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Protección y Seguridad en Edificios

El documento aborda la protección de edificios, enfocándose en la integridad estructural, la seguridad contra incendios y la instalación de pararrayos. Se destacan las responsabilidades de los constructores y usuarios en el mantenimiento de la seguridad, así como las regulaciones para prevenir y combatir incendios, incluyendo sistemas de detección y extinción. Además, se discuten las condiciones necesarias para la evacuación y la sectorización de incendios para limitar su propagación.

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Protección y Seguridad en Edificios

El documento aborda la protección de edificios, enfocándose en la integridad estructural, la seguridad contra incendios y la instalación de pararrayos. Se destacan las responsabilidades de los constructores y usuarios en el mantenimiento de la seguridad, así como las regulaciones para prevenir y combatir incendios, incluyendo sistemas de detección y extinción. Además, se discuten las condiciones necesarias para la evacuación y la sectorización de incendios para limitar su propagación.

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Dto. de Construcciones/ Ing.

Civil
Edificios II

Protección de los edificios

1. Instalaciones que preservan la integridad


2. Seguridad contra incendios
3. Pararrayos

1. Instalaciones que preservan la integridad

Los profesionales de la construcción son responsables de que los edificios se


mantengan como el primer día de erigidos durante un período razonable, y así lo
establecen las reglamentaciones de todo el mundo, haciendo especial referencia a que
sus ocupantes estén libres de cualquier riesgo previsible sobre su integridad física a
través de los años que usen el mismo.

Este objetivo implica nuevos requisitos sobre nuestra manera de construir; no


solamente debemos conseguir que los edificios sean útiles al acabar de construirlos,
sino que esta condición sea duradera y segura para los usuarios. Es el principio de
integridad global, que afecta tanto a los edificios como a las personas.

En cualquier caso, no sólo los que construyen son los responsables de evitar los efectos
negativos sobre los edificios; es el propio usuario quien debe, a través de un
mantenimiento periódico, procurar el correcto estado de todos los elementos de estos,
sean estructurales o no. Pero poco podrá hacer el mismo si el edificio está mal 1
concebido o ejecutado.

2. Seguridad contra incendios

La experiencia muestra que la causa principal de la acción mortal del fuego es la falta
de previsión en la organización del espacio interior del edificio con relación a dos
aspectos:

propagación y concentración interna del humo posibilidad de una rápida huida


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Se puede pensar que un camino para evitar el incendio es la utilización exclusiva de


materiales incombustibles, hecho que en general se da en nuestro entorno. Pero los
usuarios incorporan en el interior del edificio gran cantidad de materiales de todo tipo
con un alto grado de combustibilidad, desde libros hasta todo tipo de muebles y ropa,
además de los materiales que suelen revestir las paredes o reforzar los cerramientos
de las aberturas, como los cortinados.

Además, las causas de ignición contenidas en los edificios son muy variadas, resumidas
en dos tipos:

• normales, desde los fuegos imprescindibles para la preparación de alimentos,


hasta los encendidos para la comodidad como chimeneas o cigarrillos;
• producidos por fallas o uso incorrecto de las instalaciones, calderas de gas,
líneas eléctricas defectuosas, etc.

Aun con una total incombustibilidad de los materiales con los que se construyen los
edificios, no existe suficiente garantía de su integridad, dado que muchos de ellos
pierden su capacidad resistente como consecuencia de las altas temperaturas. Esta
característica se da en el acero —que debe estar eficazmente protegido para su uso en
estructuras resistentes—, en la destrucción del Hº Aº a las temperaturas de un
incendio o incluso en las paredes de ladrillos que pueden fallar de diferentes formas
como consecuencia de la debilidad de los morteros.

En definitiva, el fuego es una amenaza constante y cierta contra la que es preciso


desarrollar modos de defensa que condicionan el libre diseño del edificio, incidiendo 2
en la configuración constructiva de los cerramientos y la estructura y en la
participación de las instalaciones.

