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Bodas de Sangre: Adaptación Homosexual

La obra 'Bodas de Sangre' adaptada a la homosexualidad presenta un diálogo entre un novio y su madre, donde se discuten preocupaciones sobre la violencia y la familia, así como la inminente boda del hijo. La madre expresa su temor por la seguridad de su hijo y su relación con la novia, mientras que el novio muestra optimismo sobre su futuro. A través de interacciones con otros personajes, se exploran temas de amor, tradición y la presión social en el contexto de las relaciones familiares.

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Bodas de Sangre: Adaptación Homosexual

La obra 'Bodas de Sangre' adaptada a la homosexualidad presenta un diálogo entre un novio y su madre, donde se discuten preocupaciones sobre la violencia y la familia, así como la inminente boda del hijo. La madre expresa su temor por la seguridad de su hijo y su relación con la novia, mientras que el novio muestra optimismo sobre su futuro. A través de interacciones con otros personajes, se exploran temas de amor, tradición y la presión social en el contexto de las relaciones familiares.

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BODAS DE SANGRE (ADAPTADO A LA HOMOXESUALIDAD, ¡VIVA!

ACTO I:

Cuadro primero.
Habitacion pintada de amarillo.

NOVIO- (Entrando.) Madre.


MADRE- ¿Qué?
NOVIO- Dame la navaja.
MADRE- ¿Para qué?
NOVIO- (Riendo.) Para cortar las uvas.
MADRE-(Entre dientes y buscándola.) La navaja, la navaja… Malditas sean todas y el bribón
que las inventó.
NOVIO- Vamos a otro asunto.
MADRE- Cien años que yo viviera no hablaría de otra cosa. Primero, tu padre, que me olía
a clavel y lo disfruté durante tres años escasos. Luego, tu hermano. ¿Y es justo y puede ser
que una cosa pequeña como una pistola o una navaja pueda acabar con un hombre, qué
es un toro? No callaría nunca. Pasan los meses y la desesperación me pica en los ojos y
hasta en las puntas del pelo.
NOVIO- (Fuerte.) ¿Vamos a acabar?
MADRE- No… Si hablo, es porque… ¿Cómo no voy a hablar viéndote salir por esa puerta?
Es que no me gusta que lleves navaja. Es que… que no quisiera que salieras al campo.
NOVIO- (Coge de un brazo a la MADRE y ríe.) Madre, ¿y si yo la llevara conmigo a las viñas?
MADRE- No. Yo no puedo dejar aquí solos a tu padre y a tu hermano. Tengo que ir todas
las mañanas, y si me voy es fácil que muera uno de los Felix, uno de la familia de los
matadores, y lo entierren al lado. ¡Y eso sí que no! ¡Ca! ¡Eso sí que no! Porque con las uñas
