Overlord (オーバーロード) | Autor: Maruyama Kugane
(Pensando con calma sobre lo que se ha dicho ya... debería haber visto venir
esto. En cuanto a estar pendiente del regreso de Yaldabaoth... ¿Implica eso que
quiere protegerme? Fufu...)
"Entonces, mientras esperamos, ¿te importaría si pregunto sobre lo que
sucedió aquí?"
"Antes de eso, necesito encargarme de los cuerpos de mis camaradas. No puedo
simplemente dejarlas allí. No es ningún problema moverlas, ¿cierto?"
Por supuesto que no había ningún problema. Con eso, Evileye fue hacia los
cuerpos.
Ella pensaba que estarían quemadas hasta ser irreconocibles, pero parecía que
las llamas del demonio sólo habían quemado sus almas en lugar de su carne.
Los cadáveres estaban inmaculados. Luego de cerrarles los ojos y de cruzar sus
manos sobre sus pechos, Evileye sacó una "Mortaja de Dormir" de su bolsa, y
comenzó a envolver a Tia con ella.
"¿Qué es eso?"
"Es un objeto mágico que detiene la descomposición y el rigor mortis de un
cuerpo al ser envuelto alrededor del mismo. Es muy útil para aquellos que usan
hechizos de resurrección."
Mientras esto sucedía, Momon se dio cuenta de que durante la respuesta de
Evileye, ella estaba teniendo problemas para envolver el voluminoso cuerpo de
Gagaran, así que decidió darle una mano levantando su cuerpo con la increíble
fuerza de sus brazos. Cuando los cuerpos estuvieron envueltos, Evileye juntó
solemnemente las palmas de sus manos, orando por las almas de los muertos y
por que Lakyus las reviva.
"Gracias por tu ayuda."
"No fue nada. Como estaba preguntando antes, ¿podrías decirme qué fue
exactamente lo que sucedió?"
Evileye asintió con la cabeza, y comenzó a relatar los eventos que habían
acontecido. Lo que sabía, lo que planeaban hacer, y la historia de su encuentro
con la sirvienta insecto y la batalla en la que Yaldabaoth hizo su entrada.
Ilustrador: So-Bin | Traductor: Erb | [Link] | Editor PDF: Lord
Overlord (オーバーロード) | Autor: Maruyama Kugane
Mientras hablaba de cómo estuvo a punto de acabar con la sirvienta insecto, un
cambio se produjo en Momon y en Nabe, que hasta ahora habían estado
escuchando su historia en silencio.
"Entonces, ¿la mataste?"
Sus palabras eran neutrales, pero la furia detrás de ellas era evidente.
Evileye se inquietó. ¿Por qué se molestaría sobre el asunto de intentar matar a
la sirvienta de Yaldabaoth? Pero decidió terminar de contar la historia.
"No, no la matamos. Yaldabaoth apareció antes de que pudiéramos hacerlo."
"... ¿Es así? Ya veo, ya veo."
La furia desapareció, y Evileye se preguntó si es que había estado molesto en
primer lugar. Sin embargo, aunque los duros ojos de la silenciosa Nabe seguían
llenos de rabia hirviente, era difícil saber si ella despreciaba a todos de esa
manera.
Momon tosió, y preguntó, "Entonces... si no hubieran intentado matar a la
sirvienta insecto, ¿crees que Yaldabaoth las habría atacado?"
Evileye se percató de inmediato del porqué de la ira de Momon. La sirvienta
insecto había sido una parte neutral, y por lo que ella sabía, el que las otras dos
la atacaran podría haber desencadenado los eventos actuales.
Era natural que los aventureros evitaran las batallas innecesarias. Si un grupo
de aventureros de primer nivel no sabía esto, sería una vergüenza para los
aventureros de rango adamantita, e incluso para Momon mismo. Ésa debía ser
la razón por la que estaba molesto. Aun así, Evileye no podía estar del todo de
acuerdo con ese razonamiento.
