INDICE
Contenido
INDICE...........................................................................................................2
BIOGRAFÍA DEL AUTOR..............................................................................1
I. Juan Carlos Hidalgo.............................................................................1
INTRODUCCIÓN...........................................................................................2
OBJETIVO.....................................................................................................3
DESARROLLO DEL TEMA...........................................................................4
ANÁLISIS CRÍTICO.....................................................................................13
CONCLUSIÓN.............................................................................................15
BIOGRAFÍA DEL AUTOR
I. Juan Carlos Hidalgo
Juan Carlos Hidalgo nació el 17 de enero de 1980 en Ciudad Quesada, San
Carlos, Costa Rica, en un hogar encabezado por su madre soltera y rodeado de
su familia. Desde joven mostró un gran interés por la política internacional,
motivado en parte por los conflictos en Nicaragua durante los años ochenta y la
Guerra Fría. Su trayectoria académica comenzó en la escuela Juan Chaves Rojas
y continuó en el Liceo San Carlos, donde cultivó su pasión por la historia y la
política.
Hidalgo estudió Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de Costa
Rica, complementando su formación con una experiencia laboral en la Asamblea
Legislativa. Posteriormente, se trasladó a Washington, D.C., donde trabajó como
editor en el Cato Instituto. Allí adquirió un conocimiento profundo sobre desarrollo
económico y política internacional, lo que lo llevó a realizar una maestría en
Comercio y Política Pública Internacional en George Mason University. Su labor en
el Cato Institute le permitió convertirse en un reconocido analista de América
Latina, colaborando con importantes medios internacionales.
Después de 14 años en Washington, Hidalgo decidió regresar a Costa Rica para
involucrarse en la política nacional y contribuir a la solución de problemas sociales
y económicos del país. Su experiencia como columnista y conferencista, junto a su
trabajo en diversos medios, lo consolidó como un referente en temas de
actualidad.
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INTRODUCCIÓN
La lucha contra las drogas ha sido un tema de gran controversia y debate en las
últimas décadas, particularmente desde que el presidente Richard Nixon iniciara la
guerra contra las drogas en 1970. A pesar de más de 40 años de esfuerzos que
incluyen la prohibición y la militarización de la lucha, los resultados han sido
desalentadores. En lugar de disminuir el consumo y la producción de drogas, la
prohibición ha convertido el narcotráfico en un negocio altamente lucrativo y
violento, generando corrupción y violencia en numerosos países, especialmente
en América Latina. Este informe explorará los fracasos de la guerra contra las
drogas, analizando cómo la estrategia de prohibición ha fallado en alcanzar sus
objetivos y ha exacerbado el problema del abuso de sustancias. El informe se
estructurará de la siguiente manera: primero, se presentará el objetivo, donde se
establecerá la finalidad de examinar el impacto de la guerra contra las drogas y la
necesidad de un cambio en la política actual. En el apartado de desarrollo del
tema, se abordarán los antecedentes históricos y las dinámicas actuales del
narcotráfico, así como los efectos sociales y económicos de la prohibición. A
continuación, el análisis crítico evaluará las consecuencias de la guerra contra las
drogas, incluyendo la violencia, la corrupción y la ineficacia de las políticas
implementadas. Finalmente, en la conclusión, se reflexionará sobre la importancia
de reconsiderar las estrategias de control de drogas, considerando alternativas
como la despenalización y legalización, basándose en ejemplos internacionales
que han mostrado resultados más positivos.
Al finalizar, este informe espera contribuir al entendimiento de la complejidad del
problema de las drogas y fomentar un debate más informado sobre las posibles
soluciones, reconociendo que el enfoque prohibicionista ha demostrado ser
ineficaz y perjudicial para las sociedades afectadas.
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OBJETIVO
Analizar el ensayo sobre la Guerra de las drogas para identificar las falencias de
dicha estrategia mediante un informe.
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DESARROLLO DEL TEMA
El fracaso de la guerra contra las drogas
Juan Carlos Hidalgo, en este texto de su presentación ante la II Conferencia
Latinoamericana sobre Política de Drogas, asevera que ya es hora de que
caigamos en cuenta de que la Prohibición es un enfoque equivocado al problema
del abuso de las drogas.
