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Encuentro Mágico en la Infancia

La historia narra la conexión entre dos niños, el protagonista y una niña de cabello dorado, que se encuentran en momentos significativos de sus vidas. A medida que el protagonista enfrenta la rutina de la infancia, su deseo de volver a ver a la niña se convierte en una obsesión, mientras lidia con la amistad y el miedo tras un accidente de su mejor amigo, Daniel. La narrativa explora temas de amor infantil, la inocencia y el impacto de eventos inesperados en la vida cotidiana.
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Encuentro Mágico en la Infancia

La historia narra la conexión entre dos niños, el protagonista y una niña de cabello dorado, que se encuentran en momentos significativos de sus vidas. A medida que el protagonista enfrenta la rutina de la infancia, su deseo de volver a ver a la niña se convierte en una obsesión, mientras lidia con la amistad y el miedo tras un accidente de su mejor amigo, Daniel. La narrativa explora temas de amor infantil, la inocencia y el impacto de eventos inesperados en la vida cotidiana.
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SINOPSIS

Dos almas rozándose entre sí, caminando por los caminos sinuosos de la oscuridad. Un
futuro les espera a ambos en su travesía, solos no estarán si se tienen el uno al otro, pero
lo inesperado es parte de la vida, solo puedes darte el lujo de vivir gracias a las subidas
y bajadas. Un mar de sangre los espera, una espesa tristeza descansará en un solo
corazón.
CAPÍTULO I

ÁNOIGMA

Una tarde nublada y triste, jugaba fútbol como siempre, con mis amigos de la cuadra. El
partido estaba aburrido y mis ganas de tocar el balón eran nulas. Daniel, mi mejor
amigo, estaba aburrido y decidió patear el balón desinflado hacia la calle, yo con el
alma al piso, decidí ir a buscarlo y por inminente flojera y desatención perdí por un
momento donde había caído el balón de Daniel; cuando de pronto noto al voltearme a
una niña vestida con un delicado vestido blanco y hermoso cabello dorado, levantar el
balón desinflado y mugriento de barro del suelo, camino hacia mí y me dijo con un tono
muy sumiso.

- ¿Esto es tuyo verdad?

Por un momento me quede sin voz, quizás sus ojos azules amarraron mis pensamientos
y dificultaron mi habla. Hasta que esquive su mirada un poco y pude hablar aunque con
una extraña dificultad.

- ¡sí! Si di digo no, eh, es de mi amigo

Tome el balón y sentí un escalofrío pasar por mi cuerpo, fue leve aunque me extrañó...
Nunca me había pasado eso con nadie, ni siquiera con Laura la chica más guapa de la
cuadra que una vez me llamo por mi nombre para pedirme que le regalara un dulce.

Simplemente dije gracias y me retire rápido corriendo y pateé el balón hacia la cancha,
me volteé levemente para observarla otra vez, aunque solo mostró su espalda y largo
cabello dorado brillante. Poco tiempo después me despedí de mis amigos y regrese a
casa, entre al cuarto y lo primero que note fue mi corazón golpeándome el pecho como
martillo, puse mi mano en él y solo así se pudo calmar un poco. Esa noche mi sueño
solo se redujo en sus ojos y su voz tan suave y delicada. Era como si esa tarde aburrida
y triste se transformara en una radiante y llena de luz.

Al día siguiente me levanté para ir a jugar con mis amigos de siempre deseando volver a
ver a la niña del vestido blanco de la otra vez. Me pase por casa de Daniel pues es el
dueño del balón sin él no jugamos, toque la puerta de su casa y me abrió él mismo con
una gran sonrisa en su rostro, resulta ser que su padre le regaló un balón de futbol al
llegar del trabajo. Su emoción me contaminó de inmediato. Salimos rápidamente a fuera
y nos dirigimos a la cancha, ni siquiera pasamos por Juan para invitarlo a jugar.

Llegamos a la cancha y comenzamos a jugar, rápidamente los demás niños de la cuadra


salieron corriendo a jugar con nosotros al ver el balón nuevo y reluciente. Aunque el
partido estuvo entretenido, no vi a la niña de la otra vez, quizás estaba un poco eufórico
por verla de nuevo.

Pasó el tiempo, alrededor de un mes y seguía sin saber nada de la niña del cabello
dorado. Mi cumpleaños número 6 simbolizó mi inicio al jardín de infancia, mi madre
me llevo junto con mi mejor amigo, Daniel. Ambos íbamos jugando y corriendo por la
acera, estábamos más pendiente de jugar que de otra cosa, cuando un grito de mi madre
calmó el juego entre ambos. Ya habíamos llegado y mi madre me entrego a la maestra,
me dio un beso en la mejilla bastante vergonzoso y se marchó. Daniel y yo seguimos
caminando juntos y nos sentamos uno al lado del otro, la maestra nos dio crayones para
realizar la tarea, la cual era dibujar algo que nos gustara, yo dibuje un chico jugando
futbol y Daniel dibujo lo mismo, ambos reíamos, Daniel tomo dos crayones y se los
introdujo en la nariz para hacerme reír aún mas, cuando de pronto la maestra del salón
de al lado llamo a nuestra maestra la señorita Anna, ella salió un momento del salón de
nosotros y dejó la puerta entreabierta y fue allí cuando la vi... Era ella, no había dudas, a
nadie en el mundo se le olvidaría su rostro. Me sucedió lo mismo otra vez, no sabía
porque me aceleraba tanto al verla, es solo una niña más, pero algo en mi mente me
decía que no, que había una especie de hechizo mágico en su mirada que ataba mi vista
a la suya. De pronto sentí un fuerte golpe en el brazo, era Daniel frustrado ya que no le
había prestado atención a sus payasadas por un rato.

- ¡oye! Que pasa, se supone que estamos jugando.

- aah si, lo siento... ¿Que estamos jugando?

- ¡vez que no me estas prestando atención!

- ahora lo estoy haciendo, no te parece.

- olvídalo ya no quiero jugar contigo

- vamos no te molestes por eso, es que solo me distraje un momento discúlpame


-mmm

- vamos anda no me dejes así

- está bien, acepto tus disculpas, pero ahora ya sabes las reglas

- ¿reglas? ¿Cuáles?

- si un amigo falta al otro, debe cumplir una penitencia para compensar su error

- Aaah jajaja se me había olvidado eso

- bien, pues ahora te tocara pararte de manos

- mmm, debe ser ahora

-¡claro! ¡Por supuesto que sí!

- aahg ¡está bien!, ¡lo haré!

