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Celo y Pasión en el Omegaverse Harco

El documento es una historia de fanfiction en el universo de Harry Potter, centrada en la relación entre Draco Malfoy y Harry Potter en un contexto omegaverse. La narrativa explora temas de deseo, poder y vulnerabilidad entre un alfa y un omega, destacando momentos de intimidad y conflicto emocional. A lo largo de la historia, los personajes enfrentan sus instintos y la presión social, mientras desarrollan una conexión profunda y complicada.

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Giselle Tolosa
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Celo y Pasión en el Omegaverse Harco

El documento es una historia de fanfiction en el universo de Harry Potter, centrada en la relación entre Draco Malfoy y Harry Potter en un contexto omegaverse. La narrativa explora temas de deseo, poder y vulnerabilidad entre un alfa y un omega, destacando momentos de intimidad y conflicto emocional. A lo largo de la historia, los personajes enfrentan sus instintos y la presión social, mientras desarrollan una conexión profunda y complicada.

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Omega

Posted originally on the Archive of Our Own at [Link]

Rating: Explicit
Archive Warning: Creator Chose Not To Use Archive Warnings
Category: M/M
Fandom: Harry Potter - J. K. Rowling
Relationship: Draco Malfoy/Harry Potter
Characters: Draco Malfoy, Harry Potter
Additional Tags: Omegaverse, Harco, omega - Freeform, alfa - Freeform, heat - Freeform,
nudo, celo
Language: Español
Stats: Published: 2021-05-16 Completed: 2021-07-31 Words: 7,052 Chapters:
4/4
Omega
by Sh1m1

Summary

Una dinámica omegaverse al más puro estilo cliché, o quizás no tanto.

HARCO. AU.

Notes
See the end of the work for notes
Primer día

Quizás ya hayas leído este capítulo, pero lo he ampliado para festejar el cumpleaños de
Harry.

¡Muchas felicidades, Harry!

Puro cliché omegaverse.

🖤🖤🖤

—No, así no es como tienes que llamarme—dijo Harry con su voz más profunda.

El omega le miraba con los ojos grises llenos de rabia, se mordía los labios para no
complacerle, para no hacer lo que tenía que hacer.

Harry tenía la nariz atestada de su olor, dulce, picante y el más excitante que había olido en
su vida.

—Dilo, y te daré lo que quieres.—Se frotó su propia erección enfundada aún bajo la tela de
su pantalón de traje.

Escuchó el suave gemido del omega, sus pupilas dilatas, y cómo su entrada chorreaba
necesitándole cada vez más.

Lo había encontrado con los pantalones humedecidos y deshaciéndose de ellos para darse
algún tipo de consuelo.

Se acercó a él tomándole de la barbilla angulosa, era condenadamente atractivo, sin tener


nada que ver con ese celo que les había cogido desprevenidos a ambos. Acarició la suave piel
de su barbilla llevando su dedo pulgar a los jugosos labios hinchados de tanto morderlos.

Empujó contra ellos, y él los abrió, sintió como lo aprisionaba succionándolo. Harry iba a
reventar, pero su lado alfa tenía claro lo que quería

—Dilo.

Los ojos dilatados, llenos de sombras de placer le miraron, solo un poco más, pensó, solo un
poco más y lo harás.
Pero solo recibió un quejido lastimero, una pequeña súplica que le hacía sentir más débil,
pero se dio valor y se mantuvo firme.

Retiró sus dedos de su lengua juguetona y se cruzó de brazos apoyándose contra la mesa. El
fastidio en los gestos del omega no se iba, le estaba llevando tan al límite que no sabía qué
consecuencias tendría eso después.

A Harry ahora no le importaba, solo quería tener al omega como él quería, como ambos
necesitaban.

Aún llevaba la camisa y la chaqueta de su carísimo traje, se deshizo de la chaqueta ante los
ojos Harry, desanudó la corbata, y fue abriendo la camisa botón a botón. La cantidad de
feromonas que exudó Harry ante la visión del cuerpo delicioso del omega los dejó a los dos
un poco fuera de combate por unos segundo.

Lo devoró con los ojos, su suave piel, su cuerpo fino y estilizado, sus pezones rojos y
abultados necesitados de atenciones. Su vientre plano pero que sabía podría acabar
completamente abultado al finalizar el día. Y su miembro, pequeño, rosado, hinchado. Era un
ejemplar perfecto de omega, y era para él. Solo tenía que decirlo y le daría lo que él quisiera.

Los fluidos que dilataban su ano escurrían por sus muslos, y Harry solo quería lamerlo hasta
quedar saciado, quería girarlo sobre su regazo y abrirle las nalgas para ver aquel punto
abierto y comérselo.

Pero ambos necesitaban ese momento, uno que había llegado al fin.

El omega borró de su rostro los restos de arrogancia, del control al que se obligaba en un
estado como aquel. Se lo quitó, como se había quitado la ropa.

—Te necesito, Alfa—dijo completamente sincero.

Harry lo alzó en brazos en solo dos pasos, el omega hacía cedido a lo único que lo satisfacía
en su celo, entregarse voluntaria al alfa. Ser lo que eran, un alfa y un omega a punto de
copular.

Las piernas del omega le rodearon la cintura humedeciendo la tela de su pantalón, daba igual,
ahora daba todo igual. El alfa le besó, le besó como se merecía, con toda la dedicación, con la
misma necesidad que él sentía en sus entrañas.

No necesitó muchas maniobras para abrir el cierre de su cinturón, para bajar sus pantalones,
para introducirse enorme en el omega. Para que este se retorciera de placer gimiendo con
felicidad en sus ojos.

