CAPÍTULO 20
CUANDO LOS NIÑOS SALVARON A LOS DRAGONES:
APROXIMACIÓN ECOCRÍTICA A LA FIGURA DEL
DRAGÓN EN LITERATURA Y CINE ORIENTADOS
A UN PÚBLICO INFANTIL Y JUVENIL
JULIO S AN ROMÁN CAZORLA
Universidad Complutense de Madrid
1. MITOESPECISMO
Los dragones han pervivido en el imaginario colectivo como criaturas
fantásticas que cada cultura ha transformado en función de sus propias
creencias. A día de hoy, las reminiscencias de dragones de distintas re-
giones del mundo con rasgos similares, independientemente del tiempo
o lugar del que procedan, posibilitan la comparación entre los dragones
de China y el dragón escupe-fuego de las leyendas germánicas (Van Bu-
ren, 1946: 1). Tal difusión por variadas fuentes culturales ha otorgado a
estas criaturas una fama que deriva en una mayor representación en el
cine, la televisión y otros contenidos multimedia, como los videojuegos.
En la última década ha habido una renovación del género de fantasía,
además de un renacimiento del interés de los lectores, especialmente
gracias a Juego de tronos (George R. RMartin, 2011) y la adaptación
homónima a la televisión (Benioff y Weiss, 2011-2019). Dentro de este
corpus multimedia renovado, muchas películas o libros parecen seguir
un patrón en sus tramas, ya que una gran cantidad profundizan en la
idea del especismo, utilizando a los dragones como metonimia 60 de to-
das las especies animales no humanas. En una era en la que la defensa
de los derechos de los animales está tan latente ya sea a través de los
medios digitales o en la cotidianidad a través de tendencias vegetarianas
60 Para la definición del concepto de metonimia, ver Lakoff, 1990, p. 19.
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o veganas, no resulta extraño que los autores se preocupen por un tema
tan relacionado con la ecología.
La Real Academia Española recoge en su diccionario el término espe-
cismo como la «creencia según la cual el ser humano es superior al resto
de los animales, y por ello puede utilizarlos en beneficio propio». Wolf
añade que todo tipo de «-ismos» implica la marginalización de los indi-
viduos que no se ajustan a la rúbrica de un grupo, por lo que el especismo
se definiría como la discriminación por no pertenecer a la especie Homo
Sapiens Sapiens (Wolf, 2000: 88). A pesar de la novedad del término, el
comportamiento especista siempre ha existido e incluso ha sido refor-
zado por filósofos como Immanuel Kant (1963), quien afirmó en sus
revisiones de la ética que los animales no son conscientes de sí mismos
y existen sólo como medios para los fines humanos (239). Asimismo,
opiniones contrarias argumentan que la comunidad biológica no otorga
al ser humano un estatus superior sobre los animales (Singer, 2009, p.
572). En este contexto, podría cuestionarse cuál es la opinión reflejada
en el cine y la literatura orientados a un público infantil sobre el espe-
cismo. Este artículo se centrará en el análisis de las tramas de algunos
ejemplos significativos que orientarán el reconocimiento de una tenden-
cia especista en las dinámicas de poder que se atribuyen a cada parte.
2. UNA BREVE HISTORIA DE LOS DRAGONES
A pesar de que la visión contemporánea occidental de los dragones pro-
ceda del imaginario medieval, el origen de dicho mito se encuentra en
Mesopotamia. Las primeras presencias de dragones en el arte figurativo
se hallan en las representaciones del Dios-Serpiente, divinidad de as-
pecto antropomórfico con piernas sustituidas por una cola de dicho reptil
(Van Buren, 1946, p. 2). Posteriores imágenes de dicho dios han variado
hasta presentarlo como un hombre que sujeta en las manos serpientes
con cuernos a lomos de un dragón más similar a las versiones medieva-
les. Muchos estudiosos interpretan dicha escena como una lucha entre
el dios y el dragón, probablemente guiados por las concepciones típicas
de la moral cristiana. Sin embargo, Van Buren explica que los dragones
en estas representaciones muestran actitudes dóciles hacia la divinidad
‒ 310 ‒
y le sirven de ayuda en las tareas o de asiento para su transporte (1946,
p. 2). Por ende, se puede concluir que aunque la figura del dragón sea
originaria de Mesopotamia, el mitema de la lucha entre el guerrero y la
bestia será posterior en la cronología y procedente de otra cultura.
