Orel
Brillaba la luz rojiza y parpadeante de una cámara que anunciaba el comienzo de grabación, la
entidad frente a ella se enderezó y aclaro su garganta.
Por unos instantes, pareció hipnotizada ante la dificultosa tarea de apartar su vista de la luz frente
a ella. Parpadeo repetidamente al volver en sí y una vez más aclaro su garganta.
— Me llamo Ágata Ivanov, estoy grabando en el año 4783 después de La gran caída, soy una
ciudadana del mundo y planeta conocido como Tierra, y formo parte de la clase obrera.
Las emociones invadían la mente de Ágata, pero sus limitaciones la hacían ver impasible ante lo que
ella en realidad sentía en dichos momentos. Ella se imaginaria que de ser real sus manos temblarían,
que su voz se escucharía rota y que en este instante lagrimas cubrirían sus mejillas, pero no era así.
Espero que te hagan llegar este video como prometieron, y que así puedas escuchar lo que tengo
que decirte — Expreso con voz seca y apagada.
Un hombre que se hallaba tras la cámara hizo un gesto y exclamo con notable irritación — ¡Vamos,
apresúrese! — Ágata miro al hombre y sin perder más tiempo devolvió su vista a la cámara.
— Hijo, las circunstancias de este mundo me impidieron verte y por ese motivo me encuentro hoy
aquí. No pude pagar un cuerpo donde almacenasen tu conciencia, y sin un cuerpo que te portara tu
vida sería borrada. Por eso, hoy ofrezco mi viejo y ya gastado cuerpo como funda para ti.
La nula expresividad en su discurso la atormentaba, era un gran pesar que tuviera emociones que
no podía expresar, pero reconocía y estaba segura de las emociones que la empujaban a realizar
dicho acto.
El hombre frente a ella se acercó y tomo un cable que conecto a su cuerpo de hierro firmemente.
Ella fue testigo de cómo el otro extremo lo enchufaba a un cubo, que reluciente, tenía el nombre y
número de registro especifico de la consciencia elegida.
Aquel desagradable hombre comenzó a teclear sobre el panel de control que se hallaba en el cuarto,
acto que apresuro a la mujer autómata.
— Hijo, Orel, nunca estarás solo, recuerda que ahora siempre tendrás un refugio en mi cuerpo
donde puedas estar.
Sin previo aviso, el cable que se hallaba enchufado a su nuca se activó, y como todo muerto, cayó
inerte al suelo tras ver como el pequeño cubo perdía su luz. Su hijo pasaría a tomar su cuerpo,
realidad que, la haría sonreír si pudiera.