—Alfa, alfa—gemía contra su oído—soy tuyo, alfa.

El alfa arremetía queriendo llegar más profundo, la diferencia de sus tamaños era
descomunal, y sentía el pequeño miembro del omega que ya no cumplía ninguna función
reproductora, hinchado.
Aunque la fuente de su placer estuviera dentro de su ano, lo acarició también allí, sabiendo
que su orgasmo sería descomunal si seguía emitiendo aquel olor tan adictivo.

El omega le ofreció su cuello, le ofreció marcarlo y reclamarlo como suyo delante de


cualquiera. El alfa lo hubiera hecho, lo quería hacer, no había nada más que quisiera hacer
que marcarlo, atarlo y hacerle una camada de cachorros.

Pero solo le rasguñó la zona con sus dientes, sin llegar a clavarlos. Lo suficiente para que el
omega alcanzara su orgasmo y se llevara con él al alfa que se anudó a él mientras se corría.

El cuerpo pequeño, agotado y recibiendo la cantidad de semen abundante en su interior le


hizo cargarlo con más cuidado, las ropas en el suelo sirvieron como un improvisado nido. Lo
abrazó todo el tiempo que estuvo llenándolo, apretándolo con su nudo y sintiéndolo gemir
contra su cuello medio inconsciente.

Lo calentó con sus brazos para que no perdiera el calor con su desnudez. Lamió sus lágrimas,
sus gemidos y quejidos, besó sus labios, susurró palabras de consuelo hasta que el omega se
quedó dormido.

Cuando la bola en su miembro se aflojó liberándolos, sacó su miembro despacio, muy


despacio, pero sin separarse lo más mínimo solo moviéndolos pegados contra su pecho para
que el omega estuviera más cómodo.

Su semen junto a los fluidos remanentes saliendo del omega los humedecieron a ambos, pero
aquello ahora no era importante.

Draco abrió lentamente sus ojos, reconociendo todo de nuevo. Su rostro pegado al pecho del
alfa, su ano dilatado, saciado y una grata sensación de paz.

Él nunca había pasado su celo con ningún alfa, ni siquiera tenía un compromiso con alguno a
pesar de su edad. Para la sociedad a Draco se le estaba pasando el tiempo para formar su
propia familia, para tener sus cachorros, y retirarse de la empresa.

Draco no quería nada de eso, y mucho menos una unión forzada con una alfa por culpa de sus
estúpidos instintos.

Los ojos oscuros del alfa le miraban, como esperando a que algo ocurriera. Trató de
levantarse, pero sus piernas no le iban a poder sostener al menos por unas horas más.
Estúpida naturaleza omega que les hacía débiles tras copular con al alfa para que estos
pudieran reclamarlos una y otra vez sin que ellos pudieran hacer nada.

El alfa que le sostenía contra su cuerpo los incorporó cargándolo en brazos, a Draco le
costaba mirarlo a los ojos, estaba tan humillado por todo lo que había ocurrido. Por no haber
podido frenar aquel celo brutal que le había sobrevenido en su despacho; por haber cedido a
las demandas del alfa y haberle suplicado; por haber mostrado su cuello para que le marcara.

Se espantó creyendo que este lo había hecho, pero cargado contra su pecho, el alfa lo llevó al
baño de su propio despacho. Maniobró con la bañera que en rara ocasión utilizaba, y la
accionó para que el agua caliente saliera, no le soltó en ningún momento, y tampoco le habló.
Y Draco no podía saber si se alegraba o no. Hubiera preferido ser autosuficiente, tomar ese
baño que le estaba preparando él solo, pero era incapaz, si el alfa se marchaba no podría más
que quedarse hecho un ovillo en el suelo por horas.

Cuando la bañera se llenó y la espuma de jabón creó una capa densa sobre la superficie, el
alfa entró cargándolo a él, sentándose juntos, y apoyando su espalda contra su pecho fuerte y
caliente.

Suspiró agradecido por ese baño, por que no se estuviera mofando de él, por esos momentos
de paz.

Estuvieron allí hasta más allá de que el agua se enfriara, su queja para no abandonar la bañera
y la comodidad de su pecho, le dieron minutos extras. Pero cuando sus dientes castañetearon,
el alfa lo sacó del agua, lo cubrió con una toalla, y le frotó para secarlo y arrancarle el frío.

Sentado sobre la taza del wc con una gruesa toalla seca miró como el alfa se secaba a sí
mismo con una mucho más pequeña. Las mejillas de Draco se tiñeron de color, y apartó la
mirada.

Harry era su secretario, un alfa de bajo nivel, bajo las órdenes de un omega del más alto de
ellos. Heredero de la empresa, y un tiburón para todos.

Pero que había entrado en celo como un chiquillo, y además delante de un alfa. Aquello era
su mayor terror.

Desnudo, pero seco, el alfa le alzó para llevarlo en brazos hasta el sofá de diseño de su
despacho, el revoltijo de ropas donde habían estado anudados le hizo sentir un nudo en el
estómago. Aún más cuando el alfa rebuscó en ella unos calzoncillos que se colocó. Draco lo
seguía con la mirada hasta que llegó a uno de los armarios escondidos tras los paneles de
madera noble tras su mesa.

Sacó una de las camisas blancas que siempre guardaba por si ocurría algún accidente. El alfa
le vistió, dejándolo con la toalla aún en su parte inferior. Lo volvió a cargar en su regazo y le
ofreció su calor natural.

Estuvieron así, sin hablar, abrazados hasta que Draco sintió que ya comenzaba a recuperar la
movilidad de sus extremidades.

