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Educación Intercultural en México: Retos y Propuestas

El documento analiza la evolución de las políticas educativas en México, que históricamente han buscado la unidad nacional a expensas de la diversidad cultural. Se propone una educación intercultural que reconozca y valore la pluralidad, enfatizando la necesidad de formar docentes capacitados para atender esta diversidad en el aula. Además, se destaca la importancia de integrar la interculturalidad en los planes educativos y en la práctica docente para fomentar un entorno de respeto y equidad.
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Educación Intercultural en México: Retos y Propuestas

El documento analiza la evolución de las políticas educativas en México, que históricamente han buscado la unidad nacional a expensas de la diversidad cultural. Se propone una educación intercultural que reconozca y valore la pluralidad, enfatizando la necesidad de formar docentes capacitados para atender esta diversidad en el aula. Además, se destaca la importancia de integrar la interculturalidad en los planes educativos y en la práctica docente para fomentar un entorno de respeto y equidad.
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En México

Como es bien conocido, en el siglo pasado las políticas educativas se orientaron a la búsqueda de
la unidad nacional mediante la integración o asimilación de la población, que se caracterizaron por
múltiples acciones orientadas a evitar la expresión de la diversidad cultural. 1 Las políticas
educativas se orientaban a buscar la unidad nacional para lograr la integración del Estado,
censurando toda expresión de la diversidad, paradójicamente, en una nación históricamente
multicultural.

Después de los proyectos integradores y de aculturación, que se conformaron con las políticas
indigenistas de primera generación (décadas de los 40, 50, 60 y 70 del siglo XX), surgen diferentes
propuestas. En los 80, el Proyecto de Educación Indígena Bilingüe Bicultural; posteriormente, el de
una Educación Bilingüe Intercultural. Como resultado de los lineamientos establecidos en el
artículo 3° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos [2001] y la Ley General de
Educación [SEP, 1993], en 2001 se creó la Coordinación General de Educación Intercultural y
Bilingüe (CGEIB), y en 2003 se decretó la Ley General de derechos Lingüísticos de los Pueblos
Indígenas. En la UPN Ajusco surge la Licenciatura de Educación Indígena y en el 2004 se crean las
Universidades Interculturales, siendo la primera de éstas la que se ubica en San Felipe de Progreso,
Estado de México.

No obstante, a más de nueve años de la reforma constitucional, 2 en importantes sectores de la


población, niños y adolescentes que asisten a la educación básica continúan siendo objeto de
discriminación y marginación social, producto de una educación que no reconoce la diversidad
cultural existente en las aulas. Esta realidad nos obliga a pensar en el diseño de una educación en
la que autoridades, profesores, alumnos y padres de familia reconozcan la existencia de las
diferencias de cada uno, como un elemento más de la realidad social; en la que podamos
interactuar con los demás para incluirnos y no para marginarnos.

Hay que distinguir entre educación para grupos étnicos originarios y de inmigrantes, y una
educación para todos en una sociedad multiétnica y multicultural, para lo cual, creemos, hay que
pensar en una formación intercultural de docentes que haga posible (en el mediano plazo)
concretar una educación para la atención a la diversidad cultural en la educación básica
(preescolar, primaria y secundaria).

La educación intercultural

La educación intercultural es aquella que va más allá de un espacio romántico y que se acerca a la
igualdad de oportunidades educativas, que promueve competencias en múltiples culturas, pero
distingue entre múltiples competencias que los individuos pueden adquirir y la identidad que se
adquiere por la pertenencia a un grupo social en particular, un espacio donde la identidad social y
la competencia cultural son cosas diferentes.

Para concretar estos planteamientos conceptuales en una realidad como la nuestra,


históricamente heterogénea y diversa, es necesario dar un viraje hacia una formación intercultural
de docentes donde, además de que se aprenda a reconocer la diversidad, se diseñen estrategias
de aprendizaje que respondan a las necesidades de los niños en el salón de clases; el docente debe
entender cuál es el objetivo de su formación, no como algo solamente teórico sino como una
condición indispensable para el cambio en la escuela y fuera de ella.

