Introducción
Las crisis convulsivas son eventos caracterizados por descargas eléctricas anormales en el
cerebro, que se manifiestan de diversas formas clínicas y tienen un origen multifactorial.
Estas convulsiones se presentan como contracciones musculares involuntarias y alteraciones
temporales en la actividad motora o conductual, siendo causadas por factores como falta de
oxígeno, desequilibrios metabólicos, epilepsia o fiebre.
En el ámbito pediátrico, las crisis son frecuentes, afectando al 10% de los niños, y la mayoría
se vincula a trastornos somáticos externos al cerebro, como fiebre, infecciones, traumatismos
o problemas cardíacos.
El síndrome convulsivo representa una consulta neurológica común en niños, y el primer
paso para abordar una crisis es identificar su causa. Hasta el 30% de las convulsiones son
provocadas, es decir, tienen desencadenantes externos como hipertermia o hipoglucemia. Por
el contrario, las convulsiones no provocadas carecen de un precipitante evidente y no están
relacionadas con fiebre, desequilibrios hidroelectrolíticos o trastornos metabólicos, lo que
sugiere un origen más intrínseco y complejo.
Definiciones
Convulsión / Crisis convulsiva
Las convulsiones son frecuentes entre los trastornos neurológicos infantiles y se caracterizan
por descargas neuronales anormales que se manifiestan con síntomas motores, sensoriales,
autonómicos y conductuales. Aproximadamente el 1% de los niños experimentarán una
convulsión febril antes de los 14 años, y más del 50% de las personas con epilepsia
experimentan su primera crisis convulsiva en la infancia o adolescencia.
Epilepsia
Puede describirse como una disfunción cerebral caracterizada por la predisposición continua
a experimentar crisis epilépticas (CE), con consecuencias neurobiológicas, cognitivas,
psicológicas y sociales resultantes de esta condición. La existencia de al menos una crisis
epiléptica es necesaria para considerar esta afección. Se trata del trastorno neurológico más
prevalente a nivel global y se caracteriza por la propagación anormal y descontrolada de
actividad eléctrica en el cerebro, con uno o varios focos de origen. Esta enfermedad ejerce un
impacto significativo en la calidad de vida del paciente.
Síndrome epiléptico
El término síndrome epiléptico se refiere a la combinación de signos y síntomas que
caracterizan una condición epiléptica específica, y debe abarcar más de un tipo de crisis. Este
síndrome, en todas sus expresiones clínicas, ocupa una posición destacada entre las
enfermedades de interés en salud pública debido a su prevalencia, morbilidad e importancia
clínica.
En las últimas décadas, se ha experimentado un cambio significativo en el pronóstico de las
personas con epilepsia. Actualmente, se estima que del 70% al 80% de los afectados pueden
aspirar a una vida saludable, satisfactoria y libre de crisis, permitiéndoles contribuir de
manera positiva tanto para sí mismos como para la sociedad en general.
Estatus Epiléptico
Se describe como la persistencia o repetición de actividad epiléptica sin recuperación de la
situación basal por un período que excede los 30 minutos. Recientemente, algunos autores
han introducido el término "estatu epiléptico precoz" para referirse a crisis con duración
superior a 5 minutos, momento en el cual se inicia el tratamiento farmacológico para
controlar la crisis. Las crisis febriles son la causa más común de esta condición,
presentándose como la forma inicial en hasta el 12% de los pacientes. La mortalidad en niños
se estima en un rango del 2-5%, considerablemente inferior a la observada en adultos, y
depende principalmente de la causa subyacente del estatus y, en menor medida, de su
duración.
Clasificación general de las crisis epilépticas y tipos de convulsiones
Cuando una crisis parcial no provoca cambios en la conciencia, se denomina crisis parcial
simple; si hay alteraciones de la conciencia, se le llama crisis parcial compleja. Los síntomas
de las crisis parciales simples varían según el área cortical afectada y se dividen en motoras,
sensitivas, autonómicas y psíquicas. Las crisis parciales simples sin síntomas motores se
conocen como auras. Las descargas neuronales anormales focales pueden propagarse con el
tiempo, llevando a la evolución de la crisis parcial a una crisis parcial compleja o
generalizada, denominándose crisis parcial secundariamente generalizada.