A pesar de lo a gusto que se sentía, se obligó a salir de ese abrazo, se levantó un poco dudoso
ayudado por las fuertes manos del alfa, y él se dirigió solo hasta el mismo armario del que
había sido tomada la camisa.

Cogió uno de los trajes y se colocó el pantalón aunque no tuviera una muda de ropa interior.
La que estaba en el suelo era imposible de salvar.

Le costaba mirar hacia atrás donde el alfa rebuscaba entre los restos de ropa para tomar la
suya completamente arrugada, la peor parte se la había llevado su chaqueta que llevaba
doblada en las manos tapando las manchas del frontal de su pantalón. Sus propios fluidos que
habían impregnado la ropa de su secretario.

—Mañana recibirá una compensación económica, y una carta de recomendación—le dijo a su


subordinado sin mirarle.

El silencio era pesado, pero era lo que debía hacer.

—No es necesario, señor Malfoy, mañana vendré a recoger mis cosas.

Sintió la puerta cerrarse, y la fuerza que creía poseer se le escurrió necesitando apoyarse en la
pared.

El teléfono sonó al cabo de unos minutos.

—Señor Malfoy, un coche estará aquí por usted en menos de 10 minutos.

Ahora sí que necesitó sentarse, su secretario había avisado para que fueran a buscarlo
sabiendo que le sería imposible volver a su casa por sus propios medios. Eso no tendría que
significar nada, ni los cuidados que le había prodigado después, ni que solo hubiera
rasguñado la glándula de su cuello pero sin llegar a marcarle. Nada de eso era importante, no
para alguien como él que no quería un alfa en su vida.
Segundo día

Harry estaba subiendo a la última planta del edificio de oficinas donde le había encantado
trabajar. Realmente le gustaba su trabajo, y la carta de renuncia que llevaba en la mano le
pesaba mucho más de los escasos gramos que pensaba el papel.

Draco Malfoy era un jefe duro, pero justo, y aunque exigente le había gustado ser su
secretario por aquellos siete meses.

Estaba tan acostumbrado a entrar de los primeros a la oficina que la inercia de los hábitos le
habían hecho llegar en su último día igualmente temprano.

Las mesas en el departamento de recursos humanos seguían vacías, y pocos eran los
compañeros que aparecían a esas horas.

Quizás era lo mejor, miró su reloj y fue cuando lo sintió. Una nueva oleada de feromonas
omegas inundando sus fosas nasales.

Había tenido una noche de continuas pesadillas, porque el deseo que sentía por su jefe, y no
poderlo tener consigo como su alfa le demandaba, había plagado su noche de muerte y
destrucción.

No se había dado cuenta, pero su carta de renuncia estaba arrugada dentro de su puño. Notaba
el gruñido que quería salir de su garganta, pero que tragó a duras penas.

Sabía donde estaba, lo sabía perfectamente, pero nada le preparó para encontrarlo agarrado a
su mesa con claros síntomas de dolor cuando abrió la puerta de su despacho.

El reguero de flujos que bajaban por sus piernas ya encharcaba el suelo, cuando Draco
Malfoy le vio lloriqueó de ese modo que solo había conocido el día anterior, pero que jamás
podría olvidar.

No era su omega, ni siquiera iba a seguir siendo su jefe, y sin embargo era incapaz de no
quererlo para sí.

Llegó hasta él cubriéndolo con su cuerpo, soltando todas sus feromonas alfas que relajaron al
omega en el momento.

—No, no puedo—gemía el omega, no era a Harry, no era al alfa, era algo que se decía a sí
mismo.

Harry se había sentido tan mal marchándose de su despacho el día antes, tan equivocado
como hacía años que no lo hacía.

Ojalá no hubiera sido él, llegó a pensar en lo absurdo de su noche, pero sintiendo como
Malfoy se acoplaba perfectamente a su cuerpo de nuevo, como lo protegía con sus brazos,
supo que no quería que fuera nadie más quien tuviera al omega así.
—Otra vez no—gemía el omega desconsolado, Harry muy a su pesar iba a quitarse de
encima suya, pero Draco le agarró por los antebrazos en un débil reclamo de protección.
Harry lo giró contra su pecho y lo cargó contra su cuerpo, susurrándole palabras de consuelo.

Un omega en celo tardaba en el mejor de los casos tres días en acabar con su ciclo, bajo
ninguna circunstancia Malfoy debería haber ido ese día a la oficina, pero Harry conocía a su
jefe, y ni siquiera un celo descontrolado acabaría con sus obligaciones.

Salvo que nada estaba ocurriendo como él quería. Besó sus cejas fruncidas entre rabia y
dolor, su entrepierna estaba dura como una piedra, y los fluidos no hacían más que invitarlo a
destrozarle la ropa y meterse en su interior.

Pero algo que dijo el omega le hizo cambiar de parecer.

—Aquí no, por favor.

Harry nunca había tenido un omega, difícilmente se había podido mantener a sí mismo, como
para poder hacerlo con un omega y una camada de cachorros. No había sido el momento, o
eso se había dicho siempre. Ahora dudaba de todo lo que había pensado alguna vez en su
vida, quería a ese omega para sí, aunque nunca pudiera ser suyo, aunque este jamás pudiera
escogerle estando en sus cinco sentidos.

—Sácame de aquí—gimió el omega lamiendo la glándula que Harry tenía en su cuello y


contra la que le había hecho frotarse para encontrar consuelo.

Harry no sabía de omegas, pero sí sabía de ese omega.

Cargó en sus brazos al rubio, el día anterior había sido tarde, pero los empleados estaban a
punto de llegar, y aquello sería una catástrofe, quizás no para él, pero sí para el omega hijo
del jefe y que se había granjeado una fama nada inmerecida de completa frialdad.

