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ROB
SUENAS BORRACHA. TAL VEZ DEBERÍAS LLAMAR A ESSIE. ENVÍAME UN MENSAJE PARA HACERME SABER QUE ESTÁS A
SALVO, IGUAL.
2 Lárgate: beat it. Juego de palabras con las primeras letras de Beatrix.
raros, pero encendieron esa estúpida llama del enamoramiento y la mantuvieron
encendida durante todo mi primer año.
Entonces Tristan fue reclutado por un equipo de la provincia y su carrera en el
hockey explotó unos años más tarde.
—Te he hecho una pregunta, Beat. —Se inclina más cerca, hasta que su cálida
exhalación acaricia mi mejilla y sus labios están junto a mi oreja—. Espero una
respuesta.
Un escalofrío me recorre la espalda. Aspiro el aroma de perfume barato. Me
pregunto brevemente por qué no ha traído a casa a quienquiera que estuviera
claramente colgada de él esta noche. Entonces recuerdo que por muy bueno que
esté, sigue siendo un idiota al setenta y cinco por ciento.
—No mucho —grazno.
Se aparta y su mirada perspicaz se fija en la mía.
—Estás mintiendo.
Mi trago es audible. No se equivoca.
—¿Por qué no te anunciaste cuando llegué a casa? —Su voz es engañosamente
suave. Pero no me engaña. Recuerdo cómo me engatusaba cuando era niña, y luego
me engañaba con alguna estupidez. A veces era inofensivo, como decirme que tenía
una chocolatina, pero en realidad sostenía un sapo agitado. Cuando me acercaba lo
suficiente, me lo tiraba a la cara como un idiota y salía corriendo a risas.
Otras veces, sin embargo, hacía cosas por despecho, ira o pura estupidez.
Como aquella vez que estaba vestida para la fiesta del décimo cumpleaños de mi
mejor amiga Essie y mi padre iba a dejar a Flip en casa de Tristan para ir a nadar.
Llegamos temprano, así que fue a ayudar al padre de Tristan con algún proyecto de
fontanería. No recuerdo exactamente cómo fue todo, pero Tristan me tiró a la piscina
completamente vestida. Mi madre me había peinado e incluso me había hecho el
vestido. Estaba tan emocionada, y él lo arruinó todo.
Siento que esa es la versión de Tristan que estoy viendo. Esa versión no era mi
favorita entonces, y me gusta aún menos ahora.
—Primero, estaba dormida hasta que te oí entrar. —O me hubiera gustado
estarlo...—. Segundo, estás borracho y apenas puedes evitar caerte. No estaba súper
interesada en lidiar con el mejor amigo borracho de mi hermano a las estúpidas horas
de la mañana después del día de mierda que he tenido. Tercero, ¿qué demonios se
supone que tenía que decir? —Mi voz se eleva con irritación e indignación—.
¿Perdona por interrumpirlas, Palmela, y Dedela? La próxima vez cierra la puerta del
baño.
—¡Creía que estaba solo! —replica—. Podrías haber dado a conocer tu
presencia en cualquier momento.
—Porque eso no habría sido incómodo en absoluto.
Se inclina de nuevo y baja la voz. —
Quizá te callaste porque te gustaba. ¿Sólo escuchaste, Beat, o también miraste?
Nada como ser cuestionada con precisión por un imbécil borracho. No es que
lo admita.
—Controla tu ego, Tristan, y aléjate de una puta vez. —Le doy un empujón en
el pecho y retrocede un paso, quizá sin esperarlo. Las luces de la cocina se encienden.
Es difícil no admirar todo el esplendor de este alto jugador de hockey tan sexy.
Es injusto que alguien tan idiota como él pueda tener tan buen aspecto con sólo un
par de calzoncillos bóxer blancos. Y puedo ver la huella de su polla. Mi vagina lo
aprueba, pero el resto de mí está asqueado. Sobre todo. Sobre todo, cuando me doy
cuenta de que tiene huellas de pintalabios en el pecho y...
—¿Estás cubierto de purpurina? —Miro mi mano, que brilla con la luz
ambiental. Está totalmente cubierto de purpurina. No debería sorprenderme. Mi
hermano es el follador más famoso de la liga, y Tristan es su compinche—. Apestas a
perfume barato y a arrepentimientos.
Por un segundo, su expresión muestra una emoción que no acabo de entender,
pero una sonrisa arrogante ocupa su lugar.
—Pareces celosa.
—Difícilmente. —Pongo los ojos en blanco—. Supéralo, Rey Idiota de
Imbecilandia.
Su sonrisa se ensombrece y da un paso atrás.
—Mentirosa, mentirosa, te crecerá la nariz. Espero que hayas disfrutado del
espectáculo. —Se da la vuelta y desaparece en su dormitorio, la puerta se cierra tras
él.
Creía que arruinar mi vida ya era suficiente castigo, pero parece que lidiar con
Tristan va a ser mi nueva penitencia.
Rix
Lo primero que sé de Flip y Tristan es que, al parecer, pasearse sin camiseta
es algo habitual. A la mañana siguiente, estoy sentada en la isla de la cocina, tomando
un café y comiendo las galletas de chocolate que me he traído porque la única comida
que hay en la nevera es pizza vieja y un triste y blando tomate. La compra y la limpieza
encabezan mi lista de tareas.
Justo después de recoger mis cosas de mi antiguo apartamento.
Tristan entra en la cocina. Acaba de salir de la ducha y sólo lleva una toalla. Las
gotas de agua le salpican los hombros, y una de ellas cae con gracia sobre sus
pectorales definidos, acariciando cada uno de sus abdominales. Me viene a la cabeza
la imagen de Tristan empuñando su enorme erección. Desvío la mirada hacia mi taza
de café, que es el único lugar seguro para mis ojos.
—¿Y por qué estás aquí?
No es posible hacerme parecer más una carga que Tristan con esa sola frase.
A mi izquierda, Flip se pasa la mano por su ya desordenada mata de cabello.
No tengo ni idea de la hora a la que llegó anoche, pero tiene un número absurdo de
chupetones en el cuello, el pecho y el estómago. Lleva unos pantalones deportivos
grises que le cuelgan de las caderas. Supongo que el rastro de chupetones continúa,
pero agradezco no poder más que formular hipótesis.
—Puede que haya renunciado accidentalmente a mi trabajo —murmuro. Mi
primer trabajo de adulta de verdad, y eché a perder la oportunidad después de sólo
tres meses. La vergüenza me invade de nuevo.
—¿Cómo renuncias accidentalmente a tu trabajo? —Flip mete la mano por
delante de sus pantalones.
Desvío la mirada, porque nadie necesita ver eso. Encorvo los hombros y bajo
la voz, como si eso fuera a hacer que mis acciones de ayer fueran menos horribles.
—Quince minutos antes de que terminara la jornada, mi jefa puso sobre mi
mesa cuatro cajas llenas de recibos de diez años. Me dijo que tenía que clasificarlos
e introducirlos antes de las nueve de la mañana. Es la tercera vez que me pasa en un
mes. Puede que haya perdido los papeles.
—Ah. Bueno, eso tiene sentido. Tu jefa parece un idiota.
—Lo era. O lo sigue siendo. —Como la nueva, esperaba algunos trabajos de
mierda, pero menos de veinticuatro horas con cuatro cajas bancarias no es razonable.
Especialmente cuando hizo lo mismo la semana pasada. Y la semana anterior a esa.
—Tenemos gofres y algo de pan integral en el congelador, por si quieres
desayunar algo que no sean galletas. —Tristan me lanza una mirada de
desaprobación a la caja de galletas.
—Estoy bien. Pero gracias. —Ya es bastante malo que me quede aquí y beba
su café. No quiero comer su comida, también.
—Como quieras.
Recoge una taza y se sirve un café, luego se vuelve hacia mí y Flip.
—¿Alguno de ustedes necesita un poco más?
—Claro, sí. —Flip pone su taza en el mostrador.
Tristan lo mira.
—Hombre. ¿Qué demonios?
Flip frunce el ceño.
—¿Qué?
—Estás cubierto de chupetones, y tu hermana está justo aquí. —Me señala.
—¿Y?
—Está bien —murmuro—. Nada que no haya visto antes.
Tristan llena la taza de Flip, aún con su cara de padre disgustado, y luego me
mira a mí.
—Por favor. —Empujo mi taza hacia él.
—¿Qué tiene que ver el que hayas renunciado por la ira con que te quedes
aquí? —me pregunta mientras me prepara el café.
Realmente me gustaría no tener que compartir los porqués de mi necesidad de
quedarme en su desván.
—A mis compañeros de piso les encantan los juegos de rol. Les gusta vestirse
con trajes de época. —Tuve un novio en la universidad, antes de Rob, al que le
gustaba mucho Calabozos y Dragones. A veces se disfrazaba de mago. Era
estrafalario y adorable. Me encantaba que fuera un jugador de fútbol que se divertía
con sus amigos fuera del campo. Y como contadora, también me considero un poco
nerd. Pero la situación en mi apartamento no tiene nada que ver con ser nerd.
Tristan se burla y Flip arquea una ceja.
—En fin. —Me agarro al borde de la isla, pero está pegajoso por el zumo de
naranja, así que vuelvo a sujetar mi taza de café—. El domingo por la noche iban
disfrazados de steampunk, lo cual está totalmente bien. Tienen unos disfraces
geniales. —Hay una habitación entera dedicada a sus disfraces y atrezo. Y Eugenia
hace la mayoría de ellos. Tiene mucho talento—. Excepto que intentaron que me
vistiera de pirata y... los saqueara. —Con una pata de palo.
El labio inferior de Flip sobresale.
—¿Los saquearas?
—Tienen una relación abierta y querían que me uniera a ellos —dije que no
varias veces en los meses que viví allí, pero me seguían preguntando y poniéndome
en situaciones incómodas. Debería haber sabido que el alquiler barato era
demasiado bueno para ser verdad.
Tristan se echa a reír.
—Que te jodan, idiota. —Le enseño mi dedo medio.
—¿Están buenos? Quiero decir, sería divertido si estuvieran buenos —dice
Flip, sin darse cuenta de lo asqueroso que es eso viniendo de mi hermano.
—No importa si están buenos. Son mis compañeros de piso. Eran mis
compañeras de piso, porque ya no puedo vivir allí. —El juego de rol no es el
problema. Es más lo que pasó hace dos noches y cuando llegué a casa del trabajo
anoche.
—¿No puedes decir que no y dejarlo así? —Flip pregunta.
—Lo he intentado. Más de una vez. En lugar de respetar mis límites, hace dos
noches tuvieron sexo excesivamente ruidoso hasta las tres de la mañana en la sala de
estar. —Me quedé atrapada en mi habitación, sin poder hacer pis hasta que por fin se
fueron a la cama. Fue horrible y puede que haya contribuido a que dejara el trabajo
con rabia, aunque, para empezar, no me encantaba.
—Me suena —murmura Tristan en su taza de café.
—Lo que tú digas, hombre. Has formado parte de la ecuación en muchas
ocasiones, así que no te quejes de lo difícil que es ser mi compinche —replica Flip.
Me dan arcadas. No necesito esos detalles. Espero no estar cambiando una
situación de mierda por una aún peor.
—Ustedes dos son repugnantes.
—Tengo veinte años y las mujeres se me tiran literalmente encima. No seré así
de guapo o viril para siempre. Se trata de sacar provecho mientras pueda. —Flip tiene
el descaro de sonar a la defensiva.
—Lo que él dijo —Tristan está de acuerdo como el fuckboy que es.
—Estoy impaciente por que llegue la temporada regular y podamos jugar en
Vancouver. —Los ojos de Flip están soñadores y lejanos—. Tienen las mejores
conejitas.
—Exacto. —Tristan sorbe su café pensativo.
—En fin. —Prefiero hablar de mis ex compañeros de piso que de la vida sexual
excepcionalmente prolífica de mi hermano—. Estaban haciéndolo de nuevo en la sala
cuando llegué a casa anoche. Decidí que ya había tenido suficiente, así que aquí
estoy. Sólo será por unos días. O una semana como mucho. —Espero—. Sólo necesito
encontrar un nuevo trabajo y un apartamento. —Aparte de alojarme en un hotel, que
no puedo permitirme por mucho tiempo, esta es mi única opción. Mis padres viven a
tres horas de distancia en el jodido norte de Ontario, y mi mejor amiga está al otro
lado del país, en Vancouver, donde residen las mejores conejitas. Dios, echo tanto de
menos a Essie.
—Empezamos el campo de entrenamiento la semana que viene y luego los
partidos de exhibición, así que si necesitas más de una semana para resolverlo, no
pasa nada. ¿Verdad, Tris?
Tristan me lanza una mirada fulminante.
—Está bien, supongo. Pero no te metas en mis asuntos. —Parece que ofrecerme
otro café fue su único momento agradable del día.
Odio que pueda hacerme sentir como si tuviera trece años otra vez,
estorbando.
—Veo que sigues siendo el mismo idiota insufrible.
—Y sigues siendo tan irritante como un mosquito. E igual de aplastable. —Su
labio se curva, y tiene la audacia de parecer sexy y al mismo tiempo ser un idiota.
—Jesús. Había olvidado lo horrible que es cuando ustedes dos están en la
misma habitación. Ya me están dando dolor de cabeza. —Flip se frota la sien.
—Será por los chupitos de coño que te diste anoche —responde Tristan.
Levanto las manos.
—¡Dios mío! No quiero saber nada de mi hermano bebiendo chupitos de coños.
—Supongo que deberías haber pensado en eso antes de renunciar en cólera
en tu trabajo, perder tu apartamento y decidir dormir en mi futón. Asúmelo o lárgate,
Beat —dice Tristan.
Flip ríe a carcajadas.
—Ah, hombre. Me había olvidado de ese apodo. Lárgate, Beat. —Mi hermano
levanta la mano y Tristan le choca los cinco.
Son literalmente lo peor. Defenderse es inútil. No hay forma de ganarles. A
pesar de tener veintidós años y ser licenciada en contabilidad, me siento como si
hubiera dado un enorme paso atrás. Ojalá tuviera un vaso de helado y una habitación
en la que deprimirme, pero estoy aquí, en esta situación de mierda, y la única salida
es recoger mis cosas de mi antiguo apartamento, conseguir un trabajo y encontrar un
lugar para vivir que no sea éste. Una vez que me haya ocupado de eso, podré empezar
a planear la venganza contra mi hermano y Tristan. Se trata de esperar mi momento y
no dejarme afectar por sus agujas. Estoy canalizando Teflón. Nada se pega.
Mientras ellos siguen riéndose a mi costa, yo me tomo mi café, como galletas
de chocolate y fantaseo con afeitarles la cabeza mientras duermen.
—Bromas aparte, ¿qué pasa con tus muebles? —Flip pregunta—. ¿Tiene que ir
en el almacenamiento?
—El apartamento venía completamente amueblado, así que sólo tengo que
recoger el resto de mi ropa y efectos personales.
—¿Y tu juego de dormitorio de la antigua casa? —pregunta.
—Mamá y papá lo vendieron.
Tristan frunce el ceño.
—¿No tienes ningún mueble?
Sacudo la cabeza.
—Siempre alquilo sitios que están amueblados. —Es más fácil y barato
mudarse así—. Unos cuantos contenedores deberían cubrir lo que queda allí. No tenía
mucho. Puedo ir en autobús y volver en Uber.
—Te llevaré. Estás cerca del East Side's al que vamos, ¿verdad?
—Sí, un par de manzanas al sur.
Los dos tenemos una cita mensual para cenar en East Side's. De niños, nuestros
padres nos llevaban allí para darnos un capricho. Siempre nos llenábamos de
ensalada y pan porque había reposición gratuita ilimitada, y luego tomábamos dos
bocados de nuestra cena y la guardábamos para el día siguiente.
—Los acompañaré —anuncia Tristan.
Espera, ¿qué?
—No hace falta. No tengo tantas cosas.
Su expresión permanece plana.
—Quiero conocer a estos compañeros.
Claro que sí.
—¿Por qué? ¿Para que puedas invitarte a ti mismo a una orgía? Eugenia no es
tu tipo.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque no es una conejita. —Conozco el tipo de mi hermano, lo que significa
que también conozco el de Tristan.
—Bien, por muy divertido que sea esto, necesito ducharme —dice Flip—.
Luego recogeremos tus cosas, Rix. Por favor, intenten no matarse mientras estoy
fuera. —Me deja a solas con Tristan, que sigue vestido sólo con una toalla.
No hay escapatoria.
—Debería buscar mis llaves. —Llevo pantalones cortos, una camiseta sin
mangas que metí en mi bolso anoche, y el mismo sujetador y ropa interior de ayer.
Alejarme de Tristan casi desnudo es mi prioridad.
Me apresuro a dar la vuelta a la isla, pero él está justo ahí: un muro de carne
caliente y musculoso que me gustaría golpear y sobre el que me gustaría pasar las
uñas a partes iguales, sobre todo ahora que no está cubierto de purpurina ni huele a
perfume barato. En vez de eso, huele a puta lluvia fresca y a piel caliente, y me dan
ganas de follarle un poco la pierna. Lo cual está muy, muy mal. Especialmente cuando
sé lo que hace con mi hermano. Mis emociones sobre Tristan deberían estar
totalmente canalizadas en la dirección del odio.
Considero la posibilidad de esquivarlo, pero es jugador de hockey, y sólo fui
al yoga semanal con Essie porque le permitieron traer a una amiga gratis. Y el helado
de Kawartha Dairy era mi recompensa después. Ahora está en Vancouver, y nunca
volveré a hacer yoga sin pensar en ella. Le hago un gesto de “adelante”.
—Di lo que tengas que decir, Tris. No tengo todo el día.
—¿A que sí? —Levanta la mano y yo giro la cabeza, pero me niego a retroceder
o a apartarme. No hace contacto, pero sus dedos recorren el borde de mi mandíbula,
tan cerca que siento su calor. Se inclina hacia mí hasta que su aliento húmedo y cálido
me roza la mejilla—. Tú eres la que se bebe mi café, la que duerme en mi sofá sin
tener dónde estar.
Sus palabras me golpean de una manera que no me gusta.
—¿Crees que pedí esto?
Inclina la cabeza.
—¿Esa es tu interpretación?
Está jugando conmigo. Empujándome. Aguijoneándome.
—Debe ser agradable tener un trono en el que sentarse para poder juzgarnos
a los peones. De los tres, yo fui la que más tuvo que luchar para llegar a donde estoy.
Siempre he sido el último pensamiento, nunca una estrella grande y brillante.
Se le borra la sonrisa de la cara. Abre la boca, pero antes de que pueda hablar,
me abalanzo sobre él, deseando rebanarle como él me ha rebanado a mí.
—Y mira qué rápido han empañado ambos ese brillo. Qué bonito que puedan
ser idiotas del más alto nivel y que nadie les llame nunca la atención. Qué orgullosos
deben estar sus padres. A tu mamá le debe encantar que seas una gran estrella del
hockey. —Las palabras salen de mi boca antes de que considere su impacto. Su
madre se fue cuando él tenía doce años. Fue un golpe bajo. Demasiado bajo. Intento
dar marcha atrás—. No quise decir...
—Sí, lo hiciste. —Se da la vuelta y desaparece en su dormitorio.
El corazón me late con fuerza y me sudan las palmas de las manos. Puede que
me haya puesto las cosas infinitamente peor.
Veinte minutos después, salimos del piso. La mujer al otro lado del pasillo está
abriendo la puerta de su unidad.
—Hola Dred, ¿cómo te va? —Flip pregunta.
Tristan levanta una mano en señal de saludo.
—Será el mejor día de mi vida en cuanto me ponga ropa cómoda. —Lleva
zapatos planos, un pantalón de vestir, una blusa blanca y un cárdigan. Parece una
bibliotecaria con su moño y sus gafas.
Me hace un gesto.
—Rix, esta es Mildred, Dred para abreviar. Dred, esta es mi hermana Rix. Se
queda con nosotros un par de semanas.
Dred me sonríe.
—Encantada de conocerte, Rix.
—Igualmente.
—¿Te apuntas al cine esta semana? —Flip pregunta.
—Claro, sólo llama, estoy por aquí casi todas las tardes.
Ella entra en su piso y yo espero a que estemos en el ascensor yendo al
vestíbulo para decirle:
—¿De verdad es buena idea tirarse a tu vecina de al lado?
—No me la estoy tirando. Sólo somos amigos. Vemos películas y jugamos a
juegos de mesa y a veces escuchamos podcasts.
—Ja. —No me lo esperaba.
Dos minutos después estoy metida en el coche de mi hermano. Es de dos
puertas, con un asiento trasero diminuto. Tristan empuja el asiento del copiloto hacia
atrás. No me caben las piernas y el reposacabezas casi me toca la cara.
—¿Puedo tener un par de centímetros de espacio? —refunfuño—. O quizá
deberías quedarte, Tristan. —Me preocupa que mis cosas no quepan aquí dentro,
incluso sin Tristan acompañándome, y preferiría recogerlo todo en un solo viaje. Pero
parece que sigue disfrutando de mi miseria, incluso después de todos estos años.
—¿Y perderme este tiempo de unión de calidad?
—Cálmense, los dos. —Flip sale del aparcamiento subterráneo y sigue las
instrucciones del GPS para girar a la derecha.
Prácticamente me estoy comiendo el cabello de Tristan, su asiento está muy
cerca. Y, por supuesto, han bajado las ventanillas, así que mi cabello vuela por todas
partes en un remolino de viento. El coletero está en mi bolso, que está a mis pies, y
no puedo alcanzarlo.
Pellizco con cuidado un mechón de cabello de Tristan entre los dedos y se lo
arranco de la cabeza. Se pasa la mano por él. Pierde cuatro cabellos antes de darse
cuenta.
—¿Qué demonios estás haciendo? —Sus dedos envuelven mi muñeca antes de
que saque un quinto.
Me sube una descarga eléctrica por el brazo y me eriza el vello de la nuca.
—Quitándote las canas.
—¡No tengo canas!
—Hasta donde puedes ver. —Intento liberar mi brazo, pero su agarre se hace
más fuerte.
Mete la mano libre entre el asiento y la puerta y se reclina aún más. El
reposacabezas me presiona el estómago y el respaldo me golpea las rodillas,
obligándome a aplanar las piernas.
—¡Para! ¡Me estás aplastando! —grito.
—¡Deja de arrancarme el cabello! —Tristan chasquea.
—¡Dame algo de espacio!
—¡Déjenlo ya, los dos! Me he perdido un giro porque me están distrayendo.
La cabeza de Tristan está casi en mi regazo. Levanta la barbilla y su mirada
verde se cruza con la mía.
Articulo: Eres un idiota.
Una sonrisa divertida inclina la comisura de su boca deliciosamente llena.
—Lo sé. ¿Qué vas a hacer al respecto, Beat?
Sigue sujetándome la muñeca y yo estoy atrapada bajo su asiento. Me inclino
hacia delante, mi pecho le presiona la parte superior de la cabeza y mi cabello forma
una cortina a nuestro alrededor. Algo cambia y una energía cruda y tangible crepita
entre nosotros: odio, enfado, frustración y quién sabe qué más. Pero me sorprendo a
mí misma cuando le lamo el borde de la mandíbula.
Su mano libre se desliza por mi cabello y se cierra en un puño, sujetándome la
cabeza.
—Ya sabes lo que dicen de jugar con fuego. —Me gira la cabeza y sus labios
recorren mi mejilla hasta llegar a mi oreja—. Pequeña Bea mala —se burla,
atrapándome el lóbulo de la oreja entre los dientes.
El calor inunda mi cuerpo mientras me chupa la piel y luego me la vuelve a
pellizcar.
—¡No te atrevas a morderme!
—Usa tus modales, y tal vez seré amable. —Su voz es un susurro arenoso. Me
agarra el cabello con fuerza y me pasa la lengua por la oreja.
No puedo decir si esto es una represalia o un juego previo. Lo cual es... un
desastre, sobre todo porque mi hermano está a menos de medio metro, en el asiento
del conductor. Pero eso no me impide deslizar la mano por la parte delantera de su
camiseta. Intento no admirar la firmeza de sus pectorales cuando encuentro su pezón
y lo rodeo entre el pulgar y el dedo.
Su sonido de sorpresa hace que se me ericen los pezones.
—Cualquier excusa es buena para ponerme las manos encima, ¿eh, Beat?
Su ego es ridículo. Dejo de hacerme la simpática y lo pellizco. En lugar de
soltarme la oreja, me la chupa y luego muerde más fuerte. Enrosco un poco de cabello
del pecho entre el pulgar y el dedo y tiro.
—¡Ah! —gruñe—. ¡Eso fue sucio!
—¡Me estás mordiendo! —Giro la cabeza para apartarla, pero él sigue
empuñándome el cabello.
El coche da sacudidas y los neumáticos chirrían.
Tristan me suelta el cabello y yo me siento de golpe.
—¿Qué demonios les pasa a ustedes dos? —Flip nos mira boquiabierto.
Los dos tenemos la cara roja y jadeamos. No tengo ni idea de por qué eso me
ha parecido agresivo y sexual a partes iguales.
—¡Él empezó!
—¡Ella empezó!
—No me importa quién empezó. Se acaba ahora mismo, o pueden salir y
compartir un taxi para volver a casa. O llamar a uno de tus amigos para que te recoja.
—Flip mira a Tristan de forma mordaz.
—Pararé si ella para. —Tristan se frota el pectoral.
—¿Puedes levantar tu asiento para que pueda respirar? —gruño.
—Pídelo amablemente —se burla.
—Mueve tu asiento, Tris. Estás literalmente tumbado encima de ella —ordena
Flip.
Tristan refunfuña, pero levanta el asiento para que el reposacabezas deje de
clavarse en mis costillas. Vuelvo a respirar hondo.
—No se digan ni una palabra en lo que queda de viaje —dice Flip.
Pasamos los siguientes veinte minutos en un silencio incómodo. Cuanto más
nos acercamos al apartamento, más se me seca la boca. Flip aparca en una plaza para
visitantes, y yo me desprendo del asiento trasero mientras Tristan tira del cinturón de
seguridad hacia un lado, presumiblemente para que no me haga un nudo en la ropa
al salir del coche.
—Este es un puto barrio de mierda —anuncia. Suena como una acusación. No
sé qué tiene Tristan, pero siempre me hace sentir pequeña.
—Creí que cuando dijiste que vivías cerca de East Side's, estabas en la parte
más bonita. —Flip frunce el ceño mientras observa los edificios y las casas de
alrededor. He quedado con él en el restaurante las tres veces que nos hemos visto
desde que me mudé aquí. Esta es la primera vez que ve dónde vivo. Vivía. En pasado,
cuando recoja mis cosas. Unas manzanas al oeste, el barrio está menos deteriorado,
pero también es más caro.
—¿Cuánto tiempo llevas viviendo aquí? —pregunta Tristan frunciendo el ceño.
—Unos meses. —Me encojo de hombros—. Es asequible.
—Pero hay rejas en todas las ventanas de la tienda de la esquina. —Tristan
lanza una mano hacia el Tasty Mart, al otro lado de la calle.
—La tienda donde Flip y yo crecimos no era diferente —señalo.
—Sí, pero conocíamos a todo el mundo. Esto es totalmente un sórdido —dice
Flip.
—¿A qué distancia estaba tu trabajo de aquí? —Tristan parece molesto.
—Media hora en metro, pero ya no trabajo allí.
—Pero lo hacías, durante tres meses. ¿Dónde está la estación de metro más
cercana? —Las fosas nasales de Tristan se agitan.
—Un par de manzanas. Es una caminata de siete minutos.
La mandíbula de Tristan tiembla.
—¿Y llegaste hasta allí tú sola?
—Tengo spray de pimienta, y he tomado clases de defensa personal. Además,
después de hoy, ya no viviré aquí, así que en realidad no importa, ¿verdad? —No
entiendo por qué de repente está tan preocupado. Estaba mordiéndome la oreja y
aplastándome hace veinte minutos.
—Vamos a elegir un barrio mejor para tu nuevo apartamento —dice Flip.
—Mientras se ajuste a mi presupuesto, claro. —Toronto es un lugar caro para
vivir.
Flip se pone a mi lado y Tristan le sigue con el móvil en la mano. Probablemente
esté enviando mensajes a la víctima de esta noche.
Los nervios se apoderan de mí cuando nos amontonamos en el minúsculo
ascensor con la ancianita que huele a atún y naftalina. Habla de lo bueno que está el
clima por fin y de lo duros que son los inviernos canadienses para sus viejos huesos.
Es una conversación normal. A los canadienses nos gusta quejarnos de los seis meses
de nieve y temperaturas bajo cero. También nos gusta quejarnos cuando hace
demasiado calor. No hay forma de complacernos.
La ancianita se baja en la duodécima planta y nosotros seguimos hasta la
vigésimo tercera. El ascensor traquetea y gime, pero las puertas se abren, lo cual es
genial. Una vez me quedé atrapada aquí cuando se paró entre un piso y otro. Estaba
atascada con un repartidor de pizza. Él estaba preocupado por la situación de
cuarenta y cinco minutos o la pizza es gratis. A mí me preocupaba mearme en los
pantalones. Diez interminables minutos después, abrieron las puertas. Usé las
escaleras durante dos semanas después de eso.
Flip y Tristan me siguen al salir del ascensor y caminar por el pasillo hasta el
que pronto será mi antiguo apartamento. Se me ha vuelto a perder el llavero en el
bolso, así que se quedan ahí de pie mientras yo rebusco.
—¿Qué es toda esa basura? —pregunta Tristan.
—Mini bolsas de galletas de pescado y algunas galletas de la suerte —
murmuro. Siempre llevo algo de picar en el bolso. Por fin encuentro el llavero y lo
paso por el censor. No he avisado a mis compañeros de que venía. Pensé que el factor
sorpresa me beneficiaría.
Pero al examinar la escena que tengo ante mí, reconsidero esa estrategia. Lo
bueno es que Eugenia no está atada a la columna en medio del salón. Lo malo es que
su novio, Claude, mi otro antiguo compañero de piso, está haciendo de helicóptero,
y cada rotación de su salchicha abofetea la mejilla de Eugenia. Va vestida con otra
impresionante prenda de época, con las tetas al aire.
Me gustaría decir que es la primera vez, pero sería mentira.
—¿Qué demonios? —murmura Tristan.
—¿La está golpeando en la cara con su polla flácida? —Flip pregunta.
—Sí —confirmo.
Eugenia es la primera en fijarse en mí. Mi hermano y Tristan siguen en el
pasillo. De momento. Se pone en pie.
—¿Qué haces aquí? —Sus ojos se iluminan cuando dos sombras aparecen a
ambos lados de mí—. ¡Oh! ¡Has traído amigos! ¿Es tu forma de disculparte por
llamarme zorra psicópata anoche? Me pido al que está detrás de ti. Claude, puedes
quedarte con el otro. —Eugenia aprieta el brazo de Claude, su voz tiembla de
emoción.
Levanto una mano.
—No me estoy disculpando. Estoy aquí para recoger mis cosas. Luego intentaré
borrar esta pesadilla de mi vida, probablemente con grandes cantidades de alcohol.
—Vino barato, lo más probable.
—Todavía tienes que pagar el alquiler del mes que viene. En el contrato pone
que tienes que avisar con treinta días de antelación, y no nos has avisado —dice
Claude. Se ha vuelto a meter el pene en los pantalones, gracias a Dios.
—Estos dos te pidieron participar en un trío, ¿no? —Flip confirma.
—Sí.
—Y dijiste que no, ¿sí?
—Eso es correcto. He dicho que no.
—¿Y aun así intentaron involucrarte de nuevo? —pregunta Tristan.
—Eh, sí.
—¿Así que te lo pidieron dos veces? —insiste—. ¿Y las dos veces dijiste que
no? —Por un segundo, espero que añada algo de mierda al final, pero tras unos
segundos de silencio, me doy cuenta de que Tristan está en mi equipo.
—Me lo pidieron más de dos veces y siempre dije que no. —Me da vergüenza
que haya durado tanto, pero con las horas que llevaba en el trabajo, no tenía tiempo
para buscar otro sitio. Ni la capacidad de costearme algo cómodamente por mi
cuenta.
—¿Así que siguieron presionándote, a pesar de que habías dejado claro que
no te interesaba participar? —A Tristan se le encienden los orificios nasales e intento
no darme cuenta de lo sexy que está cuando me defiende.
—Estoy bastante seguro de que eso es acoso sexual. —Flip parece que quiere
golpear a Claude.
—Si alguien dice que no le interesa, pero la otra persona sigue insistiéndole, y
luego se desnuda en la sala cuando su compañero de piso podría llegar a casa en
cualquier momento, sabiendo perfectamente que le incomoda.... —Tristan y Flip
intercambian una mirada, y no sé si me lo estoy imaginando, pero parece haber una
extraña tensión entre ellos—. Suena mucho a acoso sexual. —Tristan se vuelve hacia
mí—. ¿Estás de acuerdo, Bea?
—Mm... Sí. —Este es el Tristan del que estaba enamorada. El que hacía cosas
bonitas inesperadamente, como traerme mi chocolatina favorita de verdad y no
tirarme un sapo a la cara.
—Podría publicarlo en mis redes sociales, a ver qué dicen los demás. Ya sabes,
por si estamos equivocados —dice Flip.
—¿Cuántos seguidores tienes otra vez, Flip? ¿Dos millones, o son tres? —
Tristan saca su teléfono del bolsillo y empieza a navegar por las aplicaciones de las
redes sociales.
—Mientes. —Eugenia cruza los brazos, que afortunadamente le cubren los
pezones.
—¿Ah sí? —Flip abre una de sus cuentas en las redes sociales, donde tiene más
de tres millones de seguidores, y se la enseña a Eugenia.
—¿Flip Madden? —Sus ojos rebotan de la pequeña pantalla a la cara de mi
hermano y luego a mí—. ¿Es tu hermano? ¿Y juega hockey profesional? —pregunta.
—Sí. —A menudo me guardo para mí el estado de mi hermano, en parte porque
la gente puede ponerse rara al respecto. Me giro hacia Flip—. Voy a recoger mis
cosas para que podamos salir de aquí.
—Puedo ayudar —dice Flip.
—Está bien. No llevará mucho tiempo. Es sólo ropa y libros y esas cosas.
Tristan no dice nada, pero lleva los cubos de plástico vacíos a mi dormitorio y
se queda de pie delante de la puerta con los brazos cruzados. Mientras vacío el cajón
de arriba, miro por encima del hombro para asegurarme de que Tristan no me presta
atención. En él están todos mis artículos más importantes: sujetadores, bragas y
juguetes de auto gratificación. Tardo menos de veinte minutos en empacar mis
pertenencias, que caben en tres cubos. Uno para cada uno.
Eugenia y Claude están sentados en el sofá del salón, aterrorizados y un poco
asombrados. Flip está en la puerta de su habitación de juegos de rol, frotándose el
labio inferior. Tristan se comporta de forma atractiva y molesta, con el cabello
cayéndole sobre un ojo y apoyado en la pared de mi dormitorio, con expresión
pensativa.
—Todo listo —chillo. Quiero irme y olvidarme de lo que ha pasado.
Flip se gira mientras dejo la más pesada de las papeleras en el suelo. Hace un
movimiento circular con el dedo.
—¿Hay algo aquí que te pertenezca?
Con mi hermano y Tristan de centinelas, busco en la habitación mis efectos
personales. Últimamente había aumentado la frecuencia de los juegos sexuales en la
sala, así que casi todas las noches desaparecía en mi dormitorio.
Cruzo a la nevera y meto la botella de zumo de naranja en el bolso, así como el
medio bloque de queso cheddar afilado y dos manzanas. Mis condimentos ocupan
demasiado espacio y están casi vacíos. Pero en el congelador hay una caja de
sándwiches de helado. De los buenos. Fueron mi derroche de esta semana. Los
reviso. Ayer estaba sin abrir, y ahora sólo quedan tres. Imbéciles.
Levanto la caja.
—¿Alguno de ustedes está interesado en un sándwich de helado?
—Claro. Llevémoslos. ¿Lista para salir? —Flip recoge uno de los pesados
contenedores y se dirige a la puerta.
Pongo la llave del apartamento sobre el mostrador.
Tristan levanta el contenedor más ligero, luego lo deja en el suelo y escoge el
que está lleno de libros. Sus bíceps estallan por el esfuerzo. Espera junto a la puerta,
manteniéndola abierta con el pie mientras yo paso con mi contenedor.
—Gracias —murmuro.
Gruñe y dirige su atención a Eugenia y Claude.
—Ustedes dos son unos malditos imbéciles. Si le causan más drama a Bea, Flip
y yo haremos de sus vidas un infierno. —Deja caer la puerta, su expresión es
ilegible—. Larguémonos de aquí.
Sigo a Flip por el pasillo hasta los ascensores.
No es hasta que estamos dentro y volvemos al vestíbulo que alguien dice algo.
—¿Cuánto tiempo ha estado pasando esa mierda? —El ojo derecho de Tristan
tiene un tic.
—Sólo escaló a territorio super raro en las últimas semanas.
—¿Y tu situación financiera? ¿Es mala? ¿Por eso vivías allí? —pregunta Flip.
—El alquiler era barato. Ahora sé por qué. Significaba que podía ahorrar el
veinticinco por ciento de cada sueldo en lugar del diez. Sólo había planeado
quedarme un año, y entonces tendría un colchón y podría permitirme un bonito
estudio o algo así.
Quiero tener al menos cinco mil ahorrados. Es suficiente para cubrir los gastos
de primera y última estancia en un lugar nuevo y los imprevistos de un par de meses.
