República de Panamá
Hospital Materno infantil José Domingo de Obaldia
Cirugía Pediátrica
Tipos de fracturas, sus complicaciones, tratamiento y
cuidados
Joselym Reyes
12-700-1936
David, Chiriquí
2024
Introducción
Una fractura es la ruptura total o parcial de un hueso por diversas causas; lo más común
es que se deba a un accidente, una caída fuerte o una lesión deportiva. La fractura
provoca un dolor intenso y dependiendo de la gravedad puede necesitar cirugía para
recomponer el hueso.
Estas lesiones musculoesqueléticas son comunes y varían en gran medida en el
mecanismo, la gravedad y el tratamiento. Los miembros, la columna y la pelvis pueden
estar afectados.
Qué son las fracturas
Una fractura produce una ruptura parcial o completa en la continuidad del hueso. En los
casos más graves, este puede romperse en varios pedazos. Pueden ser el resultado de un
golpe, fuerza o tracción de gran fuerza, o una lesión por traumatismos mínimos como
consecuencia de ciertos trastornos que debilitan los huesos, como la osteoporosis, la
osteopenia, la enfermedad celíaca no diagnosticada, el cáncer óseo o la osteogénesis
imperfecta, en cuyo caso se denomina fractura patológica.
Fisiopatología de las fracturas
Las fracturas pueden ser
Según la causa de la rotura:
Fracturas indirectas: se trata de la fractura más común, y se da en un punto
distante al que la fuerza ha impactado.
Fracturas directas: ocurren cuando un impacto causa la fractura en el mismo
punto de aplicación del golpe.
Según el daño
Fractura cerrada: el hueso y el exterior del cuerpo no se comunican y, por tanto,
el hueso no sobresale por la piel.
Fractura abierta: el hueso y el exterior del cuerpo se comunican, por lo que se da
una perforación de la piel y las partes blandas, y el hueso sobresale. En estos
casos, hay riesgo de infección.
Fractura completa: cuando el hueso se rompe en dos partes.
Fractura simple: el hueso se rompe en una parte.
Fractura conminuta: el hueso se quiebra en varios fragmentos.
Según el trazo (el patrón físico de la rotura):
Fractura transversa: el trayecto de la fractura es perpendicular al eje mayor del
hueso. Suele ser provocada por un golpe directo.
Fractura lineal: la fractura está en el mismo sentido que el eje mayor del hueso,
aunque no se mueve ninguna parte del tejido óseo.
Fractura oblicua: el trazo está inclinado sobre el eje mayor del hueso. Puede ser
sin desplazamiento, de modo que los extremos fracturados queden unidos, o con
desplazamiento, en caso de que haya una separación entre estos.
Fractura en espiral: similar a la oblicua, en este caso el trazo de la fractura tiene
un trayecto espiral alrededor del eje del hueso.
Las fracturas en niños y adolescentes tienen varias características que las distinguen de
las que se presentan en adultos. En comparación con el hueso maduro de los adultos, el
hueso en crecimiento tiene un coeficiente de elasticidad mayor, debido a su particular
composición histológica. Esta elasticidad condiciona la aparición de fracturas que no se
acompañan de ruptura completa del hueso en el foco de fractura. Debido a que no existe
una ruptura completa, los síntomas observados en muchas fracturas en niños suelen ser
de menor intensidad que los que se ven en adultos.
Existen diversos tipos de patrones de fractura exclusivos del hueso en crecimiento de
los niños y adolescentes:
En "tallo verde": El hueso está incurvado y en su porción convexa se observa
una línea de fractura que no llega a afectar todo su espesor. En su porción
cóncava el hueso solamente se encuentra deformado.
En "botón o torus": La corteza del hueso se fractura solamente en uno de sus
lados, deformándose sobre sí misma.
Deformación plástica: La diáfisis del hueso lesionado se incurva, sin que exista
una fractura lineal que pueda observarse en radiografías. Sin embargo, sí se
puede observar ruptura de las trabéculas óseas al microscopio.
