[Opinión] ¿Cuáles son los actuales desafíos ambientales del Perú?
viernes 16 de junio, 2023
Adaptarse al cambio climático, detener la deforestación,
ganarle la batalla al plástico, erradicar la minería ilegal, entre
otros, son algunos de los principales retos de nuestro país.
¿Qué está pendiente?
Hace unos días se cumplió el 50 aniversario del Día Mundial del
Medio Ambiente, una fecha que se estableció para recordar la
importancia de proteger los ecosistemas de la Tierra y sus especies,
y de ese modo asegurar el bienestar de todos los seres vivos.
La celebración anual de esta fecha también nos brinda la
oportunidad para conocer más sobre las acciones que debemos
realizar para cuidar el planeta, adaptarnos a los efectos del cambio
climático, cambiar hábitos de consumo, compartir experiencias,
fomentar la investigación científica, entre otras.
En el Perú tenemos diversos desafíos ambientales, algunos más
urgentes que otros. A continuación, Isabel Calle, directora ejecutiva
de la SPDA, explica cuáles son los principales desafíos que deben
estar en la agenda tanto de las autoridades como de los propios
ciudadanos.
1. Detener la deforestación
El Perú, como país diverso, se enfrenta a diversos desafíos
ambientales, y uno de los más destacados es el problema de la
deforestación. En particular, la deforestación en la Amazonía
peruana ha sido impulsada principalmente por la expansión de la
frontera agrícola y la agricultura migratoria. Hasta el año 2020, se
estima que se han perdido alrededor de 12 millones de hectáreas de
bosque natural, de las cuales más de 200 mil se perdieron solo en
ese año, superando en 54 846 la cantidad de bosques perdidos el
año anterior. Esta deforestación ocurre principalmente en tierras de
dominio público (tierras de capacidad de uso mayor forestal o tierras
de capacidad de uso mayor para protección).
Pese a esta situación, en el Congreso de la República se han
presentado, desde el 2021, proyectos de ley que buscan modificar
las reglas para autorizar el cambio de uso de suelo, lo cual
representa una amenaza para la Amazonía. Estas iniciativas
legislativas buscan que los predios privados que cuenten con títulos
de propiedad o constancias de posesión emitidas por una autoridad
competente, y que no tengan cobertura boscosa debido a
actividades agropecuarias, sean considerados como áreas excluidas
de las restricciones de cambio de uso de suelo establecidas en la
actual Ley Forestal y de Fauna Silvestre. Esto implica eliminar los
requisitos de clasificación de tierras necesarios para cambiar la
categoría de un bosque a tierra agrícola en predios privados. Es
importante tener en cuenta que estas propuestas podrían tener un
impacto significativo en la conservación de los bosques. La
deforestación tiene graves consecuencias, como la pérdida de
biodiversidad, la degradación del suelo, el cambio climático y la
afectación de las comunidades locales que dependen de los
recursos forestales.
Foto: FEMA
2. Erradicar la minería ilegal
Otro de los principales desafíos es la creciente minería ilegal,
especialmente evidente en regiones como Madre de Dios. Es
importante tener en cuenta que la constante flexibilización del
proceso de formalización de la pequeña minería y la minería
artesanal puede resultar peligrosa, ya que debilita las acciones
contra de esta actividad. Esto ha llevado a la proliferación de otros
delitos relacionados, como la explotación laboral y sexual, el
sicariato y el crimen organizado. La destrucción de espacios
megadiversos como la Amazonía es el ejemplo más evidente del
impacto de esta actividad, con un aumento alarmante en la
deforestación y la contaminación por mercurio, sin que existan
responsables sociales ni ambientales.
Durante el período de 2015-2017, se registraron afectaciones a 18
áreas naturales protegidas de competencia nacional, según la
Estrategia de lucha contra la minería ilegal en áreas naturales
protegidas de administración nacional 2017-2021. Estas
afectaciones incluso alcanzaron el interior de 8 áreas naturales
protegidas, como la Reserva Nacional Tambopata, el Parque
Nacional Huascarán, la Reserva Nacional San Fernando, la Reserva
Comunal El Sira y la Reserva Paisajística Subcuenca del Cotahuasi,
entre otras. Hoy día sufrimos una amenaza desde el Congreso que
al prohibir la maquinaria de la maquinaria utilizada para esta ilegal
actividad, generaría que ella regrese y promueva aun más
destrucción de la que ya causaron.
