TEMA 7.
LA ESPAÑA DEL SIGLO XVI
INTRODUCCIÓN
Con la llegada al trono de Carlos I, la Corona de los reinos españoles pasaba a manos de la casa de Austria o
de Habsburgo, que reinará en ellos durante dos siglos. Carlos, hijo de Felipe de Borgoña y de Juana de Castilla,
recibió una herencia espectacular: de sus abuelos paternos heredaba los Países Bajos y los territorios de la
casa de Austria; de los maternos, Castilla y Aragón, y con ellos el dominio de América y de buena parte de
Italia. Tanto Carlos como sus sucesores dedicará su esfuerzo a conservar y, en su caso, ampliar los reinos
recibidos.
1. EL REINATO DE CARLOS V. CONFLICTOS INTERNOS: COMUNIDADES Y
GERMANÍAS
1.1. LA LLEGADA A LA PENÍNSULA Y LA ELECCIÓN IMPERIAL
Al morir su abuelo Fernando el Católico, en 1516, Carlos con 16 años de edad, era ya rey de los Países Bajos.
Inmediatamente se hizo coronar rey de Castilla y Aragón y emprendió viaje hacia la Península.
Había sido educado en Borgoña y no conocía el castellano. Llegó rodeado por consejeros flamencos que
ocuparon pronto los cargos más importantes. Las Cortes protestaron enérgicamente, y recordaron al monarca
la obligación de residir en Castilla y de respetar las leyes del país.
A comienzos de 1519, Carlos I conoció la noticia de la muerte de su abuelo, el emperador Maximiliano.
Rápidamente envió instrucciones a sus embajadores para que promovieran su candidatura al Imperio alemán,
al que también aspiraba Francisco I de Francia. En mayo, los príncipes alemanes eligieron al emperador
Carlos V.
1.2. LA REBELIÓN DE LAS COMUNIDADES DE CASTILLA
El descontento acumulado desembocó entonces en la sublevación de las Comunidades de Castilla, una
rebelión contra la autoridad de la Corona que se extendió por la mayor parte de las ciudades de la zona
central.
Las causas:
− Carlos había entregado la administración de Castilla a nobles flamencos, que lo utilizaron para
enriquecerse, y al marchar había dejado a Adriano de Utrecht como gobernador. Los castellanos lo
veían como una humillación y un atentado contra sus privilegios.
− El emperador había despreciado la exigencia de permanecer en Castilla y de aprender el idioma.
− Había dedicado el dinero pedido a las Cortes a conseguir la elección imperial.
− Las ciudades del centro de Castilla temían que volviera la exportación de lana hacia Flandes, que
perjudicaba los intereses de los productos textiles.
La rebelión estalló en Toledo. Contra las autoridades de la Corona, las cuales fueron sustituidas por nuevos
regidores comuneros.
Los comuneros tomaron Tordesillas y allí se organizó la Santa Junta, un gobierno revolucionario que exigía el
respeto a las leyes del reino y la marcha de los consejeros flamencos. La junta intentó sin éxito convencer a
doña Juana para que apoyase a los comuneros.
A partir de octubre, Carlos V reaccionó. Puso junto a Adriano, como virreyes, a miembros de la nobleza
castellana, que comenzaron a reclutar tropas. Los levantamientos contra los señores llevaron a los nobles a
alinearse contra los comuneros.
1.3. LAS GERMANÍAS
En Valencia, el hambre y las epidemias llevaron una situación explosiva que oponía a los artesanos contra la
nobleza. La rebelión de la Germanía, organización de los trabajadores de la ciudad, estalló en 1520,
aprovechando la ausencia de la nobleza, que había huido a la ciudad a causa de la peste.
Paralelamente, los agermanats se enfrentaron a los moriscos. Les acusaban de favorecer los intereses de la
nobleza. Se produjeron matanzas, y se obligó a los musulmanes a bautizarse.
A diferencia de las Comunidades, la Germanía fue un movimiento de contenido social. Esta circunstancia
explica la lentitud de reacción de la Corona. El rey aceptó al principio las peticiones de los gremios. Pero
más tarde, cuando comprobó cómo se extendía la rebelión, dio órdenes al virrey para acabar con el
movimiento.
En 1522 los líderes fueron eliminados y la revuelta controlada.
