UNIVERSIDAD DE ORIENTE NUCLEO DE SUCRE
ESCUELA DE ENFERMERIA
UNIDAD VI: INMUNOLOGIA BASICA
Inmunología: Ciencia biológica que estudia todos los mecanismos fisiológicos de
defensa de la integridad biológica del organismo. Dichos mecanismos consisten
esencialmente en la identificación de lo extraño y su destrucción. La inmunología
también estudia los factores inespecíficos que coadyuvan a los anteriores en sus
efectos finales.
Inmunidad: Conjunto de mecanismos de defensa de los animales frente a
agentes externos extraños. Se adquiere al nacer, y va madurando y
consolidándose durante los primeros años de vida.
Respuesta inmune: Actuación integrada de un gran número de mecanismos
heterogéneos de defensa contra sustancias y agentes extraños. En general, a las
sustancias extrañas se las denomina como ANTÍGENOS, y son ellos los que
desencadenan en el organismo una serie de eventos celulares que provocan la
producción\n de los mecanismos de defensa.
El sistema inmunitario consta de varias "líneas de defensa" principales:
Inmunidad innata (= natural o inespecífica): es una línea de defensa que
permite controlar a mayor parte de los agentes patógenos.
Inmunidad adquirida (= adaptativa o específica): suministra una respuesta
específica frente a cada agente infeccioso. Posee memoria inmunológica
específica, que tiende a evitar que el agente infeccioso provoque enfermedad en
una segunda infección. Pero incluso antes de que actúe la inmunidad inespecífica,
el organismo posee una serie de barreras naturales que lo protegen de la infección
de los agentes patógenos, así como una protección biológica por medio de la
microbiota natural que posee.
BARRERAS ANATÓMICAS NATURALES
Barreras anatómicas (superficies corporales): la piel y membranas
mucosas
La parte externa de la epidermis está compuesta de varias capas de células
muertas, recubiertas de la proteína queratina, resistente al agua. Dicha capa se
renueva cada 15-30 días. La dermis subyacente contiene tejido conectivo con
vasos sanguíneos, glándulas sebáceas y sudoríparas, y folículos pilosos. La piel
es una auténtica barrera infranqueable para la mayor parte de los
microorganismos. El papel de barrera de la piel se pone de manifiesto por
contraste, por ejemplo, al comprobar lo fácilmente que se producen infecciones a
partir de quemaduras. Pero como contrapartida, en un organismo sano, las
heridas se cierran rápidamente por coágulos. Algunos patógenos pueden obviar la
barrera de la piel debido a que son inoculados por artrópodos vectores (ácaros,
mosquitos, chinches, etc.).
Por otro lado, existen zonas de la superficie del cuerpo no recubiertas por piel:
Ojos, intestino, tracto respiratorio, tracto urinario En estas zonas hay fluidos (y en
su caso tapizado ciliar) que colaboran a la eliminación de microorganismos
Algunos microorganismos han desarrollado estructuras para invadir el cuerpo del
hospedador a partir de las mucosas. Por ejemplo, el virus de la gripe posee una
molécula que le capacita para unirse firmemente a las células de la membrana
mucosa y así escapar al efecto de las células ciliadas. Muchas bacterias
patógenas logran adherirse a las mucosas a través de sus fimbrias, que se unen
con ciertas glucoproteínas o glucolípidos de los epitelios de tejidos determinados.
Función del pH
Por ejemplo, en el estómago, el pH bajo (alrededor de pH 2) impide que lo
atraviese la mayoría de microorganismos, excepto algunos patógenos (p.
ej., Salmonella, Vibrio cholerae, etc.).
pH ligeramente ácido de la piel y de la vagina.
Función de la temperatura
Muchas especies no son susceptibles a ciertos microorganismos sencillamente
porque su temperatura corporal inhibe el crecimiento de éstos. Así, los pollos
presentan inmunidad innata al ántrax debido a que su temperatura es demasiado
alta para que el patógeno pueda crecer.
Sustancias antimicrobianas del organismo
La lisozima aparece en muchas secreciones (nasofaringe, lágrimas, sudor,
sangre, pulmones, tracto genitourinario...).
beta-lisina, producida por las plaquetas.