Los dragones pasarán a la cultura griega de nuevo guardando una fuerte
relación con las serpientes y otros reptiles. Prueba de ello es que el tér-
mino griego «δράκων, -οντος» acepta dos posibles traducciones: «ser-
piente» o «dragón». Así, los mitos griegos que hablan de dragones,
como Pitón o la hidra de Lerma, los presentan con un aspecto más cer-
cano al de un reptil.
Sería en la Edad Media, mediante los bestiarios y gracias a las mitolo-
gías nórdicas y germanas, cuando llegaría la representación de los dra-
gones que se concibe en la actualidad: criaturas que reptan o que andan
a cuatro patas, con alas similares a las de un murciélago y escupidores
de fuego o veneno. Esta última característica pudo deberse a la exagera-
ción o reinterpretación del dibujo de la lengua bífida en algún bestiario
como una lengua de fuego, lo que llevó a la vinculación de las serpien-
tes, los dragones y el diablo (Mythical Beasts, 2019). En una época sin
luz artificial, todo lo que se hallara en el exterior, entre las sombras, re-
sultaba potencialmente monstruoso (Treharne, 2015, p. 70), por lo que la
mentalidad medieval explicaría con más facilidad el incendio accidental
de una aldea a través del ataque de un dragón asociado con el diablo. Por
consiguiente, no es de extrañar que la frecuencia de las apariciones de
dragones como símbolo del mal o de lujuria aumentara en las hagiogra-
fías y en los textos religiosos (Baños Vallejo, 1975, pp. 145-146.).
La identificación del dragón con el mal conlleva la búsqueda de un re-
medio para dicha desgracia. Los protagonistas de las leyendas germá-
nicas y nórdicas, que influirían en las anglosajonas, se enfrentaban a los
monstruos con el fin de preservar la paz o de proteger a su comunidad,
lo que les convertía en líderes de sus tribus o reyes. Es el caso de gue-
rreros como Sigfrido, que mató al dragón Fafnir y al bañarse en su san-
gre se volvió inmortal, o de dioses como Thor, que tras muchas batallas
contra la serpiente gigantesca Jörmundgander, está destinado a morir
envenenado por su ponzoña. Tales narrativas aparecen en cantares épi-
cos como Beowulf, famoso por el sacrificio del héroe en la lucha contra
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un dragón. Esta tendencia de guerreros mata-dragones continuará en la
hagiografía cristiana, donde los santos se toparán en sus viajes con
monstruos de características similares a los reptiles contra los que lu-
char. En estos casos, la defensa del honor y la búsqueda de liderazgo se
sustituiría con la protección de la fe como motivo vertebral de las lu-
chas. En consecuencia, el dragón pasaría a ser un símbolo del antago-
nismo de la cristiandad. El máximo exponente de dichas historias es
San Jorge, que según la Legenda Aurea ([c. 1250] 1996) acabó con un
dragón muy semejante al ejemplar descrito en las Etimologías de San
Isidoro de Sevilla ([627-630] 2004, p. 913). Menos conocido es San
Columba, si bien el dragón que ahuyentó —el monstruo del lago
Ness— aún permanece en el folclore escocés y es un hito cultural co-
nocido en todo el mundo (Reeves, 1874).
Sin embargo, tal reconocimiento de San Jorge o de San Columba per-
manecería como reducto de una sociedad antigua en la que los dragones
quedarían olvidados o reducidos a leyendas populares en ciertas regio-
nes del mundo. No obstante, retornarían a la literatura a finales del siglo
XIX como consecuencia de la aparición del género de la fantasía, donde
se encuentran figuras como la del del Jabberwocky en Alicia a través
del espejo (Carroll, [1871] 2017). Aunque sin duda el gran motor de la
inserción de los dragones en la cultura contemporánea fue el medieva-
lista y escritor J. R. R. Tolkien, pionero de la fantasía contemporánea,
que creó en 1936 el dragón Smaug para El Hobbit (2012), entre otros
que después aparecerían en El Señor de los Anillos ([1954] 1977) y en
Silmarillion ([1999] 1977).