—Alfa—escuchó contra su cuello.

Harry no lo pensó más y cargando a su jefe en brazos, abrió la puerta y en grandes zancadas
lo llevó a los ascensores. Tenía que sacarlo de allí, pero no sabía cómo, no había pensado en
cómo cuando sintió algo duro en su mano. Malfoy le había colocado la llave de su carísimo
coche que rara vez el omega conducía él mismo.

Llegó a los aparcamientos con Malfoy lamiendo su glándula, le costó desprenderlo de sí


mismo, le costó porque ni él mismo quería que se despegara.

Accionó el mando incorporado a la llave y vio las luces del coche parpadear un par de veces,
le ayudó a subir y luego él, cruzando por detrás, llegó al lado del conductor.

Al cerrar la puerta ambos quedaron sumergidos en el aroma penetrante. Harry agarró el


volante, muy fuerte. No era el lugar, no debía ser aquel lugar.

Pero el omega no le dio ningún tipo de opción y se sentó sobre él. Habían roto una barrera el
día anterior, y todas las reticencias de Malfoy se habían ido, ahora era un omega necesitado y
que no luchaba contra él. Harry acarició su nunca, le reconocía como alfa, y no podría ser
peor candidato para alguien como Draco Malfoy. Pero no podía dejarlo.

No cuando le necesitaba de esa forma.

Dudando con el rubio en su regazo no supo que hacer, debía llevarlo a su casa, protegerlo de
otros alfas que quisieran poseerlo, no lo había marcado y sus colmillos le dolían en las encías
de pura necesidad.

Sabía perfectamente donde vivía su jefe, de hecho sabía todo, o casi todo lo que se tenía que
saber sobre él, puso en marcha el motor y comenzó la marcha sin que el omega se bajara de
su regazo sin dejar de frotarse contra su entrepierna sensible.

La zona donde se encontraba la mansión Malfoy era la más selecta y costosa de la ciudad, un
barrio donde a Harry nunca se le hubiera ocurrido ir, y sin embargo, no lo sentía adecuado
para el omega, todos los instintos de Harry se pusieron alerta. Y cuando estuvieron delante de
la imponente mansión, notó como Draco dejaba de lamerle para envararse sobre él.

—No—gimió compungido—No.—Volvió a pegarse a Harry sin ningún tipo de rastro sexual,


sino con la pura necesidad de ser protegido por el alfa.

Harry pisó el acelerador y lo sacó de allí, ¿en qué momento pensó que iba a poder separarse
de él en ese estado?

El deterioro en las calles de la ciudad se iba notando a medida que ponía distancia entre el
barrio de Malfoy y el suyo.

La vibración del motor cesó cuando Harry apagó el contacto del coche, el exterior no podía
ser más distinto, pero el ambiente dentro del coche era mucho mejor, el omega ronroneaba
pidiendo ser atendido.

Harry lo acariciaba, y miraba hacia el bloque de pisos donde vivía.

Abrió la puerta, y salió con el omega sobre él, era temprano, pero no eran los únicos en la
calle, y apretó el rostro del omega contra su pecho. No quería que nadie lo viera y estaba
seguro que Malfoy no quería ser visto por nada del mundo.

Subió las escaleras hasta el tercer piso a grandes zancadas, ir con un omega en celo era el
detonante perfecto para una lucha entre alfas, pero con un fuerte gruñido Harry espantó a
todo aquel que osó tan si quiera mirarlos.

Nadie nunca le había visto así, era un alfa tranquilo y solitario pero amable, sin embargo,
cargando a su omega sería capaz de matar a cualquiera que se les acercara.

Abrió rápidamente su puerta cerrándola con llave después, mientras el omega gimoteaba
desesperado, lo notaba respirar tan aceleradamente que lo separó para mirarlo. Las aletas de
su nariz se abrían y cerraban, y un fuerte chorro de su lubricación los empapó a los dos. Todo
olía a Harry, y Draco le besó bajándose con dificultad sus pantalones levemente para que le
penetrara.
Aquella vez Harry no le pidió que le reconociera, ya lo había hecho, ya le había cedido todo
el control desde que entró por la puerta de su despacho.

Maniobrando con dificultad sacó su pene hinchado y lo penetró de ese modo, en la puerta de
su casa, y completamente vestidos.

El omega le ofreció su cuello, y Harry lo mordisqueó, no sabía cuánto autocontrol iba a poder
seguir teniendo para no marcarlo si se seguía ofreciendo así.

🖤
Draco estaba hecho un ovillo en una cama ajena, pero que olía tan bien que no quería salir de
ella nunca más. Estaba exhausto, pero también se sentía completo, completo en un lugar que
ni siquiera sabía hubiera estado vacío.

Aspiró el olor de las sábanas una vez más hasta que su mente racional pateó al omega dentro
de él.

Las piernas le temblaron, las manos le temblaron, él mismo era un cúmulo de temblores
desnudo. Sabía perfectamente de quien era ese olor, y de quién era esa casa aunque nunca
hubiera estado allí. Notó su vientre inflamado, se lo acarició sabiendo que estaba
completamente lleno del semen del alfa que lo había tomado una y otra vez.

Tenía que levantarse, expulsarlo e irse rápidamente de allí.

Lo que había pasado volvía rápidamente a él, el calor y el dolor que había vuelto a sentir en
su vientre, su secretario sacándolo de las oficinas, llevándolo a su casa, follándolo sin
compasión.

