Capítulo 1 ¡Mi héroe!
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Capítulo 1 ¡Mi héroe!
Capítulo 1
Hay tres Elóis
Bruno. Miércoles, 4 de noviembre
Querido diario:
¿Por qué sigo escribiéndote? Por fuera
todo parece irme bien, y por dentro ya no
me sirves de mucho.
Mamá siempre le aconseja a todo el
mundo que escriba. Dice que la escritura
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Capítulo 1 ¡Mi héroe!
ayuda a ordenar la cabeza y el alma. Claro,
como es escritora... Da charlas por todo el
mundo, propone a la gente que escriba
cuentos y poemas, anima a todos a que
sean creativos, a que liberen su
imaginación… y, sobre todo, los anima a
escribir sobre papel, a boli. Que suelten la
mano, les dice. Cuando está en casa, se
empeña en que sus hijos —es decir, Eloy y
yo— escribamos un diario. Yo lo hago,
porque le he tomado el gusto, y creo que
mi hermano también. Lo que pasa es que
me estoy hartando. ¿Por qué mamá va
dando consejos, si ella ya nunca escribe de
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Capítulo 1 ¡Mi héroe!
este modo, de corazón? Ella ya no llena
libretas. Creo que ya no es feliz
escribiendo.
Mamá debería leer nuestros diarios.
Ella y papá, que siempre viaja con ella. Así
se enterarían de lo que se pierden por no
parar en casa. Se están perdiendo mis
deliciosos catorce años, mis buenos
resultados en el colegio, mis éxitos
teatrales, mis nuevas amistades, mi
primera casi-novia. Y se están perdiendo
que les pida consejos para adolescentes
desorientados. También se están
perdiendo los once años de Eloy, ese
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Capítulo 1 ¡Mi héroe!
refunfuñón a quien todo le parece mal,
ese que amarga a todo el colegio, ese que
ya nunca me llama «¡Mi héroe!», ese que
inunda con su tristeza a los que
convivimos con él, que somos la abuela y
yo.
Cuando están aquí, mamá se encierra
a escribir sus nuevas ideas y a preparar
charlas. Mientras tanto, papá se pasea por
casa: gestiona el éxito de los libros de
mamá, los promociona por todo el planeta,
llena su agenda de congresos, compra
boletos para vuelos en primera clase,
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Capítulo 1 ¡Mi héroe!
responde correos, mantiene
videoconferencias con audífonos... Si no
los conociera, creería que cualquier best
s e l l e r de mamá les importa más que
cualquiera de nosotros.
Quizá los dos estén convencidos de
que si ganan mucho dinero serán más
felices, de que todos seremos más felices.
Quizá piensen que nos encanta que hayan
conseguido una casa con jardín y piscina
en una zona de gente adinerada. Quizá
crean que tenemos suerte de vivir aquí los
tres con un ama de llaves, un cocinero,
una jardinera, un chófer y un servicio de
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Capítulo 1 ¡Mi héroe!
limpieza por horas. Quizá opinan que sus
hijos tenemos suficiente con la abuela
para cuidarnos, o quizá piensen que la
cuidamos nosotros a ella, o quizá crean
que ya somos mayorcitos y que nos
cuidamos solos. No se enteran de nada.
Todavía los necesitamos. Y mucho.
No termino de entender por qué la
abuela no les dice nada. Claro, antes que
nuestra abuela es la madre de mamá. Sabe
cuánto le ha costado a su hija ganarse la
vida como escritora, sabe cuánto ha
luchado para llegar a donde está. Siempre
dice que la ha visto sudar tinta para
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Capítulo 1 ¡Mi héroe!
conseguirlo. Siempre dice que mamá logró
triunfar, que merece disfrutar del éxito.
Sin embargo, creo que mamá debería
frenar.
Cuando vuelvan, pienso decírselo, sí.
Los dos, papá y mamá, deben parar y mirar
a su alrededor. Esta es su casa, nosotros
somos sus hijos, el fruto de su amor, de
sus esfuerzos. No pueden abandonarnos.
Aunque no se lo digamos, los extrañamos
mucho.
Eloy todavía tiene once años, ni
siquiera ha terminado la educación
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Capítulo 1 ¡Mi héroe!
primaria. Y yo tal vez parezca mayor, pero
no es para tanto: todavía necesito abrazos
y besos de papá y mamá, por mucho que
disimule. Aunque llevemos dos años
viviendo en este nuevo lugar de la ciudad,
no nos hemos acostumbrado. ¡Es que fue
un cambio radical! ¡Si veníamos de una
vida humilde! El cambio coincidió con mi
inicio en el bachillerato, y eso ayudó un
poco, pero para Eloy supuso un cambio de
colegio, y no hay manera. Mi hermano
parece otro. Estoy preocupado por él, pero
no sé cómo ayudarlo. A veces me pregunto
qué habrá sido de aquel niño pequeño que
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Capítulo 1 ¡Mi héroe!
me seguía a todas partes con la sonrisa
puesta.
La abuela no quiere que se preocupen.
Por eso no les cuenta esto. No les dice que
la directora del colegio de Eloy llama a
casa cada dos días. Y es que mi hermano
se mete en líos muy, muy grandes:
contesta fatal a los maestros, trata a los
compañeros como a un trapo, tira la
comida al suelo, salta la cerca y se larga
corriendo a campo traviesa… A veces lo
envían a casa «a reflexionar».
Normalmente lo dejan volver al día
siguiente, pero alguna vez prefieren que se
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Capítulo 1 ¡Mi héroe!
quede aquí un par de días, «pensando». Si
mamá se enterara, diría que tiene que
escribir en su diario para desahogarse, y
que con eso se pondría bien, y ya está.
Pero eso no funciona así. No es tan
sencillo.
Estuve pensando, querido diario, y me
di cuenta de algo: hay tres Elóis. No uno,
sino tres. No hay que ser muy listo para
darse cuenta, solo hay que observar.
Seguramente la abuela también se haya
percatado. Pues bien. Está el Eloy de la
escuela, el que insulta, el que pega, el que
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Capítulo 1 ¡Mi héroe!
escupe en el plato que le ponen en el
comedor. Después está el Eloy de casa, el
taciturno, el que no habla, el que no hace
ruido, el de los videojuegos, el que se
encierra en su cuarto, el que se sienta en
el borde de la piscina, mete los pies en el
agua y se queda como una estatua
mirando el abeto durante horas. Y por
último está el tercer Eloy, que es el que
papá y mamá conocen.
Cuando ellos pasan unos días en casa,
Eloy se pone en modo encantador. Se
peina esa melena loca, elige su mejor ropa
y los espera en la puerta con una sonrisa.
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Capítulo 1 ¡Mi héroe!
Ni rastro del zombi mal vestido que suelo
ver en casa, ni rastro del villano
malencarado que suelen ver en el colegio.
Con ellos come bien, dice «por favor» y
«gracias», dice «buenos días» y «buenas
noches», da besos… Hasta en el colegio se
porta bien durante esos días. Pero no, ese
no es mi hermano, ese no es el hijo
pequeño de mis padres. Ese Eloy es solo
una parte del Eloy que conocemos los
demás. Ese Eloy está a punto de
desaparecer.
Eloy. Sábado, 7 de noviembre
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Capítulo 1 ¡Mi héroe!
Querido diario:
Te escribo porque creo que anoche
toqué fondo. Creo que se dice así: tocar
fondo, llegar al límite y no saber volver.
Me refiero a que ayer sucedió algo que no
me había pasado nunca, en mis once años
de vida. Anoche me puse a gritar como
loco en casa, y eso no había sucedido
jamás, porque en casa siempre me
desconecto, como un juguete que se
queda sin pilas. ¿Te lo cuento?
Lo que más me sorprendió fue que el
objetivo de mis gritos fuera Bruno, mi
hermano. Siempre hemos tenido una
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Capítulo 1 ¡Mi héroe!
buena relación. Pero últimamente lo veo
tan bien que me molesta; me fastidia que
haga como si no le disgustara cómo nos
tratan papá y mamá, que nos tienen
abandonados. Sin embargo, jamás pensé
que sería capaz de decirle todo lo que le
dije.
Todo el mundo dice: «Eloy venera a
Bruno», «Eloy admira a Bruno» o «Eloy
idealiza a Bruno». Y es cierto. Incluso yo le
he dicho mil veces que es mi héroe: «¡Eres
mi héroe!». Pero creo que ya no. Ya no lo
es. Ya no pienso eso. Estoy harto. Ya no
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Capítulo 1 ¡Mi héroe!
quiero seguir heredando su ropa. La
abuela siempre me insiste en que ahora
hay dinero para ropa nueva; hasta hoy yo
respondía: «No, yo quiero la ropa de
Bruno». Pues eso se acabó. Se acabó el ser
como él, oler como él, elegir mis cosas
pensando en el color favorito de mi
hermano mayor. Se acabó el agradecer sus
legados —libros, pósteres y pelotas— con
ojos de gatito feliz y ronroneando. Todo
eso va a cambiar. Estoy harto de vivir a la
sombra del estupendo de la familia. Si él
no quiere cambiar las cosas, yo sí.
