0% encontró este documento útil (0 votos)
36 vistas42 páginas

Susto Final

El Susto Final es un thriller comedia que presenta a un novio y una novia que llegan a un motel para su noche de bodas, solo para encontrarse con una serie de eventos extraños y aterradores. La novia desaparece misteriosamente, y el novio se enfrenta a la camarera, quien revela que la habitación tiene un oscuro pasado relacionado con crímenes y desapariciones. A medida que la tensión aumenta, se desata un juego de suspenso y humor que culmina en un giro inesperado.

Cargado por

Daniel Trentini
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
36 vistas42 páginas

Susto Final

El Susto Final es un thriller comedia que presenta a un novio y una novia que llegan a un motel para su noche de bodas, solo para encontrarse con una serie de eventos extraños y aterradores. La novia desaparece misteriosamente, y el novio se enfrenta a la camarera, quien revela que la habitación tiene un oscuro pasado relacionado con crímenes y desapariciones. A medida que la tensión aumenta, se desata un juego de suspenso y humor que culmina en un giro inesperado.

Cargado por

Daniel Trentini
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

EL SUSTO FINAL

Un thriller comedia

Carlos Russo
PERSONAJES

EL NOVIO. Un hombre alto, delgado aunque corpulento, en

sus treinta años. De estampa elegante y varonil. Viste traje

de novio.

LA NOVIA. Una mujer joven, pálida, de apariencia frágil y

consentida, se aproxima a los treinta años. Viste traje de

novia.

EL RECEPCIONISTA. Un hombre alto, blanco, tosco. Viste

de manera ordinaria, jeans sucio y gastado, camisa o

franela blanca, posiblemente sin mangas. Primero aparecerá

con un impermeable amarillo y botas de plástico. Tiene

mucho más de cuarenta años. Voz gruesa.

LA CAMARERA. Una mujer de más de cuarenta años.

Rasgos fuertes, pelo lacio negro. Cuerpo robusto, sin ser

gorda. Su vestuario es su propio uniforme en un tono rosa.

Hay algo desquiciado en sus ademanes y comportamientos.

Este personaje puede ser actuado por un hombre, con la

intención de procurar más comicidad en escena.


La desvencijada habitación de un motel. Una puerta de madera demarca la

entrada independiente en el lateral derecho. Otra puerta en el lateral contrario, el

baño. La pared del fondo está tapizada con un papel antiguo, roído, tiene sendas

lámparas de aplique y una discreta ventana con cortinaje translúcido. La cama

tiene a cada lado una mesita de noche, sin iluminación, sobre las cuales destacan

los siguientes objetos: cenicero, menú, teléfono de disco. No hay televisor.

El ambiente es lúgubre. Pareciera que esta habitación no ha recibido

mantenimiento en mucho tiempo, o peor aún, que sus paredes encierran el

testimonio de un crimen. La iluminación es tenue y la música hará lo propio

cuando sea oportuno.


ACTO ÚNICO

El estruendo de un relámpago anuncia el inicio de la escena. Sentada en

la cama y con las piernas cruzadas, LA CAMARERA se quita los guantes de

mantenimiento y los arroja al tobo plástico que tiene a su lado. Saca un cigarrillo

y un yesquero de uno de sus bolsillos. Fuma e inspecciona la habitación con

suspicacia.

Desde afuera se escuchan las risas y los pasos de los huéspedes que se

aproximan. LA CAMARERA, agitada, apaga el cigarrillo y ventila el humo. Se pone

rápidamente los guantes y coge sus instrumentos de trabajo, alisa la sábana y

sacude las almohadas. Del interior del tobo saca una peluca exótica, que coloca

sobre su cabeza. Sale apresurada por la puerta del baño.

La puerta de la calle se abre. EL NOVIO sostiene a LA NOVIA entre sus

brazos, va a hacerla cruzar por el umbral. Ríen, divertidos. LA NOVIA sostiene

una pequeña maleta, tal vez un neceser.

EL NOVIO Ahora eres oficialmente mi mujer.

LA NOVIA ¿Tu mujer?

EL NOVIO Oficialmente.

LA NOVIA Primero muerta…

EL NOVIO No digas eso, cariño, ni siquiera en juego…


LA NOVIA En esta habitación. Mira ese papel tapiz, no veía uno desde que era

niña.

EL NOVIO ¡Eso fue hace mucho tiempo! Y fue tuya la idea de quedarnos esta

noche aquí, no lo olvides.

LA NOVIA ¡Bájame, bájame! ¡Necio!

EL NOVIO la baja. LA NOVIA abre su neceser y muestra un par de esposas

de policía.

LA NOVIA Como sigas metiéndote conmigo vas a quedar bajo arresto.

EL NOVIO ¿Las esposas? ¿Trajiste las esposas? Eres terrible, ni siquiera en tu

noche de bodas te olvidas de esos juegos fetichistas. (Le ofrece sus brazos)

¡Vamos, ponme bajo arresto! ¡Me someto a ti!

LA NOVIA Vas a tener que esperar, cariño.

EL NOVIO (Libidinoso) ¿Cariño?

LA NOVIA guarda las esposas dentro del neceser y le enseña un atrevido

baby-doll negro, con picardía. EL NOVIO abre sus ojos, incrédulo, y se lanza

sobre la cama.

EL NOVIO Esperaré, esperaré todo lo que tú quieras. Total, si esperé tanto

tiempo para que me dieras el sí.

LA NOVIA se lleva su equipaje al baño, cierra la puerta tras de sí. EL

NOVIO permanece acostado, de cara al techo. Otro relámpago y un ruido en el

baño, como un golpe seco. Al mismo tiempo que EL NOVIO se levanta asustado,

por la ventana del fondo puede verse la sombra de un cuerpo vestido con un

impermeable que lleva a LA NOVIA violentamente, tapándole la boca con las

manos.
EL NOVIO Miamor, ¿oíste eso? Un rayo debió caer sobre uno de los árboles de

la carretera. Fue idea tuya la de venirnos en carro, la de hacer parada aquí en

este motel en medio de la nada. Pudimos haber viajado cómodamente en avión y

en menos de lo que canta un gallo habríamos estado en una habitación cinco

estrellas, consumando nuestra luna de miel. Pero no, tú… tu espíritu de

periodista, de aventurera… tu afán de acción… Está bien, no digas nada, hazte la

loca… Claro, ¡como a ti no te dan miedo los truenos! ¡Los relámpagos…!

Deberíamos recoger nuestras cosas y seguir rodando, este sitio no me gusta para

nada… Este lugar es oscuro, me da miedo… Parece que sus paredes callasen un

terrible secreto, el testimonio de un crimen, a lo mejor… Sí, sí, sé que parezco un

cobarde y lamento defraudarte en tu noche de boda, quizás no soy el hombre

con el que querías casarte, pero tampoco había tenido necesidad nunca antes de

pasar la noche en la habitación de Freddy Krüger… (Toca a la puerta del baño)

¿Me oyes? No te hagas la loca, ¿me oyes? ¡Oficialmente soy tu esposo, aunque

sea un cobarde…! Está bien, está bien, voy a calmarme. Ese relámpago nunca

existió… (La luz de otro relámpago entra con toda su fuerza en la habitación. EL

NOVIO se esconde debajo de la cama, con la cabeza afuera) Miamor, ¡apúrate!

¡Apúrate, coño! Con el dinero que tengo podríamos estar ahora en el hotel más

caro del mundo, el hotel más caro del mundo, ¿me oyes? (Se levanta y va hacia

la puerta del baño, temiendo ante el silencio de LA NOVIA) Miamor, ¿me oyes?

¿Has oído lo que te he dicho? Miamor, respóndeme. Abre la puerta, ¿sí? Dime

que todo está bien allá dentro. No quiero abrir sin tu permiso, no quiero abusar

de tu intimidad, pero… pero si no abres en un segundo, ¡voy a tumbar esa

puerta…! (EL NOVIO abre la puerta del baño y, sorpresivamente, se encuentra


con que lo que hay detrás es una pared de ladrillos. Atónito, toca la pared.

Retrocede. Mira el interior de la habitación, asustado). ¡Mierda!

Tocan a la puerta. EL NOVIO permanece a la expectativa, vuelven a tocar.

Va hacia el teléfono y lo descuelga. Se da cuenta de que el teléfono no tiene

cable de conexión. Derrotado, retrocede hasta tropezar con la pared de ladrillos

que era el baño, se asusta y cierra la puerta. Más golpes. Finalmente, entra LA

CAMARERA, con el mismo vestuario y utensilios de limpieza.