Durante la década de 1960 la popularidad del género lo lleva a las co-
rrientes culturales más dominantes de la literatura popular, por lo que
los autores empiezan a mostrar interés en la creación de una mayor va-
riedad de historias. A pesar de que muchas obras mantuvieron los roles
típicos de caballeros y dragones, como en la saga de Dragones y Maz-
morras, la libertad de innovación provocó un cambio en los dragones:
de bestias terribles a criaturas amables y serviciales, como se ve en La
Historia Interminable, (Ende, [1979] 1988) donde Fújur es un dragón
de la suerte que ayuda a Atreyu en su búsqueda. Curiosamente, Fújur
aparece en la portada de la novela como un dragón con cabeza de león,
‒ 312 ‒
pero en la adaptación a la pantalla grande, tiene rasgos caninos, remi-
niscencia de la mascota más estereotípica entre el público: el perro (Pe-
tersen, 1985). El dragón adopta una representación similar a la de un
compañero doméstico en vez de la de una criatura mítica. Este tipo de
relaciones entre los personajes principales y los dragones serán luego
explotadas en algunas películas de fantasía durante el final del siglo,
como es el caso de los largometrajes Pedro y el dragón Elliot (Chaffey,
1997) o Dragonheart (Cohen, 1996). A partir de entonces, los dragones
han cambiado de roles tanto en el cine como en la literatura, depen-
diendo de la actitud del autor, más proclive a un enfoque tradicional o
a uno más contemporáneo.
3. DE VIKINGOS MORTÍFEROS A JINETES DE DRAGONES
Los dragones han resultado ser unas de las criaturas que más fascina-
ción crean en el imaginario infantil del público más joven. Prueba de
ello son las innumerables películas y narrativas en las que los dragones
actúan como seres fantásticos repartidos por todo el mundo. Teniendo
en cuenta esta flexibilidad en cuanto al hábitat que moran los dragones,
resulta lógico que los autores de ficción infantil los utilicen para enviar
un mensaje acerca de los animales en peligro de extinción: las múltiples
características de los dragones, que se pueden asociar a prácticamente
todos los miembros del mundo animal —el vuelo, a los pájaros; las es-
camas, a los reptiles; las guaridas submarinas, a los peces; etc.—, per-
miten la metonimia en la que se identifica a estas criaturas con toda la
fauna global. De este modo se pretende fomentar una relación más cer-
cana a la vez que empática de los niños hacia los animales que influen-
cie su comportamiento futuro para con la fauna y la flora. Wolf enumera
una serie de autores que han tratado este tema y que justifican la impor-
tancia de la transmisión de este mensaje:
Boat (1995) asserted that there is a need for research linking cruelty
toward animals tends to exist where there is violence toward children,
because violence toward animals tends to exist where there is violence
toward children, and children’s violence toward animals is a revealing
source of information about the origin of children’s future violent be-
havior toward humans. Wax and Haddox (1974) found that animal cru-
elty is a key predictor for violent behavior in adolescent males. Kellert
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and Felthous (1985), who found that aggressive criminals perpetrated
animal cruelty when they were children significantly more than nonag-
gressive criminals and more than noncriminals, suggested that child-
hood animal cruelty be viewed as a potential indicator of future aggres-
sive criminality and advised that society should encourage nurturing
attitude toward animals (Wolf, 2000, p. 89).
El hecho de que la violencia contra los animales en la infancia pueda
derivar en un comportamiento reprensible durante la edad adulta dota
de importancia a la necesidad de inculcar valores ecologistas mediante
el uso del cine. Un buen ejemplo de narrativa que recoge este contenido
es la película Peter y el dragón (Lowery, 2017). Esta película es un
reshoot de una homónima estrenada en 1977, que tiene como principal
diferencia un mayor énfasis en el aspecto ecológico y moral. La película
comienza con el hallazgo de un huérfano, Peter, que ha sobrevivido du-
rante toda su infancia en el bosque gracias a los cuidados de un dragón
verde y peludo llamado Elliot. Los rangers que lo encuentran tratan de
incorporar con más o menos éxito a Peter en la sociedad, provocando
la separación entre el niño y el dragón. Tras varios sucesos, los cazado-
res y leñadores descubren a Elliot y tratan de atraparlo, presos de la
avaricia, con Peter y los guardas forestales que lo acogen como única
resistencia.