Ayer la abuela y yo pasamos la tarde
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Capítulo 1 ¡Mi héroe!
en casa. Creo que ella se quedó abajo,
encendió la chimenea y se puso a leer. Yo
me encerré en mi cuarto a mirar el techo.
La pobre dejó de proponerme que
jugáramos a las cartas o al Scrabble
porque siempre le digo que no.
A eso de las ocho, poco antes de la
cena, oí el frenazo de la bicicleta de Bruno
ante la cerca del jardín. También oí risas y
gritos de despedida; supuse que su grupito
de amigos lo había acompañado hasta
casa. Me levanté de la cama, me sacudí la
somnolencia y me acerqué a la ventana.
En ese momento, Bruno abría la cerca y
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Capítulo 1 ¡Mi héroe!
entraba empujando la bici por el asiento,
con una sola mano, de sobrado. Levantó la
mirada, sonrió y sacudió la mano libre,
saludándome. Entonces la cara de Bruno
se descompuso. Frunció el ceño. Dejó caer
la mano. Pero no dejó de mirar hacia mi
ventana en ningún momento.
Me extrañé. ¿Por qué había dejado de
sonreír? ¿Por qué había cortado en seco su
saludo habitual? Entonces me di cuenta.
Me di cuenta de mi propia cara de asco y
de rabia, al ver mi reflejo agrio sobre el
cristal. Mi gesto le había avisado a Bruno
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Capítulo 1 ¡Mi héroe!
que ya no lo soporto, que ya no aguanto
tanta alegría, tanto éxito, tanto de todo,
tanta perfección. ¿Cuándo piensa empezar
a quejarse de esta vida postiza que nos
«regalaron»?
Salí de mi cuarto, di un portazo y bajé
las escaleras castigando cada peldaño con
un golpe de talón.
Mientras yo bajaba, Bruno entraba
silbando. Se quitó el abrigo y ese gorrito
de lana que sabe que le queda tan bien. La
melena esa castaña tan bonita que tiene le
cayó sobre los hombros. La abuela salió a
recibirlo, con la ilusión de verlo entrar.
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Capítulo 1 ¡Mi héroe!
Justo en ese momento, yo llegué al primer
escalón y salté al vestíbulo. Creo que se
me encendieron los ojos y que hasta
levanté un dedo. Y entonces me puse a
escupir un montón de palabras dañinas
que ni yo sabía que tenía dentro de mí.
«¡Te odio! ¡Te odio, te odio, te odiooo!
No me mires así. ¿Creíste que me
gustabas, eh? ¡Pues no! Ya no soy ese
niñito que te admiraba. Estoy harto de
verte llegar aquí tan feliz, como si esta
fuera nuestra casa. ¿Ya no te acuerdas de
nuestra antigua vida o qué? ¿Cómo
pudiste llegar a ese colegio nuevo e
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Capítulo 1 ¡Mi héroe!
integrarte como si nada? ¿Dónde está mi
antiguo hermano, eh? Llegas aquí tan
contento, con tus nuevos amigos,
montado en la mejor bici…, ¡presumiendo!
¿Acaso no extrañas a papá y a mamá? ¿Te
da igual que nunca estén aquí, que no les
importemos? Deberías mostrar un poco de
sensibilidad. ¡Deberíamos quejarnos! ¡Los
dos! Y dejar de hacernos los santitos
cuando nuestros padres están en casa. ¿Es
que no te sientes solo? Claro, debe tener
razón la abuela, que como tuviste a papá y
a mamá tres años «en exclusiva» al nacer,
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Capítulo 1 ¡Mi héroe!
pues se te «conformó un carácter seguro y
decidido», ¿verdad? Pues yo no soy así, ¡yo
no! Ya no soporto tu sonrisita, ni tus
saludos felices al llegar a casa, ni tus
supernotas, ¡ni tu felicidad! No me la creo.
No me creo ese cuento tuyo de hijo
perfecto y encantador y… y… tú… tú ya no
eres… mi héroe».
Dije eso último casi sin voz. Me había
quedado seco, casi jadeando, sin nada que
añadir.
Bruno y la abuela me habían dejado
desahogarme. Supongo que a ellos
también los había tomado por sorpresa,
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Capítulo 1 ¡Mi héroe!
como a mí mismo. Se habían quedado
petrificados, asombrados, allí, de pie, él
con sus vaqueros y su abrigo de lana
enorme, ella con su superbata rosa. La
abuela carraspeó, decidida a empezar un
discursito de los suyos, pero creo que no
sabía ni cómo. Entonces mi hermano
mayor, que es una flecha —y mi héroe, lo
reconozco—, se apartó un mechón de
delante de los ojos y puso su mejor
sonrisa, esa de medio lado que nos
conquista a todos.
«Cielos, Eloy, qué bien proyectas la
voz. Justo en el ensayo de hoy, nos dimos
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Capítulo 1 ¡Mi héroe!
cuenta de que en el grupo de teatro nos
falta un chico algo más joven para un
papel que se ajustaría a ti perfectamente.
¿Qué tal si te vienes al ensayo de la
semana que viene? Me gustaría mucho
compartir contigo lo de la interpretación.
¿Qué dices?».
No lo podía creer. Yo, su hermano
pequeño, le decía que lo odiaba, y él...
como si nada. Ni siquiera se molestó en
confesarme que él también está hasta la
coronilla de nuestra nueva vida.
No respondí. Bueno, sí: emití un
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Capítulo 1 ¡Mi héroe!
gruñido con los puños apretados. Después
les di la espalda. Y subí las escaleras tal
como las había bajado, castigando cada
peldaño con un golpe de talón.
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Capítulo 1 ¡Mi héroe!
Y ahora tú decides...
¿Qué decide Eloy sobre la
propuesta de su hermano de
acompañarlo al ensayo de
teatro?
A) Eloy se niega a asistir al ensayo de
teatro
B) Eloy duda, pero al final se anima a ir al
ensayo de teatro
C) Eloy pone una condición: irá si Bruno
le promete que se escaparán una tarde
a su antiguo vecindario
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Copyright del texto © Muriel Villanueva 2020. Copyright de esta edición © Boolino S.L.
2020. Puede consultar los términos y condiciones de uso de la licencia en
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Capítulo 2 ¡Mi héroe!
Capítulo 2
Con una condición
Bruno. Domingo, 8 de noviembre
Bueno, bueno, bueno. Qué día. Hoy no
nos movimos de casa. Preferí quedarme
con Eloy y con la abuela, cuidar un poco
de mi hermano, estar cerca de él e
intentar reconducir la situación. Todo ha
sido un poco loco, pero creo que vamos
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Capítulo 2 ¡Mi héroe!
bien.
Después de sus gritos de anoche, tenía
dos opciones: o bien retirarle la palabra y
esperar una disculpa, o bien hacer un
esfuerzo de empatía. Opté por lo segundo.
Sin embargo, no intenté calmarlo con
palabras bonitas ni abrazarlo; no estaba el
horno para bollos y él no me lo habría
permitido. Así pues, ante el estupor de
nuestra abuela y de mi propio hermano,
me lancé a romperle los esquemas con
una propuesta inesperada: «¿Qué tal si
vienes al ensayo de teatro de la semana
que viene?». Ni siquiera respondió. Se
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Capítulo 2 ¡Mi héroe!
largó escaleras arriba y se fue a dormir a
su habitación sin haber cenado. Decidí no
seguirlo, darle tiempo para que lo
consultara con la almohada. La abuela y
yo nos repartimos las arvejas con papas y
nos tragamos uno de esos musicales
antiguos que tanto le gustan a ella: Singin'
in the Rain.
Cuando me levanté esta mañana ya
eran casi las once. Desde el piso de arriba
oí que la abuela soltaba uno de esos
discursos que siempre da como si no dijera
nada, con su voz dulce, como si no le
importara; un sermón de los suyos, sin
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Capítulo 2 ¡Mi héroe!
juzgar, de los que disparan palabras
certeras contra el corazón; una charla de
esas en las que te convence de todo sin
que te des ni cuenta.
Bajé tal cual estaba, en pijama,
despeinado y con lagañas. Me detuve en el
marco de la puerta del salón y me apoyé
en él. Por los ventanales se podía ver a
nuestra joven jardinera, Alba, recogiendo
hojas secas de los tilos y bailoteando con
los audífonos puestos. El cielo amenazaba
lluvia. En ese momento la abuela, sentada
en el sillón orejero y vestida de domingo,
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Capítulo 2 ¡Mi héroe!
ya se había relajado y estaba en silencio.
Eloy, que se había sentado en la alfombra,
en ropa deportiva y recién duchado, dijo:
«De acuerdo, accederé. Pero con una
condición». La abuela preguntó: «¿Y qué
condición es esa?». Y él respondió: «Eso
solo se lo diré a Bruno, abuela, y tú tendrás
que confiar en nosotros». Ella lo pensó un
momento y finalmente asintió con la
cabeza. Entonces mi hermano se volteó,
me vio y frunció el ceño: «¿Qué haces ahí
espiando?», me dijo. Y yo solo pude
sonreír. Todo a su debido tiempo. No
pensaba apresurarlo.
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Capítulo 2 ¡Mi héroe!
