Jurisprudencia sobre Difamación Agravada
Jurisprudencia sobre Difamación Agravada
Año 2 Volumen 23
JURISPRUDENCIA RELEVANTE:
El delito de difamación
Actualidad
Penal
Área JURISPRUDENCIA RELEVANTE:
JURISPRUDENCIA RELEVANTE:El delito de difamación
EL DELITO DE DIFAMACIÓN
Contenido
Los presupuestos materiales y procesales para la configuración del delito de
1.ª SENTENCIA 388
difamación agravada (Caso del periodista Rafo León)
2.ª SENTENCIA Momento de consumación del delito de difamación 401
3.ª SENTENCIA Los límites del derecho constitucional a la libertad de expresión y de información 404
DE DIFAMACIÓN
SENTENCIA
VISTA: La investigación sumaria contra Rafael Enrique León Rodríguez, como presunto
autor del delito contra el Honor-difamación agravada (medio de prensa), en agravio de
Martha Elvira Rosa Meier Miró Quesada; y
ANTECEDENTES DE HECHO
1. La presente investigación sumaria, se inició por ante esta judicatura, a mérito del escrito
obrante a fojas 04/37, en el cual la querellante Martha Elvira Rosa Meier Miro Quesada puso
en conocimiento que se le habría vulnerado su honor, adjuntando para ello unas publicaciones
periodísticas (ver fojas 39), realizadas por el querellado Rafael Enrique León Rodríguez, en
la revista semanal Caretas. Que, llevada la investigación conforme a los cánones del procedi-
miento especial que establece la norma adjetiva, así como escuchado los Informes Orales de
las partes (cuestiones de derecho), conforme a la constancia que obra a foja 108; y vencido los
plazos procesales, la presente se encuentra para expedir sentencia.
2. Las imputaciones que sustenta la denunciante se encuentran sostenidas en la publica-
ción que realiza el querellante Rafael Enrique León Rodríguez, en la revista Caretas, bajo
el título ¿qué hacemos con la primita?, donde se tiene los extractos siguientes:
• “Como ya me está persiguiendo ese alemán cuyo nombre he olvidado, me pasa que a veces
me confundo y creo estar viendo algo que no es lo que creo sino otra cosa. Me ocurrió en
mi escritorio, la mañana del 16 de julio pasado, cuando como lo hago rutinariamente,
revisaba los diarios con mi expreso recién hecho al costado, en uno de esos periódicos
leí algo o lo volví a leer, algo pasaba, recordé los consejos de mi neurólogo para manejar
el alzhéimer: relajarse y hacer el esfuerzo por conectar por conectar las cosas del entorno
hasta darles su dimensión real y evaporar la fantasía. Empecé reconociendo que no podía
estar leyendo la Chuchi, ni el Tío, por la sencilla razón de que son tabloides y en cambio
El Comercio tiene formato grandazo”.
• “Se dedica denostar a la persona de la Alcaldesa Susana Villarán sin dar un solo argumento
que evidencien una discrepancia o un desentendimiento”.
• “Era una retahíla de ironías de baja estofa y de insultos mal barajados, del que traigo un
par de perlas, aparte del punto de partida en el que se sostiene categóricamente, que la
gestión de Villarán es “La más patética que ha padecido nuestra ciudad”, sin declararnos
de un solo porque. Ahí van:
CONSIDERANDO
Fundamentos jurídicos:
3. El inciso cinco del artículo ciento treinta y nueve de la Constitución Política del Es-
tado, establece como uno de los principios de la función jurisdiccional “La motivación
escrita de las resoluciones judiciales en todas las instancias, excepto los decretos de mero
trámite, con mención expresa de la ley aplicable y de los fundamentos de hecho en que
se sustentan; bajo dicha premisa el Tribunal Constitucional mediante sentencia de fecha
catorce de noviembre de dos mil cinco, recaída en el expediente ocho mil ciento veinti-
trés-dos mil cinco-PHC/TC (Caso: Nelson Jacob Gurman), ha establecido que: “(…) la
necesidad de que las resoluciones judiciales sean motivadas es un principio que informa
el ejercicio de la función jurisdiccional y al mismo tiempo, un derecho constitucional de
los justiciables, mediante ello. Se garantiza que la administración de justicia se lleve a cabo
de conformidad con la Constitución y las Leyes (...) y (...) que los justiciables puedan
ejercer de manera efectiva su derecho de defensa”; agregando que uno de los contenidos
esenciales del derecho al debido proceso es el derecho de obtener de los órganos judiciales
una respuesta razonada, motivada y congruente con las pretensiones oportunamente de-
ducidas por las partes en cualquier clase de procesos, mientras que en la sentencia de fecha
trece de octubre de dos mil ocho, recaída en el expediente setecientos veintiocho-dos mil
ocho-PHC/TC (caso: Guiliana Flor de Maria Llamoja Hilares), se indica que: “el derecho
a la debida motivación de las resoluciones judiciales es una garantía del justiciable frente
a la arbitrariedad judiciales y garantiza que las resoluciones no se encuentren justificados
en el mero capricho de los magistrados, sino en datos objetivos que proporciona el orde-
namiento jurídico o los que se derivan del caso”, estableciéndose así, los supuestos que
deben tenerse en consideración para una debida motivación de las resoluciones judiciales.