Después de realizar la penitencia de Daniel y hacer el ridículo en público, seguí con mi


dibujo, me concentré en él, realmente me esforcé para sorprender a la maestra Anna. Al
culminarlo lo miré y me gusto mucho, estaba satisfecho con el resultado. Observé que la
maestra comenzó a pasar por los asientos de cada uno evaluando los trabajos realizados,
solo quería sorprenderla y al llegar a mi asiento se acercó a mí, tomo la hoja y observó
el dibujo, no sé porque pero volteé la mirada en ese instante, quizás fueron los nervios
pero al voltearme estaba la niña del cabello dorado justo allí con una mujer agarrada de
la mano, probablemente era su madre, pero eso no fue lo que me sorprendió, lo que me
dejó extrañado, fue que ella estaba observándome fijamente y una sutil sonrisa se dejó
ver en su rostro, yo me puse muy nervioso y me volteé inmediatamente, justo cuando la
maestra Anna estaba avisando que se había acabado la clase y que en cualquier
momento nuestros padres llegarían. Le pregunté a Daniel si la profesora se sorprendió al
ver mi dibujo ya que nunca vi su reacción después de todo.

- Eeeh no la viste. Dijo que estaba muy bien.

- ¡Sí! jaja ¡lo logré!

- Aunque eso nos dijo a todos. Yo también pensé que me diría algo más

- (supongo que será para la próxima).


Llego mi madre y Daniel y yo nos marchamos a casa, en el camino no dejaba de pensar
en aquello que me paso, no me explico porque ella me estaba observando, es algo que
no dejaba de rondar mí mente. Al llegar a casa, me despedí de Daniel y me fui a
descansar a mi habitación, estando en ella seguía en mi cabeza dos preguntas, ¿Porque
me estaba observando? y ¿Porqué su sonrisa?

A las 5 de la tarde después de bañarme me fui a casa de Daniel para invitarlo a jugar,
eso lo hacía todos los días, pero al llegar a su casa, su madre salió diciéndome que él
estaba un poco enfermo y no podía salir a jugar conmigo, yo sabía que era una mentira y
aún así le pregunté si podía prestarme su balón de futbol, a lo que respondió con un
rotundo no. Al ver su cara de molestia me marche hacia mi casa, estaba muy molesto,
en el camino, encontré una botella de vidrio vacía y decidí patearla lejos, la botella cayó
hacia la acera dando vueltas, me detuve un poco, tome impulso y salí corriendo hacia
ella y la pateé con toda la fuerza que tenía, la botella pego contra la otra acera y se
reventó, el ruido del golpe y los vidrios dispersándose en el suelo alertaron a los
vecinos, así que por miedo a que se dieran cuenta de que había sido yo, salí corriendo a
mi casa y subí a mi cuarto de prisa esquivando a mí madre, la cual estaba muy
entretenida cocinando. Al asomarme en la ventana, cuidadosamente, vi que los vecinos
se acercaron al sitio de inmediato y comenzaron a señalar lugares erróneos, lo cual me
dio un poco de risa, pero entre más gente llegaba más miedo tenía de que me
descubrieran, y allí, justo allí, la vi otra vez junto a la misma mujer de hoy, a pesar de
los nervios que tenía por la situación, me entró una felicidad, como ver un regalo en el
árbol de Navidad, mi emoción cada vez que la veo es fascinante, pero aún no me
explico porque solo me pasa con ella.

Los días fueron pasando y el aprendizaje almacenando, pero a pesar de que mis días
eran en parte iguales a los de siempre, con Daniel haciendo sus payasadas, mamá
aprendiendo recetas de cocina que nunca realizaba y las caras de fastidio de la señorita
Anna al dar sus clases, noté que algo me faltaba, no sabía a ciencia cierta qué era lo que
me mantenía en un estado de insatisfacción todos los días después del jardín de infancia.
Esperaba quizás a alguien o quería ver a alguien, ese alguien no salía de mi mente, por
más que me esmeré para sacar esos pensamientos de mí cabeza. La niña del cabello
dorado no se había hecho presente en mis días por un buen tiempo, y quizás ese detalle
hacia mis días agridulces. No me explico, por qué la veo tan pocas veces, si se supone
que estudiamos en la misma escuela, tal vez este prestándole atención a algo irrelevante,
pero no puedo ignorarlo simplemente, como lo haría con otras cosas.

Pasó otro mes y seguía sin poder verla, no sé en qué país se escondió o si la tierra se la
tragó con piel y cabello. Llego el jueves y tenía un partido con mis amigos muy
importante, después de salir de la escuela jugaríamos con los de la otra cuadra, ello son
nuestros rivales y de vez en cuando nos retan a un partido en su cancha, a lo que
nosotros siempre respondemos con un rotundo Sí. El partido había llegado y al salir de
la escuela, junto con Daniel conversábamos de todas la posibles jugadas que haríamos
para vencerlos y dejarlos en ridículo.

- Sabes Daniel estoy pensando en dejar que ataquen bastante al principio.

- ¿Por qué? Así nos anotaran un gol muy fácil, lo mejor será ir a por esos malditos y
acribillarlos a goles.

- ¡Niños Cuiden sus palabras!

Dijo mi madre un poco molesta.

- jajaja sí señora no se preocupe.

- perdón mamá

- Bueno como te decía, lo que hay que hacer es eso amigo, tu tranquilo déjamelo todo a
mí, siempre y cuando me pases el balón yo haré los goles

- vaya Daniel no me dejaste ni siquiera explicarte mí jugada. ¡Fíjate! Lo que busco con
dejarlos atacar es que se confíen y descuiden su defensa, de esa manera si pierden el
balón, te dejaremos a ti solo arriba para que el primer pelotazo no vaya a tierra de nadie
y tú cojas el balón y anotes.

- Vaya que te piensas muy bien las cosas, oye ¿qué tal una carrera al poste de la
esquina?

- ¡Por supuesto! Oye mamá ¿nos dejas dar una carrera corta?

- Si pero vayan por la acera y no corran muy rápido.


- jaja prepárate Daniel porque estoy más rápido que antes

- tú siempre serás una tortuga contra mí

- ok en sus marcas, listos ¡¡¡FUERAAA!!!

- OYE SI ERES TRAMPOSO SALISTE ANTES

- jajaja ¡CORRE! ¡CORREEE!