Nuestros padres nunca tuvieron ahorros. No importaba que ambos tuvieran trabajos
a jornada completa y que mi padre incluso se dedicara a pintar casas los fines de
semana. Cada vez que intentaban ahorrar dinero, ocurría algo y lo necesitaban para
cubrir una emergencia. Y el hockey de Flip era caro. No quiero estar nunca en la
misma situación.
—Te habría ayudado, Rix. Lo sabes. —Flip arruga la frente.
—Ya me ayudaste con la matrícula de la universidad, y eso ya fue bastante. Lo
tenía casi todo controlado. Conseguiré un nuevo trabajo y encontraré un apartamento
decente y dejaré de molestarlos.
El ascensor se detiene en la undécima planta y entra una adorable pareja de
ancianos. Permanecemos en silencio el resto del viaje. Salgo tras la pareja y nos
dirigimos al coche. Dos de los contenedores caben en el maletero, lo que parece un
pequeño milagro. La tercera ocupa el setenta y cinco por ciento del asiento trasero.
Intento saborear los sándwiches de helado porque son mi capricho favorito,
pero estos se están derritiendo, así que me veo obligada a devorar el mío de pie junto
al coche de Flip. Después, vuelvo a apretujarme en el asiento trasero.
—¿East Side's? —Flip pregunta.
Me meto las manos entre las piernas.
—No hace falta. Sé que probablemente tienes cosas que hacer.
—¿Tienes hambre, Tris? ¿Quieres ir a comer? —Flip pregunta.
—Siempre tengo hambre —responde Tristan.
Dos minutos después, entramos en el aparcamiento de East Side’s.
Tristan resopla.
—Hombre, no he estado aquí desde que nos reclutaron. ¿Todavía hacen la
ensalada ilimitada y el pan de ajo?
—Claro que sí.
—Ah, hermano. Nos van a odiar para cuando nos vayamos. —Tristan salta del
coche.
Volteo el asiento hacia delante y lo empujo todo lo que puedo para que me
resulte más fácil salir, pero me cierra la puerta. Obviamente el ser amable se ha
acabado.
—Por el amor de Dios. —Agarro la manilla y la vuelvo a abrir.
—Olvidé que estabas ahí atrás. —Vuelve a sujetarme el cinturón de seguridad.
Me resisto a ese comentario y salgo del asiento trasero. Una vez de pie, me
estiro. A pesar del sándwich de helado, me muero de hambre. Las galletas de
chocolate no son un desayuno que llene.
La azafata nos lleva a un reservado y yo entro primero, Flip se sienta a mi lado.
Tristan se sienta frente a nosotros. Deja el móvil sobre la mesa, con la pantalla hacia
arriba. Cada pocos segundos parpadea una nueva notificación.
La camarera se acerca para tomar nuestra orden de bebidas.
—¡Hola! ¡No esperaba verte hasta dentro de una semana! —Adelaida, nuestra
camarera habitual, nos saluda con una amplia sonrisa al acercarse—. ¡Oh! Y has traído
a un amigo.
—Hola, Addy. Este es Tristan. Estábamos por la zona y se nos ocurrió parar a
comer. —La sonrisa de Flip la hace sonrojar.
—Vaya, qué agradable sorpresa. —Dirige su sonrisa con hoyuelos a Tristan—.
Hola. Bienvenido a East Side’s.
Le dedica una sonrisa burlona y le inclina la barbilla a modo de saludo.
Qué basura. Será mejor que no intente ligarse a Addy y arruinar mi vuelta por
aquí.
Addy se vuelve hacia nosotros.
—¿Debería empezar con lo de siempre? —Mira por encima del hombro antes
de bajar la voz—. El encargado habitual no está, así que puede que sea más difícil
poner dos ensaladas de en la mesa a la vez, pero traeré dos barras de pan y haré un
segundo pedido de ensalada enseguida.
—No te metas en líos por nuestra culpa —dice Flip.
Hace un gesto despectivo con la mano.
—Le diré que tenemos un jugador de hockey profesional en el restaurante, y
probablemente tendrá un mini infarto. No pasará nada.
Nos pide las bebidas y nos deja mirando el menú. No lo necesito. Siempre pido
lo mismo.
—¿Te has acostado con esa chica o algo? —Tristan le pregunta a Flip una vez
que se ha ido.
—No, hombre. Rix y yo venimos aquí una vez al mes. Ella suele ser nuestra
camarera. —Flip mira el menú. Normalmente pide una de tres cosas.
—Podrías ir a un sitio más bonito. Con menos niños gritones. —Tristan mira a
nuestra derecha, donde una familia con tres niños, todos menores de seis años, se
pelean por unos lápices de colores. El más pequeño hace polvo las galletas de
pescado y grita como un loco. ¿Quién es él para menospreciar a los que aprecian la
ensalada ilimitada y el pan de ajo?
Flip se encoge de hombros.
—Es nuestro lugar.
—Eres más que bienvenida a irte si te molesta el ruido —digo con una sonrisa.
Nuestra camarera vuelve con bebidas. Flip y yo tomamos Coca-Cola y Tristan
una cerveza de barril. Pedimos los platos principales y, un minuto después, llegan la
ensalada y el pan de ajo. Addy espera a que vaciemos el cuenco en los tres platos y
nos dice que ahora viene con la segunda ronda de ensalada. Extiendo la servilleta
sobre el regazo y cruzo las piernas. Mi pie choca con una espinilla porque Tristan
tiene las piernas abiertas.
—Lo siento —murmuro con la boca llena de deliciosa ensalada.
Gruñe, pero no mueve la pierna ni hace ningún otro comentario.
Cada pocos minutos, Addy pasa con otro cuenco de ensalada y más pan de ajo.
Flip come como si alguien fuera a robarle la comida, mientras que Tristan es
metódico y educado. Creció en una familia de clase media alta, así que tener modales
y no comer como si cada comida fuera a ser la última tiene sentido.
Cuando llegan los platos principales, ya estoy a reventar. Tristan se ha
extendido tanto que su pie no deja de chocar con el mío. Incluso sin intentarlo, se las
arregla para ocupar todo el espacio, y no sólo en su lado de la mesa, sino en toda la
sala. Todos los que pasan por delante de la mesa le echan una segunda mirada.
Le doy una patada no muy suave.
—¿Puedes parar?
Arquea una ceja mientras da vueltas a los fideos en el tenedor con la ayuda de
una cuchara.
—Eres tú la que me da patadas.
—Porque estás invadiendo mi espacio.
—No sé si te has dado cuenta, pero mido 1,85, y estas cabinas no están
diseñadas para alguien de mi tamaño, y mucho menos para dos personas de este
tamaño. —Le hace un gesto a Flip.
—¡Sigues pisándome!
—Y tú sigues dándome patadas en la espinilla. Parece que estamos en paz.
—¿Pueden dejar de discutir dos minutos? Son peores que esa mesa de ahí. —
Flip señala con la cabeza una mesa de futbolistas adolescentes que chillan y se hacen
selfies sin parar.
Cruzo las piernas e inclino el cuerpo hacia el borde de la cabina. Mi talón se
apoya en la pantorrilla de Tristan. Echo un vistazo por debajo de la mesa. Él y mi
hermano están estratégicamente colocados para que sus piernas no choquen entre sí.
Dejo de quejarme y me meto un trozo de salchicha picante en la boca, aunque ya
estoy llena.
La idea de comer en East Side's es llenarme de ensalada y pan y llevarme la
pasta a casa. Normalmente puedo hacer que me dure para un almuerzo y cena
adicional al día siguiente.
Un minuto después, un par de niños de doce años pasan por delante y hacen
una doble toma. Llevan gorras de los Terror con el emblema de la mascota del ganso
furioso. Uno le da un codazo al otro.
—Mierda. Flip Madden y Tristan Stiles.
La sonrisa de Flip es instantánea: le encanta la fama. Tristan tarda un momento
en ponerse a su altura, pero también sonríe. El cambio me desarma, en parte porque
todo lo que hace es ponerme más cachonda. Flip y él entretienen a los chicos durante
un minuto, levantándose de sus asientos para hacerse unas fotos y firmarles gorras
antes de que sus padres los lleven de vuelta a sus mesas.
—Acabas de alegrarles el día. —No quiero encontrar atractivo lo amable que
fue Tristan con esos chicos.
—Es parte del trabajo. —El teléfono de Tristan se enciende y frunce el ceño
mientras pulsa en la pantalla—. Bueno, mierda.
—¿Mierda qué? —Flip pregunta con la boca llena de fideos.
—Hendrix está volviendo. Creía que aún se estaba recuperando de la
operación de rodilla.
—Supongo que se curó mejor de lo que esperaban —dice Flip.
—Sí, supongo. —Tristan pincha sus fideos, pero no hace girar ninguno en su
tenedor.
—Será bueno tenerlo de vuelta en el hielo —ofrece Flip.
—Sí. —Tristan se frota el labio inferior. No parece que sienta lo mismo—. Me
pregunto en qué línea lo iniciarán.
—Están hablando de Hollis Hendrix, ¿verdad? —pregunto.
—Sí. Lleva de baja desde mediados de la temporada pasada —dice Flip.
—Pensé que podría retirarse. ¿No tiene treinta y tantos? —Me como una seta.
—Tiene treinta y tres años.
—¿Cuántos años le quedan de contrato? —le pregunto.
—Dos —responde Flip.
—¿Así que tal vez quieren aprovechar al máximo el tiempo que le queda? Sobre
todo porque cobra seis millones al año. —A Flip le quedan tres años más de contrato
con Toronto, pero no sé si a Tristan. Están en el punto álgido de sus carreras, mientras
que Hendrix está de salida. Lleva jugando en la liga desde los diecinueve años, que
es una carrera sólida.
Tristan tiene las cejas fruncidas y me mira con una expresión ilegible.
—¿Qué? —pregunto.
Su teléfono vibra, desviando su atención.
—Vuelvo enseguida. —Sale de la cabina con el teléfono en la oreja—. Hola,
Brody, ¿va todo bien?
Brody es el hermano menor de Tristan. Creo que todavía está en el colegio.
Lleva tanto tiempo fuera que tenemos los restos de su almuerzo en una caja, y
me ofrezco a pagar como agradecimiento. Pero Flip se niega y paga.
Tristan está callado en el viaje de vuelta a casa y, en cuanto llegamos, se sube
a su llamativo deportivo y dice que tiene que ocuparse de algo.
—¿Está bien? —le pregunto. No es que me importen sus sentimientos.
—Sí. Estará bien. Brody tiene competiciones de hockey próximamente, y
Tristan se mete en el hielo con él cuando puede.
—¿Y su padre?
—No es jugador profesional de hockey, y Brody va camino de ser reclutado
este año.
—Bueno. Eso tiene sentido.
Intento encajar esa pieza en algún lugar del rompecabezas. No sé cómo
tomarme a Tristan. Sigue siendo un idiota, pero hoy me defendió. Y luego estaba lo
que pasó en el coche.
Flip abre el maletero.
—Vamos, vamos a instalarte en el desván.
—Te prometo que no será por mucho tiempo.
Tristan
Lo primero que noto a la mañana siguiente es que el baño está limpio.
Totalmente impecable. No hay puntos de pasta de dientes en el espejo del lado de
Flip. No hay toallas por el suelo. Pero entonces veo todos los frascos y botes en la
encimera que no estaban ayer. Y el puto cepillo de dientes rosa. El tercero es el olor.
Es dulce, como a vainilla y cítricos, quizá limón. Me cabrea, porque huele bien y me
recuerda a Beat.
Maldita Beatrix.
Todo lo relacionado con tenerla aquí me irrita.
Vivir con Flip ha sido un respiro de mi vida normal. No tengo que rendir cuentas
a nadie. No tengo que cuidar de nadie más que de mí mismo. Crecer en una casa sin
madre, un padre que tenía que trabajar muchas horas para mantenernos y dos
hermanos pequeños significa que siempre he cargado con muchas
responsabilidades. Me aseguraba de que fueran y vinieran del colegio cuando mi
padre tenía reuniones temprano o tarde, que era a menudo. Asistía a los
entrenamientos, los llevaba a clase y les ayudaba con los deberes. Y jugar en Toronto
me ha mantenido lo bastante cerca de casa como para quitarle presión a mi padre
cuando no estoy de viaje.
Pero con Flip he podido darme un capricho, dejar de lado algunas
responsabilidades y perderme en sentirme bien en lugar de preocuparme siempre.
Ahora Beat se ha mudado. No necesito a nadie más a quien cuidar. No quiero ser
responsable de ella, preocuparme por ella, llevarla de la puta mano y sacarla de las
malas situaciones. Y cuando éramos más jóvenes, Beat siempre necesitaba que la
cuidaran. Quiero decir, era una niña. Pero parece que eso no ha cambiado, aunque
definitivamente ya no es una niña.
Pero no puedo decirle a Flip que no es bienvenida. Se sentirá obligado a
instalarla en su propio apartamento, y entonces habrá aún más drama, ya que esos
dos son súper paranoicos con el dinero. Al menos Flip lo es, y basándonos en dónde
vivía Beat, ella es igual. No importa que Flip lleve cinco años jugando en la liga, o que
gane cinco millones por temporada. Siempre le preocupa que desaparezca. Como si
un día se despertara y en vez de ser multimillonario, estuviera arruinado. Así es como
creció.
Lo que sea. Es temporal. Y empezamos la temporada de entrenamiento la
semana que viene. Puedo lidiar con Beat en mi espacio por una semana o dos.
Levanto la tapa del inodoro e inclino torpemente mi polla semidura hacia la
taza, pero cuando mi pulgar roza el punto sensible bajo la corona, se me endurece
aún más. No puedo mear así. Enciendo la ducha. Es mejor hacer todas mis
necesidades a la vez.
El agua se calienta rápidamente y me pongo bajo el chorro caliente. Agarro la
botella más cercana, me echo un chorro de jabón o champú en la palma de la mano y
aprieto la erección. Pero en lugar de sándalo y salvia, siento vainilla y cítricos. Me
acaricio agresivamente, frustrado por no poder escapar de Beat ni siquiera estando
en la maldita ducha. Mis fosas nasales se agitan y extiendo una mano contra la pared
de azulejos mientras encuentro un ritmo constante.
Cierro los ojos de golpe y trato de evocar una imagen genérica de una noche
anterior. Pero solo puedo oler a Beat, así que, por supuesto, su cara aparece en mi
cabeza. Junto con ella viene el recuerdo del viaje en coche de ayer y la sensación de
su lengua recorriendo el borde de mi mandíbula, su cabello castaño y satinado entre
mis dedos y el sabor salado y dulce de su piel cuando le mordí la oreja. Como un
maldito salvaje. Mi imaginación se apodera de mí. En lugar de ella intentando
arrancarme los pelos del pezón mientras yo amenazo con morderle el lóbulo de la
oreja como un luchador de MMA desquiciado, está de rodillas frente a mí. La agarro
del cabello mientras su lengua se desliza por su labio inferior.
Mis párpados se abren antes de que pueda llevar más lejos esa perturbadora
fantasía, pero ya es demasiado tarde. Mi erección estalla en mi puño y exploto por
toda la pared de azulejos. Ni siquiera he conseguido meter mi polla en su puta boca
imaginaria.
Me lavo el agravio con mi propio maldito jabón corporal.
Cuando salgo del baño, Beat está en la cocina. Ya no es la niña desgarbada de
catorce años que recuerdo. Ahora es toda una mujer.
—¿Decepcionada porque cerré la puerta esta vez?
—¿Cuánto te ha llevado? ¿Cinco minutos? —responde ella—. Si alguien está
decepcionado, son tus anteriores aventuras de una noche. Pero supongo que eso
explica por qué nunca tienes novia.
—Las novias son un grano en el culo. —Preocuparse por alguien sólo lleva a la
decepción. Lo aprendí por las malas y nunca lo olvidé.
—Especialmente cuando no puedes mantenerlas satisfechas.
Le hago un gesto de desprecio y desaparezco en mi dormitorio, cerrando la
puerta con más fuerza de la que pretendía y sobresaltándome por el ruido como una
idiota. No soporto pelear y, sin embargo, eso es lo único que Beat y yo parecemos
hacer. Me meto las piernas en unos calzoncillos, pero no me molesto en vestirme. A
Flip no le gusta poner el aire acondicionado como a mí, lo que significa que si me
pongo una camiseta después de la ducha, empezaré a sudar y tendré que volver a
cambiarme antes de salir para la reunión de equipo de esta mañana. Lo cual me
estresa.
Abro de golpe la puerta de mi habitación. Beat sigue de pie junto a la isla,
cortando fruta. No lleva sujetador. Lo sé porque no lleva tirantes en el hombro
desnudo. Lleva el cabello recogido en una coleta, mostrando la elegante inclinación
de su cuello y la curva de su oreja. La que le mordí ayer. Mi mirada desciende hasta
donde su pezón se presiona contra la tela rosa pálido. No sé si es una ilusión óptica,
pero juraría que puedo ver su contorno a través de la camisa.
Cruzo la habitación dando pisotones, enfadado porque está en mi espacio,
usando mi cocina, y abro de un tirón la nevera. Parpadeo varias veces mientras
analizo el contenido. Alguien ha ido a hacer la compra. No, alguien no. Beat. Cuando
Flip va de compras, compra ramen, enlatados y cualquier cereal azucarado que esté
de oferta. El cajón está lleno de frutas y verduras frescas. Hay dos cartones de zumo
de naranja, del tipo genérico a base de concentrado, no del orgánico recién
exprimido que suelo comprar, pero aun así. Escojo el que tiene más pulpa y me sirvo
un vaso enorme. Me lo bebo y me sirvo otro.
Beat sigue cortando fruta. Hay una enorme bandeja de fruta ya preparada, con
un espacio vacío. Siempre me encargo del desayuno. Y de la mayoría de las comidas
en general. Hacía años que nadie hacía esto por mí.
No quiero ponerme nostálgico. O pensar en lo mucho que odiaba volver a casa,
donde tenía dos hermanos pequeños a los que ayudar a criar porque mi madre
apestaba como ser humano. Flip y Beat tenían todo lo que yo no tenía.
—Satisfago a mis compañeras sexuales cada puta vez —suelto.
Beat sigue cortando piña en trozos como si yo no existiera.
Me introduzco en su espacio personal hasta estar lo bastante cerca como para
oler su champú, del que me he desprendido a golpes. No se me escapa la ironía.
—Cada. vez.
Deja de cortar y gira sobre sí misma, llena de curvas, labios carnosos y
enormes ojos marrones. Saca la lengua para mojarse el labio inferior. Ayer estuvo en
mi piel. No puedo dejar de pensar en ello y me hierve la sangre.
—¿Cómo puedes estar seguro? —Se toca con los dedos el extremo de la coleta,
que le cuelga del hombro y descansa sobre la turgencia de su pecho—. ¿Y si lo
fingen?
—No lo hacen.
—Tan engreído y seguro de ti mismo, ¿verdad, Tris? —Se lleva la mano al
pecho y exhala un suspiro tembloroso—. Oh. —Sus uñas pintadas de rosa patinan por
el lateral de su cuello y luego se deslizan por el cuello de su camisa—. Oh, Dios —
gime.
El sonido va directo a mi jodida polla.
—¿Qué carajo?
Se agarra al borde del mostrador con la mano libre y responde a mi mirada
confusa con otra desafiante. Y entonces gime. Es un sonido seductor y desconcertante
viniendo de la hermana pequeña de mi mejor amigo.
—Justo ahí. Dios, Tristan, eres tan grande. —Echa la cabeza hacia atrás y mueve
las caderas.
—¿En serio? ¿Qué demonios estás haciendo? —Es como si supiera lo que pasó
en la ducha y se burlara de mí con unos pantalones cortos que no cubren mucho.
Su labio inferior se desliza entre los dientes y suspira, luego gime de nuevo,
con los ojos cerrados.
—¡Oh, oh, sí! ¡Oh, Dios, siiiiii! Más fuerte. Duele tan bien.
Quizá no me equivoqué cuando la acusé de hacer algo más que escucharme
masturbarme la otra noche. Estoy a punto de llamarle la atención, pero una de sus
manos se desliza por su cuerpo suave y curvilíneo, y su pulgar se engancha en la
cintura de sus diminutos pantalones cortos de algodón para dormir. Los baja tanto
que resulta casi obsceno, pero luego vuelven a su sitio y su mano baja más,
recorriendo el interior de su muslo.
—Joder. Justo ahí. Eso es. No pares.
Sí, la hermana pequeña de mi mejor amigo puede ser incómoda de tener cerca,
pero también está buenísima. Es una combinación terrible, aparentemente. A pesar
de haberme corrido hace quince minutos, mi cuerpo ya está reaccionando a esto...
sea lo que sea.
Abre los ojos y me rodea la nuca con la mano, clavándome las uñas en la piel.
Al igual que su lengua en mi piel ayer, el contacto es inesperado y chocante. Su otra
mano se mueve para abrazar y apretar su pecho. Interrumpo el contacto visual el
tiempo suficiente para confirmar que puedo ver su pezón a través de la tela. No es una
ilusión óptica. Me da un tirón en la nuca y me inclino hacia ella, confundido y
paralizado. Sus labios rozan mi oreja, su voz es más suave, áspera y un poco
desesperada.
—Por favor, Tristan. Ay, Dios. Oh, joder. —Arrastra la palabra y esta vez
encuentro el lóbulo de mi oreja atrapado entre sus dientes.
Mi mano se mueve sin permiso, se posa en su cadera y mi rodilla se abre paso
entre sus muslos. Esto está mal. Muy mal. No es lo que quiero. Es la hermana de mi
mejor amigo, pero joder si no quiero probar esa fruta prohibida.
Aspira, me muerde el borde de la mandíbula y tartamudea:
—¡Me voy a correr!
Sus uñas se retiran de mi cuello y me empuja el pecho. La suelto de la cadera y
retrocedo dando tumbos.
—Todas podemos fingir cuando lo necesitamos. Especialmente con un ególatra
como tú. —Me roza y desaparece en el baño, lanzándome el dedo medio mientras
cierra la puerta.
Me sobresalto. Odio los portazos de cualquier cosa.
La puerta de la habitación de Flip se abre y él se queda de pie, sin camiseta,
con el cabello revuelto y los calzoncillos llenos de leña.
—¿Qué demonios está pasando aquí?
—Nada. Tenemos una reunión de equipo en una hora. Deberíamos ponernos
en marcha. Hay un buffet de desayuno. —¿Cómo le habría explicado lo que pasaba si
hubiera abierto la puerta un minuto antes?
—Mierda, es verdad. Siempre tienen los mejores gofres. Estaré listo en quince
minutos.
—Suena bien.
Me dirijo a mi habitación, cierro la puerta y me miro la polla semierecta.
—Que te jodan por excitarte.
—¿Estás seguro de que estás de acuerdo con este acuerdo? —Flip pregunta
por lo que es probablemente la séptima vez en cuarenta y ocho horas.
—Deberías haberme preguntado primero.
—Lo sé, hombre. Lo siento. Lloró por teléfono, y ella nunca hace eso. Sólo será
por una semana o dos.
—No quiero cuidar de otra persona.
—No tendrás que hacerlo. Puedo encontrarle su propio lugar si quieres que se
vaya antes. —Golpea ansiosamente el reposabrazos.
—Está bien. —No estoy seguro de que esté bien, considerando lo que pasó esta
mañana. Pero no necesito que se estrese por pagar el alquiler de Beat. Sólo espero
que encuentre un trabajo y se mude para que las cosas vuelvan a la normalidad y no
se convierta en mi problema. En más de un sentido. Además, tengo cosas más
importantes de las que preocuparme—. ¿Vendrá Hollis a la reunión del equipo? —Me
doy un golpecito en la rodilla.
—Que yo sepa, sí. —Flip me mira antes de volver a centrarse en la carretera.
—¿Crees que empezará despacio? ¿Quizá como suplente hasta que vuelva a
orientarse? El año pasado estuvo fuera casi toda la temporada. —No es que no valore
a Hollis como jugador. Lleva siete años en el equipo. Ha llevado a Toronto a las
eliminatorias dos veces y a ganar la Copa una vez, pero su regreso no significa
necesariamente cosas buenas para mí.
—Supongo que dependerá de su rendimiento durante el campamento de
entrenamiento y los partidos de exhibición. Querrán tener una idea de lo rápido que
se fatiga. ¿Te preocupa que te cambien al equipo suplente? —pregunta Flip.
—No lo sé. Puede ser. La temporada pasada fue genial. Quiero que este año
sea aún mejor, pero si al final tengo menos tiempo en el hielo, será difícil mantener
mis estadísticas. —Este es mi último año de contrato con Toronto, así que hay mucho
en juego—. Me gustaría que jugáramos juntos más de dos temporadas, ¿sabes?
—Te renovarán. La temporada pasada fue la mejor. —Flip sonríe—. Y jugamos
bien en la misma línea. Lo tendrán en cuenta.
—Sí. Supongo que veremos cómo sale todo. —Tuve mi mejor temporada con
diferencia el año pasado, y era la primera vez que Flip y yo jugábamos juntos desde
la secundaria. Después de la lesión de Hollis, el equipo se hundió. Él había sido el
principal anotador. Pero el entrenador Vander Zee me dio una oportunidad como
titular, y resultó ser una buena decisión. El año pasado, llegamos a la segunda ronda
de las eliminatorias. Perdimos en el séptimo partido.
Aún no he experimentado el subidón de ganar la Copa, y siempre temo que mi
próxima temporada pueda ser la última y que la victoria nunca sea mía. Una cosa es
ser jugador profesional de hockey y otra estar en un equipo que ha ganado la final.
Lo deseo tanto que puedo saborearlo. Quiero establecer mi valor para que me
renueven el contrato. El equipo es como una gran familia. Nos cuidamos los unos a los
otros sobre el hielo. Es un “toma y da”, y yo lo necesito.
Llegamos al estadio y nos dirigimos a la sala de reuniones.
Ashish Palaniappa, uno de nuestros defensas, está cerca de la puerta. Su mujer,
Shilpa, es la abogada del equipo y una auténtica genio.
—Stiles, Madden. —Se mete un Timbit en la boca y ofrece su puño para chocar.
—Hola, Ash.
El entrenador Vander Zee ya está en la parte delantera de la sala con una mujer
joven.
—¿El entrenador tiene una nueva asistente o algo así? —Flip pregunta después
de su propio choque de puños—. Parece un poco joven.
Hemi, alias Wilhelmina Reddi-Grinst, nuestra relaciones públicas, y Shilpa
aparecen de la nada.
—Esa es su hija, Tallulah. Ella tiene diecisiete años, así que aleja tu bolsa de
porquería, Phillip.
Flip salta.
—Mierda. ¿De dónde demonios has salido?
—Estoy en todas partes. —Hemi cacarea siniestramente, luego se pone serio—
. Tenemos una reunión mañana por la mañana para hablar de algunas oportunidades
de promoción que serían beneficiosas para tu imagen. —Se vuelve hacia mí—. Y la
tuya.
—Soy un buen chico —digo a la defensiva. Al menos intento serlo, pero Flip se
descontrola cuando estamos en el bar. Siempre bebo demasiado y acabo haciendo
cosas que no debería. No quiero ser un problema para el equipo, y eso incluye a
Hemi—. Hola, Shilpa. Te ves encantadora como siempre.
Ella pone los ojos en blanco.
—Chupar medias con cumplidos no te hace menos problemático, Tristan.
Hemi echa la cabeza hacia atrás y se ríe. Luego su expresión se aplana.
—¿Sabías que tu mejor amigo publicó un vídeo tuyo cubierto de purpurina,
bebiendo chupitos del cuerpo de una mujer que puede o no haber sido una stripper?
O posiblemente una bailarina go-go. En cualquier caso, no es un comportamiento
muy familiar.
Mierda. Hasta ahora ni me acordaba de que había pasado. Flip terminó yendo
a casa con ella, y su amiga. Eran, de hecho, bailarinas go-go en un club nocturno local.
Flip frunce el ceño.
—Soy su mejor amigo. Yo no publicaría eso.
—Oh, pero lo hiciste. Así que mañana por la mañana, nos reuniremos y
diseñaremos un plan para que no te retiren todas tus campañas de apoyo.
Flip abre mucho los ojos.
—No harán eso, ¿verdad?
Le da una palmada en el hombro y se marcha, negando con la cabeza.
Shilpa agita un dedo en nuestras caras.
—No me hagan el trabajo más difícil de lo necesario. —Le da un beso a Ashish
en la mejilla y se va.
—Joder. —Flip saca su teléfono y se desplaza por sus redes sociales. Y ahí está,
un vídeo que empieza con un primer plano de sus fosas nasales y termina conmigo
chupando vodka del ombligo de una mujer—. Lo siento mucho, hombre.
Claramente no es mi mejor momento, pero al menos es por encima de la
cintura.
—Ya hace calor y ni siquiera ha empezado la temporada. —Dallas Bright,
lateral izquierdo, jugador titular y uno de nuestros buenos amigos nos dedica una
sonrisa comprensiva—. Te garantizo que no será tan malo como la tortura que me hizo
pasar este verano.
Siento que sonrío.
—Esto necesito oírlo. —Hemi detesta a Dallas y hace todo lo posible para que
lo sepa.
—Me hizo vestirme de payaso en julio. Hacía un calor de pelotas. Pensé que me
iba a morir. Maquillaje de payaso, zapatos grandes, peluca roja... como salido de una
película de terror. Odio a los payasos. Los odio. Casi tuve un ataque de pánico al
mirarme en el espejo. Era para un evento benéfico contra el cáncer. Supongo que se
enteró de que hago animales con globos y salió corriendo. Pero sólo puedo hacer
perros, flores y sables láser. No sabes a cuántos niños hice llorar porque no podía
hacerles lo que querían. Fue un choque de trenes.
—No entiendo cómo se puede odiar a los payasos —reflexiona Ashish.
—¿Por qué te odia tanto? —Flip pregunta.
Se frota la nuca.
—Probablemente porque uno de mis amigos le cortó la trenza cuando estaba
en tercero.
—Es mucho tiempo para guardar rencor por un cabello.
—Sí. Es una pieza del rompecabezas. —Dallas no da más detalles porque el
entrenador Vander Zee nos da la advertencia de cinco minutos.
—Será mejor que aún tengan gofres y tocino. —Flip rompe filas y se dirige al
buffet.
Dallas ya tiene un plato, así que sigo a Flip. Lo llena como si fuera su última
comida. Justo cuando nos sentamos, entra Hollis. Todo el mundo aplaude. Me uno a
ellos, pero siento pesadez en el estómago. Aunque me alegro de que la operación
haya ido bien y de que esté curado, me preocupa lo que eso pueda significar para mi
carrera.
Después de la reunión, Flip sale con algunos de los chicos, pero mi hermano
pequeño tiene un partido al norte de la ciudad. Intento asistir a sus partidos de hockey
si no estoy de viaje y no interfieren con los entrenamientos. Su cumpleaños es en
otoño, y la mitad del tiempo estoy fuera de la ciudad, lo que es una mierda. Odio no
poder celebrarlo con él. Por suerte, este año cae en Acción de Gracias, en uno de
nuestros días libres.
Me voy a casa con Dallas. Tiene un penthouse en un edificio exclusivo a unas
manzanas de aquí. Había estado pensando en mejorar mi casa hasta que Flip fue
traspasado a Toronto el año pasado y me propuso que fuéramos compañeros de piso.
Dallas me deja y subo a nuestra casa.
—¡Hola! —grito al abrir la puerta, pero nadie responde.
El condominio está vacío; no hay una Beat con quien tratar. Huele a productos
de limpieza y a limón fresco. La encimera de la cocina está libre de toda la basura que
Flip suele olvidarse de guardar. En el centro de la isla hay un cuenco de fruta fresca,
y en el sofá hay unos cojines mullidos. Dos de las paredes tienen ventanas que van
del suelo al techo, con una bonita vista de la orilla del lago. Pero eso significa que
tener un televisor aquí abajo no tiene sentido, porque el resplandor hace que sea
imposible ver la pantalla. Nuestro único televisor está en el dormitorio improvisado
de Beat, el desván.
Me cambio la ropa de vestir por unos jeans y una camiseta. Busco una chaqueta,
porque en el estadio siempre hace un poco de frío, y me dirijo a la puerta. Mi teléfono
suena en el bolsillo. Es mi hermano, que me pregunta si voy a ir a su partido y, en
caso afirmativo, si puedo devolverle el videojuego que se olvidó aquí la última vez
que se quedó a dormir. Se me sigue olvidando.
Está en el desván, junto con nuestras videoconsolas. Tiro la chaqueta sobre la
encimera y tiro de la escalera para subir. Aquí arriba huele a vainilla y cítricos. Y,
como el resto de la casa, está limpia. Los contenedores de Beat están bien apilados
en un rincón. Ha doblado la ropa de cama y la ha colocado en el brazo del futón. Su
camiseta sin hombros y sus pantalones cortos de esta mañana están doblados encima
del edredón. Veo algo en el suelo y me agacho para recogerlo.
Son unas bragas de encaje rosa pálido. Lucho con mi mente para no
imaginármela con ellos puestos y pierdo la batalla. Es un inconveniente que Beat haya
pasado de ser una adolescente fastidiosa a una chica sexy fastidiosa. Se ha ganado a
pulso lo de ser la chica de al lado y suave por los bordes. Eso hace que tenerla aquí
sea aún más frustrante.
Me froto el labio inferior mientras observo el desván. Su privacidad es nula. La
situación con los compañeros de piso fue un desastre, y aunque no la quiero aquí,
tampoco la quiero allí. Quien viviera aquí antes que nosotros colgó plantas del techo,
¿quizá para crear una barrera?
Bajo la escalera y busco en el armario de la ropa blanca algo para colgar en los
ganchos que han dejado. Encuentro una vieja funda nórdica que se abotona en el
extremo superior. Me sirve. Vuelvo a subir al desván y cuelgo el edredón. Es un poco
cutre y sólo llega hasta la mitad, pero al menos sirve para separar.
Agarro el juego y vuelvo a bajar a la planta principal, donde huele menos a
Beat y más a productos de limpieza. Calzo mis pies, salgo del apartamento y entro en
el ascensor hasta el aparcamiento. Me acomodo en mi deportivo y conduzco la hora
y veinte minutos que me separan del partido de mi hermano.
De camino, llamo a mi otro hermano, Nate, para ver cómo está. Mi hermano del
medio está en la universidad, cursando el último año de ingeniería. El hombre es
brillante. Jugó al hockey durante casi todo el instituto, pero su cerebro es enorme y
necesita usarlo para otras cosas. Hablamos varias veces a la semana. Cuando contesta
esta vez, está con su novia, Lisa, con la que sale desde hace un año, así que cortamos
la llamada con la promesa de hablar en un par de días.
Nuestro padre está en las gradas cuando llego.
—¿Cómo está jugando Brody? —pregunto mientras tomo asiento a su lado.
—Apretado. Ya ha conseguido una asistencia.
—Bien. Bien. —Escudriño los asientos en busca de reclutadores, ya que pueden
aparecer en cualquier momento, pero sólo hay padres y algunos grupos de chicas
adolescentes—. ¿Todavía estamos bien para salir a cenar el jueves?
—Sí, su práctica termina a las seis y media.
—Intentaré llegar a la arena. Ah, y creo que ya he elegido su regalo de
cumpleaños. Sólo quiero asegurarme de que sea del color adecuado.
—Es bastante ostentoso —comenta irónicamente papá.
—Sí, lo sé. Pero ha estado intentando ahorrar, y con su horario de hockey,
encajar un trabajo a tiempo parcial es casi imposible. Tengo contactos, así que
conseguiré un buen trato. Además, hice algo parecido por Nathan, así que todo es
cuestión de equidad. Espero que le quite el escozor si Susan se olvida de enviarle una
puta tarjeta de cumpleaños.
—Ha demostrado ser muy poco fiable en ese sentido —dice papá en voz baja.
¿Comprarle a mi hermano un coche por su decimoctavo cumpleaños es
exagerado? Tal vez. Pero Susan, nuestra madre, que no merece ese título, no le ha
enviado una tarjeta desde que tenía diez años. El único reconocimiento que recibimos
de ella de que existimos es una única tarjeta de Navidad de que envía a casa de mi
padre todos los años. Nunca hay una llamada telefónica, una nota, un correo
electrónico, ni siquiera un maldito mensaje de texto. Estoy bastante seguro de que
hace que su asistente escriba la tarjeta por ella. Se fue cuando Brody sólo tenía cuatro
años, así que al menos sus recuerdos de ella son vagos, y sus expectativas son bajas.
No parece importar que hayan pasado catorce años desde que nos abandonó
sin mirar atrás. O que dejara de llamarme por mi cumpleaños sólo dos años después
de que se fuera. Todavía hay una parte idiota de mí que se pregunta si un año se
acordará de que tiene tres hijos y hará algo más que nada. Pero no aguanto la
respiración.
Así que sí, un coche es definitivamente un extra, pero le damos mucha
importancia a los cumpleaños, para que el agujero de decepción que ha creado no
nos trague.
Rix
A la mañana siguiente, estoy sentada en la isla de la cocina con mi portátil,
tomando café y buscando trabajo en Internet. Pienso preguntarle a Flip si puedo jugar
con su cartera financiera. Añadiría dimensión a mi currículum. Renunciar significa que
no puedo utilizar a mi anterior empleador como referencia. Incluso ponerlas en mi
currículum podría dar lugar a preguntas, ya que sólo estuve allí tres meses.