4. De la misma forma, debe tenerse en cuenta que, según nuestro ordenamiento procesal,
determinadas conductas delictivas, como los contemplados en los delitos de difamación,
merecen un tratamiento procedimental distinto al ordinario —procedimiento de sumaria
investigación, previsto en el artículo trescientos catorce del Código de Procedimientos
Penales— y exigen la participación activa de la persona perjudicada, correspondiéndole a
esta no solo el acto procesal de postulación —es decir la titularidad de la acción penal—,
sino, además el ofrecimiento de los medios de prueba pertinentes que acrediten los he-
chos que afirma y el impulso del proceso, y es que, conforme lo puntualiza el profesor
San Martín Castro aquí “rige el principio de aportación y no el de investigación oficial en
materia de actividad probatoria”1.
5. Que, el artículo 11 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, señala
expresamente que: “Toda persona tiene derecho al respeto de su honra y al reconoci-
miento de su dignidad. Por tal motivo nadie puede ser objeto de injerencias arbitrarias o
abusivas en su vida privada (...)”. Como puede apreciarse, la dignidad de la persona ha
constituido y constituye el pilar básico sobre el que se fundamenta todo ordenamiento
social. El reconocimiento de derechos comienza por la declaración y el convencimiento
de que la persona es el objeto y fin último de cualquier regulación normativa. Es por eso
que en consonancia con aquella afirmación, nuestra Carta Política, en su artículo primero
reconoce que la defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad, son el fin su-
premo de la sociedad. Luego declara en su artículo 2.7 que: Toda persona tiene derecho:
“Al honor y la buena reputación, a la intimidad personal y familiar así como a la voz y a
la imagen propias”. Dada la ubicación que tiene el derecho al honor dentro de la Carta
Política, es evidente que su consideración es la de un derecho fundamental.
6. En el ámbito penal en concreto, el honor se fundamenta en un juicio personal y
normativo; personal, como atributo de todo sujeto, independiente de la autoestima o
autodesprecio que individualmente se tenga (honor subjetivo), así como de la efectiva
valoración social que se haga al respecto; y normativo-valorativo, como concerniente a
la dignidad humana. También concerniente a este tema existen diversas jurisprudencia
tales como:
1 S M C, César, Derecho Procesal Penal, t. II, Editora Jurídica Grijley, octubre 2003, p.
1381.
• “El derecho al honor y a la buena reputación forma parte del elenco de derechos funda-
mentales (...), su objeto es proteger a su titular contra el escarnecimiento o la humilla-
ción, ante sí o ante los demás, e incluso frente al ejercicio arbitrario de las libertades de
expresión o información, puesto que la información que se comunique, en ningún caso
puede resultar injuriosa o despectiva”2.
• “Respecto a la libertad de expresión” esta se refiere a la capacidad de recibir los puntos de
vista personales del emisor, que en tanto son opinables requieren un carácter básico de
congruencia entre lo que se busca señalar y lo que finalmente se declara públicamente”3.
• “Con la libertad de expresión se garantiza la difusión del pensamiento, la opinión o los
juicios de valor que cualquier persona pueda emitir. Por su propia naturaleza, los juicios
de valor, las opiniones, los pensamientos o las ideas que cada persona pueda tener son
de naturaleza estrictamente subjetivas y, por tanto, no pueden ser sometidos a un test de
veracidad; a diferencia de lo que sucede con los hechos noticiosos, que, por su misma
naturaleza de datos objetivos y contrastables, si lo pueden ser”4.