Y como durante todo ese tiempo Draco no había querido otra cosa más que pertenecerle, ser
suyo, y que ese alfa fuera suyo para siempre. Como le ofrecía su cuello, como el mismo
mordía su piel firme y dorada, como le suplicaba una y otra vez que no dejara de montarlo.

Llevó sus manos a su rostro avergonzado, odiaba los celos que convertían a los omegas en
eso, en algo que Draco nunca querría ser.

Tocó su cuello y su glándula intacta, se alegró y desilusionó a parte iguales.

Tenía que irse de allí, trataba de llegar a la puerta de la habitación pero esta se abrió antes de
que él pudiera salir.

Su secretario llevaba algo en las manos, lo olió antes de verlo, era comida, mucha y apetitosa
comida que había hecho para él.

Esa mañana había tomado los supresores, nunca había pasado un celo sin ellos, nunca había
sentido lo que desde el día anterior ese celo le había provocado. Pero los supresores no
servían, no habían servido.

Harry se veía dubitativo en la puerta, no esperaba encontrarlo incorporado. Draco quería


odiarlo, odiarlo como el alfa que le había tomado incontables veces, pero no podía, en el
fondo no podía, porque no era ningún alfa que hubiera abusado de un omega como tantos. Y
se sentó agotado a los pies de la cama.

El alfa dejó la bandeja en el otro lado y se acercó a él.

—¿Estás bien?—preguntó Harry dulcemente, quiso tomarlo entre sus brazos, pero Draco se
negó a su contacto y un aroma intenso se coló por las fosas nasales de Draco.

—Le he traído algo de comer, señor Malfoy. Cuando quiera le puedo llevar a su casa.

El tono profesional de Harry se sentía equivocado, pero Draco solo asintió.


Su secretario era alguien realmente eficiente, era algo que le había distinguido del resto de
sus anteriores empleados. Diligente y servicial, y nunca le había mirado por encima del
hombro ni con ese deseo insano que los omegas se llevaban gratuitamente.

Al menos, hasta la tarde anterior.

Harry le ayudó a vestirse, le había lavado la ropa sucia de su celo, pero se movía a su lado
serio.

Draco no quería ni mirarlo, la vergüenza junto a otro sentimiento, uno demasiado cercano a la
necesidad se lo impedían.

Subió a su coche que desentonaba en aquel barrio tan deprimente, Harry lo conducía en
silencio. Suavemente, sin la brusquedad que la cantidad de caballos de potencia que la
máquina podía ofrecerle.

Draco se concentró en las calles con tal de no reproducir lo que habían vivido en aquel coche
antes, Draco sobre su regazo. Draco oliendo, lamiendo, gimiendo por él. Draco delante de la
puerta de su mansión pidiéndole que se lo llevara de allí, y ahora viendo como Harry
descendía de su coche una vez que habían traspasado las verjas de seguridad.

Harry abriéndole la puerta y ayudándole a bajar con cuidado, Harry tan grande como un alfa
podía ser y completamente humillado cuando Draco le ofreció una importante cantidad de
dinero por su ayuda.

—Cuídese, señor Malfoy—fue lo único que le dijo el alfa cuando se encaminaba a pie a la
puerta de entrada para desaparecer de su vida.

Draco entró en su mansión, y la sintió fría y desagradable en todo su esplendor.

Instintivamente buscó el aroma del alfa en su piel, en su ropa, pero se iba poco a poco, se iba
porque este no le había marcado, ni lo haría nunca.

Draco se encerró en su habitación, se metió en su cama, y soñó con su alfa.


Tercer día

La vuelta a su casa fue penosa para Harry, las últimas palabras del omega retumbaban una y
otra vez en sus oídos.

Reduciéndolo solo a un semental que había realizado un trabajo.

Sabía de ese trabajo por otros alfas con los que había estudiado, pero jamás pensó que él
acabara siendo tratado así.

Harry no quería nada por haber atendido en su celo al omega, nada más que seguir teniéndolo
entre sus brazos, se dijo a sí mismo estúpidamente.

Era tarde para volver a la oficina y entregar su carta de renuncia, pero la mera idea de volver
al día siguiente le pesaba.

Y entonces se dio cuenta de que Draco podría no haber terminado con su celo totalmente,
solo era el segundo día. Notó como sus pies se pararon en seco, como trató de dar la vuelta, ir
de nuevo a por él, su alfa tiraba hacia atrás.

"No es tu omega, no es tu omega". Se repetía una y otra vez. "¿Hasta qué punto va a tener
que humillarte para que lo entiendas?"

Malfoy no lo quería como alfa, quedaba completamente de manifiesto cuando se recuperaba


del celo, cuando volvía a estar en sus cinco sentidos y solo quería salir huyendo de Harry.

Se esforzó en llegar hasta su casa, en abrir las ventanas tras una bofetada del olor del omega
por todos lados. Lo borró de su piel con una larga ducha de agua caliente, cambiando las
sábanas y con altas dosis de autocontrol.

Por eso cuando llamaron esa noche a la puerta de su casa, no había ni rastro del omega.

—¿Harry Potter?—preguntó un hombre joven cuando Harry abrió la puerta. Era un beta sin
olor que poder identificar.

—Soy yo.

—Tiene que acompañarme.—El hombre parecía mucho más tranquilo.

—¿A dónde?—preguntó receloso.

—A la mansión Malfoy.

Harry sintió que las entrañas se le comprimían, Draco.

Ante a falta de respuesta de Harry, el beta parecía molesto.

—El señor Malfoy le necesita.


Harry había estado en lo correcto, el celo no se había retirado, y el omega estaría sufriendo de
nuevo.

—Será recompensado con creces.

