Departamento de Filosofía
Síntesis Filosófica
Discurso persuasivo y propaganda política
en el espacio público
Alumno: Artemio Esquivel Venialgo
Profesor guía: Samuel Yáñez
Santiago de Chile, 25 de noviembre de 2015
Introducción
Siempre es curioso ver que la mayoría de las personas que se encuentran en una
determinada sociedad sean movidas hacia ciertos ideales que propone un grupo minoritario.
La clave de este movimiento masivo es el discurso. Este trabajo aborda este tema e incluye
sus diferentes tipos. El discurso es una herramienta fundamental para convocar y hacer
participar a las personas del entorno social. Ahora, este tema tiene una estrecha vinculación
con la política que se manifiesta en la esfera pública.
En la primera parte del desarrollo de este trabajo se habla del discurso persuasivo en
la política, dónde y cómo se manifiesta. Al comienzo no se desarrolla directamente el tema
propiamente tal, sino que se habla de los recursos que hacen que un discurso sea elaborado
y llegue a su destino. Por lo tanto, menciona quién hace el discurso, en esta parte se valora
la función del orador, quien transmite sus inquietudes a las masas. Así también se describe,
en este caso, el contexto donde se lleva a cabo este fenómeno. Además existe la audiencia
que recibe el mensaje del orador, la misma sería movilizada por el poder del discurso que
se emite.
Se describe también que el discurso se manifiesta de diferentes maneras con el
objetivo de conmover a los oyentes. De manera particular, aquí se pone énfasis en el
discurso persuasivo y en el discurso científico-epistémico, sus características y lo que
produce cada cual. El discurso persuasivo tiene una peculiar forma de mover a la masa, por
esta vía, el orador, que en este caso va a ser el político, más bien se enfoca más a la
sensibilidad emotiva de sus oyentes y desde esta postura lograría ganar la aceptación y el
apoyo de las mayorías. El discurso científico ofrece a los oyentes ciertas verdades que
convencen, los argumentos que se dan en este caso no necesitan ser sometidos a pruebas
para que resulten convincentes.
La segunda parte del desarrollo aborda la propaganda política en la esfera pública,
se interpreta a Hannah Arendt, una pensadora contemporánea, quien reflexiona acerca de
este tema, comenta críticamente la manera en que el totalitarismo utiliza la propaganda para
atrapar la conciencia o el convencimiento de los demás.
En este apartado se observa más cómo el gobierno nazi utiliza la propaganda con el
fin de mantenerse en el poder, pero también crea el miedo y el terror con su modo de
imponer su ideología, además se autodefine como el mejor partido y amenaza a los que
participan en otros grupos políticos, en este caso serían los opositores. Aquí también se
sostiene que la propaganda es una forma de persuadir a los demás.
Por último, se presenta la función de la política en un Estado o ciudad. Desde esta
noción se hace una mirada crítica a los dos puntos anteriores desarrollados, identificando de
esta manera aquellos factores que incumplen con el fin de la política. En este punto se
subraya además que la función principal de la política es buscar el bien común de los
ciudadanos. Sin embargo, la persuasión es muy común dentro del ámbito político, pero
cuando se envuelve con la demagogia empeoraría la situación, haciendo inestable la
situación política de una determinada ciudad, pues el demagogo busca su propio bien antes
que el de los demás, y si esto se da en algún lugar, la política se está tergiversando. Esta
última crítica también se da con relación a la propaganda que genera miedo y terror,
particularmente en el totalitarismo que ilustra la segunda parte del apartado.
I
Discurso persuasivo en la política
Se entiende que el discurso es un medio por el cual las personas comunican algo a
otros, este canal de comunicación puede manifestarse de distintas formas, es decir, podría
darse a través del lenguaje escrito, oral y gestual. Ahora bien, este fenómeno ha sido
observado desde la antigüedad hasta hoy desde diferentes perspectivas, y por ende, ha
sufrido críticas, apreciaciones, entre otros adjetivos calificativos. Esto se da justamente
porque su uso es muy común en cualquier parte, principalmente en los espacios públicos,
además es un medio considerado de mucha importancia por el hecho de que tiene un poder
de impulsar la decisión colectiva.
El tipo de discurso del que aquí se está dando imagen de manera implícita es el
persuasivo, y éste utilizado en los discursos políticos en el espacio público. En este
contexto, en el que se emite un discurso, se reúnen varios elementos que hacen posible que
aquel llegue a su fin, crear una predisposición del oyente y de esta manera proceder a
persuadir o convencerlo. En primer lugar, el discurso que se desarrolla en este trabajo es el
que se hace en el espacio público, puede acontecer en una plaza, incluso en las calles o en
otro sitio donde sea accesible a todas las personas que muestren interés en escucharlo. En
segundo, se considera al emisor, es decir, la persona encargada de dirigir las palabras a un
grupo pequeño o, más bien, a una multitud de personas; esta persona que se encarga de
emitir palabras a un grupo determinado normalmente prepara bien su disertación, de tal
manera que despierte interés en su público. Por último, se tiene en consideración
justamente a este grupo de personas que recibe el discurso del emisor, éstas son llamadas
oyentes o receptoras de las palabras dirigidas por el hablante.