1.4. EL RETORNO A LA PENÍNSULA Y EL CAMBIO DE ACTITUD DE CARLOS V
En 1522 Carlos V regresó a Castilla. Ordenó la ejecución de los principales presos comuneros e impuso
fuertes indemnizaciones al resto. La nobleza recuperó su dominio señorial, las ciudades quedaron sometidas
a la autoridad real.
Carlos permaneció en Castilla durante os siguientes siete años. Cambió el trato son sus súbditos, incorporó a
consejeros nativos y aprendió a hablar castellano.
La imagen pública del emperador fue mejorando. En 1526 contrajo matrimonio con Isabel de Portugal y,
posteriormente, dejó el gobierno de los reinos en manos de la emperatriz.
2. EL IMPERIO DE CARLOS V Y LAS GUERRAS EUROPEAS
2.1. LA POLÍTICA IMPERIAL DE CARLOS V
La política de Carlos obedeció a dos ideas básicas: mantener la unidad de la Cristiandad y luchar contra el
Islam y por otro lado, conservar toda la herencia recibida. Estas dos convicciones las mantuvo toda su vida,
y las traspasó a su hijo Felipe.
2.2. LA LUCHA CONTRA FRANCIA
Este fue el conflicto de más larga duración. Las causas:
− la principal fue de tipo estratégico: los territorios de Carlos rodaban la frontera oriental del reino
francés, impidiendo su expansión y constituyendo una amenaza.
− La larga rivalidad con Aragón por el control de Italia.
Tampoco hay que menospreciar la rivalidad personal entre Carlos V y Francisco I de Francia. Un total de siete
guerras enfrentaron a ambos, en las cuales los franceses tuvieron casi siempre una posición inferior militar.
En 1525, tras la victoria de Pavía, Carlos llegó a tener prisionera a su rival, al que liberó tras la firma de un
tratado. Francisco I fue buscando alianzas sucesivas con el papa, con Inglaterra y con los turcos, lo que fue
considerado escandaloso por Carlos.
A partir de 1544 la tensión entre ambos poderes se suavizó sobre todo por el agotamiento financiero. Al final
del reinado se llegó a una situación de equilibrio: ni Carlos pudo vencer a su rival, ni Francia romper el cerco.
2.3. LA LUCHA CONTRA LOS TURCOS
La lucha contra el islam era continuación natural del espíritu de cruzada, pero también respondía a un hecho
concreto: el avance del Imperio turco, que amenazaba en Europa y el Mediterráneo a los Estados de los
Austrias. Los turcos disponían de un ejército considerable, pero eran ante todo una potencia naval gracias a
contar con el apoyo de los piratas berberiscos. Los cuales había conquistado Argel y se dedicaron a atacar
los puertos cristianos y las costas españolas.
En 1529 el ejército turco asaltó Viena, la cuna de los Habsburgo. Durante tres años el cerco se mantuvo, hasta
que finalmente la llegada de refuerzos consiguió que el sultán levantara el acorralamiento. En el
Mediterráneo, sin embargo, la posición imperial era mucho más débil. Faltaban remeros y sobre todo
marineros, que preferían la aventura de América al peligro de las galeras.
En 1535 las tropas de Carlos V reconquistaron Túnez, su mayor victoria contra los musulmanes, pero fracasó
en conquistar Argel.
2.4. LA POLÍTICA ALEMANA Y LA REFORMA PROTESTANTE
En 1517 Martín Lutero publicó en Worms su tesis contra la Iglesia de Roma, iniciando así la reforma
protestante. Encontró apoyo en Alemania, donde mucha gente compartía las críticas hacia los papas.
Además, muchos de los príncipes alemanes apoyaron a Lutero, porque eran conscientes de que la reforma
podía ser un instrumento que asegurara la independencia que tenían frente al emperador.
Carlos V estaba decidido a combatir el protestantismo. Sucesivas Dietas fueron convocadas en los años
siguientes, con escasos resultados, al tiempo que el protestantismo se iba extendiendo. En 1531, los
príncipes protestantes formaron la Liga de Smalkalda. Finalmente, el emperador pudo organizar una
coalición católica, que en 1547 derrotó a los ejércitos de la Liga en la batalla de Mühlberg.
Parecía que el problema de Alemania tocaba a su fin, pero no fue así. En 1552 se fraguó una coalición contra
Carlos, en la que participaron los príncipes alemanes y el rey de Francia, Enrique II. El resultado fue una
derrota de los ejércitos imperiales. En 1555, la paz de Augsburgo estableció el derecho de cada príncipe a
decidir libremente la religión de su territorio.