CAMARERA (Al verlo pega un grito) ¡Ay, ay! ¡Ay, mamá me muero!

EL NOVIO Señora, mi esposa…

CAMARERA (De sus bolsillos saca un par de bombones, se los entrega) ¡Los

chocolates, tome los chocolates!

EL NOVIO Mi esposa…

CAMARERA Coja los chocolates y cállese, por favor, no diga al recepcionista

que cuando entró a la habitación no estaban los chocolatitos puestos sobre la

almohada. ¡Sería capaz de matarme!

EL NOVIO (Agarrando los chocolates) Algo grave ha ocurrido en esta

habitación…

CAMARERA (En el mismo tono) No, no es tan grave, créame. No es tan grave si

usted no dice nada.

EL NOVIO ¿Le parece poca cosa que mi mujer haya desaparecido?

CAMARERA (Grave) ¿Qué su mujer desapareció?

EL NOVIO Sí.

CAMARERA Se habrá arrepentido del matrimonio y habrá escapado por la

ventana.
EL NOVIO La habría visto…

CAMARERA ¿Entonces usted no la vio desaparecer?

EL NOVIO No.

CAMARERA (Grita espantada) ¡La mató!

EL NOVIO (Asustado) ¿Cómo? ¿Quién la mató?

CAMARERA ¡Usted! ¡Usted la mató! ¡Usted es un psicópata!

EL NOVIO No, señora, no… Yo me casé con ella por amor… yo no pude

haberla matado…

CAMARERA ¿Dónde escondió el cadáver? ¿Debajo de la cama? (Se asoma

debajo de la cama, vuelve a gritar) ¡Qué asco! Olvidé barrer debajo de la cama.

EL NOVIO (Resuelto) Voy a ir la recepción…

LA CAMARERA se levanta rápidamente y se atraviesa en la puerta.

CAMARERA (Enloquecida) Usted no puede salir de esta habitación.

EL NOVIO retrocede, como si acabase de entender que su vida está en

peligro. LA CAMARERA camina hacia él, mirada asesina. Cuando EL NOVIO está

en el extremo de la habitación, lateral izquierdo, LA CAMARERA, en el centro, se

detiene y se sienta en la orilla de la cama, cruza sus piernas y de sus bolsillos

procura un cigarrillo y fósforos. Enciende el cigarrillo, fuma.

CAMARERA Puedo, ¿no? (Calmada) Cuénteme cómo ocurrieron los hechos.

EL NOVIO Mi mujer abrió esa puerta, la del baño…

CAMARERA Detrás de esa puerta sólo hay una pared de ladrillos.

EL NOVIO Entonces, ¿usted sabe lo de la pared?

CAMARERA Por supuesto. Mi marido la puso. El baño está afuera.

EL NOVIO El recepcionista no nos advirtió que el baño estuviese afuera.


CAMARERA Mi marido tuvo que habérselos advertido.

EL NOVIO ¿Su marido es el recepcionista?

CAMARERA ¿Puedo darle un consejo, señor…?

EL NOVIO Gamboa… señor Gamboa…

CAMARERA (Sorprendida por el apellido) Serán dos consejos: el primero, no

abandone esta habitación hasta que no se haya hecho de mañana; el segundo,

no permita que su señora use el apellido de casada, claro, cuando aparezca

EL NOVIO ¿Por qué dice eso?

CAMARERA Porque tiene apellido de policía mal pagado.

EL NOVIO (Se exalta poco a poco, hasta llegar al grito) ¡No me refiero a mi

apellido, soy un empresario multimillonario; le dije a Laura que podíamos pasar

nuestra luna de miel en el hotel más caro del mundo; pero ella se empeñó en la

aventura, en andar por carretera y hospedarse en un motel donde las

habitaciones ni siquiera tienen baño independiente!

CAMARERA (Se levanta molesta) ¡No se lo permito! ¡El resto de nuestras

habitaciones tiene baños internos! ¡Esta es la única que debe usar el baño de

afuera!

EL NOVIO (Interesado) ¿Por qué? ¿Por qué es ésta la única habitación sin

baño?

CAMARERA (Regresa a la cama y enciende otro cigarrillo, temblorosa como su

voz) Por los sucesos.

EL NOVIO ¿Cuáles sucesos?


CAMARERA (Irónica) ¿Un empresario que no lee las noticias? ¿Cómo se supone

que se entera del valor de las acciones en el mercado? ¿De las posibilidades de

los negocios emergentes?

EL NOVIO ¿A qué sucesos se refiere?

CAMARERA (Enigmática) En esta habitación se cometió un crimen. Un crimen

horrible.

EL NOVIO ¿Qué ocurrió?

Se produce un relámpago. Comienza a llover.

CAMARERA (Sobreactuada en su relato, se pasea por la habitación, toca el

mobiliario, las paredes) Una noche de lluvia como ésta, llegó al hotel una pareja.

Se les dio esta habitación, y ellos cerraron su puerta y apagaron las luces. Unos

minutos más tarde, mi marido y yo escuchamos un grito aterrador (grita). Yo me

asusté, una escala de frío ascendió por todo mi cuerpo, como si el infierno mismo

se hubiese congelado y enviase su corriente helada a…

EL NOVIO ¿Puede ir al grano? ¿Quiere dejar de actuar?

CAMARERA (Lo mira con recelo) ¡No! ¡No puedo dejar de actuar! (Permanece

de pie de manera malcriada) Si quiere que continúe con el relato tendrá que

permitirme contar las cosas a mi manera…

EL NOVIO ¡Me está haciendo perder tiempo, me está entreteniendo! ¡Mi mujer

desapareció ya hace un rato y yo no he hecho nada por conseguirla…!

CAMARERA (Perturbada) Mi marido y yo corrimos hacia acá, tocamos a la

puerta, golpeamos varias veces, pero nada. Después de tanto insistir, mi marido

optó por tumbar la puerta de una sola patada y cuando… y cuando… ¿a qué no

sabes que vimos cuando cayó la puerta? (Como EL NOVIO no responde, sigue)
¡El hombre…! ¡El hombre…! (Mordiéndose las manos) ¡El hombre estaba sentado

en el suelo, sujetándose la cabeza con la manos, y lloraba! ¡Decía que su mujer

había entrado al baño y había desaparecido!

EL NOVIO ¿Cómo la mía?

CAMARERA Como la suya. Pero ni ésa ni su mujer han sido las únicas. Aquella

vez estaba el baño, y mi marido entró y revisó, pero no halló nada. Dijo que iría

a ver entre los matorrales que bordean la carretera. Yo me fui a la cama y el

huésped permaneció aquí. Cuando Aníbal regresó de su inspección, el tipo se

había suicidado colgándose de la regadera y debajo de la cama un hilo de sangre

delataba el rastro de un cadáver…

EL NOVIO (Aterrado) ¿Por eso eliminaron el baño?

CAMARERA No, por eso no. Por lo que ocurrió después.

EL NOVIO ¿Otro crimen?

CAMARERA (Afirmando con la cabeza) Otras desapariciones. El baño siguió

estando allí. Cinco meses después vino otra pareja y ocupó este cuarto. Ocurrió

casi que lo mismo: el grito, la puerta cerrada, el marido espantado… Pero no se

encontró cuerpo, al menos no aquí dentro… El cuerpo fue hallado al día siguiente

entre los matorrales; los buitres devoraban las cuencas de sus ojos y la sangre

era la bebida que…

EL NOVIO (Urgido) Tengo que llamar a la Policía. ¿Por qué nos dieron esta

habitación maldita? ¿Por qué este teléfono no tiene cable? (Camina hacia la

puerta de salida) ¿Por qué…?

CAMARERA (Saca una pistola y apunta) ¿Por qué no se da la vuelta y mira lo

que tengo entre las manos? (EL NOVIO lo hace) ¿Por qué no se calla? (Lo
conduce con el cañón hacia el extremo opuesto de la habitación, el baño) ¿Por

qué no se pone de rodillas y permanece quieto, quietito…?

EL NOVIO ¿Usted la mató?

CAMARERA No fui yo. Fue él.

EL NOVIO ¿El recepcionista?

CAMARERA Sí. Es bruto y celoso.

EL NOVIO (Sollozando) ¿Y qué le hicimos nosotros? ¿Qué le hizo mi mujer?