El tratamiento de las fracturas en niños suele ser más sencillo y tiene en general mejores
resultados que en adultos, debido a la alta capacidad de regeneración y remodelación del
esqueleto en crecimiento
Las fracturas patológicas ocurren cuando una fuerza leve o mínima fractura una zona de
hueso debilitado por un trastorno (p. ej., osteoporosis, cáncer, infección, quistes óseos).
Cuando el trastorno es osteoporosis, a menudo se llaman fracturas por fragilidad o
insuficiencia.
Las fracturas por estrés son el resultado de la aplicación repetitiva de fuerza moderada,
como puede ocurrir en corredores de larga distancia o en soldados marchando mientras
llevan una carga pesada. Normalmente, el hueso dañado por microtraumatismos de
fuerza moderada se auto repara durante los períodos de descanso, pero la aplicación
repetitiva de fuerza en la misma localización predispone a una lesión mayor y hace que
el microtraumatismo se propague.
Curación
EL hueso se cura a diversas velocidades, dependiendo de la edad del paciente y los
trastornos coexistentes. Por ejemplo, los niños se curan mucho más rápido que los
adultos; los trastornos que alteran la circulación periférica (p. ej., diabetes, enfermedad
vascular periférica) tienen curación lenta.
Las fracturas sanan en 3 etapas superpuestas:
Inflamatoria
Reparadora
Remodelación
El estadio inflamatorio ocurre primero. Se forma un hematoma en el lugar de la fractura,
y se reabsorbe una pequeña cantidad de hueso en los fragmentos distales de la fractura.
Si una línea de fractura no es evidente inicialmente (p. ej., en algunas fracturas no
desplazadas), en general se torna evidente alrededor de 1 semana después que esta
pequeña cantidad de hueso se reabsorbe.
Durante el estadio de reparación, se forma un callo. Se desarrollan nuevos vasos
sanguíneos, lo que permite que el cartílago se forme a través de la línea de fractura. La
inmovilización es necesaria (p. ej., enyesar) durante las primeras 2 etapas para permitir
que se formen nuevos vasos sanguíneos. La fase reparadora termina con la unión clínica
de la fractura (es decir, cuando no hay dolor en el sitio de la fractura, la extremidad
lesionada puede ser utilizada sin dolor, y la exploración clínica detecta que no hay
movimiento de los huesos).
En la etapa de remodelación, el callo, que originalmente era cartilaginoso, se osifica, y
el hueso se degrada y se vuelve a reconstruir (remodelado). Durante esta etapa, los
pacientes deben ser instruidos para que reanuden gradualmente el movimiento normal
de la parte lesionada, incluyendo poner tensión de carga en él.
Síntomas
Los síntomas más habituales de las fracturas óseas son:
Dolor, normalmente en el punto de fractura
Deformación en la zona afectada
Incapacidad o limitación de movimiento
Hinchazón o hematomas
Entumecimiento y hormigueo
Fiebre
Complicaciones
Las complicaciones graves de las fracturas son inusuales, pero pueden amenazar la vida
o la viabilidad de un miembro o producir una disfunción permanente de éste. El riesgo
de complicaciones es elevado con fracturas abiertas (que predisponen a la infección) y
con fracturas que interrumpen los vasos sanguíneos, la perfusión tisular, y/o nervios.
Las fracturas cerradas que no involucran los vasos sanguíneos o los nervios, en
particular aquellas que se reducen rápidamente, tienen menos probabilidades de causar
complicaciones graves.
Las complicaciones agudas (asociadas a lesiones) incluyen las siguientes:
Sangrado: el sangrado acompaña todas las fracturas (y lesiones de tejidos
blandos). En raras ocasiones, la hemorragia interna o externa es lo
suficientemente grave como para causar shock hemorrágico (p. ej., en las
fracturas de pelvis, fémur, y algunas abiertas).
Lesiones vasculares: Algunas fracturas abiertas interrumpen los vasos
sanguíneos. Algunas fracturas cerradas, particularmente las fracturas
supracondíleas del húmero con desplazamiento posterior, interrumpen el
suministro vascular suficiente como para causar isquemia de la porción distal de
la extremidad; esta alteración vascular puede permanecer clínicamente oculta
durante horas después de la lesión.
