La anemia es una enfermedad sanguínea en la que, debido a una escasez patológica de glóbulos rojos
sanos, la sangre no está transportando el suficiente oxígeno al resto del organismo como para cubrir las
demandas de las células del cuerpo. Se trata de una patología que, dependiendo del paciente, puede oscilar
entre leve y grave.
La sangre es, pese a tratarse de un líquido, un tejido más de nuestro cuerpo. Un tejido esencial para la vida
ya que permite la distribución de oxígeno, nutrientes y sustancias de desecho por el organismo y la
actuación de las células del sistema inmunitario. La sangre es el medio líquido que nos hace estar vivos.
Y de los muchos componentes que contiene esta sangre, los glóbulos rojos son, sin duda, uno de los más
importantes. Representando el 99% de las células sanguíneas, estos eritrocitos son transportadores de la
hemoglobina, una proteína que, enganchada a estas células, tiene afinidad por el oxígeno. Es por este
motivo que los glóbulos rojos transportan el oxígeno por el cuerpo.
Los glóbulos rojos son las únicas células del organismo capaces de hacer llegar el oxígeno hasta el último
rincón del cuerpo y de recoger las sustancias de desecho en forma de dióxido de carbono para su
eliminación. Ni qué decir tiene, pues, que trastornos en su funcionalidad pueden derivar en graves
problemas de salud. El plasma sanguíneo es la parte líquida, correspondiente al 55% del volumen total de la
sangre. El plasma es básicamente agua (92%), con algunos nutrientes diluidos, como proteínas, anticuerpos,
enzimas, glucosa, sales minerales, hormonas, etc.
Composición de la sangre después de la centrifugación
Composición de la sangre después de la centrifugación
El otro 45% de la sangre son compuestos por células: hematíes, leucocitos y plaquetas. De estas células,
99% son hematíes.
La anemia surge cuando el porcentaje de hematíes en la sangre queda reducido, dejándolo más diluido (las
causas serán explicadas más adelante).
El diagnóstico de la anemia se hace básicamente por la medición de los hematíes en la sangre, realizada a
través de un examen de sangre llamado hemograma. En la práctica, la medición de los hematíes se hace a
través de los valores del hematocrito y de la hemoglobina.
Para entender cómo se diagnostica una anemia es necesario estar familiarizado con los términos
hematocrito y hemoglobina. Vamos a verlos a continuación.
¿QUÉ ES EL HEMATOCRITO Y LA HEMOGLOBINA?
Hematocrito
El hematocrito es el porcentaje de la sangre que es ocupado por los hematíes (glóbulos rojos). El
hematocrito normal queda alrededor del 40% a 45%, indicando que el 40% a 45% de la sangre son
compuestos por hematíes.
Los hematíes son producidos en la médula ósea y tienen una vida de apenas 120 días. Los glóbulos rojos
viejos son destruidos por el bazo (órgano situado a la izquierda en nuestra cavidad abdominal).
Eso significa que después de cuatro meses nuestros hematíes fueron todos renovados. La producción y la
destrucción de los hematíes son constantes, de tal manera que se mantiene siempre un número estable de
hematíes circulantes en la sangre.
Hemoglobina
La hemoglobina es una molécula portadora de hierro que se encuentra dentro del hematíe. La hemoglobina
es el componente más importante del glóbulo rojo por ser la responsable por el transporte de oxígeno por
la sangre.
El hierro es un elemento esencial de la hemoglobina. Las personas con carencia de hierro no logran producir
hemoglobinas, que son necesarias para la producción de los hematíes. Por lo tanto, una disminución de las
hemoglobinas obligatoriamente lleva a una disminución de los hematíes, es decir, a la anemia.
En la práctica, la medición de hemoglobina acaba siendo la más precisa en la evaluación de una anemia, ya
que el hematocrito puede ser influido por una sangre más o menos diluida.