Un segundo paso sería que los proyectos educativos de las escuelas vinculen sus objetivos
generales con la reflexión de la multiculturalidad, para favorecer el establecimiento, al menos
formalmente, de una perspectiva formativa intercultural de los docentes. Sólo si el proyecto es
vivido, asumido e impulsado en cada uno de los colectivos de las instituciones educativas,
podremos afirmar que en un futuro no muy lejano tendremos un marco educativo propicio para
llevar a cabo una educación intercultural.

La educación intercultural desde esta perspectiva, como afirmábamos antes, no puede seguir
siendo vista sólo como aquella que demandan legítimamente los indígenas, sino como una
educación para el conjunto de la diversidad cultural existente en nuestro país.

La formación de docentes

La atención a la diversidad cultural en la escuela secundaria se enfrenta al problema inicial de


saber hasta donde el subsistema de educación básica está preparado para ofrecer las condiciones
que posibiliten su expresión efectiva en un plano de igualdad, respeto y equidad. También, es
importante revisar y evaluar el Plan de Estudios 1999. Licenciatura en Educación Secundaria y
el Modelo Curricular para la Formación Profesional de los Maestros de Educación Básica 2010, en
el que si bien se apunta la importancia de la atención a la diversidad cultural, incorporando en el
currículo escolar elementos de ésta, que sin duda es un avance y una revalorización del pluralismo
en sí mismo, se encuentra dominado por enfoques restrictivos, centrados más en la aplicación de
los programas de estudio, asumidos desde una perspectiva curricular de añadidos temáticos y no
desde un enfoque transversal, cuestionador de los contenidos curriculares y del marco general de
relaciones en la escuela y el salón de clases.

Por ejemplo, en el apartado I. Las finalidades de la Educación Básica del Plan de Estudios para la
Educación Secundaria [SEP, 2006], se establece la necesidad de una formación en valores favorable
a la convivencia, solidaria y comprometida, que prepare individuos para ejercer una ciudadanía
activa. Aunque de manera implícita existe el reconocimiento de la diversidad cultural, en la
práctica se contradice con los planes y programas centrados en la enseñanza de aprendizajes,
haciendo énfasis en las metodologías y materiales didácticos más que en la desventaja originada
por el currículo, o acerca de la desigualdad social.

Propuesta

En el cuerpo académico de Atención a la diversidad y la ciudadanía en formación de docentes de la


Escuela Normal Superior de México, en un primer momento, nos dimos a la tarea de elaborar para
la Especialidad de Historia la Asignatura Regional II. Atención a la diversidad y la ciudadanía en la
formación docente (2009), que comprende el programa, aplicación, seguimiento y materiales, con
los que se pretende responder a la necesidad de una formación de docentes con capacidad para:

actuar con juicio crítico frente a los valores y las normas sociales y culturales; proceder en favor de
la democracia, la paz, el respeto a la legalidad y a los derechos humanos; participar considerando
las formas de trabajo en la sociedad, los gobiernos y las empresas, individuales o colectivas;
participar tomando en cuenta las implicaciones sociales del uso de la tecnología; actuar con
respeto ante la diversidad sociocultural; combatir la discriminación y el racismo, y manifestar una
conciencia de pertenencia a su cultura, a su país y al mundo [Plan y Programa de Estudios para la
Educación Secundaria I. Las Finalidades de la Educación Básica. SEP, 2006:25–26].

La asignatura no se limita a abordar la discusión sobre la diversidad cultural como un objeto de


estudio particular, teniendo como objetivo central el que los futuros docentes "reconozcan la
pluralidad existente en el país y el mundo, y que la escuela se convierta en un espacio donde la
diversidad pueda apreciarse y valorarse como un aspecto cotidiano de la vida" [Plan de estudios
1999. Licenciatura en Educación Secundaria. IV. Características del Plan y Programas de Estudio.
SEP, 2006:29–34].

Esta propuesta busca propiciar en los docentes en formación una actitud que promueva la
comunicación y la convivencia entre los alumnos de la escuela secundaria, partiendo del respeto
mutuo; aspira a convertirse en propuesta de trabajo y en el principio de la búsqueda de nuevos
enfoques metodológicos, ofreciendo las pautas necesarias para promover la inclusión e invitar al
ejercicio de una práctica docente a partir del reconocimiento de la diversidad cultural existente en
el salón de clase.