2.5. LA RELACIÓN CON ROMA Y EL CONCILIO
Las relaciones con Roma fueron difíciles. Los papas desconfiaban de la autoridad imperial. No les gustaba el
control absoluto de Carlos V sobre las Iglesias de Castilla y Aragón.
El papa Clemente VII se sumó a la Liga de Cognac, una alianza contra Carlos V. Ésta respondió en 1527 con
una ofensiva en la que sus soldados saquearon Roma y retuvieron preso al propio papa. El sacco de Roma
causó un escándalo en Europa y perjudicó seriamente la imagen del emperador.
Los papas eran conscientes de que el Imperio era su principal defensa frente al islam y a la reforma
protestante. En 1545 se inauguró el Concilio de Trento. En él tuvieron un papel clave los teólogos españoles,
se reafirmaron los dogmas católicos y se preparó a la Iglesia para combatir contra las iglesias reformadas.
2.6. EL FIN DEL REINADO: REPARTO DE LA HERENCIA Y RETIRADA A YUSTE
En 1555, un Carlos V enfermo y desilusionado por los fracasos en Alemania y Francia tomó la decisión de
abandonar el poder. Su único éxito reciente había sido el matrimonio de su hijo Felipe con la reina de
Inglaterra, la católica María Tudor. En octubre entregó a Felipe la Corona de los Países Bajos, y en enero hizo lo
mismo con las de Castilla y Aragón. El nuevo rey quedaba excluido de la herencia alemana, que quedaba en
manos de Fernando, hermano de Carlos V, aunque la relación familiar obligara a mantener una política de
defensa mutua.
Meses después; Carlos cumplía su deseo: se fue a Castilla y se retiró al monasterio jerónimo de Yuste, hasta
su muerte en 1558.
3. LA MONARQUÍA HISPÁNICA DE FELIPE II. LA UNIDAD IBÉRICA
3.1. LOS PRIMEROS AÑOS DEL REINADO
Felipe II tenía 29 años cuando, en 1556, se hizo cargo de la corona de los reinos hispánicos. Estaba
perfectamente preparado para reinar.
Sus primeros años transcurrieron en Europa, en la guerra contra Francia y el Papado. En 1557 derrotaron en
San Quintín a los franceses, pero estos respondieron con la toma de Calais a los ingleses. Ambos bandos
habían llegado a una situación de agotamiento. Se iniciaron negociaciones que condujeron, en 1559, a la paz
de Cateau-Cambrésis, en la que a los acuerdos territoriales se sumó el del matrimonio entre Felipe II e
Isabel de Valois, hija del rey de Francia.
Ese mismo año Felipe volvió a la Península, donde dos problemas requerían intervención urgente.
− El primero era la aparición de grupos luteranos en Sevilla y Valladolid, que fueron duramente
reprimidos por la Inquisición
− El segundo era el financiero: se había declarado la bancarrota de la Hacienda.
Era necesario restablecer la situación y esto le llevó los ocho años siguientes.
3.2. LA MUERTE DEL PRÍNCIPE CARLOS Y LA REBELIÓN DE LOS MORISCOS
En 1568 se produjo la muerte del príncipe Carlos, heredero al trono, el cual tenía una personalidad
trastornada. Fue su padre quien ordenó su detención al conocerse los contactos que había establecido con
los nobles flamencos que se habían revelado. Meses después don Carlos moría en prisión, y Felipe II tuvo que
defenderse toda su vida de la acusación de haber sido el responsable.
Ese mismo año estalló la rebelión de las Alpujarras. Había dictado un decreto que obligaba a abandonar la
lengua, vestidos y tradiciones moriscas en el plazo de tres años. Los moriscos de Granada se rebelaron y se
hicieron con el control de las Alpujarras. Tras un año de guerra se hizo cargo de las operaciones don Juan de
Austria, hermanastro del rey, quien consiguió poco a poco arrinconar a los sublevados.
El resultado fue la deportación de los moriscos, fueron obligados a abandonar su tierra y enviados hacia otros
lugares de Castilla, para obligarles a integrase.
