Prólogo
Las sombras se alargaban sobre los campos de Eldoria cuando los tambores de la guerra
comenzaron a resonar en la lejanía. El mundo, antaño gobernado por la armonía de los
Seis Reinos, se encontraba al borde del caos. Rumores de criaturas antiguas despertando
de su letargo y de un poder oscuro resurgiendo en las tierras olvidadas inquietaban a
reyes y campesinos por igual. El equilibrio pendía de un frágil hilo y solo aquellos con
la valentía suficiente para desafiar la oscuridad podrían impedir la caída de todo lo que
alguna vez fue justo y noble.
En la taberna del Último Hogar, donde las historias de antaño se contaban al calor del
fuego y el aroma a hidromiel llenaba el aire, tres figuras se reunieron por designio del
destino. Thaerion, el mago elfo cuyos conocimientos arcanos desafiaban el tiempo
mismo; Vaeros, el bárbaro dracónido, cuya fuerza titánica y espíritu indomable lo
convertían en un titán de la batalla; y Rio’mil, el clérigo enano, cuya fe en los dioses y
habilidades curativas eran un faro de esperanza en la tormenta venidera. Junto a ellos,
cualquier valiente que decidiera unirse a su causa, pues la empresa que les aguardaba
requeriría más que solo fuerza y astucia.
Los pergaminos ancestrales hablaban de una reliquia perdida, un artefacto capaz de
restaurar el equilibrio entre la luz y la oscuridad. Pero para alcanzarla, debían enfrentar
horrores enterrados en lo más profundo de la tierra, sortear traiciones y descubrir
secretos que jamás deberían haber sido desvelados. La senda estaba cubierta de peligro,
pero también de gloria para quienes osaran recorrerla.
Así comenzaba la gran aventura, una epopeya donde el acero chocaría contra la magia,
donde la lealtad sería probada y el destino mismo de Eldoria pendería de sus elecciones.
Porque cuando la oscuridad se alza, solo los valientes responden al llamado.