El diseño de este programa pretende contribuir en la formación de docentes para la atención a la


diversidad cultural en educación básica, y de manera especial en la escuela secundaria, admitiendo
la importancia que tiene la valoración del pluralismo cultural y el reconocimiento del conflicto, así
como de puntos de vista diferentes en la construcción de una sociedad democrática.

Reflexión

Si se pretende verdaderamente dar un viraje a una educación intercultural en la formación docente


de las escuelas normales, el primer paso es dejar de ver a ésta como un discurso teórico cargado
de buenas intenciones y percibirla como una condición indispensable para el cambio en la escuela
y fuera de ella. Un segundo paso sería que el proyecto educativo de la escuela vincule sus objetivos
generales con dos conceptos fundamentales, la interculturalidad y la multiculturalidad, para
favorecer la formación desde una perspectiva intercultural. Y lo más importante, sólo si el proyecto
es vivido, asumido e impulsado en las instituciones educativas, existirán las condiciones para
generar un marco favorable para la construcción de una educación intercultural.

Desde esta perspectiva, todos los seres humanos vivimos en un mundo multicultural, donde cada
individuo tiene acceso a más de una cultura, a más de un conjunto de conocimientos y patrones de
percepción, pensamiento y acción. Por ejemplo, el hijo de un migrante rural después de una corta
estancia en un medio urbano desarrolla competencias 3 en la cultura de su grupo familiar, tanto en
su interpretación original como adaptada a su nuevo entorno. En la cultura de su grupo de origen,
tanto en su expresión y sistema normativo, como en su diferenciación frente a otros grupos que
componen el nuevo entorno en el que ha empezado a vivir y en la cultura de los diferentes grupos
de iguales en los que puede participar; en el nuevo barrio en el que vive y en la institución escolar
en la que se pretende integrar; en el salón y en la escuela donde aprende a conocer y a valorar una
información que para todos se presenta supuestamente igual. Este niño, adolescente o adulto se
hace competente en varias culturas, cargadas todas ellas de diferente información con las que de
manera activa e individual construye su propia visión del mundo.

Por otro lado, es importante que los docentes en formación valoren el significado de la cultura 4 en
el proceso de interacción en el ámbito escolar, un proceso que le permite al individuo desarrollar
competencias en múltiples esquemas de percepción, pensamiento y acción (en múltiples culturas),
y no equiparar educación con escolaridad, ni educación intercultural con programas escolares
formales. Desde esta perspectiva, el docente deja de ser el único responsable de la adquisición de
competencias de sus alumnos, prestando atención a la relación de los programas con el
aprendizaje informal que se produce dentro y fuera de la escuela.

Igualmente, es trascendental que no se compare a la educación intercultural con un grupo étnico


(cualquiera que sea éste), para evitar los estereotipos e impulsar una búsqueda intensa de las
semejanzas y diferencias entre alumnos, en la que el desarrollo de competencias en una cultura
requiera una interacción constante con las personas que ya las poseen.

Es necesario, también, seguir avanzando hacia la construcción de una formación docente


intercultural que promueva competencias en múltiples culturas, que distinga entre múltiples
competencias que los individuos pueden adquirir y la identidad que adquiere por la pertenencia a
un grupo social en particular: la identidad y las competencias son dos cosas diferentes.

Desde esta perspectiva la educación intercultural no debe ser considerada sólo como aquella que
demandan los grupos indígenas, sino como una educación para la diversidad cultural en su más
amplio sentido. Como aquella que sólo será posible construir a través de un proceso de críticas
constructivas y propuestas en los contenidos escolares transmitidos por la escuela, que asegure la
variedad de métodos didácticos en los procesos de enseñanza–aprendizaje; que fomente mayores
niveles de conciencia en los alumnos respecto a la diversidad cultural presente en la escuela y que
tenga los recursos cognitivos suficientes para reconocer y convivir en la pluralidad en entornos
inmediatos.