Espermina en el semen.
Protección de la microbiota normal
La microbiota normal del organismo evita la colonización del hospedador por
microorganismos exógenos.
Esa es la razón por la que una limpieza exagerada de la piel y de la vagina puede
ser causa de infecciones por microbios exógenos. Recuérdese el papel de
protección que confiere la bacteria Lactobacillus acidophilus en el hábitat de la
vagina. Por otro lado, un abuso de antibióticos suministrados por vía oral puede
llegar a alterar el equilibrio ecológico de la microbiota intestinal.
En la piel existen dos tipos principales de "hábitat":
la superficie de la piel propiamente dicha es un medio relativamente "hostil",
ya que es seca y muy salada, de modo que normalmente sólo la pueden
colonizar algunas bacterias bien adaptadas: Micrococcus, Staphylococcus
epidermidis, S. aureus.
Las glándulas: sudoríparas y sebáceas. En estas últimas, durante la
adolescencia se desarrolla el típico acné (espinillas), producido por el ataque
de Propionibacterium acnes.
La boca posee una población heterogénea de bacterias, donde son importantes
los representantes orales del género Streptococcus: S. salivaris (en la
lengua), S. mitis (en los carrillos) y S. mutans (en los dientes). Este último es
uno de los principales responsables de la placa dental y de la caries.
El intestino grueso posee una abundantísima flora microbiana, con una
concentración del orden de 1010 bacterias/ml. Funciona como si fuera un
quimiostato.
SISTEMA DE INMUNIDAD INNATA, NATURAL O INESPECÍFICA
Elementos del sistema de inmunidad natural. Si el microorganismo o partícula
extraños logran atravesar la piel y los epitelios, se pone en marcha el sistema
de inmunidad natural (inespecífica o innata), en el que participan los siguientes
elementos:
Células:
Fagocitos (o sea, leucocitos del sistema retículo-endotelial, que se originan
en la medula ósea): en la sangre: los PMN neutrófilos (de vida corta) y los
monocitos; en los tejidos: los macrófagos, que se diferencian a partir de los
monocitos. Todos ellos fagocitan y destruyen los agentes infecciosos que
logran atravesar las superficies epiteliales.
Células asesinas naturales (células NK): son leucocitos que se activan por
interferones inducidos en respuesta a virus. Reconocen y lisan células
"enfermas", infectadas por virus o malignizadas (cancerosas).
Factores solubles:
Proteínas de fase aguda: aumentan su concentración rápidamente unas 100
veces ante una infección Una de ellas (la proteína C-reactiva) se une a la
proteína C de la superficie del neumococo, favoreciendo que éste sea
recubierto por el sistema de proteínas del complemento (al que aludiremos
enseguida), lo cual a su vez facilita la fagocitosis por los fagocitos.
Sistema del complemento: se trata de un conjunto de unas 20 proteínas del
suero que interaccionan entre sí y con otros componentes de los sistemas
inmunes innato y adquirido. En el sistema de inmunidad innata el sistema se
activa por la llamada ruta alternativa. He aquí un resumen de sus efectos:
El complemento se activa por ruta alternativa al contacto con la superficie del
microorganismo. El hecho de que el complemento quede activado tiene una
serie de consecuencias:
Lisis directa del microorganismo
Quimiotaxis sobre fagocitos
Recubrimiento del microorganismo con una de las proteínas del
complemento (la C3b), lo que facilita la fagocitosis (a este fenómeno se
le llama opsonización).
La activación del complemento controla también la reacción de
inflamación aguda.
Funcionamiento del sistema de inmunidad natural
Endocitosis
La endocitosis es la ingestión de material soluble (macromoléculas) del fluido
extracelular por medio de invaginación de pequeñas vesículas endocíticas. La
endocitosis puede ocurrir de dos maneras distintas:
A) Pinocitosis
La internalización de las macromoléculas ocurre por invaginación inespecífica
de la membrana plasmática. Debido a esa inespecificidad, la cuantía de la
internalización depende de la concentración de las macromoléculas.
