M. J. Baltar & C. L.
Carrasco
este modo “(…) se puede facilitar que el ser humano sea pensado como ser histórico y
social, que actúa de manera transformadora sobre el mundo y se transforma también”
(Carrasco, 2010, p. 22).
186
Psicología para América Latina (2013), 24, 173-190
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190
Psicología para América Latina (2013), 24, 191-205
El secreto profesional en psicología: aspectos deontológicos,
legales y clínicos
Elizabeth Beatriz Ormart1
Universidad de Buenos Aires, Argentina
Resumen
Se desarrolla la cuestión del secreto profesional del psicólogo desde
la normativa legal internacional y la vigente en Argentina. Asimismo,
confrontamos los códigos deontológicos mostrando los matices que
presentan frente a la obligación de mantener la confidencialidad o
denunciar las acciones de los pacientes. Finalmente, diferenciamos
la clínica médica de la clínica psicológica en lo relativo a la persona
sobre la que recaen las prácticas.
Palabras clave: secreto profesional, códigos deontológicos, clínica
psicológica.
Resumo
Apresenta-se a questão do sigilo profissional do psicólogo a partir da
regulamentação legal internacional e em vigor na Argentina. Assim,
confrontamos os códigos deontológicos mostrando as matrizes entre
a obrigação de confidencialidade ou denunciar as ações dos
pacientes. Finalmente, diferenciamos a clínica médica da clínica
psicológica em relação à pessoa e a prática.
Palavras-chave: segredo profissional do psicólogo, códigos de
prática, clínica psicológica.
Abstract
We shall develop the questions related to the professional secret of
the psychologist based on the international laws that can be applied
on Argentina. Likewise we confront the Codes of ethics showing the
shades that they present opposite to the obligation to support the
confidentiality or to denounce the patient’s actions. Finally, we
differentiate the medical clinic of the psychological clinic in the
relative thing to the subject on which the practices relapse.
Key words: professional secret, codes of ethics, psychological clinic.
1
eormart@[Link]
191
E. B. Ormart
“Juro por Apolo médico, por Asclepio y por Higia,
por Panacea y por todos los dioses y diosas,
tomándolos como testigos, que cumpliré, en la
medida de mis posibilidades y mi criterio, el
juramento y compromiso siguientes: [...]
Callar todo cuanto vea y oiga, dentro o fuera de mi
actuación profesional, que se refiera a la intimidad
humana y no deba divulgarse, convencido de que
tales cosas deben mantenerse en secreto...”.
(Extraído del Juramento Hipocrático).
Introducción
El problema del secreto profesional es de hecho algo que nos obliga a reflexionar a
partir de la práctica misma de la psicología. Ya Hipócrates ubicaba el secreto dentro
de las obligaciones del médico. Pero ¿el secreto profesional tiene para el médico el
mismo alcance que para el psicólogo? Partimos de la base de que dicho secreto es
obligación del profesional y es producto del respeto por el derecho a la intimidad del
paciente. Al derecho a la intimidad del paciente le corresponde el deber de
confidencialidad del profesional.
El interés en este escrito es reflexionar acerca de los alcances y los matices
que presenta el deber de confidencialidad para el psicólogo, ubicando lo que
llamamos mínimos deontológicos constituidos por la normativa nacional e
internacional en materia de secreto profesional y por los códigos de ética que
desarrollan las diversas asociaciones de psicólogos de Argentina. Asimismo, a partir
de la ubicación de la dimensión clínica, se introducirá la diferenciación entre la ética
del psicólogo y la deontología médica.