Al cabo de una hora, yo estaba con
Alba en el jardín, ella con su uniforme
verde y yo con ropa cómoda y un moño en
el pelo. Habíamos dejado mi pequeño
amplificador en una hamaca de la piscina,
conectado por bluetooth a su aplicación
de música. Ella podaba los rosales y
silbaba, yo iba recogiendo en una cesta las
hojas y tallos sobrantes, mientras cantaba
las frases que me sabía.
Como ya no quedaban hojas secas de
los tilos por el pasto, no escuché a Eloy
acercarse; me sobresalté cuando llegó y
me puso una mano en el hombro. Yo, en
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Capítulo 2 ¡Mi héroe!
cuclillas, perdí el equilibrio y me caí
sentado. A mi hermano se le escapó una
risa, aunque se notaba que intentaba
parecer serio con todas sus fuerzas. Alba,
con las tijeras de podar en una mano, me
ofreció la otra para ayudarme a
levantarme, mientras Eloy se cruzaba de
brazos. Una vez de pie, miré a mi hermano:
«¿Qué querías?».
«Como si no lo supieras», me dijo.
Pero yo quería que lo dijera él, y me quedé
mirándolo fijamente. Si quería venir al
ensayo con una condición, debía
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Capítulo 2 ¡Mi héroe!
verbalizarlo él, hacerse responsable de su
decisión. Eloy inspiró profundo, pero soltó
el aire por la nariz sin decir nada. «Anda,
hermanito, suéltalo ya», lo animé. Y
entonces lo dijo: «Quiero que sepas que tu
teatrito no me interesa nada. Lo que pasa
es que confío en ti y, si tú dices que vaya,
pues yo voy. Ya sé que el grupo no me
necesita, que lo haces por mí, y lo acepto.
A lo mejor hasta me va bien. Pero solo iré
con una condición». Qué rollo el que me
había metido. Todo eso ya lo sabía antes
de que él abriera la boca; y, aunque no se
lo dije, puse la cara necesaria para que lo
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Capítulo 2 ¡Mi héroe!
entendiera. Eloy remató la conversación:
«Iré al ensayo del próximo miércoles si,
antes, tú y yo nos escapamos juntos a
nuestro antiguo vecindario».
Miré a Alba, para ver si podíamos
seguir tramando aquello delante de ella.
Ella sonrió y después se acercó a mi oreja
y susurró: «Si quieres, le pido a mi padre
las llaves del automóvil pequeño», y me
guiñó un ojo. Se refería al chófer de
nuestra familia y al automóvil que suele
usar para llevarnos a Eloy y a mí cuando
no están nuestros padres. Me di vuelta
para mirar a mi hermano, quien sin duda
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Capítulo 2 ¡Mi héroe!
había oído la propuesta de la chica. Ambos
la miramos y asentimos sin hablar.
«Entonces, ¿aceptas mi condición?»,
quiso confirmar él. Yo le dije: «Está bien,
pero esta tarde empezamos a ensayar», y
me quedé como ido, con la vista clavada
en una rosa a medio abrir.
No pensaba reconocérselo, al menos
no de momento, pero Eloy acababa de
hacerme un gran favor. En lugar de poner
una condición, me hacía un regalo. Al
pensar en la posibilidad de visitar nuestra
antigua calle, se me había erizado la piel y
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Capítulo 2 ¡Mi héroe!
se me habían humedecido los ojos. Hasta
ese instante, ni yo mismo me había dado
cuenta de cuánto extrañaba nuestra
antigua vida. Me emocioné tanto que, por
un momento, estuve tentado de decirle al
chico que era mi héroe, pero me pareció
exagerado. Además, él ya se había
esfumado hacia la casa porque empezaban
a caer las primeras gotas de lluvia.
A media tarde, después de una partida
de Scrabble con la abuela, que siempre
nos gana porque sabe más palabras que el
diccionario, Eloy me hizo un gesto con la
cabeza para que fuéramos juntos hacia la
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Capítulo 2 ¡Mi héroe!
cocina. La abuela dijo que leería un rato.
La cocina estaba impecable porque
nuestro cocinero es de los que odian
trabajar sobre sucio. Él ya se había
retirado a descansar y nosotros nos
sentamos a ambos lados de la mesa
metálica, en dos de las banquetas. Eloy se
arremangó el suéter para proponer: «Lo
haremos el mismo miércoles, entre el
colegio y el ensayo. Si Alba nos ayuda,
sobra tiempo. Tenemos un par de horas,
incluso podríamos pasar por…». Le puse
una mano sobre el brazo: «Frena, frena,
muchacho. De acuerdo. Me comprometo a
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Capítulo 2 ¡Mi héroe!
todo eso, pero con calma. Déjame
organizar la escapada. Ahora, hablemos de
teatro». Mi hermano resopló: «Está
bieeeen», dijo.
Yo ya lo tenía decidido: no faltaría a
mi palabra. Iríamos a nuestro antiguo
vecindario, pero a mi manera. Informaría a
la abuela. Si ella sabía que íbamos con
Alba, ni se opondría ni nos delataría
delante de nuestros padres. A ellos no les
diríamos nada, porque eso sí que les
dolería, y mucho.
Eloy. Miércoles, 11 de
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Capítulo 2 ¡Mi héroe!
noviembre
Por fin miércoles. ¡Cuánto esperé este
día! Fue extraño, muy extraño. Este
miércoles rompió todas mis expectativas,
para bien y para mal.
Llevaba nervioso desde el domingo,
haciéndome a mí mismo preguntas que
solo yo podía responder pero que no sabía
cómo responder. ¡Qué raro! Por las noches
daba vueltas en la cama. ¿Por qué no
habíamos ido a nuestro antiguo vecindario
ni una sola vez en dos años? ¿Por qué
sentía miedo ante la idea de pasar por allí?
¿Por qué se me cerraba el estómago
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Capítulo 2 ¡Mi héroe!
recordando cómo era nuestra vida
anterior? Si mis recuerdos eran felices,
¿por qué no me contentaba poder
recuperarlos durante un rato? Hoy,
después del cole, encontré mis respuestas.
Fue una tarde ventosa. Entre la puerta
del colegio y el automóvil, tuve que
avanzar contra el viento, entrecerrando
los ojos para evitar que me entrara polvo
en ellos. Cuando me senté adentro, en el
asiento de atrás, me salían lágrimas y
todo. Bruno, que se hace el mayor, iba de
copiloto, y Alba, de conductora, los dos
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Capítulo 2 ¡Mi héroe!
con coleta. Me quité la corbata del
uniforme y la metí en la mochila; no la
soporto.
Tardamos treinta y cinco minutos de
calles, semáforos y trancas en llegar a la
avenida en la que empezaba nuestro
vecindario. El viento agitaba también allí
los plátanos, las palmeras y los toldos de
los comercios. Era el mismo viento de las
zonas privilegiadas, que había llegado
antes que nosotros. Y en seguida me di
cuenta de que yo también era el mismo
chico que hacía media hora, un chico
privilegiado, un tonto haciendo una visita
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Capítulo 2 ¡Mi héroe!
estúpida, de paso, como el viento.
La mirada juiciosa de Bruno me sacó
de mis pensamientos. Sonreía, volteado
hacia mí, haciéndose el presumido, con el
brazo estirado por detrás del asiento de
Alba, que se concentraba en conducir.
«¿Por qué lloras?», me preguntó con su
tono impostado de chico maduro. Y solo
se me ocurrió decir: «No lloro. Es por el
viento». Como si no lleváramos un buen
rato metidos en un automóvil con las
ventanas cerradas.
Bruno volvió a mirar hacia adelante.
Le iba indicando a Alba por dónde dar
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Capítulo 2 ¡Mi héroe!
vuelta, y ella adentraba el automóvil hacia
el corazón del vecindario, hacia las calles
en las que ambos crecimos. Había algo en
el gris de los edificios que yo no recordaba
así, como si el viento que traíamos de
nuestra zona de privilegio estuviera
ensuciando todo lo que ahora veíamos. Me
chocaba mucho ver el pasado con los ojos
del presente. ¿Era esa la sensación que
tanto había temido tener? ¿Por eso no
había dormido bien durante las últimas
noches? El corazón se me iba acelerando
cada vez que Alba pisaba el freno. Ya
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Capítulo 2 ¡Mi héroe!
quedaba poco para ver nuestro portal.
«Vámonos, por favor», supliqué, «no
puedo verlo».
Sin pensarlo un segundo, Alba puso
las luces intermitentes, acercó el
automóvil a una acera y se detuvo. Los dos
se dieron vuelta para mirarme. Bruno
preguntó: «¿Qué pasa, hermanito? ¿No
querías ver el portal, la escuela, el parque,
la cancha…? Estás pálido», pero sé que
hacía de tripas corazón para que yo no
notara que él estaba peor que yo.
Últimamente no lo soporto, pero en ese
momento me dio tristeza.
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Capítulo 2 ¡Mi héroe!
Y entonces me puse a llorar en serio,
sin disimular más, incluso moqueando.
