Soy insuficiente, escucho al perro jugar con un peluche y lloro, escribo esto y lloro, mi sentir
es poco significativo y lloro, qué ocurre conmigo. Mi compañero de casa es un idiota, lo único
reconfortante en mi vida son mis metas, y es contradictorio el hecho, pero quiero ser como él,
la ducha es el único momento en el que no estamos juntos, pero en el corto momento de
privacidad solo pienso en él.
Detesto vivir, no siempre fue así, ocasiones en confianza atesoré todo lo que ahora repudio, y
es que no quiero usar más verbos para que la idea entre por todos los que en algún momento
me tiraron, a veces me siento como eso, un pedazo de tristeza al que la arrancaron de su
pequeña ilusión. Él solo convierte el mundo, traspasa fronteras inimaginables de odio, tristezas
posibles en un plano diferente a este; cuando decido ignorarlo mi vista solo se nubla, veo todo
y nada, y cada toma en mi diminuto umbral se convierte, resultantemente contradictorio, en
felicidad.
En otoño cuando la brisa recorre de punta a punta tu cuerpo, regreso, estoy unos segundos y
desaparezco; frío y calidez, aire y personas, el sol vislumbra en el interior del cristal, no
imagino lo que pensé ni sentí, cada vez deseo estar más ahí, pero solo desaparece tratando de
seguir con la escena, como si algo no me dejara pasar. Camino y camina, siempre,
exceptuando la ducha y lugares muy peculiares, él se encuentra conmigo, y cuando lo conocí
me parecía agradable, una persona que no sería relevante en mi vida, solo una persona
pasajera que no volvería a ver jamás, sin embargo no puedo apartarlo de mí, no sé cuando
llegó, solo quiero que se vaya, pero él sigue y sigue y sigue; como la fascinación oculta que
hay entre el pensamiento y la realidad, aquella grieta que hay entre ella y yo, que solo es
llenada con el mismo material del que está hecha, ilusión.
Entrando en las pequeñeces entre recuerdo y realidad, las cosas son simples, si no trato de
mantenerlo sigue en subversión; después de varios segundos, ya no hay nada que me bloqueé,
solo tú y yo; es un recuerdo, estoy seguro, de hace mucho, estoy seguro, recuerdo la calidez de
sus brazos, la postura de su piel, mi espalda cubierta y ella abrazándome, no tenía que pasar
más, mi espalda es un nudo ahora y me reconforto en las caricias que en algún día fueron de
mi columna, de mis costillas y de mi corazón, pero desaparece cuando intento seguirla, cuando
intento mirarla. Intentaba de todo para correrlo, sacarlo y escupirlo, no estuviera aquí era mi
más grande fascinación, y lo lograba en ocasiones, cuando mi vista se nublaba y no pensaba en
nada, era el conflicto, no es posible no tenerlo estando consciente, no es alcanzable una
realidad así, por eso pienso en largarme un día y no regresar jamás, en perder todo contacto
con las personas y que el aire pegue no solo en mi cuerpo, sino en cada partícula posible entre
reveces de mí, hacerme uno con el espacio natural y brindar lo tanto que he quitado estando
bien.
No logro imaginar que hago aquí, los segundos son eternamente pasajeros, pareciera ver cada
uno de los movimientos difícilmente planeados, me detengo y el tiempo sigue, pero yo
también sigo, aquí y con el tiempo, ya no lo recuerdo, ahora no puedo hacerlo, demasiado
abrumador es todo por aquí, ¿El olvido sería la recompensa por no lograr nada apartado de ti?
No, sería contrario a esto, lo que no hago es por lo que estoy aquí, sin poder recordar y
tratando de olvidar; porque cada vez que regresas, en este vivo recuerdo (no en este momento,
sino en posteriores) pienso en ti y en posibilidades infinitas del tiempo y su retroceso. Pero él
te tiene a ti, centellar ilusorio, que en mi vida eres y serás la creación universal que encamina a
todo bien, por eso él está bien, por eso lo detesto, con su actitud intolerablemente arrogante
cuando presume por los rincones que te tiene a ti, en momentos ásperos que nublan lo que veo
y lo que es él, y es aquí que no hay privacidad, ni un rincón en la casa, ni la bañera, ni la cama
ni el sueño, sino pudiera verte detestaría estos espacios, sin embargo, me arrastraría y caería
cíclicamente en las fosas del olvido y del dolor con tal de que me veas una vez más, con tal de
poder imaginar tu abrazo y tu dulce piel, con tal de tenerte en un nuevo recuerdo.