Definimos, entonces, a la protección contra incendios en edificios como el conjunto de


reglamentaciones y normas destinadas a evitar dicho tipo de siniestros en el uso de estos
y comprende las condiciones de construcción, situación, instalación y equipamiento que
deben observarse.

2.1. Objetivo

El objetivo de prevención del incendio es, en primer lugar, reducir al mínimo sus
efectos negativos sobre las personas. Pero por supuesto, salvadas éstas, es necesario
también pensar en el valor del propio edificio.

La prevención se puede concretar en seis puntos clave:

1. Evitar el mal en su origen, es decir, evitar la declaración del incendio. Los


reglamentos fijan el grado de peligrosidad de las diferentes actividades y en
consecuencia los diferentes grados de protección que requieren; en general, los
que implican el almacenamiento de sustancias inflamables en mayor o menor
grado están sometidos a exigencias más elevadas.
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2. Si no se pudo evitar su inicio, detectar el fuego en sus fases más tempranas a la


mayor brevedad posible mediante las instalaciones de detección.

3. Extinguir el fuego lo más rápido posible. Existen tres situaciones alternativas:


• presencia de instalaciones automáticas de extinción que se ponen en
funcionamiento exitosamente;
• los usuarios afectados, mediante el uso de extintores manuales a su
alcance, pueden apagarlo rápidamente;
• ninguna de las dos anteriores es posible, por lo que los ocupantes del
edificio lo deben evacuar con la mayor celeridad y es el servicio de
bomberos el encargado de hacerlo con sus propios medios y con la ayuda
de las instalaciones específicas existentes en el edificio, siendo
fundamental la accesibilidad de las partes afectadas.

4. Si la rapidez del incendio es mayor que la capacidad de extinción es prioritaria


la evacuación de las personas. El diseño de la distribución de pasillos y escaleras
que la permite exige la incombustibilidad de los materiales que configuran sus
paramentos y la contención y evacuación del posible humo.

5. Al mismo tiempo, es imprescindible evitar la propagación del fuego declarado a


la totalidad del edificio, por lo que los reglamentos exigen que una parte de la
compartimentación interior sea especialmente resistente a la transmisión del
fuego.
3
6. Finalmente, la máxima integridad del edificio exigirá, por sobre cualquier otra
cosa, la integridad de su propia estructura portante.

Cada uno de los puntos puede tomar diferentes niveles de intensidad en la prevención
y dependen del tipo de edificio en función de su destino (vivienda, hospitalario,
educativo, comercial, etc.) y dentro de cada uno de ellos según sea el tamaño y
fundamentalmente la altura de este.

2.2. Instalaciones de detección y extinción

Cuando el incendio se declara, las instalaciones de detección y extinción son las que
asumen el papel de evitar lo más rápidamente su posible propagación. La instalación
cuyo funcionamiento es más inmediato es la de detección del foco de incendio con la
consecuente señal de alarma para que se activen las medidas adecuadas.

Los detectores de fuego pueden ser:

• térmicos, en los que el calor por convección activa directamente la señal,


situándose generalmente cerca del techo
• termoestáticos, que dan la señal cuando la temperatura del elemento
operacional alcanza un valor especificado
• termoeléctrico, que tienen un termopar que genera un aumento de potencial
cuando la temperatura aumenta, activándose según un calibrado
determinado
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Los detectores de humo pueden ser:

• fotoeléctricos, que responden a través de un haz de luz luminoso que el


humo corta a pesar de atravesarlo
• iónicos, que responden a través de una cámara donde se ioniza el aire lo que
lo hace altamente conductor, propiedad que pierde cuando ingresa humo y
genera la señal de aviso

Los detectores de llamas dan una respuesta directa a las mismas y a los rayos
infrarrojos, mediante unos filtros y lentes especiales que activan la señal cuando
detectan una emisión de dichos rayos.

En función del tipo de fuego que presumiblemente se pueda producir en el local,


llamado riesgo de incendio, se instalarán detectores de la clase y sensibilidad 4
adecuados teniendo en cuenta las fases de desarrollo de los incendios. Cuando se
prevea un desarrollo lento con gran desprendimiento de humo, poca emisión de calor y
llamas casi nulas, se colocarán detectores de humos; si, en cambio, se prevé un
desarrollo rápido, gran emisión de calor, llamas intensas, producción de humo, etc., de
deberán utilizar detectores térmicos, de llamas, de humos o combinaciones de varios
tipos.