Digo llorar por decir algo. Lo que pasó en
realidad es que se me abrió una grieta
tremenda en el pecho, como si me partiera
en dos, como si una mitad quisiera volver
urgentemente a casa con la abuela y no
salir de ahí nunca más y la otra necesitara
quedarse en el antiguo vecindario para
siempre, para siempre, para siempre…
Alba salió del automóvil y se volvió a
meter por una puerta trasera. Se sentó a
mi lado. «Respira, Eloy. Eso que sientes es
normal», me dijo. Tenía ganas de
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Capítulo 2 ¡Mi héroe!
preguntarle cómo rayos sabía ella lo que
yo estaba sintiendo, pero preferí no ser
maleducado con nuestra cómplice.
Continuó: «Te propongo que no bajemos
del automóvil. Seguimos un poco más,
pasamos por delante de los lugares más
añorados, los miramos desde el automóvil
y tú respiras. Ya volverás más adelante si
tienes ganas. Poco a poco, ¿te parece?». Yo
no sabía qué responder. La mano de Bruno
en mi rodilla, su mirada inundada de
lágrimas, me animaron a responder «Está
bien», casi sin voz.
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Capítulo 2 ¡Mi héroe!
No quiero escribir sobre el resto de la
escapada. No quiero contar lo que vi. No
puedo. Solo quiero escribir que les estoy
profundamente agradecido al sabiondo de
mi hermano y a nuestra jardinera.
Tendremos que abordar este asunto con
nuestros padres, aunque no tenga ganas.
No puede quedar así.
Esta era la parte en la que el día de
hoy rompió mis expectativas para mal. La
parte en la que las rompió para bien
sucedió después, en el local de ensayo,
que viene a ser el salón de actos de la
secundaria a la que asiste Bruno.
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Capítulo 2 ¡Mi héroe!
Se trata de una obra en la que una
familia feliz come unida por Navidad. Me
hizo gracia, porque hace dos años que
pasamos las fiestas solos con la abuela. En
la obra hay una pareja ideal con dos hijos
ideales, cuatro abuelos encantadores y
varios tíos y primos.
Lo más sorprendente de todo es el
papel que me asignaron. Ni siquiera sé si
reírme o enojarme con Bruno, que es el
que tuvo la idea, pero eso te lo cuento
mañana, querido diario, cuando lo haya
digerido, que ahora se me cierran los ojos.
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Capítulo 2 ¡Mi héroe!
Menos mal que el resto de los actores
me cayó estupendamente y estoy
dispuesto a lo que sea por pasarlo bien
con ellos. Pese a todo, va a ser más
divertido de lo que creía.
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Capítulo 2 ¡Mi héroe!
Y ahora tú decides...
¿Qué papel le asignaron a Eloy
en la obra de teatro?
A) Elfo de Papá Noel, que reparte regalos
a toda la familia porque Papá Noel se
complicó en otras casas
B) Hermano mayor, lo que lo ayuda a
entender un poco más a Bruno
C) Árbol de Navidad, en un rincón del
escenario
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Capítulo 3 ¡Mi héroe!
Capítulo 3
¡Sorpresa!
Eloy. Jueves, 12 de noviembre
Ya estoy aquí, querido diario. Hoy
estoy un poco más animado. Ayer me
costó mucho digerir la visita a nuestro
antiguo vecindario, la verdad. Creía que
iba a emocionarme; en cambio, me
encontré con un lugar mucho más gris de
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Capítulo 3 ¡Mi héroe!
lo que recordaba. Menos mal que después,
con lo del ensayo de teatro, se me pasó el
disgusto. Todos me cayeron genial. Bueno,
todos excepto mi hermano, que
últimamente no parece él mismo, siempre
haciéndose el divertido.
Seguro que ayer, querido diario, te
quedaste con las ganas de saber qué papel
me dieron en la obra, ¿verdad? Anoche no
tenía ganas ni de escribirlo, pero ahora lo
sabrás. Y es que casi mato a Bruno cuando
dijo, en tono burlón: «Mi hermanito
pequeño debería hacer de hermano
mayor, a ver si así, de paso, entiende lo
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Capítulo 3 ¡Mi héroe!
difícil que es cargar con alguien como él».
Todos se rieron, y yo también tuve que
reírme, pero en mi interior sentí un volcán
a punto de entrar en erupción. Me dediqué
a respirar un par de minutos para no
estallar delante de todos. Mientras tanto,
los demás decían que la idea de Bruno era
genial: así, Valentina, una niña de ocho
años vecina de otra compañera de la
secundaria, podría interpretar a mi
hermana pequeña en la obra. También
había dos pesados de mi salón, a quienes
otro amigo de Bruno había invitado para
que hicieran de primos nuestros. De este
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Capítulo 3 ¡Mi héroe!
modo, los actores de secundaria se
repartieron los papeles adultos y
completaron el elenco. La familia feliz. En
total somos quince. ¡Qué locura!
El ensayo transcurrió con facilidad.
Excepto yo, que fui el último en
incorporarme, todos se sabían bastante
bien el papel. Además, aunque estaré casi
todo el tiempo en el escenario, no tendré
que decir demasiadas frases. Lo único que
tengo que hacer es discutir con mi
hermana pequeña por los regalos que Papá
Noel habrá dejado en el árbol durante la
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Capítulo 3 ¡Mi héroe!
noche. Seguro que Bruno cree que
interpretar ese papel me hará cambiar.
¡Qué estupidez! En fin. Ayer lo tuve que
leer, pero pronto me lo habré aprendido de
memoria. Todo sea por dejar de contar los
días y por salir de esta casa, que sin papá y
mamá aquí se me cae encima. Además…
¡hay que avisparse! ¡Estrenamos en poco
más de un mes! Y lo mejor es que a todos
les encantaron mi tono, mis caras, mis
gestos y mis propuestas de movimientos.
«¿Aceptamos a Eloy como parte del
equipo?», gritó mi hermano sonriendo
cuando terminó mi escena, con lo que me
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Capítulo 3 ¡Mi héroe!
robó el protagonismo. «¡Síííí!»,
respondieron todos al unísono, mirándolo
a él en vez de a mí. Qué paciencia tengo y
qué fastidio ser el hermano pequeño de
un chico guapetón y triunfador.
Después de repasar la obra, hablamos
de cómo nos vestiríamos y
maquillaríamos, sobre todo los que tienen
que parecer mayores. Algunos sacaron
cosas que traían de su casa para saber la
opinión de los demás: se trataba de ropa,
zapatos y accesorios que habían tomado
prestados de sus padres; presumían,
riéndose las gracias entre ellos. Yo pensé
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Capítulo 3 ¡Mi héroe!
que podría ir vestido de mí mismo, pero
con alguna prenda de Bruno el Estupendo,
para parecer más moderno, que es lo que
él cree que son los hermanos mayores.
Resuelto todo eso, nos pusimos a
trabajar en la escenografía y el atrezo.
Queda mucho por hacer, y resultará
imposible en solo seis miércoles. Habrá
que dedicar algunas horas extras los
sábados. Las familias cedieron algunos
muebles viejos que nos servirán: una
mesa, sillas para todos y un sofá. Propuse
pintar la mesa y todas las sillas, que son
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Capítulo 3 ¡Mi héroe!
todas diferentes, del mismo color, para
aparentar una decoración de casa
corriente. «¿Qué les parece color
pistacho?», pregunté, porque en nuestro
garaje hay dos botes de pintura que le
sobraron a Alba cuando pintó la pérgola
de madera del jardín, esa que mamá hizo
poner para escribir en otoño y en
primavera y que todavía no ha estrenado.
A todos les pareció que el color pistacho
quedaría precioso al lado del terciopelo
granate del sofá y delante del fondo de
cortinas blancas que nos está preparando
un padre que, por lo visto, es sastre. «¿Y
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Capítulo 3 ¡Mi héroe!
qué pasa con el árbol?», quiso saber mi
hermana pequeña, que no paraba de dar
vueltas a la mesa con un monopatín hecho
polvo y con las coletas ya alicaídas a esas
horas. Todos se quedaron boquiabiertos, y
me dio rabia. ¿Cómo es que ella se había
dado cuenta de que faltaba algo tan
importante y yo no? Qué niñita
sabelotodo. Además, me había arrebatado
la importancia que me había ganado con la
propuesta de pintar los muebles.
Pues sí, habrá que hacer un árbol de
Navidad. Los mayores dijeron que de eso
nos tenemos que encargar los pequeños,
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Capítulo 3 ¡Mi héroe!
«que son unos artistas y además van a ser
los que más actúen delante del árbol». Qué
descarados. De todos modos, prefiero eso
que pintar sillas. Yo ya les di la idea; que
se manchen ellos. Hablaré con Alba. Los
dos pesados del salón y mi hermanita
Valentina no tendrán que aportar mucho
porque tengo una gran idea.
Pero bueno, ahora ya nada de eso es
importante. Te lo cuento, diario, para
hacer pasar el tiempo, que se detuvo este
mediodía.
Todo eso del teatro pasó a un segundo
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[Link]
Capítulo 3 ¡Mi héroe!
plano hoy, porque después del almuerzo
llamaron papá y mamá desde Argentina.
Dijeron que estemos atentos porque el
viernes de la semana que viene, a media
tarde, un mensajero nos traerá una
sorpresa de su parte. Faltan ocho días para
eso, de modo que intentaré portarme bien
para no jugarme el regalo, y entretenerme
con el tema del teatro, que no me disgustó
en absoluto y que me ayudará a distraer
los nervios.