CAMARERA Nada, pero el primer crimen le conmocionó tanto, que se volvió un

sádico. El segundo asesinato y los siguientes, sí los cometió él. Una vez que

registraba a los huéspedes en esta habitación, corría a meterse en el baño, por la

ventana de atrás. Cuando las desgraciadas entraban, él les ponía un pañuelo con

sedante entre la nariz y la boca y se las llevaba…

EL NOVIO Pero los acompañantes de…

CAMARERA Los cadáveres empezaron a aparecer entre la maleza, por aquí

cerca. Se sospechó de mi marido y de mí, la Policía nos llamó a declarar, pero no

hallaron prueba que nos inculpara. Se nos obligó a clausurar el baño y fue

cuando Aníbal puso esa pared de ladrillos.

EL NOVIO (Sin aliento) Usted es cómplice, lo han preparado todo en conjunto,

son un par de sicópatas. Están enfermos. Darnos esta habitación, el teléfono sin

línea, sin cable…

CAMARERA (De pronto, amigable) No se asuste, por favor.

EL NOVIO Dígame, ¿cómo hicieron para sacarle de aquí? Yo mismo la vi

entrar, cerrar la puerta y… y luego, esa pared…

CAMARERA Tiene que calmarse, por favor. No puede tomarse todo tan a pecho.
EL NOVIO ¿Me van a matar? ¿Me van a matar a mí también?

CAMARERA Lo que le va a matar es ese miedo que tiene. Leí que los hombres

jóvenes como usted son los más propensos morir de un infarto, así que le pido

que se relaje. ¿Quiere que le traiga un té de valeriana, pasiflora, tilo, manzanilla,

con tres gotas de limón? (EL NOVIO no contesta) Déjese de berrinches,

compórtese como un hombrecito. No puede verme como la mala de la película

sólo porque tengo una pistola en las manos. (Pausa) Estoy de su lado. Jamás le

haría daño a una mosca, ni a un indefenso chipo, ni a un microbio de fiebre

porcina. Aníbal es un salvaje, una bestia bípeda, y cuando conseguí las

pantaletas de su primera victima dentro de uno de los bolsillos de su pantalón,

me amenazó a muerte. Estoy castigada a permanecer al lado de ese loco

asesino. Por eso vine acá, a usted. Lo de los chocolates era una estrategia para

introducirme en su habitación, con la ilusa esperanza de llegar a tiempo. Pero ya

ve, ¡llegué tarde! Vine a advertirles, a decirles que se fueran, a suplicarles…

EL NOVIO (Afirmando con un gesto de cabeza, aturdido, autista) Usted es

cómplice. Usted es cómplice. Usted es cómplice. Usted tiene una pistola.

CAMARERA No se deje engañar por esto. La llevo para protegerme de él, por si

algún día me ataca. (Guardándose la pistola) Mi interés, ahora que su mujer ha

desaparecido, es protegerlo a usted. Y usted sólo podrá vivir si permanece en

este cuarto hasta mañana por la mañana, créame. Como no tenga queja, él ni

siquiera vendrá por aquí, para no levantar sospechas, entonces usted se irá

temprano y podrá ir a la Policía y decirles mi testimonio. Vendrán y lo atraparán,

¡yo declararé!
EL NOVIO (Como recuperando la razón) Pero aún no me ha dicho cómo hizo

él para sacarla de aquí, si el baño…

CAMARERA ¡Yo eso aún no lo sé! ¡Eso no lo he descubierto!

EL NOVIO (Pactando con ella) Usted, ¿va a estar bien?

CAMARERA Sí, regresaré a la cama y fingiré que nada ha ocurrido. Aníbal sólo

me hará daño si descubre que le he delatado.

Un golpe en la puerta independiente los asusta. Se miran mutuamente.

CAMARERA (En voz baja) Es él, tiene que ser él.

EL NOVIO (Igual) Usted dijo que no vendría.

CAMARERA Nunca viene. Debe ser que fue a la cama y no me encontró.

EL NOVIO ¿Entonces?

CAMARERA Me voy, me voy…

LA CAMARERA recoge sus utensilios y sale a toda prisa, por la ventana. EL

NOVIO no sabe qué hacer, camina de un lado a otro. Golpes agresivos en la

puerta. EL NOVIO resuelve apagar la luz, lo hace sigilosamente y luego, se

esconde debajo de la cama. La única entrada de luz es a través de la ventana.

Se abre la puerta de una sola patada. Entra EL RECEPCIONISTA, lleva

puesto el impermeable amarillo, mojado por la lluvia, y en una de sus manos un

martillo. EL RECEPCIONISTA camina por la habitación, la inspecciona, abre la

puerta del baño, la deja abierta, mira como si buscase algo. Cuando está cerca

de la cama, EL NOVIO lo agarra por los pies y lo empuja al suelo.

EL NOVIO se arrastra y se prende al pie de EL RECEPCIONISTA. EL

RECEPCIONISTA lo patea varias veces, incluso en el estómago, hasta dejarlo sin


aire. Triunfante, martillo en alto, enciende las luces de la habitación y ve que es

EL NOVIO, quien yace tendido.

RECEPCIONISTA (Sorprendido) ¿Usted? ¿Qué se supone que está haciendo?

EL NOVIO Ya lo sé todo.

RECEPCIONISTA ¿Sí? ¿Qué es eso que sabe?

EL NOVIO ¿Va a matarme?

RECEPCIONISTA (Ingenuo) ¿Por qué tendría yo que matarle? Si le golpeé fue

porque usted me atacó primero, salió debajo de la cama…

EL NOVIO ¡Le ataqué en defensa propia! ¡Usted venía a matarme con ese

martillo!

RECEPCIONISTA (Riendo) ¿Qué dice, señor Mendoza?

EL NOVIO (Sorprendido) ¿Cómo sabe mi nombre?

RECEPCIONISTA Suelo leer la mente… (Sonriéndose por la broma) No ponga

esa cara de rata sin acueducto, ¿acaso no recuerda que tuvo que registrarse en

este hotel?

EL NOVIO (Afirma) ¿Qué hizo con Laura? ¿Cómo la sacó de la habitación?

RECEPCIONISTA (Aparentemente preocupado) ¿Quiere decirme que está

ocurriendo aquí, señor Mendoza? ¿Por qué no abrió la puerta cuando llamé? ¿Por

qué estaba escondido debajo de la cama y con la luz apagada? ¿Por qué me

pregunta a mí por Laura? (Pausa) ¿Ha consumido alguna droga?

EL NOVIO Pretende hacerme creer que no sabe nada…

RECEPCIONISTA Tanto así no, señor Mendoza. Quizás no sepa de empresas, de

negocios; pero tampoco es que no sepa nada de nada, de nada. Sé de

albañilería, por ejemplo, de plomería. (Pausa) Precisamente, vine hasta acá, a


pesar del aguacero que está cayendo, con la intención de averiguar si tenía usted

alguna gotera…

EL NOVIO (Desafiante) ¿Alguna gotera? ¿Cree que el bruto soy yo?

RECEPCIONISTA (Se dispone a salir, resuelto) Llamaré a la Policía…

EL NOVIO (Desconfiado) ¿A la Policía?

RECEPCIONISTA (Serio) No sea infantil. (Pausa corta) Dígame, ¿dónde está su

esposa?

EL NOVIO (Confundido) ¿Dónde?

RECEPCIONISTA Sí, ¿dónde? (Como si hubiese comprendido algo) ¿También

está debajo de la cama? ¿Se trata de algún juego de parejas? ¿De recién

casados? (Pausa corta) ¿Puedo…? ¿Puedo ver?

EL RECEPCIONISTA se agacha a ver debajo de la cama. EL NOVIO

aprovecha de lanzarse sobre él, batallan de nuevo. EL RECEPCIONISTA, más

corpulento, se impone y logra montarse sobre EL NOVIO, dándole la espalda. Con

rostro macabro descarga su martillo sobre las rodillas de EL NOVIO, quien grita

por el dolor de la embestida. Finalmente, EL RECEPCIONISTA lo libera, al saberlo

impedido de piernas, y se levanta y se quita el impermeable, seca su sudor en la

frente con las mangas de su camisa.

EL NOVIO (Sollozando) Mis piernas, mis piernas…

RECEPCIONISTA Perdóneme, no he querido hacerlo, pero usted se ha puesto

impertinente. Dígame ahora: ¿qué ha hecho con su esposa?

EL NOVIO ¡Ya deje el teatro! La camarera me contó la verdad.

RECEPCIONISTA (Tragando grueso) ¿La camarera estuvo aquí?

EL NOVIO Sí. Y me dijo que usted la tiene amenazada de muerte.


