La tendinopatía rotuliana (fig.
12-23) es un diagnóstico frecuente relacionado con
los deportes. La prevalencia en jugadores de voleibol es de alrededor del 40% y la
afección también es frecuente en jugadores de baloncesto y futbolistas de primer
nivel. El dolor suele localizarse en el polo rotuliano distal, pero en el 10% de los
pacientes el dolor se ubica en la inserción del cuádriceps en la rótula. En algunos
pacientes el dolor comienza después de un salto, una elevación o un aterrizaje; en
otros, el dolor se establece después de una sesión de entrenamiento o un juego
intenso; en otros casos el inicio del dolor es gradual. La causa de la afección es
desconocida. La histología típica no muestra evidencias de inflamación dentro del
tendón comprometido; en cambio, pueden hallarse cambios degenerativos. En
muchos pacientes la RM y la ecografía son normales.
el paciente describe dolor asociado con la actividad, que suele localizarse en la
porción proximal del tendón rotuliano y su inserción en el polo rotuliano inferior. En
ciertos casos, el dolor puede ubicarse en la inserción del tendón del cuádriceps en
el polo rotuliano superior. En el cuadro 12-4 se enumeran los criterios que
permiten clasificar los síntomas. A menudo los pacientes suelen describir síntomas
similares a los del síndrome doloroso femororrotuliano, como dolor al descender
las escaleras, conducir un automóvil o permanecer sentado con la rodilla
flexionada durante un período prolongado ("signo del teatro").
Diagnóstico: Se basa en la presencia de hipersensibilidad específica ante la
palpación de la inserción tendinosa comprometida, asociada con el
antecedente de dolor en el mismo lugar relacionado con la actividad. No se
observa una correlación adecuada entre la ecografía, la RM y los hallazgos
clínicos.
Tratamiento médico: El entrenamiento excéntrico de la fuerza, en general
durante un mínimo de 12 semanas, debe representar la primera intervención
para la "rodilla del saltador". Sin embargo, los pacientes que no mejoran luego
de 6 meses de entrenamiento excéntrico adecuado deben someterse a la
resección quirúrgica del área lesionada. No hay evidencias que respalden el
uso de inyecciones de corticoides u otros tratamientos locales (como
electroterapia), pero los AINE a menudo permiten aliviar el dolor en forma
temporaria.
Tratamiento fisioterápico: El entrenamiento excéntrico de la fuerza ejerce un
efecto positivo en algunos pacientes con este diagnóstico. Este tipo de
entrenamiento debe llevarse a cabo dos veces por día y cada sesión debe
consistir en 3 series de 15 repeticiones. Los ejercicios pueden realizarse sin
calentamiento y cada sesión de entrenamiento dura alrededor de 5 minutos.
Los ejercicios pueden formar parte de un programa ambulatorio y deben
llevarse a cabo en una tabla inclinada 25°. El deportista debe realizar
sentadillas sobre la extremidad inferior comprometida, con una carga
excéntrica sobre el cuádriceps del lado comprometido, y luego debe levantar-
se a través de la activación concéntrica de los extensores de la rodilla de la
pierna asintomática. Si experimenta síntomas en las dos rodillas, el paciente
debe usar los brazos como asistencia durante la fase concéntrica. Se deben
esperar 2 segundos para iniciar el componente excéntrico de cada repetición.
Los individuos deben realizar estos ejercicios a pesar del dolor desencadenado
por ellos salvo que sea demasiado intenso, en cuyo caso el deportista debe
detenerse o reducir la carga. Al comienzo del entrenamiento no se deben
aplicar cargas externas. A medida que el dolor del paciente se reduce, se
puede agregar peso de a 5 kilogramos. El terapeuta debe controlar el
programa en forma meticulosa y además debe controlar muy bien las
actividades del deportista para asegurar que no realice otros ejercicios que
puedan provocar dolor.