El argumento bien podría compararse con el día a día de centenares de
especies víctimas de la caza regular con el fin de exhibirlas o de ven-
derlas al mejor postor. Sin embargo, es la corta edad del protagonista
lo que provoca la empatía del público con la historia en sí. Como ya se
ha mencionado, Elliot cría a Peter desde que este pierde a sus padres en
un accidente de coche y se adentra en el bosque. En estas primeras es-
cenas, Elliot se presenta como un guardián de la foresta, una criatura
mística, apenas visible y rodeada por un aura mágica. Unas escenas
después, Peter aparece jugando con Elliot y corriendo por el bosque, lo
que da a entender que Elliot ya no es ese ser mítico que rezuma autori-
dad paternal, sino un amigo o incluso, por el trato que le da Peter, una
mascota. De hecho, tal es el intercambio de roles que, a pesar del cre-
ciente interés de Peter por la sociedad humana, se mantiene en el bosque
con Elliot para impedir que los adultos lo encuentren pues sabe que, de
hacerlo, tratarían de capturarlo o matarlo.
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A medida que Peter se integra en la sociedad, la seguridad de Elliot se
torna más y más inestable, hasta que finalmente los cazadores y leña-
dores lo atrapan. Es en este momento cuando destaca el mayor cambio
de roles con respecto a la tradición. El dragón, que antaño había sido el
antagonista de todas las historias de caballería, resulta ser un animal
atrapado que hay que liberar, y el cazador o el leñador, que había sido
el salvador de personajes como Caperucita Roja o Blancanieves, ahora
se presenta como un agente destructor de la naturaleza y, por tanto, un
personaje antagonista. Este cambio frente a los estereotipos se puede
apreciar en el líder de los leñadores, Gavin Magary, a quien se le repre-
senta como un hombre con atributos masculinos muy marcados (porta
un arma que se puede interpretar como un símbolo fálico, en este caso,
un rifle de caza) en constante violación de la naturaleza bajo unos pre-
ceptos poco éticos y muy capitalistas. Los razonamientos de Wax y
Haddox dilucidarían el porqué de dicha representación al enunciar que
la crueldad hacia los animales promociona un comportamiento violento
en los hombres (Wolf, 2000, p. 89). Las dinámicas de poder asociadas
a la masculinidad en los cuentos tradicionales, sobre todo si se trata de
salvar a un personaje femenino, empiezan a percibirse como nocivas en
el siglo XXI por cambios ideológicos relacionados con el capitalismo,
el feminismo y la ecología. El cazador dejará de ser un hombre cuyo fin
es librar a la sociedad del monstruo y pasará a ser el de aprovecharse
de manera utilitaria de la naturaleza con el objetivo de enriquecerse. Se
reflejan como un peligro para la flora y la fauna, ya que ignora por
completo el consumo ético de los productos naturales en favor de un
individualismo que conlleva la destrucción del entorno.
Los elementos masculinos de Magary confrontan los de la guarda forestal
Grace Meacham, a la que se le atribuyen roles maternales no solo como
cuidadora de Peter sino también como protectora de la naturaleza, a la
que tradicionalmente se le asocia con la feminidad. Linstead y Maréchal
explican esta oposición tomando como base que el poder y el control
fálicos siempre encuentran oposición en la permanencia y la renovación
de los discursos femeninos (Linstead y Maréchal, 2015, p. 1470). Desde
el inicio de la película, Grace se interpone a la tala descontrolada de los
leñadores de Magary. Esta oposición anticipa la consecuente defensa de
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Elliot por parte de Grace, acompañada de su padre, cuando los leñadores
y cazadores atrapan al dragón. Por tanto, en Peter y el dragón se puede
apreciar constantemente la rivalidad entre los argumentos a favor de la
defensa de la naturaleza y la ideología utilitarista kantiana que identifica
a los animales como medios para un fin humano.