Vivir aquí no es una solución a largo plazo. Sobre todo, porque parece que mi
hermano tiene la costumbre de traer a casa a mujeres al azar y tener sexo
excepcionalmente entusiasta hasta las dos de la mañana. Estuvo bien que pusiera la
cortina del edredón, pero está lejos de ser insonorizado. Gracias a Dios por los
auriculares con cancelación de ruido. Ahogaron la mayoría de los gritos y gemidos
de anoche. Excepto entre canciones. No puedo hacer nada al respecto.
Mi teléfono suena con un nuevo mensaje y mi corazón se aprieta. Es Rob. No
nos hemos comunicado desde mi episodio del mensaje de voz borracho. Ya tengo
bastante con lo que lidiar, así que pensé que fingir que no había pasado era lo mejor
para los dos.
Paso el ratón por encima de su contacto y abro el mensaje a regañadientes.
ROB
TE ECHO DE MENOS.
Pero le doy la vuelta al teléfono para no caer en la tentación de seguir con las
idas y venidas. Las cosas ya están bastante complicadas sin hurgar en esa herida.
A las nueve y cincuenta y dos, la puerta de la habitación de Tristan se abre de
golpe. Mis ojos permanecen fijos en la pantalla de mi portátil. La mierda que hice ayer
fue estúpida. Efectiva, pero estúpida. Sólo puedo pensar en la expresión de su cara.
Y en la forma en que su muslo encontró mágicamente su camino entre los míos. Más
allá de su confusión inicial, había lujuria, del tipo que moja las bragas de una chica.
Las bragas de esta chica.
Gime. Fuerte.
Sigo desplazándome por los anuncios de empleo y le recuerdo a mi vagina que
es un idiota, y el mejor amigo de mi hermano, y que no debería lubricarme porque
ha hecho un sonido que me recuerda al sexo.
—Por un momento pensé que el que vivieras aquí era una pesadilla de mierda
—dice mientras camina hacia el baño.
Eso seca mi excitada vagina en un santiamén. Me esfuerzo por sacudirme el
escozor.
—Pesadilla de mierda es redundante. Todas las pesadillas son una mierda. —
Lanzo el dedo medio en su dirección.
Deja la puerta abierta, levanta la tapa del inodoro y hace sus necesidades.
Echo un vistazo rápido. El espejo que hay frente al retrete es visible desde aquí.
Me ofrece una vista perfecta de su cabello revuelto por el sueño, su espalda ancha y
musculosa y su culo esculpido.
—Haz una foto. Durará más —dice por encima de su chorro de pis.
—¿Por qué? De todas formas, no hay nada que merezca la pena recordar —
respondo.
Su chorro de pis se detiene bruscamente y aparece en la puerta del baño
mientras vuelve a meterse en sus calzoncillos negros. Tiene un tic en la mandíbula.
Hay algo en su expresión que no acabo de entender. Como si le hubiera hecho daño.
Pero eso es lo que hacemos: lanzar flechas y ver quién puede herir más al otro. Suele
ser el ganador, aunque no lo sepa. Con su siguiente disparo echa toda la sal en la
herida.
—Te das cuenta de que no te quieren aquí, ¿verdad? Flip se siente mal porque
tus compañeros de piso eran idiotas. Te dejará quedarte porque no quiere lidiar con
su mala conciencia. Y yo tampoco. Especialmente no al principio de la temporada.
Pero eres un problema, y no quiero que estorbes, Beat.
No puedo evitarlo. Me estremezco ante sus palabras. Solía decir algo parecido
cuando éramos adolescentes, diciéndome que era molesto tenerme cerca.
—No quiero tratar contigo más de lo que tú quieres tratar conmigo. —Idiota.
Cabrón. Imbécil arrogante. No soy la misma niña que quería su afecto. Ahora desearía
que se ahogara con su propia polla la mitad del tiempo; la otra mitad desearía estar
ahogándome con su polla.
—Todo lo que haces me sube por las paredes. ¿Por qué está el mostrador
cubierto de botellas? —Señala el tocador.
Traté de mantener todas mis cosas en el lado de Flip, pero algunas cosas se han
movido desde anoche.
—El botiquín está lleno. —Sobre todo de varios tipos de preservativos, además
de friegas mentoladas y algunos analgésicos de venta libre.
Se acerca a la ducha y aparta la cortina.
—¿Y cuántos productos necesitas para ducharte? Esto parece un puto túnel de
lavado.
Sólo tengo lo básico: champú, acondicionador, gel de baño, un puf y un
exfoliante de azúcar. Y todo ello en un pequeño bote de plástico, a diferencia del tres
en uno con fugas que prefiere mi hermano y del caro champú y gel de baño de Tristan.
—¿Qué te ha entrado por el culo esta mañana?
—¡Tú! ¡Tu mierda está por todas partes!
Odiarlo es tan fácil a veces. Tal vez el truco que hice ayer está teniendo el
mismo efecto frustrante en él que en mí. Tan pronto como pienso eso, lo dejo de lado
como algo ridículo. La rodilla entre mis muslos fue un acto reflejo. No me soporta. Su
desdén manifiesto lo deja claro.
Unos golpes en la puerta me impiden responder. Entonces se abre la puerta
del piso. Una mujer de unos veinte años, vestida de negocios, asoma la cabeza.
—¿Hola? ¡Hemi entrando!
Lleva el cabello largo y oscuro peinado como si hubiera estado en la
peluquería. Unos pantalones de cintura alta y una blusa azul de gasa con mangas
casquillo acentúan sus curvas. Lleva una bandolera y no parece una de los ligues de
mi hermano. Pero me resulta familiar. Deja una bandeja de cafés en la mesa auxiliar.
—Hola, Hemi. —Tristan cierra la puerta del baño.
Miro entre ellos, con una extraña y desagradable sensación retorciéndome el
estómago de forma incómoda. Está claro que Tristan y Hemi se conocen. Pero no sé
cómo. Quizá me equivoque con lo de la novia. Pero el otro día llegó a casa cubierto
de purpurina y perfume barato. Reconozco el olor de Chanel No. 5 en Hemi.
Frunce los labios y apoya los puños en las caderas.
—Por el amor de Dios, dije que estaría aquí a las diez. Este no es tu vestuario.
Ponte algo de maldita ropa.
Definitivamente no es su novia. El alivio instantáneo que siento es ridículo.
—Échale la culpa a Flip. Él fue el que armó un escándalo hasta las dos de la
mañana. Yo me acabo de levantar. —Tristan se dirige a su dormitorio. Tal vez por eso
está tan molesto esta mañana. Tal vez fui un blanco desafortunado para su ira.
—¿Dónde está Phillip? —Hemi pregunta.
—Todavía en la cama. —La puerta de la habitación de Tristan se cierra.
Hemi, que no se ha fijado en mí, resopla y sus tacones chasquean en el suelo
de madera. Golpea tres veces la puerta de Flip.
—¡Será mejor que estés aquí en menos de diez minutos, Phillip, o te inscribiré
para que te endosen un herpes! —grita.
Y entonces entiendo por qué me resulta familiar. Es la jefa de relaciones
públicas del equipo. Su trabajo consiste en controlar a los jugadores de hockey
rebeldes y su mal comportamiento. Les hace participar en actos benéficos para limar
asperezas de cara al público. También ayuda a las jugadoras a conseguir patrocinios,
que se suman a sus ya increíbles salarios. Es un trabajo genial. Y ella parece ser
perfecta.
Se da la vuelta y sus ojos se iluminan.
—Hola. —Su mirada se mueve sobre mí en un barrido de evaluación.
Llevo los mismos pantalones cortos y la misma camiseta holgada con la que
dormí. Tampoco llevo sujetador. Más que nada a propósito.
Su sonrisa se vuelve tensa.
—Lo siento, cariño, pero Phillip y Tristan tienen una reunión esta mañana, así
que deberías ponerte en camino. Puedo llamarte un coche si quieres. —Saca su
teléfono del bolso—. Sólo necesito una dirección.
—Oh, eh... —Cree que soy una de sus conejitas. Reprimo una arcada—. No creo
que...
Se abre la puerta de Tristan. Lleva un chándal gris y una de esas extrañas
camisetas de entrenamiento con sisas enormes, así que podemos ver sus pezones y
sus once mil abdominales cuando se gira de lado.
—Tristan, tendrás que pedirle un taxi a tu amiga —dice Hemi en ese mismo
tono tenso y sin pelos en la lengua.
Ya la quiero un poco, aunque piense que soy una conejita.
Tristan frunce las cejas. Es irritante que hasta esa expresión le resulte
acalorada.
—¿Eh?
Ella inclina la cabeza en mi dirección.
—Tu amiga. Tienes que ocuparte de ella.
—Ocuparme de... —Sus ojos se abren de par en par—. ¡Oh! Oh, joder.
Levanto una mano y escarbo antes de que pueda.
—Aunque la humanidad estuviera al borde de la extinción, no dejaría que este
cabrón me pusiera sus sucias manos encima.
Sus ojos se entrecierran.
—Prefiero perder mi polla por congelación.
Es pronto para golpear por debajo del cinturón de esta manera, pero estoy lista
con mi siguiente flecha.
—Preferiría sellar mi vagina con súper pegamento.
Hemi, la pobre, parece seriamente confundida.
Se abre la puerta de la habitación de Flip y casi vomito el café. Lleva un par de
calzoncillos con el logotipo de su equipo en la parte del pene, y luce una erección
matutina.
—¿Se están peleando otra vez? Estoy intentando dormir.
—¡Santo Dios! Tienen que vestirse antes de salir de sus habitaciones —grito—.
Nunca, nunca necesito ver la erección matutina de mi hermano. Nunca más, Flip.
Pagarás las facturas de mi terapia hasta que supere esto. Y elegiré al cien por ciento
al terapeuta más caro del mundo.
Un silbido estridente me hace taparme los oídos con las manos. Tristan y Flip
han hecho lo mismo. Un cuerpo se agita entre las sábanas de Flip.
Hemi parece menos que impresionada.
—Phillip, vístete y por favor acompaña a tu invitada a la salida. Tristan, estás
siendo un imbécil gigante. Contrólate. —Se vuelve hacia mí—. Lo siento mucho. No
sabía que estabas de visita. No quise ofenderte.
—No pasa nada. —Agito una mano en el aire, como si los comentarios
desagradables de Tristan no me afectaran. Ojalá no lo hicieran. Así que me concentro
en la frecuencia con la que tendré que ver la erección matutina de mi hermano si
sigue paseándose en calzoncillos. Es demasiado pronto para lágrimas de humillación.
Me aclaro la garganta y sonrío a Hemi—. Soy Rix, la hermana menor de Flip. Tuve un
problema con unos compañeros de piso, así que me quedo aquí hasta que encuentre
un nuevo lugar. Y un nuevo trabajo. Ha sido una de esas semanas.
—Oh, Dios. —Se lleva la mano al pecho—. Vivir con estos dos debe ser un
infierno.
—Mis anteriores compañeros de piso eran ligeramente peores, lo cual es
mucho decir.
—Pobrecita. —Se cruza y me abraza, susurrando—: Tristan siempre es un
imbécil de primera. Ignóralo.
—Lo sé. Él y Flip han sido mejores amigos desde la escuela primaria. Estoy
acostumbrada a esto. Bueno, tuve una pausa de ocho años, y no puedo decir que
realmente he extrañado sus estupideces, pero hay comodidad en la familiaridad, ¿no?
Me aprieta los brazos.
—Esa situación de compañeros de cuarto debe haber sido una verdadera
pesadilla.
—Lucharon con los límites, y se volvió un poco acosador al final, cuando
seguían intentando convencerme de hacer un trío.
—Oh vaya, eso es... —Mira por encima del hombro a Tristan.
—¿Sólo otro día en la vida de un jugador profesional de hockey? —Suministro.
—Con el tiempo aprenden que sus actos tienen consecuencias —afirma Hemi.
—Parece ser una lección en la que Flip no está muy interesado.
De repente, una mujer con ojos de mapache y rímel sale de la habitación de
Flip. Se queda paralizada al vernos e intenta volver a entrar, pero él le cierra el paso.
—No te preocupes, cariño, no somos las novias enfadadas —dice Hemi—. Soy
su jefa de relaciones públicas, y ella es la hermana de Phillip. —Me da un apretón
cariñoso en el brazo, como si fuéramos buenas amigas, no dos mujeres que se
conocieron hace cinco minutos. De forma incómoda.
—Oh. —La mujer se lleva una mano al pecho. Lleva una camiseta de Madden
alterado que le queda como un vestido, y lleva un par de tacones brillantes azul hielo
de diez centímetros. Su cabello parece haber pasado por una tormenta—. Pensé que
esto se iba a poner súper incómodo.
Hemi sonríe y yo le saludo con la mano.
—Tu hermano es como, guau. —Hace manos de jazz y pone una cara rara.
—Y ahora se está poniendo incómodo —digo con una sonrisa rígida.
Hemi tose en su codo.
—Ya te he pedido un Uber. Sólo dales una dirección. Gracias por una noche
divertida. —Flip la acompaña hasta la puerta, ahora lleva pantalones cortos, por
suerte, y la sigue hasta el vestíbulo.
La puerta se cierra tras él.
—Ha sido entretenido —dice Tristan.
—Cállate, Stiles. La gente que vive en casas de cristal no debería tirar piedras.
Eres tan malo como él. Mira el vídeo que se publicó hace unos días para más detalles
—responde Hemi.
—Hubo chupitos.
—Lo sé. Estabas consumiéndolos por el orificio de una mujer para que el
mundo los viera.
Me atraganto con el café.
Tristan levanta las manos.
—¡Era su ombligo! Haces que suene como si estuviera chupando vodka de su
coño.
—¿Cómo sabemos que no lo hiciste? Ser su compinche te hace tan malo como
él. No sólo apruebas el comportamiento, Tristan. Te involucras en el libertinaje con
él. —Se pavonea hacia la mesa auxiliar, recoge la bandeja de cafés y los lleva a la isla,
pasándome uno—. Este era para Phillip, pero como no puede respetar mi tiempo, es
tuyo. Es uno de esos de caramelo, así que tiene mucho azúcar.
—A estas alturas me lo bebería por despecho, pero la verdad es que me gustan.
—Le quito la tapa y lo sirvo en mi taza de café medio vacía. Es como un cuenco, así
que cabe toda la taza, pero dejo unos cuantos sorbos. Lo suficiente para que Flip
pueda saborear lo que se pierde por ser tan jugador.
Flip llama a la puerta principal. Tristan da un paso hacia ella, pero Hemi le
señala con el dedo.
—No te atrevas. —Hace que Flip llame dos veces más antes de abrir ella misma.
Cuando Hemi finalmente la abre, hace una mueca.
—Oh, Dios, hueles a condones usados y a culo.
—Suena bastante bien —dice Flip con una sonrisa—. Fue divertido.
—En serio, hombre, Beat está justo aquí. —Tristan me señala con ambos brazos.
No entiendo por qué me insulta un segundo y me defiende al siguiente.
—A ella no le importa. ¿Verdad, Rix? —Flip dice.
Doy un sorbo a su delicioso café, que no estaría bebiendo si no me hubiera
dicho que sí a quedarme aquí. Sin embargo, lo sigo aguijoneando.
—Supongo que mientras no te pongas en mi contra cuando traiga a un tipo aquí
y tengamos sexo excesivamente ruidoso, está bien.
Tristan mueve la cabeza en mi dirección. Evito mirarlo. No quiero ver su
reacción.
Flip arruga la nariz.
—No puedes traer chicos aquí.
—¿Por qué no? —No traería a un tipo aquí por muchas razones, pero mi
hermano no necesita saberlo.
Señala el desván.
—No tiene puerta. Ni paredes.
—Soy súper consciente, gracias. Y por muy bonito que fuera que pusieras una
cortina, no es insonorizado. —Hago un gesto hacia el edredón colgante.
—Yo no hice eso —dice Flip.
De repente, Tristan está ocupado buscando una taza de café, a pesar de la taza
que le trajo Hemi.
—Oh. —No me lo esperaba, sobre todo con todo el rodaje de esta mañana—.
¿Gracias?
—Es tanto para mí como para ti. —Y vuelve a parecer molesto.
—Phillip, por favor, haznos un favor a todos, dúchate y cámbiate. Tenemos que
discutir cómo salvar tu campaña de apoyo con esa marca de leche.
—Espera, ¿qué?
—Ahora mismo no están enamorados de tu reputación y, francamente, yo
tampoco. —Señala el cuarto de baño.
Pasa junto a ella y desaparece dentro, cerrando la puerta.
—¿Tienes hambre, Hemi? Estaba a punto de hacer hachís para desayunar —le
ofrezco.
—¿Hachís de desayuno? ¿Qué es eso?
—Patatas ralladas, pimientos y cebollas picados, salchichas, jamón y tocino, y
se cubre con dos huevos al estilo que quieras, queso rallado si quieres y tomates
frescos picados.
—Eso suena increíble.
—Tomaré eso como un sí. Tristan, si puedes ser amable durante veinte minutos,
incluso alimentaré tu hosco culo. —Incluso si la cortina era más para él que para mí,
todavía era agradable, y me quedo en su lugar. Esta es mi manera de mostrar gratitud.
Asiente con la cabeza.
—Haré lo que pueda.
—Esperemos que sea lo suficientemente bueno. —Saco los ingredientes de la
nevera. Ayer corté y preparé la mayor parte para que sea fácil de preparar esta
mañana. Y ya he preparado un plato de fruta porque el desayuno típico de mi
hermano parece ser cereal azucarado.
Cuando Flip termina de ducharse, el picadillo está casi listo. Rompo los huevos
en la sartén y dejo que se frían mientras emplato el picadillo, lo espolvoreo con queso
cheddar rallado y lo cubro con huevos y tomates picados.
—Maldición, huele bien aquí. —Flip mira por encima de mi hombro—. ¿Es eso
lo que creo que es?
—Hachís de desayuno de la abuela Madden.
—No he comido esto en años. Gracias, Rix. —Me da un abrazo de lado.
Sonrío.
—Me gusta cocinar para los demás. Es como mi lugar feliz. —Pongo la bandeja
de fruta sobre la mesa y todos comen.
—Mierda. Esto está delicioso —murmura Tristan con la mano delante de la
boca. Su mirada se eleva hasta la mía, y por un segundo no entiendo su expresión. Es
casi... ¿anhelante? Pero no tiene sentido. Dice algo más que suena como si se repitiera
a sí mismo o como si se hubiera perdido eso.
El desayuno con picadillo de la abuela Madden fue una de las primeras cosas
que aprendí a hacer. Normalmente eran patatas y restos de carne que había
guardado. A veces, si Flip y Tristan tenían partido, me levantaba muy temprano el fin
de semana y ayudaba a mi madre a prepararlo.
—Realmente lo es. Y mucho mejor que las donas y la pizza rancia que suelen
comer estos dos —dice Hemi.
—¿Qué es eso de que mi campaña con la empresa lechera está en peligro? —
pregunta Flip. Mira los vasos descartables para llevar que hay junto a Tristan y Hemi—
. ¿Hay un café para mí?
—Se lo di a alguien que valora mi tiempo más que tú.
—Toma, guardé un poco. —Le paso el vaso casi vacío.
—Me lo merezco. —Termina lo que queda de un trago y vuelve a meterse
comida en la cara.
—Organizan un acto benéfico para toda la familia, pero tu comportamiento
actual no está en consonancia con su misión —dice Hemi.
Flip deja de meterse comida en la cara el tiempo suficiente para preguntar:
—¿Qué significa eso?
—Significa que no quieren utilizar a alguien que parece no respetar los valores
familiares —explica.
—¿Por qué mi prolífica vida sexual significa que no respeto los valores
familiares?
—Te acostaste con la mujer de alguien este verano, Phillip —le recuerda.
—Me dijo que estaban divorciados.
Hemi frunce los labios.
—La dejaste en su casa y su marido estaba cortando el césped.
—Seguro que le corté el césped —murmura Flip.
—Ella tiene dos hijos, Phillip. —Hemi parece apropiadamente poco
impresionada.
—¿En serio, Flip? ¿Dónde demonios está tu brújula moral? —Estoy atónita.
Tristan le lanza una mirada de asco.
—Si quieres acostarte con todas las conejitas del mundo, allá tú, pero como
alguien cuya madre se fue a vivir con uno de sus colegas, quizá deberías dejar en paz
a las casadas.
Ahora vuelvo a sentirme mal por Tristan.
Flip levanta las manos.
—Me mantendré alejado de las casadas y lo marcaré.
—Y no más vídeos —añade Hemi—. No puedo ayudarte si sigues publicando
tus payasadas para que las vea todo el mundo. Y deja de permitir que esas mujeres
se hagan selfies contigo mientras duermes. Pronto tendrás tu propio hashtag si no
tienes cuidado. —Señala a Tristan con el tenedor—. Eso también va por ti. Ustedes
dos son mágicos en el hielo, pero fuera de él son una pesadilla para las relaciones
públicas. Responsabilícense de sus actos. —Suspira—. Bien, se acabó el sermón.
Necesito que se vistan. Casual para negocios.
—¿Para qué? —Flip pregunta.
—Van a servir el almuerzo en una residencia de ancianos. La abuela de Vander
Zee vive allí, y es su nonagésimo cumpleaños. Servirán sándwiches y pastel, y
haremos algunas fotos y las colgaremos en las redes sociales para que los fans los
vean haciendo algo que no sea liarse con mujeres en bares.
Refunfuñan, pero comen los últimos bocados de su desayuno y Tristan mete los
platos en el lavavajillas. Flip desaparece en su habitación, pero Tristan se detiene de
camino a la suya.
Se frota la nuca y me mira a los ojos un momento.
—Gracias por el desayuno, Bea.
—De nada.
Espero a que se cierre la puerta de su habitación antes de dirigirme a Hemi.
—Tu trabajo es salvaje.
—Lo es. La mayor parte del tiempo, me encanta. Pero estos dos necesitan sacar
sus cabezas de sus culos. De todos modos, me dijiste algo acerca de estar en busca
de un trabajo. ¿Diseñas planes de comidas para atletas? Conozco a algunos chicos del
equipo a los que les encantaría la ayuda.
—Oh. No. Sólo me gusta cocinar. En realidad, soy contadora. —Es un trabajo
estable con opciones de crecimiento, y pasé cuatro años obteniendo un título para
hacerlo. Ahora mismo estoy contenta de poder cocinar para más gente que para mí
misma y de tener una nevera llena con la que trabajar. Es mucho más fácil planificar
las comidas con un cajón lleno de verduras.
—¿En serio? Qué genial. No te ofendas, pero pareces joven para tener un título.
—Acabé mis estudios en mayo. Tenía un trabajo en una empresa, pero no
encajaba. —Eso es cierto.
Ella asiente.
—La mayoría de nuestros jugadores utilizan nuestra empresa recomendada
para la gestión y planificación financiera. Estaré encantada de ver si tienen alguna
vacante.
—¿En serio? Eso sería increíble.
—Genial. ¿Por qué no intercambiamos números? Me pondré en contacto con
mi contacto y veré si están contratando, o si conocen a alguien que lo esté.
Intercambiamos números y me envía un mensaje enseguida.
—Gracias, Hemi. Te lo agradezco.
—No hay problema. Hazme saber si puedo hacer algo más para ayudar.
Normalmente no me gusta usar la carrera de mi hermano para promover la mía,
pero cuanto antes consiga un trabajo, antes podré salir de aquí. Incluso si eso significa
que estoy de vuelta a cocinar para uno.
Rix
Después de cinco días viviendo con mi hermano y Tristan, he aprendido
algunas cosas. Primero, los medios de comunicación no están exagerando la prolífica
vida sexual de mi hermano. Cambia de mujer con tanta frecuencia como de ropa
interior. Es un poco decepcionante si soy honesta.
En el instituto, salió con la misma chica durante dos años. Rompieron cuando
fueron a universidades diferentes. A los veinte, Flip ya jugaba al hockey profesional,
y desde entonces ha adoptado una actitud totalmente distinta. Entiendo que la
atención viene con la fama, pero la mayoría de los jugadores se calman después de
uno o dos años. Flip, en cambio, parece seguir creciendo.
También he aprendido que no importa con qué frecuencia limpie el baño. Al
cabo de doce horas, su lado parece el emplazamiento de una bomba. Flip tiene la
costumbre de dejar la toalla enredada en el suelo. Añadir lejía al ciclo de lavado
ayuda a eliminar el moho.
Tercero, ahora entiendo por qué la nevera estaba prácticamente vacía cuando
llegué. Es imposible guardar comestibles en esta casa. Ya he hecho la compra dos
veces, y mañana tengo que volver a hacerlo. Compré la primera ronda, pero Flip me
dio un fajo de billetes para cubrir los siguientes viajes porque es consciente de que
comen una cantidad excesiva de comida.
Pero lo más frustrantemente molesto de vivir con mi hermano y el idiota
asquerosamente bueno de su mejor amigo es que van constantemente en ropa
interior. La mitad de las veces dejan la puerta abierta cuando orinan. Y parece que
ninguno de los dos sabe tirar de la cadena.
Ahora mismo estoy escondida en el desván, comparando folletos de
supermercado para poder igualar el precio de tantos artículos como sea posible.
También uso una aplicación, pero a veces hay joyas ocultas en los folletos. El helado
está de oferta esta semana. No es mi marca preferida, pero soy una adicta a los
helados, así que compro los más baratos, aunque no me satisfagan tanto. Empecé mi
misión de igualar precios en la isla de la cocina, pero Tristan salió con sus calzoncillos
negros, con cara de odiar deliciosamente. No quería que me pillaran mirando, así que
me trasladé al desván, donde puedo echar un vistazo de vez en cuando sin que se dé
cuenta.
Mi teléfono suena con un nuevo mensaje. Se me aprieta el pecho cuando veo el
nombre de Rob en la pantalla. Su mensaje de “te echo de menos” me ha estado
carcomiendo. Sobre todo, porque me parece injusto enviarlo y luego volver a los
grillos durante días.
La batalla interna es real. Finalmente cedo y compruebo el mensaje.
ROB
COMPROBANDO SI TE VA BIEN.
RIX
LOS COMPAÑEROS DE MI HERMANO ESTÁN AQUÍ. CERO PRIVACIDAD EN ESTE MOMENTO.
ESSIE
¿ESTÁN TODOS VESTIDOS SÓLO CON CALZONCILLOS?
RIX
DOS ESTÁN COMPLETAMENTE VESTIDOS. FLIP PROBABLEMENTE ESTÉ EN ROPA INTERIOR, YA QUE ACABA DE DESPERTARSE.
EL CABEZA DE POLLA LLEVA PANTALONES CORTOS, SIN CAMISA. ES UNA MEJORA DE LOS CALZONCILLOS DE ANTES.
ESSIE
O ES PEOR. ESE TIPO ES MÁS PICANTE QUE UN PIMIENTO FANTASMA.
RIX
LO SÉ, LO SÉ. NO LO SOPORTO.
ESSIE
SIEMPRE SE PUEDE COMBATIR EL FUEGO CON FUEGO.
RIX
???
ESSIE
SUJETADOR DEPORTIVO + PANTALÓN CORTO = VENGANZA
RIX
ERES BRILLANTE.
ESSIE
INFORME UNA VEZ FINALIZADA LA MISIÓN MFCF ( ')
No sé por qué no pensé en esto antes. Quizá porque los únicos que suelen
verme son Tristan y Flip. A mi hermano no le importa, y Tristan no me soporta. Pero
con sus compañeros de equipo aquí, podría efectivamente hacer un punto.
Rebusco en mi cajón de la ropa un par de esos pantalones cortos para correr
que apenas contienen mis nalgas y un sujetador deportivo que no ofrece mucha
sujeción, pero es de tirantes y sexy y hace que las chicas estén fantásticas. También
es blanco.
Me escondo detrás de la mampara para cambiarme y me pongo la ropa
rápidamente, quitando las almohadillas del sujetador para que mis pezones se vean.
Luego me pongo las zapatillas de correr y me recojo el cabello en una coleta. Me meto
los auriculares entre las tetas y el móvil en la ranura de atrás para que parezca que
voy a hacer ejercicio.
Modo lucha-fuego-con-fuego activado.
Desciendo por la escalera y, cuando llego a mitad de camino, me agarro a los
bordes y dejo que me lleven hasta el suelo. Es ruidoso, pero me permite hacer una
entrada.
Las tres cabezas se vuelven hacia mí. Tristan está en medio de un sorbo de
zumo de naranja; bebe una cantidad irracional de zumo. Se atraganta y tose en el
brazo.
Salto al suelo, esbozo una sonrisa y me dirijo a la nevera, pasando junto a
Tristan. Tiene los ojos muy abiertos y la boca abierta. Es realmente cómico.
—¿Qué demonios llevas puesto? —suelta.
Miro hacia abajo y me paso una mano por el vientre desnudo.
—Ropa deportiva. Porque haré ejercicio. ¿Qué demonios llevas puesto? —
Vuelvo mi atención hacia sus compañeros de equipo. También me paso la coleta por
encima del hombro mientras saludo con la mano—. Hola.
—Eh, hola. —Los ojos del chico, un poco más bajo, se iluminan cuando su
mirada me recorre, deteniéndose en mi pecho demasiado tiempo.
Extiendo una mano por la isla. Su mirada pasa por encima de mi hombro, hacia
donde está Tristan, antes de volver a la mía.
—Soy Rix, la hermana de Flip.
Desliza su palma sobre la mía.
—Soy Dallas, y este es Roman.
Ahora que lo veo de cerca, lo reconozco.
—Oh sí, eres el afortunado número siete, ¿no? Tu récord de puntuación es
impresionante.
—¿Sigues el hockey? —Dallas pregunta.
—Trato de ver la mayoría de los partidos de Flip. —Lo apoyo, aunque sea desde
la comodidad de mi sofá. Me vuelvo hacia su amigo y compañero de equipo—. Y tú
eres Roman Hammerstein, el portero.
Me dedica una sonrisa ladeada.
—Así es. Encantado de conocerte, Rix.
Flip sale del baño y, como era de esperar, está vestido con calzoncillos. Frunce
el ceño mirando el móvil. Se detiene a medio camino entre el baño y la cocina y aparta
la mirada de la pantalla.
—Tengo que llamar a mi agente. No debería tardar. Oye, Rix, ¿te importaría
ponerme un café? Y tráeles a los chicos lo que quieran. —Hace un gesto a sus amigos,
con el teléfono ya en la oreja mientras desaparece de nuevo en su guarida sexual.
—Yo me encargo del café. Tú puedes agarrar una camiseta e ir al gimnasio —
casi gruñe Tristan.
Me dirijo a la cafetera.
—El gimnasio no va a ninguna parte. Y tú haces un café horrible. —Lanzo una
mirada por encima del hombro—. Chicos, ¿les interesa el café? —¿Estoy exagerando
un poco? Por supuesto.
—Sí, me encantaría uno —dice Dallas.
—Yo también —secunda Roman.
Por supuesto, el bote con los granos de café está prácticamente vacío. Abro el
armario y me pongo de puntillas para buscar los granos enteros y el molinillo, pero
están en el tercer estante. Está bien para Flip y Tristan, que miden más de dos metros,
pero es demasiado alto para mí. Me estiro, pero me faltan unos centímetros. Podría
pedir ayuda, pero eso le da vía libre a Tristan para echarme la bronca. Delante de sus
compañeros de equipo. Eso es un pase difícil.
Apoyo las manos en la encimera y me pongo de rodillas sobre el frío granito.
—¿Qué demonios estás haciendo? —Tristan pregunta.
—Consiguiendo los granos de café, genio.
—Guarda tus malditos ojos para ti, Bright —Tristan gruñe.
Miro por encima del hombro y me doy cuenta de que tengo la atención de
todos. Saltar sobre el mostrador probablemente puso el énfasis en mi trasero.
Perfecto. Estoy haciendo un gran trabajo de hacer mi punto.
—Toma. Déjame ayudarte. —De repente, Tristan está justo detrás de mí, con el
pecho pegado a mi espalda mientras recoge los granos de café y el molinillo y los
pone en la encimera a mi lado. Me acerca la boca a la oreja y me mete la nariz en el
cabello—. La hija de Roman tiene tu edad. No necesito otro problema, y tú te estás
convirtiendo en uno, Beat. —Me rodea la cintura con las manos y me clava las yemas
de los dedos. Da un paso atrás y me tira del mostrador. Mi cuerpo se desliza por
delante del suyo y juro que noto algo semirrígido en la parte baja de mi espalda. Sus
dedos se flexionan, me suelta y se aleja. Su expresión es plana mientras repite,
insistente esta vez—: Yo me encargo del café. Tú puedes ir al gimnasio.
—Claro. —Me trago la vergüenza y me esfuerzo por encogerme de hombros.
Es tan fácil para él rebajarme y hacerme sentir diminuta. Agarro la botella de agua de
la nevera y la bandeja de fruta que he preparado antes. La dejo sobre la encimera y
le quito el celofán—. Por si les entra hambre. Encantada de conocerlos.
Dallas y Roman murmuran gracias y yo salgo del piso sin mirar atrás a Tristan.
Pero siento sus ojos clavados en mí. No sé si he conseguido convencerlo, pero a
Tristan no le ha gustado nada mi falta de ropa, así que me lo tomo como una victoria.
No voy al gimnasio. En lugar de eso, voy al patio, me tumbo en una de las sillas
supercómodas que hay bajo un árbol y hago una videollamada a Essie.
—Necesito todos los detalles —saluda—. ¿Qué demonios está pasando? ¿Por
qué no te he visto la cara en cinco días?
Sonrío ante su larga melena oscura, su piel suave y bronceada y sus ojos
almendrados. Su maquillaje es a la vez espectacular y discreto. Es una maga con el
pincel.
—También te echo de menos, Essie.
—Es duro vivir tan lejos de ti. Tienen que desarrollar un portal entre Vancouver
y Toronto, pero ya.
—¿Verdad? ¿Por qué no podríamos vivir en la era de los viajes Inter
dimensionales? —Ojalá pudiera atravesar la pantalla y abrazarla.
—Puedes mudarte aquí. Ven a vivir conmigo. Te encontraremos un trabajo.
—Tan seductora, pero sabes que encontrarás a algún hombre y le pedirás que
se mude contigo en los próximos tres meses. Entonces estaré en la misma posición
que estoy ahora, menos el molesto y sexy mejor amigo de mi hermano.
—Realmente está bueno, ¿no? No se trata sólo de ángulos de cámara —se queja
Essie.
—Es tan injusto. Es un idiota. Y está buenísimo. No lo soporto. —Le cuento cómo
ha sido vivir con mi hermano y su mejor amigo hasta ahora.
—¿Todo lo que sale en los medios sobre Flip no es sólo forraje?
Sacudo la cabeza.
—Lo he oído con mis propios oídos y lo he visto con mis propios ojos. Mi madre
debe de estar muy mortificada. Me pregunto si por eso se mudaron a la puta nada.
Para que no tuvieran que presenciar toda la mierda que está haciendo. —No es la
razón. Se mudaron al norte porque mi papá recibió una oferta de trabajo que no pudo
rechazar, y es mucho más barato allá. Y más frío.
El labio inferior de Essie sobresale, y su expresión es toda empatía.
—Cariño, lo siento mucho. Sé que adoras en voz baja el suelo que pisa tu
hermano.
—Estoy a favor de la libertad sexual, pero su cama casi nunca está vacía. No
sé... Todo parece tan superficial. —Si mi situación fuera diferente, podría llamarle la
atención. Pero no quiero crear fricciones innecesarias, especialmente cuando me
deja quedarme aquí sin pagar alquiler.
—La oferta sigue en pie, Rixie. Eres bienvenida a venir aquí. Reserva un boleto
de ida para que puedas quedarte todo el tiempo que quieras.
—El alquiler son tres de los grandes al mes en Vancouver. —Hice la
investigación cuando se mudó.
—Aunque sería la mitad contigo aquí.
Es tentador, pero Essie es una monógama en serie. Tendrá un novio en poco
tiempo, y él se mudará poco después. Entonces se pondrá incómodo, y tendré que
resolver las cosas de nuevo.
—Te quiero, Essie, pero mudarte a Vancouver probablemente no sea la
respuesta. ¿Cómo va tu trabajo? Cuéntamelo todo.
Essie me cuenta las últimas novedades de su puesto como maquilladora para
uno de los estudios de cine. Está claro que es feliz. La echo muchísimo de menos, pero
me alegro de que persiga su sueño. Me hace preguntarme cuál es el mío. Me encanta
preparar la comida para Flip y Tristan, pero eso es algo para hacer aparte. La
contabilidad es un trabajo estable con un buen sueldo, y entender el dinero era
primordial en una casa donde nunca había suficiente. Pero el trabajo no me llena de
alegría. ¿Puedo hacerlo? Sí. ¿Es mi objetivo final? Probablemente no. Tal vez era la
empresa equivocada. Tal vez haya una mejor.
Mi teléfono suena con una llamada entrante. Compruebo la pantalla y veo que
es de Gestión Financiera Dean e Hijos. Hemi me envió a un anuncio para un puesto
de contable junior en la empresa y me dijo que puedo utilizarla como referencia, cosa
que hice.
—Tengo que dejarte ir —le digo a Essie—. Este podría ser un nuevo trabajo.
—¡Oh! Mierda. Buena suerte. ¡Ya lo tienes! Mándame un mensaje más tarde. ¡Te
quiero!
Termina la llamada y yo contesto la de Dean e Hijos.
Cinco minutos después, tengo una entrevista de trabajo y menos de cuarenta y
ocho horas para prepararla. Le envío un mensaje a Hemi y me llama cinco segundos
después.