Es fundamental en este punto hacer la siguiente aclaración, las áreas del
ejercicio profesional de la psicología son diversas, en todas ellas se presenta la
obligación de la confidencialidad bajo distintas formas. En este escrito, nos
centramos en la práctica clínica del psicólogo desde la perspectiva del psicoanálisis,
buscando poner en diálogo el marco normativo de la práctica del psicólogo en
Argentina con respecto a la clínica psicoanalítica y los fundamentos en los que ésta
se apoya, dejando de lado en nuestra consideración la práctica del psicólogo en
otras áreas del ejercicio profesional y con otras orientaciones teóricas. Este recorte
responde a la imposibilidad fáctica de desarrollar en este reducido espacio un
análisis más extenso que incluya otras áreas del ejercicio profesional, y a una
192
Psicología para América Latina (2013), 24, 191-205
posición teórica sostenida en la práctica clínica desde la que propongo que
reflexionemos acerca de este tema.
Tenemos que partir de la base de que el secreto profesional es la piedra
angular sobre la que se soporta el espacio terapéutico. Tiene más peso aun que en
la medicina, ya que la práctica del psicólogo supone la escucha atenta de las
intimidades del paciente. Si hay un entramado del que está hecha la práctica del
psicólogo, es la de ser una escucha abierta a la vida íntima de los pacientes. Ellos
hablan suponiendo como telón de fondo que todo lo que digan quedará protegido
por la confidencialidad del profesional. ¿Qué persona estaría dispuesta a hablar
sabiendo de antemano que su vida será sacada a la luz con todas sus pequeñas o
grandes miserias?
A diferencia del médico que opera sobre los órganos, sobre el cuerpo del
paciente, el psicólogo lo hace, usando una expresión platónica, sobre las telas del
alma. El médico puede escuchar, a veces en su práctica, intimidades de las
personas, es cierto, y lo que sus pacientes le dicen también queda bajo resguardo
de este secreto. El psicólogo no puede sino escuchar intimidades, confesiones,
remordimientos, fantasías. Las intimidades son esas telas que manipula el
psicólogo. El problema de la confidencialidad en psicología no puede ser puesto a la
par u homologado, como sostienen algunos2, con el secreto profesional del médico,
por varios motivos3. En este caso nos detendremos en la diferencia de la persona
sobre la que recae la práctica médica y psicológica.
Veamos ahora las disposiciones que establecen las normativas a tener en
cuenta en materia de derecho a la intimidad de los pacientes.
2
Por ejemplo, el Código de Ética (Psicoética) y Deontología de la Asociación Argentina de Psiquiatras
sostiene: “a. Las normas psicoéticas mínimas que determinan las condiciones que se ofrecerán y
respetarán durante el vínculo profesional, son: 1. confidencialidad: respeto a la confianza depositada
durante la consulta, donde se relatan aspectos privados en el convencimiento que permanecerán en
reserva, no trascendiendo. Es homologable a la responsabilidad de mantener el secreto médico”.
3
El secreto profesional del médico tiene origen en la posibilidad que quien haya cometido un ilícito y
como consecuencia de ello haya resultado herido, pudiera solicitar auxilio médico, sin que implicara
riesgo a ser denunciado. Por lo tanto, difiere de la esencia del secreto profesional para la práctica
psicológica.
193
E. B. Ormart
Disposiciones legales
Si tomamos contacto con el estado del arte en materia legal, encontramos
que tanto el derecho a la intimidad como el deber de confidencialidad se encuentran
contemplados en el derecho positivo de nuestro país, así como en la normativa
internacional.
Derecho internacional
El derecho a la intimidad tiene dos facetas, una que tutela la confidencialidad
o inviolabilidad del hogar, las comunicaciones y las relaciones familiares y otra que
consagra su personalidad jurídica. En relación con el derecho a la intimidad, éste es
sostenido en el Art. 12 de la Carta de los Derechos Humanos (1948), en el Pacto
Internacional de San José de Costa Rica, y en el Art. 17 del Pacto Internacional de
los Derechos civiles y políticos (PIDCP) firmado por Argentina en 1968 y ratificado
en 1986. En relación con este último, el Comité de Derechos Humanos adoptó en
1988 una observación general sobre el Art. 17 insistiendo sobre la obligación del
Estado para adoptar legislación que tutele la intimidad frente a injerencias de todo
origen, provengan de autoridades o de particulares. Para tutelar eficazmente este
derecho, la legislación debe “especificar con detalle las circunstancias precisas en
que podrán autorizarse injerencias” (Comité de derechos humanos, Observación
General Nª 16, párrafo 8). Asimismo, el derecho a la intimidad se encuentra
protegido en la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre y en
la Convención Americana sobre Derechos Humanos.