Daniel se me había adelantado por segundos y parecía que cada paso que daba me
acercaba mas a la derrota, pero de repente, el zapato de Daniel resbaló en la acera y
cayó al suelo bruscamente dando tres vueltas violentas y pegando su cabeza contra el
concreto varias veces, era como si de un miserable muñeco se tratara, rápidamente
llegue a auxiliarlo y al verlo supe que estaba bastante mal, una abertura en su frente
hecha con la precisión de un laser, escupía la sangre a borbotones, hasta taparle la mitad
de la cara. Era tanta sangre que comencé a sentir escalofríos y una molesta sensibilidad
en mis huesos, Daniel no se movía, ni daba signos de vida, me asusté mucho al verlo
así, fue como las peleas de box que veía con mi padre, en esas los sujetos caen como
piedra al suelo y parecen estar muertos, pero mi papá me dijo una vez, que eso pasa
porque el golpe que recibieron fue muy fuerte y por eso caen de esa manera, pero se
levantan al poco tiempo, yo solo esperaba que Daniel despertara, mi madre se acercó
rápidamente, llamó a emergencias y alertó a los vecinos, al poco tiempo se aparecieron
sus padres y el escándalo de su madre se hizo presente. La ambulancia no tardó en
llegar, lo cual me pareció bastante raro, supongo que mi amigo tuvo algo de suerte
después de todo. La que no la tendría sería mi madre y el paramédico que auxilio a
Daniel, ya que su madre libero su cólera solo con ellos, como si fuesen sus esclavos o
algo parecido. Mi padre que nunca se aparece en esos casos, salió a ver qué había
pasado y no era para menos, estaban insultando a su esposa a todo pulmón, pero en vez
de defenderla fue hacía mí y me llevo a la casa, me dijo que subiera al cuarto y que no
saliera. La ambulancia se llevó a mí amigo y a su histérica madre, quizás mi mamá se
sintió agradecida con el chofer de esa ambulancia.

Pasaron unas horas y escuche a mi madre hablando con mi padre del accidente en la
cocina, así que baje allí para saber noticias de mi amigo. Mi madre me calmó
diciéndome que Daniel ya había recuperado la conciencia y que estaba bien, aunque yo
sabía que lo último era solo para calmarme, a la final ella se sentía culpable por lo que
le había pasado. Subí a mí cuarto con la imagen de la enorme cortada en la frente de
Daniel y su cara ensangrentada, que iba y venía a mi mente cada vez y no se iba a
ningún lado. Me recosté en la cama a intentar quitarme esa imagen de la cabeza y
recordé el partido que teníamos con los de la otra cuadra que por supuesto ya se había
ido a la basura como cualquier papel que arrugas cuando no te gusta lo que hiciste en él.
Sabía que no me dejarían salir y a los demás mucho menos, entonces decidí dormir,
pero eso no funciono, intenté dibujar algo y tampoco funcionó, entonces me quede
observando la tele como un zombi sin motivo ni razón, a esperar que pasaba con mi
amigo. La noche llego y trajo consigo el sueño y el cansancio acumulado del día, mi
cabeza dio unas vueltas y quede tendido en el sofá junto a Frannk mi gato y amigo que
me ayuda a dormir en las noches tenebrosas. Al día siguiente desperté temprano para ir
al colegio, pero mi madre dijo que estaría bien si faltaba un día, lo importante era ir al
hospital a saber de Daniel. Mi madre me vistió y me mandó al hospital con mi padre el
cual hizo un par de muecas de quejas que en su rostro eran más que evidentes. Nos
fuimos finalmente al hospital a visitar a Daniel, estaba con muchas ganas de verlo
nuevamente, y saber si se encontraba bien. Llegamos por fin al hospital y los
innumerables llantos de bebes y niños se hicieron presentes, rebotando en las paredes.
Recordé mis experiencias en los hospitales, que para nada eran felices.

Calmé un poco mi miedo y tome la mano de papá, el me miro y me dijo que estábamos
por llegar, seguimos caminando por los blancos pasillos del hospital y nos encontramos
a un sujeto de estatura baja que estaba en la puerta, esté le preguntó a papá, qué hacía
donde se dirigía, papá le respondió al sujeto.

- Me dirijo a esta habitación, creo es la correcta no, la C-13, bueno se supone que aquí
está el paciente Daniel Silva.

- ¡Sí! está es, disculpé, es usted... algún pariente del niño

- Oh no señor, solo somos vecinos... mi hijo aquí presente es su mejor amigo y estaba
con él, cuando sucedió el accidente. ¿Podríamos pasar a verlo?

- Espere aquí un momento por favor, puede decirme su nombre y apellido.

- ¡Cómo no! Arturo Guzmán

- ¡Ok! muchas gracias, ya vengo, espere aquí.


- ¡Oiga! ¡Señor bajito! Puede decirle a Daniel que Lucas vino a verlo.

- jajaja si niño, como no

El señor bajito abrió la puerta de la habitación y la cerro despacio. Mi padre me observó


y me dijo

- Lucas cómo pudiste decirle a ese hombre "bajito", que no te he enseñado a respetar.

- ¿Porqué estas molesto papá?, si le dije lo que es, un señor bajito

- Entiendo hijo, pero no puedes andar por ahí diciéndole a las personas lo que son
físicamente. Recuerda que todos tenemos un nombre.

- ¿Cómo?

- Lo que trato de decir, es que... Muy bien hagamos un ejemplo, si ves a una persona en
silla de ruedas, ¿crees que estaría bien llamarlo lisiado?

- ¿Por qué no?, eso es lo que son ¿No?

- Aagh, no le vuelvas a decir así a ese hombre, fin de la discusión.

Mi padre se había molestado por algo que aún no lograba entender, al parecer hay que
mentirles a las personas para no herirlas. Esa idea me confundió mucho, se supone que
mentir, es algo malo. De pronto se oye el sonido de unas llaves detrás de la puerta y al
instante, la puerta se abre, sale el señor bajito y nos hace pasar hacia la habitación, así
que pasamos y le di las gracias.

- Muchas gracias señor alto

- De nada niño jejeje

Observé por un momento el rostro de mi padre, para saber si lo había hecho bien esta
vez, pero solo vi una gran cara de vergüenza. El simplemente acarició un poco mi
cabeza y me dijo,

- Casi lo logras
No entendí muy bien, así que decidí no hacerle tanta mente a eso. Llegamos a la cama, y
allí estaba mi amigo junto a su madre, la cual estaba bastante cansada y unas
prominentes ojeras se hacían presentes en su rostro.

Cuando vi a Daniel, lo primero que busque fue la enorme herida que se había hecho en
la frente, pero al parecer, el doctor le había suturado muy bien la herida. Eso me
sorprendió, y no era para menos, la herida en su frente era tan grande que parecía tener
vida propia. Llegue a su cama y se alegró totalmente al verme, y me preguntó.

- ¿Como fue el partido? ¿Ganamos?

- Si eres tonto, después de lo que te paso, el juego se canceló.

