ECTURA N° 2
Los especialistas en derechos humanos piensan que la representación de las
personas en la publicidad es injusta y discriminatoria. En el caso de hombres y
mujeres, existe una fuerte tendencia a presentar a los primeros como los protectores,
los fuertes, mientras que a las segundas las vemos básicamente en roles
secundarios. Sin embargo, las escenas discriminatorias no se circunscriben a esos
ámbitos, ya que al mostrar a un tipo de personas en las que predomina la piel blanca
y los cabellos claros, dejan de lado la diversidad racial que existe en nuestro país
(andinos, mestizos, afrodescendientes, etc.).
Mariela Jara señala que los mensajes publicitarios también discriminan cuando
exponen situaciones en las que priman momentos de realización, felicidad y
prosperidad económica en un país en el que una gran parte de la población (24,8%)
vive en la pobreza.
Para sus defensores, la publicidad es el espejo de la cultura que hemos adquirido a lo
largo de los años. David Solari Martín explica que el individuo presta a los anuncios
comerciales ideales de belleza y comportamiento. La sociedad acepta un modelo y
la publicidad lo acoge. Es seguro que el color de tinte que más se vende en el País es
el rubio y acá las mujeres no son rubias. Entonces, estos mensajes nos alienan o
tenemos parámetros de belleza que no corresponden a nuestra realidad, pero los
aceptamos. Además, algunos spots publicitarios son androcéntricos (comerciales
de cerveza), sexistas (productos de limpieza) o se centran en una determinada raza
(productos de belleza). Por ejemplo, si vendemos mototaxis no vamos a utilizar
modelos de ojos azules, porque ese no es el público consumidor.
Por otro lado, las marcas de algunas instituciones bancarias y bebidas gaseosas
tienen promociones en las que aparecen modelos con rasgos andinos. Lo que sucede
es que hay un problema de identidad que provoca una falta de unidad entre los
criterios y los mensajes que se emplean para elaborar los avisos publicitarios.
PREGUNTAS