Lesiones nerviosas: los nervios pueden lesionarse cuando se estira por piezas
desplazadas de un hueso fracturado, en presencia de un hematoma por un golpe
no penetrante, cuando se comprime en una lesión por aplastamiento grave, o
cuando se desgarra por fragmentos de hueso afilados. Cuando los nervios están
dañados (llamado neurapraxia), la conducción nerviosa se bloquea, pero el
nervio no se desgarra. La neurapraxia causa déficits motores temporales y/o
sensoriales; la función neurológica retorna completamente en aproximadamente
6 a 8 semanas. Cuando se aplastan los nervios (llamado axonotmesis), se lesiona
el axón, pero no la vaina de mielina. Esta lesión es más grave que la neurapraxia.
Dependiendo de la magnitud de los daños, el nervio puede regenerarse durante
semanas o años. Por lo general, los nervios se desgarran (llamado neurotmesis)
en fracturas abiertas. Los nervios desgarrados no se regeneran
reespontáneamente y pueden tener que ser reparados quirúrgicamente.
Embolia pulmonar: en pacientes con fractura de cadera o pelvis, el riesgo de
embolia pulmonar es alto. La embolia pulmonar es la complicación letal más
común de las fracturas graves de cadera o pelvis.
Embolia grasa: las fracturas de huesos largos (con mayor frecuencia, fracturas
femorales) pueden liberar grasa (y otros componentes medulares), que
embolizan a través de las venas a los pulmones y producen embolia pulmonar
con sus complicaciones respiratorias.
Síndrome compartimental: la presión tisular aumenta en un espacio fascial o
aponeurótico cerrado, interrumpiendo la irrigación vascular y reduciendo la
perfusión tisular. Las lesiones por aplastamiento o las fracturas conminutas son
causas comunes, que incrementan la presión tisular a medida que se desarrolla
edema. El riesgo es alto con fracturas de antebrazo que involucran tanto el radio
y el cúbito, fracturas de la meseta tibial (fracturas de tibia proximal que se
extienden en el espacio articular), o fracturas de la diáfisis tibial . El síndrome
compartimental no tratado puede conducir a rabdomiólisis, hiperpotasemia, e
infección. A largo plazo, puede causar contracturas, déficits sensitivos, y
parálisis. El síndrome compartimental amenaza la viabilidad de la extremidad
(posiblemente requiriendo amputación) y la supervivencia.
Infección: cualquier fractura puede infectarse, pero el riesgo es más alto con las
que están abiertas o las tratadas quirúrgicamente. La infección aguda puede
llevar a la osteomielitis lo cual puede ser difícil de curar.
Las complicaciones a largo plazo de las fracturas incluyen las siguientes:
Inestabilidad: diversas fracturas pueden provocar inestabilidad articular. La
inestabilidad puede ser incapacitante y aumenta el riesgo de artrosis.
Rigidez y la amplitud disminuida del movimiento: las fracturas que se extienden
a los cartílagos articulares suelen afectar el cartílago articular; el cartílago
articular mal alineado suele cicatrizar y provocar artrosis y alteraciones de la
movilidad articular. La rigidez es más probable si una articulación necesita
inmovilización prolongada. La rodilla, el codo y el hombro son particularmente
propensos a la rigidez postraumática, especialmente en los ancianos.
Falta de unión o retraso de consolidación: en ocasiones, las fracturas no
cicatrizan (llamada seudoartrosis), o la unión se retrasa. Los principales factores
que contribuyen incluyen la inmovilización incompleta, la interrupción parcial
del suministro vascular, y los factores del paciente que deterioran la curación (p.
ej., el uso de corticosteroides o la hormona tiroidea).
Unión anómala: la consolidación o unión anómala es la curación con deformidad
residual. Es más probable si una fractura no se reduce y se estabiliza de manera
adecuada.