DIAGNÓSTICO
El diagnóstico de la anemia se hace cuando los valores de la hemoglobina y del hematocrito están por
debajo del valor de referencia:
Hematocrito normal: 42%-54% en los hombres o 35%-47% en las mujeres.
Hemoglobina normal: 13-17 g/dL en los hombres o 12-16 g/dL en las mujeres.
Es importante destacar que los valores de referencia pueden variar de un laboratorio a otro, y resultados un
poco debajo de lo normal deben ser interpretados por su médico, ya que no necesariamente indican
enfermedad.
Las mujeres con gran flujo menstrual pueden tener valores menores que estos, sin causar daño alguno a la
salud. Una ligera caída en el hematocrito en mujeres puede no ser clínicamente relevante.
Y es aquí cuando debemos introducir la anemia, una enfermedad sanguínea que surge cuando una persona
tiene una cantidad insuficiente de glóbulos rojos sanos como para permitir una correcta oxigenación del
cuerpo. Hay muchos desencadenantes distintos detrás de esta patología. Y es precisamente en función de
ello que podemos describir, como haremos en el artículo de hoy, los diferentes tipos de anemia.
Como veremos después, existen muchas formas distintas de anemia, cada una de ellas con una causa muy
concreta. Es decir, hay muchos desencadenantes que pueden derivar en esta baja cantidad de eritrocitos o
glóbulos rojos, los cuales, como hemos visto, son las células sanguíneas que, uniéndose a la hemoglobina,
transportan el oxígeno y el dióxido de carbono a través del cuerpo.
Sea como sea y teniendo en cuenta tanto que la anemia puede ser temporal, prolongada o crónica como
que los signos clínicos dependen de la forma exacta de anemia ante la que nos encontremos, la
sintomatología de esta enfermedad surge como consecuencia de la falta de oxigenación del organismo.
Y aunque hay casos donde apenas hay síntomas, los más comunes son la debilidad, la palidez, la fatiga, las
dificultades respiratorias, la irregularidad en el ritmo cardíaco, tener las manos y pies fríos, dolor en el
pecho, mareos, sensación de aturdimiento, dolor de cabeza… Con el tiempo y sin tratamiento, en caso de
que sea un caso grave, la anemia puede derivar en complicaciones serias.
Si no se trata, la anemia, pese a que al principio puede no dar demasiadas señales, puede derivar en fatiga
intensa que impide realizar las actividades diarias normales, complicaciones en el embarazo, problemas
cardíacos (incluida insuficiencia cardiaca) e incluso, especialmente en las formas hereditarias de la
enfermedad, la muerte.
Es por este motivo y al descubrir que 1 de cada 3 mujeres del mundo sufre anemia (aunque la mayoría sean
casos leves de la patología) que conocer sus principales formas y entender cuáles son las más graves se hace
esencial. Y esto es lo que, de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, haremos en el
artículo de hoy.
1. Anemia ferropénica
La anemia ferropénica es aquella en la que la anemia aparece porque el cuerpo no tiene la suficiente
cantidad de hierro, un mineral esencial para la producción de la hemoglobina, la proteína que, como hemos
dicho, es la encargada del transporte de oxígeno. Esta deficiencia de hierro es lo que provoca que no
dispongamos de glóbulos rojos sanos.
Al no tratarse de una forma de origen genético, sí que es posible curarla. En caso de que la deficiencia se
deba a una dieta pobre en hierro, habría que incrementar el consumo de alimentos ricos en este mineral (la
cantidad diaria recomendada oscila entre los 8-18 mg/día, dependiendo de edad y sexo), pero si se debe a
problemas a la hora de absorberlo, quizás haya que recurrir a suplementos.
2. Anemia perniciosa
La anemia perniciosa es aquella en la que la anemia aparece por una deficiencia de vitamina B12, con unos
valores por debajo de los 200 pg/ml de sangre. Es una vitamina que estimula la formación de glóbulos rojos,
por lo que déficits en ella pueden derivar en esta anemia. El problema puede deberse a una dieta pobre en
B12 o a problemas de absorción de la misma.