7. Igualmente, en el caso en concreto hay que tener presente, que el thema probandum
en el delito de difamación por medio de comunicación social, que, conforme al tercer
y último párrafo del artículo ciento treinta y dos del Código Penal, ha señalado, que la
difamación se torna agravada por el medio empleado cuando el agente actúa haciendo
uso de medio de comunicación social (revista) para atribuir un hecho, cualidad o con-
ducta que pueda perjudicar al honor del aludido, tal agravante, según precisa Salinas
Siccha, indica: “tal conducta se explica en que al difamarse a una persona haciendo uso
de dicho medio, aquél tiene un mayor e inmediato alcance, y, por tanto, la desestima-
ción o reprobación al ofendido será comunicado por un mayor número de personas”; es
decir un número incalculable de personas conocerían los hechos, cualidades o conduc-
tas atribuidas ocasionando un enorme daño a la reputación o fama de la víctima; por
ende, la magnitud del perjuicio personal que puede ocasionar al difamado, es lo que al
final de cuentas pesa para tener como agravante el uso de los medios de comunicación
social masivo.
8. Así, y estando a la estructura típica de la difamación agravada, la prueba requerida para
crear certeza respecto de la responsabilidad penal del querellado —en todos los casos—
versará necesariamente sobre los siguientes puntos: i) la atribución a una persona de un
hecho, una cualidad o una conducta que pueda perjudicar el honor o la reputación del
querellante, es decir, la existencia de las afirmaciones o comentarios difamatorios; ii) la
identificación plena del querellado como el agente difamante, es decir como el autor de
las afirmaciones o comentarios difamatorios; iii) la determinación inequívoca del medio
de comunicación social específico empleado por el agente para la comisión del delito,
iv) la forma y demás circunstancias en que se efectúo la difusión de las afirmaciones di-
famantes a través del medio de comunicación social, y v) el dolo de dañar el honor y la
reputación del querellante.
Hechos acreditados:
9. En ese sentido, en nuestro caso, tenemos, que está acreditado, que el día 20 de julio del
2014, se publicó en la revista semanal Caretas, específicamente en la columna “Dueño de
Nada”, el artículo denominado “¿Qué hacemos con la primita?”, en el cual se advierte que
el querellado realiza un comentarios de índole de “detracción” a una opinión publicada en
el diario El Comercio que realizó la querellante en su condición de periodista el cual título
“El síndrome de Susy”, donde hace referencias en forma “sátira” a la actividad proselitista
de la antes alcaldesa Susana Villarán.
10. Aparte de ello, es preciso indicar que la independencia y responsabilidad en el ejerci-
cio de la función jurisdiccional5 es un principio —garantía constitucional— que permite
a los órganos jurisdiccionales que en el ejercicio de su función no puedan verse afectados
por las decisiones o presiones extra-jurisdiccionales, ajenas a los fines del proceso. Esta
garantía judicial permite a cualquier persona la seguridad de que los conflictos serán re-
sueltos por los jueces teniendo como único sustento tanto lo actuado y probado durante
el juicio como lo que prevé la Ley y la Constitución Política del Estado, en el marco
de la razonabilidad en la decisión y el logro de la justicia en el caso concreto. Sobre el
particular el Tribunal Constitucional ha sostenido que: “La independencia judicial debe
ser entendida como aquella capacidad autodeterminativa para proceder a la declaración
del derecho juzgado y haciendo ejecutar lo juzgado, dentro de los marcos que fijan la
Constitución y la Ley. En puridad, se trata de una condición de albedrío funcional. El
principio de independencia judicial exige que el legislador adopte las medidas necesarias y
oportunas a fin de que el órgano y sus miembros administren justicia con estricta sujeción
al Derecho y a la Constitución, sin que sea posible la injerencia de extraños (otros poderes
públicos o sociales, e incluso órganos del mismo ente judicial) a la hora de delimitar e
interpretar el sector del ordenamiento jurídico que ha de aplicarse en cada caso (...)”.
