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Diagnóstico de Discapacidad Intelectual

La discapacidad intelectual se caracteriza por deficiencias en capacidades mentales generales y funcionamiento adaptativo, diagnosticadas mediante evaluaciones clínicas y pruebas estandarizadas. Se evalúan tanto las funciones intelectuales como el rendimiento en dominios conceptual, social y práctico, considerando factores socioculturales y trastornos concurrentes. La interpretación de los resultados de las pruebas de CI requiere valoración clínica para entender el funcionamiento real del individuo en contextos cotidianos.

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Diagnóstico de Discapacidad Intelectual

La discapacidad intelectual se caracteriza por deficiencias en capacidades mentales generales y funcionamiento adaptativo, diagnosticadas mediante evaluaciones clínicas y pruebas estandarizadas. Se evalúan tanto las funciones intelectuales como el rendimiento en dominios conceptual, social y práctico, considerando factores socioculturales y trastornos concurrentes. La interpretación de los resultados de las pruebas de CI requiere valoración clínica para entender el funcionamiento real del individuo en contextos cotidianos.

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Discapacidad intelectual (Trastorno del desarrollo intelectual) 37

Características diagnósticas
Las características principales de la discapacidad intelectual (trastorno del desarrollo intelectual) son las
deficiencias de las capacidades mentales generales (Criterio A) y las que afectan al funcionamiento adaptativo
cotidiano, en comparación con los sujetos de igual edad, género y nivel sociocultural (Criterio B). El inicio se
produce durante el período del desarrollo (Criterio C). El diagnóstico de discapacidad intelectual se basa
tanto en la evaluación clínica como en las pruebas estandarizadas de las funciones intelectuales y adaptativas.
El Criterio A se refiere a las funciones intelectuales que implican el razonamiento, la resolución de
problemas, la planificación, el pensamiento abstracto, el juicio, el aprendizaje a partir de la instrucción y
la experiencia, y la comprensión práctica. Los componentes críticos incluyen la comprensión verbal, la
memoria de trabajo, el razonamiento perceptivo, el razonamiento cuantitativo, el pensamiento abstracto
y la eficacia cognitiva. El funcionamiento intelectual de forma habitual se mide con pruebas de inteligencia
administradas individualmente que son psicométricamente válidas, completas y apropiadas cultural y
psicométricamente. Los individuos con discapacidad intelectual tienen puntuaciones aproximadamente
de dos desviaciones estándar o más por debajo de la media poblacional, incluido un margen para errores
en la medición (generalmente, ± 5 puntos). En las pruebas con una desviación estándar de 15 y una media
de 100, esto supone una puntuación de 65-70 (70 ± 5). Son necesarias la experiencia y la valoración clínicas
para interpretar los resultados de las pruebas y para evaluar el rendimiento intelectual.
Entre los factores que pueden afectar a las puntuaciones de las pruebas se induyen los efectos de la práctica
y el "efecto Flynn" (es decir, las puntuaciones exageradamente altas debido a unas normas desfasadas para
las pruebas). Las puntuaciones inválidas pueden derivarse del uso de pruebas de cribado de la inteligencia
breves o de pruebas en grupo; unos resultados muy dispares en las subpruebas individuales pueden invalidar
la puntuación global del CI. Los instrumentos tienen que estar adaptados teniendo en cuenta la situación
sociocultural y la lengua materna del individuo. Los trastornos concurrentes que pueden afectar a la comuni-
cación, al lenguaje y/o a la función motora o sensorial pueden afectar a las puntuaciones de las pruebas. Los
perfiles cognitivos individuales que se basan en pruebas neuropsicológicas son más útiles para entender las
capacidades intelectuales que una única puntuación de CI. Este tipo de pruebas puede identificar áreas de
fortaleza y debilidad relativas, que son evaluaciones importantes para la planificación académica y vocacional.
Los resultados de las pruebas de CI son aproximaciones al funcionamiento conceptual, pero pueden ser
insuficientes para evaluar el razonamiento en situaciones reales y el dominio de las tareas prácticas. Por
ejemplo, una persona con una puntuación de CI por encima de 70 podría tener problemas tan graves del
comportamiento adaptativo en el juicio social, la comprensión social y otras áreas del funcionamiento adap-
tativo que el rendimiento real de esta persona sería comparable al de los individuos con una puntuación más
baja en el CI. Así pues, es necesaria la valoración clínica para interpretar los resultados de las pruebas de CI.
Las deficiencias del funcionamiento adaptativo (Criterio B) se refieren a la habilidad de la persona para
alcanzar los estándares de la comunidad respecto a la autonomía personal y la responsabilidad social en com-
paración con otras personas de edad y nivel sociocultural parecidos. El funcionamiento adaptativo implica el
razonamiento adaptativo en tres dominios: conceptual, social y práctico. El dominio conceptual (académico)
implica la competencia en memoria, lenguaje, lectura, escritura, razonamiento matemático, adquisición de
conocimientos prácticos, resolución de problemas y juicio en situaciones nuevas, entre otros. El dominio social
implica la conciencia de los pensamientos, sentimientos y experiencias de los demás, la empatía, las habilidades
para la comunicación interpersonal, las habilidades para hacer amigos y el juicio social, entre otros. El dominio
práctico implica al aprendizaje y la autogestión en diferentes situaciones vitales, como el cuidado personal, las
responsabilidades en el trabajo, la gestión del dinero, el ocio, la autogestión del comportamiento y la organiza-
ción de tareas para la escuela o el trabajo, entre otros. La capacidad intelectual, la educación, la motivación, la
socialización, los rasgos de la personalidad, las oportunidades vocacionales, la experiencia cultural y las afec-
ciones médicas o los trastornos mentales concurrentes influyen en el funcionamiento adaptativo.
El funcionamiento adaptativo se evalúa utilizando la evaluación clínica y las medidas individuali-
zadas cultural y psicométricamente apropiadas. Las medidas estandarizadas se utilizan con los infor-
mantes que conocen al paciente (p. ej., un padre u otro miembro de la familia, un profesor, un terapeuta,
un cuidador) y con el propio individuo en el grado en que sea posible. Otras fuentes de información son
las evaluaciones educativas, del desarrollo, médicas y de salud mental. Las puntuaciones de las medi-
das estandarizadas y de las diversas fuentes de entrevistas deben interpretarse según la valoración clí-
nica. Cuando es difícil o imposible administrar las pruebas estandarizadas debido a varios factores

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