En este caso, el emisor va a ser la persona que aspira a llegar a ocupar un cargo
político, el que quiere gobernar una ciudad o pueblo desde las instituciones públicas. Para
que esto se pueda dar, necesariamente tiene que hacer alguna propuesta o proyecto de
gobierno a la ciudadanía en general, y no lo puede hacer sino por medio del discurso, una
herramienta que se sirve tanto de los elementos cognoscitivos como de los canales
persuasivos. Por medio de éstos se va a manifestar de una u otra manera la intención de
persuadir o convencer al oyente para bien o para mal.
Para entender mejor el tema del discurso persuasivo hay que hablar aquí de la
retórica, uno de los temas que desarrollaron algunos de los filósofos antiguos, como los
sofistas, Platón y Aristóteles. Andrés Covarrubias rescata algunos pensamientos de esa
época que sostienen mejor el sentido de la retórica y subraya que a esta se le consideraba
“arma fundamental en los debates públicos y en las decisiones políticas que eran sometidas
al juicio de la asamblea”1. Es aquí donde ya se comienza a ver la participación de los
oyentes que tenían las suficientes facultades para aprobar o negar cualquier tipo de
propuestas que contiene el discurso político.
Además, hay que entender que el emisor para obtener la aprobación de la mayoría
se siente obligado a dirigir a sus oyentes palabras de contenido persuasivo. Es decir, el
discurso también es un medio que se sirve de la retórica, pues ésta proporciona a aquel las
técnicas para mantener “despierto” al público. La retórica2 para Aristóteles, según rescata
Luz G. Cárdenas, es la facultad de teorizar lo que es adecuado en cada caso para convencer.
Vale decir que es un medio que contiene las herramientas suficientes que sirven al
disertante para convencer a sus oyentes.
Una propuesta exige también una aprobación por parte de los que escuchan a los
grandes oradores, o en este caso, a los políticos. Por lo tanto, se comprende perfectamente
que cualquier decisión final depende de la aprobación de la mayoría, y desde el terreno
político esta mayoría son los ciudadanos que proceden a decidir cuál creen conveniente
para ellos. Desde esta perspectiva, Cárdenas sostiene que “con los discursos retóricos los
miembros de una comunidad pueden deliberar y tomar decisiones sobre si una determinada
acción realizada, o por realizar, o que se realiza, es justa, conveniente o digna de ser
elogiada”3. Esta afirmación supone que detrás de las decisiones tomadas por la comunidad
existe un discurso evaluado por ella. Esto hace entender que existe una acción común o
unánime frente a los planteamientos de cualquier orador.
1
Covarrubias Correa, Andrés. Introducción a la retórica clásica. Ediciones UC, 2003, p. 20.
2
Cárdenas, Luz Gloria. Aristóteles: Retórica, pasiones y persuasión. San Pablo, 2011, p. 15.
3
Ibid., p. 36.
Ahora bien, hay que tener en consideración lo que ya se mencionó al principio, que
hay diferentes tipos de discurso, teniendo en cuenta eso se puede ver cuál de ellos se da con
más frecuencia en el espacio público. Esta intención de querer identificar lo que más se
manifiesta a los oyentes no significa que se está dejando al margen otros tipos de discurso,
al contrario, tienen especial importancia para distinguir el uno del otro.
Son muchas las razones por las que una persona quiere ocupar un puesto político, se
puede mencionar algunas como la intención de ver progresar a su pueblo mediante las
distintas obras públicas que este sujeto podría ejecutar o, puede ocurrir lo contrario, detrás
de este deseo en muchas ocasiones existe como intención de fondo el interés por obtener
beneficios particulares entre otras cosas negativas. Pues bien, este afán de llegar al
mencionado cargo transforma a esta persona en un orador, desde esta postura se dispone a
seleccionar y preparar el tipo de discurso que quiere que llegue a sus oyentes.
Cabe considerar aquí el tipo de discurso de carácter persuasivo y epistémico. El
primero, por un lado, juega con las emociones de los oyentes, el emisor logra adecuar su
postura al de aquellos, esto es producto del contenido persuasivo, desde este punto de vista
no hay una verdad lógica, porque el orador utiliza los deseos, pasiones y emociones a su
favor solamente para encontrar técnicas convincentes, evadiendo de tal manera un trabajo
atento y racional de sus auditores. El segundo, sin embargo, apunta más a la verdad
científica, esta línea de discurso contiene un ideal unilateral de exactitud y precisión, propio
del contexto epistémico. Este último persigue la verdad lógica, la masa de personas observa
y evalúa el contenido del discurso desde el conocimiento.
Desde la línea persuasiva de un discurso, Covarrubias va a distinguir dos aspectos
importantes que van a permitir que los oyentes se mantengan en cierta actitud, en primer
lugar sitúa al entimema, que es el silogismo retórico. En segundo lugar, se aclara que el
entimema es modelado a partir del silogismo dialéctico. “El silogismo dialéctico se orienta
hacia un interlocutor atento y bien preparado, el silogismo retórico busca el asentimiento de
las mayorías”4. Se puede entender en este caso un razonamiento dialéctico que utiliza la
forma silogística, deduciendo sus conclusiones directamente de las premisas. Lo que aquí
aparece no significa que las premisas siempre sean verdaderas, sino que varias veces utiliza
4
Covarrubias Correa, Andrés. Introducción a la retórica clásica. Ediciones UC, 2003, p. 38.
las premisas probables, es decir, no son absolutamente ciertas, de ahí que su conclusión es
probable y no cierta, al igual que las premisas.