3.3. LA CONQUISTA DE PORTUGAL
En 1578, al morir sin descendencia el rey de Portugal, carios candidatos optaron al trono, entre los que Felipe
II, tío del fallecido, era el más importante. Los grupos dirigentes portugueses no veían mal la unión. Pero la
candidatura española no era bien aceptada por las clases populares. En consecuencia, en 1580 se decidió la
invasión de Portugal, dirigida por el duque de Alba, que alcanzó Lisboa sin apenas resistencia.
En 1581 reconocieron como rey a Felipe II, que permaneció en Lisboa durante tres años. La anexión se realizó
respetando las leyes e instituciones. Esto significaba la suma de dos inmensos imperios coloniales.
3.4. EL PROBLEMA DE ANTONIO PÉREZ Y LA REBELIÓN ARAGONESA
Felipe II tuvo que afrontar una grave crisis interna durante el final de su reinado. Antonio Pérez, uno de sus
secretarios, alcanzó una posición privilegiada en la corte, despachando personalmente con él los principales
asuntos del Estado. Pero su ambición le llevó a engañar al monarca, que en 1579 ordenó detenerle.
Durante 10 años Pérez permaneció en prisión. El rey temía que revelase secretos de Estado. Pero en 1590
consiguió huir a Aragón, en donde reinaba el malestar por el nombramiento de un virrey castellano. Pérez fue
acogido y el Justicia Mayor le puso bajo su protección. Pero Felipe II no estaba dispuesto a permitirlo y utilizó
al Santo Oficio para que fuera acusado de herejía y llevado a la cárcel de Zaragoza.
Entonces estalló una rebelión en Zaragoza, durante la cual el virrey fue asesinado y Pérez devuelto a la prisión
del Justicia. Felipe II respondió enviando un ejército de 12.000 hombres, que en pocas semanas restableció el
control real. Los líderes de la rebelión fueron ejecutados, pero no se pudo evitar que Pérez huyera a Francia
4. LA POLÍTICA EUROPEA DE FELIPE II
Felipe II mantuvo los dos objetivos fundamentales de su padre: el mantenimiento de la herencia recibida en
su integridad y la defensa del catolicismo frente a la herejía.
4.1. LA REBELIÓN DE LOS PAÍSES BAJOS
Este fue el mayor de los problemas políticos y militares del reinado. Felipe II no había sido bien acogido como
rey de los Países Bajos, donde le veían como un rey extranjero. Había dejado allí gobernando a su hermana
Margarita de Parma, pero rodeada de un consejo que dejaba de lado a los nobles flamencos y que dirigía el
cardenal Granvela, al que odiaban.
A las tensiones se sumó la amplia difusión del calvinismo. Felipe decretó el cumplimiento estricto de las
decisiones del Concilio de Trento. Margarita intentó mediar, pero en 1566 estallaron motines en varias
ciudades, causados por el hambre, que acabaron en quemas de iglesias por parte de los calvinistas.
La respuesta de Felipe fue brutal. En 1567 envió a los tercios al mando del duque de Alba. Éste organizó un
tribunal que comenzó a dictar sentencias y a ejecutar a todos aquellos que habían participado en la revuelta.
Algunos nobles, como el príncipe Orange, optaron por huir y prepararon un ejército en Alemania que entró en
los Países Bajos. Pero Alba consiguió expulsarlos.
La violenta política de Alba agudizó el conflicto. Además de la justicia estableció un sistema de impuestos
para pagar sus tropas, que provocó la protesta general. Consiguió que todos los sectores sociales
(campesinos, comerciantes, etc) se unieran contra él, incluso muchos católicos.
En 1571, los rebeldes holandeses que se habían refugiado en Inglaterra regresaron y establecieron un
gobierno independiente en las provincias del norte. En 1573 el duque de Alba fue sustituido por don Luis de
Requesens. Tanto él como su sucesor tuvieron que enfrentarse a una guerra abierta. Entre un norte calvinista
e independentista, liderado por Guillermo de Orange, y un sur católico y leal.
4.2. LEPANTO
En 1570 los turcos conquistaron Túnez y Chipre. La respuesta fue la formación de la Santa Liga, compuesta
por Venecia, el papa y Felipe II, para enfrentarse al sultán. España ponía la mayor parte de los barcos y
soldados, donde estaba al mando don Juan de Austria.
La batalla tuvo lugar junto al golfo de Lepanto, en 1571. La flota cristiana, mejor posicionada, tuvo una victoria
absoluta. Lepanto ayudó a terminar con el dominio turco del Mediterráneo, la atención del sultán giraba por
entonces hacia las fronteras asiáticas de su Imperio.