Las crisis generalizadas pueden ser convulsivas o no convulsivas. Las convulsivas incluyen
las tónicas, clónicas y tónico-clónicas. Las no convulsivas comprenden:
● Crisis de ausencia, caracterizadas por lapsos de conciencia breves (menos de 10
segundos) con movimientos simples como parpadeo o muecas faciales. Su inicio y
final son súbitos y están asociados con un patrón EEG típico, como descargas
punta-onda a 3 ciclos por segundo (ausencia típica). En ocasiones, son más
prolongadas, con confusión postictal y EEG con descargas punta-onda a dos ciclos
por segundo (ausencias atípicas).
● Crisis mioclónicas, manifestadas por sacudidas musculares bilaterales y simétricas,
repentinas y breves, sin alteración de la conciencia.
● Crisis tónicas, que se caracterizan por contracciones musculares breves, más
prolongadas, simétricas y bilaterales, con o sin pérdida de conciencia y que a menudo
resultan en la caída del paciente al suelo.
● Crisis atónicas (astáticas), marcadas por una pérdida súbita de tono muscular bilateral,
con o sin disminución del nivel de conciencia, y que frecuentemente provocan caídas.
Cuando cualquiera de estas crisis provoca una caída al suelo, puede causar lesiones graves o
una discapacidad significativa. En ocasiones, los pacientes pueden experimentar síntomas
prodrómicos sistémicos (malestar, nerviosismo, etc.) que señalan el inicio de una crisis
generalizada y no deben considerarse como crisis parciales que evolucionan a crisis
generalizadas.
Es importante destacar que la epilepsia se caracteriza por la recurrencia de crisis epilépticas,
y una sola crisis no constituye epilepsia. Además, las crisis reactivan a alteraciones
temporales del sistema nervioso central, que se resuelven de manera espontánea o con
tratamiento satisfactorio, no se consideran epilepsia.
Las crisis epilépticas que se manifiestan como reacciones a alteraciones son generalmente
generalizadas, aunque pueden ser focales si el cerebro ya presenta una lesión.
Crisis generalizadas
En las crisis generalizadas se produce una descarga paroxística simultánea, masiva y bilateral
de actividad cerebral. Las formas más conocidas incluyen la ausencia, la crisis tónica, la
tónico-clónica clásica, la atónica y la mioclónica.
Crisis parciales
En la vida diaria de una persona sin trastornos, las diversas áreas de su cerebro generan una
amplia gama de expresiones humanas, y esto se debe a la correspondencia entre la estructura
y la función. Por ejemplo, la actividad normal en el giro precentral del lóbulo frontal
(homúnculo motor) provoca movimientos en el hemicuerpo opuesto; la actividad en la cisura
calcarina del lóbulo occipital y áreas cercanas producen el reconocimiento visual, entre otros
procesos. En el caso de una crisis epiléptica, la actividad cerebral es la misma, pero adquiere
un carácter paroxístico, descontrolado, desordenado e involuntario, dando lugar a expresiones
externas objetivables, como movimientos clónicos o automáticos de un segmento o
alucinaciones visuales.
Como resultado, las posibles crisis focales son tan variadas como las áreas funcionales
presentes en el cerebro, a aspectos motores, auditivos, visuales, somatosensoriales, lenguaje
del lenguaje, afectivos y autonómicos. Para organizar y clasificar esta amplia diversidad de
crisis, se ha adoptado universalmente la Clasificación Internacional de las Crisis Epilépticas.
Dentro de las crisis epilépticas, se pueden distinguir las crisis parciales, que se dividen en dos
categorías: parciales simples, donde no hay pérdida de conciencia, y parciales complejas,
donde hay una afectación variable de la conciencia. Las crisis parciales simples pueden
manifestarse como movimientos motores, experiencias sensoriales (auditivas, visuales, etc.),
fenómenos autonómicos o cambios en la psiquis. En cambio, las crisis parciales complejas
pueden involucrar sólo una pérdida de conciencia (sin conexión con el entorno) o
acompañarse de movimientos automáticos, como chupeteo, frotarse las manos o caminar. En
el 65% de los casos, la actividad eléctrica en el cerebro no se limita a su origen,
extendiéndose a otras áreas y generando una generalización secundaria que involucra todo el
encéfalo. Por lo tanto, en la mayoría de los casos, las crisis parciales evolucionan y se
generalizan a crisis tónico-clónicas.