer. Entra en relación (vicaria, falsa) con el objeto representado. Se
complace en la perspectiva y situación erótica y, quizás, si estuviese a solas, activamente sexual…
la mirada pornográfica.
Unos mismos signos pueden valer para muchos usos. Las palabras, para discursos como estas pá-
ginas o para la excelsa poesía; los sonidos, para hablar, hacer ruidos de aviso o para crear música:
no toda filmación es necesariamente cine, pudiendo ser periodismo audiovisual, didáctica escolar,
registro científico, entre otros.
Por ello, hablaremos del cine como arte de la sucesión coherente de imágenes comúnmente
audiovisuales logradas mediante una matriz y una superficie; no cualquier filmación sino obras
fílmicas adscriptas al campo (propiedades, funciones) del arte.
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Así, decir cine es referirse a un segmento singular del particular campo del arte; y a este
como segmento del general ámbito de la experiencia estética.
Las visiones fílmica (específica), artística (en particular) y estética (en general) constituyen una actitud,
perspectiva y situación que no competen solo a obras miméticas y referenciales de lo real en el sentido
positivista e incluso sociologista; implica al abstraccionismo y el conceptualismo del lienzo con blanco
sobre blanco y la proyección de luces blancas sobre una pared blanca en un museo de arte moderno,
consumando uno de los grandes logros de la comprensión y disfrute del arte: la auto-referencialidad.2
Recuérdese también que la obra más realista o hiperrealista no capta ni reproduce absoluta-
mente su objeto de la mirada, importa siempre el cómo se nos ofrece… lo irreal que advierte Ortega,
la ilusión que analiza Gombrich. Incluso sus propias formas integran siempre –cuando no llegan a
constituirlo totalmente– el qué.
2 Recordemos las concepciones sobre la obra de arte como sistema significante y mundo de imágenes, nunca iden-
tificable del todo con el objeto que la soporta, sino constituyendo un nuevo objeto (de la mirada); desde el pragma-
tismo anglosajón (Peirce, Dewey, James… Wollheim), el estructuralismo (Lévi-Strauss, Jacobson, Mukarovsky…),
el postestructuralismo (Baudrillard, Deleuze, Derrida…), la hermenéutica (Heidegger, Gadamer, Ricoeur…) y aun
marxistas como Kagan y Lotman. Véase bibliografía final.
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El Cantar de Mío Cid, La Araucana de Ercilla o El 2 de mayo de Galdós pueden ser leídos
por un historiador y por un poeta. Ese historiador se enfoca en la fábula, sus datos posibles y esta-
blece una relación contenidista (informativa) con una obra que recepciona como documento. Le da
lo mismo que diga: “El Cid nació en Vivar, cerca de Burgos” que “En un lugar en los alrededores
de Burgos, llamado Vivar, nació el que llamamos El Cid” o cualquiera de las infinitas formas en
las que tanto se afana un poeta como singulares y no intercambiables.
Incluso, podemos dudar o no creer en dicha fabulación, pero sentirlas (lo estético como
aprehensión sensible) bellas, cómicas, trágicas o sublimes en virtud del universo simbólico que
construyen. La Alhambra es un insigne monumento arquitectónico también para los cristianos,
aunque no compartan su simbología y elementos propiamente musulmanes; la Ilíada y la Odisea
son imprescindibles obras literarias aunque no creamos en sus dioses y otras referencias. Y, si de
cine hablamos, tenemos que considerar como obras maestras El nacimiento de una nación de Gri-
ffith, El acorazado Potemkin de Eisenstein y El triunfo de la voluntad de Riefenstahl, por mucho
que admiremos en unos casos o nos repugne en otros sus mensajes (término tan justamente defe-
nestrado hoy), determinadas referencias y sentidos.
Para no hablar de Hidra y Medusa, ni de los demonios románicos y las gárgolas góticas, ni
de los Lokapalás hindúes pisoteando demonios; sino de épocas y sociedades donde ya el arte está
instituido en cuanto tal… pensemos en las sublimes realizaciones de los monstruos de Goya, el
Cuasimodo de Hugo y las calaveras de Posada.
El arte y la visión artística nunca son determinados en primera instancia por el referente.
Quizás este defina otra mirada (sociológica, política, científica…), pero no la artística o estéti-
ca. El hecho de que exista una corriente histórica (y vaivenes en todo tiempo) llamada realista,
que profesa el predominio de los referentes sociales reales, no ha de confundir: Dickens, Balzac,
Gógol, Pérez Galdós, Alejo Carpentier, los novelistas de la Revolución Mexicana, Fernando del
Paso y otros muchos en verdad grandes de la literatura lo fueron gracias a sus capacidades como
escritores, para producir las estructuras simbólicas, las formas y, con ellas, la ilusión, la irrealidad
novelísticas.