"Yaldabaoth dijo que convertiría la capital en un infierno. Es imposible que
una sirvienta que sigue a alguien así pueda ser una persona normal. Creo que
la decisión de luchar que tomaron mis colegas fue la forma correcta de actuar."
Eso era algo sobre lo que no podía ceder. La sirvienta había sido más fuerte
que Gagaran y Tia. Sabiendo esto, ellas habían luchado de todos modos; debía
haber una razón para eso. Ella tenía que creer que sus camaradas habían
tenido una buena razón para hacer lo que hicieron.
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La defensiva Evileye y el silencioso Momon se miraron el uno al otro, como
viendo a través de la máscara y el yelmo. Aunque ninguno podía ver el rostro
del otro, Evileye estaba segura de estar mirando a Momon a los ojos.
Al final, fue Momon el primero en ceder.
"Mm. Ah. Ya veo. Tienes razón. Me disculpo."
Agachó la cabeza ante ella. Esto conmocionó a Evileye. Aunque la confianza
que sentía en sus camaradas era firme, no podía hacer que su salvador se
humillara de esa manera.
"¡Ah! ¡Por favor, levanta la cabeza! Una persona tan maravillosa como tú
debería... ¿Ueeeeee?"
Luego de darse cuenta de lo que acababa de decir, Evileye dejó escapar un
grito patético.
Aunque era verdad que Momon era un individuo sobresaliente, cuando si
pensaba en ello, usar la palabra "maravilloso" para describirlo era...
Evileye gritó en su corazón.
(¡Aaaaah! ¡No puedo evitarlo, él es demasiado genial! ¿Está mal que vuelva a
sentirme como una niña por primera vez en cientos de años? Después de todo,
él es un guerrero poderoso y más fuerte que yo...)
Por la forma en que Evileye miraba a Momon, como una colegiala enamorada,
si él se sentía avergonzado y se lo decía, eso significaba que ella seguía teniendo
una oportunidad. Si no, sus oportunidades serían minúsculas.
El cuerpo de Evileye había dejado de desarrollarse a la edad de doce años.
Como tal, ella no contaba con ninguno de los atributos que los hombres
desearían ver. Ya sea para inducir el fuego del deseo en los demás, o para
satisfacer dicho deseo, para ella habría sido muy difícil. Por supuesto, cierto
grupo de hombres se habrían sentido muy atraídos hacía ella, pero eran una
minoría. Con una belleza como Nabe cerca, sus oportunidades parecían incluso
más escasas.
Cuando Evileye reunió el coraje para mirarlo, se dio cuenta de que por el
contrario, tanto Momon como Nabe estaban viendo el cielo nocturno.
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Al principio no sabía qué era lo que miraban, pero cuando recordó la manera
en la que se había lamentado hace un momento, lo entendió. Los dos habían
tomado su grito como una advertencia.
(¡No, no es eso!)
Sin nada qué decir, sus sentimientos la llevaron al borde de las lágrimas.
"... ¿Tal vez te equivocaste? No hay nada allí," dijo Momon mientras
examinaba el cielo alrededor.
"U-un error, fue un error. En verdad lo siento."
"Ah, no te preocupes. Es mejor estar equivocado que ser emboscado. "
Nabe envainó su espada en su espalda, mientras Momon le respondía a Evileye
con una espada en la mano.
Su gentileza dejó sin palabras a Evileye. En ese instante, algo se encendió en
una esquina de su visión. El color no era el blanco puro de la magia, sino un
rojo malévolo, el color de una hoguera ardiente.
"Momon-san, miré allá."
Cuando Nabe dijo esto, los dos se voltearon para mirar el resplandor carmesí.
Los ojos de Evileye se abrieron bajo su máscara, ya que ella sabía quién había
provocado el fuego.
"¿Qué? Eso es..."
Las llamas carmesí escupían lenguas de fuego hacia lo alto, como si su objetivo
fuese hacer arder los cielos. Fácilmente superaba los treinta metros de altura, y
ella encontraba difícil de imaginar que tan largo era; varios cientos de metros,
tal vez más.
El muro de llamas se mecía como un velo, y parecía que envolvía la ciudad
como un cinturón.