11. Por lo que, conforme a lo antes señalado, la autoridad judicial, en el desarrollo de la
función jurisdiccional, no puede sujetarse a ningún interés que provenga de fuera de la
organización judicial en conjunto, ni admitir presiones para resolver un caso en un deter-
minado sentido. Las decisiones de la autoridad judicial, ya sea que esta se desempeñe en
la especialidad constitucional, civil, penal, penal militar, laboral, entre otras, no pueden
depender de la voluntad de otros estamentos públicos, partidos políticos, medios de co-
municación o particulares en general, sino tan solo de la Constitución y de la Ley que
sea acorde con esta y que además dicha exigencia de que el juzgador, en el ejercicio de la
función jurisdiccional, no admite la influencia de otros poderes o personas, no implica
que el Juez goce de una discreción absoluta en cuanto a las decisiones que deben asumir,
pues precisamente el principio de independencia judicial tiene como correlato que el juz-
gador solo se encuentre sometido a la constitución y a la ley expedida conforme a esta, tal
5 Artículo 139 inciso 2 de la Constitución del Perú, establece que son principios y derechos de función
jurisdiccional: 2. La independencia en el ejercicio de la función jurisdiccional. Ninguna autoridad puede
avocarse a causas pendientes ante el órgano jurisdiccional ni interferir en el ejercicio de sus funciones.
Tampoco puede dejar sin efecto resoluciones que han pasado en autoridad de cosa juzgada, ni cortar
procedimientos en trámite, ni modificar sentencias ni retardar su ejecución. Estas disposiciones no
afectan el derecho de gracia ni la facultad de investigación del Congreso, cuyo ejercicio no debe, sin
embargo, interferir el procedimiento jurisdiccional ni surte efecto jurisdiccional alguno.
nes en cuestión, son claramente innecesarias y/o excesivas denotando de ese modo un
menosprecio a la reputación profesional y como persona de la agraviada, máxime, si este
imputado quería defender a la persona (funcionario pública), que había sido criticada, tal
y conforme se corrobora de su propio texto: “... es el momento para desembarazarse de
una persona que hace un periodismo irresponsable y más. Y desde acá me aúno al pedido
de Michael Azcueta, formulado en carta pública, para que MMMQ pida disculpas a la
alcaldesa Susana Villarán. Es lo justo...”.
16. Consecuentemente, se ha vulnerado así, lo que describe el Acuerdo Plenario, en su
fundamento diez, que señala: “... La naturaleza pública de las libertades de información
y expresión, vinculadas a la formación de la opinión ciudadana, exige que las expresiones
incidan en la esfera pública —no en la intimidad de las personas y de quienes guarden
con ella una personal y estrecha relación familiar, que es materia de otro análisis, centra-
do en el interés público del asunto sobre el que se informa o en el interés legítimo del
público del asunto sobre el que se informa o en el interés legítimo del público para su
conocimiento—.Obviamente, la protección del afectado se relativizará —en función al
máximo nivel de su eficacia justificadora— cuando las expresiones cuestionadas incidan
en personajes públicos o de relevancia pública, quienes en aras del interés general en
juego, deben soportar cierto riesgo a que sus derechos subjetivos resulten afectados por
expresiones o informaciones de ese calibre —más aún si las expresiones importan una
crítica política, en tanto estas se perciben como instrumento de los derechos de partici-
pación política—: así, también lo ha reconocido la Corte Interamericana de Derechos
Humanos en la sentencia Herrera Ulloa, del dos de julio de dos mil cuatro, que tratán-
dose de funcionarios públicos ha expresado que su honor debe ser protegido de manera
acorde con los principios del pluralismo democrático. En todos estos casos, en unos más
que otros, los límites al ejercicio de esas libertades son más amplios (...)”. Lo que no tiene
por parte del querellado, pues, lo que ha querido este, es no es ejercer este derecho, sino,
lo que ha realizado es descalificar y despotricar —por así decirlo— contra la querellante
por la opinión vertida, esto es, con las frase dichas ha querido que la expectoren a fin de
que se no se tome cuenta una opinión que esta vertiera contra la alcaldesa.
17. Pues si bien la crítica sobre una crítica a nivel de política está protegida por ley, ello,
no puede tomarse como pretexto para atacar a una persona tanto en su ámbito profesio-
nal como personal, y aquí está comprobada su responsabilidad en el delito materia de
imputación, ya que no ha realizado una crítica neutral sino en cuestionamiento perso-
nales y profesionales que afectan directamente el honor de una persona, encontrándose
así responsabilidad en el querellado Rafael Enrique León Rodríguez, por lo que en este
estadio se deberá determinar la pena a imponer.