B) Endocitosis mediada por receptor
Las macromoléculas son selectivamente internalizadas debido a su unión a un
receptor específico de la membrana.
En cualquiera de estos dos casos, tras la internalización, las vesículas
endocíticas se fusionan entre sí y después con los endosomas. En el caso de
endocitosis, el contenido ácido de los endosomas hace que se disocie la
macromolécula de su receptor. El endosoma se fusiona con el lisosoma
primario, para dar el lisosoma secundario. Los lisosomas primarios derivan del
aparato de Golgi y transportan grandes cantidades de enzimas hidrolíticos
(proteasas, nucleasas, lipasas, etc.). Dentro de los lisosomas secundarios, las
macromoléculas ingeridas son digeridas hasta productos hidrolizados
(péptidos, aminoácidos, nucleótidos y azúcres), que finalmente son eliminados
de la célula.
Fagocitosis
La fagocitosis es la unión del microorganismo (o, en general, un agente
particulado, insoluble) a la superficie de una célula fagocítica especializada
(PMN, macrófago), por algún mecanismo inespecífico, de tipo primitivo
(ameboide): emisión de pseudópodos y englobamiento, para crear un
fagosoma (10-20 veces mayor que el endosoma) al que se unen lisosomas; a
partir de aquí el proceso es similar al descrito anteriormente. La fusión de los
gránulos de los fagocitos origina la destrucción del microbio en unos pocos
minutos. La expansión de la membrana en la fagocitosis (emisión de
pseudópodos) requiere la participación de los microfilamentos, cosa que no
ocurre en la pinocitosis-endocitosis.
La destrucción del microorganismo en los lisosomas secundarios de los
fagocitos se produce por dos tipos de mecanismos:
Mecanismos dependientes de oxígeno: Se activa una ruta metabólica
(hexosa m onofosfato) que consume grandes cantidades de oxígeno, lo que
a su vez produce grandes cantidades de radicales tóxicos
antimicrobianos (como el O2-, H2O2, OH-, O21), que a su vez pueden
reaccionar para dar otras sustancias tóxicas, como hipocloritos y cloruros.
Estas sustancias provocan una intensa halogenación que afecta a muchas
bacterias y virus.
Mecanismos dependientes de óxido nítrico (NO).
Mecanismos independientes de oxígeno: Liberación de enzimas hidrolíticos:
lisozima, proteínas catiónicas, proteasas, etc., que ejecutan un efecto
bactericida o bacteriostático.
Pero como hemos dicho, el paso inicial de la fagocitosis implica que el fagocito
debe ser capaz de unirse al microorganismo y activar la membrana para poder
englobarlo. Para ello, cuenta con una ayuda evolutiva que se ha "añadido" al
sistema primitivo ameboide, y que aumenta su eficacia: el sistema de activación
del complemento por la vía alternativa.
Activación del complemento por la ruta alternativa: Como ya dijimos, el
complemento es un conjunto de 20 proteínas del plasma, que interactúan entre
sí y con otros elementos de los sistemas inmunitarios innato y adquirido, para
mediar una serie de importantes respuestas inmunológicas. El complemento se
activa por dos rutas diferentes: la ruta clásica, (que corresponde al sistema de
inmunidad específica, y que depende de interacciones antígeno-anticuerpo), y
la ruta alternativa (perteneciente al sistema natural). Ambas rutas consisten
en un sistema de activación enzimática en cascada, que sigue la lógica de
que el producto de una reacción es a su vez una enzima para la siguiente
reacción, produciéndose una respuesta rápida y amplificada del estímulo inicial.
En la ruta alternativa podemos distinguir dos grandes fases: la iniciación por el
componente C3 y el ensamblaje del complejo de ataque a la membrana (CAM).
a) Iniciación de la ruta alternativa por el componente C3.