- jajaaja, vaya arruiné todo

- ¡No digas eso! tu eres más importante que ese tonto partido

- estaba bien...

- ¡Ah! Qué, que estaba bien

- tu estrategia... Seguro hubiésemos ganado con ella

- jajaja no digas tonterías. ¡Oye! ¿Cuánto tiempo duraras aquí?

- mañana me darán de alta, una vez pase la revisión del doctor, creo

- Espero te mejores rápido amigo

Le di la mano a mi amigo y me despedí de él, ya que en unos momentos llegaría el


doctor a revisarlo. Mi papá me tomo de la mano y salimos de la habitación. El hombre
bajito nos acompañó a la salida, mi papá le dio las gracias y se disculpó con él, aunque
no sé porque hizo eso, caminamos hacia la salida del hospital y mi papá apuró el paso,
parecía tener la mismas ganas que yo de salir de ese lugar, pero justo cuando nos
íbamos, en una de las sillas de la sala de espera, junto a una mujer y una anciana, estaba
ella, la chica del cabello dorado, baje el paso por un momento y me quede observándola,
respire profundo y me acerque a ella, pero justo cuando me había decidido a hablarle,
mi padre llegó y me tomo de la mano, para así salir del hospital. Le dije que esperara un
poco pero él estaba muy agitado por salir de ese lugar y además no escucho ninguno de
mis reproches. No puede ser que por fin, cuando la vuelvo a ver, después de todo este
tiempo no pude ni siquiera hablarle. Estuve molesto todo el día con mi padre, pero el
parecía no notarlo, me encerré en mi habitación muy molesto, y solo cuando mi furia se
fue calmando, comencé a pensar el porqué, siempre que la veo, pasa algo, que hace...
que no me le pueda acercar.

CAPÍTULO II

LA CHICA DEL CABELLO DORADO

Cuando cumplí 6 años, papá y mamá se dejaron de amar, todo paso muy rápido, aunque
mamá discutía con papá siempre, ese día no sé pareció a ningún otro. Papá y mamá ya
llevaban bastante tiempo discutiendo, pero eso pasaba solo en ocasiones y muy rara vez
en presencia de otros, pero el día de mi cumpleaños, todo cambio y los límites dejaron
existir. Recuerdo a mamá muy entusiasmada con sus amigas, comentando y arreglando
los preparativos para, lo que ella llamó, "La Gran Fiesta". Mamá quería que todo saliera
a la perfección, así qué contrató a una agencia de festejos para arreglar todo el diseño
del club, donde se celebraría mi cumpleaños, contrató al mejor pastelero que encontró y
mando a hacer un pastel con todo lo que cualquier niña hubiese querido en él, golosinas,
chocolates, Chispas, brillo y unicornios, aunque eso último era más de su parte.

El 13 de mayo era el día para el gran evento, y todas mis amigas asistirían, claro está
que son solo tres, los demás invitados serian amigos de mi padre y mi madre, y no tanto
míos. Mamá contrato a un experto en moda para vestirme de la manera más correcta y
sencilla posible para mí cumpleaños, arreglo mi cabello y me compro un hermoso
vestido blanco con pequeñas perlas incrustadas, debo decir que eso fue amor a primera
vista, yo estaba muy feliz y deseaba con muchas ganas que comenzarán a llegar mis
amigas, solo para que vieran ese hermoso vestido.

- Quédate quieta Ariadna... Haber date una vuelta... Aaah se me olvidaba, déjame ver
¡Sí! ¡Aquí está!

- ¿Qué es eso mamá?

- Déjame abrir primero el estuche Ariadna...

Mamá abrió el estuche, y para mí sorpresa era una hermosa tiara con diamantes, que
brillaban increíblemente, y que seguro cegarían

al sol, quede impresionada al instante, y la abracé de inmediato.

- ¡Gracias mamá!

- De nada cariño, ya sabes ahora solo diviértete y se bonita, que este es un día muy
especial.

- Si mamá lo haré jajaja

- Ahora déjame poner esto en su lugar, haber... ¡Sí! Mírate en el espejo

Fui directamente al espejo y observé mi reflejo y note lo hermosa que se veía esa tiara
en mi cabeza, por un momento juraría que me sentí como una princesa, simplemente
aquello era maravilloso. El reloj marco las siete y media de la noche y los invitados
comenzaron a llegar, estaba muy emocionada, pero al salir a ver si mis amigas habían
llegado, solo vi amigos empresarios de mi padre con sus refinados hijos, lo cual hizo
que se me bajarán los ánimos un poco.
Pasaron unos minutos, quizá una media hora, para que llegarán mis amigas y así
subirme el ánimo otra vez. Todo parecía marchar bien, pero por alguna razón, mi padre
no se había aparecido en toda la noche, eso mantenía a mi madre con cierta furia, ya que
se harían pronto las 10 de la noche y ya tocaba cantar el cumpleaños. La verdad no le
presté mucha atención a papá, sabía que estaba con algunos amigos en cualquier lugar
tomando alcohol, pero mi mamá, no lo llevaba con tanta calma. Mamá observaba su
teléfono a cada instante para saber la hora, en un momento no quiso esperar más, y
mando a todos a la mesa donde se encontraba mi pastel de ensueño, a cantar
cumpleaños, se notaba que tenía una molestia que no la dejaba disfrutar del momento, a
cada rato notaba como hablaba con sus amigas de mi padre, quejándose del parque y el
cómo.

Las velas se encendieron y la luz se hizo presente para todos. El oír el cantar de los
demás, me daba un poco de pena, ya que era para mí que cantaban, es algo tonto, pero
siempre siento algo de vergüenza, cuando me cantan cumpleaños. La canción termino y
la torta se cortó, pedazos desiguales de mi pastel de ensueño, viajaron de mesa en mesa,
todos comieron y unos pocos repitieron, mis amigas y yo.

La fiesta ya había llegado a su final, cuando de pronto entró mi padre de la nada,


bastante borracho gritando a todo pulmón lo mucho que amaba a su hija, el escándalo
fue tal, que mi madre lo tuvo que mandar a callar, pero eso solo hizo gracia en él. De
pronto y sin previo aviso, papá tomó el mantel de la mesa y lo azotó contra el suelo,
llevándose al suelo todo lo que había en ella.

- ¡Estoo ES UNA FARSAAAA, MALDITA SEA!