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Valgan tales perspectivas y precisiones para el cine como arte, no simple registro y referencia.
He ahí Persépolis (Vincent Paronnaud y Marjane Satrapi, 2007), Vals con Bashir (Ari Fol-
man, 2008), Pequeñas voces (Jairo E. Carrillo y Oscar Andrade, 2011), El acorazado Potemkin
(Serguei Eisenstein, 1925) y Lincoln (Steven Spielberg, 2012)… entre miles basados en hechos
reales.
Como periodista, historiador o político, pudiera bastarme o dejar que prevalezca la fábula,
la información de lo sucedido en Sabra y Chatyla (Vals con Bashir) y la sublevación que dio inicio
a la Revolución rusa (El acorazado Potemkin), para abreviar ejemplos.
Pero el receptor del arte no es el niñito de brazos que trata de introducir un dedito en el
ojo o la boca de la foto que se le pone delante; se comporta siguiendo la doble mirada, la que
percibe a la vez el rostro retratado y el papel que lo soporta, lo representado y la representación.
Ve la sublevación del Potemkin por mediación de y a la vez que las actuaciones, la fotografía, el
proceso dramatúrgico; así como los sucesos de Sabra y Chatyla por medio y conjuntamente con la
animación. No son sucesos, sino sucesos actuados y sucesos dibujados o animados bajo la mirada
de sus realizadores. En todo caso, dicho más sutilmente: no mira los sucesos ni demás propuestas
conceptuales; mira las miradas y las construcciones de los realizadores sobre ellos.
Para una perspectiva artística, estética y cinematográfica –no periodística, histórica, sociológi-
ca o política–, Potemkin como La lista de Schindler son filmes de ficción y Vals con Bashir es un filme
de animación que documentan (refieren) situaciones y sucesos (referentes) reales; en buena medida do-
cumentos, pero no documentales logrados mediante los subterfugios de la actuación y de la animación.
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El carruaje, bajo la dirección de Raúl Araiza, es una obra del género ficción, una telenove-
la, por mucha información genuina que brinde y por muchos escenarios y otros factores naturales
o reales que utilice… como referentes verídicos.
Es válido para toda obra y mirada artística. Todo es relativo, pero nada absoluta y totalmente
relativo. En el arte o, mejor, para la situación y la experiencia artística y estética… las formas
son contenido esencial y, además, catalizadoras radicales de las miradas. Las fabulaciones son
contenidos-formas (con posibles referentes verídicos) que tributan a un contenido-forma mayor y
más esencial, la obra en su plenitud. Lo absoluto en lo relativo, la perspectiva y experiencia idónea
en lo contingente.
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y Lincoln serían entonces… documentales: refieren básicamente hechos reales, no obstante sus
factores imaginativos y dramático-narrativos (aun las más rigurosas obras de historia ofrecen sus
interpretaciones y especulaciones).
Incluso, para ser radicales, todos los filmes serían documentales. Todos cuentan algo
real... según lo que se entienda por realidad. No en balde muchos han entendido al arte como
expresión y otros como reflejo y hasta espejo de la realidad; y los surrealistas concibieron su arte
afianzado a la realidad onírica como esta como realidad esencial.
Habría que precisar, cualificar más detalladamente: documental sería el que reproduce o
cuenta hechos sociales o políticos. Pero, también aquí cabe una enorme cantidad de filmes de
ficción, aún fantásticos. Cuentos de la luna pálida (Kenji Mizoguchi, 1953) refiere la realidad
idiosincrática y emocional de los japoneses, incluyendo fantasmas (el imaginario popular y el
inconsciente colectivo). Gravity, al que muchos confunden con ciencia-ficción, gravita sobre la
terrible realidad de la basura espacial, la irresponsabilidad del ser humano respecto al medioam-
biente y la naturaleza toda.
Llegaríamos al absurdo: todos los filmes son documentales y, por tanto, pierde sentido esa
cualificación genérica. Si todo fuese azul, no tendría sentido el concepto de azul, ni el de color.
Y, el tercero, la vital cuestión de sistema y correlaciones, como en “norte, sur, este y oeste
(y para los chinos antiguos, el centro)”; “grande, mediano y pequeño”. Uno no puede explicarse
bien sin el otro.
Si defino algo a partir de que documente lo real, tengo que deslindar los demás
casos a partir de su correspondencia con la realidad. Si Vals con Bashir es un documental
(sustantivo) animado (atributo) y Surname Viet Given Name Nam (1989), de Trinh
Minh-ha, es un documental (sustantivo) representado (atributo); ¿Qué es lo no-documental? ¿El
otro género que no refiere realidades? Tendríamos al cine con dos géneros: el documental, que
refiere realidades; y el género mentiroso, imaginativo, irreal o algún adjetivo similar.
