Hoy, el amanecer está más frío que de costumbre, sin embargo, los
rayos del sol se vuelan por mi ventana, atravesando las cortinas y
cayendo sobre nuestra mansión. Se detienen un instante en la
insignia de los Darklith, como si quisieran recordarme algo que nunca
olvido: mi apellido, algo que todavía no se cómo tomar o sentir, si
como mi condena o una bendición, eso lo iré descubriendo con el
tiempo. Tengo bastante tiempo para descubrirlo, apenas tengo 17
años.
El sonido de los pasos en el pasillo me sacan de mis pensamientos.
Son inconfundibles, ese olor, esa energía…
—Es… Alaric —Susurro, reconociendo su aura. Su energía siempre ha
sido especial, es muy calida a pesar de su carácter y su personalidad.
La puerta se abre sin previo aviso, como siempre. Algo en mi se irrita,
pero ya no importa cuánto le diga que toque antes de entrar, nunca lo
hará.
Sus ojos, idénticos a los de mi madre me miran con esa mezcla de
lastima y ternura que siempre me incómoda, como si de alguna
manera pudiera entender cómo me siento o intentará descifrarlo.
—¿Te quedaste despierta toda la noche otra vez? —Pregunta con tono
suave, casi como si intentará no molestarme.
Enarco una ceja en lugar de responder, Alaric suspira, pero no insiste,
en cambio me muestra una sonrisa.
—Nuestro padre te está esperando en su despacho. Quiere decirte
algo sumamente importante.
Le hago un gesto para que me diga a qué se debe.
—No se muy bien de que se trata.
Lo miro con mirada asesina, pero tranquila a la vez; sabe que me
molesta no saber de que habla.
No dice más, pero lo poco que dijo que me deja con una sensación de
incertidumbre. Alaric se da la vuelta, cerrando la puerta, dejándome
con un montón de preguntas y un mal presentimiento.
Papá nunca me manda llamar sin motivo aparente. Casi siempre se
de que quiere hablar, pero está vez me tomo por sorpresa. Y, tengo el
presentimiento de que esto no es nada bueno.
Salgo de mi habitación, aún dándole vueltas al asunto, pero no
obtengo respuesta. Mientras camino por el pasillo empiezo a sentir un
aroma muy familiar. Me detengo un momento para notarlo: El olor a
café recién hecho, como si alguien lo acabara de preparar, aunque se
que no es posible porque la cocina aun está lejos de este pasillo
percibir o. A veces, también puedo el aroma de la tierra al llover, ese
olor fresco y húmedo que siempre me ha resultado extraño encontrar
aquí adentro; es extraño pero reconfortante.
Mis pensamientos se interrumpen al encontrarme con Elizabeth, mi
hermana menor de 15 años.
—¡Bella! —Dice entusiasmada.
Hace tiempo que no la veía, está hermosa, como siempre.—Pienso
con un poco de nostalgia.
Sin darme cuenta los recuerdos de esa noche me golpean con fuerza,
haciendo que todo mi cuerpo se erice. Esos recuerdos me destrozan
por completo, pero mantengo mi expresión inexpresiva. Pero aun así
logra notarlo.
—¿Bella?, ¿Te sientes bien? —Pregunta Elizabeth preocupada.
Antes de que pueda responder llegan Alaric de 25 años y Dániel de
22 años, nuestros hermanos mayores.
—¿Bella está bien? -Pregunta Dániel con el ceño fruncido, a lo igual
que Alaric. Mientras los tres esperan mi respuesta.
—Lo siento Bella, no fue mi intención— Dice Elizabeth.
—No te preocupes, Eli. Estoy bien —Respondo con na sonrisa que se
que no engaña a nadie —Me retiró —Digo con un tono frio.
Sigo caminando por el pasillo y bajo las escaleras, mientras mi mente
se torna completamente en blanco, y por un instante, siento como las
lágrimas tocan mis mejillas, pero no lo permito por mucho tiempo, me
la quito