—¡Qué buena noticia! Sabía que conseguirías una entrevista si te presentabas.
Te graduaste entre los mejores de tu maldita clase. Te quieren más de lo que un
jugador de hockey quiere una dentadura completa.
—Siento que no estoy preparada para esto.
—Ven a mi casa mañana por la mañana. O puedo ir a verte. Haremos un par de
simulacros.
—Probablemente sea mejor si voy a ti.
—Te enviaré mi dirección. ¿Te viene bien a las diez?
—Eso es perfecto. Gracias, Hemi. Por todo.
—No es necesario dar las gracias. Tu currículum habla por sí solo. Hasta
mañana.
Termino la llamada sintiéndome más tranquila. Flip no entiende el estrés de las
entrevistas. Ha estado muy solicitado desde los dieciséis años. Nunca fue si terminaría
con un contrato. Era dónde y por cuánto.
Como ya estoy en lista de llamadas, llamo a mi madre cuando vuelvo al edificio.
Le he quitado importancia al asunto del trabajo y el apartamento para que no se
preocupe.
—Hola, cariño, ¿cómo estás? ¿Va todo bien? ¿Qué es eso de que te mudaste con
Phillip y Tristan?
—Sólo tuve un problema con mis antiguos compañeros de piso; no es para tanto
y Flip se está portando bien con todo el asunto.
—¿Qué pasa con tu trabajo? No entiendo cómo han podido dejarte marchar sin
avisar.
También podría haber mentido sobre cómo acabé sin trabajo.
—A veces estas cosas pasan. Ya tengo una entrevista concertada para esta
misma semana. Así que todo debería salir bien. ¿Cómo estás? ¿Cómo está papá? —
Cambio de tema y hablamos unos minutos más antes de dejarla marchar con la
promesa de ponerla al día sobre la situación laboral.
Casi vuelvo al apartamento, pero dije que iba al gimnasio. Las instalaciones
deportivas de aquí son bonitas y, cuando llego, el lugar está casi vacío. Recojo una
revista y me subo a la cinta.
Ayer convencí a Flip para que me diera acceso a sus archivos bancarios y a sus
gastos para poder crear una cartera financiera básica con previsiones de flujos de
ingresos e incentivos a la inversión. Había mucho que revisar. Rara vez gasta más de
cien dólares a la vez, incluso en alimentos, lo que puede explicar los frecuentes viajes
de compras.
Ojeo la revista y frunzo el ceño al ver los peinados anticuados. Al hojear la
portada, veo que tiene más de veinticinco años. Ojeo el contenido y llego a un anuncio
icónico en el mundo del hockey: el de la leche de Alex Waters. Por aquel entonces
era aceptable ser un fuckboy cuando la leche llamaba a la puerta. Aunque, por lo que
tengo entendido, Alex Waters se lo montó con muchas mujeres, pero pocas
experimentaron sus habilidades en el dormitorio.
Según algunas entrevistas no censuradas a su esposa, es porque la mayoría de
las mujeres le tienen pánico a su pene. Esas fueron sus palabras exactas. Miro
fijamente el anuncio, sonriendo ante el aspecto de la vieja escuela que no desmerece
en nada la belleza de Alex Waters en el mejor momento de su carrera como jugador
de hockey. Está hecho un Adonis. Se está echando un recipiente de dos litros de leche
por el cuerpo. Se lame sobre las crestas y los planos de su pecho musculoso y sus
abdominales. El anuncio se corta justo debajo de la deliciosa V que conduce a su
aterradora polla. Es un anuncio sexy. Me pregunto cómo habrá acabado aquí esta
revista.
Una idea toma forma mientras contemplo a Alex Waters. Puede ser genial o
terrible. Pero estoy completamente segura de que el mejor amigo de mi hermano
tenía una semi-erección cuando me sacó del mostrador. Puede que lo deteste con el
fuego de mil infecciones de levadura ardientes, pero si me encuentra atractiva, puedo
usar eso a mí favor. Puedo joderlo como él solía joderme cuando era adolescente,
cuando me veía únicamente como una molestia. Puede que siga siéndolo, pero es aún
mejor si lo molesto y me encuentra atractiva. Entonces estamos en el mismo barco
frustrante. Estoy a punto de descubrir si ese es el caso.
Cuando termino de correr, estoy ligeramente húmeda y sin aliento. La revista
viene conmigo. No me importa si Alex Waters ya es lo bastante mayor para ser mi
padre, en este anuncio es material de sueños húmedos. Tomo el ascensor de vuelta al
piso y me encuentro con Dred en el pasillo. Nos saludamos brevemente, ya que ella
está a punto de salir y yo estoy a punto de entrar, cruzando los dedos para que los
chicos sigan teniendo una reunión de estrategia. La suerte está de mi lado. Están
sentados alrededor de la isla.
Las cuatro cabezas se giran en mi dirección.
—Hola, Rix. ¿Qué tal el entrenamiento? —Flip vuelve a mirar su iPad.
—Bien, gracias. —Agito una mano delante de mi cara—. Hace calor aquí. ¿Les
importa si abro un par de ventanas?
—Ajusta el termostato para que el aire no funcione sin motivo —dice Flip
distraídamente.
—Genial. Gracias. —Me dirijo al balcón—. ¿Cómo va la reunión de estrategia?
Se enfrentan a Montreal primero en los partidos de exhibición, ¿verdad?
—Me encanta que tu hermana sepa hockey. A la mía le da igual —dice Dallas.
—Flip siempre me ha apoyado. Yo quiero hacer lo mismo. —Sonrío a Dallas
mientras abro la puerta corredera y salgo al balcón—. Oh, vaya. La brisa aquí fuera
es increíble.
La atención de todos menos la de Flip está puesta en mí. Está concentrado en
los dos aparatos que tiene delante. Aquí no pasa nada. Abro mi botella de agua, bebo
un pequeño sorbo y luego inclino la cabeza hacia atrás y vierto el contenido por mi
pecho. El agua empapa mi sujetador deportivo blanco, volviendo transparente el
tejido opaco. Los tres pares de cejas se levantan. Roman aparta la mirada y bebe un
largo trago del vaso que ahora tiene en la mano. Dallas sonríe como si acabara de
encontrar su nuevo programa de televisión favorito, y Tristan curva los labios en una
mueca parecida a un gruñido. Su mirada pasa de mí a Dallas y luego a Flip, que sigue
con los ojos fijos en su teléfono.
Tristan señala con el dedo a Dallas.
—Ojos fuera, cabrón.
Dallas levanta las manos y se concentra en su taza de café.
Tristan se acerca a mí tirándose de la camiseta por encima de la cabeza. Se
detiene cuando sus pies chocan la punta de mi zapatilla. Me mira fijamente y yo inclino
la cabeza hacia atrás para sonreírle. Vierto las últimas gotas en mi escote. Su mirada
voraz desciende y sus manos se cierran en puños, una de ellas sujetando su depósito.
—¿A qué demonios estás jugando, Beat?
—Haciendo un punto, Trissy. Tú y Flip están siempre en ropa interior. ¿Por qué
no puedo estar en la mía?
Aprieta la mandíbula y me pasa la camisa agresivamente por la cabeza.
—¡Ay! ¿Qué demonios? —Intento apartarle las manos, pero tengo los brazos
atrapados en la camiseta y el cabello en los ojos.
Agarra el dobladillo de su camisa y me lo recoge en la cintura.
—Esta mierda es innecesaria. Todo el mundo ya te miraba antes de que hicieras
esto, Beat. Es exagerado, y tienes mucho más que ofrecer que tu cuerpo.
Estoy tan sorprendida por el cumplido oculto en su castigo que no sé qué decir.
Sus dedos rozan la piel desnuda de mi cadera y los siento como un vínculo directo
con mi clítoris. Y mis pezones. Que él acaba de tapar. Me hace un nudo en el costado
derecho, apretándolo más de lo necesario. Me lleva todo ese tiempo liberar mis
brazos de la prisión del tanque, lo que parece imposible ya que la mayoría son sisas.
—Ya te lo he dicho, no necesito otro problema que gestionar. Deja de ser una
mocosa antagonista —gruñe.
El latigazo cervical es difícil de soportar, pero ese cumplido involuntario me da
el valor que necesito para seguir apretándole las tuercas.
—Deja de hacerte el idiota. Oh, espera. No puedes. Es tu estado natural.
Sus ojos se oscurecen, su mirada amenazadora.
—¿Cuál es tu plan ahora que has probado tu punto?
—Seguro que Dallas quiere mi número. Quizá se lo dé.
Su mandíbula tiembla.
—Y una mierda que lo harás.
Inclino la cabeza y arrastro un solo dedo por su pecho.
—Te debe arder el culo.
Me agarra de la muñeca, pero no me aparta la mano.
—¿De qué estás hablando?
—Sentirte atraído por mí, aunque no me soportes. Tan frustrante aborrecer algo
y desearlo al mismo tiempo.
Sus ojos se encienden de sorpresa y luego se entrecierran.
—Ve con cuidado, o acabarás metida en un lío.
Le pincho a través de los calzoncillos. Definitivamente tiene una erección.
Apuesto a que si mirara hacia abajo, vería la cresta empujando contra la tela.
—Tu cuerpo te traiciona —murmuro—. Qué no darías ahora mismo por poder
callarme con tu polla en la boca, ¿eh?
Sus dientes rechinan y se inclina hasta que nuestras narices casi se tocan. Su
cuerpo eclipsa el mío. No puedo ver a Flip ni a sus compañeros, ni ellos a mí. Estoy
rodeada por Tristan. Podría inclinar la barbilla hacia arriba y nuestros labios se
tocarían.
—No quieres mi atención, Beat. —Su voz es suave y amenazadora, y me
produce un escalofrío—. Te prometo que estás jugando con fuego y te incineraré,
joder.
Sonrío.
—Eso suena como un desafío.
Su expresión se vuelve siniestra.
—Oh, pequeña, no tienes ni idea en lo que te estás metiendo.
—¡Eh! ¿Qué demonios está pasando ahí fuera? Tristan, no puedes tirar a Rix por
el balcón, ¡por mucho que te moleste! —Flip llama.
Le doy una palmadita en el pecho a Tristan.
—Empieza el juego, muchachote.
Rix
He hecho muchas cosas estúpidas en mi vida. Pero enemistarme con Tristan
podría encabezar la lista. Darme cuenta de que me encuentra atractiva, aunque no me
soporta me da poder. El problema es que no estoy segura de cómo ejercerlo
eficazmente.
Tristan escasea durante los dos días siguientes, lo que resulta curioso. Se va
antes de que Flip se despierte y vuelve por la tarde, busca comida y desaparece en
su habitación el resto de la noche. Al principio, pensé que estaba en modo de evasión.
Cuando le pregunté a Flip si todo iba bien, me dijo que Nate estaba de visita y que
Brody tenía un partido de hockey, así que estaba pasando tiempo con la familia. No
quiero encontrar eso dulce, pero lo hago. Además, mi ego prefiere la opción de
evitar.
Pillo a Flip entre el entrenamiento de hockey y una de sus muchas citas y lo
hago sentarse conmigo para que repase sus extractos bancarios antes de mi
entrevista.
—¿Todos estos pequeños retiros? ¿Para qué son? —Toco los gastos resaltados
en amarillo, la mayoría de veinte a cincuenta dólares, pero de vez en cuando hay uno
de cien o doscientos. Esta semana retiró mil dólares y me dio ochocientos para la
compra.
Inspecciona la lista y se pasa los dedos por el cabello.
—Eso es dinero de bar.
—¿También hay otros gastos en tu tarjeta de crédito? —le pregunto.
Sacude la cabeza.
—No es lo típico. Suelo pagar en efectivo en el bar.
—¿Y sólo gastas entre veinte y cincuenta dólares por noche? —Confirmo.
Asiente con la cabeza.
—Sí. Sólo bebo una cerveza y luego me paso al agua. A veces me toca pagar
una ronda, así que esas son las noches en las que es más caro, o invito a alguien a una
copa. Pero no llevo mujeres borrachas a casa, y no me emborracho si el plan es
encontrar un ligue, que suele ser.
—¿Sólo bebes una copa? —digo.
Me mira.
—Los bares son caros, y emborracharse es una mala idea si quiero algo de
acción.
—Bien. De acuerdo. Eso tiene sentido. —En cierto modo, supongo que es mejor
que esté sobrio cuando trae a todas estas mujeres a casa. Pero el hecho de que esté
totalmente lúcido cuando toma estas decisiones también es inesperado. Lo guardo
para pensarlo más tarde. O no—. Bueno, sumaré tus gastos mensuales del bar y todo
lo demás y te haré un plan mejor.
—Genial. Tengo que reunirme con mi agente esta tarde, pero mándame un
mensaje si tienes preguntas. —Me deja con mis preparativos para la entrevista de
trabajo.
Ayer pasé unas horas con Hemi repasando las preguntas de un simulacro de
entrevista, así que me siento más preparada. Tardaré casi todo el día de hoy en idear
un nuevo plan para Flip y convertirlo en una presentación dinámica, pero cuando
acabe, tendré proyecciones de flujos de inversión-ingresos a uno, tres y cinco años
vista, basadas en su salario anual actual.
Flip y Tristan no vuelven hasta tarde, lo que significa que no tengo que
ocuparme de ellos antes de acostarme. Espero que para la semana que viene vuelva
a tener un trabajo remunerado y pueda empezar la misión de buscar un apartamento.
La tarde siguiente, me dirijo a mi entrevista en Dean e Hijos. Estoy nerviosa,
pero Hemi me ha asegurado que tengo todo bajo control. Haberme graduado entre
los mejores de mi promoción no me viene mal, y su recomendación tampoco.
Además, tengo un hermano que juega al hockey profesional y que me deja revisar su
cartera financiera.
Todas esas cantidades insignificantes que gasta en el bar suman, pero sin duda
están dentro de lo que puede permitirse. Y además se asegura de ello viviendo con
su mejor amigo en un piso mucho más barato de lo que podría pagar razonablemente
cada mes. Mi objetivo para Flip es maximizar sus inversiones actuales, para que no
tenga que seguir viviendo con el temor de que desaparezcan todos sus ingresos y
sepa que su estilo de vida está asegurado incluso después de retirarse del hockey.
Dean e Hijos está en un edificio precioso y moderno, con un gran equipo y un
personal amable y dinámico. Soy una de los varios candidatos para dos puestos, y
tengo concertada otra entrevista para un puesto de nivel inferior en otra empresa a
principios de la semana que viene, por si esto no sale como espero.
Pero me llevan dentro, y entonces todo sucede, y la entrevista transcurre con
increíble fluidez. Les encantan las revisiones del plan financiero que he hecho para
mi hermano: el modo en que tengo en cuenta su agenda de viajes y los gastos del piso
frente a los gastos de gestión de la propiedad de una casa con jardín. Les proporciono
un presupuesto para cada opción, junto con los pros y los contras de cada uno. Al
final, todos nos reímos de las creativas técnicas de contabilidad de los deportistas
profesionales y de los gastos que necesitan un mayor masaje.
Le mando un mensaje a Hemi en cuanto salgo de la entrevista.
Me llama unos segundos después.
—¿Dónde estás ahora mismo?
—Saliendo de Dean e Hijos, en dirección al metro.
—Estoy a una manzana. ¿Quieres que quedemos para tomar algo? ¿Me lo
cuentas en tres dimensiones?
—¿Segura que tienes tiempo? —pregunto.
—Sí. Acabo de terminar de hacerle la vida imposible a Dallas y necesito
celebrarlo. Hay un bar de martinis llamado The Dirty Olive en la esquina de Church
y Yonge. ¿Te vemos allí en diez minutos?
—Claro. Suena genial. —No es hasta después de que ella termina la llamada
que el “vemos” se registra.
Siete minutos después, llego a The Dirty Olive. Es elegante, y no es un lugar
que yo frecuentaría normalmente porque las bebidas son caras. Pero acabo de tener
una entrevista y parece que ha ido bien. Puedo permitirme un cóctel caro. Recortaré
mi presupuesto de ocio de la semana y no compraré esa tarrina de helado Moose
Tracks. Merece la pena el sacrificio.
Con Essie en Vancouver y el final de Rob y yo, me he sentido sin ataduras. Echo
de menos el consuelo de la amistad de Essie y la seguridad de un novio a largo plazo.
Esperaba que Eugenia y Claude fueran compañeros de piso divertidos, pero eso se
convirtió en un saco de mierda muy rápido. Así que es agradable tener una nueva
amiga en potencia, aunque esté relacionada con el trabajo de mi hermano.
Cuando entro, Hemi ya está sentada en una mesa alta con otra mujer. Tiene una
melena larga hasta la barbilla, ojos oscuros enmarcados por unas pestañas
envidiablemente espesas y el físico de una atleta.
—¡Hola, Rix! —Hemi se levanta y me da un abrazo—. Espero que no te importe.
He traído a una amiga.
—Cuantas más seamos, mejor —respondo. No me muero por llegar a casa y
pasar el rato con Flip y Tristan y sus culos de esta noche. Aunque hasta ahora sólo Flip
trae amigas de dormitorio a casa.
—Rix, esta es Hammer. Hammer, este es Rix. —Hemi hace un gesto entre
nosotros—. Rix es la hermana de Madden; Hammer es la hija de Hammerstein.
—¡Eh! —Recuerdo que Tristan dijo algo sobre que Hammerstein tenía una hija
de mi edad el día de la misión de lucha contra el fuego. Hammerstein es el miembro
más viejo del equipo, pero ni siquiera tiene cuarenta años. Y Hammer parece que
acaba de salir de la adolescencia: Está en un bar, bebiendo, así que debe tener al
menos diecinueve. No puedo ver a Hemi trayéndola aquí de otra manera.
—Hammer está realizando sus prácticas universitarias conmigo este semestre,
y nos lo estamos pasando en grande, ¿verdad? —dice Hemi con una sonrisa.
Hammer sonríe.
—Ya tengo las mejores prácticas, y empecé hace dos días. Y mi nombre real es
Peggy, que también es el nombre de mi bisabuela. Descansa en paz. —Se persigna—
. Pero el equipo me llama Hammer.
—Claro. Mi nombre real es Beatrix, que también es el nombre de mi abuela. A
mis padres les gustaba acortar nuestros nombres, así que yo me convertí en Rix, y mi
hermano en Flip porque no podía pronunciarlo cuando era niño. Aunque adquirió un
significado totalmente nuevo cuando se convirtió en jugador profesional de hockey.
Hammer hace una mueca.
—Oh sí, tiene bastante reputación.
—Sí —estoy de acuerdo.
—También me llamo como mi abuela, que afortunadamente sigue viva y llena
de descaro —señala Hemi—. Pero Wilhelmina es un nombre ridículamente largo, y
yo conducía un Hemi en el instituto. Se me quedó el apodo.
—¿Por qué conduces un Hemi? —pregunto.
—Mis madres querían un vehículo seguro. Pensaron que una camioneta con un
motor potente que además pudiera pasar por encima de casi cualquier cosa cumplía
los requisitos.
—Eso es legítimo. —Todavía no tengo coche. Vivir en Toronto significa
depender del transporte público.
Hemi asiente y cambia de marcha.
—Háblame de la entrevista. ¿Les enseñaste todos tus gráficos y les dejaste
boquiabiertos?
—Creo que fue bien. Al final, estábamos riendo y charlando. Fue relajado. Me
siento mucho más a mi ritmo que en mi último trabajo. —Aunque todavía no estoy
segura al cien por ciento de que la contabilidad sea el campo adecuado para mí. Me
encanta preparar planes de comidas semanales para mi hermano y Tristan. Sin
embargo, no estoy segura de cómo podría convertirlo en una carrera lucrativa.
Tendría que estudiar mucho más.
—¿Quién te entrevistó? ¿Mike y Laura? —pregunta Hemi.
—Sí, y Fergie.
—¿Hiciste reír a Fergie? Definitivamente vas a conseguir el trabajo. Tenemos
que celebrar tu inminente empleo.
El camarero se acerca y pido un vaso de agua y un martini de chocolate.
El teléfono de Hammer zumba y ella mira la pantalla, poniendo los ojos en
blanco.
—Espera un segundo. Es mi padre. —Contesta la llamada—. Hola, estoy en
medio de una reunión con Hemi. ¿Puedo llamarte más tarde? —Frunce los labios—.
No hace falta que me esperes para cenar. Probablemente tardaré otra hora, quizá un
poco más. Comeremos algo... No, no necesito que me lleves. Papá, he estado
viviendo fuera del campus los últimos tres años. Estoy súper versada en tomar el
metro. Estaré bien. Sí, te mandaré un mensaje cuando esté de camino a casa. Dios
mío, no. No hagas que Hollis me recoja. Eso es ridículo. Estoy bien. Necesito irme. Te
quiero. —Termina la llamada.
—¿Va todo bien? —pregunto. Quizá me equivoqué con Roman. Parecía
bastante tranquilo cuando lo conocí.
—Sí. Sólo mi padre siendo autoritario. Ya tenía una hija a mi edad, así que se
asusta sobre dónde estoy y con quién estoy. Lo entiendo, pero en serio, no tengo
planes de quedarme embarazada pronto. Estoy totalmente comprometida con mi
vibrador estos días. Que ya no puedo tener en el tocador del baño porque mi padre
lo vio el otro día y casi se vuelve loco.
—¿Por qué estaba en tu baño? —Pregunto.
—Estaba lavando toallas y se le ocurrió tirar la mía también. Mi Batdick estaba
tirado en el fregadero. Pensé que le iba a dar un infarto. Se puso tan rojo.
—¿Batdick? —Hemi arquea una ceja.
—Tienen vibraciones inspiradas en los héroes del cómic. Puede que tenga una
pequeña colección. De todos modos, estoy seguro de que lo superará, pero tener a
mi padre como compañero de piso cuando llevo tres años viviendo fuera de casa es
una adaptación.
—Los compañeros de piso de Rix la invitaron a unirse a su fiesta sexual de
juegos de rol de piratas, y así es como acabó viviendo con Madden y Stiles —dice
Hemi, y luego se encoge de hombros—. Lo siento. Esa no era mi historia para
compartir.
Sacudo la cabeza.
—Se lo cuento a cualquiera que quiera escucharme. Es como una terapia
gratuita. Volví a casa y encontré a mi compañera de piso, desnuda, atada a una
columna en la sala de estar. Decidí que lo mejor era mudarme.
Hammer asiente lentamente.
—Es comprensible.
—Sí. Pero la casa de mi hermano sólo tiene un baño y yo duermo en un futón
en su sala de juegos. No tiene puertas, así que la ducha es mi único momento privado.
Hammer se lleva una mano al pecho.
—Por favor, dime que el cabezal de la ducha es extraíble.
—Desgraciadamente, no lo es.
—Pobrecita. —El tono de Hammer está lleno de empatía.
—Estoy seguro de que Stiles estaría más que feliz de ayudarte con eso. —Hemi
sonríe socarronamente.
Casi me atraganto con un trago de martini.
—No nos soportamos.
Hemi se encoge de hombros.
—Eso no significa que no te quiera. E imagina lo buena que sería la cogida con
odio.
—Stiles es muy follable —dice Hammer.
—Estoy segura de que hay un número extraordinariamente alto de mujeres que
pueden dar fe de ello —murmuro.
—Necesito que esos dos se asienten. Lo entiendo durante los años de novato,
pero Madden ha estado más salvaje que Tarzán. —Hemi se detiene—. De lo que
seguro que no quieres hablar ya que lo presencias de primera mano.
Asiento con la cabeza.
—Una cosa es saber que ocurre, gracias a los medios de comunicación. Otra es
escucharlo.
—Oh, Dios. —Hammer palidece.
—Me mudaré en cuanto encuentre trabajo —le aseguro.
—Totalmente razonable.
Hemi pide otra ronda de bebidas y aperitivos. Hago cuentas y me doy cuenta
de que he gastado todo mi presupuesto mensual para ocio y he recortado mi fondo
para la compra. Tengo ahorros, pero sin una fuente de ingresos, debo tener mucho
cuidado. Es una línea difícil de seguir: divertirme con amigos, pero no gastar dinero
del que no puedo desprenderme.
Pero luego volvemos a reírnos y me relajo. Al final, Hemi pide la cuenta y nos
hace señas para que no lo hagamos cuando Hammer y yo sacamos nuestras tarjetas
de crédito.
—Te invité a salir, y esto era una reunión para informar —le dice a Hammer—.
Yo me encargo.
—¿Estás segura? Esa fue la excusa que le di a mi padre para que no siguiera
mandándome mensajes, preguntándome cuándo volvería a casa.
—Aun así, hablamos del equipo, así que cuenta.
Le doy las gracias profusamente a Hemi y nos separamos a la salida del bar con
la promesa de que le enviaré un mensaje cuando tenga noticias del trabajo. Un nuevo
mensaje aparece cuando llego al metro. Hemi ha creado un chat de grupo. Me
encanta llevar menos de una semana viviendo en este nuevo lugar y ya estoy
haciendo amigos. La mayoría de mis compañeros de mi anterior empresa eran
mayores y tenían familia, así que nunca salíamos fuera de horas de trabajo.
Me voy a casa con el subidón de la entrevista y el zumbido de dos martinis. Y
me paso todo el viaje en tren escuchando un audiolibro romántico picante, lo que
probablemente no sea el mejor plan, ya que vuelvo a una habitación sin puertas ni
paredes. Pero cuando llego, la puerta de mi hermano está abierta de par en par, lo
que significa que ha salido. La puerta de Tristan está cerrada, así que puede o no estar
en casa.
Subo en silencio al desván. A juzgar por la bolsa de patatas fritas vacía que hay
en la mesita, alguien ha estado jugando en la videoconsola. El futón y el suelo están
llenos de migas.
Barro las migas en el suelo y extiendo una manta sobre la superficie del futón,
debatiendo mis opciones. Escuchar deliciosas obscenidades me excita. El baño
ofrece intimidad, pero si Tristan está en casa, probablemente llamará a la puerta para
molestar.
Puedo no hacer ruido. Puedo correrme sin hacer mucho ruido. Rebusco en mis
cajas y encuentro mi fiel vibrador morado. No es nada del otro mundo, pero funciona.
De paso, tomo mi succionador de clítoris. Es más ruidoso, pero muy eficaz.
Me tumbo en el futón. La música ambiental sería útil, pero no quiero hacer ruido
innecesario. Me levanto para quitarme la ropa y ponerme uno de mis camisones. El
acceso es fácil. Me vuelvo a estirar en el sofá y me tapo con una sábana. Aquí hace
calor, pero siempre puedo ducharme cuando acabe. Necesito desahogarme. Quizá
pueda acumular unos cuantos orgasmos. Eso en el mejor de los casos, pero uno me
aliviará.
Doblo una pierna por la rodilla y la apoyo contra el respaldo del sofá. La otra la
dejo estirada. Mi ritmo cardíaco se acelera mientras me paso la mano por el estómago
y me subo el camisón hasta la cintura. Ya me tenso la posibilidad de correrme.
Oigo movimiento debajo de mí. Tristan está en casa. Un golpe y otros ruidos
bajos siguen. Lo que sea. No pasa nada. Puedo hacerlo. Arrastro los dedos por mis
pliegues y suspiro mientras rozo mi clítoris. Oh, sí. No debería tardar mucho. Cierro
los ojos, deslizo un dedo dentro, lo retiro para arrastrar la humedad sobre mi clítoris
y lo rodeo un par de veces. Me tapo la boca con la mano para ahogar un gemido.
Intento taparme la cara con la almohada que tengo junto a la cabeza, pero me
cuesta demasiado respirar, así que la tiro al suelo. Encuentro mi vibrador y deslizo la
suave cabeza entre mis pliegues, deslizándola dentro de mí para amortiguar el sonido
antes de encenderlo.
Se abre la puerta de la habitación de Tristan y apago rápidamente el vibrador.
Él rebusca en la nevera. Dos minutos después, desaparece en su habitación. Debería
estar bien por un tiempo. Puedo hacer esto en cinco minutos.
Vuelvo a encender el vibrador y lo inclino para que dé en el punto adecuado.
Al mismo tiempo, rodeo mi clítoris con los dedos. Cierro los ojos, pero estoy tensa,
consciente de que Tristan está debajo de mí.
Y como mi cerebro es idiota, no deja de recordarme aquella primera noche en
la que lo vi masturbarse. Ahora me lo imagino en su cama, haciéndose una paja
mientras yo estoy aquí tocándome. Intento reorientar mi imaginación. Si la revista que
tomé prestada de la sala de ejercicios estuviera a mi alcance, podría mirar ese maldito
anuncio de leche. Cualquier cosa que me distraiga de los pensamientos de Tristan
empuñando su maldita polla enorme.
La puerta de su habitación vuelve a abrirse. Apago el vibrador. Mi coño está
furioso. Estoy muy nerviosa. Sólo quiero correrme. Esta vez Tristan utiliza el
microondas. Hago lentos círculos alrededor de mi clítoris para mantener el flujo del
vibrador, no será suficiente para que me corra. Al final vuelve a su habitación. Sale
treinta segundos después. La puerta vuelve a cerrarse.
Pongo el vibrador a tope y me masturbo en serio. Necesito correrme antes de
que Tristan vuelva a aparecer. Pero no lo consigo. Estoy al borde del abismo, pero
cada vez que me aprieto, me viene a la cabeza una imagen de Tristan. Y puedo oírlo
debajo de mí. Lo que sea. Lo usaré como inspiración. Cierro los ojos y vuelvo a la vez
que fingí descaradamente un orgasmo delante de él. No era mi intención, pero él me
puso la mano en la cadera y su muslo acabó entre mis piernas.
Imagino cómo habría sido si hubiéramos cedido a la atracción eléctrica. Si me
hubiera acercado más. Si su boca hubiera estado en la mía, sus manos en mi cabello,
el escozor calmado por la sensación de sus suaves labios contra mi cuello. Las ásperas
yemas de sus dedos entre mis muslos.
El sonido arenoso de su voz cuando me había llamado pequeña traviesa Bea.
Renuncio a quedarme callada y saco el succionador de clítoris. Estoy muy
cerca. No tardaré mucho. Se enciende y luego se apaga. Mierda. Hay que cargarlo.
Cuando Tristan sale de su dormitorio por quinta vez, pierdo la batalla por
quedarme callada.
—¿Puedo ayudarte en algo? —le digo.
—Toda tu masturbación me está dando hambre.
Ese cabrón me está jodiendo. Saco de un tirón el vibrador de mi vagina furiosa
y extra jugosa y me precipito hacia la barandilla, apartando la cortina nórdica.
Está de pie en medio de la cocina, con unos calzoncillos grises y nada más.
Recorro con la mirada su cuerpo ridículamente recortado, memorizando sus curvas
para más tarde. Odio apreciar su atractivo. Mi vagina vacía se aprieta cuando mi
mirada alcanza la enorme erección que cubre impresionantemente la parte delantera
de sus calzoncillos.
—Realmente vas por ello, ¿eh? —Tiene la audacia de ajustarse.
No sé en qué estoy pensando mientras le lanzo mi vibrador aun zumbando.
¿Quizá que le va a dar en la cabeza?
Lo atrapa en el aire. Su ceja se levanta mientras inspecciona a mi amigo de
placer de silicona.
—Uno, jódete. —Levanta el dedo medio—. Y dos... —Mantiene agarrado el
vibrador mientras me lanza un segundo dedo medio—. Me lo quedo.
—Espera. ¿Qué? —Me dirijo a la escalera y bajo hasta la mitad antes de perder
un paso y caer al suelo, aterrizando de culo—. ¡Devuélvemelo! —Me pongo en pie de
un salto y atravieso el piso mientras él desaparece en su dormitorio. Intento abrir el
pomo, pero está cerrado. Golpeo la puerta—. Devuélvemelo. Ahora mismo, Tristan.
Abre la puerta lo suficiente para mostrar su cara, quince centímetros de pecho
y su erección aún tensa.
—No.
—¿Qué vas a hacer con él? —Balbuceo.
Su sonrisa se vuelve francamente malvada.
—Nunca lo sabrás. —Y me cierra la puerta en las narices.
Tristan
Han pasado dos días desde que le robé el vibrador a Beat. Pensé que iba a
perder la puta cabeza escuchándola gemir y retorcerse encima de mí. Pero robarlo
no mejoró las cosas. La cosa estaba cubierta de su jugo de coño. Estaba por toda mi
mano. Puede que usara la funda de mi almohada para limpiarlo. Y lo aspiré mientras
dormía.
Tengo un problema. Y se llama Beatrix.
La oigo en la cocina. Son más de las nueve. Llevo levantado una hora. Flip está
en alguna cosa de apoyo que Hemi lo obligó a hacer para ayudar a reforzar su
reputación. Quería que yo también fuera, pero le dije que mi hermano tenía un
partido. La mala reputación de Flip no es mi problema para resolver.
Me siento como una mierda por haber usado a mi hermano en una mentira,
pero he estado fuera del circuito de conejitas desde que Hemi nos reprendió.
Además, no quiero que Beat escuche lo que pasa en mi maldito dormitorio. Que ella
esté aquí me ha permitido un pequeño respiro de toda la actuación. Así que supongo
que no todo es malo. Además, cocina increíblemente, y es excepcionalmente
organizada, servicial y dulce en general cuando no está tratando conmigo.
Escucho a Beat moverse, preguntándome qué estará preparando.
Probablemente algo delicioso. Apostaría mi testículo izquierdo a que no lleva
sujetador. Quizá lleve esos diminutos pantalones cortos para dormir. O ese camisón
de hace dos noches que apenas le cubre el culo.
Definitivamente, no debería salir de mi habitación para averiguarlo. Me doy la
vuelta y meto la cara en la almohada.
El olor se desvanece, pero respiro hondo de todos modos.
Soy un puto enfermo.
Y estoy cabreado.
A pesar de lo agradable que ha sido tener una casa limpia, comidas increíbles
y una increíble planificadora financiera a mi alrededor, necesito que se mude.
La necesito fuera de mi espacio y de mi cabeza.
Necesito... dejar de pensar en ella de forma que lo estropee todo.
Ruedo sobre mi espalda. Está tarareando una melodía. Sabe cantar. Es otra de
las cosas que me frustran de ella. Me levanto de la cama y golpeo el suelo con los
pies. Cruzo la habitación, ya irrazonablemente enfadado. Sobre todo conmigo mismo.
Agarro el pomo de la puerta y lucho por no abrirla. Pero abro la puerta de un tirón
con tanta fuerza que abolla la pared de yeso.
Se sobresalta, pero no se vuelve, lo que me irrita más. Si no me ignora, me está
insultando. No la quiero aquí, y estoy incómodamente consciente de ella en todo
momento. No hay término medio entre nosotros.
Lleva otra vez mis pantalones cortos favoritos para dormir. Y una camiseta sin
mangas. Sin marcas de sujetador, como predije. Es todo curvas y suavidad. Lleva el
cabello recogido en una coleta. No sé por qué la elegante inclinación de su cuello es
tan seductora, pero quiero rodearlo con mis manos y sentir su pulso bajo mis palmas.
Quiero volver a oírla emitir esos sonidos desesperados y necesitados, pero esta vez
por mí.
Sí. Estoy tan jodido.
Debería haber salido anoche y haber echado un polvo.
Debería haber traído a alguien a casa y follármela mientras ella intentaba
dormir encima de mí.
Debería haberlo hecho, pero no pude.
Otro elemento más que añadir a la lista de cabreos.
Cruzo la cocina y abro de un tirón el cajón que está a cinco centímetros de su
cadera derecha. Agarro una cuchara y un bol y los dejo sobre la encimera, a su lado.
Luego abro el cajón de su izquierda y saco un tenedor. Ha preparado una bandeja de
tocino, hay una fuente de fruta cortada, muffins de arándanos recién salidos del horno
—mis putos favoritos— y está preparando una especie de yogur, probablemente para
mojar la fruta. Todo lo que prepara tiene un sabor increíble y es equilibrado y sano.
Mantiene todo en plena forma por aquí, pregunta continuamente si
necesitamos algo. Siempre soy un idiota. No quiero acostumbrarme a tenerla cerca.
O peor, que me guste tenerla aquí. Así que digo algo de mierda, y ella me lo devuelve.
Como si estuviera sobre mí. Porque lo está.
Estoy hecho una furia intentando hacer unos huevos. Algo que yo haya
preparado y no deleitarme con lo que sea que ella haya hecho. Ni siquiera entiendo
lo que estoy haciendo mientras me acerco más y más a ella. Sigo estirándome a su
alrededor. Mi erección le roza el culo cuando me acerco demasiado.
Todo parece fuera de control. Como una jugada que sale mal y no puedo
recuperarme. Estoy cabreado. Con Flip. Con Hollis. Con Beat. Con esos pantaloncitos
perfectos.
Se da la vuelta y su coleta me golpea en el pecho. Quiero enrollarla en mi puño
y recorrer con un beso su garganta hasta llegar a su boca. Pero no. Eso no puede
ocurrir. Entonces no es sólo un problema, es mi problema. Pero mientras lo pienso,
mis ojos se posan en sus labios carnosos. Mi autocontrol está a punto de romperse.
—¿Qué demonios estás haciendo? —Levanta la barbilla, desafiante, con los
ojos desorbitados y tormentosos—. ¿Puedes retirarte?