También resulta urgente una formación docente que perciba y reconozca las desigualdades
sociales en las que se traduce la diversidad (desigualdades en la distribución del poder y los
recursos), y que sea competente para construir propuestas educativas innovadoras que respondan
a la diversidad existente en la escuela y el salón para que se posicione crítica y activamente en la
acción social desde la escuela.

Así, entendemos la educación intercultural como aquella que va más allá de un respeto romántico
y puntual por los diferentes estilos de vida, y que se acerca más a la igualdad de oportunidades
educativas para todos. Pues existe el peligro de pensar en un salón con niños, o adolescentes
pobres, o de minorías étnicas marginadas, donde lo único que puede hacer el profesor es
adaptarse a sus ritmos lentos de aprendizaje, a sus escasas posibilidades y a sus alicortadas
aspiraciones.

Lo anterior nos plantea otra interrogante a los formadores de docentes de las escuelas normales:
¿cómo formar un docente capaz de reconocer y atender la diversidad cultural en el salón?
Creemos que el primer paso para avanzar hacia este objetivo es brindar una formación que
permita comprender cómo la educación intercultural puede impactar tanto a los individuos en el
contexto escolar como en el ámbito social, cuando con eficacia pedagógica consigue el éxito
académico y una mayor igualdad de oportunidades para los individuos en situación de marginación
social y cultural; fomentando el respeto, la tolerancia y valoración de la diversidad cultural, así
como habilidades sociales indispensables (por ejemplo, sentido crítico) y una participación activa
en proyectos de animación cultural, a través de la escuela para padres.

Uno de los indicadores básicos del grado de sensibilización del docente acerca de la educación
intercultural es cuando admite que los temas sobre la diversidad se traten como parte del currículo
escolar, siempre que el tema lo requiera. No se trata tampoco de llegar al extremo contrario y
moverse según estereotipos sobre la diversidad, interculturalidad, multiculturalidad, minorías
étnicas, entre otros, con un tratamiento exclusivamente teórico, sino más bien como parte de lo
cotidiano.

Un segundo desafío es la elaboración de un diseño educativo que permita impulsar de forma


simultánea la formación docente en dos planos: uno, en el corto plazo, revisando, reorientando y
reorganizando los procesos de capacitación y actualización de los profesores en servicio, y otro, en
el mediano y largo plazos, con la aplicación y evaluación sistemática del Plan de estudios 1999.
Licenciatura en Educación Secundaria y el Modelo Curricular para la Formación Profesional de los
Maestros de Educación Básica 2010 de las escuelas normales, siendo necesario precisar el enfoque
y las estrategias educativas adecuadas para lograr una formación para la educación intercultural.
Formación que no debe ser limitada a fortalecer determinados valores, sino a promover un
encuentro entre gente, pueblos y culturas diferentes que fortalezca el diálogo e intercambio
cultural en la escuela. Esto es, una educación en la tolerancia y el respeto a la diversidad cultural
para lograr la convivencia entre diferentes en un plano de igualdad y equidad.

Sabemos que este proceso de cambio hacia una educación intercultural no es fácil, debido, entre
otros factores, a la falta de visión de los actores involucrados (autoridades, docentes y padres de
familia) respecto al significado e importancia de este tipo de escuela. Las dificultades para llegar a
acuerdos y consensos tienen que ver, en gran medida, con procesos de resistencia al cambio como
también a la oposición sistemática de muchos docentes sobre las orientaciones, propósitos y
estrategias que diseñan las autoridades para su operatividad, lo cual hace más difícil y conflictiva
esta etapa del proceso para todos los participantes.

Contrario a lo que muchos piensan, el problema no es incorporar a los niños y adolescentes con
características culturales diferentes a la educación básica, pues un alto porcentaje de ellos ya se
encuentra en el contexto escolar. El reto para avanzar en la construcción de una educación
intercultural es formar un docente capaz de reconocer y atender la diversidad en el salón de clase,
que promueva el encuentro entre diferentes en un plano de igualdad, equidad y respeto, que
fortalezca el diálogo e interacción en la escuela y fuera de ella.