EL RECEPCIONISTA camina alrededor de la habitación, pensativo. EL

NOVIO se arrastra, más por miedo que por ser tropezado. EL RECEPCIONISTA se

sienta sobre la cama, con la mirada perdida.

RECEPCIONISTA Algo tengo que hacer con usted.

EL NOVIO Sea lo que sea, déjeme ver antes a Laura. Quiero despedirme de

ella.

RECEPCIONISTA (Molesto) ¿Qué piensa que voy a hacerle, señor Mendoza?

¿Matarlo? (EL NOVIO se encoge de hombros) No sea niño, ¡cállese y no diga más

estupideces! No tiene ni idea del peligro en que se encuentra.

EL NOVIO (Irónico) ¿Cree que no? Desconozco porqué hizo lo que hizo, o

porqué hará lo que hará, pero le digo que si es por dinero, pudo haber recibido

mucho más de otra forma.

RECEPCIONISTA ¿Otra forma?

EL NOVIO ¡Un secuestro!

RECEPCIONISTA ¿Me está tomando por un criminal?

EL NOVIO (Cabizbajo) Yo no he querido ofenderlo.

RECEPCIONISTA ¿Tampoco termina de entender?

EL NOVIO ¿Qué?

RECEPCIONISTA ¡Que yo quiero ayudarle! Que la mujer con la que usted

estuvo hablando, la camarera, es una pobre diabla, una medusa sin tentáculos,

una mona desquiciada, una cucaracha enferma de la mente, una psicópata que

come pupú.
EL NOVIO Mire, a mí no me importa que usted quiera confundirme, yo lo

único que le pido es que me deje ver a Laura, que me lleve a donde ella esté…

viva o muerta.

RECEPCIONISTA Es muy raro que su señora haya desaparecido. Normalmente,

Piedad sólo les da un susto y luego regresa a la cama, a mi lado.

EL NOVIO ¿Piedad?

RECEPCIONISTA Mi mujer, la camarera. Puede parecer una ironía su nombre,

pero no lo es en absoluto, Piedad es bastante inofensiva. A menos que… que su

enfermedad haya encontrado vía libre entre los caminos más recónditos de sus

sinapsis mentales… que esté pasando a un estado agresivo, perverso… a otro en

el que es capaz de…de matar.

EL NOVIO Eres muy mal actor, Aníbal. Piedad me contó todo.

RECEPCIONISTA (Levantándose iracundo) ¿Piedad le contó todo? ¿Le contó de

su enfermedad, de su locura? ¿De sus ataques de celos? ¡No, no! ¡Sólo le dijo mi

nombre y un cuento fantástico!

EL NOVIO Aníbal, yo puedo ayudarle…

RECEPCIONISTA (Ensimismado) ¡Cómo me gustaría que alguien pudiera

ayudarme! Pero no, señor Mendoza, la locura de Piedad tiene sus raíces en la

infancia, y eso seguramente no se lo contó ella. Ahora, le digo una cosa, de

haber sabido desde un principio que ella padecía del mal de Otelo…

EL NOVIO ¿Otelo?

RECEPCIONISTA (Con naturalidad) Sí, el esposo de Desdémona.

EL NOVIO ¿Unos amigos italianos?


RECEPCIONISTA (Irónico) Unos amigos italianos, los hosteleros de dos

kilómetros más arriba, pasando el Luna Salvaje…

EL NOVIO ¿Se está burlando?

RECEPCIONISTA ¡Otelo, señor Mendoza! ¡O-TE-LO! El paradigma de la

celopatía creado por Shakespeare.

EL NOVIO ¿Shakespeare?

RECEPCIONISTA El gran dramaturgo inglés. ¿Conoce usted Inglaterra, señor

Mendoza?

EL NOVIO (Incómodo) No, no he tenido el tiempo de ir.

RECEPCIONISTA ¡La tierra de Scotland Yard! ¡De David y victoria Beckham!

¡Allí se hace un buen teatro!

EL NOVIO Entonces, ¿Piedad está enferma de celos?

RECEPCIONISTA Sí. Lo peor del asunto es que ella es mujer y blanca…

EL NOVIO ¿Mujer y blanca?

RECEPCIONISTA Otelo es hombre y negro.

EL NOVIO (Burlón) Pero sígale la corriente, vístase usted de Desdémona, su

piel es blanca y…

RECEPCIONISTA (Poseído por el alma de Otelo) “Más blanca que la nieve, y tan

lisa como el alabastro de un sepulcro. Pero debe morir o engañará a más

hombres”.

A este punto, EL RECEPCIONISTA levanta el martillo, sale de personaje y

hace una reverencia de actor con la cabeza. EL NOVIO, percatándose de una

posible locura, aplaude para seguirle la corriente.


RECEPCIONISTA De haber sabido desde un principio que Piedad había

asesinado a su hermano menor, tal vez…

EL NOVIO ¿Cómo…?

RECEPCIONISTA Tal vez no me habría casado con ella. O tal vez sí. Piedad es

un alma especial, inocente. Tenía razones para hacer lo que hizo, se lo aseguro.

EL NOVIO ¿Cómo… cómo… cómo dice? ¿Que… que… que Piedad qué?

RECEPCIONISTA Una niña de cinco años, hija única, superconsentida. De la

noche a la mañana aparece la madre con un balón de carne en la barriga y le

dice con su sonrisita más estúpida, más imprudente: vas a tener un hermanito.

¡La pequeña Piedad enloqueció! ¿Acaso había pedido ella un hermanito? ¡No,

pues no! Ella estaba feliz siendo el centro del hogar, la reina de las carantoñas y

las chupetas gigantes de colores…

EL NOVIO ¿Mató a su pequeño hermano?

RECEPCIONISTA (Cubriéndose la cara con las manos) El adefesio llegó cuando

ella estaba cumpliendo sus cinco años, ¡cinco años! ¿Qué peor regalo podría

recibir? Al principio debió haber intentado soportar la presencia del llorón, pero él

no se hizo querer, ¡llanto tras llanto! La pequeña Piedad fue despreciada y buscó

–con sobradas razones– la manera de recuperar el cariño de sus padres. Así fue

como estando una vez con el monstruo, solos en la habitación, lo sacó de la cuna

y lo echó al suelo…

EL NOVIO (También se cubre la cara con las manos) ¡Coño!

RECEPCIONISTA Quedó muy traumada. Los padres se engañaron a sí mismos

diciéndose que había sido un accidente, pero muy en el fondo sabían que tenían

un pequeño problema en casa.


EL NOVIO Entiendo. Aunque Piedad se ve de lo más normal.

RECEPCIONISTA No. Después de estar un buen rato con ella, uno puede

empezar a percibir que su conducta es un tanto extraña…

EL NOVIO (Convencido) ¡Sí, es verdad! ¡Tiene razón!

RECEPCIONISTA ¡Pobre desgraciada mía!

EL NOVIO ¿Así que ha sido ella quien se ha llevado a Laura?

RECEPCIONISTA Yo no me atrevo a afirmarlo, pero es muy posible que sí.

Comprenda que aquí no viene casi nadie y cuando llega una pareja, a Piedad la

enfermedad le emerge y es capaz de hacer unas tonterías que sólo a un Otelo

podría ocurrírsele.

EL NOVIO ¿Lo hace por celos?

RECEPCIONISTA Por celos.

EL NOVIO ¿Por eso ataca mujeres y no hombres?

RECEPCIONISTA Por eso.

EL NOVIO (Ríe desquiciado) ¡Y me supo engañar! Me contó un poco de

historias absurdas acerca de usted, de unos crímenes que se habían cometido en

esta habitación…

RECEPCIONISTA (Alegre) Es una bromista. A pesar de las desgracias de su

vida, mi Piedad, es una bromista. Cuenta lo mismo a todos los huéspedes…

EL NOVIO (Enseriándose) Después de matar a sus esposas…

RECEPCIONISTA No, no, Piedad sería incapaz…

EL NOVIO ¡Laura desapareció!

RECEPCIONISTA (Seriamente) Aquí no ha ocurrido ningún crimen. Ni hoy, ni

ayer, ni nunca. Esa historia que seguramente le contó Piedad, la del hombre que
descuartizó a su mujer y la escondió debajo de la cama, eso no más que el

producto de su mente retorcida, de su cerebro comido por la polilla. Una broma

pesada, seguro, pero broma. Así que pido respeto para quien es mi compañera.

EL NOVIO ¡Laura desapareció!

