SANANDO UN CORAZÓN HERIDO
TEMA: SANANDO UN CORAZÓN HERIDO
TEXTO: JEREMÍAS 30:17 Mas yo haré venir sanidad para ti, y
sanaré tus heridas, dice Jehová; porque desechada te
llamaron, diciendo: Esta es Sion, de la que nadie se acuerda.
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¿Por qué no nos gusta hablar de heridas?
Porque todos tenemos una…o más de una.
Porque las heridas duelen, nos lastiman.
Porque las heridas avergüenzan, como si otros no las tuvieran.
Porque no hemos sanado y nos sentimos culpables e impotentes.
Porque sanar duele y no queremos sentir más dolor.
¿Por qué nos cuesta sanar las heridas?
Tenemos una disyuntiva: son nuestras heridas pero no siempre las
hemos causado nosotros.
Lidiamos con el desplazamiento de la responsabilidad: si alguien me
lo causó ese alguien debería sanarlo. Como cuando sufrimos un
choque en carretera y el infractor se hace responsable de pagar el
daño.
No sabemos cómo sanar pero tampoco confiamos en cualquiera para
que nos sane las heridas. Después de todo, aunque la sentimos no la
vemos.
Si alguien las causó, ¿quién es “alguien”?
El pecado en el que nacimos como humanidad caída.
La cultura que se ha construido a lo largo de la historia.
La enfermedad que nos hiere la salud.
La familia y las heridas heredadas.
El sistema injusto, opresor, desvirtuado y egoísta.
La iglesia y sus múltiples errores cristianos.
El propósito de las heridas
Las heridas tienen un propósito. Quizás, si partimos de aquí, daremos
los pasos en la dirección correcta hacia la sanidad.
Este fundamento nos lleva al siguiente: si tus heridas tienen un
propósito, ese propósito es que ayudes a sanar a otros.
¿Es esto posible? ¿Podemos ayudar a sanar a otros mientras estamos
heridos?
2 Corintios 1:3–4 NVI
3 Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre
misericordioso y Dios de toda consolación, 4 quien nos consuela en
todas nuestras tribulaciones para que con el mismo consuelo que de
Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los
que sufren.
Verdaderamente no podemos negar que todas las heridas duelen y
muchas de esas heridas afectan grandemente nuestra vida, y para
sanar esas heridas hay muchos medicamentos y procedimientos
médicos muy efectivos, pero ¿Quién puede sanar las heridas de
nuestro corazón? ¿Quién nos puede quitar el dolor cuando lo que nos
duele no es una parte del cuerpo sino de nuestra alma?
La respuesta a esa pregunta es: DIOS PUEDE SANAR LAS
HERIDAS Y EL DOLOR DE NUESTRO CORAZÓN.
Las heridas de nuestro cuerpo pueden ser causadas por: objetos
cortantes como un cuchillo, objetos punzantes como un clavo, y
objetos contundentes como una piedra, pero las heridas del corazón,
las heridas que causan dolor en nuestro interior son causadas varias
razones, pero hoy veremos TRES CAUSAS: EL RECHAZO, EL
ABANDONO Y LA HUMILLACIÓN,
Veamos en la palabra de Dios como él puede sanar esas heridas de
nuestro corazón y quitar también el dolor de nuestra alma.
I) DIOS SANA LAS HERIDAS CAUSADAS POR EL RECHAZO
JEREMÍAS
30:17 Mas yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus
heridas, dice Jehová; porque desechada te llamaron,
diciendo: Esta es Sion, de la que nadie se acuerda
Se dice que el rechazo es una de las heridas emocionales más
profundas y que deja una huella que afecta grandemente la vida de la
persona que se ha sentido rechazada, el rechazo nos hace sentir
despreciados y deja la idea en nuestra mente de que “Nadie me
quiere” .
En la palabra de Dios podemos ver como el rechazo puede afectar
grandemente la vida de una persona (Hechos 7:20-27) En aquel
mismo tiempo nació Moisés, y fue agradable a Dios; y fue
criado tres meses en casa de su padre. 21 Pero siendo
expuesto a la muerte, la hija de Faraón le recogió y le crió
como a hijo suyo. 22 Y fue enseñado Moisés en toda la
sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y
obras. 23 Cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le
vino al corazón el visitar a sus hermanos, los hijos de Israel.
24 Y al ver a uno que era maltratado, lo defendió, e hiriendo
al egipcio, vengó al oprimido. 25 Pero él pensaba que sus
hermanos comprendían que Dios les daría libertad por mano
suya; mas ellos no lo habían entendido así. 26 Y al día
siguiente, se presentó a unos de ellos que reñían, y los ponía
en paz, diciendo: Varones, hermanos sois, ¿por qué os
maltratáis el uno al otro? 27 Entonces el que maltrataba a su
prójimo le rechazó, diciendo: ¿Quién te ha puesto por
gobernante y juez sobre nosotros?
Podemos ver en el texto que Moisés cuando vivían en Egipto como
hijo de la hermana de Faraón era un hombre poderoso en sus
palabras y obras, pero Moisés sufrió el rechazo de su pueblo, de sus
propios hermanos hebreos a quien él quería darles libertad.
Ese rechazo marco la vida de Moisés por lo cual ese hombre poderoso
en palabras y obras se convirtió en alguien inseguro, tartamudo y que
no se creía capaz de llevar a cabo el llamamiento que Dios les hizo
(Éxodo 4:10) Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡!Ay, Señor!
Nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que
tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de
lengua.
Posiblemente en tu vida has experimentado el rechazo de un padre o
de una madre, quizás fuiste rechazado por una persona que amabas,
posiblemente por tu condición económica, por algún defecto físico has
sufrido el rechazo cruel de las personas, pero Dios quiere sanar tu
corazón, a pesar del rechazo de los demás para él tu vida es de gran
valor
(Isaías 43:4) Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste
honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por ti, y
naciones por tu vida.
Quizás te han rechazado por los errores que has cometido en tu vida,
pero aun a pesar de esos errores el Señor no nos rechaza, sino que
nos llama a volver a él y siempre nos recibe con los brazos abiertos
(Jeremías 3:1) Dicen: Si alguno dejare a su mujer, y yéndose
ésta de él se juntare a otro hombre, ¿volverá a ella más? ¿No
será tal tierra del todo amancillada? Tú, pues, has fornicado
con muchos amigos; mas ¡!vuélvete a mí! Dice Jehová.
II) DIOS SANA LAS HERIDAS CAUSADAS POR EL ABANDONO
(DEUTERONOMIO 32:10) Le halló en tierra de desierto, Y en
yermo de horrible soledad; Lo trajo alrededor, lo instruyó, Lo
guardó como a la niña de su ojo.
El abandono es un sentimiento que produce heridas muy profundas
en personas de todas las edades, pues nos hace sentir como lo dice el
versículo: En horrible soledad.
El abandono es doloroso pues se rompen vínculos afectivos muy
importantes en nuestra vida, como el de nuestros padres, de nuestra
pareja, etc.
Pero tenemos que comprender que las heridas del abandono se dan
no solamente cuando una persona nos deja, sino también cuando hay
existe una relación llena de indiferencia, desinterés, apatía o frialdad.
Pueden haber hijos que se sienten abandonados por sus padres
aunque vivan con ellos, pues tienen padres ausentes, que no se
involucran, que nos les hacen sentir valorados ni importantes.
Y tenemos que saber que el dolor causado por el abandono viene
pues nos hacemos preguntas como ¿En que falle? ¿Qué hice mal?
Pero tenemos que saber que aunque tu propia familia te haya
rechazado, aunque quizás hayas experimentado el rechazo de alguno
de tus padres o de ambos, pero para nuestro Dios tu vida es muy
importante
(Salmo 27:9-10) No escondas tu rostro de mí. No apartes con
ira a tu siervo; Mi ayuda has sido. No me dejes ni me
desampares, Dios de mi salvación. 10 Aunque mi padre y mi
madre me dejaran, Con todo, Jehová me recogerá.
Dios quiere consolar tu vida así como una madre (Isaías 66:13)
Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a
vosotros, y en Jerusalén tomaréis consuelo.
Como hijos, como padres, como esposos, podemos estar seguros que
desde el momento que Cristo viene a nuestra vida nunca estaremos
solos, pues él ha prometido estar para siempre con nosotros, si de
algo podemos estar seguros es que nuestro Dios NUNCA nos
abandonará (Salmo 94:14) Porque no abandonará Jehová a su pueblo,
Ni desamparará su heredad,
III) DIOS SANA LAS HERIDAS CAUSADAS POR LA
HUMILLACIÓN
(SALMO 38:6) Estoy encorvado, estoy humillado en gran
manera, Ando enlutado todo el día.
Esta herida se produce cuando desde nuestra infancia sentimos que
nuestros padres se avergüenzan de nosotros, por nuestro aspecto
físico, por algo que hayamos hecho y esa humillación es causada por
las palabras de desaprobación, por las críticas, por las burlas, y
cuando somos avergonzados públicamente.
El dolor causado por la humillación viene porque nos sentimos
comparados, degradados, avergonzados y rebajados
Otro de los motivos por el cual muchas personas tienen su corazón
herido por la humillación es a causa de los abusos sexuales que han
sufrido en la infancia pues eso produce en sus corazones mucha culpa
y vergüenza.
Para poder sanar las heridas que han causado en nuestro corazón la
humillación nuestro Dios nos provee el poder o la capacidad de
PERDONAR
(Colosenses 3:13) soportándoos unos a otros, y
perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra
otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo
vosotros.
Sin importar lo que los demás hayan dicho de nosotros, tenemos que
conocer lo que nuestro Dios dice de nosotros:
Somos su especial tesoro (Malaquías 3:17) Y serán para mí
especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en
que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a
su hijo que le sirve.
Somos la niña de sus ojos (Zacarías 2:8) Porque así ha dicho
Jehová de los ejércitos: Tras la gloria me enviará él a las
naciones que os despojaron; porque el que os toca, toca a la
niña de su ojo.
Somos un pueblo especial (1 Pedro 2:9) Mas vosotros sois linaje
escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por
Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de
las tinieblas a su luz admirable;
CONCLUSIÓN: Hemos podido reconocer lo doloroso que pueden ser las
heridas causadas en nuestro corazón, pero no tenemos que vivir
siempre con nuestro corazón herido y nuestra alma llena de dolor,
pues el Señor quiere y puede sanarnos, solamente tenemos que
ponernos en sus manos y confiar en sus preciosas promesas para
nuestra vida (Jeremías 33:6) He aquí que yo les traeré sanidad
y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y
de verdad.