Tomo su rostro en mis palmas e inclino mi boca sobre la suya, cortando la
mierda furiosa que sale de ella. No me equivoco. Sus labios son suaves y flexibles, un
marcado contraste con las palabras cortantes con las que nos apuñalamos todo el
tiempo. Emite un sonido de sorpresa cuando la acaricio por dentro. Sus manos rodean
mis muñecas y sus uñas se clavan en mi piel. Espero que me empuje y me dé una
bofetada en la cara de idiota. Debería hacerlo. Pero no lo hace. En lugar de eso,
aprieta sus caderas contra las mías y empuja mi lengua con la suya, luchando por
entrar en mi boca.
La había besado medio esperando que esta química furiosa fuera mentira, que
esta atracción que siento sea una extraña respuesta a lo irritante que me resulta
tenerla cerca. Pero por lo visto a mi cuerpo le encantan las cosas que me cabrean. Su
boca sabe a fruta fresca: fresas y piña. Su cabello me hace cosquillas en el dorso de
las manos. Huele tan bien.
Y este beso, este maldito beso es todo lo que no quería que fuera. No es como
ningún otro. Somos años de historia chocando. Su boca en la mía es un bálsamo, y la
desesperación me hace inclinar su cabeza para profundizar el beso. No debería estar
haciendo esto, pero no puedo parar. Sólo quiero más.
Finalmente me alejo para poder tomar el aire que tanto necesito. Nos miramos
fijamente, los dos jadeando como si hubiéramos acabado de subir una montaña
corriendo. Quiero pegar mi boca a la suya y poner mis manos sobre su cuerpo. Pero
igual me da una bofetada. Quizá le está llevando un minuto orientarse y darse cuenta
de que es una idea colosalmente mala. Porque lo es. Es la peor idea del mundo. Es la
hermana de mi mejor amigo. La última persona que debería tocar. Su vida es un
desastre, y no tengo el ancho de banda para ayudarla a arreglarlo. No quiero la
responsabilidad. Pero la quiero a ella.
—Dios, te odio. —Me suelta las muñecas y me agarra el cabello con las manos.
Me suelta las muñecas y sus manos se enredan en mi cabello, agarrando los mechones
mientras se levanta de puntillas e intenta arrastrar mi boca de nuevo hacia la suya—.
Me pones los pelos de punta —añade. Suena como una acusación.
Antes de que pueda lanzar otro insulto, le chupo el labio inferior, dejando que
resbale entre mis dientes. Y luego le doy otro beso abrasador.
Le paso las manos por los costados, apretándole el culo mientras la subo a la
encimera. Gime cuando mi erección la aprieta entre los muslos y engancha las
piernas a mi espalda. Cuando intento meterle la lengua en la boca, la muerde y luego
la chupa. Me aprieta el cabello, hace ruidos de necesidad mientras nos besamos
frenéticamente. Y no es suficiente.
Con una mano encuentro el dobladillo de su camiseta y con la otra su coleta.
Enrollo el largo alrededor de mi puño mientras mi palma patina sobre sus costillas y
roza la turgencia de su pecho. Gime y levanta el pecho hacia mí, como si quisiera más.
Le acaricio el pezón y jadea. Se adapta perfectamente a mi mano. Incluso eso me
molesta, así que le pellizco el apretado pico y ella grita. Le aprieto la coleta para que
no pueda responder dándome cabezazos o con los dientes.
—Deja de intentar arrancarme el cabello. —Vuelvo a rozar su pezón con el
pulgar, una caricia apenas perceptible.
—¿Por qué? ¿Preocupado por la calvicie prematura, idiota? —Me da un tirón
despiadado.
Dejo que se me escape la coleta y la agarro por las muñecas. Después de
encontrar el punto de presión que la hace soltarme el cabello, le sujeto las manos a la
espalda con una de las mías y recupero su coleta con la otra. Tiro de su cabeza hacia
atrás, posando los labios sobre los suyos.
—Te dije que no querías mi atención, pero tenías que seguir presionando.
—Parece que no te importó mucho que te empujara.
Le muerdo el borde de la mandíbula.
—No tienes ni idea de lo que te espera, Bea. —Mis labios rozan la columna de
su garganta. El olor de su loción y su champú es abrumador. Intoxicante. Debería
alejarme. Detenerme antes de que sea demasiado tarde.
—Supongo que estoy a punto de averiguarlo, ¿eh?
Chupo la piel cuando llego a su clavícula y muerdo la curva de su pecho justo
encima del pezón.
—Gimes en sueños todo el maldito tiempo.
—No lo hago.
—Lo haces. Me despierta casi todas las putas noches. —Hace los sonidos más
suaves. Pequeños gemidos que me hacen preguntarme qué está comiendo su
subconsciente—. Apuesto a que sueñas conmigo. Deseando que suba y te dé lo que
crees que quieres. —Me ha estado pasando toda la semana.
—¿Por qué sigues hablando?
Le cubro el pezón a través de la fina tela del top, lo muerdo y lo chupo con
fuerza. Ella gime y tira de mis manos, empujando su pecho hacia mi boca.
Le suelto la coleta para bajarle la camiseta. Las costuras se desgarran y sus
pechos asoman. Incluso sus pezones son perfectos. De un rosa ruboroso. Pequeños y
delicados. Chupables. Mordibles. Hago ambas cosas.
Gime y mueve las caderas, proporcionando la fricción necesaria a mi dolorida
polla. Libero su otro pecho y le lamo el pezón, chupándolo hasta dejarlo en punta,
mordiendo con la fuerza suficiente para hacerla gritar. Le acaricio el pecho y aprieto
el pico húmedo entre los dedos mientras le beso la garganta, como quería.
—Deberías decirme que pare. —Es mitad desafío, mitad exigencia. Esto tiene
el potencial de arruinarlo todo, pero no puedo encontrar la voluntad de alejarme.
Necesito sacármela de encima de una vez por todas.
Se burla.
—¿Y perderme la oportunidad de verte aumentar tu auto desprecio porque no
pudiste evitarlo?
—¿Y no sentirás lo mismo? —Vuelvo a bajar hasta sus pechos. No me canso de
oír los sonidos que emite cuando la muerdo, de cómo mueve las caderas cuando le
chupo un pezón o de su suave suspiro cuando la lamo.
—Oh, seguro que lo haré. Pero tu sufrimiento hará que merezca la pena. —Uno
de sus pies se engancha en la parte trasera de mis calzoncillos.
—Eres muy vengativa, ¿verdad? —Chupo bruscamente su pezón, frustrado por
haberlo hecho así entre nosotros. Convirtiéndonos en una guerra.
—Deja de hablar y muéstrame cuánto no quiero tu atención, Tristan.
Le suelto las muñecas, la agarro por el culo y la llevo por el piso hasta mi
dormitorio. Cierro la puerta con el pie y la atranco. Por si acaso. Un hilillo de miedo
me recorre la espalda. Si Flip se entera...
Es un riesgo que no debería correr. Pero la única razón por la que pararé ahora
es si Beat me lo dice. Desengancho sus piernas de mi cintura y la tiro sobre la cama
deshecha. Chilla, rebota una vez y se apoya en los codos.
Sus ojos me miran.
—Qué desperdicio de cara bonita. —Su expresión y su tono reflejan su
irritación.
Por un momento desearía poder borrar la fealdad entre nosotros. Pero es mejor
así. Si me odia, sólo se trata de sexo. Me paso los calzoncillos por las caderas,
liberando mi erección.
Su aliento se va en un suspiro.
—Dios mío.
Me agarro la polla con el puño y le doy una lenta caricia.
—Ahora sería un buen momento para huir, pequeña Bea.
Se quita la camiseta por encima de la cabeza y la tira a un lado. Se echa hacia
atrás y se quita los shorts por encima de las caderas, pateándolos hacia mí. Los atrapo
del aire y me los llevo a la nariz, inhalando profundamente. Están húmedos en la
entrepierna y huelen a deseo fresco.
Sus ojos se encienden.
—Sucio cabrón.
Sonrío sombríamente.
—No tienes ni idea, pero estás a punto de hacerlo.
La agarro por el tobillo y la arrastro hasta el borde del colchón. Engancho sus
piernas en mis brazos, las empujo hacia su pecho y la abro. Le agarro el pecho
derecho con una mano y con la otra tiro de la suave mata de rizos oscuros. Cuando
estoy a un palmo de su coño, giro la cabeza, le muerdo el interior del muslo y chupo
la piel con fuerza.
Grita y sus manos se dirigen a mi cabello, enhebrándolo y tirando con fuerza.
—Sigue así y te ataré a mi cama —le advierto.
—Que te jodan. —Su agarre se afloja, sin embargo.
—Mmmm... —Lamo a lo largo de la unión de su muslo, cerca de donde quiero
mi boca—. Pronto me suplicarás que te folle. —Esto es lo que se me da bien. Aquí es
donde puedo canalizar mi frustración.
—¿Alguna vez te callas?
—¿Alguna vez dejas de ser molesta? —Chupo el labio de su coño y muerdo, no
fuerte, solo lo suficiente para hacerla jadear. Incluso su coño es perfecto. Es
frustrantemente bonito, con suaves labios rosados y un clítoris diminuto que asoma
entre los pliegues, suplicando ser lamido y chupado.
Soplo y ella gime.
Beso, mordisqueo y muerdo, lamiendo arriba y abajo la unión de sus muslos,
pero evito besarla donde cuenta. En cuanto la pruebe, se acabó el juego.
Sigue intentando girar las caderas, pero la posición en la que la tengo se lo
pone difícil.
—Dime lo que quieres, Bea. —No puedo ser el único al límite.
—Creo que es bastante obvio —responde.
—Tienes que pedirlo. —Vuelvo a tirar de los rizos—. Amablemente.
—Vete a la mierda.
—Vete a la mierda. —Escupo en su clítoris.
Sus ojos se abren de par en par. Tal vez haya ido demasiado lejos. Pero
entonces su coño se contrae. Como si ya estuviera a punto de llegar al orgasmo.
Arqueo una ceja, esperando, necesitando que esté tan desesperada como yo.
Se muerde el labio, con los ojos entrecerrados por la frustración y vidriosos por
el deseo.
—Por favor —aprieta los dientes.
—¿Por favor qué? —Vuelvo a mordisquear el interior de su muslo.
Le rechinan los dientes.
—Por favor. —Cierra la boca y se sonroja—. Lámeme el coño.
—Buena chica. ¿Era tan difícil? —Dejo caer la cabeza y la lamo a lo largo,
gimiendo por el sabor. La follo con la lengua, le chupo el clítoris e intento devorarla.
Ahora canta la palabra “por favor” y mueve las caderas con cada movimiento
de mi lengua.
Está a punto de correrse. Le tiemblan los muslos y sus gemidos son cada vez
más profundos y menos contenidos. Pero no puede hacerlo hasta que me la folle.
Quiero sentir cómo se aprieta alrededor de mi dolorida polla.
Grita cuando me detengo, con las caderas agitándose contra la nada mientras
levanto la cabeza y veo cómo el deseo se convierte en ira.
—¡Imbécil!
Sonrío.
—Aún no te correrás.
Le suelto la pierna derecha y le meto dos dedos en la boca mientras ella vuelve
a protestar.
Me agarra la muñeca, pero sus labios se cierran en torno a ellos, los dientes
presionando mis nudillos. Me estremezco al pensar en sustituirlos por mi polla.
Chupa, con la lengua recorriendo mis dedos en un sonido grave y
quejumbroso. Los saco y le meto ambos dedos en su coño, pero no los enrosco, sólo
bombeo dos veces, lo suficiente para mantenerla al borde. Cuando mueve las
caderas, los saco y vuelvo a metérselos en la boca, estirándome en el hueco de sus
caderas. Mi polla se desliza sobre su piel resbaladiza y caliente, y los dos gemimos.
Arrastro los dedos por su barbilla, rodeando su garganta con mis dedos empapados
de coño. No aprieto, solo los apoyo ahí, sintiendo cómo traga pesadamente y su pulso
palpita contra mi palma.
—¿Te parece bien?
Puede que hable mucha mierda, pero no he olvidado quién es. Ni por un
segundo. Por mucho que odie lo mucho que la deseo, y lo fácilmente que esto podría
hacer saltar todo por los aires, no quiero hacerla sentir que no puede decir que no.
Asiente una vez y engancha una pierna sobre mi cadera.
—No seré amable —advierto.
—Ya me lo imaginaba. ¿Vas a seguir hablando o vas a empezar a follarme? ¿O
es ahora cuando me llenas la boca de polla para que no pueda seguir molestándote?
—Mmm... una boca tan bonita y tentadora. —Mis dedos se flexionan y ella
vuelve a tragar saliva, quizá nerviosa—. Pero entonces no podré oírte suplicar.
Resopla una risa indelicada.
—Cuidado, pequeña Bea, yo también muerdo. —Arrastro la nariz por su mejilla
hasta llegar a su oreja y tomo el lóbulo entre los dientes, aspirando su champú.
Gracias a Dios que se mudará pronto. Se llevará toda su mierda con ella, y no
tendré que lidiar con estar rodeado de ella. No tendré que recordar el poco control
que tengo a su alrededor. O cómo me rompió sin siquiera intentarlo.
Suelto su garganta y rebusco un condón en mi mesilla de noche.
—Esto es cosa de una sola vez. Nos desahogamos y ya está. —No puedo
permitirme hacerlo más de una vez. Aunque ya me preocupa que no sea suficiente.
Que voy a querer más. Es una pendiente resbaladiza, y ya es demasiado arriesgado.
Me lanza una mirada incrédula.
—Ni siquiera me agradas.
Es lo que necesito oír. Me escuece, pero casi siempre he sido un idiota con ella,
así que no puedo esperar otra cosa. Aparto el remordimiento. No se merece mi
vitriolo. No es culpa suya que me recuerde todas las cosas que quiero, pero no puedo
tener.
—Bien. Me aseguraré de que siga así. —Me pongo de rodillas y abro el condón,
haciéndolo rodar por mi polla. Le pellizco el clítoris y le doy una palmada que la hace
gemir y chillar.
Vuelvo a empujarle las rodillas hacia el pecho, bloqueándolas con un brazo
mientras me inclino para mantenerla en su sitio.
—Menos mal que soy flexible. —Me mira con ojos curiosos y llenos de lujuria.
—Para mí, quizá no tanto para ti. —Froto la cabeza sobre su clítoris, dando dos
vueltas antes de arrastrarla por su raja y rozar su entrada. Pero no empujo.
No puede levantar las caderas. Es vulnerable y preciosa, y por un momento
pienso en lo jodido que estaré después de esto. Sabré exactamente lo bien que se
siente estar dentro de ella. Tendré ese recuerdo para siempre. Es excitante porque
es nuevo y prohibido y no debería tenerla. Una vez que termine, esa necesidad
ardiente será saciada, y me iré. Me aburro fácilmente, de todos modos. Todo esto es
para convencerme de que una vez será suficiente.
Vuelvo a rodear su clítoris, repitiendo el circuito una, dos y tercera vez.
—Por el amor de Dios, ¿a qué estás esperando? —Su exasperación es divertida.
—A ti.
—¿Yo qué?
Sonrío.
—Dime que quieres mi polla.
—Dios mío. ¿Hablas en serio? —Su expresión es de incredulidad.
—Como un infarto. —Me deslizo bajo y empujo una pulgada.
Se le cierran los ojos y trata infructuosamente de mover las caderas.
Vuelvo a salir. No es fácil. Pero será mucho más dulce cuando sea ella la que se
doblegue. No puedo ser el único fuera de control.
—Ruega por ello, Bea. —Le muerdo la pantorrilla.
—Vete a la mierda.
—Creo que te refieres a follarme. A menos que hayas cambiado de opinión. —
Retrocedo, demasiado cerca de ceder.
Se muerde los labios, claramente luchando consigo misma. Es comprensible.
Soy un idiota y probablemente la estoy empujando fuera de su zona de confort.
Después se odiará a sí misma por esto. Que es exactamente lo que necesito. Que no
me quiera nunca más. Que me odie. Que se arrepienta de haber cedido para que no
tenga que preocuparme de que esto vuelva a pasar.
—Eres un idiota.
—Lo sé. —Golpeo su clítoris con la cabeza de mi erección—. ¿Estás dentro o
estás fuera? Decídete, Bea.
Ella resopla.
—Que te jodan.
Pongo los ojos en blanco.
—Inténtalo de nuevo.
Me mira fijamente.
—Fóllame, por favor.
Le doy un centímetro.
—Puedes hacerlo mejor que eso.
Se retuerce. pero no consigue nada.
—Fóllame. Sí. —Me pasa los dedos por el cabello. Es cautivadoramente tierno,
y me gusta más de lo que quiero admitir.
Sus ojos se suavizan y también su voz:
—Necesito que me llenes, Tristan. Estoy al límite. Por favor, fóllame.
—Así me gusta. —Empujo hasta el fondo, estirándola, gimiendo al sentir su
calor apretado y húmedo rodeándome—. Recuerda que me lo suplicaste. —Ajusto sus
piernas para que sus talones descansen sobre mi espalda. Esto es lo más parecido al
misionero que estoy dispuesto a hacer—. Quizá quieras sujetarte.
Muevo las caderas hacia atrás, tirando hasta la cresta y volviendo a entrar de
golpe.
—Oh, Dios. —Bea me agarra de las muñecas.
La siguiente vez está preparada para la dura embestida y no se mueve de la
cama. Aumento el ritmo y la follo contra el colchón, arrancándole gemidos y gritos.
Su cuerpo se convulsiona con el primer orgasmo y su coño me aprieta como un puño.
No le doy tiempo a recuperarse. Me echo hacia atrás y me pongo de rodillas,
poniéndole los tobillos sobre un hombro. Le sujeto las espinillas con un brazo y la
subo y bajo, meciéndola sobre mi polla. Deslizo un pulgar entre sus pliegues para
frotarle el clítoris.
Gime y grita, moviendo la cabeza de un lado a otro.
—Es demasiado. Ay, Dios. Oh jooooood… —Aprieta las sábanas con los puños
mientras la recorre otro orgasmo. Sus piernas se deslizan por mi brazo. Me retiro y la
pongo boca abajo, me siento sobre sus muslos, la empujo desde atrás y empiezo a
bombear de nuevo.
—Por favor, no pares —gimotea.
Le doy una palmada en el culo y ella grita, luego gime y vuelve a apretar el
coño. Cada embestida hace ruidos húmedos y el interior de sus muslos chorrea.
Me estiro sobre ella, con el pecho pegado a su espalda, le agarro la coleta con
una mano y le rodeo el cuello con la otra. Le muerdo el borde de la mandíbula.
—Escucha lo mojado que tienes el coño. Finges ser muy dulce, pero eres una
sucia, ¿verdad? Y voy a ensuciarte.
Le meto la mano por debajo de la mejilla y empujo hasta el fondo. Luego dejo
de moverme. Le meto tres dedos en la boca. Ni siquiera tengo que decir nada;
empieza a chupar y mueve las caderas. Como si no tuviera bastante. Como si esto
fuera exactamente lo que quiere.
Sí. Definitivamente estoy jodido.
Le beso la mejilla y le susurro:
—Acabo de empezar, pequeña Bea.
Eso provoca otro gemido bajo.
—Las manos —exijo mientras me repliego sobre las rodillas—. Dame tus
manos.
En este momento, están empuñando las sábanas junto a su cabeza. Como no
obedece automáticamente, la agarro de las muñecas y le llevo las manos al culo.
—Sepárate para mí.
Duda. Su inquietud es obvia en su trago espeso.
Apoyo las manos a ambos lados de su cabeza y me inclino para que pueda
verme a los ojos.
—¿Te estoy haciendo sentir bien?
—Sí —susurra.
Le acaricio la mejilla y ella persigue el afecto.
—No te haré daño, Bea. Si no te gusta, dime que pare y lo haré, ¿está bien?
—De acuerdo.
Le beso la comisura de los labios y ella levanta la mano y me rodea la nuca.
Consiento el beso con un par de lengüetazos y muevo las caderas al mismo ritmo.
Pero es demasiado íntimo, y tengo que recordar que no se trata de eso. Quiero
llevarla al borde de sus límites, cabalgarla con fuerza, y mañana, cuando esté dolorida
y moverse sea una tarea monumental, pensará en las cosas que le he hecho. Su
vergüenza hará que no vuelva a quererme, y mi culpa hará lo mismo conmigo. Ya se
está filtrando. Pero no me hace querer parar. Todavía no.
—Cambio de planes. —Aprieto una rodilla entre sus muslos cerrados y ella los
separa para mí. Una vez que sus piernas están entre las mías, retrocedo y le doy una
palmada en el culo—. A cuatro patas.
Se levanta con brazos temblorosos. La agarro por las caderas y me abalanzo
sobre ella, con un ritmo tan implacable como brutal. Bea se deja caer sobre los codos
y apoya la mejilla en el colchón, con la otra mano entre las piernas para acariciarse el
clítoris. Pero joder, si voy a dejar que se corra otra vez, todavía. Dejo de empujar y
me llevo las manos a los costados.
Ella gime su disgusto.
—No pares. ¿Por qué has parado?
—Yo hago todo el trabajo. —Le pego en el culo. Su nalga derecha está rosada
ahora—. Es tu turno de follarme.
Murmura algo que no capto.
—¿Qué ha sido eso?
—No puedo ayudar mucho cuando soy un pretzel. —Empieza a mecerse,
despacio al principio, pero encuentra el ritmo y acelera, clavándose en mi polla. Sus
brazos tiemblan y gime cada vez que su culo golpea mi pelvis. Los jugos le corren por
el interior de los muslos y el sudor le recorre los hombros y la nuca. Está cerca, pero
no puede llegar al límite. La agarro por la cadera y arrastro el pulgar por el interior
de su muslo, acumulando humedad.
Sigo metiéndosela hasta el fondo, sólo unos centímetros antes de volver a
metérsela y arrastrar el pulgar por la línea divisoria. Se tensa cuando le aprieto el
culo.
—Relájate. —Froto mi pulgar en círculos lentos—. ¿Alguien ha entrado aquí?
Ella sacude la cabeza.
—Bien. Entonces es mío.
—¿Qué? —Se da la vuelta.
—Cálmate. No te voy a follar el culo, Bea. Al menos no con mi polla. —Pero lo
haría. Si esto fuera algo más que una cosa de una sola vez, me encantaría ser yo quien
la tuviera. Muevo las caderas para que la cabeza roce el punto exacto. Presiono contra
su abertura y mi pulgar se desliza hasta el primer nudillo.
Aspira entrecortadamente.
—¿Bien?
—Sí —gimotea.
Le acaricio la cadera, meciéndola para que se concentre en lo bien que se
siente. Empujo más hasta llegar al segundo nudillo.
Eso me hace ganar un agudo
—Oh, Dios.
Con una mano en su cadera y mi pulgar anclado en su culo, empiezo a follarla
de nuevo. Jadea y gimotea, canturreando tonterías mientras se corre y se corre de
nuevo. Saco el pulgar y le agarro la coleta, tirando de ella hacia arriba, de espaldas a
mi pecho.
Le rodeo el cuello con la mano que tenía en la cadera y la sujeto contra mí
mientras embisto contra ella. Hundo los dientes en su hombro y la lamo por el cuello.
Mordiendo el borde de su mandíbula, deslizo la mano libre por su vientre y le acaricio
el coño mientras la penetro.
—Cada vez que pienses en las cosas que te he hecho, y lo harás a menudo... —
Probablemente con arrepentimiento—… vas a desear que te hubiera cogido el culo
también. Y te va a volver jodidamente loca que no lo haya hecho, porque eres
demasiado inexperta para manejarme.
Así es como me sentiré al respecto, de todos modos. Y no me importa meterme
en su cabeza como ella se ha metido en la mía. Nadie me ha sacudido como ella, sus
pequeñas púas son un constante pinchazo bajo mi piel.
Abre la boca para escupir alguna mierda, pero le meto tres dedos y le froto en
círculos el clítoris hinchado. Aprieta los dientes y se estremece violentamente. He
perdido la cuenta de las veces que se ha corrido. Nunca me he acostado con alguien
que se corra tan a menudo y tan fuerte como ella. La otra noche debía de estar loca.
Estuvo haciéndolo durante al menos media hora antes de que me lanzara su vibrador
y se follara a sí misma hasta el orgasmo.
Se hunde contra mí, claramente agotada. Pero aún no he terminado.
Luego se tensa cuando la puerta del piso se abre y se cierra.
—Genial. Desayuno —exclama Flip.
El pánico me hace un nudo en la garganta y la ira me recorre la columna
vertebral. Se suponía que iba a estar fuera durante horas. Se suponía que podía
tomarme mi tiempo.
—Dios mío —susurra Bea alrededor de mis dedos, que siguen en su boca.
—Shh... —Lo ignoro todo menos a Bea, no estoy dispuesto a dejar que la culpa
por lo que he hecho, por lo que estoy haciendo, se apodere de mí. Eso llegará más
tarde. Pero sigo dentro de ella. Y aún no he tenido suficiente.
Me aparto, la tumbo boca arriba, le tapo la boca con la palma de la mano y
vuelvo a penetrarla. Abre mucho los ojos y gime. Le pellizco suavemente un pezón y
me estiro sobre ella.
Me pregunta algo detrás de la mano, pero es un susurro confuso. La quito y
acerco mi oreja.
—¿Qué estás haciendo?
—Todavía no me he venido. No terminamos hasta que yo termine. —
Normalmente evitaría el misionero porque habla de comodidad y cercanía, dos cosas
que evito en las parejas sexuales, pero necesito poder mantener una mano sobre su
boca. Y si sólo la tengo una vez, quiero ver su cara cuando me corra.
Paso una mano por su costado, rozando sus curvas hasta llegar a su rodilla.
Levanto la pierna y engancho la parte posterior de su rodilla en el pliegue de mi
brazo. Sigo penetrándola, moviendo las caderas y haciéndola callar cuando gime.
Le acaricio la mejilla y acerco mis labios a su oreja.
—Estoy cerca, Bea. Tan jodidamente cerca. Sé mi chica buena y quédate
callada. No querrás que nadie sepa que me dejaste follarte tan duro, ¿verdad?
Vuelve la cara hacia mi garganta, hundiendo los dientes en la piel por encima
de mi clavícula. Su coño se aprieta.
Me echo hacia atrás y le cojo la cara con las manos, cediendo a la necesidad de
absorber algo de su bondad.
—Sucia, dulce chica. —Reclamo su boca y me trago su suave gemido mientras
el orgasmo me atraviesa. Mis dientes chocan contra su labio, saboreo el cobre y mi
vista se vuelve blanca. Sus uñas se clavan en mis hombros con tanta fuerza que
podrían romper la piel.
Me derrumbo sobre ella, necesitando sentirla a mi alrededor.
A continuación, llaman a mi puerta.
—Oye, Tris, hay desayuno aquí fuera, si te interesa.
Se me revuelven las tripas. Me aclaro la garganta antes de gritar:
—Genial. Salgo en un momento.
No quiero moverme, enfrentarme a lo que he hecho, mentirle a mi mejor amigo.
Pero necesito interferir. Salgo de ella, decepcionado de que ya haya terminado. Estoy
lejos de estar saciado. Sólo quiero más.
—¿Qué hago? —Beat susurra, su pánico es obvio.
Necesito mantener el control aquí. Flip no puede enterarse de esto, y Beat no
puede ver la culpa que ya se está instalando.
—Quédate aquí. Voy a buscar comida e inventar alguna excusa para comer
aquí.
—Hueles a condón y a coño —susurra.
—Eso no es nuevo. Pensará que he traído a alguien a casa. —No me gusta el
nudo en el estómago, ni la mirada que cruza su cara. Pero acabo de follarme a la
hermana menor de mi mejor amigo, así que el remordimiento de cabrón y un montón
de culpa parecen bastante probables—. Quédate aquí. Volveré pronto.
En contra de mi buen juicio, aprieto suavemente mis labios contra los suyos
antes de levantarme de la cama y ponerme unos calzoncillos. Beat se levanta del
colchón y me agarra del brazo. Se tapa la boca con la otra mano y abre mucho los
ojos. También está desnuda. Es un espectáculo para la vista, todo suavidad y curvas.
Mantengo la mirada por encima de su cuello, esperando evitar otra erección. La miro
interrogante.
—Tu espalda —susurra.
—¿Qué pasa con ella?
Señala el espejo. Además de los arañazos que van del hombro al culo, tiene
varias marcas sangrientas de las uñas en forma de medialuna. Me libero de su abrazo,
cruzo la habitación y agarro una toalla del cesto. Me la paso por los hombros y me
limpio la sangre. Tiro la toalla en el cesto y me dirijo a la puerta. Una oleada de
autodesprecio me golpea, no porque me arrepienta de lo que he hecho, sino porque
no lo hago. Y ahora tengo que enfrentarme a mi mejor amigo. Me armo de valor,
desbloqueo la puerta y la abro un poco.
Flip está de pie junto al mostrador, metiéndose comida en la cara como si fuera
a desaparecer. Salgo de mi habitación, con el estómago apretado.
—Oye, hombre, parece que Rix ha estado ocupada esta mañana. ¿Dónde está?
—Se gira para mirarme y sus ojos se abren de par en par—. Oh, mierda. Te
encontraste una salvaje anoche, ¿eh?
—Claro que sí. —Más bien esta mañana, pero eso es semántica. Hago una
pausa para calmarme, ya que la ola de culpa es aplastante y merecida. Flip ha sido mi
mejor amigo desde la escuela primaria. Hemos estado juntos en las buenas y en las
malas, y acabo de tener sexo sucio con su hermana. Todavía está en mi cama. El olor
de ella está por todas mis sábanas y mi cuerpo. Soy un idiota egoísta de primer orden.
Evito el contacto visual, me dirijo a la nevera y cojo el zumo de naranja. Lo agito,
le quito el tapón y me lo bebo de un trago. Cuando acabo, me paso la mano por la
boca y vuelvo a mentir.
—No estoy seguro de dónde está. ¿Quizá en el gimnasio? —Pero Beat está
desnuda, en mi habitación—. Pensé que lo de la promoción te llevaría más tiempo.
—Tengo que encontrarme con Hemi otra vez en… —Mira su teléfono—,
mierda. Menos de una hora. Voy a recoger un traje extra y algo informal, luego me
voy. ¿Estarás por aquí más tarde? Dallas, Ashish, Roman y Hollis han quedado en el
gimnasio, y después iremos a comer algo.
—Sí. Debería estar bien para eso. Envíame un mensaje cuando termines con
tus cosas de promoción. —Es malo que ya esté considerando las próximas tres
posiciones en las que me gustaría follarme a Beat mientras hago planes de
entrenamiento para más tarde con mi mejor amigo. A quien le estoy mintiendo. Pero
ya he cometido el error. La culpa no va a apestar menos si la tengo más de una vez.
—Genial. ¿Tu amiga sigue aquí? —Inclina la cabeza hacia mi habitación.
Gruño.
Me da una palmada en el hombro.
—Que te diviertas. Hasta luego.
Recoge otro muffin y desaparece en su dormitorio.
Lleno un plato con fruta fresca, muffins y tocino, luego saco un par de botellas
de agua de la nevera y el sirope de arce, porque a Beat le gusta que su tocino nade
en una piscina de él. Antes de volver al dormitorio, me detengo en el baño y mojo una
toallita. Quiero limpiar a Beat antes de volver a ensuciarla. Si me deja.
Casi espero que esté en el mismo sitio donde la dejé, con expresión
preocupada. Pero no lo está. En absoluto. Por lo visto, ha encontrado su vibrador,
porque está tumbada en mi cama, con las piernas abiertas, follándose con él. Tiene la
otra mano cerrada en un puño que está mordiendo.
Cierro la puerta con llave. Abre los ojos y se queda paralizada.
—¿Qué estás haciendo?
Deja de morderse la mano el tiempo suficiente para agitarse hacia la puerta.
Dejo la bandeja de comida en mi cómoda y cruzo hacia la cama.
—Se irá de nuevo pronto. —Le tiendo la mano—. No he dicho que te lo pueda
devolver.
—Es mío —susurra, aún congelada.
Sacudo la cabeza. Ya voy a ir al infierno por esto. Será mejor que disfrute de mi
tiempo en el fuego.
—Es mío hasta que decida que mereces recuperarlo. Y también estoy lejos de
haber terminado contigo, así que entrégamelo.
Rix
Me duelen todos los músculos del cuerpo. Tristan no bromeaba cuando dijo
que no había terminado conmigo, o que planeaba follarme crudo, porque así es
exactamente como me siento. Cruda. Si hubiera más de un baño, me remojaría en
sales aromáticas. También lo he estado evitando desde que salí de su habitación esta
tarde. No ha sido tan difícil.
Se fue a hacer ejercicio con Flip y no volvió a casa hasta después de cenar. Y
Flip volvió a irse casi inmediatamente a una de sus muchas “citas”.
Enseguida me fui a la cafetería de la esquina y ahora me estoy tomando un té
descafeinado mientras intento leer un libro sin éxito. La vagina me tiembla y sentarme
es todo un reto.
Rob intenta llamarme y lo mando al buzón de voz. Es la última persona con la
que quiero hablar, sobre todo ahora que me doy cuenta de que nuestro sexo fue
mediocre.
A las nueve y media paro en el supermercado, compro algunas cosas y me
tomo un litro de mi helado favorito antes de irme a casa. La puerta de la habitación de
Flip está abierta. Eso significa que estoy sola en el apartamento con Tristan.
Guardo rápidamente la compra y escondo mi helado bajo una bolsa de
guisantes congelados. Me apresuro a ir al baño. Mi plan es seguir evitando a Tristan,
pero está en la cocina cuando abro la puerta.
Está comiendo un melocotón fresco. Esto parece intencionado.
—¿Te arrepientes de tu decisión de esta mañana? —Su voz es apática, como si
su medidor de “me importa un carajo” estuviera en cero. Pero sus hombros están
tensos y apenas puede mirarme.
No sé qué se supone que debo decir. Se ve delicioso y a la vez como la culpa
personificada.
—Claro que sí —murmuro. Ahora sé por qué tanto alboroto. Tristan es un
cabrón asqueroso y me encanta cada maldito minuto. Sobre todo, cuando me metía
los dedos en la boca y me agarraba por el cuello. No duro. Nunca me sentí insegura.
Era posesivo, sucio y caliente. Y escupió en mi coño. ¿Quién hace eso?
Tenía mi edad actual cuando me di cuenta de que mis anteriores novios de
larga duración habían sido todos totalmente vainilla. Pero Tristan no. Él se inclina
hacia lo sucio y se revuelca en ello. No es que quiera que Tristan sea mi novio. Porque
definitivamente no quiero. Soy monógama en serie, pero incluso yo sé dónde poner
el límite con un follador como él. Ni siquiera podemos tener una conversación sin
cagarnos encima. Pero ese fue el sexo más sucio y caliente de mi vida. Y él
probablemente lo sabe.
Le devuelvo la pregunta.
—¿Cómo está tu medidor de auto-odio?
Se encoge de hombros, como si no le afectara. Sigue sin mirarme.
—¿Pensaste que eras especial, Beat? ¿Que te compraría flores y me escabulliría
al desván en busca de más?
No sé lo que esperaba, pero no era esto. Disparo una flecha antes de que él
pueda.
—No soy tan estúpida como para creer que soy más que otro agujero caliente
que tienes que llenar. ¿Realmente pensaste que te querría de nuevo?
Su mirada es plana, su expresión ilegible, mientras se inclina hacia mí y me
acerca los labios a la oreja.
—Pero tenías razón en una cosa. Que te atragantes con mi polla es una buena
forma de hacer que te calles.
Es el puñetazo que estaba esperando, pero sigue doliendo.
—Que te den —escupo.
—He estado allí. Lo he hecho. Una vez fue suficiente. —Desaparece en su
dormitorio, dejándome humeando en un montón humeante de arrepentimiento.
Durante los próximos dos días evito con éxito a Tristan. Es demasiado
incómodo. No puedo mirarlo sin pensar en el sexo, o en cómo atacó después. Me
enfado conmigo misma por dejar que me haga sentir algo. Pero mi mente sigue
volviendo a cuando dijo que no me haría daño. Que si no me gustaba, sólo tenía que
decírselo y pararía. A pesar de que el sexo fue sucio y áspero, él fue tierno en ese
momento. Ese es el Tristan que vislumbré cuando era adolescente. El que robaba una
peonía del jardín de su vecino y la dejaba en mi tocador porque sabía que me
encantaban. Ese era el Tristan que me tranquilizó. Y luego me folló. Es confuso. Y
frustrante. No sé cómo estar cerca de él ahora. Todavía lo odio, pero algo cambió
entre nosotros en el momento en que me besó. Y me siento tan transparente como una
medusa. Especialmente cuando Flip está aquí.
Así que cuando Tristan está en casa, yo salgo. Por suerte, ahora están en el
campo de entrenamiento, así que se levantan temprano y pasan horas en el hielo. No
hace mucho por ralentizar la vida sexual de Flip, pero al menos las folladas a las tres
de la mañana parecen haber terminado.
Cuatro días después del maratón, estoy en la cocina preparando la comida para
los próximos días. La cantidad de comida que Tristan y Flip gastan es irreal. Compré
pasta fresca y preparé salsa marinara y albóndigas, porque necesitan cargarse de
carbohidratos después de largos entrenamientos. Cada ración va en un recipiente
apto para microondas con instrucciones para recalentarlo. Últimamente he estado
fuera a la hora de cenar por razones obvias. Tampoco le he contado a nadie lo que ha
pasado. Ni siquiera a Essie, no a propósito, sino porque cada vez que hemos hablado,
mi hermano ha estado cerca.
Suena mi teléfono mientras cierro el cuarto recipiente de pasta, albóndigas y
salsa. Se me revuelve el estómago cuando veo Dean e Hijos en la pantalla.