RECEPCIONISTA Se habrá escapado por la ventana, con un marido como

usted…

EL NOVIO ¿Qué tengo yo? ¿Qué tengo yo de malo?

RECEPCIONISTA Que no tiene sentido del humor. Piedad vino hasta aquí a

divertirse con ustedes, a echarles geniales cuentos de terror, de esos donde un

asesino en un motel de carretera, durante una noche lluviosa, hace desaparecer

a los huéspedes. Y su razón es los celos. Les provoca sustos a los huéspedes

para que se vayan y así no haya otra mujer cerca que pueda robarle mi amor…

¡Tontita, nadie podrá quitarle mi amor! ¡Tampoco nadie podrá quitármela a ella!

¿Sabe que hacía antes? (Se le acerca, EL NOVIO retrocede) Cuando veía a una

parejita entrado a una habitación, llegaba corriendo y se metía por la ventana del

baño con un cuchillo en las manos, esperaba que alguno de ellos entrara y les

daba tremendo susto… (Riendo a carcajada) ¡Tremendo susto! Tiene muy buen

sentido del humor Piedad.

EL NOVIO Esta habitación no tiene baño.

RECEPCIONISTA Porque debido a los frecuentes reclamos de los clientes, tuve

que verme obligado a crear un baño afuera, cerca de la recepción, y poner una

pared de ladrillos detrás de cada una de las puertas de estos en las habitaciones.

Pensé que sería la única manera que Piedad dejaría de jugar con los huéspedes,

pero ya ve… ¡es una comedianta por naturaleza!


EL NOVIO ¡Una histrión! Ahora puede llamarla y decirle que haga su gran

truco de magia haciendo aparecer a mi esposa…

RECEPCIONISTA (Acordándose) ¡Su esposa! (Grave) Su caso es el primer

misterio que ocurre de verdad en nuestro establecimiento. Me temo que la locura

de Piedad haya pasado a otra fase más atrevida y… ¡con Laura muerta no le

puedo dejar ir a usted! ¡Delataría a mi mujer ante la Policía! ¡La denunciaría!

EL RECEPCIONISTA quita la sábana a la cama y con ella persigue a EL

NOVIO, quien se arrastra por el cuarto.

EL NOVIO ¿Qué hace, señor Aníbal? ¿Qué pretende? Podemos solucionar

esto…

Llegando EL NOVIO a la puerta, EL RECEPCIONISTA lo jala por los pies y

lo desliza hasta la pata de la cama. Se arrodilla y con mucho esfuerzo, amarra a

EL NOVIO a la pata de la cama usando la sábana como soga. EL NOVIO no deja

de quejarse, da gritos tales como: ¡AYUDA! ¡POLICÍA! ¡LAURA!, etcétera. EL

RECEPCIONISTA quita la funda a una de las almohadas y con ella tapa la boca de

EL NOVIO.

RECEPCIONISTA (Levantando el martillo para golpearle en la cabeza) Lo siento,

señor Mendoza, también usted estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por

proteger a su mujer.

Se escucha un disparo afuera. Se miran mutuamente, expectantes. EL

RECEPCIONISTA no ejecuta su acción homicida, coge su impermeable y sale

corriendo. Durante un rato EL NOVIO hace un esfuerzo inútil por liberarse. En el

marco de la ventana aparece LA CAMARERA, gritando aterradoramente; viste el


traje de LA NOVIA, empapado por la lluvia; se esfuerza en entrar y cuando lo

logra, se pueden apreciar manchas de sangre en todo el vestido.

CAMARERA (Mientras lo desata, de rodillas) Señor Gamboa, lo que descubrí…

¡Lo que descubrí! Esto sí lo va a matar…

EL NOVIO (Cuando le quitan el trapo en la boca) ¿Y ése disparo? ¿Por qué

lleva puesto el vestido de Laura? ¿Por qué está manchado de sangre? ¿Dónde

está su pistola?

CAMARERA ¡Vamos, tenemos que apurarnos! ¡Vienen hacia acá, seguramente!

EL NOVIO (Se aparta de ella con desconfianza) ¡Usted es como Otelo!

CAMARERA (Extrañada) ¿Otelo?

EL NOVIO ¡Otelo, coño! ¡Otelo! ¡El tipo celoso!

Aprovechando el estado sorpresivo de LA CAMARERA, EL NOVIO coge el

teléfono y le pega con él en la cabeza. LA CAMARERA cae inconsciente y EL

NOVIO aprovecha de atarla a la pata de la cama, con las sábanas. EL NOVIO se

pone de pie con mucha dificultad, la requisa, como no encuentra nada se dispone

a salir, pero la siguiente declaración de LA CAMARERA, quien despierta un poco

atolondrada, lo detiene…

CAMARERA Encontré a su esposa, señor Gamboa.

Silencio, tensión.

EL NOVIO ¿Está viva?

CAMARERA Está viva.

EL NOVIO (Poco crédulo) Escuché un disparó.

CAMARERA Fue ella. Me disparó.

EL NOVIO Usted está loca, Piedad. Aníbal me contó lo de su hermanito.


CAMARERA ¿Mi hermanito?

EL NOVIO Usted lo empujó de la cuna…

CAMARERA (Se cubre la cara con las manos, sollozando) ¡Fue un accidente!

EL NOVIO Lo hizo por celos.

CAMARERA ¡Aníbal, hijo de puta! ¿Cómo pudo haber dicho eso de mí? Todos

saben que fue un accidente, mis padres supieron que fue un accidente. Yo sólo

quería cargarlo, acurrucarlo… (Rencorosa) ¿Quiere saber quién es Laura? ¿Quiere

saber por qué lo trajo a este motel? ¿Cuál era el interés de Laura en viajar por

carretera y no por avión? ¿Cuál su afán de aventura…?

EL NOVIO Es mentira que Laura esté viva. Escuché el disparo.

CAMARERA (Con encono) ¿Sabe usted a que se dedicaba Laura cuando era

soltera?

EL NOVIO (Con seguridad) Estudiaba en la universidad.

CAMARERA Sí.

EL NOVIO Comunicación social.

CAMARERA Sí.

EL NOVIO ¿Y?

CAMARERA ¿Y sabe cómo cubría sus gastos universitarios?

EL NOVIO Laura es muy humilde.

CAMARERA Pero ambiciosa. (Pausa) Se casó con un millonario.

EL NOVIO Laura trabajaba y pagaba sus propias cuentas.

CAMARERA ¡En un bar! ¡Trabajaba en un bar! ¡TRABAJA EN UN BAR!


EL NOVIO ¡Qué locuras está diciendo! ¡Usted no conoce a Laura!

Probablemente usted no haya salido de este lugar en muchos, muchos años. Y

viene a decirme que Laura es una mesonera…

CAMARERA ¡Una puta! ¡Una puta!

EL NOVIO Sin palabras altisonantes, por favor.

CAMARERA Yo no he salido de este lugar en muchos años, es cierto. Pero mi

marido sí, Aníbal sí ha salido. Y hasta hoy me entero. Después de que cierra las

puertas del motel, antes del alba, coge el carro y baja a la ciudad…

EL NOVIO ¿Este es otro giro dramático en el argumento de su locura?

CAMARERA Yo no estoy loca, señor Gamboa, créame. En verdad a mi me

fastidia tanto bajar a la ciudad y me aburro como una ostra en este lugar; por

eso se me ha ocurrido que podía divertirme asustando a los huéspedes. Pero

pronto acabo diciéndoles que se trata de una broma, de un pequeño susto para

ambientar el motel, y ellos entienden, no se molestan…

EL NOVIO Aníbal me contó que es así. Que no ha ocurrido ningún homicidio ni

suicidio en esta habitación. Pero esta noche Laura ha desaparecido, a diferencia

de…

CAMARERA ¡Y está con él, señor Gamboa! ¡Laura y Aníbal son amantes!

EL NOVIO (Divirtiéndose) No, no, no. Esto es enfermizo.

EL NOVIO ríe a carcajadas. Se sienta cerca de LA CAMARERA y juega con

los cabellos de ésta.

EL NOVIO Dígame dónde hay un teléfono que funcione, que tenga cable y

línea, para llamar a la Policía, y al siquiátrico de una vez.


CAMARERA (Entusiasmada) ¡En la recepción! Allí está el único teléfono que

funciona. Pero debe tener cuidado, señor Gamboa, ya Laura sabe que yo sé y

debe estar buscando a Aníbal para ejecutar su plan. Si va hasta allí tiene que

llevarme, no puede dejarme aquí amarrada…

EL NOVIO (Siguiéndole el juego) ¡Sí, sí claro! ¡Tiene razón! ¡Ya Laura sabe

que usted sabe y yo no puedo dejarla a usted aquí!