Estos déficits dietéticos aparecen generalmente en personas que siguen dietas veganas (pues la B12 se
encuentra principalmente en alimentos de origen animal), por lo que habrá que recurrir a suplementos para
compensar. En caso de que el problema se deba a errores en su absorción, entonces quizás haya que
incrementar la ingesta de los productos ricos en ella.
3. Anemia falciforme
La anemia falciforme es aquella en la que la anemia aparece por desencadenantes de origen genético y
hereditario que hacen que la anatomía de los glóbulos rojos se vea alterada, haciendo que sean demasiado
rígidos y que su forma sea incorrecta, algo que impide que puedan transportar oxígeno con normalidad.
Tenemos valores normales de glóbulos rojos, pero estos no son sanos.
Su incidencia se sitúa aproximadamente en 1-5 casos por cada 10.000 habitantes y surge por mutaciones en
el gen HBB. Y por desgracia, al tratarse de una patología de origen genético, no hay cura. Aun así y pese a
que la esperanza de vida se reduzca en, de media, 22 años respecto a una persona sana, hay tratamientos
para mejorar la sintomatología y reducir el riesgo de complicaciones.
4. Anemia aplásica
La anemia aplásica es aquella en la que la anemia aparece porque la médula ósea no produce suficientes
células sanguíneas. Por defectos en el proceso de hematopoyesis, la médula ósea, un tejido blando ubicado
en el interior de los huesos largos del cuerpo, no sucede como es debido, por lo que no hay una correcta
diferenciación de las células madre en glóbulos rojos.
Estos problemas en la síntesis de eritrocitos se deben, generalmente, a la exposición a químicos tóxicos
(como el benceno), la exposición a quimioterapia o radiación, trastornos inmunitarios (por defectos
genéticos, las células inmunes atacan a la médula ósea), ciertas infecciones e incluso como complicación
temporal del embarazo. Los casos leves no requieren de tratamiento, pero los graves pueden requerir de un
trasplante de médula ósea.
5. Anemia hemolítica
La anemia hemolítica es aquella en la que la anemia aparece porque la esperanza de vida de los glóbulos
rojos es menor de lo normal. En condiciones óptimas, los glóbulos rojos viven aproximadamente 120 días,
un tiempo suficiente para que cumplan con su función y podamos mantener un equilibrio entre los que se
forman y los que se destruyen.
Con la anemia hemolítica, los glóbulos rojos se destruyen más rápido de lo que la médula ósea puede, a
través del proceso de hematopoyesis, reemplazarlos. Esto sucede generalmente por problemas
autoinmunitarios, infecciones, anomalías genéticas (como la anemia falciforme que hemos visto) e incluso
por transfusiones de sangre de un donante no compatible. El tratamiento suele consistir en transfusiones
de sangre (para emergencias), administración de medicamentos que inhiben el sistema inmune (si se debe a
un trastorno autoinmune) o suplementación con hierro o ácido fólico.
6. Anemia inflamatoria
La anemia inflamatoria es aquella en la que anemia aparece cuando una enfermedad inflamatoria aguda o
crónica interfiere en la producción normal de glóbulos rojos. En este caso, la anemia es un efecto colateral
del desarrollo de una enfermedad de origen no sanguíneo como por ejemplo el cáncer, el SIDA, la
enfermedad de Crohn, patologías renales, hepatitis, lupus o artritis reumatoide.
Recibe el nombre también de anemia por enfermedad crónica (ACD, por sus siglas en inglés) y aparece
como síntoma secundario de una patología generalmente crónica que involucra un proceso de inflamación.
De todos modos, la anemia (que no la enfermedad de fondo), en este caso, suele ser leve. Por lo tanto,
muchas veces (a excepción de la asociada al SIDA o a una insuficiencia renal) la anemia en sí no se trata. Y
cuando se hace, es con transfusiones o administración, vía inyección, de eritropoyetina.