Al detectarse una señal se transmitirá hasta una central la alarma correspondiente; al


funcionar por impulsos eléctricos, deberá disponer de una fuente secundaria de
alimentación autónoma que entrará en funcionamiento automáticamente al fallar la
alimentación principal. De igual manera se dispondrán de pulsadores manuales para
que algún usuario que detecte en forma directa algún principio de incendio los accione.
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Dentro de los sistemas de extinción, tenemos dos grandes tipos: manuales (extintores,
bocas de incendio, hidrantes, columnas secas) y sistemas automáticos, que funcionan
con agua, gases y polvo seco; se diseñan en función del riesgo de fuego y del tipo de
edificio a proteger.

Los extintores son aparatos autónomos que contienen agentes que apagan las llamas,
que pueden ser proyectados o dirigidos sobre un fuego por la acción de una presión
interna.

Cada tipo de extintor será válido para una o varias clases de fuego, denominadas A-B-C 5
en función del combustible que ha provocado la ignición, sólido- líquido- eléctrico.

Los agentes extintores más generalizados son el agua pulverizada o a chorro, espuma,
polvo seco, CO₂, entre otros. La ubicación en el edificio dependerá de la capacidad de
extinción, del tipo de fuego previsible y de la superficie, determinando su número y
colocación.

base
agua X
espuma X X
CO₂ X X
polvo químico X X X
reemplazo halógenos X X X
agua pulverizada X X

Las bocas de incendio constan de un conjunto de elementos (bocas, red de cañerías y


fuente de alimentación de agua) dispuestos para distribuir el agente extintor sobre un
área determinada. Son sistemas fijos de la red, pero que a través de las bocas tienen
capacidad de movimiento.
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6
Se componen de una red de Hº Gº de 3´´ de diámetro en la cañería principal y 2½´´ en
las derivaciones. Necesita agua a una presión determinada (no inferior a 3 kg/cm² y no
superior a 6 kg/cm²) y en cantidad suficiente (a razón de 10 lt/m² de superficie
cubierta) debiendo garantizar su utilización durante una hora, lo que implica contar
con depósitos con grupos de presión específicos para esta instalación. Contarán con un
gabinete que aloja la boquilla, la lanza, la manguera (de 15 y 30 m de largo según
corresponda), llave de ajuste y válvulas.
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En la línea municipal se colocarán hidrantes de acceso para el Cuerpo de Bomberos en


el caso en que fuera necesario incorporar más provisión de agua al tanque desde el
exterior. De manera similar, podrá contarse con la columna seca, que incluye
dispositivos similares pero que recibe agua desde el exterior en caso de necesidad.

La instalación de protección contra incendios de mayor fiabilidad la constituyen los


rociadores. Estos sistemas realizan automáticamente tres funciones frente a un
incendio: detectan el incendio gracias al rociador, que dispone de una ampolla con
líquido termosensible y que por efecto del calor se rompe y abre el paso del agua por
él; conectan y ponen en marcha la instalación, lo que activa la alarma; y extinguen el
fuego directamente en la zona donde han detectado el aumento de calor.

Se instalan en los techos de las plantas a proteger, conectando entre sí cañerías de Hº


Gº alimentadas por la reserva del tanque y un grupo de presión exclusivo para la red
de extinción.

2.3. Condiciones de las vías de evacuación

Las necesidades de la rápida y segura evacuación, aparte de consideraciones de


dimensionamiento y concatenación de los espacios, obligan a tres tipos de condiciones
de las partes materiales que envuelven las vías por las cuales se supone el usuario debe
huir:
• facilitar la huida
• evitar la combustión
• evitar los humos
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Para facilitar el desplazamiento con la mayor seguridad, se requiere:

• señalización e iluminación de emergencia que informe exactamente cual es la


vía de salida
• superficies de marcha totalmente seguras en cuanto a posibilidades de
resbalamiento o tropiezos
• escaleras dimensionadas de acuerdo con los reglamentos específicos

Los materiales se clasifican en incombustibles, combustibles pero no inflamables y una


gradación de inflamabilidad. Las normas limitan su utilización a aquellos que son no
combustibles, evitando que generen densas humaredas.