Los argumentos de Kant son muy reconocibles en los villanos de la saga
Cómo entrenar a tu dragón, basadas en los libros de Cressida Cowell
(2003-2015). En la primera película de la trilogía, Hipo, el hijo del jefe
vikingo Estoico, salva a Desdentao, un dragón de la especie «furia noc-
turna», tras haberlo derribado con un arma de caza. A partir de este
momento, Hipo centrará sus esfuerzos en conseguir que Desdentao
vuelva a volar en compensación por la lesión incapacitan que le provoca
el accidente. Este acto de redención conllevará el establecimiento de
una amistad mutua entre el joven y el dragón.
Esta película bebe de la tradición estereotipada de obras nórdicas en las
que los guerreros se enfrentan a dragones que arrasan aldeas y devoran
el ganado, como ocurría en Beowulf ([s. VIII] 2019) o en El Cantar de
los Nibelungos ([s. XIII] 1982). No obstante, el cambio narrativo se
presenta de nuevo a través de los ojos de un joven que, en contra de lo
que dicta la sociedad a la que pertenece, salva a su enemigo y le ayuda
a volver a su hábitat. Este giro argumental funcionará como fuente de
problemas durante las dos siguientes películas, en las que los villanos
se representan como hombres que pretenden someter a los dragones y
utilizarlos para conquistar las islas vikingas:
Al primero de ellos, Drago Puño Sangriento, se le representa como un
hombre inmenso y oscuro con mutilaciones causadas por una pelea con-
tra un dragón y que porta una capa de escamas. Su objetivo es reunir un
ejército de dragones con el que someter Isla Mema y para ello, utiliza
técnicas de sumisión basadas en la fuerza y el miedo. Estas caracterís-
ticas lo asemejan al estereotipo de un dragón, entremezclado con las
dinámicas de poder masculinas que se han mencionado antes: por un
lado, la maldad y la capa de dragón lo relacionan con la percepción
negativa de los dragones, lo que le convierte en un hombre con forma
monstruosa; por otro lado, el énfasis de sus facciones masculinas, como
la musculatura aumentada o una frente prominente, añadidas a la lanza,
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que funciona como símbolo fálico y de dominación, plantean de nuevo
el concepto de la violación de la naturaleza por el hombre. Esta teoría
se ve respaldada por la rival de Drago, Valka, la madre perdida de Hipo
y, además, cuidadora de dragones mutilados. Esta utiliza técnicas de
adiestramiento basadas en el mutuo respeto entre dragón y vikingo, que
expresa mediante movimientos rituales con un bastón que se asemeja
en tamaño al de Drago pero no en aspecto: el bastón de Valka se carac-
teriza por sus formas onduladas y sus colores más claros, además de
por unas campanas en su interior que lo asemejan a un sonajero al que
responden los dragones de buen grado. De nuevo, al opresor masculino
se le opone una mujer asociada a la maternidad y a la naturaleza.
El segundo de los villanos, Grimmel el Cruel, un célebre cazador de
dragones famoso por acabar con todos los furias nocturnas y con las
mismas intenciones que su predecesor, se distingue de este físicamente
por su figura más estilizada y sus gestos más elegantes. Asimismo, el
rasgo físico que más destaca en los planos de la película es la boca de
Grimmel. Dicho énfasis en los labios del personaje se debe a que sus
técnicas de sumisión, al contrario que las de Drago, no están basadas
en la fuerza y el miedo, sino en la sugestión y el engaño. En caso de
que estas técnicas no dieran sus frutos, Grimmel también es conocedor
de múltiples venenos procedentes de dragones con los que somete a los
mismos. Por tanto, mientras que Drago se asemejaba en su complexión
al estereotipo de dragón, Grimmel alude al diablo en forma de serpiente,
caracterizado por la ponzoña física y verbal. Tanto es así que, en los
momentos en los que Grimmel pretende engañar a algún personaje, apa-
rece en escena con una cofia escamada que oculta su pelo plateado y le
da un aspecto similar al de un reptil.