La acción concertada del polisacárido microbiano y de la properdina del
hospedador estabiliza a la C3-convertasa, que de esta forma comienza a
producir grandes cantidades de C3b que se fijan a la superficie del
microorganismo; a su vez, el C3b fijado provoca la producción y fijación de
mayores cantidades de convertasa (C3bBb).
b) Ensamblaje sobre la membrana del microorganismo del complejo de ataque
a la membrana (CAM), por la "vía post-C3":
Ahora comienzan a juntarse, junto al C3b, y en orden secuencial, una serie de
otros componentes del sistema complemento, que finalmente constituyen el
llamado complejo de ataque a la membrana (CAM), que representa un canal
totalmente permeable a iones y agua. Como lo que acabamos de describir
ocurre en toda la superficie del microorganismo, el resultado son innumerables
complejos CAM ensamblados en la membrana citoplásmica, por los que entran
grandes cantidades de agua con iones Na+, que pueden provocar la lisis del
microorganismo.
En este proceso se liberan algunos componentes solubles del complemento, de
los cuales los más importantes son el C3a y el C5a.
Funciones biológicas del complemento activado por la ruta alternativa:
a) Como acabamos de ver, una primera secuela (aunque no siempre ocurre en
todos los microorganismos) es la lisis celular por el CAM. El recubrimiento del
microorganismo por numerosas unidades de C3b es un ejemplo
de opsonización: facilita la unión de los fagocitos al agente extraño, para su
inmediata fagocitosis. Papel de los pequeños péptidos solubles C3a y C5a:
b) estimulan la tasa respiratoria de los PMN neutrófilos, lo que supone una
activación de sus mecanismos destructivos dependientes de oxígeno (citados
más arriba). estos péptidos son anafilotoxinas, es decir, estimulan
la desgranulación de los mastocitos y de los PMN basófilos, lo cual supone la
liberación de una variedad de sustancias
i. histamina: provoca vasodilatación y aumento de la permeabilidad de los
capilares sanguíneos.
ii. heparina: efecto anticoagulante.
iii. factores quimiotácticos que atraen a PMN neutrófilos y eosinófilos.
Todo ello, como se puede ver, va encaminado a congregar hacia el foco de
infección a las células fagocíticas, parte de las cuales se activan para
mecanismos defensivos. Pero además, estas anafilotoxinas inducen el que los
mastocitos sinteticen prostaglandinas (PG) y leucotrienos (LT), cuyos papeles
fisiológicos son:
intervenir en el mecanismo fisiológico del dolor
favorecer aún más la quimiotaxis de los PMN
favorecer más la vasodilatación.
Reacción de inflamación aguda:
La inflamación es una reacción ante la entrada de un microorganismo a un
tejido, con síntomas de dolor (debido a PG y LT), enrojecimiento, hinchazón y
sensación de calor, con un edema debido a la acumulación de líquido rico en
leucocitos. Esta reacción deriva de algunos de los componentes citados en el
anterior epígrafe:
Los péptidos C3a y C5a, junto con los factores quimitácticos segregados por
los mastocitos atraen hacia el tejido afectado a los PMN que están circulando
por la sangre, que atraviesan los capilares ayudados por el efecto de
vasodilatación de la histamina. Al llegar al foco del microorganismo invasor, las
células atraídas despliegan todo su arsenal: los PMN neutrófilos reconocen (por
medio de unos receptores específicos) a los microorganismos "opsonizados"
(recubiertos) por C3b, los fagocitan, y en el fagolisosoma formado descargan
su "artillería química", entre ella los mecanismos dependientes de oxígeno, que
han sido activados por C3a y C5a.
La vasodilatación y el incremento en la permeabilidad capilar facilitan la entrada
al tejido dañado de las enzimas del sistema de coagulación sanguínea: se
activa una cascada enzimática que conduce a la acumulación de cadenas
insolubles de fibrina, que constituyen el coágulo sanguíneo.
Una vez ocurrida la respuesta de inflamación aguda, y eliminado el
microorganismo por los fagocitos, tiene lugar la reparación del tejido dañado y
la regeneración con tejido nuevo. La reparación comienza con el crecimiento de
vasos capilares en el entramado de fibrina del coágulo sanguíneo. Conforme el
coágulo se disuelve, va siendo sustituido por fibroblastos nuevos. La cicatriz es
el resultado de la acumulación de nuevos capilares y de fibroblastos.