Determinación de la pena
18. En cuanto a la determinación de la pena, hay que tener presente el Titulo II, capítulo
II del Código Penal, normatividad que establece expresamente los criterios que debe
tener el Juez para determinar e individualizar la pena aplicable al agente responsable de
la comisión de un delito; además, hay que considerar que mediante Resolución Admi-
nistrativa Nro. 311-2011-P-PJ de fecha uno de setiembre de dos mil once, emitida por
el Presidente del Poder Judicial, se dictaron líneas y directrices para la correcta determi-
nación judicial de la pena, en base a los fundamentos jurídicos siete, ocho y nueve del
6 F, Eugenio, Elementos del Derecho Procesal Penal, Bosch, Casa Editorial, Barcelona, 1934, página
207.
pretensión de las partes acusadoras, con mayor énfasis en lo civil en el que se tiene plena
disponibilidad sobre el derecho subjetivo que se discute en la causa. En ese sentido, señala
Tomas Gálvez Villegas, la responsabilidad civil constituida por la obligación resarcitoria
proveniente del delito tiene naturaleza privada al no trascender la esfera particular del
agraviado o titular del bien jurídico afectado. En tal virtud es renunciable, objeto de de-
sistimiento y transmisible (mortis causa o inter vivos), a la vez que su pago puede quedar
a cargo de un tercero al no tratarse de una obligación personalísima como la obligación
de afrontar la pena propia de la responsabilidad penal7. Lo que se produce en sede penal
con el ejercicio de la acción civil es, simplemente, una acumulación heterogénea de pro-
cesos —penal y civil— en un procedimiento único, cada uno informado por sus propios
principios, con fundamento en la economía procesal —y el no dividir la continencia de
la causa8—, en el que se dictará una única sentencia, la cual contendrá dos pronuncia-
mientos, uno penal y otro civil9.
22. Adicionalmente a lo expuesto, cabe destacar, que la responsabilidad civil constituye
el conjunto de consecuencia de una acción u omisión ilícita, que genera la obligación
de satisfacer a la pérdida causada, denominándose a la capacidad de un ser humano de
discernir sus acciones a través de su voluntad razonada, de manera que pueda asumir el
compromiso de sus actos o también se refiere a la capacidad de reconocer lo prohibido
a través de una acción culpable, pudiendo a través de ese entendimiento determinar los
límites y efectos de esa voluntad y en caso de la responsabilidad civil extracontractual
objetiva, los elementos de esta respecto a los sujetos se considera a la víctima, es decir
el perjudicado por el daño; y el responsable de los hechos, en tanto que el elemento
objetivo lo configura el daño, fundamento de esta responsabilidad y el elemento sub-
jetivo lo integra la culpa, el descuido, la ignorancia o imprudencia sin deseo de causar
el perjuicio.
23. De igual forma se debe tener presente el Titulo VI, Capítulo I del Código Penal, que
regula la reparación civil y las consecuencias accesorias, indicándose entre otras cosas,
que la reparación civil se determina conjuntamente con la pena, ya que la reparación
comprende, la restitución del bien o, sí no es posible, el pago de su valor, y la indemni-
zación de los daños y perjuicios; pues, así legalmente se define el ámbito del objeto civil
del proceso penal, la cual está regulada por el artículo 93 del Código Penal, norma que
presenta elementos diferenciadores de la sanción penal, ya que existen notas propias, fina-
lidades y criterios de imputación distintos entre responsabilidad penal y responsabilidad
civil, aun cuando comparten un mismo presupuesto, el acto ilícito causado por un hecho
antijurídico, a partir del cual surgen las diferencias respecto de su regulación jurídica y
contenido entre el ilícito penal y el ilícito civil. Así las cosas, se tiene que el fundamento
de la responsabilidad civil, que origina la obligación de reparar, es la existencia de un daño
civil causado por un ilícito penal, el que obviamente no puede identificarse con “ofensa
7 G V, Tomás Aladino: La Reparación Civil en el Proceso Penal, Pacífico Editores SAC, Lima,
2016, página 207.
8 A D, Teresa, Lecciones de Derecho Procesal Penal, Editorial Marcial Pons, Madrid, 2007,
página 116.
9 M A, Juan, Proceso Penal y Libertad, Editorial Thomson Civitas, Madrid, 2008, páginas
352/354.