A pesar de las diferencias físicas, los objetivos y la mentalidad que sub-
yacen tras estos dos personajes se asemejan a los de Gavin Magary: la
avaricia y el ansia por el control y la destrucción de la naturaleza, fruto
de una mentalidad utilitarista kantiana. Los cazadores de estas películas
se consideran superiores a los dragones y con derecho a la explotación
medioambiental. Moore explica este comportamiento exponiendo que
la dominación de los humanos sobre otros seres vivos nos hace pensar
que nuestra especie tiene más valor y, por tanto, que tenemos derecho
‒ 317 ‒
a actuar sobre dichos seres a nuestro antojo (Moore, 2013, p. 12). Esta
forma de pensar resuena en otras obras infantiles ya literarias en las que
los hombres haces uso de la fuerza para dominar a los dragones. Es el
caso, por ejemplo, del cuento infantil Hijo de dragones (2017), de
Sébastien Pérez y Justine Brax. Es libro cuenta cómo Yomón, un niño
criado por dragones, tiene que recuperar todos los recursos robados a
los dragones por los humanos (una garra, un colmillo, las alas, el reso-
plido atronador y el fuego eterno). «Los reyes, creyendo que así adqui-
rirían el poder de las grandiosas criaturas, habían llegado a mutilarlos»
(Pérez, 2017). El objetivo del niño, sin embargo, no difiere mucho del
de los hombres: pretende convertirse en un dragón una vez posea las
reliquias, aunque él sí tenga el permiso de los dragones. Yomón viaja
por las cinco cortes en un viaje que recuerda al de El Principito de An-
toine de Saint-Exupéry y consigue de cada uno de los reyes los recursos
de los dragones que, entonces, estaban usando en beneficio propio. En
este proceso, Yomón se va transformando en un niño-dragón y, en cada
nuevo destino de su viaje, utiliza el recurso recién adquirido para en-
frentarse al nuevo monarca, hasta llegar al último de ellos, que posee el
fuego eterno. Este resulta ser el padre perdido de Yomón y, al ver que
su hijo por fin había regresado a casa, decide sofocar la llama para re-
tenerlo a su lado, pero el niño le detiene: «—¡Pero en lo más profundo
de mi ser soy un dragón —... Entonces el rey recapacitó. Amaría a su
hijo, ya fuera hombre o dragón» (Pérez, 2017). Pero a pesar de la re-
conciliación entre el rey y Yomón, los dragones y los hombres siguen
viviendo en paz. La historia, en definitiva, plantea una dinámica de po-
der en la que el hombre utiliza recursos animales para su propio fin y
exculpa al protagonista aprovechándose de la inteligencia y sabiduría
generalmente atribuida a los dragones, que le conceden permiso para
quedarse con ellos. La paz, en otras palabras, es posible entre humanos
y dragones, pero debe forjarse con el respeto mutuo y, aún así, los hom-
bres siguen dependiendo de los animales. Este argumento lleva a las
películas y obras literarias que aquí se tratan a preguntarse de qué forma
pueden convivir de forma segura los animales con los humanos.
La respuesta a esta pregunta parece hallarse en la representación de
los protagonistas, generalmente niños o mujeres adultas a las que se
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les atribuyen roles asociados a la feminidad. Estos personajes luchan
contra los cazadores por preservar la naturaleza y los dragones. Sin
embargo, sus intereses y esfuerzos pueden en principio estar equivo-
cados también. Moore afirma que querer a las masco tas tanto como a
los seres humanos importantes no impide la consideración simultánea
de dicho animal como un objeto o propiedad, como ocurre también
en otras obras Si tuviera dos dragones (2016) de Fabienne Roulie, El
mundo secreto de los dragones (2021) de Nikola Kucharska o El co-
rreo del dragón (2018) de Emma Yarlett (Moore, 2013, p. 13). Peter
e Hipo intentan salvar a sus dragones pero el hecho de que los consi-
deren compañeros o mascotas —«La única ventaja son las mascotas.
En otros sitios tienen ponis o loros. Nosotros tenemos dragones» (De-
blois y Sanders, 2010)— todavía sigue una mentalidad utilitarista ya
que están siendo usados para satisfacer un sentimiento de amistad que
pone en peligro a los animales, ya que no todos los humanos confra-
ternizan con la coexistencia con los dragones. Svärd explica que un
resultado problemático del predominio del paradigma del bienestar
es que hoy en día la mayoría de la gente ha oído hablar de los dere-
chos de los animales, pero casi nadie parece entender lo que esto sig-
nifica, y cita a Francione y Dunayer para advertir de que el principal
desafío para la comunidad de derechos de los animales propiamente
dicha es romper los grilletes del asistencialismo especista y estable-
cer un segundo movimiento abolicionista, esta vez con el objetivo de
acabar con la esclavitud no humana (Svärd, 2008, p. 171).