Osteonecrosis: parte de un fragmento de la fractura puede llegar a ser necrótico,
principalmente cuando el suministro vascular está dañado. Las fracturas cerradas
propensas a la osteonecrosis incluyen fracturas de escafoides, fracturas
desplazadas del cuello femoral y fracturas desplazadas del cuello del astrágalo.
Artrosis: las fracturas que alteran las superficies que soportan el peso de las
articulaciones o que resultan en la mala alineación articular y la inestabilidad
predisponen a la degeneración del cartílago articular y la artrosis.
Discrepancia en la longitud del miembro: si una fractura en los niños involucra
una placa de crecimiento, el crecimiento puede verse afectado, dando como
resultado un miembro que es más corto que otra. En los adultos, la reparación
quirúrgica de una fractura, especialmente las fracturas femorales, puede
provocar una discrepancia en la longitud de las piernas, lo que puede ocasionar
dificultad para caminar y la necesidad de levantar el zapato para la pierna más
corta.
Tratamiento
El objetivo principal es conseguir la máxima recuperación funcional posible del
segmento afectado mediante el establecimiento unas condiciones que faciliten los
procesos biológicos normales de consolidación en una posición adecuada de los
fragmentos fractuarios.
El manejo de la fractura es en general el mismo, es decir:
Inmovilizar
Reducir
Rehabilitar
La forma en que se realiza cada uno de estos pasos es el que varía, desde los métodos
ortopédicos hasta quirúrgicos.
Una de las formas correctas de inmovilizar una lesión ósea (fractura) es de articulación
a articulación, esto con el fin de que no se mueva el hueso y cause más daño interno a
los vasos sanguíneos o músculos, al inmovilizar la parte afectada se reduce dolor
inflamación.
El tratamiento puede incluir:
Férula o yeso Esto inmoviliza el área lesionada para mantener el hueso alineado.
Protege la zona lesionada del movimiento o el uso mientras el hueso suelda.
Medicamentos. Necesarios para controlar el dolor.
Tracción. La tracción es el uso de una fuerza uniforme para estirar ciertas partes
del cuerpo en una determinada dirección. La tracción con frecuencia usa poleas,
cuerdas, pesas y un marco metálico unido a la cama o puesto sobre ella. El
propósito de la tracción es estirar los músculos y tendones alrededor del hueso
roto para ayudar a que los extremos del hueso se alineen y sanen.
Cirugía. Se puede requerir cirugía para colocar ciertos tipos de huesos rotos en
su lugar. De vez en cuando, la fijación interna (varillas de metal o clavos
situados dentro del hueso) o dispositivos de fijación externa (varillas de metal o
clavos situados fuera del cuerpo) se utilizan para sujetar los fragmentos de hueso
en su lugar mientras sueldan.
Cuidados de enfermería
Elevar la extremidad afectada: ayuda a reducir la inflamación y debe elevarse por
encima del nivel cardiaco.
Vigilar la coloración de la piel, la temperatura, pulsos periféricos y sensibilidad de la
articulación inmovilizada.
Administrar analgésicos y antibióticos según la orden médica.
Vigilar e informar al medico sobre alteraciones en los signos vitales o la cantidad de
sangrado.
Conclusiones
Una fractura es una ruptura parcial o total del hueso. Hay muchos tipos diferentes de
fracturas.
Las fracturas de los huesos pueden ser consecuencia de caídas, traumatismos o
resultado de un golpe directo o patada al cuerpo. El uso excesivo o los movimientos
repetitivos pueden causar fracturas por esfuerzo. También puede deberse a
enfermedades que debilitan los huesos. Entre ellas se incluyen la osteoporosis o el
cáncer de huesos.
El objetivo principal del tratamiento es volver a colocar las partes del hueso en su
lugar para que puedan soldar. Esto puede lograrse con una férula, un yeso, cirugía o
tracción.
Las fracturas que interrumpen el suministro arterial y el síndrome compartimental
amenazan la viabilidad de las extremidades y en última instancia, pueden amenazar
la vida.