Y aquello enfureció a Harry que había sido insultado por tres veces en menos de 24 horas.

—Lo siento, no soy el hombre que está buscando—rechazó la propuesta Harry.

Podría ser un alfa de bajo nivel, podría ser un empleado cualquiera, un subordinado de
alguien muy poderoso. Pero no era ningún prostituto al cual usar y echar cada vez que
necesitara ser follado.

Al que ofrecerle su cuello para luego escupirle en lo zapatos.

Estaba cerrando la puerta, Draco Malfoy no era su omega.

—Le necesita, alfa—dijo el beta suplicante—No deja de llorar y gritar su nombre. Su padre
ha llamado a uno de sus socios alfa con el que le quiere enlazar.

Harry tenía la mano en la puerta, a punto de cerrarla, pero el pequeño beta de ojos suplicantes
estaba metiendo su cuerpo entre medias.

Solo imaginar a Draco mordido y anudado a otro alfa, un alfa que quizás le mereciera más
pero al que no querría enlazarse le parecía incorrecto.

Nadie debería obligarle en su estado, era cruel y sabía que su jefe no lo querría.

Pero ¿era asunto suyo? No, no lo era.

—El señor nunca ha pedido a nadie, nunca ha necesitado a nadie y nunca ha confiado en
nadie, y en usted confía, señor Potter. Usted no le hará daño.

Harry bufó, era tan mala idea que hasta podía ver neones rojos sobre la idea de ese beta.

🖤
Draco se había metido en la cama y había tenido un sueño inquieto, había tomado sus
supresores, aunque estos ya habían dejado de manifiesto que no eran útiles.

Lo primero que sintió fue el calor, se despertó sudoroso y con las sábanas pegadas al cuerpo.
Lo segundo fue la humedad entre sus piernas, gimió lastimeramente. Otra vez no, solo quería
acabar con ese celo y volver a su vida normal donde no tenía ninguna necesidad de un alfa
dentro de él.

Pero llevaba tres días siendo algo que él no era, dependiente, lastimero y necesitado.
Los últimos segundos antes de volverse una masa inconsciente de necesidad pensó en Harry,
en cómo se había marchado sin mirarle, podía oler su humillación aún, sabía que esas
palabras que soltaba tras cada encuentro no eran necesarias. Ya había comprobado que el alfa
no era así, no le había dañado en ningún momento, ni siquiera le reclamaba. Le había servido,
cuidado y en ningún momento se aprovechó de la oportunidad ante él.

Porque para Harry, unirse a Draco hubiera sido todo ventajas. Su glándula le dolía por la falta
de mordida, Harry no le había mordido ni una sola vez.

Pero cualquier pensamiento racional le abandonó, todo estaba en su bajo vientre, en su ano
dilatado y la lubricación natural para ser penetrado.

No supo cuando empezó a gritar el nombre de Harry, no supo cuánto tiempo pasó hasta que
toda la mansión supo lo que estaba ocurriendo.

Tampoco supo de los planes de su padre con Tom Ryddle al que ya había prometido a su hijo,
la unión de industrias Malfoy y Ryddle iba a ser una realidad, y provocarle a su hijo aquel
celo, el modo en el que el acuerdo quedaría sellado.

Draco no supo nada de eso, solo que le quemaban las entrañas, que necesitaba a Harry y solo
a él, que lloraba su nombre mientras poco podía satisfacerse a sí mismo metiéndose sus
propios dedos en su trasero dilatado.

La mansión era un auténtico caos de olores, pero uno se sobrepuso al resto, uno que era todo
lo que Draco quería.

Harry abrió y cerró la puerta de su habitación tras de sí, Draco no escuchó los gritos de su
padre tras las puertas. Draco no escuchó nada más que el gruñido de su alfa, y un fuerte
chorro de lubricación escurrió hacia la cama humedeciendo su entrepierna hinchada.

Harry se había desnudado completamente, desprendiendo una cantidad enorme de feromonas


que le hacían retorcerse de anticipación, bocabajo sobre su cama. Draco abrió sus piernas
todo lo que podía, le invitaba, le reclamaba.

El suspiro de alivio cuando se sintió completamente lleno le permitió por primera vez respirar
con tranquilidad.

Harry gruñía, lamía y mordía, y Draco se sentía bien, se sentía mejor que nunca en su vida.
Lo que ocurriera fuera de las puertas de su habitación no le importaba en lo absoluto y el
tiempo corrió, como su alfa lo hizo dentro de él, una y otra vez.

Tras un último orgasmo devastador, Draco perdió la conciencia, su cuerpo laxo fue cuidado y
atendido por un alfa.

Cuando Draco volvió a abrir los ojos, seguía entre los brazos de Harry, y la luz de la mañana
era realmente fuerte.

Miró al reloj sobre la mesilla, era cerca del mediodía, y aún así, sabía que podría seguir
durmiendo hasta el final de la tarde.
Los fuertes brazos de su alfa, de su secretario, de Harry lo apretaron aún más fuerte contra su
cuerpo.

—¿Cómo te encuentras?—su voz era completamente ronca, y Draco, siendo ya dueño de sí


mismo se tensó.

¿Ahora era cuando le volvía a decir que le pagaría una buena suma por haberle atendido en su
celo?

Por primera vez, Draco no dijo nada, y solo asintió. Como recompensa recibió una lamida
cálida en la glándula de su cuello, se sentía irritaba, pero de nuevo, no había sido mordido.
Solo rasguñado.

Sintió como su ano, limpio y curado, volvía a lubricarse. Pero ya no había rastros de su celo,
no tenía nada que ver con este, tenía que ver con ellos, con esos brazos que le rodeaban, y la
lengua que le lamía.