Las características de las cajas de escalera son:

• construida en material incombustible


• acceso a través de puertas de doble contacto, que contarán con cierre
automático (hidráulico) y abrirán hacia adentro sin invadir el ancho de paso.
• en establecimientos de trabajo, se accederá a través de una antecámara que
contará con puertas ídem anterior.
• claramente señalizada e iluminada permanentemente.
• libre de obstáculos, no permitiéndose incluir en ella ningún tipo de servicios.
• construida en tramos rectos; sólo se admitirán escaleras compensadas
debidamente justificadas y aprobadas por la autoridad respectiva.
• la escalera, en forma continua, sólo puede seguir hasta el nivel de salida; la
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escalera a sótano constituirá caja aparte.
• para seis o mas niveles las escaleras deberán ser presurizadas.
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2.4. Sectorización de incendios

Si el incendio se ha declarado y la evacuación está relativamente bien organizada, el


objetivo prioritario es evitar la propagación de este a otras zonas del edificio, para
proteger al mismo y también a otras personas que no pudieron ser evacuadas.

Los reglamentos exigen que algunos de los elementos de la compartimentación


(horizontales como las losas o las divisiones verticales) sean específicamente
resistentes al paso del fuego, delimitando espacios que pasan a denominarse sectores
de incendio. Los elementos más complicados son las puertas que al mismo tiempo
deben aportar su traspasabilidad por el usuario en caso de emergencia y su resistencia
al fuego como elemento compartimentador.

Las vías de evacuación han de estar limitadas por elementos resistentes al fuego; los
entrepisos siempre forman parte de la sectorización y —en función del uso del
edificio— los reglamentos especifican la extensión superficial máxima de cada sector
del edificio.

Para valorar la eficacia de los distintos elementos a los efectos citados, los reglamentos
los clasifican según las siguientes características:

• capacidad portante en caso de fuego


• ausencia de emisión de gases inflamables por la cara no expuesta al fuego
• estanqueidad al paso de llamas, humo o gases calientes
• resistencia térmica suficiente para impedir que se reproduzcan las llamas en la
cara no expuesta al fuego
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Los elementos estructurales sólo requieren de la primera condición; si verifican las


restantes se los considera resistentes al fuego. Esta resistencia se exige durante un
tiempo, resultando su denominación F-tiempo de resistencia al fuego medido en
minutos.

Por un lado, quedan clasificadas las soluciones constructivas usuales según sea su
prestación medidas mediante ensayos normalizados; por otro, los reglamentos
establecen la exigencia para cada situación, según sea la exposición o la
responsabilidad del elemento, mayor o menor resistencia al fuego. E.g., a los elementos
de la compartimentación que separan sectores de incendio se les exige entre 60 y 90
minutos, mientras que, en edificios elevados y usos expuestos (como hospitales)
resistencias de 180 minutos.

Decíamos que los elementos más afectados por esta exigencia son las puertas que
cierran las aberturas ya que es a través de ellas por donde con mayor facilidad se
puede propagar el incendio. Se debe distinguir entre puertas de paso entre sectores de
incendio o las puertas de paso a pasillos que cumplen la función de facilitar la
evacuación.

Estarán dotadas de un mecanismo antipánico que facilite la apertura para la rápida


evacuación, y al mismo tiempo con un cierre automático para que cuando no circulan
personas actúe como compartimentador; adicionalmente, deberá evitar la intrusión no
deseada cuando no se utiliza. Esto lleva a dotarlas de complicados herrajes y
mecanismos de seguridad que las transforma en las más complejas del edificio.
10

En cuanto a las fachadas, las aberturas que delimitan sectores de incendio deben
dificultar la propagación del fuego a través de estas mediante antepechos o dinteles
macizos, que pueden reducir su dimensión si se agrega un elemento saliente.
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2.5. Resistencia de las soluciones constructivas

La resistencia de las soluciones constructivas frente al fuego depende de si el yeso


participa o no en su construcción, siendo el material más eficaz para detener su
propagación; si se combina con materiales incombustibles, como los ladrillos, se 11
alcanzan altas prestaciones.