7. Anemia megaloblástica
La anemia megaloblástica es aquella en la que la anemia aparece por una deficiencia de ácido fólico o
folato. Conocido también como vitamina B9, el ácido fólico trabaja conjuntamente con la vitamina B12,
ayudando a la formación de glóbulos rojos. El folato se obtiene fácilmente de hortalizas de hoja verde, pero
el cuerpo no lo almacena en grandes cantidades.
Es por esta razón que, en caso de seguir una dieta pobre en alimentos ricos en vitamina B9, pueda surgir
esta forma de anemia caracterizada por unos glóbulos rojos anormalmente grandes. El tratamiento puede
consistir en, simplemente, un incremento en la ingesta de productos ricos en folato o, en caso de que el
problema esté en la absorción, suplementos de ácido fólico por vía oral o, en casos excepcionales, por vía
intravenosa o intramuscular.
8. Talasemia
La talasemia es una enfermedad sanguínea de origen genético y hereditario en la que la persona produce
una cantidad insuficiente de hemoglobina o esta hemoglobina tiene una estructura anómala que impide
que transporte correctamente el oxígeno. Por lo tanto, defectos en la síntesis de la hemoglobina provocan
la aparición de esta anemia.
El tratamiento depende mucho de cómo de grave sea esta talasemia (y la anemia asociada), pero hay que
tener en cuenta que, al tratarse de una enfermedad genética y hereditaria, no existe cura. De todas formas,
las transfusiones de sangre e incluso el trasplante de médula ósea se contemplan como terapia para
mejorar el pronóstico. En caso de la talasemia mayor, la esperanza de vida es de, por desgracia, 30-50 años.
Prevalencia de anemia
El Plan involucra a seis ministerios para articular acciones contra la anemia en niños de 6 a 36 meses y
gestantes
Gobierno aprueba plan multisectorial para la prevención y reducción de la anemia materno infantil en el
Perú
Fotos: Minsa 25 de enero de 2024 - 6:30 p. m.
A través del Decreto Supremo n.° 002-2024-SA, el Poder Ejecutivo aprobó el Plan Multisectorial para la
Prevención y Reducción de la Anemia Materno Infantil en el Perú periodo 2024-2030, con el fin de reducir la
prevalencia de anemia a 37.2% en niñas y niños, con énfasis en menores de 36 mese de edad y gestantes.
El Plan multisectorial involucra a seis ministerios del Ejecutivo que permite articular acciones sobre los
determinantes sociales de la anemia, una enfermedad que afecta el desarrollo cognitivo, social, emocional y
la calidad de vida de las personas, y repercute (a largo plazo) en el desarrollo social y económico del país y la
baja productividad.
Según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES), la prevalencia de la anemia en niños de 6 a 35
meses presentó una ligera reducción de 1.2 puntos porcentuales, de 40.0 % en el 2020 a 38.8 % en el 2021.
Sin embargo, se incrementó en 3.6 puntos porcentuales para el año 2022, alcanzado a 42.4 %. De acuerdo
con el reporte al primer semestre de la ENDES 2023, se incrementó en 1.2 puntos porcentuales, ubicándose
en 43.6 %, por lo que en nuestro país la anemia es considerada por la Organización Mundial de Salud como
un problema de salud pública severo.
Ante este panorama, resulta necesario contribuir a mejorar el estado de salud y nutrición de la primera
infancia como condición indispensable del desarrollo del capital humano y medio fundamental para
alcanzar el bienestar con inclusión e igualdad de género, considerando sus características sociales,
culturales y lingüística.
El presente decreto supremo está refrendado por la presidenta de la república, Dina Boluarte, y los
ministros de Estado de las carteras de Salud, Desarrollo Agrario y Riego, Desarrollo e Inclusión Social,
Educación, Producción, Vivienda, Construcción y Saneamiento.