Esta es la ponencia dada el 27 de agosto de 2010 en la “II Conferencia
Latinoamericana sobre Política de Drogas". Aquí puede obtener el ensayo en
formato PDF.
Hace poco más de 40 años, el entonces presidente Richard Nixon lanzó la guerra
internacional contra las drogas. La prohibición sobre ciertos estupefacientes ya era
de larga data en [Link]. En 1914 el Congreso de ese país prohibió la cocaína, la
heroína y drogas relacionadas. En 1937 fue el turno de la marihuana. Sin embargo
es debatible el alcance en que las autoridades estadounidenses hacían cumplir
estas leyes. Todo eso cambió en 1969 con la declaración de Nixon.
Estas no fueron las únicas sustancias en ser prohibidas en [Link]. a inicios del
siglo XX. En 1919 se ratificó en dicho país la XVIII enmienda a la Constitución, la
cual prohibió la fabricación, venta, transporte e importación de las bebidas
alcohólicas en el territorio estadounidense. Una década más tarde, la llamada
Prohibición era un fracaso ante ojos de propios y extraños. Lo que antes era un
negocio formal degeneró en un mercado negro altamente lucrativo y muchas
veces violento. Bandas criminales poderosas luchaban en las calles por el control
del mercado, al tiempo que corrompían a las autoridades. Fue el surgimiento de
mafiosos emblemáticos como Al Capone. La Prohibición también dio paso a la
aparición de licores más fuertes ya que su potencia los hacía más lucrativos para
ser contrabandeados. Las condiciones insalubres y la falta de controles de calidad
sobre el alcohol —el cual continuó siendo consumido por un sector importante de
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la población— causaron la muerte de miles de estadounidenses por intoxicación y
envenenamiento.
La Prohibición había fracasado en lograr su objetivo ilusorio de impedir que los
estadounidenses consumieran alcohol, y más bien sus efectos secundarios —
violencia, corrupción, insalubridad— probaron ser más perniciosos que los males
relacionados al alcoholismo. En 1933, mediante la ratificación de la XXI enmienda
a la Constitución, [Link]. acabó con el fallido experimento de la prohibición del
alcohol. Sin embargo, y no en menor medida debido a prejuicios raciales, las leyes
sobre el consumo de otras sustancias permanecieron intactas. La prohibición de la
cocaína se mantuvo puesto que iba dirigida a los afro-estadounidenses. La de la
marihuana a los mexicanos. La del opio a los chinos.
Es imposible no establecer paralelos entre la experiencia de la Prohibición en
[Link]. con lo que actualmente se vive en dicho país y en nuestra región con la
Guerra contra las Drogas. La prohibición de las drogas ha hecho del narcotráfico
un negocio extremadamente lucrativo. Esto se debe a que el precio de una
sustancia ilegal se determina más por el costo de la distribución que por el costo
de la producción. Por ejemplo, en el caso de la cocaína, el precio de la hoja de
coca en el campo y lo que paga un consumidor en las calles estadounidenses por
el polvo blanco aumenta en más 100 veces. Dependiendo de la droga, el 90 por
ciento o más del precio minorista del estupefaciente corresponde a la prima
generada por la prohibición.
Jorge Castañeda y Rubén Aguilar en su libro El Narco: La guerra fallida, ilustran
cómo el precio de la cocaína va exponencialmente en aumento conforme se
acerca a su destino final en [Link]. De acuerdo a información recabada por los
autores, el kilo de cocaína pura se vendía en Colombia a aproximadamente
$1.600. Ese mismo kilo aumentaba su precio hasta $2.500 al llegar a Panamá.
Una vez en la frontera norte de México ya costaba $13.000, y en [Link].
aumentaría a $20.000. Luego, en las calles de las principales urbes
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estadounidenses, ese mismo kilo podría llegar a venderse al menudeo en
$97.000.