Existen en el mercado alternativas de placas de yeso que tienen un comportamiento


apto para este fin. Los entrepisos horizontales con las caras inferiores recubiertas de
yeso también alcanzan altas prestaciones.

2.6. Protección de la estructura portante

Sectorizado el edificio queda analizar la preservación de la integridad de la estructura.


Sus elementos se clasifican según la importancia en resistentes entre 15 y 180
minutos; en general, las exigencias aumentan al incrementarse la altura del edificio,
siendo necesaria la máxima cantidad cuando superan los 28 m de altura.
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Con relación a los materiales, el Hº Aº aporta fácilmente las prestaciones si cuenta con
un recubrimiento mínimo de 3 cm. E.g., una columna de 30 x 30 cm con un
recubrimiento de 3 cm puede alcanzar una estabilidad frente al fuego de entre 90 y
120 minutos; si el recubrimiento es de 5 cm, alcanzará una resistencia de 180 minutos,
si dos de sus caras se protegen de manera que no las afecte el fuego en ningún caso.

En general, el muro de ladrillo presenta una resistencia de 90 minutos si se expone de


ambas caras y 120 si lo hace sólo una de ellas.

La estructura que presenta mayores dificultades a ser protegida es la metálica, ya que


el Aº pierde su rigidez por encima de los 550 ºC. Para evitar este efecto, se puede
envolver la estructura en ladrillos revocados con yeso, tableros de placas de yeso,
morteros de asbesto proyectados o pintarlas con pinturas intumescentes. Estas últimas
presentan la particularidad de formar una espuma que protege el Aº, a pesar de su
espesor de pocos μ, debido a la volatilización de sus componentes internos cuando la
temperatura alcanza la de un incendio.

12

3. Pararrayos

3.1. Descripción del fenómeno

En el mundo, diariamente y en cada instante, se producen unas 44.000 tormentas que


generan más de 8.000.000 de rayos, según el sistema de detección mundial de
meteorología. El rayo es la reacción eléctrica causada por la saturación de cargas
electroestáticas que han sido generadas por la acumulación progresiva del campo
eléctrico entre tierra y nube durante la activación de una tormenta típica. Por unas
fracciones de segundos la energía electroestática acumulada se convierte, durante la
descarga del rayo, en energía electromagnética (el relámpago visible y la interferencia
de ruido), energía acústica (trueno) y, finalmente, calor.

El fenómeno rayo se presenta aleatoriamente a partir de un potencial eléctrico


atmosférico (10/45 kV); se genera entre dos puntos de atracción de diferente
polaridad e igual potencial para compensar la saturación de carga electroestática. La
densidad de carga del rayo es proporcional a la saturación de carga electroestática de
la zona: a mayor densidad de carga, mayor es el riesgo de descarga de un rayo.
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La intensidad de la descarga del rayo es variable y dependerá del momento crítico de la


ruptura de la resistencia del aire entre los dos puntos de transferencia; estará
influenciado por la resistencia de los materiales expuestos en serie, tales como tierra,
roca, madera, hierro, instalaciones de pararrayos, tomas de tierra, etc.

El rayo puede transportar una carga de electrones en menos de un segundo


equivalente a 100 millones de lámparas comunes; la media que se valora por rayo es
de 20 GW de potencia.

Resumidamente, durante una tormenta se generan y concentran cargas que son


responsables del campo eléctrico de alta tensión en tierra. Los rayos se encargan de
compensar las cargas eléctricas, son impredecibles, teniendo una trayectoria
indefinida y con un alto potencial de descarga. De hecho, se prevé que el cambio
climático genere tormentas cada vez más largas con grandes potenciales eléctricos que
repercuten en una tendencia hacia una mayor actividad eléctrico-atmosférica en
general, y de rayos en particular.