De acuerdo con la norma legal, el Plan se financia con cargo a los recursos del presupuesto institucional de
los pliegos involucrados, sin demandar recursos adicionales al tesoro público.
La diabetes mellitus se refiere a un grupo de enfermedades que afecta la forma en que el cuerpo utiliza la
glucosa en la sangre. La glucosa es una importante fuente de energía para las células que forman los
músculos y tejidos. También es la principal fuente de combustible del cerebro. , el azúcar debe estar en las
cantidades justas dentro del organismo, es decir, por muy importante que sea, nunca debe sobrar. El exceso
de azúcar (todo aquello que ya no necesitan las células) es extremadamente malo para el cuerpo, por lo que
hay que hacer algo al respecto.
Y aquí es donde entra en juego la insulina. La insulina es una hormona producida por el páncreas cuando
este detecta que hay demasiado azúcar libre por la sangre. Esta hormona viaja por el torrente sanguíneo y
captura las moléculas de azúcar que encuentre, retirándolas de la sangre y enviándolas a lugares donde
provoquen menos daño: básicamente en el tejido adiposo, convirtiéndose en grasa.
La diabetes aparece cuando hay algún problema con la insulina, que puede ser o bien porque no se produce
la suficiente o porque las células se vuelven resistentes a su acción. En función de cuál de estas
circunstancias se trate, estaremos ante un tipo de diabetes u otro.
¿Qué es la diabetes?
La diabetes es un trastorno endocrino en el que la funcionalidad de la insulina se ve afectada, provocando
que por el torrente sanguíneo circule una cantidad de azúcar demasiado elevada, algo que puede derivar
rápidamente en problemas graves de la salud.
La causa principal de la diabetes varía según el tipo. Pero, independientemente del tipo de diabetes que
tengas, puede provocar un exceso de glucosa en la sangre. Demasiada glucosa en la sangre puede causar
problemas de salud graves.
Tipos de diabetes
Diabetes tipo 1
Es el tipo de diabetes menos común y es debido a que no se produce suficiente insulina, por lo que no se
llega a la cantidad necesaria de esta hormona para compensar el exceso de azúcar en sangre. Es el tipo de
diabetes con el que se nace.
Este tipo de diabetes está debida a que el sistema inmune, a causa de un error genético, ataca a las células
del páncreas encargadas de producir insulina. A las personas con este tipo de diabetes, por mucho que
adopten un estilo de vida saludable, el trastorno los acompañará a lo largo de toda su vida.
Diabetes tipo 2
Es el tipo de diabetes más común y es debido a que, a causa de hacer muchos excesos con el azúcar, las
células se acaban volviendo resistentes a la acción de la insulina. Es decir, se ha producido tanta insulina a lo
largo de la vida que esta ya no despierta ninguna respuesta en las células, haciendo que el azúcar se
encuentre libre por la sangre.
Síntomas
Los síntomas de la diabetes dependen del nivel de glucosa sanguínea. Es posible que algunas personas no
presenten síntomas, especialmente si tienen prediabetes, diabetes gestacional o diabetes tipo 2. En el caso
de la diabetes tipo 1, los síntomas tienden a aparecer rápido y a ser más intensos.
Algunos de los síntomas de la diabetes tipo 1 y tipo 2 incluyen los siguientes:
Más sed de lo habitual.
Micción frecuente.
Pérdida de peso involuntaria.
Presencia de cetonas en la orina. Las cetonas son un producto secundario de la descomposición de músculo
y grasa que ocurre cuando no hay suficiente insulina.
Sensación de cansancio y debilidad.
Sensación de irritabilidad u otros cambios en el estado de ánimo.
Visión borrosa.
Llagas que tardan en cicatrizar.
Infecciones frecuentes, como en las encías, la piel o la vagina.
Si bien la diabetes tipo 1 puede manifestarse a cualquier edad, suele ocurrir en la infancia o la adolescencia.