Mentiría si dijera que él nunca había deseado a alguien, pero no renunciaría a su libertad por
una bonita mordida en su cuello, por un alfa a su espalda y su vientre lleno de cachorros.

Harry como siguiendo los pensamientos de Draco llevó sus manos a su vientre abultado, ese
era un tema que tendría que tratar más adelante. A Draco la edad media para su apogeo de
fertilidad se le había pasado, pero no estaba exento de que tras tres días de cópula continua no
hubiera quedado embarazado.

El pensamiento le hizo olvidarse de cualquier otra cosa, y el alfa lo sintió como el rechazo
que le provocaba al omega después de que el celo le afectara.

Draco se incorporó sobre la cama, sentía las piernas tan débiles que difícilmente iba a poder
salir ese día de su habitación.

Harry ya se había levantado, y estaba buscando su propia ropa, Draco no pudo evitar mirarlo.
Se iba a ir, se iba a ir y Draco debía dejarlo irse y no volverlo a ver nunca más.

Eso era lo mejor y lo que debía hacer, no quería alfas en su vida controlándole.

Eso era lo que quería, pero sus manos hicieron un pobre trabajo al intentar agarrar el vaso de
agua en la mesilla y Harry corrió a sostenerlo antes de que tocara el suelo.

Fue en el momento en el que se miraron directamente a los ojos.

—No te vayas—¿Ese había sido Draco?

El celo debía seguir actuando sobre él, no podía ser otra cosa.

Harry dejó el vaso, y tomó sus manos.

—No voy a ningún lado si tú no quieres.


Ningún alfa que hubiera conocido le afectaba con unas simples palabras como lo hacía Harry,
ni siquiera estaba usando su voz de mando.

Draco volvió a recostarse sobre la cama, y Harry le trajo un nuevo vaso de agua que le ayudó
a beber.

Pasaron unos instantes en los que solo se observaron, y Harry se sentó a su lado.

—Creo que tu celo ha acabado.—Las aletas de su nariz tomaron una fuerte dosis del olor
alrededor de Draco, sí, él también pensaba que ya había acabado, pero en el fondo era su
primer celo sin control. No conocía tan bien su ciclo como otros omegas.

—Viniste.

—Uno de tus empleados vino a por mí, un beta llamado Dob.

—Dobby—corrigió Draco comprendiéndolo—, crecimos juntos, es hijo de nuestra ama de


llaves.

—Draco, tu padre te provocó el celo.

Draco a pesar de estar sentado sintió cómo perdía pie. El problema era que no le sorprendía, y
aquello era triste.

Su propio padre provocándole un celo para que estuviera a merced de cualquier alfa que
quisiera tomarle.

—¿Conoces a un tal Tom Ryddle?

Draco abrió mucho los ojos, por supuesto que sabía quién era, y lo que pretendía su padre y
él.

No supo que estaba temblando hasta que dejó de hacerlo entre los brazos de Harry.

—Le gané—dijo Harry tan cerca de su cuello que Draco se estremeció—. Estaba aquí,
delante de tu puerta cuando llegué, es la primera pelea que he tenido en mi vida como alfa. Y
le gané.

En otras circunstancias Draco se hubiera enfadado, insultado las tradiciones alfas ridículas y
arcaicas de luchar por un omega incluso hasta la muerte. Pero solo podía estar agradecido, le
echó los brazos al cuello abrazándose a él. Quizás luego pudiera decirle que eran su
proximidad al celo, podría decírselo a sí mismo.

—Deberías ser tú quien eligiera si quiere tener un alfa o no.

Draco se rio, ese alfa era muy extraño, siempre lo había sido, sino se hubiera sentido bien con
él desde la primera entrevista no lo hubiera contratado para tenerlo horas a su lado.

Draco acarició con su nariz la glándula en el cuello de Harry, este dejó salir parte de sus
feromonas. Draco se tranquilizó en el momento.
Solo por un momento, se concedió Draco, solo un momento. Pero ambos perdieron la cuenta
del tiempo que pasaron así agarrados.

Al menos, hasta que su teléfono móvil comenzó a sonar.

Era Dobby, y lo que le contaba no le gustó nada. La policía iba a llegar en breve y venían
para llevarse a Harry.

—Tienes que irte—le apremió Draco, y notó las sombras en los ojos de Harry. Su nariz picó
por la acidez de las feromonas.

—Mi padre ha llamado a la policía.

Ambos se pusieron de pie, Harry medio vestido, Draco completamente desnudo.

—No voy a dejarte solo—dijo Harry con una actitud que Draco solo le había visto una vez, el
primer día en el que Draco tuvo su celo, y le hizo suplicar por que fuera su alfa.

No era momento para lubricarse, y para que Harry devorara su cuerpo desnudo con la mirada.

—Vas a irte, y vas a irte en este mismo instante. Yo me ocuparé de todo.

Sin celo, Draco, vestido o desnudo era dueño de sí mismo. Volvía a ser él mismo y ningún
alfa le decía lo que podía hacer o no.

Esperó una batalla de egos, pero Harry solo tomó el resto de su ropa y se la puso
rápidamente. Antes de abrir la puerta se acercó a Draco, y le lamió la glándula de su cuello
para luego darle un beso en los labios.

—¿Me llamarás?

Draco solo le separó de sí mismo, pero antes de que se fuera le devolvió el beso y le cerró la
puerta en las narices.

Todo lo que pasó después fue una completa locura, su padre iba a pagárselas con creces, y
gracias a que Harry en ningún momento le había mordido Draco dejó claro que había sido
completamente voluntario, y que un omega tenía libertad de decidir con quien pasar su celo.