13

densidades ceráunicas (rayos a tierra/ km² año)


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Cada año mueren cientos de personas durante las temporadas de tormentas. La causa
más frecuente es la descarga de rayo cerca de la zona donde se refugiaban o por el
impacto directo. Durante una tormenta la tensión eléctrica en la atmósfera puede
llegar a valores de 200.000 a 1.000.000 V entre la ionosfera y el suelo.

Los rayos matan de dos maneras: directamente, por fulminación e indirectamente, por
tensiones o contactos de paso e incendio. La prevención y la necesidad de una
protección eficaz de las descargas atmosféricas es evidente en muchas actividades
humanas.

3.2. Protección contra los rayos

La eficacia de un sistema de protección contra el rayo está dada por su posibilidad de


minimizar o evitar en lo posible las descargas directas de rayos en la instalación que
queremos proteger, evitando así todo riesgo de muertes de personas, accidentes o
incendio por tensiones de paso o diferencia de potencial durante el impacto del rayo.

Las normativas de pararrayos deben definir un tipo de instalaciones donde la prioridad


sea la protección de las personas y animales. El principio de protección de todas ellas
es adoptar un sistema pasivo que reduzca la incidencia de rayos en la instalación,
evitando así los posibles daños a causa de la descarga.

3.2.1. Pararrayos tipo Franklin

Propende a la protección de edificios contra las descargas atmosféricas al buscar 14


pequeños valores para la resistencia e impedancia del sistema de puesta a tierra. La
instalación debe garantizar que ninguna diferencia de tensión peligrosa pueda alcanzar
a las personas, así como evitar que aparezcan descargas eléctricas entre las partes
metálicas del edificio que puedan provocar incendios.
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La instalación del pararrayos se compone básicamente de tres elementos: el captador,


la instalación de cableado y la puesta a tierra. Se coloca un vástago en la parte más alta
del edificio —electrodos de acero o de materiales similares— acabados en una o varias
puntas sin ningún dispositivo electrónico ni fuente radioactiva; a continuación, se
conecta un cable metálico (que deberá ser de cobre desnudo) de 100 mm², que
protegido por elementos de morsetería baja hacia el suelo hasta un sistema de puesta a
tierra, compuesto por una o más varillas que quedarán separadas de las fundaciones
del edificio al menos un metro.

La trayectoria del conductor bajante deberá ser lo más directa posible y con el menor
número de curvas estrictamente necesarias, evitando la intersección, proximidad o
recorrido paralelo con conductores eléctricos y de telecomunicaciones. Las curvas del
conductor bajante no deberán tener un ángulo inferior a 90° y un radio menor de 20
cm. La punta del pararrayos deberá instalarse en el punto más alto del cuerpo a ser
protegido, sobrepasando al menos dos metros cualquier otro punto.

El pararrayos deberá fijarse a un mástil telescópico de acero galvanizado rígido, el cual


deberá anclarse sólidamente a la estructura de la cumbrera o a una superficie firme
mediante herrajes de soporte adecuados para este propósito.

15

Durante el proceso de la tormenta se generan campos eléctricos de alta tensión entre


nube y tierra (1). Las cargas se concentran en las puntas más predominantes a partir
de una magnitud del campo eléctrico. Alrededor de la punta o electrodo aparece la
ionización natural o efecto corona, resultado de la transferencia de energía; este
fenómeno es el principio de excitación para trazar un canal conductor que facilitará la
descarga del fenómeno rayo (2). En función de la transferencia o intercambio de
cargas, se pueden apreciar en la punta del pararrayos ruido audible a frito, chispas
diminutas en forma de luz, radiofrecuencia, vibraciones del conductor, ozono y otros
compuestos (3).
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El efecto corona arranca una serie de avalanchas electrónicas por el efecto campo. Un
electrón ioniza un átomo produciendo un segundo electrón y éste a su vez junto con el
electrón original puede ionizar otros átomos produciendo así una avalancha que
aumenta exponencialmente en función de la carga (4).

