René Descartes: La historia de un genio que lo cuestionó todo
René Descartes nació el 31 de marzo de 1596 en Francia. Desde pequeño fue un niño curioso y
brillante, aunque su salud era algo frágil, lo que le permitió pasar mucho tiempo reflexionando
en la cama. Estudió en el Colegio Jesuita de La Flèche, donde aprendió filosofía, matemáticas y
ciencias, pero sentía que le enseñaban muchas cosas sin explicarle realmente por qué eran
ciertas.
Cuando creció, en lugar de seguir una carrera académica tradicional, decidió viajar y conocer el
mundo por sí mismo. En 1618 se unió al ejército de Mauricio de Nassau en los Países Bajos, no
tanto porque quisiera ser soldado, sino porque allí se rodeó de matemáticos y científicos. En
1619, tuvo una serie de sueños que lo convencieron de que debía encontrar un método sólido
para llegar a la verdad.
A partir de ese momento, Descartes se dedicó a pensar y escribir sobre el conocimiento. Viajó
por Europa, exploró diferentes ideas y, en 1628, decidió establecerse en los Países Bajos,
donde pasó más de 20 años perfeccionando su método.
En 1637 publicó su obra más famosa, Discurso del método, donde propuso su forma de pensar
basada en la duda metódica: cuestionar todo hasta encontrar algo que no pueda ser negado.
Fue ahí donde escribió su icónica frase "Pienso, luego existo", argumentando que la única
verdad indiscutible es la existencia de la propia conciencia.
Pero Descartes no solo se dedicó a la filosofía. En el mismo libro presentó la geometría
analítica, uniendo álgebra y geometría a través de un sistema de coordenadas que hoy
conocemos como coordenadas cartesianas. Este descubrimiento revolucionó las matemáticas
y allanó el camino para el desarrollo del cálculo y la física moderna.
A lo largo de su vida, también hizo aportes en óptica y física. Descubrió la ley de la refracción
de la luz (conocida como Ley de Snell-Descartes) y desarrolló teorías sobre el movimiento y la
mecánica que más tarde influirían en Newton.
En 1649, la reina Cristina de Suecia lo invitó a su corte para enseñarle filosofía. Sin embargo, el
frío de Estocolmo y las exigencias de la corte no le sentaron bien. Acostumbrado a la
tranquilidad y al calor de su hogar, Descartes enfermó gravemente y falleció en febrero de
1650.
A pesar de su muerte prematura, su legado sigue vivo. Gracias a su forma de pensar, la ciencia
y la filosofía dieron un giro radical, pasando de aceptar las verdades impuestas a cuestionarlo
todo y buscar respuestas basadas en la razón. Descartes no solo cambió la forma en que
entendemos el mundo, sino que también nos enseñó que la duda puede ser el mejor camino
hacia la verdad.