CAMARERA No.

EL NOVIO ¡No, claro que no! (Cauteloso) ¿Qué tal si me da su pistola y así

tengo como defenderme?

CAMARERA ¡La tiene ella!

EL NOVIO ¡Verdad, verdad! ¡La tiene ella, la puta! ¡Laura le disparó!

CAMARERA ¡Sí!

EL NOVIO Y por eso su vestido está manchado de sangre.

CAMARERA No.

EL NOVIO ¿No?

LA CAMARERA niega con la cabeza. EL NOVIO, burlándose, repite sus

movimientos: camina hasta el centro de la habitación, se sienta en la cama,

dobla las piernas y representa con mímicas que procura un cigarrillo, lo enciende

y fuma.

EL NOVIO Cuénteme cómo ocurrieron los hechos.

CAMARERA ¿Se está burlando de mí?

EL NOVIO ¿Usted se está burlando de mí?

CAMARERA ¡Nos van a matar a los dos!

EL NOVIO (Sonriendo) ¿Bonnie and Clyde?


CAMARERA Esta vez le estoy diciendo la verdad, ya la broma terminó.

EL NOVIO (Exasperado) ¡Cuénteme! ¿Cómo coño ocurrieron los hechos?

¿Cómo mató a mi mujer? ¿Qué objeto usó tan torpemente como para salpicarse

toda de sangre? ¡Cuénteme!

CAMARERA (Nerviosa porque no esperaba esta reacción de EL NOVIO) Fue

cuando salí corriendo hacia el matorral, tropecé con algunas ramas que me

rasguñaron la piel y…

EL NOVIO Y sangró, obviamente. (Fríamente) ¿Y por qué corría usted hacia el

matorral? ¿Fue en el matorral donde disparó a Laura?

CAMARERA No, no, no, señor Mendoza…

EL NOVIO ¿Le disparó en la cabeza? ¡Por eso volaron los sesos y cayeron en

su vestido!

CAMARERA (Nerviosa) ¡No! Cuando salí de aquí, por la ventana, escapando de

Aníbal que venía a buscarme, yo me fui a la recepción, y… y…. y en la recepción…

en la recepción estaba ella, Laura, vestida de novia…

EL NOVIO Claro, estaba Laura, vestida novia. Y habría ido seguramente a

quejarse porque no encontraba la puerta del baño para regresar a la habitación…

CAMARERA Llevaba esa maletita entre sus manos…

EL NOVIO Claro, el ajuar. Y usted pensó que Laura quería casarse con su

marido, el recepcionista, y sintió mucho celos y sacó la pistola y…

CAMARERA Y me habló con la voz gruesa, como si la hubiese poseído un

demonio. O peor aún, como si se hubiese tragado un policía. Y me dijo, me dijo…

EL NOVIO (Poniendo los dedos como cañón de pistola) Dame a tu novio o te

mato.
CAMARERA No, no me dijo eso. Me dijo algo peor, algo que para mí fue como

un avión estrellándose contra mi cuerpo. Me dijo: “tu hombre es mi hombre”. Y

yo lo comprendí todo, señor Mendoza, comprendí que usted y yo éramos los

engañados. Las victimas. Y que ése par de pillos se traía un plan para escapar

juntos…

EL NOVIO Y fue cuando sin piedad usted le disparó, Piedad.

CAMARERA Sí, yo saqué la pistola, pero no… No disparé…

EL NOVIO Ella se lanzó sobre usted…

CAMARERA (Emocionada por el acierto) ¡Sí! ¡Sí! ¡Así mismo!

EL NOVIO ¿Y usted escapó?

CAMARERA Pero ella me jaló por los pelos, me sacudió de un lado a otro, me

echó al piso… (Al darse cuenta de que EL NOVIO no está convencido) Usted no

me cree, ¿verdad?

EL NOVIO (Fríamente) ¿Cómo quiere morir, Piedad?

CAMARERA ¿Va a matarme?

EL NOVIO Sólo le pregunté que cómo quiere morir.

CAMARERA Yo no quiero morir, señor Mendoza… Al menos, no todavía.

EL NOVIO ¿Y creyó usted que a Laura si le apetecía morir hoy? ¿Qué había

pasado el día entero imaginando que esta misma noche los labios de la muerte

rozarían sus labios…?

CAMARERA Eso es muy poético, señor Mendoza.

EL NOVIO ¿Cómo quiere morir, Piedad?

Silencio inquietante.

EL NOVIO Ahora mismo Aníbal debe estar enterrando el cuerpo de…


CAMARERA (Infantil) Pero Laura…

EL NOVIO Ese hombre la ama con locura, a pesar de… de su locura. Ese

hombre está dispuesto a cualquier sacrificio por protegerla, me lo ha contado. Me

ha dicho que, como yo, está dispuesto a hacer cualquier cosa por su mujer.

(Pausa) Tenía razón, ambos estamos dispuestos a hacer cualquier cosa por

nuestras mujeres.

LA CAMARERA permanece perpleja cuando EL NOVIO, sentado detrás de

ella, comienza a desatarla y la sostiene por el cuello, como con intención de

estrangularla.

CAMARERA (Con sentimiento) Después de la traición de Aníbal, adiós mundo

cruel, no quiero vivir más…

EL NOVIO Así no se vale, tiene que querer vivir, para que yo pueda

estrangularla con gusto.

CAMARERA (Solloza) Yo nunca imaginé que Aníbal fuera esa clase de

hombres…

EL NOVIO Pero si él la ama.

CAMARERA Esa clase de hombres que frecuenta mujeres de la calle…

EL NOVIO (Conmoviéndose) Por favor, no lloré, me pone muy mal…

CAMARERA Tengo un trastorno mental, cierto, soy una desquiciada. Maté a mi

hermanito por celos. Mis padres prefirieron aparentar que se trataba de un

accidente, para no enviarme a un centro de menores. Después de eso, se me

hizo muy difícil acercarme a los demás, incluso a ellos. Aníbal se acercó a mí, me

invitó un helado cuando salimos de la escuela y desde entonces somos novios.


Nos casamos hace veinticinco años y este motel siempre ha sido nuestro hogar,

nuestro empleo…

EL NOVIO (Quitándole las manos sobre el cuello, conmovido) ¿Sabe que otra

cosa me dijo? “¡Con Laura muerta no le puedo dejar ir a usted! ¡Delataría a mi

mujer ante la Policía! ¡La denunciaría!”.

CAMARERA ¡Qué estúpidas somos las mujeres! Hasta hoy me entero de que

tiene una amante, una puta. Fue ella misma quien me lo contó: Laura. Esperaba

en la recepción mientras Aníbal venía aquí a…

EL NOVIO (Crédulo) ¿A matarme?

CAMARERA Sí, todo estaba planificado, señor Mendoza. Desde mucho antes de

que usted conociera a Laura. Han sido amantes durante un buen tiempo; juntos

premeditaron la manera de que ella pudiera casarse con un millonario, para

luego asesinarle, y así cobrar la herencia…

EL NOVIO ¿Ella le confesó todo esto? (LA CAMARERA asiente) ¿Y dónde están

ahora?

CAMARERA No sé, imagino que buscándome. Como yo la encontré en la

recepción y la desenmascaré mientras la apuntaba con la pistola…

EL NOVIO ¿Entonces Laura se le echó encima y la desarmó?

CAMARERA (Serena) Así fue. Y me obligó a cambiar de vestidos.

EL NOVIO Después usted quiso escapar y cuando se dio la vuelta ella disparó.

(LA CAMARERA asiente) Ése fue el disparo que Aníbal y yo escuchamos y por eso

él salió agitado, pensando que había sido usted quien había…

CAMARERA Exactamente. La bala no me alcanzó y pude esconderme entre los

matorrales al borde de la carretera, donde me rasguñé con las ramas.


EL NOVIO (Perturbado) ¿Por dinero? ¿Laura se casó conmigo por dinero?

CAMARERA Para matarle y después conseguir su dinero. A mí me tenían

dispuesta una reservación en un manicomio…

EL NOVIO (Llorando) ¿Laura puta?

CAMARERA Putísima.

EL NOVIO solloza como un niño, desconsoladamente, con la cara tapada.

LA CAMARERA se acerca a su lado y lo abraza, lo consuela. Después del dolor, EL

NOVIO reacciona.