Por esta razón, los márgenes de ganancia de los carteles de la droga son
enormes. De acuerdo a algunos estimados, una organización narcotraficante
puede perder el 90 por ciento de su carga y aún así permanecer lucrativa. Según
cifras de las Naciones Unidas, el comercio mundial de estupefacientes alcanza los
$320.000 millones al año.
El término bélico dado a la lucha contra el tráfico de drogas no es exagerado.
Particularmente en nuestros países, miles de vidas se pierden todos los años en
violencia relacionada al narcotráfico. El más reciente estimado en México apunta a
28.000 asesinatos desde que el presidente Felipe Calderón declaró la guerra a los
carteles de la droga en diciembre del 2006. La mayoría de las víctimas son
personas ligadas al negocio del narcotráfico, sin embargo la cantidad de civiles
inocentes ultimados en tiroteos va en aumento.
Los ingresos producto del tráfico internacional de drogas también han servido para
financiar a grupos terroristas como las FARC en Colombia o el Sendero Luminoso
en Perú, organizaciones con una comprobada capacidad de atacar objetivos
civiles mediante secuestros y atentados. De tal forma, la guerra contra las drogas
no solo genera víctimas entre los traficantes, vendedores o consumidores de
estupefacientes, sino también entre personas inocentes que se encontraban en el
lugar equivocado a la hora equivocada.
Al igual que con la Prohibición hace 80 años, la guerra contra las drogas ha
conducido a la producción de narcóticos potentes de baja calidad sanitaria, con
efectos mortales sobre sus consumidores. Un estudio de James Ostrowski para el
Cato Institute hace unos años encontró que el 80 por ciento de las muertes
relacionadas al consumo de drogas son en realidad causadas por factores del
mercado negro, como la ausencia de dosis estandarizadas de las sustancias.
En [Link]. la militarización de la lucha contra las drogas va en aumento. Cada día,
más de 100 casas a lo largo del país son allanadas por equipos policiales
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paramilitares SWAT, muchos de estos operativos a altas horas de la noche o
temprano en la madrugada. Desde inicios de los ochenta el número de
allanamientos de los equipos SWAT ha aumentado en 1.300 por ciento, de 3.000
al año en 1981 a 40.000 en el 2001 (una cifra que probablemente es mucho más
alta en la actualidad). No todos estos operativos terminan de la mejor manera. Una
investigación de Radley Balko de la revista Reason, identificó 300 casos en que
los equipos SWAT allanaron una casa equivocada. En 40 de ellos fue asesinada
una persona totalmente inocente. Hay docenas de casos más en que
transgresores no violentos (consumidores ocasionales de drogas) también fueron
ultimados.
La guerra contra las drogas también afecta de manera permanente la vida de
cientos de miles de personas más. En [Link]. todos los años se arresta a 1,5
millones de individuos por ofensas a las leyes anti-narcóticos. Desde 1989 se ha
encarcelado a más gente por este tipo de transgresiones que por todos los demás
crímenes violentos juntos. La tasa de encarcelamiento en [Link]. es la más alta
del mundo —superior incluso a la de países totalitarios como China. Los
estadounidenses encarcelan a una tasa 4 ó 7 veces superior a la de otras
democracias occidentales como el Reino Unido, Francia o Alemania.
Todo este esfuerzo representa también una alta erogación fiscal. En total, el costo
de la guerra contra las drogas en [Link]. ronda los $40.000 millones anuales si se
toman en cuenta los gastos que se realizan en todas las agencias federales y
estatales en materia de política sobre drogas.
Sin embargo, la carga más pesada recae sobre los países menos desarrollados
como los latinoamericanos. Un informe reciente del Banco Mundial señaló que “los
costos de la prohibición caen desproporcionadamente sobre los países en
desarrollo que tradicionalmente crecen cultivos asociados con la producción de
drogas. Estos costos varían desde la expropiación directa de la riqueza de los
productores agrícolas que cosechan estos cultivos hasta la inestabilidad
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institucional causada por las organizaciones criminales que distribuyen estas
drogas”.