Todo el público quedó en silencio total, y nadie se movía ni un centímetro, fue de esos
momentos incómodos en los que quieres pedirle a Dios el poder de ser invisible, o por
lo menos así lo pensaba yo. Mi madre molesta comenzó a reprochar su acción, lo cual
solo hizo que mi papá se enfureciera todavía más, yo no sabía dónde meterme, la
situación era muy penosa, y mis amigas me miraban con cara de asombro y espantó. La
discusión siguió y no tardó ni un minuto, para lo que no se dijeron en meses, se lo
dijeran a las caras en un solo instante. Odió y rencor, era lo más recurrente, mi papá ya
estaba demasiado ebrio y no controlaba su lenguaje, y mi madre no se quedaría atrás, se
comenzaron a decir groserías, que hasta los adultos quedaron asombrados. Ante tales
arrebatos en público, amigos de mi padre se metieron en el huracán, para así detenerlos
de una vez, pero justo en ese momento, pasó lo inimaginable, mamá, al ver que esos
hombres comenzaron a separarlos, no dudó ni un minuto, en soltar su mano derecha y
encarársela a el pobre hombre en la nariz, el golpe sonó tan fuerte, que el sonido del
impacto, retumbó en todas las paredes, los demás sujetos al ver eso, quedaron
impactados e inmóviles por un segundo, tiempo suficiente para que mi madre, corriera y
golpeará con fuerza la cabeza de mí padre. Papá no sabía lo que estaba pasando, nunca
había visto a mi madre con tal fiereza, tomó su camiseta y la rasgó sin más, papá intento
quitársela de encima de inmediato torpemente, pero está le metió el pie y lo empujó
hacia atrás, para hacerlo caer irremediablemente. Mamá se le vino encima y comenzó a
golpearlo como si de un simple saco se tratara, lo golpeó con tanta fuerza, que no tardó
en cerrarle los ojos, recuerdo que este apenas pudo defenderse unos instantes. Muchos
intentaron quitársela de encima pero, era como si mi madre estuviese poseída por algún
demonio, atacaba a cualquiera que se le acercará. Seguía golpeándolo y la sangre
comenzó a brotar de la cara de mi padre, pero eso a mamá no le bastaba, ella lo seguía
golpeando con violencia y sin compasión, mamá me comenzó a dar miedo y muchas
cosas pasaban por mi mente en ese momento, sentía todos los gritos de la gente, el
desorden, el sonido de los puños impactando contra la cabeza de papá, y la gran
incertidumbre por la cual mi mente pasaba.

Pensé que lo mataría y por un momento los nervios me afectaron a tal punto, en el que
las lágrimas huían de mis ojos, y un llanto irremediable me dominaba. Un sujeto pudo
sujetar a mamá, pero está se le escapó y corrió a la mesa, para así tomar el cuchillo
embarrado de crema pastelera, que casualmente, no se había caído de ella. Todos se
alarmaron y muchos salieron corriendo del lugar. Observé en la mirada de mamá, que
ella ya no estaba allí, aquello era un lago oscuro y profundo en donde había entrado.
Salió corriendo hacía papá, directo a atravesarle el pecho, pero en ese momento, justo
allí... Mamá fue sujetada de nuevo por aquel hombre valiente, él cual no recuerdo su
nombre, pero gracias a él, mamá en su estado de furia, pudo observar a su alrededor, y
por un momento se dio cuenta de lo que había causado, me miró un momento y luego
volteó la mirada hacia mí padre, que yacía en el suelo con la cara ensangrentada y
cubierta de moretones, que penas podía moverse... Mamá se calmó, y delicadamente, el
cuchillo se deslizó entre sus dedos y cayó al suelo, dejando un sonido metálico en el
ambiente rebotando en los oídos de todos, este nos daba a entender que todo había
terminado. En un abrir y cerrar de ojos, mi cumpleaños perfecto se convirtió, en el peor
día de mi vida, y sin dudas, nunca se saldría de mi cabeza.

Con el pasar de los días, tuve que quedarme con mi abuela paterna, ella ya es una mujer
mayor y su edad me resulta un completo misterio, siempre que le pregunto me responde
una edad distinta, así que nunca sabré su edad. Mi abuela me estaba cuidando, mientras
todo el caos detrás se comenzaba a arreglar. Papá y mamá se divorciaron, para después
entrar en un juicio de solo tres días, en el que el juez determinó, que el más apropiado
para cuidarme era mi padre, mi madre por otro lado, quedó muy devastada, ella sabía lo
que había hecho, que su ira la dominó en ese momento y que por un valiente sujeto que
se atrevió a intervenir, papá estaba demandándola hoy. Mamá perdió el juicio
irremediablemente y no tuvo otra opción que ceder la custodia a papá, yo para nada
estaba a favor de esa decisión, mamá pudo tener ese momento, pero ella no era así de
verdad, siempre estaba preocupada por mí, me arreglaba todos los días y hablaba
conmigo cuando me sentía mal, me hacía reír y jugaba casi siempre conmigo, papá por
otro lado no fue cariñoso conmigo ni de bebé, casi nunca estaba en casa y cuando estaba
solo preguntaba la hora, si la cena está lista, y si las cuentas esto y cuentas lo otro,
aunque recuerdo muy poco, hubo un tiempo en el que papá, no era así, trataba bien a mí
madre y siempre que llegaba traía algún regalo para mi, y juntos nos sentábamos en el
sofá a ver mis series favoritas, las cuales estoy segura que a él no le agradaban, pero con
todo y esto las veía conmigo, ese recuerdo leve que tengo de papá es de los mejores y
nunca lo olvidaré, porque posiblemente eso jamás se volverá a repetir.

Pasaron los días, y papá se apareció en casa de la abuela, él me llamó, recuerdo haber
ido muy despacio, casi sin ganas, un poco molesta.

- Ariadna, sé que no es fácil lo que está pasando, créeme, te entiendo, así que con todo
el dolor que siento debo decirte que mamá no te podrá ver en un largo tiempo.

- Queee, porque no puedo ver a mi mamá, que le hiciste, papá dime

- Yo no hice nada, el juez a cargo dictó que ella no se te podrá acercar, hasta ser lo
suficientemente apta mentalmente para todos. Hija mami no está bien en estos
momentos, y no quiero que te sientas mal por eso

- Pero cómo es que no me voy a sentir mal (llanto)


- Ah, no llores por favor, verás que todo saldrá bien, confía en mí por favor

- Noooo de ninguna manera tú eres el culpable de todo

- ¡ARIADNA SILENCIO!... cálmate y ve a vestirte, nos mudaremos a otro lugar hoy

- ¡Noooo!

- Escúchame será mejor que me hagas caso inmediatamente, hoy no ha sido un buen día
para mí también

- ...