EL NOVIO ¿Qué vamos a hacer ahora?

CAMARERA Escaparemos en su carro, bajaremos a la ciudad y pondremos la

denuncia…

EL NOVIO ¿Qué denunciaremos? ¡No hay crimen!

CAMARERA ¿Y si nosotros los matamos y decimos que fue en defensa propia?

EL NOVIO ¿Matarlos a ambos? ¿Un doble asesinato?

EL NOVIO y LA CAMARERA se miran en silencio, cómplices. Se besan

apasionadamente. Afuera se escuchan los pasos de EL RECEPCIONISTA y de LA

NOVIA. EL NOVIO y LA CAMARERA, expectantes. Cuando el ruido está más cerca,

EL NOVIO jala por un brazo a LA CAMARERA y la obliga a esconderse debajo de

la cama, luego se esconde él. Por un rato, ambos pelean debajo de la cama, LA

CAMARERA saca la cabeza y EL NOVIO vuelve a hacer que la guarde. LA

CAMARERA sale por última vez, dándose cuenta de las sábanas que están en el

suelo y las jala, las guarda, se escucha un golpe seco. Silencio.

Se abre la puerta de la habitación. Segundos después entra EL

RECEPCIONISTA.
RECEPCIONISTA Aquí no están.

Entra LA NOVIA vestida con el uniforme de LA CAMARERA, en sus manos

el neceser.

RECEPCIONISTA Dejaste que ella te viera esperándome en la recepción.

LA NOVIA Yo no tenía muy clara las cosas.

RECEPCIONISTA Te lo expliqué, Laura, te lo expliqué mil veces.

LA NOVIA Estoy nerviosa. Perdón.

RECEPCIONISTA ¡Y ése disparo! No debiste haberle disparado, quedamos en

que Piedad entraría en un manicomio, y tú y yo… ¡Te lo expliqué, Laura! ¡Te lo

expliqué!

LA NOVIA (Dudosa de sus palabras) Pero si yo soy tu amante, tenía derecho a

matar a esa mujer…

RECEPCIONISTA Lo peor es que no la mataste. Escapó. Ahora no sabemos

dónde está.

LA NOVIA Corrió hacia la carretera, se metió entre el monte.

RECEPCIONISTA Pero viva.

LA NOVIA ¿Y si la mordió una serpiente? ¿Y si pisó una trampa para ratas o

un mojón de perro?

RECEPCIONISTA ¡Dame el arma! ¡Dámela!

LA NOVIA No, no.

RECEPCIONISTA (Fingiendo dulzura) Es necesario que me la entregues, Laura.

Tu esposo también ha escapado. Tenemos que encontrarlo y matarlo.

LA NOVIA (Involucrada) ¿La herencia?


RECEPCIONISTA Por la herencia, ¿recuerdas? Así fue cómo planificamos todo

en aquél bar: tú ibas a conquistarlo, a casarte con él, a traerlo aquí la noche del

matrimonio y… y nos encargaríamos de todo… culparíamos a la demente de mi

mujer, a quien debido a su fragilidad mental recluirían en un psiquiátrico, y tú y

yo podríamos irnos a vivir felices y millonarios a otro país, a una isla quizá… con

su herencia, tu herencia.

LA NOVIA ¿Así que yo soy tu amante?

RECEPCIONISTA (Abrazándola) ¡Cabecita loca, cabecita loca! Esta noche te ha

trastornado un poco, pero se te pasará. Pasará, ya verás. Una vez que uno se

acostumbra al crimen…

LA NOVIA ¡Yo no quiero acostumbrarme! ¡Yo no quiero!

RECEPCIONISTA ¡Malagradecida! ¡Soy tu héroe! ¡Te liberé de ese hombre

insulso, de ese fanfarrón de mierda, de ese pez tuerto, de ese canalla con

verrugas! ¡Ingrata! ¡Dame la pistola! (Arrepintiéndose de sus gritos al ver que LA

NOVIA está asustada) Es como un juego, Laura, no tienes porque asustarte.

LA NOVIA (Temblorosa) ¿Un juego?

RECEPCIONISTA Tiene que ser divertido. Tienen que suceder cosas.

LA NOVIA ¿Tengo que ser divertida?

RECEPCIONISTA ¡Claro, pequeña!

LA NOVIA (Cautelosa) Yo conozco un juego.

RECEPCIONISTA Ya estamos jugando, Laura.

LA NOVIA Y tengo juguetes.

RECEPCIONISTA ¿La pistola?

LA NOVIA Las esposas.


RECEPCIONISTA ¿Cuáles esposas?

LA NOVIA abre su neceser y saca las esposas. Se las muestra.

RECEPCIONISTA Nos pueden servir.

LA NOVIA (Firme) Dame las manitos.

RECEPCIONISTA ¿Mis manitos? ¿No pretenderás esposarme?

LA NOVIA Dame las manitos, Aníbal.

RECEPCIONISTA No, las manitos no.

LA NOVIA Estamos jugando.

RECEPCIONISTA (Receloso) ¿Cómo se llama tu juego?

LA NOVIA Policías y rateros.

RECEPCIONISTA Yo quiero ser policía.

LA NOVIA (Acercándose a él) ¡Policía soy yo!

LA NOVIA aplica inesperadamente una llave física a EL RECEPCIONISTA,

derribándolo. Aprovecha de esposarlo.

RECEPCIONISTA (Perplejo) ¿Qué haces, Laura? ¡Esto no fue lo que

convenimos!

LA NOVIA Apaga la luz.

RECEPCIONISTA ¿La luz? (LA NOVIA asiente) No, la luz no.

LA NOVIA ¿Tienes miedo a la oscuridad?

EL RECEPCIONISTA se levanta y apaga las lámparas de aplique. Queda luz

tenue, apenas la que entra por la ventana.

RECEPCIONISTA Todo va a estar bien, ¿verdad?

LA NOVIA Todo va a estar bien. (Pausa) Ahora yo pongo las reglas del juego.

RECEPCIONISTA (Mosqueado) La obra está escrita.


LA NOVIA Se puede corregir. Es necesario corregir. (Del cinto de su falda,

saca la pistola y lo apunta) ¿Dónde está Antonio?

RECEPCIONISTA ¡Te estás saliendo de tu personaje, Laura!

LA NOVIA Estoy improvisando.

RECEPCIONISTA (Mirando al público) Estamos en plena función. Mira, allí está

el público.

LA NOVIA ¡Me importa un carajo el público!

RECEPCIONISTA ¡Un poco más de respeto al público, por favor! ¡Por favor!

LA CAMARERA sale debajo de la cama, enfurecida.

LA CAMARERA (Batiendo las manos en el aire) ¡Aníbal tiene razón, Laura, no

puedes ser tan irrespetuosa con el público!

Debajo de la cama sale EL NOVIO, quien tiene amarrado los pies y las

manos con trozos de sábana, también tiene amordazada la boca. Pretende gritar.

LA NOVIA (Emocionada) ¡Antonio! ¡Antonio! (Apuntándole a LA CAMARERA)

¡Quítele esos trapos de la boca! ¡Todo!

EL NOVIO (Después de quedar desatado) ¡Laura! ¡Mi Laura!

EL NOVIO y LA NOVIA se reúnen en un abrazo. LA CAMARERA y EL

RECEPCIONISTA se sientan en la cama, agarrados de manos, cabizbajos,

vencidos.

RECEPCIONISTA (A LA CAMARERA) Vamos a tener que matarlos a los dos.

LA CAMARERA Sí.

RECEPCIONISTA Lo triste del caso es que son talentosos.

LA CAMARERA Pero les falta disciplina.


EL RECEPCIONISTA hace un gesto con la cabeza a LA CAMARERA, ésta

aprueba de la misma manera. EL RECEPCIONISTA aprovechando el embeleso de

la pareja, se lanza torpemente sobre LA NOVIA y lucha por la pistola. Disparo.

Silencio. EL RECEPCIONISTA cae y de su pecho emana un chorro de sangre. LA

CAMARERA grita y se echa a llorar sobre él. LA NOVIA permanece aturdida por lo

que acaba de hacer. EL NOVIO boquiabierto.

LA CAMARERA ¡Ay, ay! ¡Ay, mamá me muero! ¡Me muero, mi vida!

LA NOVIA (Sentida) Fue en defensa propia.

LA CAMARERA (Respondiéndole) Era una representación, no tenías derecho.

Te habíamos dados las pautas, el argumento.