En los últimos años, varios defensores ambientales han sido
asesinados por enfrentarse a actividades ilegales como la minería
ilegal.
3. Proteger a los defensores ambientales
Es necesario abordar de manera integral tanto los desafíos
ambientales como las preocupaciones sociales y económicas
asociadas a las actividades como la minería ilegal, la tala o el
narcotráfico. Esto implica tomar medidas efectivas para combatir
estas actividades, proteger las áreas naturales protegidas y
garantizar la seguridad y la justicia para quienes defienden el medio
ambiente.
Es fundamental reconocer que los índices de violencia asociados a
delitos ambientales han resultado en la muerte de al menos 29
defensores y defensoras ambientales en nuestro país. Estos casos
aún se encuentran pendientes de resolución por parte de la justicia
peruana.
En ese sentido, se debe considerar la situación vulnerable de las
personas defensoras del ambiente, quienes se enfrentan a
amenazas derivadas de las actividades ilegales mencionadas.
Casos emblemáticos como los asesinatos de Edwin Chota en
Ucayali, y Roberto Pacheco en Madre de Dios, han puesto de
manifiesto esta problemática y la necesidad de desarrollar
estrategias efectivas para enfrentar las amenazas que ponen en
riesgo a las personas defensoras del ambiente.
Resulta fundamental abordar las cuestiones estructurales que
generan dichos riesgos y garantizar su protección. Asimismo, es
importante destacar la necesidad de que el Perú ratifique el Acuerdo
de Escazú, un compromiso regional en favor de la justicia y la
transparencia ambiental. Aunque el país firmó dicho acuerdo en
2018, el Congreso de la República aún no lo ha ratificado. Esta
situación coloca al Perú como uno de los últimos países de América
Latina que no ha llevado a cabo dicha ratificación. La adhesión al
Acuerdo de Escazú fortalecería la protección de los derechos de las
personas defensoras del ambiente y promovería la participación
ciudadana en la toma de decisiones relacionadas con el ambiente.
Por lo tanto, resulta crucial que el Congreso actúe de manera pronta
y ratifique este importante acuerdo regional.
Foto: SPDA
4. Asegurar la protección de nuestro mar y sus recursos
En 2021 se logró la creación de la Reserva Marina Dorsal de Nasca,
lo cual representó un avance significativo para el Perú en términos
de la protección de su espacio marino, pasando del 0.5 % al 6.5 %.
No obstante, es importante tener en cuenta que el compromiso
asumido ante las Naciones Unidas es conservar al menos el 10 %
de dicho espacio. En este contexto, es necesario destacar que aún
está pendiente la aprobación para establecer la Reserva Nacional
Mar Tropical de Grau. La importancia de esta área y la necesidad de
su protección, radica en su contribución a la conservación de los
recursos marinos y su potencial para el desarrollo sostenible del
país en sectores como la pesca, el turismo y la recreación.
Sin embargo, en el área propuesta también se identifican intereses
relacionados con la actividad de hidrocarburos, ya que existen lotes
petroleros que han sido concesionados mediante contratos de
exploración y explotación. Nuestra legislación permite la
coexistencia de la actividad petrolera con áreas naturales
protegidas, siempre y cuando ambas cumplan con los estándares
ambientales aplicables a cualquier empresa de alto nivel.
Foto: CNN
5. Ganar la batalla contra el plástico
Otro aspecto relevante relacionado con la conservación marina está
vinculado a la contaminación por plásticos. Cada año,
aproximadamente 11 millones de toneladas de plásticos llegan a los
océanos, y se estima que esta cifra podría triplicarse para el año
2040. El Perú no está exento de estos impactos, ya que cada
persona en nuestro país utiliza alrededor de 30 kilos de plástico al
año. Podemos observar cómo este producto está presente en todos
los aspectos de nuestra vida cotidiana, pero especialmente en
nuestros entornos naturales y frágiles, como playas, bosques, ríos,
océanos y áreas naturales protegidas. El problema del plástico no
conoce fronteras.