Por tanto, la conclusión a la que llegan estas películas es que los
animales han de morar libres en la naturaleza pero lejos de la in-
fluencia humana, con el fin de preservar las especies a pesar de los
sentimientos de amor y cariños que los humanos sientan por ellos.
En palabras de Estoico en Cómo entrenar a tu dragón 3: «Con el
amor viene la pérdida, hijo. Es parte del trato. A veces duele, pero
en el fondo, merece la pena. No hay mejor regalo que el amor» (De-
blois, 2019). Aunque Estoico se refiera a su esposa perdida, Hipo
recuerda estas palabras cuando se plantea si debe dejar marchar a
Desdeantao al mundo perdido de los dragones para protegerlo.
‒ 319 ‒
Un argumento similar sigue Cornelia Funke en El jinete del dragón
(2002), en donde Ben, un niño huérfano, viaja con el dragón plateado
Lung y el duende Piel de Azufre hasta la Orilla del Cielo, un valle en el
Himalaya donde, de acuerdo con una leyenda, se refugiaron los últimos
dragones, y volar hasta allí en busca de refugio para los suyos. En este
caso, la tierra de los dragones es Escocia, un lugar que, si bien rezuma
magia ancestral en la obra, se ve cada vez más amenazada por la pre-
sencia de los humanos. La amenaza de los hombres, además, se ex-
tiende no solo a la tierra, sino también al antagonista de la obra: el dra-
gón Ortiga Abrasadora, que fue creado por un alquimista medieval, y
que perseguirá a los protagonistas para devorar a todos los dragones.
De nuevo, está presente en la obra el utilitarismo del hombre en detri-
mento de los dragones.
Al final, los protagonistas de todas estas obras se ven forzados a liberar
a sus dragones en una tierra virgen donde los humanos no pueden al-
canzarlos, pese a todos sus esfuerzos por mantenerse unidos. Al final
de la tercera entrega de la saga, Hipo se despide de Desdentao y admite
su destino:
Estaba tan ocupado luchando por un mundo que yo quería que no pensé
en lo que tú necesitabas. Ya has cuidado bastante de nosotros. Es hora
que cuidéis de vosotros... Llévalos al mundo perdido... Yo también te
quiero. Y quiero que seas libre. Nuestro mundo no os merece. Todavía»
(Deblois, 2019).
El esfuerzo para superar el sentimiento egoísta de mantener a los dragones
con ellos es lo que diferencia a los protagonistas de los villanos. Tanto en
Peter y el dragón como en Cómo entrenar a tu dragón 3 se muestra el
resultado de tamaña decisión: Elliot y Desdentao han ampliado sus fami-
lias con más de una cría, lo que sugiere que sin intervención humana, los
animales disponen de una libertad suficiente para procrear.
No obstante, en ambas películas se mantiene la esperanza de que los
humanos y los dragones acabarán reuniéndose de nuevo en un mundo
próspero donde puedan convivir. Las últimas palabras de Hipo hacen
patente dicha esperanza:
‒ 320 ‒
La leyenda dice que cuando el suelo tiembla o la tierra escupe lava, son
los dragones haciéndonos saber que todavía están aquí, esperando a que
demos con la manera de llevarnos bien. Sí, el mundo cree que los dragones
han desaparecido, si es que alguna vez llegaron a existir. Pero los me-
mianos sabemos que no es así y guardaremos este secreto hasta que llegue
el momento en que los dragones puedan regresar en paz (Deblois, 2019).
La preservación de especies está estrechamente relacionada con el man-
tenimiento de un orden natural. Sapkowski relata en su cuento «Las
fronteras de lo posible» un debate entre Geralt de Rivia, un brujo cuyo
trabajo es matar monstruos peligrosos, y Borch Tres Grajos, un viajero
interesado en conocer los pensamientos del brujo sobre los dragones,
que están en gravísimo peligro de extinción. Geralt y Borch se pregun-
tan sobre la diferencia entre el Caos y el Orden. Borch argumenta que
«Lo que representa el Caos es una amenaza, es el lado de la agresión.
