🌙 "Susurros de Eternidad" 🌿
En los albores del mundo, cuando los dioses aún caminaban entre los hombres, existía un
dios que gobernaba los sueños: Nyros , el Señor de la Noche y los Susurros. Desde su trono
en el firmamento, tejía los sueños de los mortales con hilos de plata, dándoles visiones de
amor, temor y esperanza.
Pero un día, entre todos los sueños que él tejía, uno le llamó la atención. Era el sueño de
una joven mortal llamada Lyria , cuyo corazón anhelaba algo que ni siquiera ella
comprendía. Cada noche, Nyros se asomaba a sus sueños, viendo cómo ella vagaba por
prados dorados, buscando a alguien que no conocía.
Intrigado y cautivado por su alma, Nyros decidió descender a la tierra, adoptando la forma
de un hombre de ojos oscuros y piel luminosa. Se acercó a Lyria en un bosque iluminado
por la luna, donde ella solía caminar al atardecer.
—¿Quién eres? —preguntó ella al verlo, sintiendo un escalofrío recorrer su piel.
—Un viajero en la noche —respondió Nyros con una sonrisa enigmática—. He venido a
buscar a alguien que me ha llamado en sus sueños.
Lyria se sintió inexplicablemente atraída por él. Cada noche, él volvía a encontrarla,
hablaban bajo las estrellas, y ella comenzó a amarlo sin saber que él no era un simple
hombre, sino un dios.
Pero los dioses son celosos de su propia naturaleza. Cuando la diosa del Alba, hermana de
Nyros, descubrió su amor por un mortal, sintió ira.
—No puedes amarla —advirtió la diosa—. Los dioses y los mortales no deben mezclarse.
Pero Nyros desafió a los suyos, jurando que su amor era más fuerte que cualquier ley
divina. Sin embargo, el castigo de los dioses fue cruel: Lyria enfermó misteriosamente, su
cuerpo mortal debilitándose cada día.
Desesperado, Nyros descendió al inframundo para suplicar por su alma, pero la respuesta
fue clara: los mortales no podían vivir para siempre.
—Si realmente la amas —dijo el Señor del Inframundo—, debes elegir: dejarla ir o
renunciar a tu divinidad para vivir como un mortal junto a ella.
Sin dudarlo, Nyros abandonó su inmortalidad, convirtiéndose en un hombre común. Corrió
hasta donde yacía Lyria, tomándola en sus brazos. Al sentir su calidez, ella abrió los ojos y,
por primera vez, vio al hombre que había aparecido en sus sueños todas las noches.
—Te he esperado —susurró ella, y él la besó, sellando su destino.
Desde entonces, Nyros y Lyria vivieron juntos, y aunque su vida fue breve comparada con
la eternidad, fue llena de amor. Y cuando ambos partieron de este mundo, sus almas se
convirtieron en dos estrellas que brillaban juntas en el cielo nocturno, grabándole a todos
que incluso los dioses pueden rendirse ante el amor.
✨ Fin. ✨