Otros mecanismos de inmunidad inespecífica:
A) Mecanismos humorales:
Proteínas de fase aguda. Estas proteínas incrementan su concentración
espectacularmente cuando se produce una infección. Una de las m<s
importantes es la proteína C-reactiva (CRP), que se produce en el hígado ante
daño en tejidos. Se une al llamado polisacárido C de la pared celular de una
amplia variedad de bacterias y de hongos. Esta unión activa a su vez al
complemento, lo que facilita su eliminación, bien sea por lisis dependiente del
complemento (por el complejo de ataque a la membrana, CAM), bien sea por
potenciación de la fagocitosis mediada por el complemento.
Interferones Los interferones modulan, además la función de las células NK.
B) Mecanismos celulares: dependen de células que destruyen "desde fuera"
(no por fagocitosis):
células NK (asesinas naturales): son linfocitos grandes, distintos de los B y T
que veremos más adelante, y que a diferencia de estos poseen gránulos
citoplásmicos. Su papel es reconocer células tumorales o infectadas con virus,
se unen a ellas y liberan al espacio que queda entre ambas el contenido de sus
gránulos.
una perforina, proteína que se ensambla en la superficie de la célula enferma y
origina un canal parecido al de CAM, provocando la lisis. factores citotóxicos,
que matan a la célula enferma PMN eosinófilos: especializados en atacar
grandes parásitos, incluyendo helmintos.
EL SISTEMA DE INMUNIDAD ADAPTATIVA O ESPECÍFICA
Algunos microorganismos no desencadenan activación del complemento por la
ruta alternativa, y no pueden ser lisados porque no llegan a quedar
opsonizados por la proteína C3b. Incluso existen microbios que escapan al
control de los fagocitos. Para poder enfrentarse con estos "invasores", la
evolución ha desarrollado en los vertebrados, y principalmente en los
mamíferos, una barrera defensiva adicional, aún más sofisticada, consistente
en un tipo de moléculas que funcionan como "adaptadores flexibles", que por
un lado se unen a los fagocitos, y por el otro se unen al microorganismo, no
importa de qué tipo se trate. Este tipo de adaptadores son los anticuerpos.
Los anticuerpos o inmunoglobulinas son productos de las células B,
capaces de unirse de forma específica a un fragmento de antígeno. Un
antígeno es toda estructura que es reconocida por el sistema inmunológico. Si
además el antígeno es capaz de producir una respuesta inmune específica se
denomina inmunógeno.
Los anticuerpos o inmunoglobulinas (Ig), están formadas por cuatro cadenas de
aminoácidos, dos cadenas pesadas o cadenas H (del inglés, heavy) y dos
cadenas ligeras o cadenas L, que se unen entre sí por puentes disulfuro,
resultando una disposición en forma de Y. Las dos cadenas H y las dos
cadenas L de una molécula dada de Ig son idénticas entre sí. Hay dos tipos de
cadenas L, denominadas kappa (k) y lambda (l). Por otra parte existen cinco
clases o isotipos de cadena H, que sí determinan diferencias funcionales
importantes como se describirá mas adelante: cadenas g1 (IgG1), g2 (IgG2), g3
(IgG3), g4 (IgG4), m (IgM), a1 (IgA1), a2 (IgA2), d (IgD) y e (IgE).
Según el tipo o isotipo de cadena H que posean las inmunoglobulinas, se
dividen en 5 clases con propiedades distinta
IgG: son las más abundantes. Existen al menos cuatro subclases de IgG.
Predominan en la respuesta inmunitaria secundaria y tienen actividad
antitoxina. Activan el sistema de complemento facilitando así la fagocitosis.
Atraviesan la placenta, por lo que confieren inmunidad al neonato. Median la
citotoxicidad celular dependiente de anticuerpo o ADCC que es un proceso
lítico que ejercen varias poblaciones celulares, diferentes a los linfocitos T
citolíticos, como neutrófilos, eosinófilos, monocitos y especialmente los NK
(células agresoras naturales o Natural Killer),y que requiere para la muerte de
la célula diana que ésta esté recubierta por IgG específica.
IgM: se producen en la respuesta inmunitaria primaria. Son formas arcaicas de
elevado peso molecular se secretan a la circulación en forma pentamérica,
activan fácilmente el sistema del complemento y actúan como opsoninas
(recubren al agente extraño y facilitan su fagocitosis por los macrófagos).