La diabetes tipo 2, el tipo más común, también puede manifestarse a cualquier edad, pero es más frecuente
en personas mayores de 40 años. Sin embargo, están aumentando los casos de diabetes tipo 2 en niños.
Causas
Para comprender la diabetes, es importante entender cómo el cuerpo usa habitualmente la glucosa.
Cómo funciona la insulina
La insulina es una hormona que proviene de una glándula situada detrás y debajo del estómago (páncreas).
El páncreas libera insulina en el torrente sanguíneo.
La insulina circula y permite que el azúcar entre en las células.
La insulina reduce la cantidad de azúcar presente en el torrente sanguíneo.
A medida que el nivel de glucosa sanguínea baja, también lo hace la secreción de insulina del páncreas.
La función de la glucosa
La glucosa, un tipo de azúcar, es la principal fuente de energía de las células que forman los músculos y
otros tejidos.
La glucosa proviene de dos fuentes principales: los alimentos y el hígado.
La glucosa se absorbe en el torrente sanguíneo, en donde ingresa en las células con la ayuda de la insulina.
El hígado elabora y almacena glucosa.
Cuando los niveles de glucosa son bajos, como cuando no has comido por un buen rato, el hígado convierte
el glucógeno almacenado en glucosa. Así mantiene tu nivel de glucosa dentro de un nivel normal.
La causa exacta de la mayoría de los tipos de diabetes se desconoce. En todos los casos, la glucosa se
acumula en el torrente sanguíneo. Esto se debe a que el páncreas no produce suficiente insulina. Ambas
clases de diabetes, tipo 1 y tipo 2, pueden causarse por una combinación de factores genéticos y
ambientales. No se conoce realmente cuáles son estos factores.
Factores de riesgo
Los factores de riesgo para la diabetes dependen del tipo de diabetes que tienes. Los antecedentes
familiares pueden desempeñar un papel en todos los tipos. Los factores ambientales y la geografía pueden
aumentar el riesgo de padecer diabetes tipo 1.
En ocasiones, a los familiares de las personas con diabetes tipo 1 se les hacen análisis clínicos para
comprobar la presencia de células del sistema inmunitario de la diabetes (autoanticuerpos). Si tienes estos
autoanticuerpos, tendrás mayores probabilidades de padecer la enfermedad. Sin embargo, no todas las
personas que tienen estos autoanticuerpos llegan a tener diabetes.
La raza o el origen étnico también pueden aumentar el riesgo de presentar diabetes tipo 2. Aunque no se
sabe con certeza el motivo, determinadas personas, como las afroamericanas, las hispanas, las indígenas
estadounidenses y las asiáticas americanas, corren un mayor riesgo.
La prediabetes, la diabetes tipo 2 y la diabetes gestacional son más frecuentes en personas con sobrepeso u
obesidad.
COMPLICACIONES DE LA DIABETES:
La diabetes es una enfermedad crónica que afecta la forma en que su cuerpo regula el azúcar en la sangre.
Si no se controla, puede conducir a una variedad de complicaciones graves que afectan a muchos órganos y
sistemas del cuerpo. Estas complicaciones pueden ser a corto plazo o a largo plazo y pueden variar en
gravedad.
Deterioro de la audición. Los problemas de audición son más frecuentes en las personas que tienen
diabetes.
Enfermedad de Alzheimer. La diabetes tipo 2 puede aumentar el riesgo de demencia, como la enfermedad
de Alzheimer.
Complicaciones de la diabetes gestacional
La mayoría de las mujeres con diabetes gestacional da a luz a bebés sanos. No obstante, los niveles de
glucosa en la sangre sin tratar o sin controlar pueden causarles problemas a ti y a tu bebé.