Papá me tomo fuertemente del brazo y me llevo a la habitación, saco toda mi ropa y la
metió en la maleta, me ordeno que ya no era necesario que me vistiera, que así estaba
bien, nos marchamos rápidamente y la abuela ni siquiera se dio cuenta en su inmenso
sueño. Entramos en el auto, papá lo encendió y nos marchamos, en el camino papá
comenzó a llorar un poco y me pidió disculpas por gritarme, yo sabía que papá estaba
alterado así que no quise extender más el problema y acepté sus disculpas.

- Papá está herido bebé, no sabes cuánto me duele ver a nuestra familia en esta
situación, pero debemos seguir adelante ¿No lo crees?

- ¡Sí! Papá lo creo... pero

- Hija se que fui un idiota y que no te merezco, pero debes entender que mamá tampoco
está bien... Ella debe ir a terapias de ira por un tiempo.

- Papá, ¿No volveré a ver a mamá?

- ah No, claro que no que no mi niña, el juez determinó, que cuando esté bien
mentalmente podrás verla de nuevo

- Y eso ¿cuánto tiempo será?

- ... Eso queda de su parte supongo, por cierto, sé que es un cambio brusco y lo difícil
que será adaptarnos a un nuevo lugar pero, debemos hacerlo... Ya estamos llegando.

Después de tantas horas viajando, por fin habíamos llegado al lugar que mi padre había
dicho, este sería mi nuevo hogar, la verdad era bastante hermoso, las personas paseaban
a sus perros por la acera, había lindas flores y grama reluciente en cada sitio en el que
posaras tu mirada. Llegamos a la nueva casa y para mi gran sorpresa, estaba una mujer
esperándonos afuera, con su teléfono en la mano. Papá estacionó su auto, y nos
bajamos, al salir pude respirar por fin aire fresco, papá me llamó.

- Ariadna ven para que conozcas a alguien.

Yo camine hacia donde él me lo indico, mientras observaba mi alrededor, papá me tomo


de la mano, esta vez muy suavemente y me presento a aquélla mujer, alta de cabello
negro y muy cuidada figura.

- Ella es mi hija, oye dile tu nombre

- Ah... Me llamo Ariadna y tengo 6 años

- jajaja qué linda eres Ariadna, tienes un cabello de lo más hermoso, mi nombre es
Ángela, mucho gusto

Sonreí levemente y miré a papá, él me miró también y me sonrió como si nada hubiera
pasado. Ángela nos invitó a pasar, me indico mi habitación y hasta me ayudó a
acomodar mi ropa. Al terminar salí del cuarto a observar el exterior, pero mi padre me
llamó

- Ariadna, ven un momento por favor hay algo que debo decirte.

Me detuve y fui hacia donde él, sabía lo que me diría, solo que no quería escucharlo, al
llegar a él, me tomo de los hombros con sus manos y me dijo.

- Estabas alterada en casa de la abuela y no tuve el valor de decírtelo antes por miedo a
como reaccionarias, pero... Ángela, es... Aagh espera un momento... Ángela es mi nueva
pareja, y solo te pido que por favor no vayas a hacer un escándalo, primero escucha lo
que tengo que decir... Hija las personas se enamoran todo el tiempo, tal como tú mamá
y yo, pero con el pasar del tiempo y con ciertas acciones, ese amor se va perdiendo y
esas personas dejan de sentir ese amor que los unió alguna vez y se dejan de querer,
ellos deben seguir sus vidas con otras personas. Esto no indica que yo no te amé o que
le tenga odio a tu madre, ella siempre será tu mamá y yo siempre seré tu papá, pase lo
que pasé... Por favor se que te estoy pidiendo mucho a tu corta edad pero no trates mal a
Ángela, ella no tiene la culpa de nada, tampoco te pido que la quieras y te diviertas con
ella ¡No!... Pero si te pido que no la trates mal porque sí, mejor conócela y ve sacando
tus propias conclusiones y allí verás si es o no es de tu agrado, recuerda lo que te enseño
mamá sobre tratar a las personas.

- debemos ser buenos con las personas y nunca juzgarlos antes

- Exactamente, ahora creo puedes ir a jugar, ve y diviértete

- papá pero no conozco a nadie por aquí

- Eeeh jaja se me olvidaba, bueno ya harás nuevos amigos ya lo verás, sabes que...
Vamos al parque, allí conocerás muchos niños, seguro que alguno le agradaras.

- Bueno sí tú lo dices papá, ¿porque no?

- Bien entonces vamos, de seguro nos divertiremos mucho.

- Papá ¿iremos solo tú y yo? ¿verdad?

- ¡Claro! ¡por supuesto que sí! este será un momento de padre e hija, jaja como lo
hacíamos antes ¿recuerdas?

- Pero... Antes solía estar mi madre...

- ¡Oh vamos! no, no te pongas así de triste Ariadna, tranquila ya verás que todo se
resolverá y podrás ver a mamá otra vez, pero por ahora debes ser fuerte y esperar un
poco más. Dime ¿lo harás?

- Bueno... creo que sí

- ¡Muy bien! ahora vamos al parque y olvidemos los problemas por un rato

- ¡Si papá!

Mi padre parecía estar muy contento por ir al parque conmigo, el no suele sonreír
demasiado y mucho menos alegrarse por hacer algo conmigo, en ese momento pensé
que realmente se estaba esforzando por hacerme feliz. El parque nos quedaba bastante
cerca de casa, solo teníamos que caminar un poco. En el camino papá le compro a un
vendedor, dos algodones de azúcar, lo cual me pareció raro, no por el hecho de
comprarme un algodón de azúcar, sino el hecho de que él también se comprará uno, no
sé cómo explicarlo pero verlo comerse un algodón de azúcar me pareció muy gracioso.
Llegamos al parque y lo primero que vi fue un montón de niños de todas las edades
corriendo y jugando por todo el lugar, yo realmente solo había ido al parque una vez y
casi no recordaba cómo era, me emocioné un poco al ver los toboganes y a los niños que
se subían a ellos. Papá busco un banco para sentarnos y allí me dijo que me fuese a
cualquier lugar solo que no me alejara mucho de su vista, solo le dije un sí muy rápido
mientras corría a los toboganes, cuando llegue a uno de ellos y escale para deslizarme,
note la altura en la que estaba y me dio algo de miedo, así que lo hice despacio, pero
justo cuando estaba a punto de lanzarme un niño me empujó y caí sin darme cuenta,
solo recuerdo que grité y cerré los ojos, caí en suelo sin darme cuenta y al abrir los ojos
ya había pasado todo, tal parece que todo era un miedo tonto, no me dio tiempo de
reírme cuando escuché.

- ¡ALEJATE DE MI CAMINOOO!

- ¿Qué?