Bruno. Domingo, 22 de
noviembre
Los odio, o creo que los odio, o a
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Capítulo 3 ¡Mi héroe!
veces, a ratos, me parece que los odio. A lo
mejor, sencillamente, es que odio solo
algunas de las cosas que hacen, como por
ejemplo decir que nos llegará una
sorpresa, como si tuviera que ser un regalo
o una carta, y que lleguen ellos, en
persona, en carne y hueso. Debería
alegrarme el hecho de que mis padres
estén es casa, ¿verdad? Y me alegro, en el
fondo me alegro, pero me molesta que se
llamen a sí mismos sorpresa, que se den
tanta importancia, como si tuviéramos
que alegrarnos y aplaudir cuando llegan,
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Capítulo 3 ¡Mi héroe!
mientras que en realidad estamos tristes
porque ellos deberían estar aquí siempre,
siempre, o al menos casi siempre,
ejerciendo de padres, en vez de que estar
aquí fuera una excepción, una sorpresa.
¡Qué rabia, por favor!
Pues bueno, eso: que el viernes
esperábamos una sorpresa y llegaron
nuestros padres, después de dos semanas
fuera, montados en su superautomóvil,
con su superchofer, que los había ido a
buscar al aeropuerto, y nos colmaron de
regalos. Pero no tengo ganas de escribir
más sobre ellos. No tengo ningunas ganas.
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Capítulo 3 ¡Mi héroe!
Estoy muy enojado.
Antes de eso, la semana fue bien, muy
bien. Al final va a resultar que nos
estamos acostumbrando a lo de vivir con
la abuela, con Alba, con el cocinero… y sin
padres. Ay, qué enojado estoy. Soy
consciente de que estoy furioso.
Esta bien, me calmo.
La semana fue bien porque eso del
teatro, tal como sospechaba (y tal como
planeé), le está sirviendo a mi hermanito
para relajarse un poco, para quererse un
poco más y, de paso, para pasar más
tiempo conmigo, aunque siempre parece
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Capítulo 3 ¡Mi héroe!
que me pone mala cara. Cada tarde
dedicamos un rato a que se aprenda el
papel, y ya casi se lo sabe. ¡Es un portento!
Dice que puede hacerlo solo, y eso ya lo sé,
pero me hago el experto en interpretación.
Le digo que, aunque podría ensayar frente
al espejo, nunca viene mal que alguien te
lea o te escuche mientras repasas tus
frases. Le doy consejos sobre qué gestos
usar, cómo mirar a Valentina o cómo
modular la voz. Lo más divertido es
cuando se da cuenta de que ser el
hermano mayor de alguien tan tozudo es
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[Link]
Capítulo 3 ¡Mi héroe!
bastante… ¿complejo? Será interesante
verlo en acción en el escenario. ¡Ja, ja, ja!
Estos dos sábados, algunos del grupo
estuvimos yendo al salón de actos a pintar
los muebles. Alba me acompañó con el
automóvil y llevamos los dos botes de
pintura, unos cuantos pinceles y mucho
papel de periódico para proteger el suelo.
Después, ella volvía a casa porque Eloy
había dicho que la necesitaba «para la
creación del árbol de Navidad más bonito
que hayan visto jamás». Me parece que
pasó los dos sábados de mañana
persiguiendo a nuestra jardinera para que
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Capítulo 3 ¡Mi héroe!
le diera los restos de la poda y que se
dedicó a llenar un saco enorme de troncos
y hojas sin sentido aparente. Qué ganas
tengo de ver esa creación.
Ahora me da mucha pereza seguir
escribiendo, diario, porque te quiero
contar lo de este mediodía, pero no tengo
ganas. Quiero decir que sé que escribirlo
me ayudará, me hará bien, pero a la vez
preferiría dormir una siesta y olvidarlo
todo.
Te cuento.
Ayer nuestros padres pasaron el día
medio zombis con el asunto del jet lag. Por
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Capítulo 3 ¡Mi héroe!
eso, ayer me mordí la lengua y esperé el
momento adecuado. Por supuesto, no
pensábamos dejar pasar esta visita, esta
sorpresa, sin hablar con ellos. De hecho, se
supone que mañana lunes salen otra vez
de viaje, en esta ocasión a Italia. Aunque,
bueno, eso todavía está por verse. Me
parece que les tocamos la fibra.
Esperé hasta el postre, para que, en
caso de que alguien se enojara mucho y se
levantara de la mesa, no se quedara sin
comer. El cocinero ya había servido el
pastel de merengue (¡me encanta!) y comí
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Capítulo 3 ¡Mi héroe!
un par de cucharadas, pero no pude
esperar más. Carraspeé. No prestaron
atención. Entonces hice como en las pelis:
me levanté, tomé la cucharilla con una
mano y la copa con la otra y… «clinc, clinc,
cliiinc». Se hizo el silencio en la mesa. La
abuela incluso dejó de masticar y me miró
por encima de los anteojos. Papá tomó la
mano de mamá, que se había atragantado
de la risa, al verme tan solemne. Eloy me
dijo que sí con la cabeza, porque ya sabía
lo que iba a decir, y yo le guiñé un ojo. Lo
teníamos hablado; aunque parezca
mentira, hay cosas en las que somos uno.
68
[Link]
Capítulo 3 ¡Mi héroe!
A veces, por momentos, sueño que sigo
siendo su héroe.
«A ver, papás, déjenme empezar
diciendo que los queremos mucho», solté,
y la abuela sonrió, aunque a mamá se le
borró la sonrisa, porque vio que iba en
serio. «Como los queremos mucho,
deseamos que sean felices», continué. «Su
éxito nos hace felices también a nosotros.
Sin embargo, aquí hay algo que no va bien.
Seguramente no se han dado cuenta,
porque en ese caso ya habrían cambiado
su modo de proceder. Pero la realidad es
que Eloy y yo nos sentimos un poco
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Capítulo 3 ¡Mi héroe!
abandonados como hijos». Papá ya estaba
frunciendo el ceño y parecía que iba a
hablar, pero mamá le dio un codazo para
que no lo hiciera. Seguí hablando. «Les
agradecemos esta casa y todas las
comodidades, les agradecemos todo lo que
nos brindan, que es mucho más de lo
necesario. Podríamos decir que seríamos
más felices en nuestro antiguo vecindario,
pero fuimos a visitarlo y…». Mamá miró a
la abuela, cuestionando que lo hubiera
permitido, y esta se encogió de hombros.
Eloy intervino entonces: «Lo que Bruno
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Capítulo 3 ¡Mi héroe!
quiere decir es que habíamos idealizado
nuestro antiguo vecindario. Creíamos que
era maravilloso y, al verlo de nuevo, lo
vimos… diferente de como lo
recordábamos, algo triste, comparado con
el lugar donde vivimos ahora». Nuestros
padres nos miraban fijamente: mamá, con
su melena negra impecable; papá, con su
barba bien cortada. Y entonces dije: «Eloy
y yo nos referimos a que lo maravilloso no
era el vecindario, sino nuestros antiguos
padres, a los que ya no vemos nunca».
Entonces me senté, derrotado, vacío, con
la certeza de que no nos entenderían. La
71
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Capítulo 3 ¡Mi héroe!
abuela se unió a nuestra causa y dijo:
«Deberían pasar aquí estas Navidades,
hija, por favor, por los niños». Y mamá
respondió sin pensarlo un segundo: «Eso
es imposible, mamá. Se trata de una
presentación en Nueva York. Es muy
importante para mí». Eloy, que todavía
estaba sentado, propuso: «Pues entonces,
quédense al menos esta semana. Llamen a
Italia y digan que ya irán otro día».
Papá y mamá se miraron, como
dudando. «Lo pensaremos», dijo papá,
«dennos unos minutos para hablarlo entre
nosotros». A juzgar por sus caras, no
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Capítulo 3 ¡Mi héroe!
parecía que nuestro discurso fuera a
funcionar, pero nunca se sabe. Ahora
llevan los dos ya un par de horas
encerrados en el estudio, hablando entre
susurros. A ver qué deciden.
73
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Capítulo 3 ¡Mi héroe!
Y ahora tú decides...
¿Qué responden los padres a la
petición de Bruno y de Eloy?
A) Prometen bajar el ritmo, pero de
momento deben cumplir con el
compromiso e irse a Italia
B) Se dan cuenta de la situación de sus
hijos, deciden anular el viaje a Italia y
bajar el ritmo
C) La madre no puede faltar a su cita
con los lectores italianos, pero el padre
se quedará en casa
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Capítulo 4 ¡Mi héroe!
Capítulo 4
Te admiro
Eloy. Martes, 8 de diciembre
Todavía no puedo creer que papá y
mamá lleven en casa más de dos semanas.