IgA: es el anticuerpo predominante en las secreciones seromucosas y
constituye la defensa ante las infecciones bacterianas. No atraviesa la placenta,
pero puede transmitirse al recién nacido en el calostro. Los eosinófilos pueden
utilizar la IgA para dirigir la ADCC.
IgD: minoritaria en el plasma, se encuentra en las mucosas y en las
membranas de los linfocitos B, por lo que parece jugar un papel importante en
la diferenciación linfocitaria inducida por antígeno.
IgE: también escasa en plasma, aparece en la membrana de basófilos y
mastocitos, juega un papel importante en las reacciones de hipersensibilidad
inmediata, anafilaxia, y también reacciones parasitarias. La interacción de las
IgE de la superficie celular con un alérgeno induce la degranulación de los
mastocitos, liberando sustancias farmacológicamente activas, como la
histamina, prostaglandinas y otros intermediarios de la respuesta inflamatoria.
En la inmunidad específica se dan dos tipos de respuesta:
inmunidad específica humoral
inmunidad específica celular.
1. La inmunidad celular está principalmente especializada en la lucha contra
patógenos intracelulares, como pueden ser los virus, parásitos o patógenos que
han sido fagocitados. Para ello, cuentan con la ayuda de células como los
macrófagos o las células dendríticas, que les presentan los antígenos a través
de moléculas MHC I. Los principales efectores son los linfocitos T citotóxicos. Si
bien, otro tipo de células T, los linfocitos T cooperadores, también pueden
participar en la gestión inmunitaria de antígenos extracelulares a través de
MHC-II, activando otras células de la inmunidad y mediante la secreción
de citoquinas.
2. La inmunidad humoral sin embargo, actúa más bien contra patógenos
extracelulares a través de moléculas que circulan en la sangre y en secreciones
de las mucosas, como son los anticuerpos. En este caso intervienen los
linfocitos B, que al reconocer antígeno se convierten en células plasmáticas
productoras de anticuerpos. Hay que recordar que después de producirse este
tipo de respuesta inmunitaria quedarán como remanentes los linfocitos B de
memoria. Los mismos que facilitarán que la respuesta secundaria sea más
rápida.
La unión entre el antígeno (Ag) y el anticuerpo específico (Ac) provoca:
la activación del complemento por la ruta clásica, que puede conducir, al
igual que en la ruta alternativa, a la lisis del microorganismo invasor;
opsonización (recubrimiento) de los fagocitos con complejos Ag-Ac, lo cual
facilita la fagocitosis;
neutralización directa de ciertas toxinas y virus por la simple unión Ag-Ac.
Obsérvese que los dos primeros efectos son formas que tiene el sistema
específico de "aprovechar" elementos del sistema de inmunidad innata,
mediante los cuales determinados elementos de este sistema inespecífico
son "encarrilados" mediante los anticuerpos (que son específicos) hacia el
foco de la infección de un determinado microorganismo, para su eliminación.
Los Ac están producidos por las células plasmáticas, diferenciadas a partir de
los linfocitos B.
La Ag son las moléculas del microorganismo o partícula extraña que evocan y
reaccionan con los Ac. Son los Ag los que seleccionan el Ac específico que les
hará frente. Sin embargo, cada tipo de Ac está preformado antes de entrar en
contacto por primera vez con el ag. Cada linfocito B que se diferencia en la
médula ósea está programado genéticamente para sintetizar un solo tipo de Ac,
a la espera de contactar con el Ag específica.
Tras su primer contacto con el Ag específico, cada linfocito B se multiplica y
diferencia hasta dar un clon de células plasmáticas, que fabrican y excretan
grandes cantidades del Ac específico para el que estaba programado el
linfocito original. A este fenómeno se le conoce con el nombre de selección y
expansión clonal. En cada individuo existen cientos de miles, o millones de
tipos de linfocitos B, cada uno preparado para originar un clon productor del
correspondiente Ac.