Evileye, que había quedado completamente conmocionada por la escena, oyó
una débil voz masculina en su oído.
"... ¿Llamas de Gehena?"
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Como si su cuello tuviera un resorte, Evileye giró la cabeza a un lado para
mirar a Momon.
"E, eso, qué, ¿qué es eso? Momon-sama, ¿sabes qué es esa enorme muralla de
fuego?"
Los hombros de Momon temblaron ligeramente mientras respondía, con una
inusitada falta de confianza.
"¿Eh? Ah... no, no, no estoy muy seguro de eso. ¿Podría decírtelo luego de
confirmar los detalles?"
"Está... Está bien..."
"Necesito discutir algo con Nabe, por favor discúlpanos."
"Eh, ¿no puedo estar presente también?"
"Ah, no, es algo personal. Por favor, discúlpanos."
Era algo tan básico que Evileye se sintió avergonzada por haberlo preguntado
siquiera. Sus ojos errantes se detuvieron en la mujer conocida como la Princesa
Hermosa.
Había una sonrisa triunfante en su rostro.
Evileye podría estar equivocada, pero por otra parte, podría no estarlo. Era
natural que una mujer se sintiera superior a todas las demás cuando era objeto
de la atención especial de un gran hombre.
Evileye fue incapaz de contener la extraña sensación hirviendo en su interior.
Era una rabia que ella misma encontraba desagradable; las llamas de los celos.
(No sólo es fuerte, también sabe cosas que ni siquiera yo conozco... Nunca
volveré a encontrar a un hombre como él.)
Las mujeres humanas se sentían naturalmente atraídas por los fuertes. Verse
amenazadas por una poderosa fuerza externa, activaba su instinto natural de
unirse a un hombre fuerte y de traer a sus hijos al mundo, recibiendo
protección para ella y su descendencia. Por supuesto, no todas las mujeres
escogerían a un hombre de esta manera. La personalidad, su apariencia, y
muchos otros factores podían conducir al amor. Aun así, había una inclinación
muy grande para buscar la fuerza en la pareja.
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Evileye despreciaba a ese tipo de mujeres.
(Es tonto querer ser protegida debido a que eres débil. En lugar de eso, todo lo
que necesitas es volverte fuerte, y ya no requerirás de nadie que te proteja. Así
debería ser.)
Pero si dejaba ir a un hombre como éste, ¿llegaría a conocer algún día a
alguien que pudiera satisfacerla tan plenamente como él podía?
Evileye no envejecería, pero Momon seguramente se haría viejo y moriría antes
que ella. Y sin importar cuánto lo intentara, Evileye nunca sería capaz de
concebir hijos para él. Décadas más tarde, estaría sola de nuevo. Sin embargo,
ella pensó que podría ser bueno vivir como mujer por una vez en su vida.
(Otra mujer puede dar a luz al niño. Lo más importante es el amor. Desde
luego que no le reprocharé una amante o dos.)
"Entonces, por favor espera aquí por un momento. Me disculpo por... ¿Evileye-
san?"
"¿Hm? Ahh, lo siento. Yo misma estaba pensando en algo, cosas a discutir con
mi equipo. Esperaré aquí, entonces."
A decir verdad, ella no quería alejarse de él. Pero tampoco quería estar cerca
de la hermosa mujer ante la que había admitido sinceramente su derrota.
Por supuesto, no podía decir tal cosa.
Nadie quería a una mujer que fuera demasiado pegajosa. Los hombres eran
criaturas que anhelaban la libertad mientras más intentaras retenerlos.
Evileye recordó las historias que había oído en la taberna. En ese entonces se
había burlado de ello porque pensaba que no tenía nada que ver con ella.
(Qué desperdicio. Incluso esas trivialidades tenían sus usos. Debí de haber
prestado mayor atención... ¿pero ahora será muy tarde para comenzar?
¿Tendré tiempo para aprender a cómo ser una mujer?)
Mientras observaba alejarse a las figuras de los dos aventureros, la cabeza de
Evileye comenzó a llenarse de pensamientos descabellados.
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