La diabetes gestacional puede provocar complicaciones en tu bebé, entre ellas:
Crecimiento excesivo. El exceso de glucosa puede atravesar la placenta. El exceso de glucosa provoca que el
páncreas del bebé produzca una cantidad excesiva de insulina. Como consecuencia, tu bebé podría crecer
demasiado, lo que puede provocar dificultades en el parto o, en ocasiones, la necesidad de una cesárea.
Nivel bajo de glucosa sanguínea. A veces, los bebés de madres con diabetes gestacional tienen un nivel bajo
de glucosa sanguínea (hipoglucemia) poco después del nacimiento. Esto se debe a que su propia producción
de insulina es elevada.
Diabetes tipo 2 en el futuro. Los bebés de madres con diabetes gestacional tienen un mayor riesgo de
padecer obesidad y diabetes tipo 2 en el futuro.
Muerte. Una diabetes gestacional no tratada puede provocar la muerte del bebé antes o poco después del
parto.
La diabetes gestacional también puede provocar complicaciones en la madre, entre ellas:
Preeclampsia. Entre los síntomas de esta afección se encuentran la presión arterial alta, el exceso de
proteínas en la orina, y la hinchazón en las piernas y los pies.
Diabetes gestacional. Si tuviste diabetes gestacional en un embarazo, tienes más probabilidades de tenerla
otra vez en el embarazo siguiente.
Complicaciones a corto plazo:
- Hipoglucemia (azúcar en la sangre baja): Puede ocurrir si toma demasiada insulina o medicamentos para
la diabetes, si no come lo suficiente o si hace ejercicio demasiado. Los síntomas incluyen sudoración,
temblores, mareos, confusión y pérdida del conocimiento.
- Cetoacidosis diabética (CAD): Una complicación grave que puede ocurrir si el cuerpo no produce
suficiente insulina. Los síntomas incluyen náuseas, vómitos, dolor de estómago, respiración rápida y
profunda, aliento con olor a fruta y confusión.
- Neuropatía diabética: es una complicación común de la diabetes que puede causar dolor en los pies y
entumecimiento en los dedos de los pies. Es causado por daño a las pequeñas vías nerviosas (neuropatía) en
los pies, lo que conduce a una sensación reducida del tacto o sensibilidad en ciertas partes del cuerpo
- Hiperglucemia (azúcar en la sangre alta): Puede ocurrir si no toma suficiente insulina o medicamentos
para la diabetes, si come demasiado o si está enfermo. Los síntomas incluyen sed excesiva, micción
frecuente, fatiga, visión borrosa y dolor de cabeza.
Complicaciones a largo plazo:
- Enfermedad cardiovascular: La diabetes aumenta el riesgo de enfermedad cardíaca, accidente
cerebrovascular, enfermedad arterial periférica y enfermedad de las arterias coronarias.
- Nefropatía diabética (daño renal): La diabetes puede dañar los vasos sanguíneos de los riñones,
Los riñones contienen millones de pequeños grupos de vasos sanguíneos (glomérulos) que filtran los
desechos de la sangre. La diabetes puede dañar este delicado sistema de filtració[Link] es una
complicación grave de la diabetes tipo 1 y tipo 2 afecta el funcionamiento normal de los riñones para eliminar
del cuerpo los desechos y el exceso de líquido. La mejor manera de prevenir o retrasar la nefropatía
diabética es llevar un estilo de vida saludable y tener bajo control la diabetes y la presión arterial alta. Con el
transcurso de los años, la nefropatía diabética daña lentamente el sistema de filtración de los riñones. Un
tratamiento temprano puede prevenir esta afección o ralentizar su avance y reducir la posibilidad de
complicaciones. La enfermedad renal diabética puede derivar en una insuficiencia renal. Esto también se
conoce como enfermedad renal en etapa terminal. La insuficiencia renal es una afección que pone en riesgo
la vida. Las opciones de tratamiento para la insuficiencia renal son diálisis o un trasplante de riñón.
