Lucas 13, 18-21: En aquel tiempo, Jesús decía: ¿A qué es semejante el Reino de Dios? ¿A qué lo compararé?
Es
semejante a un grano de mostaza, que tomó un hombre y lo puso en su jardín, y creció hasta hacerse árbol, y las
aves del cielo anidaron en sus ramas.
Dijo también: ¿A qué compararé el Reino de Dios? Es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en
tres medidas de harina, hasta que fermentó todo.
Juan 12, 24-26: En aquel tiempo Jesús dijo a sus discípulos: en verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo
no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia
su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí
estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará.
Mt 13, 1-13: Les dijo: Un sembrador salió a sembrar. Y al sembrar, una parte de la semilla cayó en el camino, y
llegaron las aves y se la comieron. Otra parte cayó entre las piedras, donde no había mucha tierra: esa semilla
brotó pronto, porque la tierra no era muy honda, pero el sol, al salir, la quemó, y como no tenía raíz, se secó. Otra
parte cayó entre espinos, y los espinos crecieron y la ahogaron. Pero otra parte cayó en buena tierra y dio buena
cosecha; algunas espigas dieron cien granos por semilla, otras dieron sesenta granos y otras treinta. Los que
tienen oídos, oigan” (Mateo 13, 1-9).
Mateo 25, 1-13: Dijo Jesús: «Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara
en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto,
al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron
aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó
un grito: "¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!" Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y
arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: "Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas
se apagan." Pero las prudentes replicaron: "No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor
que vayáis donde los vendedores y os lo compréis."
Mateo 7, 21-29: Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica puede
compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los
torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero ésta no se derrumbó, porque estaba construida sobre
roca.
Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica puede compararse a un hombre insensato, que edificó
su casa sobre arena. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa:
ésta se derrumbó, y su ruina fue grande”.
Marcos 4:21-24: «¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de un almud, o debajo de la cama? ¿No se
pone en el candelero? Porque no hay nada oculto, que no haya de ser manifestado; ni hecho secreto, que no
haya de salir a la luz. Si alguno tiene oídos para oír, oiga. Y les dijo: Mirad lo que oís: con la medida que medís, os
será medido; y a vosotros los que oís, más os será dado.»
Lucas 18:1-8: Jesús les contó a sus discípulos una parábola para mostrarles que debían orar siempre, sin
desanimarse. Les dijo: «Había en cierto pueblo un juez que no tenía temor de Dios ni consideración de nadie. En
el mismo pueblo había una viuda que insistía en pedirle: “Hágame usted justicia contra mi adversario”. Durante
algún tiempo él se negó, pero por fin concluyó: “Aunque no temo a Dios ni tengo consideración de nadie, como
esta viuda no deja de molestarme, voy a tener que hacerle justicia, no sea que con sus visitas me haga la vida
imposible”». Continuó el Señor: «Tengan en cuenta lo que dijo el juez injusto. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus
escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará mucho en responderles?»
Mateo 25, 31-46: Jesús dijo a sus discípulos: Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria... Serán congregadas
delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los
cabritos... Entonces dirá el Rey a los de su derecha: "Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino
preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y
me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en
la cárcel, y vinisteis a verme." Entonces los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te
dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te
vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?" Y el Rey les dirá: "En verdad os digo que
cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis." Entonces dirá también a
los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque
tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis;
estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis." Entonces dirán también éstos:
"Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te
asistimos?" Y Él entonces les responderá: "En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos
más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo." E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida
eterna.