Derecho argentino
En relación con el derecho a la intimidad, en Argentina se cuenta con el Art.
19 de la Constitución Nacional y el Art. 1071 del Código Civil. En lo que respecta al
deber de confidencialidad, recibe tratamiento en el Art. 8 de la Ley de Ejercicio
Profesional del Psicólogo Nº 23277.
Por otro lado, en el Art. 156 del Código Penal se sanciona con prisión o multa
e inhabilitación al que por motivo de su profesión tenga noticia de un secreto cuya
divulgación pueda causar daño y lo revele sin justa causa.
194
Psicología para América Latina (2013), 24, 191-205
De acuerdo a la formulación que presenta el Código Penal el secreto podría
ser levantado en caso de justa causa. Podemos preguntarnos en este punto ¿A qué
se considera justa causa? O, dicho de otro modo, ¿cuándo una causa es justa?
La justicia a la que se apela en este caso tendrá que ver con la magnitud de
los derechos en pugna. Podríamos sostener que si existe algún derecho en peligro
que sea mayor al derecho a la intimidad, entonces, podría argumentarse la
necesidad de revelar el secreto. Sin embargo, nos hallamos nuevamente en un
terreno de difícil solución, ¿a qué llamamos mayor o menor? ¿Pueden los criterios
cuantitativos sostenerse en materia de derechos? ¿Hay derechos mayores que
otros? Efectivamente, no podemos hablar de una cuantificación de los derechos,
pero sí de aspectos cualitativos que hacen que podamos, desde un marco
contextual determinado, concebir el derecho a la integridad como mayor que el
derecho a la intimidad. Tal es el caso que sentó las bases de la Teoría Tarasoff.
La teoría Tarasoff
En la práctica profesional hay ciertas circunstancias en las que el derecho a la
intimidad del paciente se halla reñido con otros derechos. Tal es la situación que se
plantea en el paradigmático caso de Tatiana Tarasoff que sentó las bases de la
Teoría Tarasoff.
El caso en cuestión es el siguiente: el Sr. Poddar revela a su psicólogo la
intención de matar a una chica, no revela su nombre, pero el psicólogo la identifica
como su novia. El psicólogo trabaja en el campus universitario en el que el Sr.
Poddar y su novia estudian. Conoce a la potencial víctima y está seguro de que su
paciente está dispuesto a llevar adelante el plan para asesinarla. El psicólogo
movido por su convicción sobre la conducta de su paciente decide internarlo en un
hospital psiquiátrico. Luego de realizar las evaluaciones pertinentes es dado de alta.
Dos meses más tarde Poddar mata a Tatiana Tarasoff. Este caso real supera lo
previsible desde la ley e interroga los límites del derecho a la confidencialidad.
Interroga las capacidades del terapeuta sobre la posibilidad de predecir la conducta
humana. El terapeuta guiado por su habilidad se encontraba en condiciones para
levantar el secreto profesional, pero, qué ocurriría si su predicción era errónea. Sin
embargo, podemos preguntarnos: ¿y si su predicción era correcta?
195
E. B. Ormart
La teoría Tarasoff sostiene el deber de revelar la información protegida por el
secreto profesional cuando de su no revelación se desprenda un daño hacia una
tercera persona identificable. En este caso claramente se pone en juego el derecho
a la vida de la víctima que se encuentra reñido con el derecho a la privacidad del
potencial asesino.
Diversos interrogantes quedan planteados ante el caso Tarasoff. ¿Puede el
psicólogo contar dentro de las incumbencias de su título la predicción de la conducta
humana?, ¿puede actuar efectivamente evaluando los potenciales riesgos?, ¿cómo
medir el riesgo? En otra vía, se abre el problema de la responsabilidad del
profesional: ¿El psicólogo es responsable de otras vidas además de la de su
paciente?, ¿qué responsabilidad le cabe si las terceras personas en riesgo no son
identificables?