El Orden, en cambio, es el lado amenazado, que necesita de defensa»
(Sapkowski, 2017, p. 10). Más adelante, Dorregaray, un hechicero que
está a favor de la protección de todas las especies naturales, más aún,
de los dragones, retoma la cuestión:
Nuestro mundo está en equilibrio. El exterminio, el asesinato de cual-
quier ser que habita este mundo altera ese equilibrio. Y la falta de equi-
librio es un paso más hacia el holocausto, el holocausto y el fin del
mundo tal como lo conocemos.... El mundo, repito,... está en equilibrio.
Un equilibrio natural. Cada género tiene sus enemigos naturales, cada
uno es enemigo natural de otros géneros. Eso comprende también a los
seres humanos. El exterminio de los enemigos naturales del ser hu-
mano, al que te dedicas, y que comienza a observarse, amenaza con
llevar a la degeneración de la raza (Sapkowski, 2017, p. 35).
Sapkowski establece que la extinción de una especie provocará el caos
en la naturaleza y la idea se relaciona con lo visto en la saga Cómo en-
trenar a tu dragón, en el Jinete del dragón y en Peter y el dragón. Se
aborda la idea de que la ausencia de un eslabón podría provocar la ruptura
de toda la cadena, considerando la naturaleza como una cadena y cada
especie como uno de sus eslabones. «Los límites de la razón» narra des-
pués de estas conversaciones cómo Geralt acompaña a un grupo de caza-
dores, caballeros y soldados a la morada de un dragón dorado que ha
arrasado una aldea. El planteamiento de este relato es meramente tradi-
cional. Sin embargo, de nuevo el protagonista presenta el contrapunto al
estereotipo. Mientras que la mayoría de caballeros y cazadores están
‒ 321 ‒
dispuestos a matar al dragón y obtener beneficios de sus escamas y sus
dientes, otros —incluido Geralt— prefieren la posición contraria: no ma-
tarlo y dejarlo libre. En un primer lugar, el dragón se enfrenta al caba-
llero, momento en el que queda patente que el animal está gravemente
herido. Aún así, el dragón sale victorioso. A continuación, tras un intento
de negociación por parte de la criatura, los cazadores lo atacan y él, junto
con sus defensores, acaba con ellos. Al final de la lucha, se descubre que
el dragón protegía y cuidaba un huevo cuya madre murió a causa de la
caza furtiva. Por lo tanto, mantener a salvo el huevo, el dragón dorado y
sus defensores habían logrado mantener el orden natural.
4. HIC SUNT DRACONES!
Los dragones siguen estando muy presentes en la cultura contemporá-
nea. Independientemente del papel que jueguen en las historias —más
estereotipado y tradicional o no—, en algunas tramas esconden un men-
saje contundente que puede ser analizado desde un punto de vista
ecocrítico. En narrativas orientadas al público infantil, los dragones son
retratados como una especie en peligro de extinción que debe huir de la
influencia humana a una tierra virgen donde puedan reproducirse y vi-
vir en su hábitat sin contacto con el ser humano, a pesar de los intentos
de convivencia entre ambas especies. La presencia de dicho mensaje en
las narrativas es prueba de la existencia de una conciencia mediática y
literaria que reconoce la culpabilidad de los humanos en el deterioro
medioambiental. En consecuencia, el especismo genera un rechazo no-
torio en los autores del contenido narrativo, lo que conlleva la creación
de historias que condenan esta clase de comportamiento.
Para concluir, hay que decir que el tema principal de este artículo se ha
tratado en obras bastante novedosas y de lanzamiento reciente, la ma-
yoría de ellas producidos por empresas estadounidenses como Univer-
sal Studios o Walt Disney Animation. Esto ha supuesto la omisión por
completo de trabajos de influencia oriental en los que haya una partici-
pación activa de dragones. Además, el tema ha tenido poca repercusión
hasta los últimos cinco años, a raíz de una intensa preocupación por la
ecocrítica y el cuidado del medioambiente. Teniendo esto en cuenta, se
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debe reconocer que se deben realizar más investigaciones para probar
si es posible establecer un patrón sobre los roles de los dragones en los
medios y la literatura contemporáneos y no solo en la ficción de base
occidental sino también en la oriental.
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