—Dios mío. Okey. Respira, Rix. —Miro hacia el techo—. Por favor, déjame
trabajar. Perdona por tomar siempre tu nombre en vano. Y por gritarlo mucho a
principios de semana. —Sacudo la cabeza, borrando los recuerdos antes de que
afloren, y contesto al tercer timbrazo.
Tres minutos después, tengo un nuevo trabajo. Y empiezo en dos días.
—¡Tengo trabajo! —Bailo por la cocina, luego me acuerdo de la comida que
hay en la encimera y la meto en la nevera. Enseguida llamo a mi madre para darle la
buena noticia.
—Eso es maravilloso, cariño. ¿Es una buena empresa? Cuéntamelo todo.
La pongo al corriente del trabajo, que no es muy diferente del anterior, sólo
que la clientela es distinta.
—Voy a empezar a buscar mi propio lugar ahora que tengo un sueldo fijo de
nuevo.
—Eso es bueno. ¿Phillip y tú se llevan bien? Debe estar ocupado con la
temporada que empieza tan pronto.
—Sí, nos llevamos bien. —Sin embargo, su mejor amigo es otra historia.
Charlamos unos minutos más, mamá me cuenta lo que ella y papá han hecho
últimamente antes de terminar la llamada.
Con esa tarea hecha, decido que un nuevo traje de trabajo es un derroche
razonable y una buena razón para ir de compras. Estoy en haciendo una lista de tareas
cuando se abre la puerta del apartamento. Me giro y veo a Tristan quitándose los
zapatos. Va vestido con jeans y camiseta. Está delicioso y guapísimo, y por un
segundo parece feliz de verme, lo cual no tiene sentido.
—Oh. Eres tú. —Cada parte de mí quiere huir. Pero no tengo a donde ir.
La parte derecha de su boca se curva en una sonrisa malvada.
—¿Pensando en que no volveré a follarte?
Le devuelvo sus propias palabras.
—Una vez fue suficiente. —Mentira, mentira, mentira.
Se ríe, pero es un sonido plano y sin gracia.
—¿Es por eso que has estado gimiendo mi nombre en sueños?
El dolor en mi pecho es exasperante. Dijo que me arrepentiría, y cuando actúa
así, lo hago. Lo que hicimos cruzó tantas líneas. Lo ignoro y agarro el teléfono,
dándole la espalda mientras llamo a Hemi.
—¡Oye! ¿Adivina quién consiguió ese trabajo?
—¡Ahhh! ¡Qué buena noticia! Tenemos que celebrarlo. ¿Estás libre para tomar
algo? ¿O a cenar? Puedes venir a mi casa. Hammer y yo estamos trabajando en un
proyecto, pero terminaremos en una hora.
Necesito salir de aquí.
—Eso suena genial. ¿Puedo llevar algo?
—Sólo tu yo sexy. ¿Estás emocionada?
—Súper emocionada. Muchas gracias por la recomendación.
—No hay problema. ¿Significa esto que podrás mudarte pronto?
—No lo suficientemente pronto, pero sí. Me gustaría un lugar a poca distancia,
pero en este momento voy a tomar casi cualquier cosa. Cuanto antes, mejor. Vivir con
mi hermano y el idiota de su mejor amigo es una pesadilla de la que quiero salir.
El fuerte chasquido de la puerta de la habitación de Tristan al cerrarse me
sobresalta.
Al menos me estoy metiendo en su piel de la misma manera que él se mete en
la mía.
Durante los dos días siguientes me voy a comprar ropa nueva para el trabajo,
hago la compra semanal, preparo la comida para Flip y Tristan y me aseguro de que
tengo comida para los almuerzos antes de empezar en mi nuevo trabajo.
Cuando eso ocurre, desde el primer día estoy segura de que esta empresa
encaja mucho mejor conmigo. Tengo varias compañeras de mi edad y todo el mundo
es mucho más amable y amistoso aquí. Pero hay mucho que asimilar como recién
contratada, y al final del día estoy agotada. Estoy deseando relajarme con un poco de
televisión basura cursi y zamparme mi pinta de helado especial. A menos que la sala
de televisión —mi dormitorio— esté ocupada. Ahora que tengo trabajo, lo primero en
mi lista de prioridades es encontrar un apartamento.
La puerta de la habitación de Flip está abierta cuando llego a casa. Pero dejó la
cartera en la encimera, así que supongo que está en casa de Dred. Los zapatos de
Tristan están en el felpudo, pero su puerta está cerrada, y espero que siga así. Hay
media pinta de perfección esperándome. Prácticamente salto hasta la nevera y abro
el cajón del congelador. Me he estado comiendo el helado de cucharada en
cucharada, ocultándolo bajo los guisantes congelados. Aparto la bolsa, pero el
recipiente no está. Puede que se haya hundido hasta el fondo. Vacío todo el
congelador, pero no lo encuentro. Lo que significa que alguien se lo ha comido y no
ha dejado ni un poco.
La decepción y la frustración me agobian mientras subo al desván. Mi edredón
está amontonado en el suelo y mi almohada ha sido utilizada como reposapiés. En la
mesita está el envase de helado de vacío. Sólo queda un trozo de dulce de chocolate
en el fondo.
—Ese cabrón. —Agarro el recipiente vacío y bajo por la escalera. Mi ira no es
del todo racional y no se corresponde del todo con el delito, pero está claro que
Tristan lo ha hecho a propósito. Entre sus comentarios sarcásticos y hacerme sentir
como una basura, esto es la guinda del pastel de mierda que me ha servido desde
que nos acostamos. Últimamente está ocupando demasiado espacio en mi cabeza, y
estoy cabreada. Golpeo la puerta con el puño.
Se abre de golpe unos segundos después. Sus preciosas cejas se fruncen y sus
fosas nasales se agitan.
—¿Qué demonios te pasa?
Le empujo el envase vacío a la cara.
—¿Te has comido esto?
Lo aparta de un manotazo y cae al suelo, a nuestros pies. Los restos de chocolate
me salpican el pie.
—Ya. ¿Y qué?
Levanto la voz.
—¿Qué quieres decir con eso? Que te jodan. —Odio lo irracional que soy. Lo
fuera de control que me siento. Pero todo mi dolor y mi rabia se están derramando, y
soy impotente para detenerlo.
Se estremece, pero sus ojos se oscurecen.
—Es sólo helado, Beat.
Lo hace a propósito. Me llama Beat para herirme. Y funciona. Intento
defenderme, aunque ya estoy exagerando.
—Estaba de oferta esta semana. —Crecí en una casa donde los caprichos eran
muy raros. Cada derroche es una gran cosa, incluso ahora.
Su mandíbula tiembla.
—Estaba casi vacío.
Aprieto los puños y me muerdo otra acusación irracional. Odio que no podamos
dejar de ser idiotas el uno con el otro, que ansíe echar un vistazo a la otra versión de
Tristan. Me pregunto cómo sería si no nos peleáramos todo el tiempo.
Da un pequeño paso atrás. Pero no me cierra la puerta en las narices ni levanta
la voz. En lugar de eso, baja la voz hasta casi susurrar. Parece tranquilo, pero su mano
apenas tiembla.
—No estás siendo razonable con el helado, Beat. Compra más.
—¡No se trata de eso! —Me siento tan estúpida por reaccionar así, pero mis
emociones están a flor de piel.
Lanza las manos al aire, exasperado.
—Entonces, ¿qué es?
Abro la boca, pero luego la cierro.
—Nada. No importa. —Si sigo con él, lo empeoraré. Ya he pasado el punto de
no retorno.
Sus ojos se entrecierran.
—¿En serio te estás metiendo conmigo y haciendo un escándalo de la nada sólo
para llamar mi atención? He hecho mi tiempo manejando rabietas. No necesito que
actúes como una bebita por algo ridículo.
—¡Dios, eres un idiota! —me quejo.
Sus fosas nasales vuelven a encenderse, pero en lugar de igualar mi volumen,
el suyo baja, ese temblor en su mano abriéndose paso hasta su voz.
—¿Te decepciona que no te saque a nalgadas tu crisis? —Lanza una mano al
aire, la única acción agresiva que ha hecho durante todo este acalorado
intercambio—. No tengo tiempo para este drama. Me estás poniendo de los nervios.
Tenía un lugar tranquilo antes de que te mudaras y lo invadieras con toda tu mierda.
¿Cómo es posible que seas más molesta ahora que a los catorce años?
Se me cae la mandíbula y se me contrae el pecho. Me siento como si me
hubieran abofeteado en la cara, que es probablemente el punto, me doy cuenta.
—Que te jodan, Tristan. —Para mi horror, se me quiebra la voz y se me llenan
los ojos de lágrimas.
Doy vueltas, deseando por milésima vez poder escapar a una habitación con
una puerta que pueda cerrar. En lugar de eso, tengo que saltar para alcanzar el último
peldaño de la escalera y poder bajarla.
—Bea. —Tristan me agarra por los hombros y me hace girar, con un agarre
suave pero firme. Su expresión pasa de la ira a la confusión y al horror—. ¿Estás
llorando?
Intento apartarle las manos, pero él junta las dos mías con una de las suyas y se
las lleva al pecho. Su expresión es feroz mientras me acaricia la mejilla y me quita una
lágrima traicionera que se le ha escapado.
—Lo siento. No pretendía...
Intento apartar la cabeza, pero sigue tocándome la mejilla.
—No te atrevas a ser amable conmigo ahora.
—Joder, Bea. No llores. No quiero hacerte llorar. —Su voz es suave y triste.
—¿Entonces por qué eres tan jodidamente malo? —Odio lo desesperadamente
que quiero que esto sea diferente.
Sus ojos se cierran por un momento y sacude la cabeza.
—Simplemente estás aquí. Flip te invitó a mi espacio. Y lo entiendo, aunque no
quiera. Me alegro de que ya no vivas con esos malditos asquerosos. Pero nunca quise
cuidar a nadie más, y menos aquí. He hecho mi tiempo cuidando de otras personas.
—Su garganta se estremece y su voz se suaviza cuando su pulgar recorre el contorno
de mi labio inferior—. Y lo siguiente que sé es que te pones en mi contra, y no
entiendo por qué. Una cosa es que seamos idiotas el uno con el otro y otra que
empieces a gritar.
Afloran recuerdos de nuestra infancia. Tristan siempre se agitaba cuando Flip
y yo enloquecíamos el uno con el otro. Nos decía que paráramos, o amenazaba con
irse. A veces se iba. Solía pasar mucho tiempo en nuestra casa cuando sus padres aún
estaban juntos. Y saltaba con los ruidos fuertes. Flip me dijo una vez que sus padres
gritaban y daban muchos portazos.
De repente, esto explica muchas cosas.
—No quería gritar —susurro.
—Siento haber sido un idiota. No hiciste nada para merecer mis expectativas
de mierda. Francamente, tu hermano lo hizo. —Baja la cabeza y roza su nariz con la
mía—. De verdad que no quería hacerte llorar.
Es encantadoramente tierno e inesperado.
—¡Eh, eh! ¿Dónde están mis compañeros? —Flip llama.
Se me cae el estómago. Ni siquiera oí abrirse la puerta.
Tristan se sobresalta, retrocede apresuradamente y dobla la esquina.
—Aquí, mi hombre.
—Bueno, cámbiate. Nos vamos al bar. Dallas nos recoge en media hora.
Tristan le pasa la mano por el cabello y se amasa la nuca, toda esa suavidad
desaparece.
—Suena exactamente a lo que necesito.
Me deja allí de pie, preguntándome qué habría pasado si Flip no hubiera
aparecido.
Tristan
—Gracias por reservarnos un rato en el hielo. Sé que estás ocupado con los
entrenamientos —dice Brody mientras nos desabrochamos los patines. Es sábado por
la mañana y no tengo que estar en el hielo con mi equipo hasta más tarde.
—Ojalá pudiera hacerlo más a menudo. Tu tiro de muñeca ha mejorado mucho
desde la última vez que estuvimos en el hielo. —Nuestro padre intenta ir a todos los
entrenamientos de Brody, pero el tiempo de hielo individual no es algo que él pueda
dar.
—Sí. El campamento de hockey de este verano fue genial. —Se pasa la
camiseta por la cabeza y se desabrocha las protecciones, dejando al descubierto
varios chupetones en el pecho.
—¿Qué pasa aquí? —Le pincho en la clavícula—. ¿Tienes una novia de la que
no me has hablado? —Frunzo el ceño al ver las marcas en su estómago. Aún no ha
cumplido los dieciocho.
Agacha la cabeza y sus mejillas se sonrojan.
—Ah, no. No tengo novia. Sólo... tonteé con una chica en una fiesta.
Probablemente yo hacía lo mismo cuando tenía su edad, o peor.
—¿Ella va a tu escuela?
Sacude la cabeza.
—Ella y sus amigas vienen a muchos de nuestros partidos, y a veces acaban en
nuestras fiestas.
—¿Así que fue cosa de una sola vez? —Le pregunto. Es inquietante pensar que
ya está metido en líos sin sentido.
Se encoge de hombros.
—Probablemente. Me gustaba una de sus amigas, pero... esta chica empezó a
ligar conmigo. Algunas de ellas han tenido relaciones sexuales con, como, la mitad
del equipo. Es como... —Se pasa una mano por la cara y su rodilla rebota un par de
veces—. No lo sé. Un poco jodido, supongo. Pero ya sabes cómo es eso. Las chicas
siempre van detrás de ti.
—Puede ser abrumador. —Y agotador. Especialmente con un mejor amigo
como Flip.
Brody asiente, mordiéndose el labio inferior.
—Todo el mundo se estaba enrollando, y ella estaba encima de mí porque mis
notas son altas este año. Además, sabe que eres mi hermano. Así que, sí. Fue un poco
insistente y agresiva. —Se pasa las manos por las marcas de mordiscos en sus
abdominales—. Pero me hizo una mamada, así que supongo que está bien, ¿no?
No sé si está buscando mi aprobación o qué. Tenemos una relación diferente.
Soy su hermano, pero siempre he funcionado como un segundo padre, así que me
siento obligado a seguir haciendo preguntas.
—¿Te gustaba?
Vuelve a encogerse de hombros y se quita el resto de la ropa, salvo los
calzoncillos.
—Ella estaba bien. Sólo quería follar.
—¿Querías follar con ella? —Hay algo raro. Tal vez es la forma en que no puede
hacer contacto visual.
—Como dije, me gustaba un poco su amiga, pero eso no va a pasar ahora, así
que da igual. —Se da palmadas en los muslos—. De todos modos, si esto puede
quedar entre nosotros, sería genial.
—Sí, puede quedar entre nosotros. Estás cuidándote, sin embargo, ¿verdad?
¿Usando condones, asegurándote de tener consentimiento?
—No tuve sexo con ella. Ella quería, pero le dije que no tenía condón, así que
me la chupó. Sin embargo, yo la masturbé primero. —Se levanta del banco—. Voy a
meterme en la ducha.
—Sí. Por supuesto.
Desaparece en una cabina y cierra la cortina. Me alegro de que se sienta
cómodo hablando conmigo. Es difícil encontrar el equilibrio entre mantener su
confianza como hermano y asegurarme de que nuestro padre no está totalmente
desinformado.
Me ofrezco a llevarlo a comer, pero ha quedado con un par de compañeros de
equipo, así que vamos en coche y lo dejo en casa.
—Gracias por salir conmigo esta mañana, Tris.
Le aprieto el hombro.
—No hay problema, Brod.
—¿Nos vemos la semana que viene en mi partido?
—Sí. Allí estaré.
Salta del asiento del copiloto y recoge su equipo del maletero. Golpea la
ventanilla y saluda con la mano, volviéndose hacia la casa.
Bajo la ventanilla mientras él cruza el césped.
—Oye, Brody.
Hace una pausa.
—¿Sí?
—¿Estás bien?
Me lanza una mirada interrogante.
—Sí. Por supuesto. ¿Por qué no iba a estarlo?
—Sólo me aseguraba. Que tengas una buena semana.
De camino a casa, pienso en la conversación con mi hermano. Recuerdo cómo
era tener su edad, todo hormonas y testosterona. Alguien siempre quería tontear. Si
quería acción, la conseguía. E incluso si no la quería, seguía estando disponible.
Pienso en todas las veces que Flip y yo hemos ido al bar. Me invita a un chupito y me
engatusa para que lleve a alguien a casa. Unas cuantas veces le he echado la culpa a
la chica, si parecía que no le importaba con quién acababa. O si pensaba que mi tipo
de sexo no sería de su agrado. Flip siempre está dispuesto a tener varias parejas.
Sus payasadas han salpicado Internet para que las vea todo el mundo, incluido
mi hermano. Y yo he estado directamente involucrado desde que jugamos en el
mismo equipo, así que estoy seguro de que Brody me ha visto haciendo chupitos
corporales y quién demonios sabe qué más. Me admira. ¿Estaba buscando mi
aprobación? Realmente espero que no. Nunca he traído a nadie a casa para que
conozca a mi padre o a mis hermanos porque nunca han durado lo suficiente. Tres
meses es mi tope. Me aburro fácilmente, así que siempre me retiro antes de que las
cosas se pongan serias.
Ese mismo día, voy al gimnasio a hacer ejercicio con Dallas y Roman. Flip está
con una de sus ligues semi regulares. Me dijo que estaba bastante seguro de que
podría conseguir que trajera a una amiga, si yo estaba interesado. Pero no lo estaba.
Cuando terminemos, sólo quiero irme a casa. Inhalar el champú de Beat. Tal vez
presionarla si está cerca. Sacarla de quicio es lo que más me gusta. Aunque verla
llorar todavía me destroza.
Parece que los poderes están de mi lado porque ella está en la ducha cuando
llego al condominio. Las cosas han estado raras desde que follamos. Y luego fue el
enloquecimiento del helado. Me ha estado evitando desde que pasó. Lo odio.
Agarro la jarra de zumo de naranja de la nevera y una caja de galletas y subo
la escalera al desván. Enciendo la tele, coloco la videoconsola y me pongo los
auriculares. Me entretendré hasta que ella suba.
Estoy en mitad de un nivel cuando una almohada me golpea en un lado de la
cabeza. Me arranca los auriculares y se me cae el mando. Mi jugador muere en una
lluvia de disparos mientras Beat grita.
—¿Qué demonios haces aquí arriba? —Su cuerpo está envuelto en una toalla,
una de baño normal, no las que parecen sábanas y actúan como un vestido. Eso
significa que la mayor parte de sus tonificadas y curvilíneas piernas están a la vista.
—Hacía tiempo que no oía ese sonido. Aunque normalmente es porque te estoy
azotando el coño. —Oh sí, estoy trayendo mi artillería de imbécil.
—¡Me has dado un susto de muerte! ¿Por qué no contestaste cuando te llamé?
—No te he oído. —Hago un gesto hacia los auriculares—. Y estaba jugando a
un videojuego. En mi desván.
Se aprieta la toalla contra el pecho.
—No te preocupes. Estaré fuera a finales de septiembre.
No quiero que se mude a otro piso de mierda porque no puede alejarse de mí
lo bastante rápido. Pero en vez de decir algo normal, actúo como el estúpido que soy.
—No puedes soportar enfrentarte a tu mala decisión todos los días, ¿eh? —Esa
tiene que ser la razón por la que me evita como a la peste. No es que la culpe. Yo haría
lo mismo si estuviera en su lugar.
—Por el amor de Dios, Tristan, deja de echármelo en cara cada vez que te veo.
—Estás haciendo un buen trabajo echándomelo en la mía. —Huir cada vez que
estoy en casa. Evadir. Esquivar. Esconderse.
—¿De qué estás hablando?
—Ya has dicho que te arrepientes. —Es una verdadera patada en las pelotas.
Debería arrepentirme. Diablos, quiero hacerlo. Sería más fácil si yo sintiera lo mismo.
Pero todo lo que quiero es más. Pero no puedo decírselo. Lo usará en mi contra.
Arruga la frente.
—Ni siquiera hemos tenido una conversación al respecto desde que sucedió.
Cruzo los brazos.
—Claro que sí. La noche después.
Bea arruga la nariz y se frota la sien. Es tan jodidamente linda cuando está
frustrada.
—Estabas siendo un idiota. Dijiste que una vez era suficiente. ¿Por qué querría
estar cerca de ti después de que me dijeras que soy un mal polvo?
—¡Dijiste que te arrepentías! —Me pongo en pie de un empujón—. Te pregunté
si ya te estabas arrepintiendo de tu decisión, y dijiste: “Por supuesto que sí”. —
Debería irme de aquí. Esta conversación no va a ninguna parte. Está desnuda bajo
esa toalla, y estoy a dos segundos de admitir que lo único en lo que pienso es en
tenerla debajo de mí otra vez.
Sacude la cabeza.
—Eso es exactamente lo que dijiste —respondo.
Agita la mano. Se está calentando otra vez. Puedo lidiar con eso mejor que con
el puto silencio, sorprendentemente.
—Sí, pero no porque me haya arrepentido del sexo —replica—. Lo único que
hacemos es discutir. Y por si no lo sabías, eres una especie de idiota gigante. Es
bastante conflictivo.
—¿Así que no te arrepientes del sexo? —No me gusta la oleada de alivio que
me invade.
Ella entrecierra los ojos e inclina la cabeza.
—¿Por qué insistes tanto? ¿Por qué te importa? Crees que soy molesta.
—Me pones de los nervios, Beat. —Pero no porque la encuentre molesta.
Después de tenerla en mis brazos el otro día, dejé de odiar que viva aquí. Ahora es lo
contrario, en realidad. Es inteligente, divertida y motivada. Es servicial y considerada
y tan jodidamente amable. No merezco nada de ella, pero eso no me impide quererla,
y eso es lo que me hace sentir que estoy perdiendo la cabeza. Recorto la distancia
que nos separa y aprieto los puños para no cometer la estupidez de sujetarle la cara
con las manos y volver a besarla.
Levanta la barbilla, desafiante.
—El sentimiento es totalmente mutuo. —Pero veo que el dolor acecha bajo la
superficie. Me pregunto si fue eso lo que la hizo llorar el otro día. Quizá esté sacando
de contexto mi confesión.
—Odio que huelas tan jodidamente bien todo el tiempo.
—Odio tu ridículo cuerpo y tu culo de piedra —responde ella.
—Cada vez que te pones esos diminutos shorts de dormir, quiero arrancártelos
de un tirón, tirarte sobre mi regazo, azotarte ese delicioso culo y meterte un dedo
hasta que te corras.
—Oh, Dios. —Agarra la toalla con más fuerza y se frota las piernas—. Odio
querer eso también. —Sus dientes se hunden en su labio inferior.
—Odio que cada vez que te muerdes el labio, todo lo que puedo pensar es en
cómo se sentían envueltos alrededor de mi polla, y realmente odio que puedas
llevarme hasta el fondo de tu garganta como una maldita campeona. —Se puso de
rodillas para mí cuando Flip se fue. Fue una puta revelación.
—La verdad es que estaba impresionada conmigo misma —dice, esbozando
una sonrisa—. Tu polla es enorme. Lo que odio, por cierto. Especialmente cuando me
la estás llenando. Me llenaste. En pasado. Porque fue cosa de una sola vez.
—Sólo esa vez. —Asiento con la cabeza—. ¿Quieres saber qué es lo que más
odio?
—¿Que sigues queriendo follarme, a pesar de que te molesto hasta la mierda?
—Exactamente. —Quererla lo compromete todo. Es peligroso y malo, y la
arruinaré, si me deja.
Sus fosas nasales se agitan y su mirada se dirige a mi boca.
—Que te den. —Me agarra por la nuca y atrae mi boca hacia la suya.
Ambos emitimos sonidos de irritación. Le arranco la toalla que le envuelve la
cabeza, la tiro al suelo y le meto las manos en el cabello mojado y enmarañado,
inclinando la cabeza para meterme en su boca. Sabe a menta. Le doy la vuelta y la
hago retroceder hasta el futón. Me agarra del dobladillo de la camiseta y me la quita
por encima de la cabeza. Le arranco la toalla de un tirón, le agarro los pechos y me
sumerjo para chuparle los pezones.
Somos manos, dientes y lenguas frenéticas, tratando de tocar cada centímetro
del otro.
—No creo que pueda quitarte las manos de encima —admito mientras empujo
la mesita y me arrodillo—. Siéntate.
Extiende la toalla y se deja caer sobre ella.
—Deberíamos establecer algunas reglas básicas.
—Esto se acaba cuando te mudes. —Tal vez se quede más tiempo si mi polla
sigue involucrada. Dios sabe que mi personalidad en es muy escasa. Dejo caer la
cabeza y lamo la longitud de su sexo, gimiendo cuando su sabor golpea mi lengua.
—Joder, perfecto. —Se levanta del sofá y me mete las manos en el cabello—.
Sin sentimientos. Se trata de follar. Acabo de salir de una relación y ninguno de los
dos necesita la complicación.
Le chupo el clítoris y sonrío cuando chilla.
—No tengo relaciones, así que no tienes que preocuparte de que me encariñe.
Se burla.
—Ni siquiera nos gustamos. Obviamente no nos encariñaremos.
—Te gusta bastante mi polla. —Rodeo su entrada con un dedo.
—¿Por qué sigues hablando?
—Flip no puede saberlo. —Le toco una teta. No puedo tener sexo con ella si
estoy muerto. Y Flip definitivamente me matará si se entera. Ese pensamiento por sí
solo debería darme una pausa, pero sólo me hace más desesperada.
—Nunca. Esto queda entre nosotros —acepta.
Los dos asentimos y le meto un dedo. Tan suave, cálida y apretada.
Bea gime.
—No debería estar ya tan cerca de correrme. No es normal. ¿Qué nos pasa?
—No lo sé, pero ser ignorado durante la última semana ha sido una puta
pesadilla.
—Bien. Te lo mereces por decir que soy olvidable.
—Estaba hablando mierda. Me jode no poder dejar de pensar en los sonidos
que haces cuando estás a punto de correrte.
—Deja de ser idiota y usa más dedos. —Cubre la mano que está amasando su
pecho y la mueve para rodear su garganta—. Me gustó cuando hiciste esto la última
vez. —Pulsa alrededor de mi dedo.
Estoy tan, tan jodido.
Me levanto y me cierno sobre ella, con la palma de la mano alrededor de su
delicada garganta, el pulgar y el dedo presionando su mandíbula.
—¿Así?
Asiente con la cabeza y sus dedos recorren el dorso de mi mano y luego bajan
hasta tocar el pecho que acabo de soltar.
—Sí.
—¿Por qué tienes que ser tan jodidamente perfecta? —Le tapo la boca con la
mía mientras le meto tres dedos en el coño. Ella gime y mueve las caderas.
Rompo el beso y dejo que mis labios rocen su mejilla hasta llegar a su oreja. Le
acaricio el cabello con el hocico y rozo su interior con los dedos.
—¿Crees que voy a dejar que te corras en mis dedos?
Me agarra la muñeca y me aprieta la mano.
—Estoy tan cerca.
—Lo sé. —Saco los dedos y le doy una palmada en el clítoris—. Pero todavía
no.
Se arquea y gime, con la garganta presionando contra mi palma mientras la
sujeto.
—Dios, te odio. —Ella gime.
—Sí, pero te encanta mi polla. —Le acaricio el borde de la mandíbula y le
explico por qué estoy siendo idiota—. Quiero estar dentro de ti cuando te corras.
—¿Condón? —pregunta.
Saco la cartera y la abro. Encuentro el preservativo y se lo paso. Mientras ella
rompe el envoltorio, yo me desabrocho el botón de los jeans, me bajo la bragueta y
me bajo los calzoncillos y los pantalones lo suficiente para dejar libre la polla.
Mis dedos se flexionan alrededor de su garganta mientras ella lo hace rodar
por mi longitud. Me hundo de rodillas, paso la cabeza por su clítoris, me alineo y veo
cómo mi polla desaparece en su interior.
—Dios mío. Oh, Dios —gime, con los ojos cerrados. Ya le tiemblan las piernas,
el orgasmo es inminente.
Paso el pulgar por su labio inferior.
—Mírame, Bea.
Abre los ojos de par en par cuando la saco hasta la cresta y vuelvo a meterla
despacio. Porque estoy saboreando esto. Al menos durante unos minutos.
—Eres tan jodidamente hermosa.
—Tú también —susurra.
—Me alegro mucho de que no te arrepientas de mí, aunque te di todos los
motivos para hacerlo —admito.
—Lo intenté, pero no pude.
—Yo tampoco. —Debería. Por muchas razones.
Sus ojos se cierran cuando vuelvo a sacarla.
—No-oh —espeto—. Ojos en mí.
Se fijan en los míos, la lujuria pesa.
—¿Quién te está follando, Bea? —Esta vez empujo con fuerza, y su cuerpo se
sacude.
—Tú. —Se aprieta mientras el primer orgasmo la atraviesa.
—¿Quién hace que te corras? —Rozo mis labios con los suyos.
—Tú. —Se arquea y se pone rígida.
—Así es. Este coño es mío.
—Oh, Dios. —Pone los ojos en blanco y se esfuerza por concentrarse en mí—.
Odio que me hagas sentir tan bien.
—¿Por eso vuelves a correrte sobre mi polla? —Me abalanzo sobre ella, el
orgasmo sigue recorriéndola, haciendo que se le ponga la piel de gallina y que una
capa de sudor se extienda por sus hombros.
—Tu boca es asquerosa. —Gime a través de un estremecimiento de todo el
cuerpo.
—Te encanta.
—De verdad. Es tan molesto. —Atrae mi boca a la suya, y yo la dejo.
Quiero absorber todas las partes buenas de ella. Quiero más de esto, más de
ella.
Y hoy me he comprado algo de tiempo para sacarla de mi sistema. Espero que
sea suficiente.
Rix
—Tu hermano es un jugador increíble —dice Hammer.
—En todos los sentidos de la palabra —respondo.
Resopla y golpea su copa de plástico contra la mía. Es el primer partido de
exhibición de la temporada como locales y Flip está que arde. Ya ha conseguido una
asistencia y un gol, y sólo llevamos la mitad del primer periodo.
—Ha estado manteniendo un perfil más bajo —añade Hemi. Se inclina hacia
delante, siguiendo el disco por el hielo.
Estamos sentadas en el palco del equipo en el centro del hielo. La vista desde
aquí es increíble. También lo son las bebidas y la comida gratis.
—Confía en su pequeño libro negro de clientes habituales. —Me meto un trozo
de palomitas en la boca.
—Ah, eso tiene sentido. —Da un sorbo a su cóctel.
Tristan está en el banquillo. Está tenso esta noche. Anoche Flip se quedó en
casa, así que no pude ofrecerle ningún alivio del estrés antes del partido. Para
ninguno de los dos. No creo que esa sea la razón por la que Tristan está luchando en
el hielo esta noche, sin embargo. El acceso a mi vagina no dicta como juega.
—Tu hermano es un poco puto —dice Hammer—. Es una pena, porque es un
jugador de puta madre, y está ridículamente bueno.
—Es muy agradable de ver. —Tallulah, la hija del entrenador, también
conocida como Tally, está de acuerdo.
—Sí. Y lo sabe. Es irritante. Especialmente cuando trae a casa a su chica de la
noche y ella es una gritona.
Tally arruga la nariz.
—Eso es incómodo.
—Claro que sí —estoy de acuerdo. Pero nunca digo nada porque no quiero ser
más pesada de lo que ya soy.
—Dallas está bastante bueno, y no es un gran perro —dice Hammer.
—Cien por ciento de acuerdo. Es un sólido nueve sobre diez —respondo.
—¿Lo viste bailando con esas viejecitas? Eso fue conmovedor. —Tally se lleva
la mano al pecho—. Eso lo convierte en un diez para mí.
—Sólo lo hizo porque lo obligué —refunfuña Hemi.
—¿Qué pasa con ustedes dos? —pregunto.
—Pasa nada. Es un idiota. No lo soporto, y la misión de mi vida es hacerlo
miserable tan a menudo como sea posible. Oh, ¡buena parada! —Silba
estridentemente mientras el estadio enloquece—. Hammerstein es definitivamente un
bombón.
—Oh, sí. Totalmente —dice Tally.
Arqueo una ceja.
—Concuerdo.
—Para ser mayor —añade. Aún tiene diecisiete años.
—Puaj. Ese es mi padre. —Hammer arruga la nariz.
Hollis dispara a puerta, pero el disco sale desviado. Flip se hace con el control
en el pliegue y la pasa a la banda izquierda.
—Hollis tiene ese aire de alto, moreno y malote —comento.
—Me da un poco de miedo —admite Tally—. Pero sí, está bueno.
—Y tiene dos gatos. Los hombres que aman a los animales son automáticamente
atractivos —dice Hemi.
Hollis rota fuera del hielo, y Tristan rota dentro.
—Tristan está tan bueno que debería ser ilegal. —La mirada de Hammer lo
sigue por el hielo.
—Es un idiota. —Que es muy hábil para proporcionar orgasmos múltiples. Y a
veces es dulce en los momentos más inesperados. Como hace dos días cuando fue a
la tienda y trajo una pinta de helado para reemplazar el que se comió.
—Un idiota caliente —añade Tally.
—Y lo sabe. —Hemi se encoge cuando falla un tiro a puerta y el rival se hace
con el control del disco—. Está realmente fuera de juego esta noche.
—Creo que se está mentalizando —pienso.
—¿Qué quieres decir? —pregunta Hemi.
—Está estresado porque Hollis ha vuelto esta temporada. Obviamente, está
contento de que se haya recuperado de la lesión, pero la temporada pasada tuvo
mucho tiempo en el hielo. Con Hollis de vuelta, está preocupado por sus estadísticas.
Además, su contrato se renueva al final de la temporada. Le preocupa mucho.
Ha estado descargando todo ese estrés y frustración en mi vagina los últimos
días, desde que hicimos nuestro pacto sexual. No es que me haya molestado.
Últimamente ha sido menos idiota, y ha estado bien.
—Para alguien que no soporta a Tristan, seguro que sabes mucho sobre su
estado emocional. —Hemi me mira de reojo.
—Vivo con él, en un desván sin paredes ni puerta. Es difícil no escuchar las
conversaciones. —Además, desde que me mudé me he convertido en la preparadora
de comidas residente, así que siempre estoy cerca cuando Flip y Tristan hablan de
estrategia de juego.
—Claro, sí. —Hemi asiente—. ¿Cómo va la búsqueda de apartamento?
—Yendo. Espero encontrar algo para inicios de octubre. Tengo un bono por
firmar. No es mucho, pero es suficiente si encuentro el sitio adecuado.
Hasta ahora, cada vez que creo que he encontrado un sitio, Tristan menciona el
barrio de mierda. Pero sería agradable no preocuparse de caer en el inodoro en
medio de la noche. Una habitación con puerta también estaría bien.
—Puede que pronto busque un apartamento —dice Hammer.
—Tu padre es bastante genial, ¿no? —Hemi pregunta.
—Lo es, pero antes vivía fuera del campus en un apartamento. Hacer prácticas
para su equipo y vivir con él es una adaptación. No creo que sea el mejor plan a largo
plazo.
—Estoy deseando mudarme —dice Tally—. Quiero a mis padres, pero están
totalmente empeñados en que viva en casa para la universidad. ¿No es la mitad del
objetivo averiguar cómo sobrevivir con ramen y patatas fritas?
—Eso es exacto. ¿Dónde te has presentado? —le pregunto.
—La mayoría en Toronto, lo que supongo que es como pegarme un tiro en el
pie de vivir lejos de casa. No estoy segura sobre la residencia, pero un apartamento
fuera del campus estaría bien. Estoy haciendo una presentación de pros y contras
para poder argumentar mi caso con eficacia.
—Avísanos si quieres ayuda con eso —ofrezco.
—¿En serio? —A Tally se le iluminan los ojos. Es adorable. Si tuviera una
hermana pequeña, me gustaría que fuera exactamente como Tally.
—Sí. Por supuesto. Planeemos una reunión en mi casa a finales de esta semana
—ofrece Hemi—. Podemos ayudarte a repasarlo.
—De acuerdo. Gracias.
Me encanta tener este nuevo grupo de improbables amigas. Me pregunto si
eso cambiará cuando me mude a mi propia casa. He almorzado con algunas de mis
compañeras de trabajo, pero las dos mujeres más cercanas a mi edad tienen novios
desde hace tiempo. Una de ellas viene en tren desde Ajax y la otra vive con su novio,
así que no sé si saldremos mucho fuera del trabajo.
Hollis marca en el segundo periodo y Flip vuelve a marcar en el tercero. Tristan
recibe dos penaltis consecutivos, uno por zancadilla y otro por interferencia.
Enloquece con los árbitros y se lanza al palco, claramente descontento.
Tengo que madrugar para ir a trabajar, así que me salto las copas con las chicas
después del partido y tomo el metro para volver a casa.
Tengo un nuevo mensaje de Rob.
ROB
¡HOLA! DEJÉ UN MENSAJE HACE UNOS DÍAS, PERO NO RECIBÍ RESPUESTA. ESPERO QUE TODO VAYA BIEN. ME GUSTARÍA
HABLAR CUANDO TENGAS LA OPORTUNIDAD.
Fue enviado durante el partido. Hace días que dejó el mensaje de voz, que
olvidé escuchar.
RIX
LO SIENTO. HE ESTADO OCUPADA. DE CAMINO A CASA DESDE EL PARTIDO. ¿QUÉ HAY DE NUEVO?
Es una buena distracción para no pensar en qué bar acabará el equipo esta
noche.