Las colisiones no resultantes en un nuevo electrón provocan una excitación que deriva
en el fenómeno luminoso. A partir de ese momento, el aire cambia de características
gaseosas al límite de su ruptura dieléctrica, generando un trazador o canal ionizado. El
rayo es el resultado de la saturación de cargas entre nube y tierra, y se encarga de
transferir en un instante parte de la energía acumulada; el proceso puede repetirse
varias veces (5).

El pararrayos se encarga de transferir entre el electrodo y la toma de tierra las cargas


generadas por inducción de la nube y esencialmente de excitar, canalizar y transportar
el rayo durante su aparición (6).

Se han dado casos que el efecto térmico causado por la descarga del rayo ha fundido
varios centímetros de acero de la punta Franklin generando valores de corriente
superiores a los 300.000 amperes. El objetivo de estos pararrayos es excitar la
descarga y capturar el impacto del rayo en un 95 % de los casos. El conjunto de la
instalación no garantiza la protección a las personas, animales e instalaciones.

Si la protección del edificio requiere de la instalación de dos o más pararrayos, se


deberán interconectar los mástiles en la base, a nivel de techo, con un conductor igual
al bajante. Cada pararrrayos deberá estar provisto de al menos un conductor bajante. 16
Si la altura del edificio es superior a los 28 metros o si la longitud del trayecto
horizontal del conductor es superior a su trayecto vertical, se deberán instalar dos
conductores bajantes en forma diametralmente opuesta.

3.2.2. Pararrayos con dispositivo de cebado

Según los diferentes estudios científicos, el rayo es la representación de la saturación


de carga eléctrica entre nube y tierra que ha estado causada por la electricidad
atmosférica, tanto positiva como negativa. Todo principio de protección externa del
rayo tiene que evitar este fenómeno eléctrico de saturación atmosférica (campo de alta
tensión), transfiriendo la carga electroestática a tierra según aparece durante el
proceso de la tormenta sin generar la descarga.

El pararrayo PDC cuenta con un dispositivo de cebado que genera un campo eléctrico
artificial lo suficientemente poderoso como para generar un líder ascendente que es
lanzado al exterior en busca del rayo, para interceptarlo y derivarlo a tierra.
Básicamente es el principio de funcionamiento de los pararrayos con dispositivo de
cebado o pararrayos del tipo PDC.

Están formados por electrodos de acero o de materiales similares acabados en una


punta. Incorporan un sistema electrónico que genera un avance teórico del trazador;
otros incorporan un sistema piezoeléctrico que genera un efecto similar.
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Los dos sistemas se caracterizan por anticiparse en el tiempo en la captura del rayo,
una vez que se produce la carga del dispositivo electrónico de excitación (cebador). Las
medidas de los cabezales varían en función del modelo de cada fabricante. No
incorporan ninguna fuente radioactiva.

El principio de funcionamiento sigue siendo el mismo que en los pararrayos tipo


Franklin; la diferencia tecnológica de estos equipos está en el sistema electrónico, que
aprovecha la influencia eléctrica del aumento de potencial entre la nube y la tierra,
para auto alimentar el cebador. Son componentes electrónicos que están alojados
normalmente en el interior de un envase metálico y colocado en la parte más cercana
de la punta del pararrayos y sirve para excitar la avalancha de electrones (ionización).
La excitación del rayo se efectúa ionizando el aire por impulsos repetitivos. Según
aumente gradualmente la diferencia de potencial entre el pararrayos y la nube, aparece
la ionización natural o efecto corona. Son mini descargas que salen de la punta con más
intensidad para ionizar el aire más lejos; este fenómeno es el principio de excitación
(leader) para trazar un camino conductor intermitente que facilitará la descarga del
fenómeno rayo. El dispositivo electrónico de cebado del PDC está conectado en serie
entre el cabezal aéreo y la punta. Sólo funciona con rayos negativos a tierra.