lo desentierro y yo sola las machaco contra la tapia.
NOVIO- (Fuerte.) Otra vez…
MADRE- Perdóname. (Pausa.) ¿Cuánto tiempo llevas en relaciones?
NOVIO- Tres años. Ya pude comprar la viña.
MADRE- Tres años. Ella tuvo un novio, ¿no?
NOVIO- No sé. Creo que no. Las muchachas tienen que mirar con quien se casan. Usted
sabe que mi novia es buena.
MADRE- No lo dudo. (Pausa.) Hijo.
NOVIO- ¿Qué quiere usted?
MADRE- ¡Que es verdad! ¡Que tienes razón! ¿Cuándo quieres que la pida?
NOVIO- (Alegre.) ¿Le parece bien el domingo?
MADRE- (Seria.) Le llevaré los pendientes de azófar, que son antiguos, y tú le compras… le
compras unas medias caladas, y para ti dos trajes…
NOVIO- Me voy. Mañana iré a verla.
MADRE- Sí, sí; y a ver si me alegras con seis nietos, o lo que te dé la gana, ya que tu padre
no tuvo lugar de hacérmelos a mí.
NOVIO- El primero para usted.
MADRE- Anda con Dios (Vase el NOVIO. La madre queda sentada de espaldas a la puerta.
Aparece en la puerta una VECINA vestida de color oscuro, con pañuelo a la cabeza.)
MADRE- Pasa.
VECINA- ¿Cómo estás? (Se sienta.)
MADRE- Bien.
VECINA- Yo también. (Pausa.) ¿Y tu hijo?
MADRE- Salió.
VECINA- ¡Al fin compró la viña!
MADRE- Tuvo suerte.
VECINA- Ahora se casará.
MADRE- (Como despertando y acercando su silla a la silla de VECINA) Oye.
VECINA- (En plan confidencial.) Dime.
MADRE- ¿Tú conoces a la novia de mi hijo?
VECINA- ¡Buena muchacha!
MADRE- Sí, pero…
VECINA- Vive sola con su padre allí, tan lejos, a diez leguas de la casa más cerca. Pero es
buena. Acostumbrada a la soledad. (Pausa.) Tu hijo vale mucho.
MADRE- Por eso lo cuido. A mí me habían dicho que la muchacha tuvo novio hace tiempo.
VECINA- Tendría ella quince años. Él se casó ya hace dos años con una prima de ella.
MADRE- A cada uno le gusta enterarse de lo ue le duele. ¿Quién fue el novio?
VECINA- Leonardo Félix.
MADRE- (Levantandose.) ¡Félix!
VECINA- Mujer, ¿qué culpa tiene Leonardo de nada? Él tenía ocho años cuando las
cuestiones.
MADRE- Es verdad… Pero oigo eso de los Félix y es lo mismo (entre dientes) Félix que
llenárseme de cieno la boca (escupe), y tengo que escupir, tengo que escupir por no matar.
VECINA- ¿Qué sacas con eso?
MADRE- Nada. Pero tú lo comprendes.
VECINA- No te opongas a la felicidad de tu hijo.
MADRE- No le diré nada
VECINA- (Besándola.) Nada.
MADRE- (Serena.) ¡Las cosas…!
VECINA- Me voy, que pronto llegará mi gente de campo.
MADRE- Adiós (Se dirige a la puerta de la izquierda. En medio del camino se detiene y
lentamente se santigua)