Nanook, los referidos Juana de Arco, Enrique V, Hamlet y Pelotón (la guerra de Vietnam,
sucesos y circunstancias tan reales) así como Vals con Bashir, serían documentales. ¿Cuáles serían
no-documentales? ¡Qué difícil hallar filmes que no refieran de algún modo la realidad! En todo
caso, los extremos fantásticos e imaginativos, como Blancanieves; aunque más allá de lo metafóri-
co, han existido brujas, venenos, bosques, enanos y quién sabe si alguna historia similar con algu-
na princesa entontecida y lerda hasta que encontró a su hombre reanimador y progresó su palacio.
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Bastan estas tres objeciones para vislumbrar que la veracidad o el referente real como ras-
go suficiente o criterio primordial para definir el filme documental, lejos de ser preciso, riguroso
y claro, plantea más inconvenientes y dudas que soluciones desde lo estético emocional hasta lo
simbólico-teorético.
2.- Reconoce que puede haber mayor o menor realidad e imaginación en cualquiera de los
géneros: documental mentiroso y manipulador, representación ficcional y representación animada
que recreen y documenten realidades esenciales, desde las sociopolíticas hasta las íntimas.
A modo de ejemplo, Vals con Bashir no es un documental hecho con subterfugios anima-
dos, a manera de texto histórico y político hecho con dibujitos y light para los vagos o los incapa-
ces de leer textos hondos y extensos de historia o de periodismo de investigación. Por el contrario,
es una excelente obra de arte para los sensibles y capaces de aprehender y disfrutar su mundo de
imágenes animadas que –entre otros valores o propiedades– ofrece referencias a realidades históri-
co-políticas. Sí, documenta, ofrece referencias verídicas, pero la perspectiva estética, la institución
arte y, más particularmente, fílmica precisa su condición de dibujo animado, del género anima-
ción, con referentes reales. Otros animados (quizá la gran mayoría) no documentan hechos reales
y, por el contrario, muchos filmes de ficción (actuación y reconstrucción) sí lo hacen.
La otra perspectiva o mirada –el documento que se auxilia de la animación para discursar–
es periodística, historiográfica, didáctica u otra, pero no fílmico-artística-estética. Lo mismo para
documentos fílmicos actuados y reconstruidos escénicamente como Surname Viet Given Name
Nam: son documentos (obras documentales en el sentido de información audiovisual) pero no
documentales (genérica y artísticamente).
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como sinónimo de falsedad sino como nombre de un modo de hacer– con estilo, finalidad, logros
y valores muy peculiares al reconstruir sucesos; un estilo muy personal pero, a la vez, familiar a
muchos filmes sobre Juana de Arco, la guerra de Viet-Nam, vidas y hechos de la informática (que
tanto abundan ahora)… también como actuaciones y reconstrucciones generales. Si no lo vemos
así, no estamos viendo cine, es decir, no estamos viendo lo fílmico sino solo de qué se trata.
¿Simples sutilezas? No. El universo simbólico tiene sus valores; y nuestro grado de desa-
rrollo y riqueza humana viven con ellos. En una sociedad desarrollada histórica y culturalmente, la
sui generis y distintiva experiencia estética lo requiere así; mucho más que al utilizar un martillo
para percutir y un vaso metálico para contener agua.
Hemos deslindado al auténtico documental por su modo de hacer (el rejuego de las miradas
con la toma o registro directo de la realidad inmediata), que marca todo el proceso de producción,
pero también desde antes, el guión, y al final, la distribución.
Lo común en ellos es el referente real, o sea, la correspondencia entre lo que nos muestra
o recrea y la realidad positiva. Pero se sabe que las más veristas producciones siempre portan la
mirada y manos de quien las realiza, por lo cual no ha de extrañarnos la existencia de documentales
engañosos, tendenciosos o simplemente errados en sus propuestas ideológico-conceptuales.
Ahora bien, nuestra mirada artística no asumiría como falso-documentales obras por el es-
tilo de Surname Viet Given Name Nam, realizada mediante entrevistas, declaraciones y memorias
actuadas, reconstruidas. No es auténtico documental, aunque mimetiza la estructura de signos de
3 Coincidimos en muchos aspectos con Roscoe y otros autores (véase bibliografía final); pero, atenuando un tanto
la concepción burlesca, por lo cual preferimos el término de falso-documental al originario y anglo-norteamericano
de mockumentary.