En ningún lugar es más patente esta inestabilidad institucional que en México,
donde la corrupción y violencia relacionada al narcotráfico es cuestión de todos los
días. A diferencia de Colombia, que también vivió su pesadilla de violencia en los
ochenta y los noventa, México no cuenta actualmente con la capacidad
institucional para hacerle frente a los poderosos carteles de la droga. El ejército
mexicano históricamente ha sido mal equipado y sus funciones han estado más
enfocadas a labores de rescate en casos de desastres naturales que a combates
armados contra grupos irregulares. Hasta hace pocos años, México no contaba
con una policía nacional, por lo que la lucha contra los narcotraficantes recaía en
las 32 policías estatales y las más de 2.500 municipales, las cuales representan
una fuerza muy fraccionada, mal preparada —y en muchas ocasiones corrupta—
para esta batalla. Por ejemplo, de acuerdo al secretario de Seguridad Pública de
México, los carteles gastan $1.200 millones al año para comprar la voluntad de
165.000 oficiales de policía en todo el país.
El negocio de la droga en México representa aproximadamente $39.000 millones
anuales, por lo que los carteles de la droga cuentan con el dinero suficiente para
armarse hasta los dientes. Es una lucha desigual donde las fuerzas de la
seguridad mexicanas llevan las de perder. Aún con la colaboración de [Link]. —
cuya asistencia tiene límites debido al recelo que provoca cualquier presencia
militar estadounidense en México— los carteles de la droga cuentan con la
ventaja. El Plan Mérida aprobado hace unos años por el Congreso de [Link].
daría $1.400 millones en cooperación en la lucha anti-drogas, dinero al que
también tendrían acceso los países centroamericanos. Esto es una fracción del
capital que manejan las organizaciones narcotraficantes.
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A la hora de evaluar la guerra contra las drogas, la interrogante radica entonces en
si todas estas vidas perdidas, dinero, violencia, corrupción y erosión de libertades
civiles están al menos logrando el objetivo de frenar el consumo de drogas en la
población. Para eso, basta con citar la primera oración del informe “Evaluación
nacional de la amenaza de las drogas 2010” elaborado por el departamento de
Justicia de [Link].: “En general, la disponibilidad de drogas ilícitas en [Link]. está
en aumento”.
Los números no mienten. En el 2007 —último año para el cual hay datos
disponibles— el precio al detalle de un kilogramo de cocaína pura en las calles
estadounidenses era el más bajo jamás registrado, e incluso un 22 por ciento
inferior al de 1999, año en que se lanzó el Plan Colombia con el objetivo de
detener la producción de cocaína en dicho país.
Si bien la zona sembrada por coca en Colombia ha caído en un 60 por ciento en la
última década, los avances tecnológicos en la producción de cocaína han
facilitado que la productividad vaya en crecimiento. El rendimiento por hectárea
sembrada ha aumentado en casi dos tercios desde el 2000, como reportara
recientemente The Economist. De tal forma, hay menos área sembrada con coca
en Colombia, pero la cantidad de cocaína producida sigue siendo la misma. Más
aún, durante el mismo lapso la siembra de coca se ha disparado en Perú (55 por
ciento) y en Bolivia (42 por ciento). Según estimados de las Naciones Unidas, es
probable que Perú ya haya superado a Colombia como el principal productor
mundial de coca.
La razón por la que la oferta es tan versátil radica en que la demanda es bastante
estable. [Link]., por supuesto, sigue siendo el principal consumidor de drogas
ilegales en el mundo. Tan solo en el 2008, más de 25 millones de
estadounidenses mayores de 12 años (un 14 por ciento de la población) admitió
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haber consumido alguna droga ilícita o un medicamento controlado sin
prescripción médica. Un 82 por ciento de los estudiantes de último año de
secundaria en dicho país admite que le es “muy fácil” o “relativamente fácil”
obtener marihuana.
Si bien el mercado estadounidense es el más importante, no es el único que
cuenta. El consumo de drogas ha ido en aumento en otras regiones como Europa
del Este y Asia Central, e incluso en Medio Oriente. Esto indica que, aún si [Link].
lograra controlar el consumo de drogas ilícitas en su territorio (algo que no ha
conseguido en más de 40 años de la guerra contra las drogas), otras regiones en
donde el consumo está subiendo podrían sustituir cualquier hueco en la demanda.