Estoy tan emocionado que casi me había
olvidado de que te tengo aquí, diario. Y
eso que también me gusta compartir
contigo las alegrías, ¿eh? Pero es que entre
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Capítulo 4 ¡Mi héroe!
los ensayos y el árbol de Navidad para la
obra…
El primer domingo que papá y mamá
pasaron en casa, después de comer, Bruno
les soltó el discurso que habíamos
preparado entre los dos. Estuvo bien; casi
parecía el héroe de hace un par de años,
cuando todo lo que hacía me resultaba
alucinante, pero bueno, tampoco fue para
tanto. Menos mal que arrimé el hombro y
lo ayudé un poco, porque no le resultaba
fácil decir todo eso seguido; además, yo
quería que papá y mamá supieran que era
cosa de los dos y que se lo tomaran en
75
[Link]
Capítulo 4 ¡Mi héroe!
serio. Lo que no habíamos previsto ni él ni
yo era pedirles que no se fueran a Italia;
me salió a mí, así, sin pensar, pero venía
muy al caso, después de que la abuela les
rogara que pasaran aquí las Navidades y
de que ellos dijeran que no.
Papá y mamá respondieron que lo
pensarían unos minutos. Si hago la
cuenta, creo que debieron ser algo más de
mil, porque no contestaron hasta la hora
del desayuno. Fue en la cocina, todos en
pijama y bata, todos despeinados, excepto
mamá, que parece que duerme sin poner
la cabeza en la almohada. Era lunes muy
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[Link]
Capítulo 4 ¡Mi héroe!
temprano, el cocinero tenía el día libre y
papá había preparado tortilla de pera,
pancakes de avena, ensalada de frutas,
una tabla de quesos con tostadas y crema
de cacao casera. Cuando llegué y vi todo
eso sospeché que había dormido poco. Él,
mamá, la abuela y Bruno ya se estaban
dando banquete. Me senté. Mamá estaba
masticando una tostada, pero papá le dio
un leve codazo como si le estuviera
pidiendo: «Dilo ya, que ya estamos todos».
Ella se tragó lo que tenía en la boca.
«Hemos… hemos anulado el… viaje a
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Capítulo 4 ¡Mi héroe!
Italia». Le brillaban los ojos. Me pareció
que le dolía decirlo, pero al menos habían
tomado una buena decisión. Por una vez,
habían antepuesto nuestras necesidades a
sus deseos. Papá se limpió los labios con
una servilleta y tomó la palabra: «Se
trataba de una gira por todo el país dando
charlas sobre el último libro, ya saben. La
traducción al italiano se ha vendido muy
bien. Tuvimos que prometer que iremos
en enero. Así que no tenemos otro viaje
hasta que salgamos hacia Estados Unidos,
a mediados de diciembre». Después tomó
de la mano a mamá. Para él era más fácil,
78
[Link]
Capítulo 4 ¡Mi héroe!
porque es su trabajo y con ello ganan
dinero, pero para ella es su obra, su vida.
Casi me había arrepentido de haberles
pedido que se quedaran, cuando mamá
nos miró y nos dijo: «Gracias por atreverse
a pedirlo. Sentimos no habernos dado
cuenta de que no estaban bien. Les
prometemos bajar el ritmo en cuanto
podamos, una vez que hayamos cumplido
con los compromisos previos».
No parecía un mal comienzo. De
repente, lo de volver a nuestro antiguo
barrio ya no tenía sentido. Solo quería
estar en familia. Eso era todo.
79
[Link]
Capítulo 4 ¡Mi héroe!
Estando ellos aquí me entraron ganas
de no ir al colegio y, por supuesto, de no ir
a ensayar ni a dedicar ni un minuto a
escenografía ni atrezo. De repente solo
quería estar en casa pegado a las faldas de
mamá, como un niño pequeño: dejarme
tocar el pelo en su cama, pedir que me
ayudaran con los deberes, darles besos y
abrazos... Cuando se lo confesé a la abuela,
ella me dijo: «Podrás tener todo eso
cuando estés en casa, pero debes seguir
con tus rutinas. Aunque se queden en
casa, los padres tienen vida propia. Formas
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Capítulo 4 ¡Mi héroe!
parte de ella, pero también tendrán algo
de trabajo, y necesitan descanso y tiempo
para estar solos el uno con el otro».
¿Trabajar más? Descansar, vale. Pero
¿tiempo para ellos? Me costaba
comprenderlo, pero intenté hacerlo, lo
intenté mucho, y al final lo entendí, más o
menos. Y aunque yo no lo entendiera,
ellos podían hacer lo que quisieran,
supongo. Además, ya me había
comprometido con el grupo de teatro:
suponía que no sabrían hacer un árbol sin
mí y seguro que Valentina no iba a
encontrar nunca un hermano mayor mejor
81
[Link]
Capítulo 4 ¡Mi héroe!
que yo.
El árbol, ¡ay, el árbol! Nadie sabe lo
que nos costó, al miércoles siguiente,
llevar al salón de actos el saco de ramas y
hojas. Lo llené demasiado, me había
emocionado en el jardín, y después pesaba
un montón. Alba se ofreció a ayudar, pero
el saco no parecía caber en el baúl del
automóvil pequeño, el único que su padre
le deja conducir. Además, no nos iban a
dejar ensuciar el automóvil grande con
tierra del jardín. Nos hizo falta la visión
espacial de Bruno, infalible, para conseguir
meter el saco y cerrar el baúl. «¿Verdad
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Capítulo 4 ¡Mi héroe!
que soy tu héroe?», preguntó guiñándome
un ojo. Respondí: «Lo serás si traes al
salón de actos la escalera que tenemos en
el garaje». Y no sé cómo, pero lo hizo,
montado en su bicicleta, y llegó antes que
nosotros. Incluso entró, la dejó en el
escenario y todavía le dio tiempo para salir
de nuevo hasta el automóvil y ayudarnos a
entrar las ramas. Realmente era heroico,
pero no quise reconocerlo en voz alta en
ese momento. Solo supe decir: «Gracias», y
con la boca pequeña.
Alba se fue y Bruno se puso a colgar
83
[Link]
Capítulo 4 ¡Mi héroe!
las cortinas con los de su edad. Se suponía
que los pequeños debíamos encargarnos
del árbol y después repasaríamos los
papeles. Yo no tenía ninguna intención de
compartir mi árbol con los demás. La idea
había sido mía y no pensaba dejar que se
llevaran el mérito. Quería sorprender a
Bruno, que él explicara a papá y a mamá
que soy un artista y que estuvieran
orgullosos de mí.
Puse la escalera de madera en un
rincón del escenario. A mi lado estaba el
saco de ramas y hojas. Los dos niños de mi
salón y Valentina me miraban, sentados
84
[Link]
Capítulo 4 ¡Mi héroe!
en el suelo. Tomé una rama; la ataría a la
escalera y… Cuando toda la escalera
quedara cubierta de ramas sería un árbol
precioso, un triángulo isósceles perfecto
conformado por ramas y hojas de
diferentes familias y tonos.
Me había quedado pensando con la
rama en la mano. No tenía con qué
sujetarla a la escalera y me había dado
cuenta de que no sabía cómo hacerlo. De
repente percibí la presencia de Valentina,
de pie a mi lado. Entre las dos trenzas
llevaba una sonrisa triunfante y me
ofrecía un rollo de cordón verde ideal para
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[Link]
Capítulo 4 ¡Mi héroe!
atar las ramas a la escalera. «Encontré
esto. ¿Te sostengo la rama mientras la
atas?», preguntó. Tuve que decir que sí y
dar las gracias. La idea era mía y era genial,
pero, por lo visto, no podría hacerlo solo.
Mientras atábamos la segunda rama,
se acercó uno de los chicos de mi salón:
«Deberíamos añadir algunos adornos,
¿no?». Y el otro, todavía sentado en el
suelo, añadió: «Sí. Con material reciclado.
Podemos pintar botellas de plástico
pequeñas y meter lucecitas dentro».
Resoplé: la idea era buenísima, pero no era
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[Link]
Capítulo 4 ¡Mi héroe!
mía. Después respiré por la nariz con más
tranquilidad, mientras elegía una tercera
rama, y dije: «Eso es genial. Deberíamos
hacerlo. Pidamos a todos que guarden
botellas para la semana que viene».
Después, los cuatro seguimos atando
ramas a la escalera durante un buen rato,
como un equipo, hablando con calma, sin
pisarnos.
Estábamos los cuatro de pie ante el
árbol, contemplándolo satisfechos,
cuando se acercó Bruno. «Te admiro,
hermanito», dijo. Y yo respondí: «No, no,
Bruno, no lo hice yo solo. Y además no
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[Link]
Capítulo 4 ¡Mi héroe!
está terminado; pondremos luces». Y él
concluyó: «Ya lo sé. Tuviste una idea
genial, la compartiste, la mejoraron y
trabajaste en equipo. Por todo eso, te
admiro». Me dio una palmadita en el
hombro y se alejó: «Vengan con el resto,
que ensayaremos un rato». Yo me había
quedado petrificado.
La semana pasada pusimos las luces.
Era una idea buenísima y quedó mejor de
lo que esperaba. Todos nos felicitaron.
Sin embargo, aunque ya me sé mis
frases de memoria, no termino de
encontrarle el tono a mi papel de hermano
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Capítulo 4 ¡Mi héroe!
mayor. Mañana tenemos ensayo, así que a
ver si me luzco un poco.