DECISIÓN:
Por lo que atendiendo a la normatividad descrita en los artículos IV y VII del Título Pre-
liminar del Código Penal y los artículos nueve, diez, once, doce, veintitrés, veintiocho,
cuarenta y cinco, sesenta y dos, sesenta y cuatro, noventa y dos, noventa y tres y tercer
párrafo del artículo ciento treinta y dos del Código Penal, y concordante con el numeral
doscientos ochenta y tres del Código de Procedimientos Penales; consideraciones por las
cuales, la Señora Juez a cargo del Cuadragésimo Segundo Juzgado Especializado en lo
Penal de Lima, administrando justicia a Nombre de la Nación y con el criterio de con-
ciencia que la Ley autoriza:
DECLARA: LA RESERVA DEL FALLO CONDENATORIO, a RAFAEL ENRIQUE
LEÓN RODRÍGUEZ, como autor del delito contra el Honor-DIFAMACIÓN AGRA-
VADA (medio de prensa), en agravió de Martha Elvira Rosa Meier Miró Quesada, por el
periodo de prueba DE UN AÑO, sujeto al cumplimiento de las siguientes reglas de con-
ducta: a) No variar de domicilio sin previo aviso al Juzgado, y b) Concurrir cada treinta
días a la Oficina de Control Biométrico a fin de registrar su firma en el horario que ella
establezca; bajo apercibimiento de aplicarse lo dispuesto en el artículo sesenta y cinco del
Código Penal en caso de incumplimiento; y FIJÓ: En la suma de SEIS MIL SOLES, el
monto que por concepto de Reparación Civil que deberá abonar el sentenciado en favor
de la agraviada, en los plazos y condiciones que señala la ley.
MANDO: Que, la presente resolución sea leída en acto público y consentida y/o eje-
cutoriada que sea se proceda a la anotación en el registro respectivo y al archivamiento
definitivo de los actuados donde corresponda, en su oportunidad. Tómese razón.-
VISTOS: El recurso de nulidad interpuesto por la defensa de la parte civil, Empresa Lima
Airport Partners, contra la sentencia de fojas seiscientos treinta y siete, del doce de marzo
de dos mil trece.
Interviene como ponente el señor Juez Supremo José Antonio Neyra Flores.
CONSIDERANDO
1. Fundamentos del recurso
Primero. La parte civil, en su recurso formalizado obrante a fojas seiscientos setenta y
cuatro, indica que: i) Se acreditó el delito, pues la frase “la empresa forma parte de un
grupo de maleantes y cacos”, hace alusión a los funcionarios miembros de la empresa, ii)
Para configurar este delito no es necesario que exista una alusión literal a los nombres de
ellas, más cuando las relaciones de reconocimiento personales, familiares y sociales son
las tuteladas por el tipo penal en los delitos contra el honor, iii) Sin perjuicio de ello, la
publicación hace alusión directa a la empresa y sus propietarios, a las agraviadas Milagros
Montes Morote y Catherine Pacheco Quesada, por lo que la afirmación también se dirige
a ellas, iv) Se acreditó la difusión mundial de las publicaciones difamatorias a través de
la página web, se probó la actuación continuada hasta la fecha, el querellado no efectuó
investigación alguna, por lo que no existe ejercicio legítimo de la profesión, v) El delito de
difamación solo exige dolo, que se presentó en el caso, no animus difamamdi.
2. Imputación
Segundo. Se imputa al querellado a Herbert Carlos Mujica Rojas, que en su calidad
de periodista responsable del Blog: [Link], habría realizado publicaciones
mediante las cuales emitió afirmaciones que afectan el honor y reputación de los funcio-
querellado, al proferir las frases cuestionadas de manera genérica, sin referirse directamen-
te al querellante o a la asociación que representa, no permite concluir que las expresiones
que profirió el encausado se subsuman en el referido tiempo penal”.
Sexto. En el presente caso, se advierte que los destinatarios de los términos “maleantes”
y “cacos”, son LAN, John Charles Kirch, jefe de Seguridad de Lima Airport Partners y
los accionistas o dueños de esa empresa. Pero no se dirige contra las representantes lega-
les de Lima Airport Partners, Milagros Montes Morote y Catherine Pacheco Quesada,
por lo que estos dichos no configuran el delito de difamación en contra de las referidas
agraviadas.
Séptimo. Sobre la afectación a la empresa, como ha señalado el Tribunal Constitucional,
en la sentencias recaídas en los expedientes números cero nueve cero cinco-dos mil uno-
AA/TC y cero cuatro cero siete dos-dos mil nueve-PA/TC, las personas jurídicas son titu-
lares del derecho a la buena reputación, de ahí que no se le puede desproteger de ataques
contra la “imagen” que tienen frente a los demás o ante el descrédito de terceros de toda
organización creada por los individuos.
Octavo. Sin embargo, como se ha referido, el sujeto pasivo del delito debe estar determi-
nado y en este caso, las afirmaciones del querellado se dirigen a personas naturales, no a la
jurídica, por lo que no se cumple con el supuesto del tipo penal y corresponde confirmar
la venida en grado.