El caso Tarasoff es un buen ejemplo del carácter estructuralmente inconcluso
de los códigos. La realidad hace inconsistente cualquier armazón simbólica que se
quiera montar. Los códigos no pueden “decir todo” sobre el secreto profesional, sin
embargo, es preciso que “digan algo”, y esto que dicen deberá tener como horizonte
los derechos humanos, el derechos positivo y las peculiaridades del sujeto de la
clínica.
El deber de confidencialidad en los códigos profesionales.
No todos los códigos profesionales instan a los profesionales a respetar el
secreto profesional de forma explícita4. Si bien los códigos no tienen la fuerza de la
ley, prescriben sobre las conductas esperables para los profesionales que se
encuentran colegiados en esa jurisdicción. En muchos casos, los mismos códigos
establecen las sanciones que recaerán sobre sus miembros si éstos no respetan el
secreto profesional.
En relación con la obligación de mantener el secreto profesional encontramos
matices en los distintos códigos. Tomaremos dos casos que resultan ilustrativos de
estos matices. Por un lado, en el Art. 12 del Código de Ética del Colegio de
4
No hay referencias explicitas al secreto profesional en los Códigos de Ética de los Colegios
Profesionales de Santiago del Estero y San Juan.
196
Psicología para América Latina (2013), 24, 191-205
Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires5 se sostiene que el deber de guardar el
secreto profesional es absoluto. El profesional no puede ser relevado del deber de
confidencialidad ni siquiera por el paciente. La única causa válida para levantar el
secreto profesional consiste en que haya peligro de un grave riesgo para el paciente
o para terceros. Mientras que el Código de la American Psychological Association,
en el que se inspira el Código de Ética de la Asociación de Psicólogos de Buenos
Aires, sostiene que el psicólogo puede verse relevado del deber de confidencialidad
si el paciente lo autoriza. En el primer caso, el código avanza sobre la libertad
otorgada al profesional por el derecho positivo. Ya que el derecho prevé la
posibilidad de levantar el secreto profesional cuando el psicólogo evalúe que media
justa causa. Y la causa justa no tiene el mismo alcance que “el grave riesgo” para sí
o para terceros.
Hay distintos gradientes en el tratamiento que hacen los códigos sobre la
cuestión del secreto profesional. Hay códigos que plantean concisamente la
obligación de mantener el secreto, sin mayores aclaraciones, mientras que en otros
hay capítulos enteros destinados a la confidencialidad estableciendo las implicancias
de la misma y detallando las situaciones en las que el profesional puede levantar el
secreto profesional6.
5
Artículo 12º - La obligación de guardar secreto es absoluta. El psicólogo no debe admitir que se le
exima de ella por ninguna autoridad o persona, ni por los mismos confidentes. Ella da al psicólogo en
derecho ante los jueces de oponer el secreto profesional y de negarse a contestar las preguntas que
lo expongan a violarlo.
A) Ello implica mantener siempre bajo reserva la información que en su desempeño recibe
directamente de quienes requieren sus servicios en todos los ámbitos de su actividad. B) La
información amparada por el secreto profesional sólo podrá ser trasmitida para evitar un grave riesgo
al que pueda estar expuesta la persona atendida o terceros; en todo caso, sólo se podrá entregar la
información a las personas calificadas que, a juicio del profesional actuante, aparezca como
estrictamente necesaria para el cumplir el referido objetivo. C) Los informes escritos o verbales sobre
personas, instituciones o grupos deberán excluir aquellos antecedentes entregados al amparo del
secreto profesional y ellos se proporcionarán sólo en los casos necesarios cuando, según estricto
criterio del profesional interviniente, constituyan elementos ineludibles para configurar el informe; en
el caso de que puedan trascender a organismos donde no sea posible cautelar la privacidad, deberán
adoptarse las precauciones necesarias para no generar perjuicios a las personas involucradas. D) Si
el psicólogo considera que la declaración del diagnóstico perjudica al interesado, debe negarlo para
no violar el secreto profesional; en caso de imprescindible necesidad y por expreso pedido de la
autoridad calificada correspondiente, revelará el diagnóstico al psicólogo funcionario pertinente lo más
directamente posible para compartir el secreto. E) La información que se da a padres y/o demás
responsables de menores o deficientes y a las instituciones que le hubiera requerido, debe realizarse
de manera que no condicione el futuro del consultante o pueda ser utilizada en su perjuicio. F) Todo
lo relativo al secreto profesional debe cumplirse igualmente en todos los ámbitos y en todo tipo de
presentación.