Bruno. Jueves, 10 de diciembre
Rayos, diario. Ayer fue el peor ensayo
de todos. El peor ensayo y también el peor
rato que pasé en el último mes.
¿Recuerdas que te conté que había tres
Elóis? Desde que papá y mamá están en
casa, el tercer Eloy, el encantador, el que
estaba a punto de desaparecer, está entero
y feliz. Y, por suerte, el segundo, Eloy el
taciturno, no ha aparecido por aquí. Sin
embargo, ayer vi al primer Eloy en el
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Capítulo 4 ¡Mi héroe!
escenario, y hacía mucho que no lo veía.
Eso me puso triste, la verdad.
Me siento mal, porque la idea de que
hiciera de hermano mayor fue mía. Creo
que lo puse en una situación difícil. Solo
espero que salga de esta con algún
aprendizaje bajo el brazo. Por mi parte,
seguro que yo sí.
La escena es la siguiente. Se supone
que, en la obra, antes de la comida de
Navidad, los niños de la familia abren los
regalos que Papá Noel dejó en el árbol
durante la noche. La cuestión es que los
regalos están sin nombre, porque este año
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[Link]
Capítulo 4 ¡Mi héroe!
Santa Claus decidió que los pequeños
jueguen todos juntos, por turnos o
compartiendo; así lo explica en una nota
que les deja junto al árbol y que Eloy lee
en voz alta para todos antes de empezar a
abrirlos. Al principio, los cuatro se hacen
los enojados y nosotros, que somos sus
padres, les explicamos que es una buena
idea; entonces el enojo de los niños se
convierte en sorpresa, incluso en una
ilusión renovada. Hasta aquí muy bien,
porque los cuatro saben hacer caras y
gestos para mostrar todo eso. Pero
entonces Eloy abre un paquete: un libro, y
91
[Link]
Capítulo 4 ¡Mi héroe!
Valentina abre otro: una caja de piezas de
construcción. Cuando lo ve, Eloy debe
quejarse del libro y pedir las piezas, y
Valentina tiene que decir que las piezas
son suyas. Los mayores, haciendo de
padres, debemos ayudar a Eloy a entender
el valor de un libro y a captar que
Valentina es pequeña y que hay que
explicárselo bien en lugar de arrancarle la
caja de las manos. Todo esto tiene un final
feliz y salió muy bien en cada ensayo.
Sin embargo, ayer Eloy se retiró a
respirar tras bambalinas antes de la
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Capítulo 4 ¡Mi héroe!
escena. Salió después diciendo que se
había metido en el papel, que estaba más
preparado que nunca, que se sentía
hermano mayor, que bordaría sus frases y
que le daría el tono perfecto.
Todo empezó bien. La escena iba
rodada, avanzaba como siempre. Hasta
que Valentina gritó: «¡Es mía! ¡La caja de
piezas es mía! ¡La tomé yo primero!». Eloy
debía decir: «¡Nada de eso! ¡Santa dijo que
todo es para compartir!». Sin embargo, se
quedó quieto, en silencio, como
digiriéndolo. Y entonces me miró, serio,
muy serio, con los ojos incendiados, como
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Capítulo 4 ¡Mi héroe!
aquella noche hace un mes, en el vestíbulo
de casa. Se había olvidado de la caja de
piezas, de Valentina y de la obra, y solo me
veía a mí. Creo que se había dado cuenta
de las ganas reales que tenía de arrancar la
caja de las manos de la niña, que se había
dado cuenta de lo que tenemos que tragar
los hermanos mayores. Sin embargo, en
lugar de ablandarse y entenderme por fin,
se volvió en mi contra y me soltó delante
de todos: «¿Tú sabías todo este asunto del
compartir? Que yo sepa, llevas toda la vida
diciéndome que no toque tus cosas». Mis
amigos se rieron. Eloy tiró con rabia el
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Capítulo 4 ¡Mi héroe!
libro, que dio un golpe seco contra el
suelo. Me sentí fatal. Llevo toda la vida
viendo como hereda mis cosas antes de lo
que yo querría, y siempre tuve que
prestarle juguetes para que no llorara. ¿Esa
es su sensación?, ¿que llevo toda la vida
negándome a compartir? Eso no se lo cree
ni él, eso lo soltó para salir del paso
cuando estaba alucinando, al meterse en
mi papel y darse cuenta de todo. No
contento con eso, le dio una patada a la
caja y todas las piezas se esparcieron por
el suelo. Menos mal que no le hizo daño a
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[Link]
Capítulo 4 ¡Mi héroe!
Valentina. «¡Eres un falso! ¡Eres el peor
hermano del mundo!», me gritó. Quise
responder, pero no pude. Me parecía
increíble que me hubiera dicho eso
delante de mi gente, cuando lo que en
realidad pasaba era que acababa de darse
cuenta de cuánto he compartido con él y
de cuánto cuesta eso. Lo que Eloy sentía
era culpa por no haber sido más
agradecido, culpa disfrazada de rabia.
Ya no estoy tan seguro de admirar a
mi hermano, aunque creo que sí, porque
eso de la admiración no debería ser algo
cambiante; él sigue siendo el mismo
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Capítulo 4 ¡Mi héroe!
artista que ideó ese árbol y trabajó en
equipo; o a lo mejor es que se pueden
admirar ciertos aspectos de una persona,
aunque otros deban mejorar. Tampoco
estoy muy seguro ya de querer que papá y
mamá vean la obra, así que no insistiré en
que pospongan lo de Nueva York.
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Capítulo 4 ¡Mi héroe!
Y ahora tú decides...
¿Cómo afecta la actitud de Eloy
su relación con el grupo de
teatro?
A) El grupo decide expulsar a Eloy, por
no saber controlar sus emociones
mientras actúa
B) El grupo duda sobre si Eloy debe
seguir, pero Bruno les pide paciencia
C) Antes de que alguien cuestione su
intervención, Eloy habla con el grupo y
les dice cuánto lo siente
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Copyright del texto © Muriel Villanueva 2020. Copyright de esta edición © Boolino S.L.
2020. Puede consultar los términos y condiciones de uso de la licencia en
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Capítulo 5 ¡Mi héroe!
Capítulo 5
Los mejores deseos
Bruno. Lunes, 14 de diciembre
Quedan cinco días para el estreno,
mañana tenemos ensayo general y por
poco nos quedamos sin actor para
representar el papel de hermano mayor. Al
final lo resolvimos, pero no como yo
esperaba.
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Capítulo 5 ¡Mi héroe!
Después de la escenita de Eloy del
miércoles pasado, habíamos quedado en
encontrarnos en el salón de actos el
sábado. Salí de casa en bici, solo, por mi
cuenta. No pensaba esperarlo para ir
juntos; ni siquiera se había disculpado por
todo lo que me había dicho delante del
grupo, ni mucho menos había intentado
decirles a todos que sentía haber tirado el
libro y pateado la caja de piezas de
Valentina.
Llegué puntual, y mi hermano todavía
no había llegado. Sus tres compañeros
estaban colgando adornos en el árbol y
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Capítulo 5 ¡Mi héroe!
preparando unas tarjetas, pero no había ni
rastro de Eloy.
Encontré a mis amigos sentados en
círculo en el suelo, hablando sobre él; más
que hablar, discutían entre ellos. Lamenté
mucho que la actitud de mi hermano,
además de hacerme daño, estuviera
dividiendo al grupo, y no pensaba
tolerarlo. Alguien decía: «Eloy estuvo a
punto de romper el libro y la caja, pudo
haberle hecho daño a Valentina, hirió los
sentimientos de Bruno, nos fastidió el
trabajo a todos... ¡Ese día perdimos medio
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Capítulo 5 ¡Mi héroe!
ensayo! No podemos tolerarlo. Debemos
expulsarlo y encontrar un suplente para
que haga su papel». Me quedé helado.
Estaba muy enojado con mi hermano, pero
no se me había pasado por la cabeza la
posibilidad de dejar de contar con él para
la obra de teatro. El árbol, precioso, era
idea suya, y en general hacía bien su
papel. Se había equivocado, de acuerdo.
Era grave, pero ¿quizá podíamos intentar
comprender qué le había pasado? Me
pareció curioso: hasta que no había oído
como lo criticaban, no me había dado
cuenta de que yo también lo había juzgado
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Capítulo 5 ¡Mi héroe!
con dureza. Ahora solo tenía ganas de que
llegara y de hablar con él, ver cómo se
sentía y contarle cómo estaba yo.
Mientras pensaba todo eso, todavía de
pie fuera del círculo, otra persona del
grupo le respondió: «¡Ey! No exageres, no
es para tanto. No rompió nada y no le hizo
daño a Valentina. Seguro que Bruno y Eloy
pueden arreglar sus problemas solitos: son
hermanos. No olvidemos que Bruno le dio
ese papel a Eloy para obligarlo a sentirse
como él, para ponerlo entre la espada y la
pared. ¿Acaso no esperábamos todos que
algún día explotara? ¡Ya sabíamos que
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Capítulo 5 ¡Mi héroe!
podía ocurrir! Incluso puede ser que todo
esto, al final, resulte bueno, que los dos
hermanos saquen algo de ello. Y es cierto
que Eloy se pasó mucho, pero no podemos
perder a un actor a tan pocos días del
estreno. Esperemos que diga que lo siente
y ya está». «¿Y si no lo siente?», preguntó
alguien. Entonces no pude esperar más e
intervine: «Les pido un poco de paciencia
con él, por favor. Es muy tozudo. Seguro
que lo siente, pero no sé si se atreverá a
decirlo».