Los puntos aparecen y desaparecen varias veces antes de que por fin llegue un
mensaje.
ROB
ASÍ QUE... HE EMPEZADO A SALIR CON ALGUIEN. ES BASTANTE NUEVO, PERO PENSÉ QUE SERÍA MEJOR DECÍRTELO A QUE
LO VIERAS EN MIS REDES SOCIALES.
Quiero enviarle un montón de dedos del medio como respuesta. Él era el que
enviaba mensajes de “te quiero” hace un par de semanas. Fue él quien rompió
conmigo. No me destrozó el corazón, pero me dolió. Puede que Tristan sea un idiota,
pero al menos sé lo que me espera con él.
Le envío un pulgar hacia arriba como respuesta y silencio las alertas de sus
mensajes, porque a la mierda eso y a la mierda él.
Cuando llego a casa, tengo el estómago hecho un cráter gigante. Mi pacto
sexual con Tristan no incluía exclusividad. Así que es muy posible que se enrolle con
otra esta noche. Las náuseas me recorren ante la posibilidad de que traiga a alguien
aquí. Sí. Necesito mi propio lugar. Los orgasmos son geniales, pero no puedo soportar
la humillación de tener que oírlo follar con otra mujer en el dormitorio debajo de mí.
Me estreso cortando verduras para mañana, para poder hacer tortillas para
desayunar, y busco apartamentos en los anuncios. Rodeo dos lugares potenciales
mientras intento asegurarme de que estaré bien si Tristan trae a alguien a casa. Sólo
estamos teniendo sexo. Ya soy mayorcita. Además, ni siquiera me gusta. Es un medio
para llegar al orgasmo.
Tristan entra por la puerta mientras termino de guardar todo. Está solo. La
tensión desaparece de mi cuerpo tan rápido que me preocupa dejar un charco en el
suelo. Lo cual es malo. Muy, muy malo. Quizás no me cae tan mal como pensaba.
—Hola. —Me limpio las manos húmedas en los jeans. Debería haberme puesto
ropa de cama. O algo sexy. Cualquier cosa que no sea la combinación de jeans y
camiseta que llevo y que ahora tiene manchas de humedad.
En cuanto me ve, aprieta la mandíbula.
—No estoy de humor.
Todo el alivio que sentía hace un segundo sale por la ventana, junto con mi ego
magullado y desinflado. Esta noche no puedo con el idiota de Tristan.
—Yo tampoco.
Me roza y se dirige a la nevera. La abre de un tirón y saca el zumo de naranja
recién exprimido. Se da la vuelta, enfadado.
—No necesito lidiar con tu mierda esta noche, Beat.
—Eres tú el que me está haciendo pelea, no al revés —digo bruscamente.
—¿Haciendo? ¿Qué haces aquí abajo? ¿Por qué no estás en la cama? —Inclina
la cabeza—. ¿Estabas esperando a que volviera a casa?
Me muerdo los labios. La respuesta es más o menos sí. Pero no lo admito. No
cuando se comporta así. En lugar de incriminarme, me dirijo al baño. Es la única
habitación a la que puedo escaparme para tener intimidad. Y me vendría bien una
ducha.
—Idiota. —Cierro la puerta y abro el agua caliente.
Mi frustración aumenta mientras me quito la ropa. Pongo música y me pongo
bajo el chorro de agua caliente. Acabo de lavarme el cabello cuando llaman a la
puerta.
—¡Si necesitas orinar, tienes un fregadero y un balcón! —le digo.
La puerta se abre. Porque olvidé cerrarla.
—¡No te atrevas a mear aquí mientras estoy en la ducha! —grito—. ¡O tirar de
la cadena!
La puerta de la ducha se abre unos centímetros. Aparece el globo ocular de
Tristan.
—¡Vete a la mierda! —Intento cerrarle la puerta, pero es mucho más fuerte. Me
paso un brazo por el pecho para ocultar mis pezones—. No puedes invitarte a entrar
aquí después de tratarme como mierda.
—Lo siento. Tuve un partido muy malo. No debería haberme desquitado
contigo. —Se pasa una mano por el cabello—. Flip quería que saliera. Y me está
jodiendo porque le miento. —Respira hondo.
—Entonces dejamos de hacer esto y se lo decimos —replico—. Pero si lo sabe,
es imposible que le parezca bien. Así que resuélvelo tú mismo, Tristan.
Su exhalación se siente como cada pedazo de su mal humor dejando su cuerpo.
—Pero no quiero parar.
Su conflicto es real, y lo entiendo, pero no excusa su comportamiento.
—Fuiste un idiota. No hice nada para merecer eso. Estoy cansada de esta
mierda. No tengo catorce años esperando que me devuelvas la mirada.
—Lo sé. Tienes razón. Lo siento. —Se muerde el labio inferior y tiene el descaro
de parecer un chico guapo y arrepentido—. ¿Puedo compensarte?
Lo fulmino con la mirada.
—¿Por favor, Bea? Lo digo en serio. Lo siento.
Suspiro y doy un paso atrás.
Se quita la ropa y se mete en la ducha. Ya está excitado.
—¿Me dejas compensarte? —Se coloca detrás de mí y me rodea la cintura con
los brazos. El afecto es inesperado. Baja la cabeza y me acaricia el cuello—. Sabes
que te haré sentir bien, Bea.
—¿Y Flip? —Inclino la cabeza hacia atrás y él me muerde el borde de la
mandíbula.
—Se fue al bar. No volverá en un rato. —Su erección me aprieta la espalda—.
¿Cómo podría mantenerme alejado cuando sé que tu dulce y apretado coño está justo
aquí, esperando a que lo llene con mi lengua, mis dedos o mi enorme polla? —Me
besa el cuello.
Resoplo.
—Calma tu ego, Tristan.
—Pero te hago sentir bien, ¿no? Hago que te corras cada vez. —Me aprieta el
pecho y me pellizca el lóbulo de la oreja.
—Sí, me haces sentir bien. —Apoyo la cabeza en su pecho—. Cuando no estás
siendo un imbécil.
—Esta noche me portaré bien, ¿sí? —Sus dedos pasan sobre los rizos en el
vértice de mis muslos. Me da un tirón, luego baja y me frota lentamente el clítoris.
Gimo y aprieto el culo contra su polla—. Es uno de mis sonidos favoritos, pequeña
Bea.
Me da la vuelta y me aprieta la espalda contra las frías baldosas. Me separa los
labios con la lengua y me besa con desesperación y necesidad. Una mano se queda
en mi mejilla y la otra se mueve para agarrarme el pecho, con su pulgar rozándome
el pezón. Luego me lo pellizca entre los dedos.
Me muerde el cuello y chupa la carne antes de reclamar mi boca de nuevo. Su
mano se mueve entre mis muslos y me mete dos dedos, bombeando lentamente, con
el pulgar rozándome el clítoris. Dejo caer la cabeza hacia atrás, mirándolo con los
ojos entornados.
El vapor nos envuelve y sus bíceps se flexionan mientras me mete otro dedo.
—¿Te gusta cuando te follo con los dedos, Bea?
Gimo y muevo las caderas.
—Dímelo —murmura contra mis labios, con el pulgar recorriendo una y otra
vez el borde de mi mandíbula—. Quiero oírte decirlo. —Hay algo en su tono, una pizca
de vulnerabilidad combinada con desesperación.
No entiendo de dónde viene ni qué significa, pero quiero venirme, así que le
digo lo que quiere oír. También es la verdad.
—Se siente tan bien —gimoteo.
—¿Qué? —Me mordisquea el labio inferior.
—Tus dedos dentro de mí. No tengo suficiente —le digo.
—¿De qué otra cosa no tienes suficiente? —Me muerde el borde de la
mandíbula—. Dímelo y haré que te corras.
—Tu boca en mí. La forma en que me metes la lengua en el coño.
Enrosca los dedos, dando exactamente en el punto exacto. Pongo los ojos en
blanco.
—¿Eso nada más?
Sacudo la cabeza.
—¿Qué más, entonces? —Su pulgar rodea mi clítoris.
—Cuando me follas tan fuerte que veo estrellas.
—Yo tampoco me canso —admite.
—Y cuando me llamas tu dulce y sucia chica. Me encanta eso.
Sonríe.
—Sí, así es.
Aplasta su boca contra la mía y empieza a follarme con los dedos. Muevo la
mano con la que me está acariciando la mejilla, para rodearme la garganta. Es sin
duda mi nueva manía, porque treinta segundos después estoy arañándole el hombro,
gimiendo en medio de un intenso orgasmo.
Me besa, suave y despacio.
—¿Ves? —Frota su nariz contra la mía—. Puedo ser amable.
Me río y le paso las manos por el pecho, luego se las encajo detrás del cuello.
Mis rodillas flaquean y mi cuerpo zumba.
—Has sido muy amable.
—¿Me dejarás llevarte a la cama y mostrarte lo bueno que puedo ser?
Sonrío y asiento.
—Aunque puede que sea un poco sucio —advierte—. Pero del tipo agradable
de sucio.
—Puedo aceptar eso.
—Bien.
Tristan cierra el grifo. Abre la puerta de la ducha, me levanta y le rodeo la
cintura con las piernas. Su polla se mece contra mi culo y el agua gotea por todo el
suelo mientras me lleva a su dormitorio.
El suave Tristan es exactamente lo que necesito esta noche. Ojalá pudiera
seguir así. Pero haré todo lo posible para disfrutarlo mientras dure.
Tristan
Flip me manda un mensaje a medianoche para decirme que no estará en casa
y que nos veremos mañana en el estadio, a menos que quiera unirme a la orgía en
casa de una modelo en Vaughn. Le digo que estoy bien, pero que gracias por la oferta.
A la mañana siguiente, me despierto abrazado a Bea. Tengo la polla en la raja
de su culo, le acaricio una teta y le meto la nariz en el cabello. No recuerdo la última
vez que me desperté con una mujer en la cama. Sin embargo, puedo contar con un
dedo las veces que me he despertado con la hermana menor de mi mejor amigo en
la cama.
Que no quiera despertarla automáticamente y hacer que se vaya es... extraño.
Miro el reloj de la mesilla. Sólo son las seis y media. Le dije a Roman que podía
recogerme a las ocho y que iríamos a la piscina a nadar.
Eso significa que tengo tiempo de hundirme en Bea antes de que ninguno de
los dos tenga que levantarse: ella para ir a trabajar y yo para nadar antes de entrenar.
Pero no me muevo. Todavía no. Quiero unos minutos más así, con Bea calentita y suave
y sin que le molesten mis estupideces.
Compensé el haber sido un idiota gigante anoche con mi polla gigante, cosa
que ella agradeció. En voz alta. Con varios orgasmos. Mi erección se hincha y se
retuerce.
—Lo sentí —murmura.
—¿Cuánto tiempo llevas despierta? —Le acaricio el cabello hasta llegar a la
oreja y le muerdo la concha.
—¿Un minuto? Tal vez menos. ¿Qué hora es?
—Seis treinta y tres. —Pongo mi pierna sobre la suya y froto mi polla en su culo.
—Demasiado temprano para pincharme el culo con eso —refunfuña.
Le suelto la teta y golpeo la mesita de noche en busca de mis tiritas para el
aliento.
Hace un sonido de disgusto.
—Ahora mi teta está fría.
—Dame un segundo. —Encuentro el paquete, lo abro y deslizo una tira sobre
mi lengua. Saco otra—. Ábrela para mí.
Me aparta la mano.
—No estoy tan despierta como para que me metas los dedos en la boca.
—Eso no es lo que estoy haciendo. —Le paso la tira por los labios.
Me agarra de la muñeca.
—¿Qué es eso?
—Tiritas para el aliento.
—Ooh. Inteligente. —Sus labios se cierran alrededor del extremo de mi dedo.
Cuando lo suelta, agarro la botella de agua y le doy un sorbo antes de
pasársela, junto con la tapa. Mientras ella bebe, reclamo una de sus tetas. Cierra la
botella y lleva mi mano a su garganta.
—¿Por qué esta cosa hace que mi clítoris se sienta como si tuviera su propio
pulso? —Mueve las caderas y mi polla se desliza entre sus nalgas.
—Es dominante, pero no de una manera que te haga sentir fuera de control, tal
vez. —No le digo que no es un movimiento para mí. Que, por razones que no entiendo,
estoy un poco obsesionado con lo grácil que es su cuello. Que quiero sentir su pulso
bajo la palma de mi mano cuando me la follo. Que quiero morderla y marcarla como
mía. Incluso pensarlo me hace parecer un cavernícola.
—Tal vez. —Sus dedos recorren los míos—. ¿Por qué no me follas todavía?
La tumbo boca arriba y me meto entre sus muslos. Ya está mojada. Mi polla se
desliza sobre su clítoris y ella me rodea la cintura con las piernas, arqueándose.
Reclamo su boca, meciéndome contra ella mientras nuestras lenguas se enredan.
Y luego beso su cuerpo, lamiéndolo a lo largo y aferrándome a su clítoris
mientras rodeo sus muslos con los brazos.
—Oh, Dios. —Me jala el cabello, y entonces la golpea. La menta de mi lengua
se registra entre sus muslos. Sus ojos se abren de par en par y jadea—. ¡Oh, Dios mío!
¡Idiota! ¡Quema! —Sigue intentando arrancarme el cabello, así que desengancho los
brazos y agarro sus muñecas, apretando para que se suelte. Mantengo un agarre
firme y apoyo los antebrazos en el interior de sus muslos, presionándolos contra el
colchón.
—Relájate, Bea. Sólo tienes que superar el shock inicial. Te prometo que te va
a volar la cabeza.
—¡Mi coño se siente como si estuviera ardiendo!
—Déjame mejorarlo. —Beso la cara interna de su muslo y luego vuelvo a
lamerla, suavemente.
—Oh, eso está mejor.
Y luego soplo en su clítoris.
Se sacude y chilla.
Vuelvo a lamerla y ella gime. Le doy vueltas con la lengua, alternando la
succión, los fuertes lengüetazos y el aire frío. Se corre tan fuerte que se inclina sobre
la cama. Saco un condón, me lo pongo y vuelvo a introducirme entre sus muslos. Me
introduzco de un solo golpe y encuentro un ritmo suave. Anoche lo pasamos muy bien,
así que esta mañana me tomo las cosas con calma. Se corre dos veces más antes que
yo.
Cuando termina, me tumbo sobre ella y respiro su champú de vainilla y cítricos.
Pienso en cómo sería si me despertara así todos los días, no con una cualquiera cuyo
apellido desconozco, sino con alguien como Bea. No. No alguien como Bea...
Me pasa los dedos por el cabello.
—Déjame levantarme para que pueda hacer pis y empezar a desayunar.
—Siempre nos preparas el desayuno. Hoy te lo haré yo. —Me quito de encima,
necesito espacio.
—Servir un tazón de cereal no cuenta como hacer el desayuno.
—Ja, ja. Haré sándwiches de huevo. ¿Qué te parece? —Retiro el condón
gastado y le hago un nudo en el extremo, tirándolo a la basura.
—Me encanta un buen sándwich de huevo. —Bea se estira y rueda hasta el final
de la cama, donde se pone en pie.
Levanto una mano.
—Me aseguraré de que no haya moros en la costa.
Sus ojos se abren de par en par.
—Creí que mi hermano no iba a volver a casa —susurra.
—Dijo que no. Sólo me estoy asegurando.
—Oh. —Sus hombros bajan de sus orejas—. De acuerdo.
Asomo la cabeza. El apartamento sigue vacío.
—Estás a salvo.
—Me vestiré.
Le rodeo la cintura con un brazo, la atraigo hacia mí y la beso antes de soltarla.
Veo cómo le tiembla el culo mientras corre hacia la escalera y sube rápidamente al
desván.
Nuestra ropa de anoche sigue tirada en el suelo del baño. Menos mal que Flip
no ha venido a casa. La recojo y la meto en el cesto de la ropa sucia para ocuparme
de ella más tarde.
Cuando vuelvo a la cocina, Bea ya está allí, con un pantalón corto y una camiseta
de tirantes, preparando café. Saco cosas de la nevera para empezar a desayunar. Flip
siempre fue de comida fácil. Antes de Bea, yo hacía la mayoría de las comidas, a
menos que quisiera pizza congelada o fideos. Tuve que aprender a cocinar a
temprana edad, y a veces me molesta tener que hacerlo. Pero esto es diferente.
Quiero alimentar a Bea. Sobre todo, porque es la que suele encargarse de las comidas
estos días. Y de hacer la compra. Y de casi todo, en realidad. Ha sido agradable no
estar en el gancho para todo el último poco tiempo.
—¿Quieres panceta ahumada, tocino o jamón en el tuyo? —pregunto.
—Lo que sea me parece bien. ¿Quieres que prepare una ensalada de frutas? —
pregunta.
—No necesitas hacer eso. —Pero en serio hace una ensalada de frutas asesina.
Le pone cosas como mango fresco y cáscara de lima.
—No me importa. —Sus dedos se deslizan por mi espalda baja mientras pasa a
mi lado y toma fruta del cuenco. Le busco una tabla de cortar y ella se sube a un
taburete frente a mí.
—¿Qué tal tu nuevo trabajo? —pregunto, intentando algo nuevo. Aparte de
atacarnos verbalmente e intercambiar palabras obscenas durante el sexo, Bea y yo
no hablamos mucho. Me gusta esto con ella. La paz y la comodidad de hacer algo
normal son extrañas, pero atractivas.
—Bien. Mejor que mi último trabajo, de seguro. No creo que sea mi pasión,
pero paga las facturas, que es lo más importante. —Corta la parte superior e inferior
de una naranja y utiliza con cuidado un cuchillo para pelar.
Añado lonchas de panceta ahumada a la sartén.
—¿Por eso elegiste la carrera de contabilidad? ¿Para tener un trabajo estable?
—Parece algo que haría Bea. Abandonar su trabajo con rabia no es propio de ella.
Normalmente tiene una mecha larga, excepto conmigo. Sé cómo presionarla. Es la
única persona con la que puedo hacerlo.
—Más o menos, sí. También hay espacio para expandirse y crecer.
Pongo cuatro panecillos ingleses en la tostadora y casco huevos en la sartén.
—¿Pero no te encanta?
Se encoge de hombros.
—Me gusta bastante. Y no voy a desperdiciar cuatro años de estudios
universitarios porque no sea el trabajo de mis sueños.
Flip y Bea crecieron en una casita. Pasé mucho tiempo allí de niño. Sobre todo,
era un escape de las peleas antes de que mi madre se fuera. Pero su nevera estaba
siempre medio vacía, y bebían leche en polvo y comían mucha comida enlatada y
perritos calientes cortados. Debió de ser duro cuando llegué a cenar. Tenían que
hacer el doble para alimentarme a mí y a Flip. Pero siempre me trataron como de la
familia. Cuando mi madre se fue, tuve que ayudar mucho a mis hermanos, así que Flip
venía más a menudo a mi casa. Tener que ser siempre responsable de otras personas
podía llegar a cansar. Pero mis hermanos necesitaban a alguien que cuidara de ellos,
y no era culpa suya que nuestra madre se hubiera ido.
—Si pudieras hacer cualquier cosa, tener cualquier trabajo, ¿cuál sería? —le
pregunto.
—No es tan elevado como ser jugador profesional de hockey, pero sería
nutricionista: planificaría y prepararía comidas para la gente. Pero es un trabajo
bastante lineal. La nutrición deportiva tiene más posibilidades de crecimiento, pero
eso podría significar utilizar el éxito de Flip para impulsar mi carrera, y no quiero eso.
Además, sin duda significaría más estudios.
Me vienen recuerdos de hace más de una década. Recuerdo a Bea de niña,
quizá con seis o siete años como mucho, en la cocina con su madre, ayudando a
preparar almuerzos y meriendas para los entrenamientos de hockey. Rara vez tenían
verduras frescas. La mayoría eran congeladas. Excepto en verano, cuando tenían un
pequeño huerto con tomates cherry y zanahorias. Bea cortaba las zanahorias en
círculos y ponía la salsa ranchera en un contenedor para Flip, porque era la única
verdura que se comía sin rechistar.
—¿Por qué no querrías aprovechar todas las ventajas a tu alcance? —pregunto.
—Flip ya ayudó a pagar mi carrera. Y ahora estoy viviendo de él y de ti. No es
culpa suya que él tenga un talento extraordinario y yo sea mediocre.
—No eres mediocre, Bea. —Desde que está aquí, nuestra casa está organizada
e impecable. Comemos mejor que nunca. La nevera está siempre llena, y he visto lo
que ha hecho con la cartera financiera de Flip. Sus inversiones ya han subido gracias
a sus ajustes. Estoy tentado de entregarle la mía. Además, tiene un trabajo a tiempo
completo y todavía se mantiene en la cima de todo lo demás. Y el sexo es increíble.
Baja la mirada.
—Ya sabes lo que quiero decir. Su carrera le paga montones de dinero
mientras que la mía es estable y respetable.
Quiero pasarle el cabello por detrás de la oreja, pero no lo hago.
—Aunque su carrera sólo durará una década, o dos, si tiene suerte. —Suena la
tostadora y coloco los panecillos ingleses en nuestros platos.
—Seguirá ganando más en los próximos cinco años que yo en toda mi vida,
independientemente del trabajo que elija. Así que, por ahora, quiero lo que me
ofrezca más oportunidades de crecimiento.
—No sé si deberías descartar usar la carrera de Flip en tu beneficio. Tuviste
que renunciar a mucho para que él llegara a donde está —digo. Tal vez más de lo que
pensaba, en realidad.
—Tenía un talento que había que fomentar —dice, con tono defensivo.
A Bea siempre la llevaban a los partidos. Se sentaba en el estadio a leer un libro
o a mirar, al menos hasta que tuvo edad suficiente para quedarse sola en casa.
Entonces se encargaba de cosas como las tareas domésticas o la preparación de la
cena. Recuerdo dejar a Flip después del entrenamiento y encontrarla sola en casa a
los once años, preparando la cena porque sus padres trabajaban por turnos.
—Desde luego que sí —estoy de acuerdo—. Y está claro que todo ese tiempo
y esfuerzo valieron la pena. Pero tú también tienes talento.
Ella arquea una ceja.
—¿En ser convertida en un pretzel sexual?
—Eres el paquete completo, Bea. Eres lista, inteligente, ingeniosa y buena en
más de una cosa. Y eres jodidamente hermosa, lo cual es un buen extra. Flip y yo
tenemos todos los huevos en la misma cesta, y nuestras carreras no durarán para
siempre. ¿Y tú? Tienes opciones, si quieres tomarlas. Todo lo que estoy diciendo es
que tiene algunas grandes conexiones debido a su trabajo, y no hay nada malo en
usarlas.
—Simplemente me siento mal.
—No deberías. —Pongo el huevo y la panceta encima del queso y los cubro
con un panecillo inglés. Luego pongo otro en su plato.
—Sólo como uno —dice mientras empujo el plato hacia ella.
—Te monté duro anoche. Necesitas energías. —Y siempre nos espera a Flip y
a mí, asegurándose de que nos alimentamos antes de servirse ella.
Sus mejillas se sonrojan.
—¿Y tú no?
—Desayunaré la segunda ronda después del entrenamiento. Además, vamos a
nadar, y terminaré con calambres estomacales si como demasiado.
Engullo mis sándwiches de huevo en menos de tres minutos mientras Bea
saborea los suyos. Devoro casi toda la ensalada de frutas, pero luego me doy cuenta
de que ella aún no ha comido y dejo el resto. Cuando terminamos de desayunar, ella
sube al desván a cambiarse y yo ordeno la cocina. Acabo de vestirme cuando Roman
me avisa de que está aquí. Lo hago subir, ya que vamos a hacer largos en la piscina.
Es tranquilo durante la jornada laboral y hay menos distracciones.
Dejo entrar a Roman un minuto después y Bea baja del desván. Lleva un par de
tacones en una mano y un bolso gigante colgado del hombro.
Le dedica a Roman una amplia y genuina sonrisa.
—Hola, ¿qué tal?
—Bien. ¿Qué hay de ti? Flip mencionó que conseguiste un nuevo trabajo.
Felicidades.
—Gracias. De momento me está gustando. Ahora necesito encontrar un
apartamento y todo estará perfecto. —Deja caer su bolso y apoya una mano en la
encimera, deslizándose sobre sus zapatos.
Inmediatamente me la imagino desnuda excepto por los tacones. Quedarían
genial apoyados en mis hombros.
Chasquea los dedos.
—Tierra a Tris.
—¿Eh?
—¿Has visto el periódico que estaba sobre el mostrador? Encerré un montón
de anuncios. Quiero investigar los barrios antes de hacer más llamadas. —Me mira
expectante.
¿Más llamadas? No me gusta como suena eso.
—¿Tal vez Flip lo tiró al reciclaje? —Sé exactamente dónde está ese periódico.
En la basura. Donde lo tiré mientras limpiaba el desayuno. Está bajo las cáscaras de
huevo y el kétchup extra que raspé del plato de Bea. Ya sé que esos lugares que
marcó no estaban en buenos vecindarios. Entiendo que busque algo económico, pero
también tiene que ser seguro.
Comprueba la hora.
—Mierda. Me tengo que ir. Si ves ese periódico, ¿puedes guardarlo? Ah, y
estaré en casa sobre las siete.
Frunzo el ceño. Sale a las cinco. Sólo tarda media hora en llegar a casa.
—¿Por qué vas a llegar tan tarde? ¿Vas a usar el metro o pedir un Uber?
Me mira divertida.
—Eh, el metro, como siempre. Tengo que hacer un par de recados. He
preparado un montón de cenas de pasta, si no pueden esperar, pero esta noche voy
a hacer quesadillas. Roman, siempre eres bienvenido a unirte.
—Gracias, pero Peggy y yo tenemos una cita para cenar esta noche.
Se lleva la mano al pecho.
—Es dulce que tengan citas para cenar. Salúdala de mi parte. De todos modos,
tengo que correr. Chicos, tengan un buen entrenamiento. —Recoge su bolso y se
dirige a la puerta.
La miro marcharse. Me pregunto brevemente cómo sería una cena con Bea,
pero lo descarto, ya que solo estamos follando y eso no puede pasar nunca.
Una vez que se ha ido, me vuelvo hacia Roman. Tiene los brazos cruzados.
—¿Qué pasa?
—Amigo.
—Amigo, ¿qué? —Agarro un trapo y empiezo a limpiar la encimera.
—¿Cuánto tiempo ha estado pasando?
—¿Cuánto tiempo ha estado pasando qué? —Joder, joder, joder.
Sacude la cabeza.
—Conozco esa mirada, hombre. Lo tienes mal.
Me río.
—¿Te refieres a Beat?
Su ceja izquierda trepa por su frente.
—Rix. Beatrix. La hermana de Flip. No nos soportamos.
Asiente lentamente.
—Ajá.
—En serio. Que hayamos conseguido estar en la misma habitación y no
arrancarnos la cabeza es un milagro. —Aunque últimamente ha ido mejor. Anoche
estuvo bien después de que dejara de ser un idiota. Y esta mañana ha sido...
agradable. Hago una bola con el trapo y lo tiro sobre la encimera, luego vuelvo y lo
aliso, porque a ella le pone de los nervios cuando Flip y yo hacemos eso.
—Bien. Okey. Sigue viviendo en el país de la negación. —Roman se levanta.
—No estoy en el país de la negación. Me saca de quicio. —Especialmente
cuando lleva esos diminutos pantalones cortos cuando Flip está cerca, y no puedo
inclinarla sobre la superficie más cercana y azotar su travieso culo.
—Si tú lo dices. ¿Listo para ir a la piscina?
—Sí. —Me pongo mi bañador y agarro mi bolso.
—Una última pregunta, sin embargo, y luego lo dejaré.
Hago una mueca.
—¿Sabe Flip que sientes algo por su hermana?
—Vete a la mierda. Apenas nos toleramos. —Al menos así me sentí cuando se
mudó. Ahora, sin embargo... no estoy tan seguro.
— ¿Cómo va todo?
La sola sensación de sus ojos sobre mí hace que se me contraiga todo por
debajo de la cintura. Agarro la verdura más cercana, un pepino inglés, y me dirijo al
fregadero. Estoy haciendo ensalada de pepino porque compré un paquete de tres.
—Estoy bien. ¿Y tú?
—Hoy he pasado mucho tiempo pensando en lo de anoche, si te soy sincero. —
Su voz es engañosamente suave—. Me ayudó a mantenerme ocupado durante las
partes aburridas de la reunión del equipo.
Anoche Flip no vino a casa, así que me pasé buena parte de ella siendo
machacada. Aunque, por desgracia, dormí en el desván, ya que no estábamos
seguros de que Flip fuera a pasar toda la noche en otro sitio.
—Qué bien. —Paso el pepino por agua fría y, como una idiota, empiezo a
acariciarlo.
El pecho de Tristan me roza la espalda y aprieta sus caderas contra las mías,
inmovilizándome contra el mostrador mientras deja una pinta de mi helado favorito.
—Te he traído un capricho. Moose Tracks es tu favorito, ¿verdad?
—Lo es. Es muy dulce de tu parte. —E inesperado. No me había dado cuenta
de que prestaba atención a las cosas que me gustan.
—Sentí que te lo merecías después de lo de anoche. —Sus manos se posan a
ambos lados de i cuerpo. Su erección me empuja la parte baja de la espalda mientras
sus labios recorren la columna de mi garganta—. ¿Qué haces?
—Haciendo la cena. ¿Qué te parece?
Me muerde el lóbulo de la oreja.
—Como si le estuvieras haciendo una paja a un pepino. —Una palma abandona
el mostrador y se desliza bajo mi camiseta. Sus dedos recorren mi vientre y me
acaricia un pecho desnudo—. ¿Estás pensando en follar?
Me encojo de hombros, pero la anticipación me hace galopar el corazón y me
tiembla la voz.
—Me estás frotando la polla en el culo. Es difícil no pensar en ello.
Da un paso atrás y tira de mis shorts por las caderas.
—¿Qué le ha pasado a tus bragas, Bea? —Amasa la carne desnuda y le da un
manotazo.
Gimo mientras dejo caer el pepino sobre la encimera y empujo mi culo hacia
él. Me agarra del dobladillo de la camiseta y me la pasa por la cabeza, dejándome
desnuda en medio de la cocina.
Enrolla mi coleta alrededor de su puño. Su otra mano se extiende sobre mi
estómago.
—Te he hecho una pregunta. ¿Dónde están tus bragas?
—Me las quité cuando llegué a casa. —Cuando me di cuenta de que Flip estaría
fuera, quise estar lista para Tristan. Sobre todo, porque no tengo que estar callada. El
dolor entre mis muslos es casi insoportable.
—¿Y por qué fue eso? —Su nariz roza mi mejilla.
—Porque tampoco podía dejar de pensar en lo de anoche y las empapé —
admito.
—¿Pensaste en follar de nuevo todo el día? —Me da besitos a lo largo del
hombro.
—Sí. No podía dejar de pensar en ti. —Nunca ha sido así para mí. Nunca me
había sentido tan consumida por alguien.
—¿Incluso en el tren de vuelta a casa? —Su mano se desliza por mi estómago y
me acaricia.
Asiento con la cabeza.
—¿Te tocaste cuando llegaste a casa? —Me mordisquea el cuello.
Sacudo la cabeza y la inclino para darle mejor acceso. Me encanta esta parte,
cuando sus manos me recorren, cuando me besa, suave antes de volverse sucio.
—Buena chica. —Exhala un largo y lento suspiro, con los dedos rozando mi
sexo—. Aunque lo pensaste.
—Pero te esperé.
Me echa la cabeza hacia atrás y me gira la cara para poder besarme.
—Yo tampoco podía dejar de pensar en ti. Todo el puto día, Bea. No podía
esperar a llegar a casa.
Todo se siente intensificado. Lo anhelo. Desesperada y necesitada. No quiero
pensar en cómo tendrá que acabar esto. Cómo, a pesar de su humor voluble, quiero
más de él. De esto. De nosotros.
Me suelta el cabello y me pone una mano entre los omóplatos. Me empuja hacia
delante hasta que mi pecho toca el granito, haciendo que mis pezones, ya duros, se
tensen aún más. Me da unos golpecitos en la parte exterior del muslo derecho.
—Levanta esta rodilla —me ordena.
Hago lo que me dice y me ayuda a apoyar la rodilla en la encimera. Ajusta mi
posición, estirando la pierna derecha a lo largo del borde de granito. Sus dedos se
mueven entre mis muslos y gimo cuando roza mi ya sensible clítoris. Me pasa las
manos por el culo y por detrás de los muslos, y luego invierte el circuito y me roza el
coño con los pulgares.
—Tan buena chica. Quiero hacerte sentir tan bien esta noche. —Aprieta sus
caderas contra mi culo, se inclina y me mete el pulgar entre los labios. Chupo
mientras me besa la mejilla. Lo suelta y me agarra la barbilla, girándome la cabeza lo
suficiente para besarme de nuevo. Cuando se retira, me pregunta—: ¿Siempre te
hago sentir bien?
—Sí —digo.
—Pero si alguna vez te presiono demasiado, dímelo y siempre pararé. ¿De
acuerdo, Bea?
—De acuerdo —acepto. Esto significa que tiene un plan, y probablemente
implique algo nuevo. La anticipación y la ansiedad me aceleran el ritmo cardíaco y se
me retuerce el estómago.
—Esa es mi dulce chica. —Roza su nariz contra la mía. Aquí es, aquí es donde
el dulce Tristan se convierte en el sucio Tristan, y estoy aquí para ello. Un lado de su
boca se levanta en una sonrisa lasciva—. ¿Te preparo para mi polla?
—Sí, por favor.
Cambia de posición, de modo que su cadera se apoya en la parte posterior de
mi pierna estirada a lo largo del mostrador. Al mismo tiempo, agarra el pepino inglés
y extiende la otra mano entre mis omóplatos.
—Dios mío. —Por un segundo me planteo desmayarme, pero tiene razón.
Siempre me hace sentir bien. Y honestamente, un pepino inglés no es muy diferente
de un consolador normal. La diferencia es que es comestible y biodegradable. Y lo
lavé, así que está limpio.
Desliza la punta por mi raja, rozándome el clítoris, y luego la introduce antes
de volver a retirarla. Se me contraen los dedos de los pies cuando vuelve a frotarme
el clítoris. Continúa con la lenta provocación, solo me da uno o dos centímetros antes
de retirarse y restregar mis jugos por el interior de mis piernas. Me muerdo un nudillo
para no seguir pidiendo más. No sé si esto es normal.
En serio, no puedo creer que me estén follando con un vegetal. Y estoy
disfrutándolo.
—¿Cuánto crees que puedes aguantar? —pregunta.
—¿Por qué no lo averiguas?
Esta vez, cuando empuja hacia dentro, siento cómo golpea mi cuello uterino y
gimo.
Se retira y jadeo con irritación.
—Mira esto, Bea. —Lo levanta para que lo vea. Mis jugos gotean por los lados
sobre su puño—. Aún no te has corrido y ya estás haciendo un desastre. —Muerde
agresivamente un extremo y desliza el otro dentro de mí mientras mastica. Quiero
reírme de lo absurdo que es, pero gimo cuando me lo mete hasta el fondo y vuelve a
sacarlo.
La mano entre mis hombros desaparece y él vuelve a moverse, apartando mi
pierna de la encimera. Deja el pepino sobre la tabla de cortar, tira de mí para
ponerme de pie y me hace girar para dejarme sobre la encimera. Es un momento de
desorientación. Pero Dios, la expresión de su cara. Parece dispuesto a devorarme. Y
lo deseo. A él. Esta versión de nosotros, donde todo se trata de placer, no de pelear.
—Quiero que veas cómo te follo con la ensalada de esta noche. —Engancha mi
pierna derecha bajo su brazo izquierdo, me arrastra hasta el borde, agarra el pepino
y empieza a follarme con él otra vez. Extiendo las manos hacia atrás para mantener el
equilibrio.
Es obsceno, verlo usar el pepino como un maldito consolador. Mis piernas
empiezan a temblar, así que sé que me estoy acercando.
—Vamos a hacerlo estriado para tu placer. —Lo saca y lo muerde por fuera, a
un centímetro de la parte superior, antes de volver a deslizarlo dentro de mí. Le
encanta. Sigue masticando cuando me corro.
Cuando por fin termino de poner los ojos en blanco, golpea su cartera contra
el mostrador.
—Saca un condón para que pueda entrar en acción. —Muerde otro trozo de
pepino mientras busco a tientas el condón. Se lo tiendo.
Señala el pepino, que está literalmente cubierto de mi orgasmo. Está goteando
por su mano y en el suelo a nuestros pies.
—¿Por qué no te ocupas de eso mientras me devoro este bocadillo? —
Mordisquea el extremo—. El mejor pepino que he comido en mi vida. Sin ninguna
duda. —Le sigue otro enorme mordisco.
No puedo evitarlo. Suelto una carcajada y me tapo la boca con una mano.
—¿Hay algo mal con nosotros?
—No lo sé, pero si lo hay, no quiero arreglarlo. —Se señala la entrepierna—.
Tengo las manos ocupadas. Hazme un favor y sácame la polla.
Dejo el condón sobre la encimera y le abro la hebilla del cinturón, le
desabrocho el botón de los jeans y le bajo la cremallera. Deslizo la mano dentro de
sus bóxers y envuelvo con los dedos su gruesa longitud, liberándolo de la tela.
Le da otro mordisco al pepino y lo sostiene junto a su erección. Es bastante más
grueso, pero ahora que se ha comido parte de él, no sé si alguna vez lo superaré, está
más cerca de su longitud.