El silogismo retórico prácticamente mantiene el mismo procedimiento, la pequeña
diferencia es que éste se sostiene con más fuerza en el entimema que es el cuerpo de la
persuasión, como un silogismo construido a partir de probabilidades o signos, esto no
significa que le falta una de las premisas o conclusión, mucho menos incompleto o trunco,
según Covarrubias, esta última idea respecto al entimema es una concepción errónea y que
se entiende erróneamente, pues la mayoría de los libros de lógica así lo explican.
El entimema para este autor es más bien imperfecto, es decir, “considerar al
entimema como aquel silogismo que precisa de una o más cosas que son necesarias a partir
de los términos utilizados, pero que no se han asumido en virtud de las proposiciones” 5. El
orador, con la intención de persuadir, va a utilizar supuestos y creencias de sus oyentes,
convencer de la mejor manera posible y hacer que los auditores se sientan partícipes de lo
que él transmite, no dejar que aquellos caigan en el aburrimiento son algunas de las
finalidades principales del tiempo que dispone el orador. Ya se mencionó que la clave de
este discurso está en involucrar las emociones del público, pero también se sugiere no dar
cabida al aburrimiento, de esta forma no se permitiría la posibilidad del ataque de otro
orador que también desea persuadir sobre lo contrario.
Considerando desde estos argumentos a los auditores, se puede rescatar la función
que cumple la tragedia en la tarea de argumentar apuntando directamente a la parte más
frágil del hombre, al corazón. Esto no significa que se pierda la vinculación entre la faceta
intelectiva y la emotiva. Desde el punto de vista aristotélico, Covarrubias afirma que “es
importante recordar aquí que los auditores de un discurso retórico y los espectadores del
teatro poseen características semejantes” 6. Esta afirmación insinúa fuertemente que los
auditores se apropian de la figura del orador, dicho de otra manera, se dejan afectar por él y
por ende, se identifican con el contenido del discurso y hacia ello se dejan conducir.
El contenido de este caso parece verdadero ante cualquier espectador, sin embargo,
no siempre lo es, porque la mayoría de lo que se transmite está impregnado del sentido
5
Covarrubias Correa, Andrés. Introducción a la retórica clásica. Ediciones UC, 2003, p. 40.
6
Ibid., p. 41.
“psicológico” al cual el oyente es más vulnerable y no se percata que hay algo implícito
detrás del mensaje que está recibiendo. Lo manifestado en esta parte es justamente la
intención principal para convencer a las mayorías; hasta este momento se puede entender
que no solamente es necesario hablar a la razón desde las perspectivas mencionadas, sino
que también es sumamente importante la integración del mundo de las pasiones.
Es aquí donde el entimema cumple un papel muy importante, pues es la forma
deductiva que mejor puede permitir esta compleja integración entre razones y pasiones,
para que esto se produzca surge la necesidad que el entimema se sitúe en el horizonte
poético como requisito para generar tal vinculación. Todo este proceso significa una
modificación con relación a la estructura silogística del argumento, puesto que las
mayorías, normalmente, no tienen en consideración la corrección lógica de los argumentos,
a no ser que el orador emita un error que sea imposible no identificarlo, sino sobre el grado
de adhesión que se puede alcanzar. Hay que decir que el silogismo retórico tiene estructuras
muy similares a las del silogismo dialéctico, pero con propiedades eminentemente
persuasivas, según lo ya mencionado.
Por otro lado, se puede señalar también el discurso o argumento científico según
rescata Cárdenas desde el pensamiento de Aristóteles, “los razonamientos científicos parten
de premisas inmediatas que son verdaderas por sí mismas y no requieren demostración, o
que han sido demostradas”7. Aquí ya se puede distinguir qué es lo que caracteriza a un
discurso persuasivo y al discurso científico-racional. El primero se puede ubicar en el
ámbito de las pasiones y emociones del hombre, quien es persuadido porque aquellas
facultades son afectadas por el discurso del orador.
Así también, con respecto a la actitud del oyente frente al orador, se da el caso para
influir las creencias, las opiniones o la conducta de los oyentes. El discurso científico se
enfoca más a la verdad de los hechos, parte además de los argumentos verdaderos que no
necesitan ser sometidos a prueba. Cuando el discurso persuasivo llama la atención de sus
oyentes desde las pasiones, el discurso científico convence a sus auditores con argumentos
que se sustentan en la verdad.
7
Cárdenas, Luz Gloria. Aristóteles: Retórica, pasiones y persuasión. San Pablo, 2011, p. 54.
Retomando el tema de la política y la persuasión que se vincula estrechamente con
ella en el momento de presentar su discurso en el espacio público, hay que observar cómo
se comporta un orador político frente a su público. Normalmente son muchas las personas
que pugnan por su candidatura, es decir, se habla aquí de aquellas que quieren gobernar un
Estado. Sin lugar a dudas, entre los mismos candidatos hay una competencia muy
importante por ganar la confianza de la ciudadanía, a la cual más arriba ya se le atribuía
distintos nombres como público, oyentes, auditores, etc.