6
Tal es el caso del Código de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires.
197
E. B. Ormart
Los límites del secreto profesional
Existe una gran diferencia entre secreto relativo y secreto absoluto. El secreto
profesional nunca es absoluto a diferencia del secreto de confesión. Hay numerosos
filmes7 que refieren situaciones dilemáticas de sacerdotes que han recibido secretos
que difícilmente podían guardar. A partir de estos dilemas se generaban las más
dramáticas situaciones, en las que el peso de guardar ese secreto se manifiesta en
los síntomas y las conductas inexplicables de los prelados. Sin embargo, el
psicólogo no está obligado a mantener un secreto absoluto en su profesión.
Rojas (1959) establece que el secreto profesional del médico no es absoluto,
es relativo por dos razones: en primer lugar, por los requerimientos de orden legal,
en segundo lugar, por aspectos ligados a la conciencia del profesional. En el ámbito
de la psicología estas dos razones merecen un tratamiento pormenorizado. Vamos a
comenzar por la primera cuestión: ¿cuándo establece la ley que un psicólogo está
obligado a denunciar a su paciente?
La obligación de denunciar
El Código Penal (Art. 177) establece que quien tenga conocimiento de delitos
contra la vida y la integridad debido a su profesión tiene la obligación de denunciar.
En el Art. 165 del mismo Código se sostiene que aquellos que se enteran de un
delito tienen la obligación de denunciarlo. Al tiempo que en el Art. 167 se explica que
se encuentran exceptuados de hacer la denuncia si las personas confidentes se
encuentran protegidas por el secreto profesional. Esta polaridad de los códigos
devuelve la capacidad de decidir en el psicólogo, quien deberá evaluar de qué tipo
de delito se trata y si dicho delito amerita o no la excepción al secreto profesional.
Retomando los desarrollos de Gutiérrez (1994; 2003) y de Gutiérrez y Salomone
(1997), el psicólogo no se encuentra frente a dos obligaciones contradictorias. Tiene
una sola obligación y ésta se encuentra en la necesidad de respetar a los principios
éticos. Los principios éticos deberán servirle de brújula a la hora de direccionar el
tratamiento. Principios éticos que tienen como fundamento el estatuto simbólico del
ser humano.
7
Al respecto ver, por ejemplo, los análisis que hacen Gabriela Salomone y Michel Fariña,
respectivamente, acerca de la película Actos privados, a propósito del secreto de confesión.
Disponibles en línea: [Link] [Link]
Privados
198
Psicología para América Latina (2013), 24, 191-205
La dimensión clínica
¿Cómo conciliar la obligación de denunciar con el secreto profesional? En
realidad, la ley no es contradictoria ya que la posibilidad de denunciar o no depende
de la decisión del profesional. La ley prioriza la decisión del profesional que en cada
caso debe evaluar los derechos en juego, la naturaleza de la revelación y el efecto
en la cura del paciente. Aquí se incorpora la segunda cuestión, a saber, la
conciencia del profesional. La expresión no es en sí misma de lo más feliz, ya que la
conciencia es de orden moral y en realidad sería más preciso sostener que la
decisión debe ser tomada desde la ética del psicólogo. Si, por ejemplo, un paciente
confiesa haber cometido un asesinato, la obligación de denunciar impuesta por el
Código Penal, va en consonancia con las coordenadas simbólicas8. Este es un claro
ejemplo en el que la ley social impone un castigo que tiende al restablecimiento de lo
simbólico dañado por el homicidio. La ley simbólica es apuntalada en la ley social.