El dispositivo de cebado está formado por pequeños componentes electrónicos


sensibles a los campos electromagnéticos, compuesto de: diodos, bobinas, resistencias
y condensadores aislados entre sí por una resina. Este dispositivo se encuentra
instalado en el cabezal aéreo (PDC). El conjunto está dentro de la influencia directa de
los efectos térmicos, electrodinámicos y electromagnéticos que genera el impacto del
rayo durante la descarga. 17

En función de la intensidad de descarga del rayo, la destrucción del dispositivo


electrónico es irreversible. A partir de ese momento, la eficacia del PDC no está
garantizada. Algunos fabricantes de PDC aconsejan en sus catálogos la revisión del
dispositivo electrónico de cebado cada vez que recibe un impacto o descarga del rayo
en el pararrayos para garantizar la eficacia del PDC.

El objetivo de estos pararrayos es excitar la descarga y capturar el impacto del rayo


negativo a tierra (no los positivos), para conducir su potencial de alta tensión a la toma
de tierra eléctrica.
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3.2.3. Nuevo Sistema de Protección Contra el Rayo (SPCR)

Las nuevas tecnologías de pararrayos se dividen en:

• Pararrayos CTS (Charge Transfer System): basan su principio en la desionización


del aire. El objetivo es evitar la saturación de carga electroestática entre la
instalación de tierra y la atmósfera que nos rodea, concretamente compensar
pacíficamente la diferencia de potencial eléctrico de la zona durante el primer
proceso de la formación del rayo.

• Pararrayos CEC (Compensador Efecto Corona): basan su principio en la distribución


equipotencial de la ionización en el aire. El objetivo es evitar el efecto punta en la
atmósfera que lo rodea, distribuyendo radialmente la transferencia de carga de la
zona durante el primer proceso de la formación del rayo.
18

Con este principio físico se anula la concentración del campo eléctrico de alta tensión
en las puntas más salientes de la instalación que queremos proteger, evitando la
aparición del leader y por consiguiente el resto del proceso del rayo; el resultado es
una zona eléctricamente compensada fuera de influencias de rayos directos.

Los pararrayos CTS y CEC:

• se destacan por ser de forma esférica (CTS) o semiesférica (CEC).


• están instalados en la parte más alta de la instalación y conectados a tierra según la
normativa actual.
• durante la aparición en tierra del proceso de la carga electroestática del fenómeno
del rayo, el pararrayos facilita la transferencia de energía a tierra y se transforma en
una pequeña corriente de fuga que circula por el cable de tierra a la toma de tierra.
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3.3. Normativa sobre pararrayos

Las normas establecen los casos en que es necesaria la colocación de pararrayos. En


principio, ello ocurrirá cuando así lo indiquen las disposiciones vigentes, más allá de
requerimientos adicionales exigibles, como en el caso de las compañías aseguradoras,
por ejemplo, para ciertos destinos.

En definitiva, los sistemas de protección contra los rayos se instalarán:

• por disposición de la autoridad competente (nacional, provincial, municipal, etc.);


• por exigencias de compañías aseguradoras de riesgos en convenios con particulares
• por decisiones de particulares que evalúan los riesgos de muerte, incendios, etc. y de
destrucción de la propiedad a causa de rayos;
• en todos estos casos, las normas IRAM que, en principio, son de aplicación
voluntaria, pasan a ser obligatorias para las partes que las adoptan, ya sea por
disposición de la autoridad o bien por acuerdo previo entre partes interesadas.

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instalación en estación de carga de combustible instalación en edificio en altura

En el caso de la ciudad de La Plata, la ordenanza Nº 10681 establece:

• Artículo 248º - Obligación de instalar pararrayos.


En todo edificio cuya altura sea igual o mayor a 18,00 m. y en obras que por sus
especiales características sean susceptibles de ser dañadas por descargas eléctricas
atmosféricas será obligatorio instalar pararrayos.

• Artículo 249º - Obligación de instalar balizas.


En todo edificio cuya altura sea igual o mayor a 18,00 m. será obligatorio instalar
balizas, conforme lo establecido por las disposiciones que fija la reglamentación
nacional en la materia.

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