La respuesta de formación de Ac provocada tras el primer contacto de cada Ag
con el linfocito B se llama respuesta primaria. Este primer contacto confiere al
individuo una memoria inmunológica, de forma que el cuerpo se encuentra
preparado para afrontar la eventualidad de una segunda infección por el mismo
agente. En la respuesta secundaria la formación de Ac es más rápida y más
intensa. Ello se debe a que a partir del linfocito primario que tuvo el primer
contacto, aparte del clon de células plasmáticas (responsable de la respuesta
primaria), se generó en paralelo otro clon de células B de memoria: cuando el
Ag entre por segunda vez, hay en el cuerpo m<s células preparadas que las
que encontró en la primera ocasión. Además, estos linfocitos cebados de
memoria necesitan menos divisiones celulares antes de poder diferenciarse a
su vez en células plasmáticas productoras de Ac.
La memoria inmunológica es específica para cada antígeno. Su base es que
cada anticuerpo reconoce un solo antígeno (aún más: como veremos,
reconocen porciones concretas de cada antígeno, denominadas epitopos).
Cómo puede el organismo reconocer tan específicamente moléculas
"extrañas", a las que ataca, y discriminarlas respecto de sus propias moléculas,
a las que respeta? En 1960 Burnett y Fenner propusieron una hipótesis que se
demostraría básicamente correcta años más tarde: El cuerpo desarrolla
ontogenéticamente un sistema para distinguir lo propio y evitar reaccionar
contra él. Cuando el sistema linfoide se está desarrollando (desde la fase fetal
a la perinatal) van llegando a él componentes circulantes de las moléculas de
las distintas partes del cuerpo; así, el sistema inmune "aprende" a reconocer a
estos componentes, y se provoca una incapacidad permanente para reaccionar
contra ellos (se "suprimen" o inactivan los clones de linfocitos que reconocen
"lo propio").
La inmunidad celular es la otra rama de la inmunidad específica
La inmunidad humoral, por sí misma, sería de poca utilidad frente
a patógenos intracelulares, bien sea los estrictos (virus) o facultativos (como
los Mycobacterium o muchos protozoos, como las Leishmania). Para ello ha
evolucionado un sistema de inmunidad celular, que está mediatizado por
linfocitos T, parecidos citológicamente a los B, pero que se diferencian en el
timo.
Los linfocitos T reconocen al Ag extraño siempre que esté situado sobre la
superficie de células del propio organismo hospedador. Pero no pueden
reconocer al Ag por sí solo, sino que éste ha de estar en combinación con
una molécula marcadora de la superficie celular, que le "dice" al linfocito que
está en contacto con una célula "enferma".
El receptor de los linfocitos T (TCR) es diferente a los Ac, aunque ambos
comparten algunos rasgos estructurales.
Las moléculas marcadoras de superficie pertenecen al llamado sistema
principal de histocompatibilidad (MHC, de "Major Histocompatibility
Complex").
Los linfocitos T, al igual que los B, se seleccionan y se activan
combinándose con el antígeno (aunque necesitan junto a él moléculas
MHC), lo que provoca su expansión clonal.
Funcionalmente, existen dos tipos de linfocitos T:
linfocitos T citotóxicos o matadores (TC);
linfocitos T colaboradores o coadyuvantes ("helper") (TH);
Los linfocitos T citotóxicos son los principales efectores de la inmunidad
específica celular: destruyen células del propio organismo infectadas por virus.
En el cuerpo existe multitud de clones distintos de TC, cada uno de los cuales
posee en su superficie receptores distintos de los Ac, aunque con porciones
parecidas a las de los Ac.
Cada clon de TC está programado para fabricar un solo tipo de receptor, y
reconoce la combinación de un determinado Ag junto con una molécula MHC
de clase I, situados sobre la superficie de la célula diana enferma. De esta
forma, el TC entra en estrecho contacto con la célula diana, tras de lo cual le da
el llamado "beso de la muerte", consistente en la secreción de sustancias
citotóxicas, que la matan. También secreta interferón gamma (IFN-(), que
tiende a reducir la diseminación del virus en caso de que éste no induzca bien
el IFN-" o el IFN-8.