Una compañera me preguntó si Eloy y
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Capítulo 5 ¡Mi héroe!
yo habíamos hablado en casa, si habíamos
resuelto nuestras diferencias en la
intimidad. Negué con la cabeza, y me
encogí de hombros. Ella insistió y remarcó
que con eso bastaría, aunque Eloy no se
disculpara con todos públicamente. «Esa
sería una buena condición, sí», dijo otro,
«que Bruno y Eloy hablen y no entren al
ensayo con mala cara, para que todos
podamos seguir trabajando bien en la
obra». Todo el grupo asintió con la cabeza,
empático, espléndido.
En ese momento, sin verlo, sentí a mi
hermano a mi lado, como una energía
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Capítulo 5 ¡Mi héroe!
silenciosa. Había llegado y se había
quedado de pie ahí sin decir nada, y yo
había notado su presencia, como un halo.
Volteé para mirarlo de reojo. Todos se
habían quedado callados, sentados en el
suelo, mirándome.
Una voz dijo: «Si quieren, pueden salir
y hablar con calma. Los esperamos». No
tuve tiempo de dar las gracias, porque
Eloy lo dijo antes que yo. Después bajó del
escenario y yo lo seguí por el pasillo entre
las butacas, hacia la salida, todavía ambos
con los abrigos puestos. A nuestras
espaldas reinaba un silencio sepulcral y
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Capítulo 5 ¡Mi héroe!
muchos pares de ojos estaban clavados en
nuestras nucas.
En la calle hacía un frío tremendo,
pero ni siquiera lo sentí. No tuve que decir
nada. Lo dijo todo él. Se metió las manos
en los bolsillos de los vaqueros, se colocó
el gorro de lana y tomó aire. A veces es
sorprendente, este Eloy.
«No digas nada, Bruno, ya lo sé. Sé que
quieres que te diga que lo siento y sé que,
aunque no lo diga, tú ya sabes que lo
siento mucho. Somos hermanos y ya nos
conocemos. Te agradezco que me hayas
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Capítulo 5 ¡Mi héroe!
defendido delante del grupo. Siento lo que
te dije delante de todos, sí, y sé que sabes
que fui injusto, que no pensaba lo que
decía y que lo único que pasó es que por
primera vez en la vida me sentí como tú y
me di cuenta de lo pesado que debe haber
sido para ti aguantarme todos estos años.
Sin embargo, más que eso, siento mucho
no haberme acercado a ti desde ese último
ensayo, porque eso nos ha impedido estar
todos juntos ahora que están papá y
mamá, que se van mañana. Y también te
agradezco que me invitaras al grupo de
teatro y que me ofrecieras un papel difícil
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Capítulo 5 ¡Mi héroe!
que me hizo entender cómo te sientes».
Eloy se llevó las manos a la cara, para
calentarse con el vaho de la boca.
Levanté una ceja y solo acerté a decir:
«Caramba».
Pero él no había terminado. Se frotó
las manos y continuó: «La jugada te salió
muy bien. Ahora te entiendo, conseguiste
que me pusiera en tu lugar. Sin embargo,
déjame añadir que yo también necesito
que te pongas en el mío. Me parece que a
veces haces como si me entendieras, pero
que no me entiendes del todo. Apunta eso,
hermanito».
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Capítulo 5 ¡Mi héroe!
«Eeeh… Vale». No supe decir más.
Tenía razón.
Al ver que yo no diría nada, Eloy me
sonrió sin rencores y entró de nuevo en el
edificio.
Ya dentro, encontramos a todo el
mundo de pie ante al árbol, colgando en él
adornos y tarjetas. Valentina nos acercó,
corriendo, dos pequeñas cartulinas
amarillas, dos sobrecitos verdes y un
bolígrafo para cada uno. «¡Pídanle su
deseo a Papá Noel!», nos dijo.
Lo pensé unos segundos, e incluso
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Capítulo 5 ¡Mi héroe!
dudé si suplicar que nuestros padres no se
fueran a Estados Unidos. Después escribí
en un papel:
Deseo que mi hermano Eloy y yo,
aunque a veces discutamos,
no nos distanciemos nunca.
Metí la tarjeta en el sobre y la colgué
del árbol.
Eloy. Sábado, 19 de diciembre
Esta tarde estrenamos la obra. ¡Fue un
éxito! Vino mucha gente a vernos, pero lo
mejor de todo es que lo pasamos genial.
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Capítulo 5 ¡Mi héroe!
Menos mal que enmendé mi error y le dije
a Bruno que lo sentía, cosa que por
supuesto era cierta. Me gustó mucho que
el grupo no me pusiera la condición de
disculparme para seguir en la obra, que les
bastara con que hablara con mi hermano.
Aun así, sabía que mi actitud les había
molestado y me costó poco aceptar
delante de todos que lo sentía. «Lo
siento», dije, y no hizo falta más. Después
de eso, todo fue como la seda.
Pues bien, hoy, durante mi escena, me
permití improvisar un poco. Me parecía
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Capítulo 5 ¡Mi héroe!
que al diálogo con Valentina le faltaba
algo, y sabía que el grupo no se enojaría
por eso. Ya verás como tú también lo
entiendes, querido diario. Te lo cuento.
Mientras los adultos ponían la mesa,
los niños fuimos hacia el árbol, tal como
habíamos ensayado. Como siempre, leí en
voz alta la nota de Papá Noel: «¡Ho, ho,
hooo! ¡Niños y niñas! Este año sus regalos
están sin nombre porque deben jugar
todos juntos, por turnos o compartiendo.
¡Ho, ho, hooo!». Los cuatro nos hicimos los
enojados, nuestros padres nos explicaron
que la idea era buenísima, y nos
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Capítulo 5 ¡Mi héroe!
contentamos. Abrí el paquete que
contenía el libro, Valentina encontró la
caja de piezas, hice ver que quería
arrancársela de las manos, ella gritó, desde
el suelo: «¡Es mía! ¡La caja de piezas es
mía! ¡La tomé yo primero!», y yo, de pie:
«¡Nada de eso! ¡Santa dijo que todo es para
compartir!». Los adultos intervinieron, nos
dieron un sermón y los dos nos calmamos,
intercambiamos regalos, sonreímos. Los
primos hacían más o menos lo mismo un
poco más allá. Hasta aquí, todo normal.
Entonces, me agaché y puse los ojos a
la altura de los de Valentina. Como era
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Capítulo 5 ¡Mi héroe!
algo nuevo, el resto de los actores esperó
sin avanzar. Incluso creo que el público
notó algo extraño y aguantó la respiración.
Y dije: «¿Sabes, hermanita? Te entiendo.
Un día yo también fui pequeño, como tú, y
creía que cuando soltaba algo lo perdía
para siempre». Valentina no dudó; ni corta
ni perezosa, se inventó una frase para
redondear el tema: «Gracias, hermanito.
Algún día seré mayor, como tú, y también
te entenderé». Casi me pongo a llorar. De
hecho, en ese momento miré a Bruno y le
brillaban los ojos.
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Capítulo 5 ¡Mi héroe!
Después de eso, la obra continuó muy
muy bien, fluida, tal como esperábamos.
Al salir a saludar, el público se levantó
a aplaudir, entusiasmado. En primera fila,
la abuela daba saltitos y Alba gritaba:
«¡Bravo! ¡Bravooo!». En ese momento
pensé en nuestros padres. Cómo me
habría gustado que estuvieran allí. Pero
sabía que nos estaban viendo en directo
desde Nueva York, por la página web de la
secundaria, y que nos llamarían en cuanto
llegáramos a casa, y eso me consoló.
Además, si a partir de ahora están en casa
tanto como puedan, si los vemos más y
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Capítulo 5 ¡Mi héroe!
están más con nosotros, puedo entender
mejor que a veces tengan que trabajar y
perseguir sus sueños.
Se cerró el telón. Había decidido lo
que quería hacer en ese momento.
Busqué a Bruno. Él también me
buscaba, para darme un abrazo largo,
larguísimo. Casi me pareció que nuestros
pechos se fundían. Sus manos me
apretaban por la espalda contra su cuerpo
y en ese momento lo quise tanto que casi
estallo de amor. Su pelo me hacía
cosquillas y me puse a llorar de alegría y a
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Capítulo 5 ¡Mi héroe!
reír al mismo tiempo.
Al deshacer el abrazo, lo tomé de la
mano e hice que me acompañara al árbol.
Allí descolgué el sobre de mi deseo y se lo
entregué.
Lo abrió sin dejar de mirarme, de
sonreírme, y sacó la tarjeta. Y entonces, al
leer mi deseo, se le cayó un lagrimón de
felicidad sobre el papel.
Deseo que mi hermano
siga siendo imperfecto, como yo,
para que pueda seguir siendo…
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Capítulo 5 ¡Mi héroe!
¡mi héroe!
FIN
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Capítulo 5 ¡Mi héroe!
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