4.3. EL GIRO EN LA GUERRA DE LOS PAÍSES BAJOS
En la década de 1570, la guerra de los Países Bajos experimentó un giro importante. Alejandro Farnesio, el
nuevo gobernador, era un buen negociador y diplomático. En pocos meses consiguió que los Estados
católicos del sur firmaran un acuerdo, la Unión de Arras, por el que se garantizaban los derechos de los
flamencos y la salida de los tercios. Los Estados del norte respondieron con la Unión de Utrecht, sobre la
base del protestantismo y la independencia de las Provincias Unidas respecto a España.
Farnesio logró recuperar la disciplina de las tropas y poco a poco fue conquistando las principales ciudades
de Brabante y Flandes, hasta culminar con la toma de Amberes en 1585. Allí se detuvo su avance, y la
frontera que entonces se fijó se convertiría en la definitiva entre el norte y el sur de los Países Bajos.
4.4. LA LUCHA CONTRA INGLATERRA Y LA ARMADA INVENCIBLE
En 1558 murió María Tudor, tercera esposa de Felipe II, y subió al trono Isabel I, protestante. Desde entonces
las relaciones entre Inglaterra y la monarquía española se fueron tensando en torno a dos cuestiones básicas:
América y los Países Bajos.
Respecto a América, Inglaterra y Francia habían rechazado las bulas papales. Pronto, corsarios como los
ingleses Hawkins y Drake se dedicaron a asaltar los barcos que regresaban del Caribe. Demostrando así que
el monopolio era vulnerable, pese al sistema de flotas.
Las tensas relaciones se agravaron con el estallido de la rebelión de los PPBB. Los ingleses apoyaron desde el
principio a los protestantes rebeldes, pero no se atrevieron a enviar tropas. Se limitaron a dar dinero y a
permitir que sus corsarios asaltaran los barcos españoles. Pronto, el Canal de la Mancha se convirtió en
escenario de una guerra encubierta entre ingleses y holandeses, por un lado, y españoles por otro.
Fue tras la toma de Amberes por Farnesio, en 1585, cuando Isabel I decidió intervenir directamente en los
PPBB, enviando un cuerpo expedicionario en apoyo de los holandeses. Era una declaración de guerra abierta,
y Felipe II tomó la decisión de invadir Inglaterra.
En 1588 la Armada Invencible, mandada por el duque de Medina Sidonia, zarpó de Lisboa hacia el Canal de la
Mancha. La flota debía escoltar al ejército de Farnesio para permitir su desembarco en Inglaterra. La
superioridad de los tercios era tal que nadie dudaba de su éxito.
La flota inglesa, inferior en número de barcos, pero mejor situada y artillada, se dedicó a hostigar la
retaguardia de la armada en su travesía del Canal. Fue imposible embarcar a los tercios. La armada fue
abatida por los barcos ingleses.
El desastre de la invencible golpeó duramente el prestigio español. Lo peor no era la pérdida de barcos, sino
los miles de marineros, pilotos y soldados que habían muerto. Las costas peninsulares y americanas
quedaban expuestas.
4.5. LA INTERVENCIÓN EN FRANCIA Y EL FIN DEL REINADO
En 1584 estalló una guerra civil en Francia entre católicos y hugonotes (protestantes). En ella Felipe II
suministró armas y dinero a los católicos. Pero en 1589 Enrique de Navarra, líder de los hugonotes, se pasó al
catolicismo y se convirtió en el rey Enrique IV. Aunque Felipe envió sus tropas éste fue finalmente derrotado.
Felipe mantenía a sus ejércitos en guerra en tres frentes: contra los holandeses, contra Inglaterra y contra
Francia. Sus reinos estaban exhaustos, y los consejeros recomendaban acabar con la política de guerra. En
1598 firmó con Francia la paz de Vervins, por la cual Felipe se comprometía a devolver las plazas ocupadas y
retirar sus tropas.
Ese mismo año el archiduque Alberto se casaba con la hija del rey, Isabel Clara Eugenia, y Felipe II cedía a
ambos el gobierno de los PPBB, en un régimen de autogobierno separado de Castilla. En cierto modo, era
reconocer que ya no podía gobernarse desde la Península. Sin embargo, se negó a reconocer la
independencia.
Dos años después, a finales de 1598, murió en El Escorial.