Dada esta situación, el orador político por temor a que sus oponentes le ganen en
atraer la atención de las mayorías, se ingenia para conseguir la técnica de persuadir al
público, hasta se podría decir que este sujeto sería capaz de buscar la manera de conquistar
a la gente. Si en caso de que haya una persona que aspire llegar a ocupar cargo político,
pero se sienta atacado o que oponentes tengan ventajas sobre él, esto hace que este orador
dude ganar la atención y confianza de las mayorías, posiblemente va a buscar estrategias
como para lograr persuadir a la masa.
Si se observa este caso desde el punto más negativo que positivo, uno puede centrar
su mirada en la demagogia. Este tema aborda de manera detallada Emilio Temprano y
afirma que la demagogia “en el lenguaje corriente se define como la técnica de arrastrar al
pueblo, dando satisfacción a sus intereses inmediatos sin atender al bien común” 8. Además,
a los demagogos, sean cuales sean sus tendencias, se les considera una desgracia para su
país. Sus brillantes discursos y maniobras han atrapado la atención de cuantos los escuchan.
Esta forma peculiar de ganar el asentimiento del público, sin dar una respuesta positiva a
las inquietudes de aquellos, es un hecho que se repite desde la antigüedad hasta la
actualidad. Hay que resaltar algo que está oculto bajo un discurso envuelto en engaños y
disfrazado de verdad, es la actitud imperante del demagogo, es decir, los grandes ideales y
las propuestas de instaurar un bien común para todos no son más que órdenes a las que los
oyentes responden.
Desde esta perspectiva se entiende que cuando el público se deja atrapar por las
apariencias del orador se complican las cosas, porque cuando esto ocurre las mayorías se
exponen a algo incierto, serían manipuladas una vez que este orador gane el lugar donde
8
Temprano, Emilio. Contra la demagogia. Editorial Tecnos, S. A., 1998, p. 23.
llega mediante sus engaños. En la política esto ocurre frecuentemente gracias a la
predisposición de la ciudadanía, pues ésta se deja adular por el demagogo.
Los representantes antiguos como Platón y Aristóteles, según Temprano,
“consideran que cuando una democracia entra en crisis, surge un extraño florecimiento de
demagogos por doquier que halagan a las masas con intenciones interesadas” 9. Esta
afirmación es más fuerte, porque el demagogo se lanza sobre la vulnerabilidad de sus
oyentes, es así que va a conseguir el apoyo de ellos. En el silogismo retórico aparecía un
discurso que impacta las emociones y pasiones de la audiencia; en este contexto de la
demagogia, en cambio, hay un juego con la necesidad de los oyentes o ciudadanos, es decir,
el demagogo puede prometer aquellas cosas de las que carecen sus interlocutores más
inmediatos.
II
Propaganda política en la esfera pública
Ya se han mencionado en otro momento algunos aspectos de la política y las
distintas estrategias que participan en ella. Además ya está claro que existen personas tanto
emisoras como receptoras que generan invitación y respuesta respectivamente. Pues bien,
aquí se sigue con los mismos recursos, con un desarrollo muy similar respecto a los
contextos anteriores. Lo que aquí aparece es una época mucho más reciente, la que ayudará
también a reinterpretar historias anteriores y construir una crítica desde la vivencia política
de la época contemporánea.
La política genera un protagonismo en las personas de manera impresionante
cuando ésta se sitúa dentro del ámbito público. Además, se manifiesta de diferentes
maneras con el fin de involucrar a cuantos se interesen en ella, pero este vínculo, en la
mayoría de las veces, parece que no se produce si no hay algo que motiva. Es aquí donde se
manifiesta la propaganda en sus innumerables formas, y en este caso nuevamente las masas
9
Temprano, Emilio. Contra la demagogia. Editorial Tecnos, S. A., 1998, p. 24.
son cautivadas por ella. Hay que entender que la propaganda en esta situación es la mejor
aliada de la política.
Aquí la propaganda parece que se aproxima al tema de la demagogia que ya se ha
desarrollado recientemente. Sin embargo, la reflexión de Hannah Arendt acerca de la
propaganda apunta a más de una finalidad, esto es crear terror en los oyentes para que se
adhieran al partido o a la ideología política que convoca gente, esta interpretación se da
desde el contexto del totalitarismo, este movimiento es la forma novedosa de dominación.
Es impresionante la forma como se describe aquí el actuar de un líder frente a la masa de
personas.
Por otra parte, la propaganda también puede generar una guerra psicológica, es
decir, invita también a la gente a involucrarse con ella por medio de sus buenas propuestas.
Obviamente en esta parte esta filósofa está rescatando y también critica duramente a los
diferentes movimientos políticos que marcaron la historia europea, y por los cuales ella
misma fue expulsada de su país. En estas líneas hay que marcar que no solo la propaganda
política, sino también toda la moderna publicidad de masas contiene un elemento que se
traduce finalmente en el terror, de por medio aparecen también las amenazas en caso de que
una persona o grupo no obedezca a ciertas ideologías.