EL NOVIO ¿De qué hablan, Laura? ¿Tú estás en esto?

LA NOVIA (Niega con la cabeza) Detrás de esa puerta no hay ningún baño,

Antonio…

EL NOVIO Yo te vi entrar.

LA CAMARERA (Desconsolada) Da a la calle.

EL NOVIO ¿Y esa pared de ladrillos?

LA CAMARERA Es un artificio: una pared corrediza.

EL NOVIO va al baño y, efectivamente, corre la pared de ladrillos y el

fondo es la calle exterior, por lo que puede verse alguna luz adicional: poste de

luz, publicidad, etcétera.

LA NOVIA Afuera alguien me atacó por la espalda…

LA CAMARERA El infeliz que yace aquí: mi marido.

LA NOVIA Aníbal me arrastró hasta la recepción y allí él, con ayuda de esta

demente, me amarraron a una silla y me pidieron que me quedara tranquila…


LA CAMARERA (A LA NOVIA) Prometimos que no íbamos a hacerle daño a

ninguno de los dos; explicamos que se trataba de una broma.

LA NOVIA Y yo, asustada por lo que pudiera pasarte a ti, les seguí la

corriente.

EL NOVIO (A LA NOVIA) ¿Y esa pistola? ¿De dónde la sacaste?

LA CAMARERA ¡Me la robó!

LA NOVIA Pude desatarme de las sogas que me habían puesto y apenas ésta

se descuido, me le fui encima…

LA CAMARERA ¡Me robó la pistola!

LA NOVIA Se la quité y ella corrió hacia la calle. Yo fui tras ella y le disparé…

EL NOVIO (Recordando) ¡El disparo!

LA CAMARERA Pero no acertó. Vine hasta acá a advertirle a Aníbal, pero él

ya había salido de este cuarto pensando…

EL NOVIO (Desconfiado) Tú eres parte de este plan, Laura. Trabajabas en un

bar y yo no lo sabía, allí conociste a Aníbal y empezaron a salir juntos…

LA CAMARERA No, no. Ese es el argumento.

EL NOVIO ¿Cuál argumento, coño? ¿El argumento de qué?

LA NOVIA Estos desgraciados son actores, Antonio.

LA CAMARERA (Justificándose) ¡Sin empleo!

EL NOVIO ¿Y todo ha sido una obra de teatro?

LA NOVIA Su obra de teatro. Se han inventado una representación porque se

quedaron sin sala, sin subsidio del Estado…

LA CAMARERA (Humilde) Sin autoestima.

EL NOVIO Pero esto es un motel, no un teatro.


LA CAMARERA (Quitándose la peluca) Es un motel, sí, pero Aníbal y yo lo

convertimos en nuestro teatro. Porque de alguna manera nuestra vida es el

teatro, y teníamos que seguir viviendo. Con el dinero que habíamos reunido a lo

largo de nuestras vidas, compramos esto y quisimos seguir representando

historias, personajes… (Sinceramente conmovida) ¡La locura, la belleza!

EL NOVIO ¿Por qué no compraron más bien un teatro?

LA CAMARERA En algún lugar teníamos que vivir y éste nos pareció

adecuado. Creamos el argumento de nuestra obra y cuando eventualmente llega

una pareja de huéspedes, como ustedes, nos ponemos nuestros vestuarios y les

echamos un pequeño susto…

EL NOVIO ¿Pequeño dice?

LA CAMARERA (Mirando el cuerpo de EL RECEPCIONISTA) Pero esta noche

ustedes lo han arruinado todo. Han ofendido al público, se han salido de sus

personajes encomendados. Y esto,… han matado a mi compañero de escena…

LA NOVIA (Consoladora) Pero la función debe continuar.

EL RECEPCIONISTA se pone de pie.

RECEPCIONISTA Así se dice. Al menos una cosa aprendieron.

LA CAMARERA y EL RECEPCIONISTA hacen una reverencia en

agradecimiento a EL NOVIO y LA NOVIA, como si esperasen aplausos. Como

estos no reaccionan, les cogen de las manos y les obligan a aplaudir.

RECEPCIONISTA (Dándole un puñito en el hombro a EL NOVIO) ¡Otelo! ¡Otelo!

¿Así que no sabe quién es el moro?

EL NOVIO (Molestísimo) No.


LA CAMARERA No sea tan huraño, señor. Hoy ha tenido la oportunidad de

hacer catarsis.

RECEPCIONISTA (Señalando las esposas que aún tiene puestas) ¿Ya pueden?

EL NOVIO Aún no he tenido la oportunidad de hacer catarsis.

EL NOVIO saca otra pistola de sus espaldas. Suspenso.

RECEPCIONISTA (Asustado) Esto es sangre de teatro. Esa pistola es de teatro.

Esa pared de ladrillo es de teatro…

EL NOVIO Pero yo no soy de teatro.

LA NOVIA Ni yo.

LA CAMARERA ¿Quiénes son ustedes?

EL NOVIO Unos criminales.

LA NOVIA Ni siquiera estamos casados.

RECEPCIONISTA Pero…

EL NOVIO Otro teatro, como el suyo, Aníbal.

LA NOVIA El único artificio es el vestuario.

EL NOVIO (Refiriéndose a su pistola) Por lo demás, en esta obra todo es de

verdad.

LA NOVIA Hasta las balas.

EL NOVIO Hasta las muertes.

RECEPCIONISTA (A LA CAMARERA) Te dije que eran talentosos, Piedad.

LA CAMARERA (Reiterativa) Pero sin disciplina.

RECEPCIONISTA (A EL NOVIO) Somos unos actores desempleados, señor…

señor…

LA CAMARERA Gamboa, Gamboa.


RECEPCIONISTA No, es Mendoza. Mendoza, Piedad. Así se registró en

recepción.

LA CAMARERA ¿Y esperabas que un criminal te diese su verdadero nombre?

Es Gamboa, me lo ha dicho antes, sin querer.

EL NOVIO Gamboa. Es Gamboa.

LA CAMARERA Claro, yo le dije que parecía nombre de policía mal pagado.

EL NOVIO Cierto.

EL NOVIO hace un gesto a LA NOVIA. LA NOVIA abre el neceser y saca

otras esposas, que se las pone a LA CAMARERA.

EL NOVIO (Reflexivo) Gamboa, apellido de policía mal pagado.

RECEPCIONISTA (Comprendiendo) Entonces, ¿ustedes tampoco son

criminales?

LA NOVIA (Risueña) Ni actores.

RECEPCIONISTA Son…

EL NOVIO (También risueño) Policías mal pagados.

LA CAMARERA ¿Siempre supieron…?

LA NOVIA Siempre.

EL NOVIO (Irónico) Por respeto a su público, quisimos que esta última función

pudiesen disfrutarla.

LA CAMARERA (Emocionada) ¡Son buenos! ¡En verdad ustedes son muy

buenos actores!

RECEPCIONISTA ¿Cómo supieron?

LA NOVIA Hemos recibido varias denuncias de sus huéspedes.


EL NOVIO Muchos fingieron que no les había importado el mal susto, pero lo

hicieron para irse vivos de aquí y poner la denuncia…

LA CAMARERA No use el verbo “fingir” sino “actuar”. “Muchos actuaron…”

LA NOVIA Otros “actuaron” como si no les hubiese importado y no

denunciaron.

RECEPCIONISTA Nunca matamos a nadie…

EL NOVIO Sí, pero le hicieron una broma a nuestro ex jefe y del tiro le

salieron espinillas en el cutis. Ese bochorno ha sido imperdonable. Prometió

reengancharnos en la Policía si los agarrábamos con las manos en la masa y

hemos cumplido.

LA CAMARERA (Contenta) ¡Qué buen susto nos han dado!

RECEPCIONISTA Sí, cuando sacó esa pistola como si estuviese en un duelo

victoriano…

LA NOVIA ¿Quieren recoger alguna cosa antes de irnos?

RECEPCIONISTA (Mirando el lugar) No, creo que no.

LA CAMARERA Yo sí, mi peluca (recoge su peluca).

Se disponen a salir. EL RECEPCIONISTA se detiene.

RECEPCIONISTA ¿Qué pasará con nosotros?

EL NOVIO Tendrán que extirparle y curarles todas las espinillas al jefe y de

paso hacer de payasitos en la fiesta de cumpleaños de su hijo. Ya saben: nada

aterrador, nada pernicioso. Al jefe no le gusta el teatro pernicioso.

Suena la canción “There’s No Business Like Show Business”.

FIN

También podría gustarte