Los linfocitos T colaboradores no tienen actividad matadora, sino que ocupan
un papel central en el sistema inmune, activando a otras células: macrófagos,
linfocitos TC y B.
Se unen a una combinación de {Ag + MHC de clase II} presente en la superficie
de macrófagos que tengan en su interior algún parásito que ha logrado
sobrevivir intracelularmente. (En estos casos, el macrófago, aunque no ha
logrado vencer por sí mismo al parásito, ha logrado al menos procesar y enviar
a la superficie antígenos del invasor). Al unirse al macrófago de esta manera,
se induce en el TH la producción de IFN-gamma y de linfocinas, que activan las
funciones del macrófago, provocando la muerte intracelular del parásito. De
nuevo nos encontramos con otro ejemplo de conexión entre el sistema de
inmunidad natural y el adquirido. (El sistema de inmunidad adquirida, que es
muy específico, y que supone un logro evolutivo "reciente" -apareció en los
vertebrados- aprovecha lo que ya sabía hacer el más primitivo sistema de
inmunidad natural, mejorándolo y confiriéndole especificidad de modo indirecto;
esto es un buen ejemplo de que la evolución no suele desechar logros
antiguos, sino que los reutiliza y modifica para integrarlos en sistemas cada vez
más complejos y perfectos).
Los linfocitos TH juegan un papel importante en la activación y expansión clonal
de los linfocitos B para producir anticuerpos, y de los linfocitos T citotóxicos.
Como se ve, la inmunidad innata y la adquirida no se dan independientes una
de la otra, sino que interactúan estrechamente entre sí en toda respuesta
inmune. Como ha quedado indicado, los macrófagos y otras células del sistema
innato de inmunidad intervienen en la activación de la respuesta inmune
específica (adquirida); por otro lado, varios factores solubles del sistema de
inmunidad adquirida (citoquinas, componentes del complemento) potencian la
actividad de las células fagocíticas del sistema innato.
Resumiendo, podemos expresar así las principales características de las
respuestas inmunes específicas:
Especificidad hacia antígenos distintos. De hecho, como veremos
oportunamente la especificidad es hacia porciones concretas del antígeno o
partícula extraña, denominados epitopos o determinantes antigénicos. Dicha
especificidad es anterior al contacto con el antígeno, y se produce durante
las primeras fases de vida del individuo, en las que se originan clones
diferentes de linfocitos T y B, cada uno con un tipo de receptor capacitado
para enfrentarse ulteriormente a epitopos concretos.
Diversidad: el repertorio de linfocitos en cada individuo es gigantesco (se
calcula que en humanos es al menos de mil millones), y se deriva de
variaciones en los sitios de unión para el antígeno en los correspondientes
receptores de células T y B. El origen de dichas variantes reside en un
complejo conjunto de mecanismos genéticos.
Memoria inmunológica, de modo que el organismo guarda recuerdo de cada
agente o partícula extraña tras su primer contacto con él. En los ulteriores
encuentros del sistema inmune con cada antígeno se producirá una
respuesta secundaria más rápida, más intensa y en el caso de los
anticuerpos, cualitativamente superior a la respuesta primaria. La memoria
inmunológica se aprovecha para las técnicas de vacunación activa, que tan
importantes son en la profilaxis de enfermedades infecciosas.
Autolimitación, de modo que la respuesta va decayendo con el tiempo,
conforme se va eliminando el agente extraño, debido a unos sistemas de
retrorregulación que devuelven el sistema inmune a su nivel basal,
preparándolo para nuevas respuestas. Existen varias patologías
por hipersensibilidad, en las que se produce una reacción excesiva del
sistema inmune, que puede ser lesiva para el hospedador.
Discriminación entre lo propio y lo ajeno: durante las primeras fases
ontogenéticas del individuo el sistema inmune específico "aprende" a
reconocer lo propio, de modo que se induce un estado de autotolerancia
(incapacidad de atacar a los componentes del propio individuo). Esto supone
que los trasplantes de tejidos procedentes de donadores genéticamente
distintos sean rechazados. Los fallos en este sistema de discriminación entre
lo propio y lo ajeno puede desembocar en enfermedades por
autoinmunidad (ataque a componentes propios).