Creemos que el camino para alcanzar este objetivo es mediante la consolidación de una formación
docente apoyada en fundamentos teóricos, metodológicos y pedagógicos para enfrentar las
actuales necesidades educativas con funciones poli–modales 5 en la escuela, donde la atención a la
diversidad forme parte integral de los proyectos y de la cultura escolar.

Una formación con una perspectiva intercultural que tome en cuenta la riqueza de los mundos
culturales diversos, que elimine toda clase de prejuicios respecto al diseño de estrategias
educativas y materiales didácticos; que sea el catalizador para potenciar la capacidad de análisis
del currículo explícito y oculto; que tenga la capacidad para tratar las líneas transversales como
vías de cuestionamiento, tanto de los contenidos curriculares como de los criterios de organización
de éstos, y de indagar críticamente sobre los materiales didácticos y de elaborar nuevos.

Para que esto sea una realidad es necesario que tanto los profesores en servicio, autoridades y los
docentes en formación, iniciemos el análisis y valoración de la diversidad cultural que nos permita
hacer posible una "educación para todos". En donde los niños aprendan a reconocer, respetar y
convivir con los que no son como ellos en un marco de respeto y tolerancia. Así, una formación
docente debe romper con los afanes homogeneizadores del ejercicio profesional de muchos
profesores; requiere una discusión y reflexión sobre conceptos como el de intolerancia, xenofobia,
racismo y opresión cultural, y de temas como el del rol de la escuela en la construcción de la
autoestima y la identidad, la diversidad cultural, y el papel en la construcción de los aprendizajes
de los docentes.

Para contribuir eficientemente en la construcción de una educación intercultural es necesario que


los colectivos de las instituciones normalistas nos involucremos en procesos permanentes de
revisión y análisis académicos orientados a replantear estructuras y tareas añejas e inoperantes, en
la búsqueda de soluciones acordes con el reto educativo que plantea la atención a la diversidad en
el salón de clases.

Uno de estos colectivos son los cuerpos académicos, los cuales tienen como propósito la formación
de un docente "que los capacite y habilite para el conjunto de las funciones académicas que les
compete" [Martínez et al., 2006:2]. Esto implica transformar el modelo estereotipado de muchos
formadores de docentes, que están lejos de contribuir en una formación para reconocer la
existencia de la diversidad; el promover el encuentro entre diferentes en un plano de igualdad,
equidad y respeto mediante el diálogo e intercambio cultural en la escuela y fuera de ella.

Igualmente, el trabajo colegiado en las escuelas normales cobra especial significado, como
espacios de actualización e intercambio académico de ideas que nos permiten el análisis y diseño
de estrategias para una formación docente que rompa con las resistencias al cambio y añejas
prácticas homogeneizadoras en la escuela.

Un proyecto con estas características requiere de una importante inversión de recursos


económicos y humanos, así como de políticas educativas congruentes que hagan posible la
expresión de la diversidad cultural en un plano de igualdad, respeto y equidad en la escuela.
Requiere una reorganización de la estructura académica y administrativa de las escuelas normales
que permita una articulación entre docencia, investigación y difusión; requiere la actualización de
los docentes en servicio, promover cambios en los proyectos académicos que incorporen una
visión de la escuela con un enfoque intercultural para la atención a la diversidad cultural en la
formación docente.

Conclusiones

Las escuelas normales oficiales de la ciudad de México sólo podrán enfrentar los retos del presente
y el futuro mediante el diseño de nuevas estrategias en la formación docente que les permita a sus
egresados adquirir conocimientos y habilidades para su quehacer educativo como el de la atención
a la diversidad cultural en la educación básica.

Hay mucho por hacer y reflexionar acerca de la práctica docente, el análisis teórico, político e
institucional; sin embargo, la posibilidad de construir una escuela abierta a la diversidad debe ser
el proyecto prioritario en la educación básica y normales, con toda su estructura, recursos y
actores. Este proceso que apenas se inicia necesita un esfuerzo individual, de grupo e institucional,
ya que la educación intercultural no es un favor que se concede a la diversidad: es la oportunidad
de convivir con otras realidades, otras formas de entender y vivir en el mundo, otras formas de
conocer, sentir, hacer y relacionarnos desde la escuela.

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