De tal forma, habrá demanda para rato, y por ende, también habrá oferta.
Claramente, el enfoque prohibicionista de la guerra contra las drogas ha
fracasado. Y si bien el debate para un cambio de estrategia es prácticamente
inexistente a nivel gubernamental en [Link]., en otras regiones eso está
cambiando.
Hace unas semanas el presidente mexicano Felipe Calderón causó revuelo al
aceptar por primera vez que era necesario tener un debate público y abierto sobre
la legalización de las drogas, algo a lo que se había negado hasta ese momento.
Según un editorial del periódico El Universal, el cambio de actitud de Calderón
tuvo que ver con una reunión que sostuvo días antes con Juan Manuel Santos, el
entonces presidente electo de Colombia. De acuerdo a fuentes del periódico,
Santos le dijo a Calderón que el narcotráfico no está bajo control en el territorio
colombiano y que México debería ser el país que lidere un debate público acerca
de la legalización o despenalización de las drogas. Días después del anuncio de
Calderón, el ex presidente mexicano Vicente Fox anunció que lanzaba una
campaña para promover la legalización de la producción, la comercialización y el
consumo de las drogas.
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A ellos se les suman los ex presidentes Fernando Enrique Cardoso de Brasil,
César Gaviria de Colombia y Ernesto Zedillo de México, quienes fueron los
primeros ex jefes de Estado en hacer un llamado para “romper el tabú” de discutir
alternativas a la prohibición de las drogas, dentro de las cuales sugirieron la
despenalización de la marihuana. Dentro de este contexto, el caso de Portugal ha
recibido particular atención. En el 2001 ese país se convirtió en la primera nación
en despenalizar oficialmente el consumo de todas las drogas, incluyendo la
cocaína y la heroína. Un estudio del Glenn Greenwald publicado el año pasado
por el Cato Institute encontró que “la despenalización no había tenido efectos
adversos en las tasas de consumo de drogas en Portugal”, las cuales “en muchas
ocasiones se encuentran ahora entre las más bajas de la Unión Europea”.
El estudio encontró que el nivel de narcotráfico, medido por el número de
convicciones relacionadas al tráfico de drogas, también había caído. Y la
incidencia de otros problemas relacionados con las drogas, incluyendo el número
de enfermedades transmitidas sexualmente y las muertes por sobredosis, ha
“declinado dramáticamente”. El porcentaje de usuarios de heroína que se inyecta
la droga cayó del 45 por ciento antes de la despenalización al 17 por ciento
actualmente, ya que la nueva ley facilita los programas de tratamiento. Esto ha
contribuido para que los drogadictos representen actualmente el 20 por ciento de
los casos de VIH en Portugal, un número significativamente inferior al 56 por
ciento antes de la ley. Además, ya que los drogadictos ya no temen a ser
castigados como criminales, un número creciente de ellos busca ayuda. El número
de adictos registrados en programas de sustitución de drogas aumentó de 6.000
en 1999 a 24.000 en el 2008, todo esto, vale enfatizar, sin que se presentara un
aumento en el consumo de drogas.
La experiencia de Portugal demuestra que hay ejemplos sensibles en política
sobre drogas. Sin embargo la despenalización, si bien es un paso en la dirección
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correcta, no elimina el mercado negro en la producción y comercialización de las
drogas. Eso sólo lo logra la legalización.
Al legalizar las drogas, los gobiernos obtienen más control sobre el mercado de
estupefacientes al poder regular y gravar la producción y venta de los narcóticos,
como actualmente ocurre con el tabaco y el alcohol. El dinero derivado de los
impuestos sobre las drogas les permitiría a los gobiernos brindarles tratamiento a
los adictos. Al igual que con la despenalización, la legalización permitiría enfrentar
de mejor manera el flagelo de la drogadicción al remover el estigma criminal de los
adictos y tratarlos como pacientes.