Pronóstico: Es bueno en los grados I a III, que suelen evolucionar en forma
favorable con el tratamiento conservador. El tratamiento quirúrgico funciona
bien en el 60 al 70% de los casos. Otros pacientes no se recuperan en forma
suficiente para reanudar la actividad deportiva de alto nivel, pero
afortunadamente la afección no produce artrosis ni problemas persistentes en
la rodilla en el largo plazo.
Inestabilidad de la rodilla
La inestabilidad de la rodilla suele deberse a la lesión del ligamento cruzado
anterior no reparada en forma quirúrgica. Si el deportista con deficiencia del LCA
continúa practicando el deporte, puede sufrir nuevas lesiones en la rodilla (fig. 12-
24). Como el ligamento cruzado anterior está ausente, otros ligamentos deben
asumir la carga. Por último, éstos se distienden en forma excesiva y el deportista
puede desarrollar inestabilidad posterolateral o medial. A menudo, esta
inestabilidad combinada dificulta o imposibilita la participación en deportes que
requieren la aplicación de cargas rotatorias o de torsión en la rodilla.
Síntomas y signos: la anamnesis precisa siempre revela antecedentes de lesión
en la rodilla. Los pacientes se quejan más de la inestabilidad que del dolor. El
síntoma más molesto es la subluxación casi constante asociada con los deportes
con torsiones. Por último, la subluxación causa una lesión del menisco o el
cartílago y el deportista lesionado puede experimentar edema articular asociado
con la actividad.
Fascitis plantar
En los deportistas, la causa más frecuente de dolor en el talón es la fascitis
plantar, que es una afección dolorosa crónica en la inserción de la fascia plantar
sobre el calcáneo (fig. 15-6). Este trastorno se debe a una tracción crónica de la
fascia que a menudo es el resultado de micro rupturas en la aponeurosis. Con el
paso del tiempo la afección puede promover el desarrollo de un espolón en el
talón (calcificación en la inserción del calcáneo). Estos espolones se observan con
facilidad en las radiografías. El pie cavo, la pronación excesiva y el trote
prolongado sobre superficies duras son los factores predisponentes que se
asocian con mayor frecuencia con fascitis plantar.
Los pacientes experimentan dolor localizado en la región inferior del calcáneo
cuando Portan peso y rigidez matutina significativa. En los casos leves el dolor sólo se
desarrolla al comienzo del entrenamiento o cuando el paciente se levanta de la cama por
la mañana. En los casos más graves, todos los pasos desencadenan dolor.
Diagnóstico: se basa en la obtención de una anamnesis adecuada, que
documenta síntomas que progresan en forma gradual. En la exploración física el
paciente típicamente determina que el sitio más sensible durante la palpación
corresponde a la cara anteroinferior del calcáneo (fig. 15-4). La radiografía puede
revelar un espolón calcáneo en esa región.
Tratamiento: las opciones terapéuticas consisten en un período de limitación de la
tolerancia de peso, ejercicios alternativos, administración de AINE, elevación del
talón y plantillas con recortes en el área lesionada. Se puede intentar la aplicación
de una inyección de cortisona cerca de la inserción de la fascia, pero ésta no debe
repetirse si la primera no logra el efecto deseado. La inyección inadvertida en la
fascia propiamente dicha puede debilitar el tejido y producir una rotura. Se logran
buenos resultados con el uso de un entablillado nocturno durante 1 o 2 meses
(para estirar la fascia plantar). La corrección de los factores externos e internos
que desencadenan la afección es esencial para prevenir la reaparición de los
síntomas. En ocasiones el tratamiento conservador no permite obtener resultados
satisfactorios, y en este caso se puede indicar cirugía para separar la fascia
plantar de su inserción en el calcáneo. No es necesario resecar los espolones
calcáneos.
Pronóstico: en los deportistas el tratamiento quirúrgico suele ofrecer buenos
resultados; la mayoría de los pacientes dejan de experimentar síntomas con
rapidez y pueden reanudar sus prácticas de entrenamiento entre 4 y 6 semanas
después. La pronación excesiva puede empeorar un poco con el paso del tiempo
después de la cirugía y el paciente debe utilizar ortesis para evitar este problema.