La propaganda y el terror al mismo tiempo están sujetos en una forma de gobierno,
Arendt afirma acerca de esto: “la propaganda, en otras palabras, es un instrumento del
totalitarismo, y posiblemente el más importante, en sus relaciones con el mundo no
totalitario; el terror, al contrario, constituye la verdadera esencia de su forma de
gobierno”10. Se explica desde este punto de vista que el terror, como contrapartida a la
propaganda, ha tenido un papel más grande bajo el nazismo que bajo el comunismo. Esto
da a entender que había una acción amenazadora hacia cualquier equipo opositor de lo que
se habla en este punto, el nazismo. A modo de ir ganando fuerza verbal, han derramado
sangre de cualquier miembro influyente de partidos opositores. De esta forma introducían
miedo a la población, se puede decir que este modo de actuar es también un modo de
advertir y de hacer entender a todos que se exponen a un gran peligro por el solo hecho de
afiliarse a otros partidos.
10
Arendt, Hannah. Los orígenes del totalitarismo. Alianza. Madrid, 2006, p. 478.
Según el registro de los acontecimientos con relación a la situación dada, este tipo
de terror masivo no era tan grande, todavía operaba en una escala relativamente pequeña.
Sin embargo, los miembros que pertenecían al grupo nazi no fueron perseguidos seriamente
ni por la policía ni por los tribunales, factores que permitieron que esto fuera en aumento.
Los que protagonizan esta violencia e introducen miedo en la conciencia de la gente,
Arendt los llama “delincuentes políticos de la llamada derecha”. Se advierte también a la
masa que formar parte de una organización paramilitar resultaba más seguro que un
republicano real, hasta se podría decir que esta invitación surge desde el corazón de la
persuasión que ya describían los antiguos, y por lo tanto, este caso no se convierte más que
en una propaganda política.
Sin duda alguna, el discurso, en el seno de la propaganda política contemporánea, ha
cobrado una fuerza enorme en el momento de lanzar propuestas de contenido persuasivo.
Arendt también resalta en este punto el carácter científico de la propaganda, “el fuerte
énfasis de la propaganda totalitaria en la naturaleza científica de sus afirmaciones ha sido
comparado con ciertas técnicas publicitarias que también se dirigen a las masas” 11. Es
interesante en esta parte cómo la publicidad presentada por los medios de comunicación va
negociando con la atención de la gente. En este caso la verdad del discurso científico es
utilizada también como forma de persuadir a los demás.
También se implanta la violencia cuando se manifiestan las exageraciones
imaginativas de los publicitarios, por ejemplo, si afirman que si las muchachas no utilizan
una marca específica de jabón puede ser infeliz durante toda su vida, y que no conseguiría
marido. Pero puede ser también que haya una falsa propaganda difundida con la intención
de que estas muchachas simplemente dejen de utilizar su propio producto.
Sin embargo, llama poderosamente la atención la presencia del cientificismo dentro
del totalitarismo, porque el fin del cientificismo con relación a la política es conservar el
bien común de las personas de una ciudad. El bien común resulta ser un concepto muy
extraño en el grupo político mencionado.
11
Arendt, Hannah. Los orígenes del totalitarismo. Alianza. Madrid, 2006, p. 479.
Estos ejemplos de publicidad comercial y propaganda comercial a simple vista
demuestran que la ciencia es sinónimo de poder. El inmenso deseo de los totalitarios por las
pruebas de carácter científico va a terminar una vez que ellos lleguen al poder. Aquí ocurre
algo muy similar con lo que ocurría con los demagogos, ellos prometían algunas cosas,
pero una vez que llegan al poder se olvidan que asumieron compromisos con su pueblo.
Dicho de otro modo, aquí lo que se encuentra es una búsqueda de estrategias que sirve para
engañar a las mayorías. Estas actitudes llamativas por parte de los oradores políticos siguen
latentes hasta la actualidad, hasta que esto desemboca en un círculo vicioso que parece
irreparable. Hasta hace poco, prácticamente en toda América Latina, imperaban los
gobiernos dictatoriales, que sometían a su pueblo en la amenaza del castigo o incluso de la
muerte si no se cumplía lo que ellos pedían que se cumpliera.
Con el transcurrir del tiempo hay cosas que permanecen y otras cosas que sufren
pequeños cambios. En el día de hoy la forma de hacer propaganda política en la esfera
pública puede consistir en fanatizar a la ciudadanía hacia cierto partido político no
utilizando la violencia, pero puede existir una amenaza que no sea muy directa, el caso se
podría dar cuando el líder del grupo político advierte que si no se sigue a ese partido las
cosas irían de mal en peor y que las consecuencias las sufrirían los ciudadanos. Es decir,
aquí no solamente hay amenaza de caer en un abismo de sufrimiento en caso de que se
rechazara seguir a este tipo de partido, sino también se introduce una pequeña dosis de
miedo en la conciencia colectiva, es evidente que el fin principal en este caso es ganar el
apoyo de cuantos confían en las palabras de este tipo de líder político.