Sin embargo, la mayor ventaja de la legalización es que ahuyentaría en gran
medida a los elementos criminales del negocio de las drogas, disminuyendo, sino
eliminando del todo, la violencia, el crimen y la corrupción asociados con la
prohibición.
Ningún proponente de la legalización ha dicho que ésta sea una panacea. Sin
embargo, sí es substancialmente mejor que el fracaso patente de la guerra contra
las drogas. La legalización no es una solución al “problema de las drogas”. La
drogadicción continuará siendo un flagelo. Pero así como la prohibición del alcohol
resultó ser un enfoque equivocado al problema del alcoholismo, de igual forma la
guerra contra las drogas ha sido un enfoque errado al problema del abuso de las
drogas. Ya es hora de que caigamos en cuenta.
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ANÁLISIS CRÍTICO
El análisis crítico del texto de Juan Carlos Hidalgo sobre el fracaso de la guerra
contra las drogas revela varios puntos clave que cuestionan la efectividad del
enfoque prohibicionista y sugieren la necesidad de replantear las políticas
actuales.
Historia y Contexto: Hidalgo establece un paralelismo entre la Prohibición del
alcohol en [Link]. y la guerra contra las drogas, argumentando que ambos
enfoques han generado más problemas de los que han resuelto. La Prohibición
llevó a un mercado negro violento y a la corrupción, lo que sugiere que la
prohibición de las drogas puede estar produciendo efectos similares.
Efectos Económicos: Se destaca que la prohibición ha creado un mercado negro
extremadamente lucrativo, donde los precios de las drogas son inflados debido a
su ilegalidad. Esto no solo beneficia a los narcotraficantes, sino que también
perpetúa la violencia y la corrupción, dado que los carteles pueden operar con
márgenes de ganancia enormes, incluso con pérdidas significativas.
Consecuencias Sociales y de Salud: El texto menciona que la guerra contra las
drogas ha resultado en una mayor violencia y un aumento de las muertes
relacionadas con el consumo de sustancias. La militarización de la lucha
antidrogas ha llevado a situaciones donde civiles inocentes se ven atrapados en
conflictos, lo que incrementa la sensación de inseguridad y desconfianza hacia las
instituciones.
Ineficacia del Enfoque Prohibicionista: Hidalgo subraya que a pesar de la enorme
cantidad de recursos destinados a la guerra contra las drogas, la disponibilidad y
el consumo de drogas ilícitas han aumentado en [Link]. Esto indica que la
estrategia actual no está funcionando y que la demanda permanece constante a
pesar de los esfuerzos por reducirla.
Necesidad de Nuevas Estrategias: A medida que figuras políticas en
Latinoamérica comienzan a considerar la despenalización y la legalización, el
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autor propone que estas podrían ser soluciones más efectivas. El caso de Portugal
se utiliza como ejemplo de cómo la despenalización ha reducido tanto el consumo
como los problemas relacionados con las drogas, sugiriendo que un cambio en el
enfoque podría ser beneficioso.
Conclusión: El análisis de Hidalgo es contundente en señalar que la guerra contra
las drogas, tal como se ha llevado a cabo, es un enfoque fallido que ha generado
violencia, corrupción y problemas de salud pública. La necesidad de un debate
abierto sobre la legalización y otras alternativas a la prohibición es urgente,
considerando que los modelos existentes han demostrado ser ineficaces. El texto
invita a reflexionar sobre la importancia de adoptar políticas basadas en la
evidencia y el bienestar social, en lugar de mantener estrategias que perpetúan el
ciclo de violencia y sufrimiento.
CONCLUSIÓN
En resumen la guerra contra las drogas ha demostrado ser un enfoque
fallido que, en lugar de resolver los problemas asociados al consumo y tráfico de
estupefacientes, ha generado un ciclo de violencia, corrupción y sufrimiento. A
través del análisis del ensayo, se evidencian múltiples falencias en esta estrategia,
como el incremento del narcotráfico y el descontrol de la producción de drogas,
que contradicen el objetivo original de reducir el consumo.
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