Cuadro segundo:
Habitación pintada de rosa con cobres y ramos de flores populares. En el centro, una mesa
con mantel. Es la mañana. SUEGRA de LEONARDO con un niño en brazos. Lo mece. La
MUJER, en la otra esquina, hace punto de media.

SUEGRA- Nana, niño, nana


El agua era negra
Dentro de las ramas
MUJER- Duérmete, clavel,
Que el caballo no quiere beber.
SUEGRA- Duérmete, rosal,
Que el caballo se pone a llorar.
Las patas heridas
las crines heladas,
dentro de los ojos
un puñal de plata.
Bajaban al río.
La sangre corría
más fuerte que el agua.
Detente,
cierra la ventana
con rama de sueños
y sueño de ramas
MUJER- Mi niño se duereme.
SUEGRA- Mi niño descansa.
MUJER (bajito)-
Duérmete, clavel,
Que el caballo no quiere beber.
SUEGRA (levantándose, y my bajito)-
Duérmete, rosal.
Que el caballo se pone a llora.

(Recuestan al niño. Entra LEONARDO)

LEONARDO- ¿Y el niño?
MUJER- Se durmió.
LEONARDO- Ayer no estuvo bien. Lloró por la noche.
MUJER (Alegre)- Hoy está como un dalia. ¿ Y tú? ¿Fuiste a casa del herrador?
LEONARDO- De allí vengo. ¿Querrás creer? Llevo más de dos meses poniendo herraduras
nuevas al caballo y siempre se le caen
MUJER- ¿Y no será que lo usas mucho?
LEONARDO- No. Casi no lo utilizo.
MUJER- Ayer me dijeron las mujeres que cogen las alcaparras que te habían visto al límite
de los llanos. ¿Eras tú?
LEONARDO- No. ¿Qué iba a hacer yo en aquel secano?
MUJER- Eso dije. Pero el caballo estaba reventando de sudor.
LEONARDO- ¿Lo viste tú?
MUJER- No. Mi madre.
LEONARDO- ¿Está con el niño?
MUJER- Sí. ¿Quieres un refresco de limón?
LEONARDO- Con el agua bien fría. (Pausa.) Voy a ver al niño
MUJER- Ten cuidado de está dormido.
(Sale la SUEGRA de la habitación)
MUJER- Sabes que mi primo pide?
LEONARDO- ¿Cuándo?
MUJER- Mañana. La boda será dentro de un mes. Espero que vendrán a invitarnos.
SUEGRA- La madre de él creo que no estaba muy satisfecha con el casamiento.
LEONARDO (Serio)- Y quizá tenga razón. Ella es de cuidado.
MUJER- No me gusta que penséis mal de una buena muchacha. (Pausa.) Vamos a ver al
niño.

(Aparece la MUCHACHA, alegre. Entra corriendo.)


MUCHACHA- Señora
SUEGRA- ¿Qué pasa?
MUCHACHA- Llegó el novio a la tienda y ha comprado todo lo mejor que había.
SUEGRA- ¿Vino solo?
MUCHACHA- No, con su madre. Seria, alta. (La imita) Pero ¡qué lujo!
SUEGRA- Ellos tienen dinero.
MUCHACHA- ¡Y compraron unas media caladas!... ¡Ay, qué medias! ¡El sueño de las
mujeres en medias!
SUEGRA- Se van a juntar dos buenos capitales.

(Aparece LEONARDO y su MUJER)


MUCHACHA- Vengo a deciros que están comprando.
LEONARDO (Fuerte.)- No nos importa y no le he preguntado su opinión.
MUJER (a LEONARDO)- ¿Qué te pasa?
LEONARDO- Quita.
MUJER- No. Quiero que me mires y me lo digas.
LEONARDO- Déjame.
MUJER- ¿A dónde vas, hijo?
LEONARDO (Agrio.)- ¿Te puedes callar?
SUEGRA (Enérgtica a su hija)- ¡Cállate! (Sale LEONARDO.) ¡El niño)

(Entra y vuelve a salir con él en brazos. La MUJER ha permanecido de pie, inmóvil.)

MUJER (Volviéndose lentamente y como soñando.)-


Duérmete, clavel
que el caballo no quiere beber.
SUEGRA- Duérmete, rosal,
Que el caballo se pone a llorar.
MUJER- Nana, niño, nana.
SUEGRA- ¡Ay, caballo grande,
Que no quiso el agua!

Cuadro tercero:
Interior de la cueva donde vive la novia. Al fondo, una cruz de grandes flores rosa. Las
puertas, redondas, con cortinajes de encaje y lazos rosas. Por las paredes, de material
blanco y duro, abanicos redondos, jarros azules y pequeños espejos.

CRIADA- Pasen… (Muy afable, llena de hipocrecía humilde. Entran el NOVIO y su MADRE.
La MADRE viste de raso negro y lleva mantilla de encaje. El NOVIO, de pana negra con gran
cadena de oro.) ¿Se quieren sentar? Ahora vienen. (Sale.) (Quedan MADRE e HIJO
sentados, inmóviles como estatuas. Pausa larga.)
MADRE- ¿Traes el reloj?
NOVIO- Sí. (Lo saca y lo mira.)
MADRE- Tenemos que volver a tiempo. ¡Qué lejos vive esta gente!
NOVIO (Por la NOVIA)- Debe estar vistiéndose.

(Entra en PADRE de la NOVIA. Es anciano con el cabello blanco, reluciente. Lleva la cabeza
inclinada. La MADRE y el NOVIO se levantan y se dan las manos en silencio.)

PADRE- ¿Mucho tiempo de viaje?


MADRE- Cuatro horas. (Se sientan.)

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