En respuesta a esta problemática, desde el año 2018, el Perú
cuenta con la Ley 30884, la cual estableció un marco regulatorio
para los plásticos de un solo uso, otros plásticos no reutilizables y
los envases o recipientes descartables de poliestireno expandido
(conocidos como tecnopor). Sin embargo, a lo largo de estos años,
ha habido varios intentos de suspender los efectos de esta ley. En la
actualidad, la implementación de la Ley de Plásticos se encuentra
en un punto intermedio, ya que es necesario desarrollar los
reglamentos técnicos pendientes. Asimismo, desde el 20 de
diciembre de 2021, de acuerdo con la Ley de Plásticos, entró en
vigor la prohibición de la comercialización, distribución y entrega de
envases descartables de tecnopor. Sin embargo, es evidente que
esta medida no se cumple de manera efectiva y visible para todos.
En el marco de la quinta sesión de la Asamblea de las Naciones
Unidas para el Medio Ambiente (UNEA-5.2), que tuvo lugar en
Nairobi (Kenia), en 2022, se aprobó una histórica resolución titulada
«Poner fin a la contaminación por plásticos: hacia un instrumento
internacional jurídicamente vinculante». En esta resolución se
acordó un mandato para negociar un tratado que aborde todo el
ciclo de vida del plástico, desde su producción hasta su eliminación,
y se estableció que un Comité Internacional de Negociación (INC)
será responsable de redactar y ratificar dicho tratado en los
próximos dos años. Este logro representa el resultado de un amplio
diálogo multilateral con el objetivo de contar con un instrumento
legalmente vinculante para abordar la contaminación por plásticos.
El proceso de negociación se inició en Punta del Este, Uruguay, en
noviembre de 2002, y la semana pasada, del 29 de mayo al 2 de
junio, se llevó a cabo la segunda reunión del INC en París. Se
espera que este proceso concluya en 2024 con la adopción del
tratado internacional. [Ver más sobre este tratado]
Foto: SPDA
6. Adaptarnos al cambio climático
El Perú se encuentra entre los 20 países más vulnerables al cambio
climático debido a su ubicación geográfica con montañas tropicales
y una amplia diversidad de ecosistemas. En este sentido, es crucial
desarrollar acciones de adaptación al cambio climático,
especialmente a través de la gestión de riesgos de desastres y la
inversión en infraestructuras sostenibles. Estas medidas permitirán
que las ciudades sean más resilientes frente a los impactos de este
fenómeno global.
En cuanto al Acuerdo de París, el Perú presentó sus contribuciones
nacionalmente determinadas (NDC) en 2018 y las actualizó en
2020. El país se compromete a reducir sus emisiones de gases de
efecto invernadero (GEI) en un 40 % para el año 2030, con dos
terceras partes de esta reducción proviniendo del sector de Uso del
Suelo, Cambio del Uso del Suelo y Silvicultura. El Estado peruano
planea implementar un 30 % de reducción a través de inversiones y
gastos con recursos internos, tanto públicos como privados,
mientras que el 10 % restante estará sujeto a la disponibilidad de
financiamiento externo internacional.
Cumplir con los objetivos del Acuerdo de París no recae
exclusivamente en los gobiernos nacionales, sino que requiere la
colaboración de múltiples actores, incluyendo autoridades locales, la
sociedad civil y las empresas. El sector privado desempeña un
papel estratégico al adaptar su proceso productivo, operaciones y
cadenas de suministro para garantizar la continuidad de sus
negocios ajustando las mismas al cumplimiento del objetivo de dicho
acuerdo. El sector privado y financiero del Perú son clave para que
el Perú transite hacia la carbono neutralidad.
Ello, aún es más importante si se considera iniciativas como las que
se vienen trabajando en la Unión Europea, para el establecimiento
de un mecanismo de ajuste en frontera por carbono, lo que
implicaría que los productos importados a la Unión Europea paguen
un precio equivalente al pago que realizan los productores europeos
por las emisiones que se da en el marco del régimen de comercio
de derechos de emisiones. Ello busca nivelar las reglas de juego
para los productores locales y los exportadores externos a la Unión
Europea, igualando los costos asociados a las emisiones de
carbono.
La competitividad de un país depende hoy de su responsabilidad
ambiental, su acción climática y su esfuerzo por revertir los
procesos de pérdida de naturaleza. El Perú está perdiendo el
impulso que en ello se tuvo. Debemos recuperar las acciones,
vencer las amenazas y apostar por un desarrollo que enmarcado en
la sostenibilidad nos genere beneficio a todos los peruanos.