DECISIÓN:
Con lo expuesto por el Fiscal Supremo en lo Penal, declararon: NO HABER NULIDAD
en la sentencia de fojas seiscientos treinta y siete, del doce de marzo de dos mil trece que
confirmó la sentencia de primera instancia que absolvió de la acusación fiscal a Herbert
Carlos Mujica Rojas como autor del delito contra el Honor-difamación agravada, en
perjuicio de Milagros Montes Morote, Catherine Pacheco Quesada y la Empresa Lima
Airport Partners; con lo demás que contiene, notificándose y los devolvieron.-
S.S.
VILLA STEIN / RODRÍGUEZ TINEO / PARIONA PASTRANA / NEYRA FLORES
/ LOLI BONILLA
Concordancia Jurisprudencial
Art. 116 TUO LOPJ
ASUNTO: Delitos contra el honor personal y derecho
constitucional a la libertad de expresión y de información
con lo dispuesto en el artículo veintidós del Texto Único Ordenado de la Ley Orgánica
del Poder Judicial, han pronunciado el siguiente:
ACUERDO PLENARIO
I. ANTECEDENTES
1. Las Salas Penales Permanente y Transitorias de la Corte Suprema de Justicia de la
República, con la autorización del Consejo Ejecutivo del Poder Judicial, acordaron rea-
lizar un Pleno Jurisdiccional de los Vocales de lo Penal, a fin de dar cumplimiento a lo
dispuesto por los artículos 22 y 116 del Texto Único Ordenado de la Ley Orgánica del
Poder Judicial.
2. Para estos efectos, con carácter preparatorio, se delimitó el ámbito de las Ejecutorias
Supremas que correspondían analizar y se aprobó revisar las decisiones dictadas en el
segundo semestre del presente año. A continuación, el Equipo de Trabajo designado al
efecto, bajo la coordinación del Señor San Martín Castro, presentó a cada Sala un con-
junto de Ejecutorias que podían cumplir ese cometido. Las Salas Permanente y Primera
Transitoria —de donde emanaron las Ejecutorias analizadas—, en sesiones preliminares,
resolvieron presentar al Pleno las Ejecutorias que estimaron procedentes.
3. En el presente caso, el Pleno decidió tomar como referencia la Ejecutoria Suprema
que analiza y fija criterios para solucionar la colisión que puede presentarse entre el delito
contra el honor —protección constitucional al honor y a la reputación— y el derecho
constitucional a la libertad de expresión. Se trata de la Ejecutoria recaída en el recurso de
nulidad número 4208-2005/Lima, del 18 de octubre de 2005.
4. En tal virtud, se resolvió invocar el artículo 116 del Texto Único Ordenado de la Ley
Orgánica del Poder Judicial que, en esencia, faculta a las Salas Especializadas del Poder
Judicial dictar Acuerdos Plenarios con la finalidad de concordar jurisprudencia de su
especialidad. Dada la complejidad y amplitud del tema abordado, que rebasa los aspectos
tratados en la Ejecutoria Supremas analizada, se decidió redactar un Acuerdo Plenario
incorporando los fundamentos jurídicos correspondientes necesarios para configurar una
doctrina legal y disponer su carácter de precedente vinculante.
5. La deliberación y votación se realizó el día de la fecha. Como resultado del debate y en
virtud de la votación efectuada, por unanimidad, se emitió el presente Acuerdo Plenario.
Se designaron como ponentes a los señores San Martín Castro y Calderón Castillo, quie-
nes expresan el parecer del Pleno.
nal en la sentencia número 0018-1996-AI/TC, del 29.4.1997, que hace mención al ho-
nor interno y al honor externo, y llega a decir que la injuria, a diferencia de la difamación
y la calumnia, solo inciden el honor interno, que es muy subjetivo]. Este bien jurídico
está reconocido por el artículo 2, numeral 7), de la Constitución, y constituye un derecho
fundamental que ella protege, y que se deriva de la dignidad de la persona —constituye la
esencia misma del honor y determina su contenido—, en cuya virtud los ataques al honor
son ataques inmediatos a la dignidad de la persona. Su objeto, tiene expuesto el Tribunal
Constitucional en la sentencia número 2790-2002-AA/TC, del 30.1.2003, es proteger a
su titular contra el escarnecimiento o la humillación, ante sí o ante los demás, e incluso
frente al ejercicio arbitrario de las libertades de expresión e información, puesto que la
información que se comunique, en ningún caso, puede resultar injuriosa o despectiva.
