Short Story
Varus
la Flecha del Castigo
Varus
la Flecha del Castigo
A pesar de en lo que se convertiría más adelante, Varus fue otrora un ejemplo de lealtad y honor.
Como hábil arquero del antiguo imperio de Shurima, fue designado como guardián de los templos
en los estados occidentales y llevaba a cabo su sagrado cometido por encima de todo.
Durante las fases más tempranas de la guerra contra Icathia, su hogar fue atacado, a pesar de
hallarse lejos de aquel lugar maldito. Mientras otros guardianes abandonaron sus puestos para
unirse a la defensa de los pueblos más aislados, Varus fue el único que permaneció, gritando de
angustia con cada flecha que disparaba... ya que había decidido ser fiel a sus juramentos antes que
volver a su hogar y proteger a su familia.
Unos emisarios de la Hueste Ascendida lo encontraron arrodillado y meditando solemnemente,
rodeado por los cadáveres de sus enemigos. Se decía que su fría mirada intranquilizaba a los
mismísimos dioses guerreros y que, pese a ello, en reconocimiento a su noble sacrificio, le
ofrecieron un puesto entre sus filas.
Ya como uno de los poderosos Ascendidos, le consumió la sed de venganza contra los icathianos y
los horrores del Vacío que habían liberado. Su mente acabó tan envenenada que resulta probable
que Varus no asimilara del todo la victoria final de Shurima en aquella guerra, ni tampoco la caída
del imperio siglos después. Todas sus atrocidades lo convirtieron en un asesino solitario y
monstruoso, moldeado y enviado a la batalla incontables veces por sus degenerados hermanos.
Su raza fue temida en todos los rincones del mundo conocido.
Los oscuros.
A pesar de las luchas internas, destruían a cualquiera que les plantara cara. Con su arco cristalino,
Varus asesinó a los comandantes y campeones enemigos, ayudando a los oscuros a derrotar a
ejércitos mortales completos incluso con mayor facilidad.
Al final, Varus se vio acorralado por los acechalunas vastaya y magos humanos al servicio de una
reina guerrera de armadura dorada de Valoran. Lo confinaron en su arco y lo dejaron aullando de
impotencia. A pesar de que, por entonces, ya era conocida la cruda y corrupta influencia de los
oscuros, la reina decidió empuñar aquella peligrosa arma en los últimos días de la guerra,
sacrificándose voluntariamente para la victoria.
Durante los siguientes meses, la reina llevó a Varus a las Tierras Primigenias, conocidas
posteriormente como Jonia. Transformada en un monstruo por el poder del arco, su último acto
fue ordenar a sus súbditos que la enterraran viva en un pozo oscuro en lo más profundo del
templo de una montaña con vistas al pueblo de Pallas.
Allí permaneció Varus, encarcelado por la magia natural de Jonia y los rituales de los guardianes
del templo.
El arco estuvo escondido durante siglos, ignoto, intacto y prácticamente olvidado hasta que los
invasores noxianos atacaron las Tierras Primigenias. Dos cazadores de bestias, Valmar y la luz de su
corazón, Kai, hicieron frente a la primera oleada en el templo de Pallas. Aunque lucharon con valor
y consiguieron rechazar a los atacantes, hirieron de muerte a Kai. Val, desconsolado, lo llevó dentro
del templo, creyendo que la magia prohibida del pozo podría curarlo.
Pero el templo estaba condenado, y el poder desatado del oscuro prisionero consumió a ambos
cazadores. La propia materia de sus cuerpos se desenredó y se volvió a unir para confeccionar un
cuerpo nuevo, apto para liberar el alma de Varus de su prisión. Lo que surgió del pozo fue una
criatura gestáltica, pálida e inhumanamente bella; parte humano, parte oscuro. Tras más de mil
años, Varus había renacido.
A pesar de todo, los elementos humanos y oscuros de esta nueva forma imperfecta se encuentran
en un flujo constante. Cada parte trata de tomar el control del cuerpo durante un breve periodo de
tiempo, hasta que la otra lo recupera. Varus lucha por silenciar a las dos almas mortales de una vez
por todas y vengarse de quienes exterminaron su raza. Aun así, Kai y Val se resisten a su influencia
maligna, con la esperanza de que su amor supere al odio del oscuro.
Nadie sabe cuánto tiempo podrán mantener a Varus a raya pero, si este asesino sádico y egoísta
consigue dominar completamente su nuevo huésped, tratará de reunirse con otros de su raza para
reducir toda Runaterra a cenizas.