Aquí se puede mencionar lo que Arendt rescataba del grupo nazi cuando éste
invitaba al pueblo a someterse a aquellas doctrinas imperantes que ellos enseñan, para ello
hasta utilizan lenguaje religioso para que el llamado a participar en su forma de gobierno
que ellos proponen sea más convincente, aparece pues aquí uno de los discursos de
contenido doctrinario y que expresa lo que sigue: “cuanto más cuidadosamente
reconocemos y observamos las leyes de la naturaleza y de la vida..., tanto más nos
ajustamos a la voluntad del Todopoderoso. Cuanto mejor sea nuestra percepción de la
voluntad del Todopoderoso, mayores serán nuestros éxitos” 12. Esta expresión va a sufrir
12
Arendt, Hannah. Los orígenes del totalitarismo. Alianza. Madrid, 2006, p. 480.
duras críticas desde el punto de vista de la autora, es más, traduce este discurso adaptando
algunos términos a los intereses del movimiento en cuestión. Lo que ella hace es dar una
vuelta interpretativa a este citado discurso. Asegura que lo que se transmitía mediante
aquello, significaba otra cosa; y vale la pena citar su modo de interpretar el mencionado
discurso, afirma que el mensaje de fondo era “cuanto más cuidadosamente reconocemos y
observamos las leyes de la historia y de la lucha de clases, tanto más nos ajustamos al
materialismo dialéctico. Cuanto mejor sea nuestra percepción del materialismo dialéctico,
mayores serán nuestros éxitos”13.
Pues bien, va surgiendo de esta manera de interpretar cómo ciertos grupos como el
nazi buscan, bajo un doble discurso, ganar la confianza de los demás para después
integrarlos donde ellos se sitúan. Evidentemente hay una manifestación clara de la
persuasión, buscan el interés de sus interlocutores y desde ahí elaboran sus discursos con
toda la intención de tocar la sensibilidad de aquellos. Haciendo una comparación entre la
función de los demagogos y los líderes de los movimientos que se desarrollan en este
apartado, salta a la vista que prácticamente todos giran en torno a un mismo círculo.
Ya se ha mencionado también el papel que cumplen los medios de comunicación
social para los fines propagandísticos, como que en la esfera pública se presentan varios
postulantes políticos que quieren llegar al poder, utilizan los recursos que están a su alcance
para llegar a la masa, no cabe duda que entre los mismos candidatos existe una competencia
que también desemboca en la crítica de uno hacia el otro.
En los últimos tiempos de esta época, la democracia se ha instaurado fuertemente en
cada pueblo, donde los ciudadanos son los que tienen la voz, pero esto no significa que no
sigan ocurriendo casos similares a los que ya se ha mencionado más arriba. El fanatismo
hacia ciertos colores políticos también es una forma de propaganda, que permanece en
grupos tradicionales “no hace perder la costumbre del pueblo” es una forma de imponer
ideologías que tal vez quieren seguir ganando terreno para sus fines particulares. Todo esto
gira en torno a la propaganda política que se instala fuertemente en la esfera pública.
13
Arendt, Hannah. Los orígenes del totalitarismo. Alianza. Madrid, 2006, p. 480.
III
La política y su fin
El nombre de la política se ha utilizado por muchos, pero tal vez en diversos casos
no se le ha dado comportamiento tal como ella se autodefine. En el libro de Política14
Aristóteles desarrolla de manera muy amplia este mismo tema, por ello, para establecer
aquí la relación entre los puntos ya desarrollados, se aborda lo más necesario como la
finalidad que tiene la política, la convivencia de los ciudadanos, cuál es la función que debe
cumplir un gobernante, como así también su influencia en un contexto social e
institucional. Y así este autor proporciona los elementos fundamentales que participan en
este ámbito político.
Muchos filósofos, desde la antigüedad hasta la época actual han reflexionado al
respecto, todos han criticado la manera en que el hombre se involucra con esta ciencia cuya
función es velar celosamente por el bien común del pueblo. Aristóteles, como representante
de la época antigua le dio una interpretación que gira en torno al bien, en su escrito
menciona el Estado que para él tiene como base a la familia, la cual cubre las necesidades
cotidianas de sus miembros, es decir, Aristóteles comprende que dentro de este contexto se
da una ayuda mutua. Así también cuando se reúnen varias familias para abastecer al grupo
constituye una aldea, y cuando esta aldea se agranda y forma una comunidad se transforma
en Ciudad-Estado, para Aristóteles esto es lo que tiene como fin: lograr el bien más alto del
hombre, se contempla en esta parte su desarrollo moral y su educación.
El antiguo filósofo habla de aquellos que tienen el derecho de participar en el
gobierno, aparece aquí una referencia privilegiada para los sujetos que integran una
determinada comunidad. Sostiene Aristóteles que “un ciudadano sin más por ningún otro
rasgo se define mejor que por participar en las funciones judiciales y en el gobierno” 15. A
partir de esta afirmación queda claro que la participación de los ciudadanos en lo que tenga
que ver con el gobierno u otros organismos del Estado es fundamental para establecer una
suerte de vínculo, y de ahí buscar el acuerdo común desde ambos lados.
14
Aristóteles. Política, Gredos. Madrid, 1988.
15
Política, 1275a 6.
Además, en Aristóteles aparece el tema de la familia que es algo constitutivo de la
comunidad. Este pensador antiguo desarrolla el tema justamente con la intención de hacer
entender cómo el gobernante, representante del Estado, se relaciona con los ciudadanos y
viceversa. A pesar de los conflictos que se pueda efectuar en tal contexto, lo más
importante es la convivencia que gira en torno al bien que se busca para todos.
Pero también a lo largo de la historia se han registrado diferentes sucesos políticos
que han marcado de una manera diferente esta relación entre el gobierno y los ciudadanos.