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este género, su modo de hacer (y sus calidades fílmicas): actuaciones, representaciones y otras
construcciones escénicas… para construir un documento. Mas… tampoco es falso en sus refe-
rentes ni intenciones. Ni documental ni falso-documental: ficción constructora y reconstructora
de referentes reales que busca la máxima similitud con la realidad positiva a la manera del arte
hiperrealista, que sigue siendo construcción lienzo, arte pictórico, imagen ficcional del tigre por
muy verídico que nos parezca el tigre; y que, en cuanto arte, en cuanto estética (en cuanto cine, en
su caso) adquiere sus valores en relación con dicha construcción o imagen ficcional.
No negamos la posibilidad de concebir también esa clase de filmes miméticos del docu-
mental y con referentes reales, como falso-documentales.4 Mas, para nosotros el cabal, el radical
falso-documental, es el que une modo de hacer ficcional que mimetiza la documentalística y del
documento con el referente falso o engañoso, ejemplificado por filmes como Fraude (Orson We-
lles, 1973), La seducción del caos (Basilio Martín Patino, 1991), Forgotten Silver (Costa Botes y
Peter Jackson, 1995), Operación Luna (William Carel, 2002) y Los primeros en la Luna (Aleksei
Fedorchenko, 2005).
Así, tenemos tres grandes conjuntos de filmes con referentes reales (e intenciones correla-
tivas) pero distintos modos de hacer, estructuras significantes, mundos de imágenes y experiencias
artísticas o estéticas: documentales con referentes reales, filmes de ficción con referentes reales y
filmes de animación con referentes reales.
También al falso-documental como filme de ficción (puede ser híbrido, mediante registros
directos y animación) con referentes falsos que juegan con la ilusión de ser reales (propician la
recepción documentalizante) según la enciclopedia del receptor; constituyendo una forma eviden-
temente lúdica, en general, propiamente artística, incompatible con las esferas simbólicas y los
ámbitos sociales del periodismo, la historiografía, la sociología y otras disciplinas encaminadas al
saber verídico, al conocimiento de las realidades positivas. Si el documental propiamente dicho es
idóneo, compatible con los diversos media de información; el falso-documental no, salvo progra-
mación muy especial, por lo que se adscribe estrictamente al ámbito del arte.
4 A esta perspectiva se acerca más el profesor e investigador Sergio Aguilar Alcalá, quien ha tenido la amabilidad
de hacernos llegar el manuscrito de su tesis Decir la verdad mintiendo. Del documental al falso documental, llena de
aciertos y sugerencias sobre un tema que no ha abandonado, cuyo link en la web referimos en la bibliografía final.
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Suele descuidarse que nos hallamos en un ámbito simbólico donde la estructura significan-
te y el mundo de imágenes valen por sí mismos, no son simples conductos ni empaquetamientos
para transmitir algo; y exigen, con la mayor necesidad para ser experiencia estética, una relación
nuestra con las formas, lo simbólico, más que con los objetos. En última instancia, con éstos últi-
mos por mediación de las primeras.
Frente a categorizaciones por el estilo de género verista o verdadero (referente real) versus
género irreal o no verdadero (referente imaginario) que son notoriamente cognoscitivo-comunica-
tivas y pudieran servir a otras instituciones, campos sociales y perspectivas; adoptamos los modos
de hacer documental (registro directo), ficción (actuación, reconstrucción escénica) y animación
(la recreación mediante la animación).
Alcanzamos la comprensión de por qué y cómo –para las instituciones sociales, el campo
del arte y la experiencia estética integral– filmes como Lincoln y La lista de Schindler así como
Vals con Bashir, no son documentales que se valen simplemente de entretenidos subterfugios de
actuación y reconstrucción escénica, los dos primeros, y de la animación, el tercero. Para la institu-
ción y la experiencia artísticas, que asumen la comunicación, lo cognoscitivo y lo valorativo como
funciones integradas junto a otras (la creativa, la valorativa, la lúdica y la hedonística, por ejemplo)
o, dicho de otro modo, para la perspectiva simbólico-formal y estética, son fabulaciones, relatos,
filmes de ficción, los dos primeros, y de animación, el tercero… con referentes reales.
Por su lado, la modalidad llamada falso-documental añade creatividad, vale mucho para las
funciones lúdica, hedonística, valorativa y toda la rica diversidad del arte, pero, dada la falsedad
de sus referentes, es contradictoria con los campos o instituciones del saber, básicamente comuni-
cativas, informativas, cognoscitivas.
En fin, propusimos reflexiones sobre complejos ámbitos simbólicos que demandan pers-
pectivas diversas, hondas miradas y respuestas donde lo relativo no falta, pero tampoco lo condi-
cionado ni lo imperioso dado por las circunstancias y experiencias específicas. ֍
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