—Me pregunto si cabrían los dos —reflexiona.
—¿Qué? —El shock hace que mi voz se agudice.
Su mirada se levanta, junto con una esquina de su boca.
—Nada. Sólo pensaba en voz alta. —Tira el pepino sobre la encimera y agarra
el condón.
—¿Sobre intentar meter tu polla y un pepino dentro de mí al mismo maldito
tiempo? —Al menos sueno más incrédula que curiosa.
Rompe el envoltorio y enrolla el preservativo en su cuerpo, luego me sube las
manos por los muslos y me levanta. Me arrastra hasta el borde de la encimera y yo
meto la mano entre los dos para guiarlo hasta mi entrada. Sus ojos no se apartan de
los míos mientras me llena.
Exhala un aliento perfumado a pepino y vagina.
—Todo el maldito día, Bea.
—¿Has pensado en follarme con un pepino? —Encajo mis dedos detrás de su
cuello.
—Probablemente usaré eso para hacerme pajas durante los partidos de visita.
—Sus dedos se enroscan alrededor de mi cadera. La otra mano envuelve suavemente
mi garganta—. Esta es mi parte favorita del día. —Se inclina y roza su nariz con la mía.
Es la ternura que he llegado a saborear antes de que las cosas se pongan intensas—.
Ahora voy a follarte bien duro, ¿está bien, pequeña Bea?
Engancho mis piernas detrás de su espalda.
—Sí, por favor.
Cuando llego a casa, Flip está en el desván viendo una película. La puerta del
dormitorio de Tristan está cerrada, así que o está dentro o está fuera. No es hasta que
estoy en el desván que descubro que Flip no está solo.
—Oh. No me di cuenta de que tenías una amiga en casa. Agarraré un libro y me
quedaré abajo. —Miro por encima del hombro. Hay un par de sillones junto a la pared
de ventanas.
—No pasa nada. Puedes ver la película con nosotros —dice Flip—. Stacey, esta
es mi hermana, Rix. Rix, esta es mi amiga Stacey.
—Hola. —Stacey levanta una mano en un saludo poco entusiasta.
—¿Seguro? Puedo desaparecer un rato. —La cama estaría bien, pero la
cafetería cercana es una opción si la cosa se pone incómoda. Por lo que veo, van por
la mitad de la película y ya han pasado la primera escena de sexo, gracias a Dios. Al
final bajarán. Eso espero.
—Sí, totalmente. Ven a pasar el rato. —Flip palmea el espacio vacío a su lado—
. ¿Dónde estuviste esta noche?
—Fui a casa de Hemi con Hammer y Tally. —Ocupo el lugar junto a mi hermano.
Hace una pausa en la película.
—Qué bien. Sé que es duro con Essie en Vancouver.
—Definitivamente la echo de menos.
Stacey saca su teléfono y se hace un montón de selfies que incluyen el perfil de
mi hermano.
—Ya lo creo. Pero será más fácil. Sobre todo, ahora que te estás asentando. ¿El
nuevo trabajo va bien?
—Sí. Mucho mejor. Y estoy a la caza de un apartamento, así que pronto tendrás
de nuevo tu sala de televisión. —Hago un gesto hacia la película en pausa.
—No te precipites. Prefiero que encuentres el lugar adecuado a que vuelvas a
acabar en un barrio de mala muerte —dice.
Vuelve a darle al play en la película.
En cinco minutos, la mano de Stacey sube por la pierna de mi hermano. Y le
susurra al oído. Pone una almohada sobre su regazo.
Me gustaría creer que a mi hermano no le daría un manoseo mientras estoy
sentada a su lado, pero parece estar muy arriba en la lista de cosas potencialmente
horribles que podrían ocurrir. La risita viene a continuación, seguida del sonido de
los labios sobre la piel. Stacey gime. Debería haberme quedado más tiempo en casa
de Hemi.
Estoy a medio segundo de llamarlos, o de irme, cuando se abre la puerta
principal.
—¡Hola, cariño! ¡Estoy en casa!
Al instante me siento aliviada de que sea Tristan. Y preocupada por qué viene
a esta hora y dónde ha estado. No es que tenga derecho a preocuparme.
—Estamos aquí arriba viendo una película —dice Flip.
—Ahora subo. ¿Necesitan algo de la nevera?
—No. Todo bien aquí. —Flip responde por nosotros.
Un minuto después, Tristan entra en el desván. Su ceño se arquea cuando me
ve, luego se levanta de nuevo cuando su mirada se posa en Flip y Stacey. Tristan
acaba de salir del gimnasio. Huele a sudor y desodorante. Apuesto a que tiene la piel
muy salada. Qué no daría por lamer un camino desde su garganta hasta su polla.
Cruzo las piernas.
—No sabía que tenías compañía esta noche —le dice a Flip.
—Stacey, te acuerdas de Tristan, ¿verdad? Tristan, hemos salido con Stacey
antes.
Por la expresión en blanco de Tristan, no recuerda haber salido con Stacey.
—Claro. Hola.
La incomodidad aumenta hasta niveles insoportables. No quiero saber lo bien
que se conocen Tristan y Stacey. Mi estómago se retuerce incómodo, y encontrar un
apartamento sube en mi lista de tareas pendientes. Tal vez debería ir a hacerlo ahora
mismo. Acabar con este pacto sexual para no tener que enfrentarme a la dura verdad:
que no soy diferente a Stacey. Ver una película con alguien con quien Tristan y mi
hermano se han acostado es más de lo que estoy preparada. No quiero pensar en él
tocándola como me toca a mí.
Antes de que pueda inventarme una excusa para irme, Tristan se apiña en el
futón entre Flip y yo. Me muevo unos centímetros para dejarle más espacio, pero él
se estira hasta que su rodilla se apoya en la mía.
Estira el brazo sobre el respaldo del sofá. Me acaricia el cabello con los dedos
y me pasa el pulgar por la nuca. Me quedo inmóvil, sin saber cómo interpretar la
caricia. Me parece ilícito. Peligroso. ¿Está intentando decirme algo? Sean cuales sean
sus intenciones, es increíblemente atrevido. Aparto la mano, incapaz de soportar el
contacto.
—¿Qué tal el entrenamiento? —Flip pregunta.
—Bien. Supongo que ahora sé por qué te lo perdiste —responde Tristan.
—Planeando hacer otro tipo de ejercicio. —Flip resopla.
Stacey suelta una risita.
Quiero arrojarla por encima de la barandilla del desván. El horror se apodera
de mí cuando por fin logro identificar la emoción que me hace hervir la sangre. Estoy
celosa. De una conejita. Que Tristan le haya puesto las manos encima a me pone
enferma. Esto es un nuevo nivel de estupidez. Hay cientos de mujeres como ella —y
como yo— que hemos tenido su polla implacable dentro de nosotras.
Cinco minutos más tarde, Flip y Stacey deciden irse al dormitorio de él.
Mientras se levantan, el brazo de Tristan desaparece mágicamente del respaldo del
sofá. Una vez que Flip se levanta, se mueve unos centímetros.
Flip manda a Stacey ante él y se vuelve hacia Tristan.
—¿Quieres unirte, hermano?
Esta vez me dan arcadas audibles. Flip me ignora.
Se me revuelve el estómago. Que mi hermano invite a su mejor amigo a
participar en un trío delante de mí es indicativo de la falta de límites en su relación.
También es un golpe de realidad que no sé cómo manejar. Para esto me apunté. Y
estaba bien cuando Tristan y yo estábamos en esta pequeña burbuja, pero la
temporada está a punto de comenzar. Tristan estará en la carretera. Tal vez con esas
malditas conejitas. Soy una idiota por pensar que podría manejar algo así.
Tristan tose y se frota la nuca.
—Eh, no, hombre. Estoy bien.
La oleada de alivio que sigue es espeluznante. Mañana se va y me voy a pasar
veinticuatro horas sin saber dónde va a estar su polla. No quiero que esté en otro sitio
que no sea dentro de mí. Lo cual es un puto gran problema.
Flip se encoge de hombros.
—Como quieras.
—Ten en cuenta que mañana tenemos un vuelo temprano —añade Tristan.
—Dormiré la siesta en el avión. —Flip desaparece por la escalera.
Ninguno de los dos dice nada hasta que se cierra la puerta de la habitación de
mi hermano.
—¿Dónde fuiste esta noche? —Tristan pregunta.
Como si nada de eso acabara de pasar. Como si no estuviera aquí en una
espiral de pánico porque tengo sentimientos y no me gustan ni un poco.
Esto no es gran cosa para él, me doy cuenta. Y tampoco debería serlo para mí.
Pero me siento mal sabiendo que se la ha follado, que le ha puesto las manos encima,
que la ha besado, probablemente al mismo tiempo que mi hermano.
Y estoy a punto de escucharla ser follada toda la noche. Debería ser capaz de
deshacerme de eso, pero no puedo.
—En casa de Hemi. —Me paso las manos por las piernas. Necesito espacio. Y
no tener un ataque de pánico o un colapso emocional delante de Tristan. Porque estos
celos y esta vergüenza no son algo que quiero que vea. Este fue siempre el trato. Se
me revuelve el estómago—. Probablemente debería prepararme para ir a la cama.
Me agarra del brazo antes de que pueda levantarme.
—¿Por qué no nos quedamos aquí hasta que Flip ponga las cosas en marcha?
Luego puedes venir a mi habitación.
—Guau. —Resoplo. No me imaginaba que esta noche, ni ninguna otra, fuera
así. Aunque probablemente debería haberlo hecho. Esto me recuerda que cualquier
sentimiento hacia Tristan que no esté relacionado con la lujuria o el odio es una
maldita mala idea. Quién sabe qué tan recientemente estuvo con Stacey. Sólo soy otra
serie de agujeros que están convenientemente disponibles. Está claro que eso es lo
que piensa, como demuestra su inmediata invitación a follar ahora que Flip estará
ocupado, con alguien a quien Tristan también se ha follado antes.
Pero lo peor es que por medio segundo lo considero. Porque no quiero
escuchar a Stacey esta noche. Pero si voy a su habitación, me arriesgo a ser sincera
sobre lo que siento, y entonces estoy aún más jodida. Es una situación imposible.
Todo se siente como el peor golpe en el estómago. De verdad. Si no vomito o
lloro, será un milagro.
—Probablemente no sea una buena idea esta noche.
Parece confundido.
—¿Por qué no?
Tantas razones. Ninguna de las cuales quiero expresar por miedo a perderla o,
peor aún, admitir que no quiero ser otra Stacey.
—No sé cómo lidiar con esto. —Es honesto sin tenderme una trampa.
—¿Esto es por la mujer que Flip trajo a casa? —Su voz baja a un susurro—.
Estará ocupado con ella durante horas.
Confirmación una vez más de que sólo soy alguien a quien Tristan se folla en
secreto y que ni siquiera le gusta de verdad.
—¿Por qué me miras así? —Su mandíbula se aprieta—. No puedes enfadarte
conmigo porque Flip me preguntó si quería participar. Le dije que no.
Establecimos parámetros, y él se mantiene dentro de ellos. Pero no creo que
sea capaz de compartimentar esta noche y volver a poner los límites donde deben
estar. Me muerdo los labios y me tomo un momento para serenarme. La calma es la
única manera de manejar esto.
—Por muy inconveniente que sea, mis emociones son mías, y tú no puedes
decirme cómo debo sentirme.
—Eso no es... Solo digo que no he hecho nada malo, así que no entiendo por
qué me das evasivas. —No puedo leer su expresión, pero parece... ansioso, ¿quizás?
No lo sé. Estoy confundida, y la pesadez en mi pecho es incómoda.
No quiero arriesgarme emocionalmente, pero tengo que explicárselo de forma
que pueda entenderlo. No puedo escuchar a Stacey hacer los mismos ruidos que yo.
—Sé que tu historial sexual es extenso y prolífico. No serías ni la mitad de
bueno haciéndome correr si no fuera así. Pero es más difícil de lo que pensaba
enfrentarse cara a cara con tu pasado. —¿Y si ya no puedo hacer esto? Tal vez no estoy
hecho para el sexo casual.
Su silencio es revelador. Y condenatorio.
—Fue hace mucho tiempo —susurra—. ¿Por qué me lo echas en cara?
—No lo intento. Es que... no esperaba encontrarme nunca con una Stacey, lo
cual me doy cuenta de que es bastante estúpido, pero hemos estado en esta burbuja.
Ahora ha estallado, y lo estoy pasando mal. —Ni siquiera sé si Tristan puede
empatizar. No estoy segura de que funcione así.
Se restriega la cara con la mano y se presiona la boca con los nudillos.
—Si te quedaras en mi habitación, no tendrías que escuchar.
—Pero no quiero que me folles esta noche —digo en voz baja. Y es la verdad.
Sólo soy otra Stacey, y no quiero serlo. Me asusta lo que eso significa.
Tiene un tic en la mandíbula.
—Pero me voy por la mañana. Y pasaremos la noche aquí.
¿Es una amenaza? ¿Una afirmación de hecho? Ojalá pudiera leerlo mejor. Tiene
dos modos principales: máquina de follar e idiota, atemperados ocasionalmente por
el lado dulce que hace que se me derrita el corazón. Pero esta noche no puedo dejar
que entre en mi cuerpo. No con la cabeza en otro sitio y este estúpido dolor en el
pecho. Entonces, ¿qué pasará mientras él esté lejos y yo no esté accesible? No puedo
ser esa niña de catorce años desesperada por su atención. Ahora no. Ni nunca. Si esto
es lo que acaba con esto, que así sea. No es un riesgo que esté dispuesta a correr.
Me trago la amenaza de lágrimas, impresionada por la firmeza de mi voz.
—Lo sé.
Me mira a la cara. No intenta tocarme. Lo cual es bueno. Si lo hiciera,
probablemente me retiraría.
—Está bien. Está bien.
Se levanta y se mueve a mi alrededor. No me mira mientras baja la escalera.
Tengo el corazón en un puño mientras espero. ¿Llamará a la puerta de Flip? Agarro
una almohada y me la pongo en la cara. Necesito controlarme. Si entra en ese
dormitorio, no volveré a dejar que entre en mí. Buscaré el próximo apartamento
disponible y me mudaré. No importa en qué barrio esté.
Las emociones me atenazan la garganta. Las lágrimas me nublan la vista. Dios
mío. Me gusta. Me gusta, joder, y no quiero. Ya me han roto el corazón una vez en los
últimos seis meses. Ciertamente no necesito entregárselo al mejor amigo
emocionalmente inaccesible de mi hermano.
La puerta del baño se cierra. Cinco minutos después, vuelve a abrirse.
Dejo de respirar.
Hasta que la puerta de la habitación de Tristan se cierra con un ruido sordo.
Ahogo un sollozo de alivio con la almohada.
Estoy aterrorizada, pero hice lo que era mejor para mí. Y eso es más importante
que cualquier otra cosa.
TRISTAN
EL BAÑO PROBABLEMENTE SERÁ UN DESASTRE MAÑANA. LO SIENTO POR ADELANTADO.
#1
YO TAMBIÉN.
TRISTAN
LO LIMPIARÉ Y ME ASEGURARÉ DE QUE NO TE SIENTES/PISES EN PIS. ¿COMISTE ALGO ANTES DE ACOSTARTE?
#1
UN PEPINO
TRISTAN
( . ( ) . )
#1
BROMA. PARAMOS POR RAMEN. CARBOHIDRATOS PARA LA VICTORIA.
TRISTAN
BIEN.
Flip sale a trompicones del baño y entra en su habitación. Limpio la tapa del
inodoro, me aseguro de que duerma de lado y le pongo un recipiente para vómitos
al lado de la cama, por si acaso. Se desmaya cuando su cabeza toca la almohada. Bea
está sentada en la isla de la cocina con la mejilla apoyada en los brazos cruzados
cuando salgo del baño. Inclino la cabeza hacia mi habitación, ella se baja del taburete
y me sigue a toda prisa, mirando dos veces por encima del hombro.
—Siento mucho lo de esta noche. No estaba pensando. Hammer no dirá nada,
sin embargo. Confío en ella.
—Tampoco Roman.
—¿Cómo puedes estar seguro? —Se muerde la uña.
—Lo sabe desde hace tiempo. Quiero decir, no lo de atarte a mi cama o lo de...
—Cierro el puño y sacudo la cabeza—. Todavía no puedo creer que hiciera eso. —No
hasta la muñeca ni nada, pero Bea es pequeña comparada conmigo, y mis manos
definitivamente no lo son.
—Lo decía en serio cuando dije que podías volver a hacerlo —susurra.
Entonces sus ojos se abren de par en par—. ¿Qué quieres decir con que lo sabe desde
hace tiempo?
—Él... lo descubrió de alguna manera. Dijo que se dio cuenta por la forma en
que te miraba o algo así. —Mi mirada se desplaza sobre ella. Lleva puestos los
diminutos shorts de dormir y una camiseta de tirantes. Puedo ver sus pezones a través
de ella—. Pero hasta ahora ha mantenido la boca cerrada, así que estamos a salvo. —
Tomo su cara entre mis manos y cubro su boca con la mía—. Y esta noche sólo quiero
hacerte sentir bien, si te parece bien.
—Totalmente de acuerdo. Mejor dejar las otras cosas para cuando Flip no esté
en casa, ya que es difícil estar callada cuando tus dedos no están en mi boca.
Le quito la ropa y ella lucha por quitarme la mía. Se sube a mi cama y se
arrodilla en medio. Se lleva los dedos a los labios y se muerde uno, con ojos
inocentes.
—¿Cómo me quieres esta noche?
—De tantas putas maneras, Bea. —Subo tras ella, metiendo un dedo bajo su
barbilla e inclinándola hacia arriba—. ¿Vas a ser mi chica buena y quedarte callada?
Ella gime y asiente.
—Túmbate boca abajo, con las piernas juntas. —La suelto y se pone en
posición, estirándose en la cama.
Paso las manos por su espalda y le aprieto el culo. Luego deslizo la mano entre
sus muslos y le meto dos dedos. Ella entierra la cara en una almohada para amortiguar
su suave gemido. Me inclino para morderle la oreja.
—Shh, pequeña Bea. No puedo hacer que te corras si no te callas.
Asiente una vez y yo enrosco los dedos. Aprieta las sábanas y vuelve la cara
hacia el colchón. Estoy nervioso, como si no supiera qué hacer conmigo mismo. Estoy
demasiado excitado por esta noche, frustrado por haber tenido que esperar tanto
para tocarla. Y aterrorizado de que Flip se entere y tenga que terminar.
Me pongo un condón y me tumbo encima de ella, abrazando sus piernas con
las mías. Empujo hacia dentro, con todo ese calor apretado rodeándome. Pone los
ojos en blanco y se muerde el labio.
Le beso la mejilla.
—La próxima vez que estemos solos, quiero hacerte gritar hasta que pierdas la
voz.
Se estremece debajo de mí y gime.
—Shh, quieres correrte, ¿no?
Ella asiente y susurra:
—Tanto.
Empujo mis caderas y ella levanta el culo, su respiración se sale en un suspiro.
Me agarra la muñeca en el siguiente empujón de cadera y se lleva los dedos a
los labios, metiéndose tres en la boca. Me muerde el siguiente empujón. Hace otro
pequeño sonido, un gemido silencioso, y se acaricia la garganta.
—¿Quieres mi otra mano?
Otro gemido afirmativo.
Le rodeo la nuca con la palma de la mano. Me chupa los dedos y todo su cuerpo
se convulsiona cuando se corre, con el coño apretándose como un puño.
—Mírate, ya te estás corriendo, mi dulce y sucia chica. Pero aún no he
terminado, así que tendrás que callarte un poco más, ¿de acuerdo?
Ella asiente.
Se corre dos veces más antes que yo, cada vez más fuerte que la anterior. No
quiero enviarla de vuelta al desván después. Quiero estrechar su cuerpo contra el
mío y abrazarla, despertarme con ella a mi lado. Pero está agotada y no podemos
correr ese riesgo. Así que se escapa de mi habitación a las dos de la mañana y se va
al desván.
A pesar de estar cansado, no consigo dormirme enseguida.
TRISTAN
HE ESTADO PENSANDO
#1
¿SOBRE LA ENSALADA DE PEPINO?
TRISTAN
ENTRE OTRAS COSAS
#1
COMO...
TRISTAN
DEBERÍAMOS ALQUILAR UNA HABITACIÓN DE HOTEL PARA QUE NO TENGAS QUE DESAPARECER EN EL DESVÁN.
#1
¿QUIERES ABRAZARME DE CUCHARITA?
TRISTAN
NO. QUIERO FOLLARTE CON EL PUÑO.
#1
TU LADO ROMÁNTICO REALMENTE BRILLA.
TRISTAN
Y TAMPOCO TENDRÍAS QUE ESTAR CALLADA.
PUEDES GEMIR MI NOMBRE TAN FUERTE COMO QUIERAS
#1
VOY A APAGAR MIS ALERTAS
TRISTAN
ES UNA BUENA IDEA. NO PUEDES NEGARLO.
#1
BUENAS NOCHES, TRISSY
TRISTAN
PUEDO OLER TU CHAMPÚ EN MI ALMOHADA
#1
TU LADO DULCE/ACOSADOR LLEGA CUATRO MENSAJES TARDE
TRISTAN
Y TU COÑO EN MIS DEDOS
#1
AH, AQUÍ ESTÁS. EN SERIO, BUENAS NOCHES. ALGUNOS DE NOSOTROS TENEMOS QUE MADRUGAR
TRISTAN
BUENAS NOCHES. LAMENTARÍA QUE MAÑANA TE FUERA MAL, PERO ERAS LA ÚNICA PERSONA CON LA QUE QUERÍA
CELEBRARLO ESTA NOCHE.
#1
*LAS NOTIFICACIONES HAN SIDO SILENCIADAS, ¿NOTIFICA DE TODOS MODOS?*
Flip sale después de ducharse. Vuelve con dos mujeres risueñas mientras Essie
y yo nos preparamos para ir a la cama. Desaparece en su habitación con ellas. Y
entonces empieza la verdadera diversión.
Essie parece más que perturbada mientras los gemidos continúan detrás de la
puerta de su habitación.
—¿Con qué frecuencia sucede esto?
—Bastante regularmente. Y continuará durante algunas horas, así que usa esto
para minimizar la cicatriz emocional. —Le paso unos auriculares con clavija. Es fácil
perder los auriculares inalámbricos en la cama. Tardé dos noches en aprender esa
desafortunada lección. Especialmente cuando mi auricular izquierdo se me perdió a
mitad de una follada épica.
Essie se pone los auriculares y se tapa la cabeza con una almohada.
Estoy a punto de hacer lo mismo, pero mi teléfono vibra con un mensaje. No
me sorprende que sea Tristan, pero el contenido es inesperado.
TRISTAN
OJALÁ FUERA YO QUIEN TE ABRAZARA ESTA NOCHE. ESPERO QUE DUERMAS BIEN.
RIX
MANOSEARME EN LA OSCURIDAD NO CUENTA COMO MIMOS. LOS AURICULARES ESTÁN PUESTOS. DISFRUTA DE TU
PUERTA.
TRISTAN
ME CONFORMARÍA CON ABRAZARTE SIN MANOSEARTE CON TAL DE TENERTE A MI LADO. BUENAS NOCHES, BEA.
En la mañana, me despierto con el olor a tocino recién hecho. Bajo la escalera
y me encuentro a una mujer a la que nunca había visto antes preparando el desayuno.
—Hola. Lo siento mucho. Espero no haber hecho demasiado ruido —me dice
con una sonrisa ligeramente contrariada.
—De todas formas, tenía que levantarme para ir a trabajar. Soy Rix, la hermana
de Flip —le explico.
La puerta de la habitación de Flip se abre y salen dos mujeres más, ambas
vestidas con camisetas de Flip y con una cabellera épica. Mi hermano está detrás de
ellas, en calzoncillos y con una media sonrisa soñolienta.
—Anoche estuviste ocupado —observo. Juraría que había dos mujeres con él
cuando entró, así que la tercera que desayuna es un misterio.
—Claro que sí. —Besa a la desayunadora en la mejilla—. Esto huele muy bien.
—Pensé que a todos nos vendría bien un desayuno nutritivo después de lo de
anoche —dice alegremente.
Sí. Esto es super raro, pero ella cocina, lo que es mejor que la mayoría de las
amigas de habitación de Flip. Essie baja del desván, y Tristan eventualmente se une
a nosotros también. Parece tan sorprendido por el séquito de mujeres de Flip como
Essie y yo.
Después de desayunar, Essie y yo salimos. Tengo que trabajar medio día, así
que Essie vuelve a visitar a unos amigos que viven en la ciudad; tienen la suerte de
trabajar desde casa. Pero se reúne conmigo en la oficina a mediodía y nos detenemos
en el supermercado para comprar cosas para nuestra noche de chicas. Es la primera
vez desde que se mudó que tengo una compañera de compras. He echado de menos
las pequeñas cosas.
Abastecidas con lo esencial, Essie y yo nos dirigimos a casa de Hammer y
preparamos la cena con las chicas. Essie se integra en el grupo como si siempre
hubiera formado parte de él. Roman se queda el tiempo suficiente para comer —
vuelve por segundos y terceros y no para de hacernos cumplidos— y luego se marcha
para reunirse con Hollis y Ashish y hablar de estrategia para la próxima temporada.
No llegamos a casa hasta tarde. En el mostrador hay una nota rara de Flip
diciendo que está al lado viendo una película con Dred. Mi teléfono vibra con nuevos
mensajes de Tristan cuando ya me he metido en la cama.
RIX
¿PARA QUÉ?
TRISTAN
...
RIX
*GIF DE OJOS RODANDO*
TRISTAN
ME DUELEN LAS PELOTAS. ME SENTIRÍA MUCHO MEJOR SI PUDIERA ENTERRAR MI CARA EN TU COÑO... O EN OTRAS
PARTES.
RIX
PALMELA Y DEDELA PUEDEN OCUPARSE DE TI
TRISTAN
TUS MANOS SON MÁS SUAVES QUE LAS MÍAS
RIX
ESSIE ESTÁ AQUÍ. NOS ESTAMOS ABRAZANDO
TRISTAN
A LA MIERDA CON ESO. TE HA TENIDO DURANTE TRES MALDITOS DÍAS. ¿CUÁNDO VAMOS A ABRAZARNOS?
RIX
NO HASTA QUE ESSIE SE VAYA A CASA
TRISTAN
LE RESERVARÉ UN VUELO Y LA LLEVARÉ AL AEROPUERTO. EN PRIMERA CLASE. Y TE LLEVARÉ A UN PARTIDO DE VISITA EN
VANCOUVER PARA QUE PUEDAS VERLA. EN UN FIN DE SEMANA.
TRISTAN
QUIERO QUE TE CORRAS EN MI CARA
PUEDES ELEGIR LA POSICIÓN
NECESITO ESTAR DENTRO DE TI
ME ESTOY MURIENDO.
DE BOLAS AZULES
Estoy a punto de redactar una respuesta, pero Flip vuelve a casa. Sin
acompañantes por primera vez.
#1
LAMENTO QUE TE DESPIERTES SOLO. NO QUERÍA IRME, PERO ME PREOCUPABA QUE SI NINGUNO DE LOS DOS ESTABA EN
CASA POR LA MAÑANA, FLIP SE DARÍA CUENTA DE QUE PASABA ALGO. Y SI ME QUEDO HASTA FINALES DE OCTUBRE, NO QUIERO
DARLE UNA RAZÓN PARA SOSPECHAR.
ANOCHE FUE INCREÍBLE. FUE DIVERTIDO Y CONSIDERADO Y COMPLETAMENTE INESPERADO. GRACIAS POR HACER ESO POR
MÍ. OJALÁ HUBIERA PODIDO QUEDARME. QUERÍA HACERLO, PERO NO QUERÍA CORRER ESE RIESGO. HAY UNA MAMADA DE
AGRADECIMIENTO CON TU NOMBRE LA PRÓXIMA VEZ QUE ME TENGAS A SOLAS. ( )
Leo el mensaje tres veces. Durante unos segundos, siento como si alguien me
hubiera apretado el corazón. Me froto el pecho, intentando aliviar el dolor. Entiendo
sus motivos para irse, pero el secreto es más difícil de soportar. Prefiero tener más
últimas noches y despertarme con ella a mi lado que la promesa de una mamada.
Tal vez Roman tenga razón. Tal vez estos sentimientos por Bea son reales.
Supongo que me he ganado algo más de tiempo para averiguarlo.
Rix
Hay un cambio con Tristan después de nuestra noche de cita. Es el primero en
mandarme un mensaje por la mañana y el último por la noche. Y es más cariñoso. O
tan cariñoso como se lo permite. Se me acerca por detrás y me rodea la cintura con
un brazo. Su otra mano termina alrededor de mi garganta. Me acaricia el cabello y
presiona sus labios contra mi piel. Al principio, esperaba que me susurrara algo
obsceno al oído, pero se queda ahí, respirándome durante un minuto. Luego me besa
la mejilla y se va.
A medida que se acerca el primer partido de la temporada, pospongo la
búsqueda de un apartamento, como me pidió Tristan. En algún momento esto tiene
que terminar, pero no tengo prisa por llegar allí. Y parece que él tampoco.
Definitivamente ya no nos estamos follando por odio. Pero calificarlo como otra cosa
parece una mala idea.
Es sábado por la tarde y Tristan está haciendo ejercicio con Dallas y Roman.
Estoy preparando las comidas. Quiero que coman los alimentos adecuados para el
máximo rendimiento.
Flip entra en el apartamento con cara de necesitar una siesta y una ducha.
—Hola, hermanita. —Me da un abrazo y me señala un parfait de yogur recién
hecho—. ¿Puedo comer esto?
—Por supuesto. —Le paso una cuchara y la caja de granola.
—Gracias. —Se sienta frente a mí y me echa granola por encima—. No te he
visto mucho últimamente —dice antes de comer.
—Eso es porque has tenido contentas a las conejitas. —Exprimo zumo de limón
sobre los trozos de manzana y los añado a otro parfait. Los de manzana y canela son
los favoritos de Tristan, mientras que Flip prefiere los de melón.
—Me lo merezco. ¿Tienes planes para esta tarde? ¿Quieres salir? —pregunta.
Dejo de cortar fruta.
—¿Tú y yo?
—Sí. No hemos hecho mucho de eso desde que te mudaste. Demonios, no
hemos hecho mucho de eso desde que éramos niños. —Frunce el ceño, como si esto
le molestara.
—Para ser justos, cuando éramos niños te veías obligado a llevarme contigo
hasta que podía quedarme sola en casa —señalo.
—Te arrastraban a un montón de partidos de hockey callejero y salones
recreativos —reflexiona.
—Los partidos de hockey callejero no me importaban. Los salones recreativos
eran aburridísimos.
—¿Quieres jugar una ronda de minigolf y comer algo de East Side’s?
—Me interesa. Sólo necesito terminar aquí.
—¿Quieres ayuda?
—Estoy bien, pero gracias.
—Genial. Me meteré en la ducha. Luego podemos salir.
Guardo la comida preparada mientras Flip se ducha y, cuando los dos estamos
listos, tomamos el ascensor hasta el aparcamiento. Llevo una bolsa nevera con una
bolsa de hielo para las sobras. Siempre estoy preparada.
—¿El trabajo sigue siendo una buena opción? ¿Te gusta? —Flip pregunta una
vez que estamos en la carretera.
—Sí. Es mucho mejor que mi antiguo trabajo, y más interesante. Gracias por
dejarme retocar tu cartera financiera. Me ayudó durante la entrevista.
—Mis inversiones han subido más de quince mil desde que hiciste eso.
—¡Eso es genial! —No me imagino ganar quince mil dólares en un lapso de
semanas con inversiones, pero todo es relativo.
—No tenía ni idea de cuánto gastaba en comida para llevar y en bares. Bueno,
podría haber adivinado lo de los bares, pero la comida para llevar era mucho. Voy a
echar de menos toda la buena comida cuando tengas tu propia casa. Y tener a alguien
que haga la compra y prepare la comida.... —Se pasa una mano por el cabello y frunce
el ceño—. ¿Cómo consigues hacer toda esa mierda y trabajar a tiempo completo?
Me encojo de hombros.
—No es para tanto. Me gusta hacer la compra y preparar la comida. Es mi lugar
feliz y no pago alquiler, así que es una forma de contribuir.
—¿Te damos suficiente para la compra? No quiero que te gastes el dinero en
comida cuando tú haces toda la preparación y la compra. Sé que estás acostumbrada
a ocuparte de esas cosas tú sola, pero yo puedo ayudarte —dice.
—Entre tú y Tristan, siempre hay más que suficiente. —No digo nada sobre mi
propio presupuesto para comida.
—Me di cuenta del jugo de naranja concentrado, Rix, y el jarabe de arce. No
necesitas comprar cosas separadas. —Eso es lo que siempre llamamos jarabe de arce
falso.
—Me gusta más.
—No, no te gusta. —Se detiene ante un semáforo—. Puedes y debes usar lo que
ya hay. Te entiendo. Lógicamente, a menos que desarrolle un grave problema con las
drogas, tengo dinero suficiente para un par de vidas. A veces me preocupo, pero no
necesito hacerlo. Así que deja que Tristan y yo nos ocupemos de la compra mientras
te quedas con nosotros.
—No quiero volver a ser como antes —admito.
—Yo tampoco. Por eso tengo todas las inversiones y campañas de apoyo. ¿Pero
ahora ganas bien? ¿Te pagan bien? —pregunta.
—Sí. Ochenta mil al año para empezar, con bonificaciones al final del trimestre.
Debería poder permitirme un buen estudio. —Sólo tengo que superar el pago de dos
mil al mes por cuatrocientos pies cuadrados de espacio.
—¿Cómo va la búsqueda de un apartamento? —pregunta.
—Bien. Aunque probablemente la fecha de la primera mudanza sea en
noviembre. —Porque Tristan me ha pedido que no consiga un lugar antes de esa
fecha.
—No te preocupes por eso. La temporada está empezando. Te quiero en un
buen lugar, y quiero ayudarte con eso —dice Flip.
—Me ayudaste con la universidad. Puedo cubrir mi propio alquiler. —Ya ayuda
a nuestros padres. Puedo abrirme camino.
—Sé que puedes, pero puedo hacértelo más fácil, Rix. Así que déjame, ¿sí?
—Ya veremos. —Odio aceptar dinero de Flip, pero tiene razón. Un poco de
ayuda abriría opciones para un apartamento mejor—. Estoy segura de que les
gustaría recuperar su sala de juegos.
—Eh, ha sido un placer tenerte por aquí, y no sólo porque seas una experta
preparando comidas. No hemos vivido en la misma casa desde que me llamaron a
filas. Ha sido genial verte triunfar en la vida. —Golpea el volante—. Parece que Tris y
tú se llevan bien. ¿O al menos siendo civilizados?
—Oh, sí. Mayormente, nos mantenemos fuera del camino del otro. —Cuando
no está ocupado convirtiéndome en un pretzel humano.
O llevarme a la cita más considerada que he tenido en mi vida.
—No es un mal tipo. —Flip suena a la defensiva.
—No dije que lo fuera. —Sinceramente creo que es un gran tipo. Es
considerado, y la forma en que es con sus hermanos hace que mi corazón se derrita.
Es un cuidador. Tal vez no a propósito, pero lo veo.
—Que su madre se fuera lo jodió de verdad. —Flip se detiene ante un semáforo
en rojo—. Como, más de lo que creo que está dispuesto a admitir.
—Recuerdo vagamente cuando ocurrió, pero sólo tenía ocho años, creo.... —
Intento no parecer demasiado ansiosa de información. Tristan es bastante cerrado
cuando se trata de hablar de cualquier emoción aparte de la lujuria. Y a veces la ira o
los celos.
—Su marcha fue probablemente lo mejor que le pasó a esa familia. No era...
una buena madre. —Da unos golpecitos en el volante—. No como la nuestra. Sé que
luchamos mucho, pero nuestros padres nos amaban. Nos aman.
—Sí, es verdad. —Le mando mensajes a mi madre a diario y hablamos por
teléfono dos veces por semana. Aunque no he dicho nada de Tristan por razones
obvias. Mis padres no pudieron darnos estabilidad económica, pero nos dieron amor,
y mucho.
Como si supiera que estamos hablando de ella, mamá manda mensajes. Coloco
el teléfono en el soporte de Flip y aprovecho para llamarla.
—¡Qué bonito! Mis dos bebés pasando tiempo juntos —dice mamá—. ¿Están en
el coche? ¿Qué están haciendo?
—Vamos a East Side’s para almorzar.
—¿Sigues haciendo eso una vez al mes? —Mamá pregunta.
—Lo intentamos.
Charlamos unos minutos, mamá le pregunta a Flip sobre la próxima temporada
y yo sobre mi trabajo. Mi padre ha aceptado un trabajo remunerado durante el fin de
semana de Acción de Gracias, así que tendremos que buscar otro momento para
verlos. De todas formas, sólo tienen dos días libres, así que el viaje habría sido difícil
de gestionar.
Después de terminar la llamada, pregunto:
—¿Cómo era la madre de Tristan? —Sólo la vi un par de veces. Su padre venía
a veces a tomar cervezas con el mío, pero su madre nunca venía.
—Tenía la mecha corta y era dura con todo el mundo. Siempre estaba gritando.
Siempre. No recuerdo haber estado nunca en casa de Tris sin una pelea. No hasta que
se fue. Se enfadaba por cualquier cosa. Una vez incluso me gritó. Creo que dejé una