Mirando los puntos anteriores se puede apreciar que en nombre de la política han surgido
diferentes grupos que dieron, tal vez, una mala imagen a esta, por poner un ejemplo, se
puede señalar el totalitarismo que se vincula muy cercanamente con la propaganda, es a la
que se refería la segunda parte de este trabajo, se puede abordar una discusión entre lo que
planteaba Arendt (propaganda) por un lado, y por otro, (política y persuasión) Aristóteles.
El totalitarismo en su forma de enfrentar la situación política en su contexto social
se disocia visiblemente respecto a la política que plantea Aristóteles. Pues, para entender
esto, se rescata la crítica de Arendt que es justamente la manipulación que sufren las masas
bajo las amenazas entre otros puntos que impone el totalitarismo. Aristóteles, por su parte,
reconoce que hay conflictos en la política que él desarrolla, habla incluso de la guerra que
puede generarse entre los ciudadanos. La función de la política y de las instituciones que se
involucran con ella se lograría al mantener el orden público.
No solamente se puede considerar en esta parte el problema del totalitarismo, sino
también el tema que se dio en la primera parte de este trabajo, ahí se ha desarrollado el
tema de la persuasión política. Aparecen también los demagogos que, lejos de cumplir con
sus promesas, conquistan a sus oyentes gracias a sus bellos discursos. De estos puntos se
pueden desprender diferentes consecuencias, por ejemplo, de luchar con los ciudadanos
para preservar la paz y cultivar el bien común del pueblo, pero también puede existir, según
se explicó, otra intención: ganar la confianza de los demás para robar el apoyo de ellos y así
llegar al poder solamente para satisfacer las necesidades particulares, de esta manera el
peso de la consecuencia negativa lo cargarían los interlocutores, que son los ciudadanos.
Un pensador contemporáneo como Leo Strauss, tal vez estaría asumiendo una
actitud crítica con relación a la última afirmación al decir que “toda acción política, pues,
está dirigida por nuestro pensamiento sobre lo mejor y lo peor” 16. Esto ya parece más serio
porque menciona el tema del pensamiento que remite al campo más epistémico, esto es, una
evaluación más ambiciosa de la situación política. Ya se ha mencionado en algunos
momentos que el hombre con su afán de gobernar cierto Estado puede caer en la tentación
de luchar por su propio bienestar sin pensar en el de los demás. Pero puede haber también
otra persona que tenga las buenas intenciones de gobernar, caracterizándose de esta forma
por la honestidad y una proyección hacia el bien de los ciudadanos.
Claramente la propaganda totalitaria envuelta en la ideología nazi dirigida por su
principal representante, Adolf Hitler, y la demagogia, donde el hombre ingenioso gana
protagonismo, no contribuyen con los fines que persigue la política, y ya se ha explicado
cuál es la función principal de ésta. Entonces, al entender la propaganda totalitaria en su
interés de atemorizar a la gente, por un lado, y la demagogia que se encarga de
proporcionar a algunos oradores elementos que les permiten engañar a sus audiencias
solamente para conseguir beneficios a sus propios favores.
Según Covarrubias, “Aristóteles critica la democracia extrema de su tiempo, que
asume a sus ojos las características de una tiranía, y culpa a los demagogos de haberla
conducido hasta esa situación”17. Tal vez esto es lo que ocurre en la mayoría de los casos.
De pronto un gobernante puede afirmar que su forma de gobernar está involucrada con la
democracia, es decir, donde los ciudadanos tienen derecho a participar, pueden decidir qué
es lo más conveniente para el pueblo y para ellos mismos. Pero aparecen factores que
direccionan hacia otro lado lo que aquí se busca. Eso era lo que criticaba Aristóteles, un
gobierno que se viste de democracia pero en el fondo hay otro tipo de liderazgo que no
favorece a los ciudadanos. Se comprende también que cuando más se corrompe una
comunidad política, surgen más posibilidades de que el orador manipule ciertas
atribuciones que se refieren a la política. De ahí que Aristóteles va a considerar a la
demagogia una forma persuasiva venenosa.
16
Strauss, Leo. “¿Qué es filosofía política?”, Guadarrama. Madrid, 1970. P. 11.
17
Covarrubias Correa, Andrés. Introducción a la retórica clásica. Ediciones UC, 2003, p. 86.
Ahora bien, ante el discurso del orador bien se sabe que hay una audiencia atenta a
discutir o evaluar el contenido de aquello. Ya se ha dicho también que los ciudadanos se
quedan con lo conveniente teniendo en cuenta lo que acontece en la institución política de
un gobierno. Todo esto ocurre desde la línea persuasiva y aquí se reconoce la capacidad del
hombre respecto a la de los animales, “Aristóteles afirma que el hombre es el único animal
que tiene palabra, la que manifiesta lo conveniente y lo perjudicial, lo justo y lo injusto. Así
pues, a diferencia de los demás animales, el hombre posee el sentido del bien y del mal” 18.