El psicólogo entonces, decide levantar o no el secreto profesional ponderando los
aspectos deontológicos (leyes, códigos éticos, a los que está sujeto en tanto
profesional y los aspectos subjetivos (tal como los concibe la clínica psicoanalítica).
Por otro lado, los matices con los que se presenta en la clínica psicológica el
deber de confidencialidad hacen que sea necesario evaluar en cada caso la
obligación de mantener el secreto o de levantarlo. Situaciones de riesgo de vida del
paciente o de un tercero, situaciones en las que se hallan menores afectados como
victimas de violencia familiar o pedofilia, resultan claramente discernibles como
casos en los que el profesional está obligado a denunciar a fin de proteger no
solamente a la víctima, sino también al propio paciente del desborde pulsional que
reclama los límites que contornea la ley. Si en casos como éste el profesional
privilegia lo pulsional, degrada lo simbólico atentando contra la propia cura del
paciente.
Otras situaciones resultan más problemáticas de discernir y es el psicólogo el
que con conocimiento de la legislación tiene que decidir evaluando las
peculiaridades del tratamiento, los tiempos con los que cuenta, las exigencias
8
Me refiero al sujeto como ser simbólico que está atravesado por la ley, tal como lo concibe el
psicoanálisis. Por ello es fundamental que la ley social ponga un límite al desborde pulsional en
consonancia con la ley simbólica. Un abordaje detallado de la diferencia y la articulación entre el
sujeto del derecho y el sujeto del inconsciente se puede encontrar en Salome y Domínguez (2006).
También podemos remitirnos a Ormart (2010), en done abordo la vinculación entre la ley como
consecuencia del complejo de Edipo y el mito de Totem y Tabu como ordenador social.
199
E. B. Ormart
situacionales y pulsionales en cuestión. Es en este punto en el que se ve claramente
la relevancia de la dimensión clínica que debe destacar los aspectos singulares del
tratamiento.
Cuando el psicólogo es testigo
Cuando el psicólogo clínico9 es citado a declarar por la justicia puede
abstenerse de declarar si los secretos conocidos están amparados por el secreto
profesional. El Código Penal en el Art. 244 autoriza a abstenerse de declarar al
psicólogo que haya recibido información que esté al resguardo del secreto
profesional (Travacio, 1997).
Por otro lado, el psicólogo debe ponderar si se trata o no de justa causa y
podrá declarar en aquellas cuestiones que él evalúe que se encuentran eximidas del
secreto por justa causa. Nuevamente, el psicólogo es llevado a realizar una elección,
a ejercitarse en el acto de juzgar. La ley lo ubica en estas coordenadas. No hay
paliativos a la responsabilidad profesional. No hay coartadas legales que liberen al
profesional de juzgar en cada caso qué es lo que debe hacer. Frente a la ley el
psicólogo puede interpretar, y no sólo obedecer (Salomone & Domínguez, 2006).
La supervisión psicológica
La supervisión debe hacerse con el consentimiento informado del paciente, o
bien preservando la identidad del mismo, o sea, no revelando su nombre, ni datos
que puedan individualizarlo. Al tiempo que es necesario revelar solamente la
información motivo de la supervisión. De este modo, se considera que el derecho a
la intimidad del paciente ha quedado resguardado.
Docencia, investigación y desarrollo científico
Las palabras preliminares de Freud en el Historial de Dora (Freud, 1905/1991:
7-8) son un claro ejemplo del posicionamiento del psicólogo ante el deber de
preservar la intimidad del paciente y el deber de producir información valiosa para la
comunidad científica. En el seno mismo de la práctica de la psicología se encuentra
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Nos referimos específicamente al caso en que el psicólogo es citado a declarar en su calidad de
terapeuta, no en los casos en que la información fue recibida en el contexto de una pericia por orden
judicial.
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