A pesar de las dificultades económicas y sociales, a los 26 años, en 1896, se convirtió en
una de las primeras mujeres en obtener el título de medicina en Italia.4 Más tarde estudió
antropología y obtuvo un doctorado en filosofía, época en la que asistió a uno de los
primeros cursos de psicología experimental. Desarrolló su propia clasificación de
enfermedades mentales.
Seis meses antes de su primera intervención pedagógica, el 31 de marzo de 1898, tuvo un
hijo secreto, Mario Montessori, fruto de su relación con su colega Giuseppe Montesano,
que fue enviado a ser discretamente criado por una familia en el campo.5 En 1898, en un
congreso pedagógico en Turín, expuso la importancia de la educación y atención a niños
con deficiencias mentales y planteó la relación entre el abandono infantil y el desarrollo
posterior de la delincuencia.
A partir de esta intervención el ministro de educación, Guido Bacelli, le propuso realizar
una serie de conferencias en Roma para presentar sus ideas sobre la educación de estos
niños. Posteriormente se fundó una escuela estatal de ortofonía de la que Montessori fue
directora entre 1899 y 1901.6 En este periodo integró un grupo de profesorado
especializado en la observación y la educación de menores con discapacidad.
Primeros trabajos pedagógicos (1898)
Entre 1898 y 1900 trabajó con niños considerados perturbados mentalmente. Se dio cuenta
de que estos niños tenían potencialidades que, aunque estaban disminuidas, podían ser
desarrolladas y que eran dignos de una vida mejor sin representar una carga para la
sociedad. En este momento decidió dedicarse a los niños durante el resto de su vida.
Observó a los niños de una institución para niños «ineducables» jugando con las migajas de
la comida, porque no había ningún objeto más en el sitio. Vio que no se las comían, sino
que las manipulaban y se dio cuenta de que lo que les hacía falta eran objetos para tocar,
que el ser humano tiene necesidad de actividad, de realidad, de cultivar su inteligencia y
personalidades.
María Montessori prepara el Ambiente para sus alumnos
Más tarde se trasladó a Londres y París para estudiar nuevas metodologías. De regreso a
Roma continuó con sus observaciones, elaboró un método fundamentado en los principios
de Jean Marc Gaspard Itard y Édouard Séguin7 e inició una serie de nuevas experiencias en
el ámbito de la lecto-escritura, un método que resultó positivo en menores con
discapacidad.2 El conjunto de sus investigaciones le dio posibilidad de ocupar la cátedra de
antropología pedagógica en la Universidad de Roma, en la que se dedicó a la enseñanza
durante varios años.