Era el chico que me había empujado y estaba a punto de golpearme, intenté alejarme
pero fue muy tarde y me arrolló, los dos caímos dando vueltas, el chico me había
golpeado en la espalda y al caer, mis rodillas se rasparon, estaban comenzando a sangrar
y el dolor era insoportable, no pude evitarlo y comencé a llorar un poco, cuando de
pronto el chico se acercó a mí.

- ¿Oye? No llores por favor, discúlpame no, no era mi intención solo es que pensé que
te moverías... De todas maneras ¡la culpa fue tuya por no moverte!

- (llanto) pe, pero yo no sabía, di digo yo... Perdón (llanto)

- ¿Qué? Me estas pidiendo perdón... Jajaja sí que eres un niña rara, la culpa fue mía
realmente, te lastimaste las rodillas, déjame ayudarte

- ¿Qué harás?

- tú tranquila solo limpiaré la sangre

El chico tomo su camisa y comenzó a limpiarme la sangre, dolía un poco pero sin
embargo lo hacía con cuidado.

- Ves, ya está listo, ahora solo queda solo una cosa por hacer
El chico se levantó y extendió su mano hacia mí, allí pude detallarlo un poco mejor,
note que su cara estaba sucia al igual que toda su ropa, vestía una camisa de astro boy,
color verde y usaba un short del mismo color.

- Vamos toma mi mano

- Aah... sí

Tome su mano y él me levanto del suelo, sacudió un poco su ropa y me dijo.

- ¡Oye! deberías sacudirte un poco, tu vestido está algo sucio también

- Oh, vaya tienes razón

- Dime niña ¿cómo te llamas?

- Me llamo Ariadna

- Ariadna, eres muy torpe

- Que, ¿por qué dices eso?

- Por nada jajaja, bueno... ¡Adiós!

El chico se marchó corriendo, y recordé que no le pregunté su nombre.

- ¡OYE NIÑOOO COMO TE LLAMAAAS!

- ¡DANIEEEL!

El chico se marchó sin más, al parecer no le importó irse con su camisa manchada de
sangre, que niño más extraño, aunque me lastimó, fue muy amable conmigo. Fui a
buscar otro juego que no fuesen los toboganes, tal parece que no me gustaron mucho.
Recordé que ese chico se fue en dirección hacia las ruedas giratorias, así que camine
hacia allá, pero al ver a todos esos niños girar en esa rueda violentamente y caer en el
suelo, pensé que sería mejor irme a los areneros, allí había varias niñas y quizás pueda
hacerme amiga de por lo menos una de ellas. Me les acerqué y les pregunte si podía
unirme al juego, y justo cuando pensé que dirían que no, sonrieron cálidamente y me
invitaron a jugar, pasé casi todo el día haciendo castillos de arena y jugando con las
muñecas, yo no tenía ninguna, pero una de ellas me prestó una de las suyas, con esta fue
con la que hice más amistad, las otras dos era un poco más distantes, su nombre era
Laura y tenía unos ojos muy llamativos, uno era azul y el otro marrón, al principio no lo
noté, pero después de detallarla mejor quede impresionada, pensé preguntarle el porqué
de sus ojos, pero me dio un poco de pena hacerlo así que no lo hice. Laura vivía en la
misma residencia que yo, eso me sorprendió de buena manera, por fin encontré una
amiga y en muy poco tiempo. De pronto escuché mi nombre, era mi padre llamándome.

- Ese debe ser mi papá, creo que me tengo que ir Laura

- Bueno nos vemos, otro día podemos jugar juntas de nuevo

- ¡Claro! pero no sé dónde vives

- Cierto, bueno yo iré a la tuya, me dijiste que eres nueva aquí, así que no servirá de
nada darte una dirección

- tienes razón, bueno supongo que podremos vernos cerca de la cancha de tenis, yo vivo
cerca de ahí

- Ok entonces, mañana después de la escuela, si

- Si allí te espero

- ¡Ariadna! qué se supone que haces aquí te dije que no te alejaras mucho

- Perdón papá, es que los toboganes me dan un poco de miedo

- Ahhg que, te dan miedo jajaja, por qué no me lo dijiste antes, y ellas ¿Quiénes son?
¿acaso son tus nuevas amigas?

- Si, ella es Laura y está de aquí es Michelle, y ella es Alicia.

- ¡Vaya! qué bueno que pudiste hacer nuevas amigas, pero ya se está haciendo tarde y
tenemos que regresar a casa

- Lo sé papá, bueno chicas adiós, nos veremos luego.

En el camino le comenté a papá si me dejaría reunirme con Laura de nuevo, el no tuvo


ningún problema y me dejó ir. De camino a casa tomando la mano de mí padre, sentí su
alegría, sentí su calma y en ese momento me miró y mostró una sonrisa muy leve en sus
rostro, que reflejó, el buen día que habíamos pasado, aunque él solo se digno a revisar
su teléfono casi todo el día, por lo menos estaba feliz de que yo tuviera un buen día.

Estábamos casi llegando a nuestra casa, cuando de repente y sin previo aviso, el sol
desapareció, y en su lugar, unas nubes negras reclamaron el cielo. El hermoso día
soleado, se convirtió súbitamente en una tarde nublada y triste, fue interesante ver cómo
un día feliz, puede transformarse en algo totalmente diferente, en un abrir y cerrar de
ojos, quizás todo es así... Por un momento recordé como era todo antes de mi
cumpleaños número seis, antes de que mi madre cometiera aquél acto, que me llevo a
esta realidad en la que estoy ahora. Sin darme cuenta ya estábamos llegando a la casa,
mi padre soltó mi mano para abrir la puerta.

- Espera un momento aquí, hija

Mi padre rara vez suele llamarme hija, pero en ese momento no le presté atención,
estaba solo pensando... Cuando de pronto escuché cerca de mí el sonido de un balón
rebotar en un charco de agua, volteé levemente y ciertamente era un balón, aunque algo
dañado y un poco desinflado, había caído en un pequeño charco de agua que había en la
calle. Cómo el balón estaba cerca, decidí ir a buscarlo y así saber a quién pertenecia.
Justo al llegar, vi a un chico caminando hacia la acera de enfrente, cabizbajo, caminaba
lento y con algo de fastidio, lo detalle un poco, tenía unos zapatos algo sucios, vestía
con un uniforme de fútbol, color blanco, aunque estaba bastante sucio... Pensé que
quizás estaba buscando el balón así que decidí recogerlo y me le acerqué

- ¡Disculpa! ¡Esto es tuyo! ¿verdad?