Al menos, eso decían las leyes, a omegas como su padre, aquello le parecía una completa
estupidez y había querido forzar a su hijo a enlazarse en su momento de mayor debilidad.

Cuando se quedaron a solas, su padre destilaba veneno por cada poro.

—Si tan desesperado estás porque nos unamos a ese alfa, ábrete de piernas para él—dijo
ácidamente Draco—. Ah,¿qué ya lo has hecho pero y ya no eres fértil y no le vales?

Ni siquiera le dio opción de contestar, tras la separación de sus padres, Draco había
postergado algo que debía haber hecho hacía años.
Aquel no sería más su hogar, y el resto del día lo pasó buscando todo lo que el dinero podía
comprar con facilidad.

Había sido un día agotador, de hecho habían sido tres días agotadores, y ni siquiera pensó en
que no se había puesto en contacto con Harry.
Epílogo
Chapter Notes
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Harry había estado mirando su teléfono móvil desde que salió de la mansión, despegarse de
su omega le producía casi un dolor físico. Pero no tenía ningún tipo de noticia. Podrían
encarcelarle por abusar de un omega, nunca le ocurría a los poderosos, pero Harry era todo
menos alguien importante.

Lo mejor era mantenerse alejado de Draco, lejos de los Malfoy, tenía que dejarlo ir.

A la mañana siguiente, con una nueva carta de renuncia fue hasta sus antiguas oficinas, se
iría, pero haría las cosas bien.

Subió hasta la planta superior. Y puso sobre la mesa de la directora de recursos humanos su
carta de renuncia. Y con una sonrisa se despidió ante la atónita mirada de sus compañeros.

Miró su reloj aunque era demasiado pronto podría encontrarse con Ron para desayunar, debía
estar a punto de salir de su turno en la policía.

Harry no tenía familia, pero tenía dos amigos que lo eran todo para él, y sabía que podría
contar con ellos aunque no pudiera contar realmente lo que había pasado. Por Draco, y por él.

El ascensor llegó y Harry entró mirando hacia abajo, por eso cuando alguien más entró no vio
quién fue. No lo vio, pero sí lo olió.

Delante de él, Draco Malfoy, su ex jefe, su omega, aunque solo lo hubiera sido por tres días.

Estaba tan serio como cuando le hizo su primera entrevista, perfectamente vestido con uno de
sus carísimos trajes y siendo el hombre más hermoso que había visto en toda su miserable
vida.

Pero no fueron los gestos de su rostro, sino los de sus manos los que llamaron su atención.

Entre ellas hecha mil pedazos estaba su carta de renuncia, y esta llegó al suelo antes de
descender ni siquiera dos plantas.

—No acepto tu renuncia.

—Pero...

Draco no le dio tiempo, todas sus feromonas atacaron a Harry, y este cayó sobre el omega.

—No puedes irte, eres el mejor secretario que he tenido nunca—dijo Draco contra su cuello,
mientras Harry le olía desesperado.

—¿Solo por eso?—se resignó Harry.


—Eres el único alfa al que quiero sobre mí.

—¿En tus celos?—La voz de Harry estaba tan cargada que casi podía rozar su lado alfa, pero
lo controló.

Draco se acercó más, mucho más, dejando de nuevo salir sus feromonas omega como nunca
se había permitido anteriormente.

—¿Te parece bien ahora?—sugirió Draco excitado.

Harry bloqueó el ascensor, y le quitó cada carísima prenda que vestía su jefe, su omega.

Blanca piel, piel que él había lamido, que había amasado entre sus manos, pezones rosados
pero menos hinchados que durante su celo. Harry los besó y tiró suavemente de uno de ellos
ganándose un gemido de Draco.

Harry no se apiadó, y succionó el otro mientras descendía con sus manos por su vientre
completamente liso de nuevo.

Se arrodilló ante su perfecto omega, tomó en su boca el pequeño pene endurecido, lubricado
por la excitación, y con las manos se agarró de sus nalgas, sus dedos resbalaron hasta
perderse en los pliegues humedecidos. Draco gemía sin pudor, y Harry sonrió complacido.

—Fóllame, Harry.—Draco le separó de su erección para que le mirara hacia arriba, no era
una sugerencia era un orden y Harry se levantó completamente duro.

—No es así como tienes que llamarme, omega.

Draco alzó su rostro, no había ningún celo, no había ninguna obligación. Draco era tan libre
como Harry de hacer lo que quisiera, de pedir lo que quisiera.

Llevó una mano hacia su entrepierna apretada dentro de los pantalones, quería su nudo,
quería gemir su nombre. Quería estar con ese alfa, con él y con nadie más.

—Fóllame, alfa—gimió altivo.

Harry le besó, ese era su omega, ese y ningún otro.

FIN

Chapter End Notes


Pues hasta aquí llegamos, tenía ganas de traer algo para el cumpleaños de Harry, y
seguir con esta historia me pareció buena idea.

¿Qué os ha parecido? ¿Le gustará a Harry su regalo?

Espero que a vosotras al menos sí.

Gracias por leer.

Nos leemos en otras historias.

Besitos.

Shimi.
End Notes

Pues a ver, esto es un oneshot que también he escrito en mi otro perfil para un reto de
songfics, pero me supieron tan a ellos que no me pude resistir.

Lo sé, soy débil.

Cabecitas locas, eso no da permiso para que alguien más lo haga, ojo, que hay mucha
ladronzuela últimamente por estos lares. Shhh, plagiar está feo. No lo digo yo, lo dice la ética
XDDD

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