7. Paralelamente, la Constitución, en su artículo 2, numeral 4), también reconoce y con-
sidera un derecho fundamental común a todas las personas las libertades de información,
opinión, expresión y difusión del pensamiento mediante la palabra oral o escrita o la
imagen, por cualquier medio de comunicación social. Son sujetos de este derecho la
colectividad y cada uno de sus miembros, no son solo los titulares del órgano o medio
de comunicación social o los profesionales del periodismo. Desde luego, el ejercicio de
este derecho fundamental —dado el carácter o fundamento esencial que ostenta en una
sociedad democrática [[Link].: STEDH, Asunto Worm vs. Austria, del 29.8.1997, § 47]—
modifica el tratamiento de los delitos contra el honor en aquellos supuestos en los que las
conductas objeto de imputación en sede penal han sido realizadas en el ejercicio de dichas
libertades. Como es evidente, por lo general se presenta un problema entre la protección
constitucional de dichas libertades y el derecho al honor, dada su relación conflictiva
que se concreta en que el derecho al honor no solo es un derecho fundamental sino que
está configurado como un límite especial a las libertades antes mencionadas —tiene una
naturaleza de libertad negativa, que en el Derecho penal nacional se aborda mediante
la creación de los tres delitos inicialmente mencionados— [“Los delitos cometidos por
medio del libro, la prensa y demás de comunicación social se tipifican en el Código Penal
y se juzgan en el fuero común”: segundo párrafo del numeral 4) del artículo 2 Constitu-
cional]. La Corte Interamericana de Derechos Humanos en la sentencia Herrera Ulloa vs.
Costa Rica, del 2 de julio de 2004, precisó que el derecho a la libertad de expresión y de
pensamiento no es absoluto, cuyas restricciones deben cumplir tres requisitos, a saber: 1)
deben estar expresamente fijadas por la ley; 2) deben estar destinadas a proteger ya sea los
derechos o la reputación de los demás, o la protección de la seguridad nacional, el orden
público o la salud o moral pública; y 3) deben ser necesarias en una sociedad democrática.
8. La solución del conflicto pasa por la formulación de un juicio ponderativo que ten-
ga en cuenta las circunstancias de cada caso en particular y permita determinar que la
conducta atentatoria contra el honor está justificada por ampararse en el ejercicio de las
libertades de expresión o de información. La base de esta posición estriba en que, en
principio, los dos derechos en conflicto: honor y libertades de expresión —manifestación
de opiniones o juicios de valor— y de información —imputación o narración de hechos
concretos—, gozan de igual rango constitucional, por lo que ninguno tiene carácter ab-
soluto respecto del otro [ambos tienen naturaleza de derecho-principio]. A este efecto,
uno de los métodos posibles, que es del caso utilizar para el juicio ponderativo, exige fijar
el ámbito propio de cada derecho, luego verificar la concurrencia de los presupuestos
III. DECISIÓN
14. En atención a lo expuesto, las Salas Penales Permanente y Transitorias de la Corte
Suprema de Justicia de la República, reunidas en Pleno Jurisdiccional, y de conformidad
con lo dispuesto por el artículo 116 del Texto Único Ordenado de la Ley Orgánica del
Poder Judicial; por unanimidad;
ACORDÓ:
15. ESTABLECER como doctrina legal, las reglas de ponderación precisadas en los pá-
rrafos 8 al 13 del presente Acuerdo Plenario. En consecuencia, dichos párrafos constitu-
yen precedentes vinculantes.
16. PRECISAR que el principio jurisprudencial que contienen la doctrina legal antes
mencionada debe ser invocado por los Magistrados de todas las instancias judiciales, sin
perjuicio de la excepción que estipula el segundo párrafo del artículo 22 del Texto Único
Ordenado de la Ley Orgánica del Poder Judicial.
17. PUBLICAR el presente Acuerdo Plenario en el diario oficial El Peruano. Hágase
saber.-
S.S.
SALAS GAMBOA / SIVINA HURTADO / GONZÁLES CAMPOS/ SAN MARTÍN
CASTRO/ VALDÉZ ROCA / BARRIENTOS PEÑA / VEGA VEGA / LECAROS
CORNEJO / MOLINA ORDÓÑEZ / PEIRANO SÁNCHEZ / VINATEA MEDINA
/ PRÍNCIPE TRUJILLO / CALDERÓN CASTILLO / URBINA GAMBINI
Referencias bibliográficas