Los hombres ambiciosos, aquellos que gobiernan con violencia sin importarles las
consecuencias, evidentemente desde el punto de vista aristotélico no colaboran con el bien
sino con el mal. A esto se suma también el fanatismo que por temor a perder su
popularidad, genera terror y pánico en la ciudadanía, una forma de mantenerse al frente del
poder. Con este método tal vez se sienten respetados. Sin embargo, estas últimas
afirmaciones están lejos de lo que defiende Aristóteles, pues él se inclina fuertemente a la
búsqueda de la felicidad que no se encuentra sino por el camino de bien. En una sociedad
donde puede reinar la competitividad entre los mismos ciudadanos se establecen algunas
normas de convivencia para evitar el desorden. No se buscará favorecer de manera
exagerada a ciertos grupos, pero tampoco existe la intención de abandonar completamente a
otros. Por ello, la función de la política es atender cómo conviven los ciudadanos, lo ideal
es que todo tienda hacia el bien común.
Una política saludable se sustenta en un diálogo entre el orador y el interlocutor,
sobre todo cuando nadie sale perjudicado ni menos favorecido injustamente. Aquí las
decisiones se hacen si la mayoría está de acuerdo. Parece que la buena predisposición tanto
del orador como los oyentes son los que ayudan de manera significativa para concretar el
fin principal de toda función política. “Si el orador se acompaña de una buena intención y
elección, lo cual no cae bajo el campo del cuidado técnico de la retórica ni el orador en
cuanto orador, este puede conducir las deliberaciones hacia un fin saludable” 19. Esta
afirmación es lo que sostiene a los ciudadanos en camino al establecimiento de una opinión
verdadera.
18
Covarrubias Correa, Andrés. Introducción a la retórica clásica. Ediciones UC, 2003, p. 83.
19
Ibid., p. 87.
Conclusión
El trabajo ha recogido algunos temas que son muy comunes dentro de la política
como el discurso persuasivo. A lo largo del desarrollo se han planteado algunos problemas
que afectan negativamente a la política, se ha mencionado la sensibilidad de la gente frente
a los discursos que prometen un cambio radical en la ciudadanía en general, pero esto no es
más que una estrategia que hacen los oradores para ganar público. Otro de los problemas
que se desarrolló fue el avance de la propaganda totalitaria que arrasó con toda su fuerza
aterradora.
Lo más desafiante que se ha podido apreciar en este trabajo fue justamente el tema
de la propaganda totalitaria. Es necesario aclarar aquí que, si bien es cierto lo que se
describió al respecto, su objetivo no es solo la persuasión, sino aparece algo más importante
para este grupo: la organización, por este medio van a tener la acumulación de poder sin la
posesión de los medios de violencia. Todo lo que se hace aquí gira en torno a la
“hipocresía” de los principales representantes de este movimiento. Eso fue lo que Arendt
criticó duramente, sosteniendo que este movimiento es tan “aterradoramente nuevo”.
La postura de Aristóteles desde la definición de la política acomoda mejor la
situación, porque desde su perspectiva se ha podido refutar la forma de gobierno que
atentaba contra la democracia de la polis. Este filósofo antiguo ha presentado argumentos
que sustentan la buena convivencia dentro de un Estado o ciudad. Además se pone especial
atención a la participación de los ciudadanos, haciendo entender de esta manera que la
política propone un espacio de escucha, de discusión y decisión, por eso se hablaba de que
los ciudadanos deliberaban frente a cualquier orador político.
Las situaciones dadas también se pueden contextualizar y relacionar a la época
actual y apreciar cómo se vive la política en los espacios públicos. Mirando el contexto
antiguo y comprendiendo cómo se daba en ese entonces los comportamientos de la política,
parece que entre el mundo que no hay mucha diferencia con relación a lo que situación que
se daba en aquel lejano tiempo.
Indudablemente, Aristóteles presentaba algunas críticas para dar solución a los
problemas que se registraban en la ciudad en donde él vivía, lo que quiere decir es que
porque se daba esa situación conflictiva describía a la política como forma buscar lo bueno
para los habitantes de la ciudad. Hoy también se da tanto persuasión demagógica como la
propaganda política en sus variadas formas, tal vez en el contexto actual se presente con
una máscara democrática, pero con su auténtico contenido engañador.
Para hacerse más claro, Aristóteles hablaba en su libro Política sobre la familia,
donde el hijo podía obedecer al padre. Y el padre también ordenaba a los hijos, estos por
tanto cumplían con lo que escuchaban. Esta conformación familiar que expone este filósofo
no es más que para hacer entender que en un Estado-ciudad igualmente es necesario que
haya alguien que dirija de manera pacífica a los ciudadanos. Sin dudas, se ha señalado una
política que busca generar respeto entre todos.
Bibliografía
Arendt, Hannah. Los orígenes del totalitarismo. Alianza. Madrid, 2006.
Aristóteles. Política, Gredos. Madrid, 1988.
Cárdenas, Luz Gloria. Aristóteles: Retórica, pasiones y persuasión. San Pablo, 2011.
Covarrubias Correa, Andrés. Introducción a la retórica clásica. Ediciones UC, 2003.
Strauss, Leo. “¿Qué es filosofía política?”, Guadarrama. Madrid, 1970.
Temprano, Emilio. Contra la demagogia. Editorial Tecnos, S. A., 1998.
Índice
Introducción 1
Discurso persuasivo en la política 3
Propaganda política en la esfera pública 9
La política y su fin 14
Conclusión 18
Bibliografía 20