El chico tardó un poco en responder, hubo un poco de silencio y al final me dijo que era
de su amigo, no sin antes tropezar varias veces para responder. El chico tomo el balón y
se marchó corriendo, me dio un poco de risa como tartamudeaba para hablar, no sé si
era así o simplemente estaba nervioso, pero de ser lo segundo... ¿Porque sentiría nervios
conmigo? Mi padre me llamó y entre a la casa rápido, al entrar, unos truenos
retumbaron, presagiando una tormenta, me asusté un poco, y decidí irme a mí cuarto,
pero mi padre me llamó.

- Ariadna, porque tienes las manos cubiertas de barro

- Bueno, lo que sucedió fue que


- ¡Olvídalo! no me importa, ve a lavarte las manos y ya

- sí, papá

Y en solo un segundo mi padre volvió a ser el mismo. Fui al baño a lavarme las manos,
abrí el grifo y comencé a quitar el barro que tenía en las manos, y en ese momento
pensé en aquel niño, extraño del balón, él, por un momento corto, se quedó viéndome
fijamente, no sé que sea, pero en ese momento justo, algo pasó por mi cuerpo muy
rápido, es similar a esa sensación que sientes cuando algo va a pasar, puede ser bueno o
malo pero tú cuerpo siente eso... quizás soy solo yo dando vueltas sin sentido en mi
cabeza.

La noche transcurrió normal, me cepillé los dientes me lave la cara y me fui a dormir,
me quede dormida por algo de tiempo, estaba soñando que estaba en el parque de
nuevo, y podía oler el algodón de azúcar, la palomitas de maíz, también podía oír los
gritos y risas de felicidad de todos los niños, yo estaba feliz corriendo por todo el lugar,
cuando de pronto a lo lejos en una esquina oscura, vi al tobogán donde caí, este no era
igual, era quizás cien veces más grande y estaba manchado de sangre. Un hombrecillo
que apenas dejaba ver su rostro me llamaba, yo no quería ir hacia él, pero una fuerza
extraña me atraía, era muy fuerte, intenté sujetar los bancos y cualquier objeto que
estuviera a mi alcance pero mis manos resbalaban de ellos, pedí ayuda a los demás
niños, pero todos me dieron la espalda, sujete a varios de ellos, gritándoles que me
ayudarán, pero ninguno lo hizo, a medida que me acercaba al enorme tobogán mi
cuerpo perdía la capacidad de moverse. Llegue al tobogán y el hombrecillo sujeto mis
brazos y me subió a él, estaba muy alto, casi podía acariciar las nubes, cuando el
hombrecillo me empujó por la espalda con mucha fuerza, sentía una molesta sensación
en estómago, grité lo más que pude, el viento soplaba con fuerza mi cara y poco a poco
comenzó a arrancarme la piel, sentía el dolor y como la piel de mi rostro se desprendía
violentamente, mi corazón dejó de latir y el sonido del silencio se hizo presente al ver el
suelo chocar contra mí cabeza. Me desperté muy acelerada, estaba sudando bastante, mi
corazón latía súbitamente en mi pecho, pero al ver mi habitación, por un momento, me
calmé. Todo fue una pesadilla, pero igual me había arrebatado el sueño, así que fui a la
cocina, al llegar abrí el refrigerador y me serví un baso de agua, esa es la manera con la
cual me calmo al tener un mal sueño, vi el reloj y eran apenas las 11:30 de la noche así
que aún tenía que sufrir para que llegara el día.

Al irme a mí cuarto noté, que la puerta de la habitación de papá estaba abierta y tenía la
luz encendida, así que decidí ir a ver, mi padre no es el padre que me dejaría dormir con
él en su cama pero de todas maneras tenía que probar. Camine hacia su cuarto, y cuando
me estaba acercando más escuché que estaba conversando con Ángela

- Seguro debe estar aquí, maldita sea, que se me hicieron esas pastillas

- déjalo así amor, de todas maneras ya tengo sueño

- ¡Estaban aquí! ¡justo aquí! no puede ser, ¿será que las dejé en el auto?

- Marc por favor no ya no es necesario, otro día, ya esta tarde y mañana tengo que
inscribir a Ariadna en la escuela

- vaya, entonces no aparecerán malditas...

- Ya déjalo así

- Ahhhg maldita sea, tienes razón amor, mejor vamos a dormir

- ¡Oye! ¿crees que le agrade un poco a tu hija?

- No empieces con eso mujer, de seguro si pero, Ariadna es una chica complicada

- ¿complicada?

- Se ella es... cómo decirlo, esa clase personas a las que le cuesta agarrar confianza,
además es muy cerrada

- Bueno, pero así somos casi todos

- tú no me estás entendiendo. Ella desde siempre le ha costado hacer amigos, no habla


mucho y además es molesta, no es como su padre, ni siquiera como su madre, a veces
pienso que no la conozco

- ella es una niña calmada y un poco sumisa, pero a mí no me molesta, tu hija me parece
increíble además es muy hermosa
- Ja, piensa lo que quieras, al final lo que importa es que nos llevemos bien. Yo sé que
ella no me quiere, esa pequeña solo tiene ojos para la loca de su madre, pero aún así no
dejaré que esa loca se quede con ella... Sé que ella ama a su hija, pero no le dejare algo
con lo que agarrarse, quiero dejarla sin nada.

- Porque te casaste con esa demente

- Hmm... Yo la quise alguna vez pero después que Ariadna nació no me miro más como
su esposo, sino como un estúpido banco, al cual pedirle cada vez que necesites. Ella
cree que en el siguiente juicio le devolverán la custodia, pero está muy equivocada... No
le daré a mi hija y tampoco mi dinero, esa maldita me humilló ante todos

- esa demente fue la que te dejo esas marcas en el rostro

- olvídalo ya, vamos a dormir

- tienes razón, ¿fue bueno el día en el parque?

- Todavía preguntas... Eso fue solo para calmarla, no sirve de nada, que Ariadna me
odie ahora, tengo que ganarme su confianza poco a poco.

- Eres un sujeto bastante interesante

- Olvídalo ya, buenas noches

Escuché cada palabra que salió de la boca de mi padre, fue en ese momento que sentí,
que todo ese día, el algodón de azúcar, el parque, el sol, los niños jugando, mi caída en
el tobogán, había sido... falso, solo un montaje, para ganarme, como si fuese un trofeo,
al oír a mi padre hablar así, supe que siempre me ha visto como un objeto, al fin y al
cabo me sentía como eso... Un objeto por el cual él y mamá se peleaban. Una sola
lágrima se deslizó en mi rostro, volteé la mirada y me fui a mi cuarto, abrí la puerta,
subí a la cama y cerré los ojos para dormir... solo una cosa, podía agradecerle a mí
padre... me ayudó a dormir, esa terrible noche.

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