Sintomas:
• Presión arterial alta que es difícil de controlar
• Pérdida del apetito
• Hinchazón de pies, tobillos, manos u ojos
• Orina espumosa • Náuseas y vómitos
• Confusión o dificultad para pensar
• Falta de aire • Picazón
• Cansancio y debilidad
- Retinopatía diabética (daño en los ojos): La diabetes puede dañar los vasos sanguíneos de la retina, lo
que puede provocar pérdida de visión o ceguera.
- Neuropatía diabética (daño en los nervios): La diabetes puede dañar los nervios, lo que puede provocar
entumecimiento, hormigueo, dolor y pérdida de sensibilidad en las extremidades.
- Enfermedades cardíacas y de los vasos sanguíneos (cardiovasculares). La diabetes aumenta en gran
medida el riesgo de sufrir muchos problemas cardíacos. Entre ellos, se pueden incluir la enfermedad de las
arterias coronarias con dolor de pecho (angina de pecho), ataque cardíaco, accidente cerebrovascular y
estrechamiento de las arterias (ateroesclerosis). Si tienes diabetes, eres más propenso a desarrollar una
enfermedad cardíaca o un accidente cerebrovascular.
- Pie diabético: La diabetes puede afectar la circulación sanguínea y la sensibilidad en los pies, lo que
aumenta el riesgo de úlceras, infecciones y amputaciones.
- Enfermedad de las encías: La diabetes aumenta el riesgo de enfermedad de las encías, que puede
provocar pérdida de dientes.
- Problemas de la piel: La diabetes puede causar problemas de la piel, como infecciones, erupciones
cutáneas y sequedad.
- Problemas de salud mental: La diabetes puede causar estrés, ansiedad y depresión.
Prevención de complicaciones:
- Controlar el azúcar en la sangre: Mantener el azúcar en la sangre dentro del rango objetivo es la mejor
manera de prevenir complicaciones.
- Controlar la presión arterial: Mantener la presión arterial dentro del rango objetivo puede ayudar a
prevenir la enfermedad cardiovascular.
Prevención
La diabetes tipo 1 no puede prevenirse. Sin embargo, las mismas elecciones de estilo de vida saludable que
ayudan a tratar la prediabetes, la diabetes tipo 2 y la diabetes gestacional también pueden ayudar a
prevenirla:
Come alimentos saludables. Elige alimentos ricos en fibra, con bajo contenido graso y pocas calorías.
Céntrate en las frutas, las verduras y los granos integrales. Come variado para evitar el aburrimiento.
Haz más actividad física. Haz unos 30 minutos de actividad aeróbica moderada la mayoría de los días de la
semana. Intenta realizar al menos 150 minutos de actividad aeróbica moderada a la semana. Por ejemplo,
puedes dar un paseo diario a paso ligero. Si no puedes realizar un entrenamiento prolongado, divídelo en
sesiones más cortas durante el día.
Pierde el exceso de peso. Si tienes sobrepeso, bajar incluso el 7 % de tu peso corporal puede reducir el
riesgo de tener diabetes. Por ejemplo, si pesas 200 libras (90,7 kilogramos), perder 14 libras (6,4 kilogramos)
puede reducir el riesgo de diabetes.
Sin embargo, no intentes bajar de peso durante el embarazo. Consulta con tu proveedor de atención
médica qué cantidad de peso es saludable que aumentes durante el embarazo.
Para mantener tu peso en un rango saludable, céntrate en cambios a largo plazo en los hábitos de
alimentación y de ejercicio. Recuerda los beneficios de perder peso, como tener un corazón más sano, más
energía y una mayor autoestima.
A veces, los fármacos son una alternativa. Los fármacos orales para la diabetes, como la metformina
(Glumetza, Fortamet y otros), pueden reducir el riesgo de diabetes tipo 2; sin embargo, la elección de un
estilo de vida saludable es importante. Si tienes prediabetes, haz que te controlen el nivel de glucosa
sanguínea al menos una vez al año para comprobar que no tengas diabetes tipo 2.