Filosofía, 1º de Bachillerato
Tema 1: el origen de la filosofía
TABLA DE CONTENIDOS
1. El paso del mito al logos
2. Características del saber filosófico
3. Diferencias entre el saber filosófico y el saber científico
4. Principales ramas de la filosofía en la antigüedad
5. Actividades recomendadas
1. El paso del mito al logos
El origen de la filosofía en occidente es el fenómeno denominado “paso del mito al logos”, es decir,
el paso de una explicación irracional y fantástica a un análisis de la realidad racional y con
pretensión de objetividad.
El paso del mito al logos se dio en el contexto de la antigua Grecia e implicó un cambio gradual en
el modo de ver e interpretar la naturaleza.
El Mito
En la Grecia arcaica, en el ámbito de la literatura, existía una tradición representada por Homero
(siglo X aC) que narra la existencia de Dioses antropomórficos que se aposentan en el Olimpo. Esta
tradición fue continuada por Hesíodo (siglo VII aC), el “poeta pensador”, y por los poemas órficos
(siglo VI aC) que casi siempre tenían un carácter mítico. Homero y Hesíodo son considerados los
poetas griegos más importantes.
Los mitos tenían la función de representar fenómenos concretos de la naturaleza que resultaban
incomprensibles para los griegos en un contexto de aislamiento geográfico y cultural. La existencia
de los mitos parte de la asunción del carácter enigmático de la naturaleza (ni se comprende, ni se
puede llegar a comprender). La actitud de los griegos frente a los fenómenos de la naturaleza es de
“asombro”.
En cuanto seres racionales, es inherente a los seres humanos el ansia de saber. El mito representa
fenómenos naturales que en principio son inescrutables, y de este modo, sirve al ser humano como
un desahogo a dicha necesidad. En este sentido, el mito tiene una función catártica. Pero debemos
comprender que el mito se expresa en un lenguaje poético y metafórico, no pretende ser científico.
Otros mitos tienen una función moralizante (sirven para enseñar una lección).
Los mitos echan mano de elementos sobrenaturales para explicar una multitud de fenómenos
naturales. En ellos, lo que acontece en la naturaleza se debe al capricho de los Dioses que, pese a
estar “por encima” de la naturaleza, tienen deseos y debilidades típicamente humanos. Por ello,
podríamos decir que las explicaciones mitológicas son arbitrarias e irracionales, ya que responden a
la libre voluntad de Dioses caprichosos.
El asombro de los griegos frente al mundo que les rodeaba se traduce también por un sentimiento de
impotencia: el ser humano no puede rebelarse contra el destino y la fatalidad que le viene asignada,
y debe obedecer a los Dioses (no existía en aquella época la noción actual de dominio de la
naturaleza).
Los griegos tenían una visión cíclica del tiempo, conocida como “eterno retorno”, según la cual el
destino se repite eternamente. El “caos” y el “cosmos” se suceden indefinidamente en el tiempo.
Cabe mencionar que esta visión también está presente en los primeros filósofos.
Logos
El desarrollo del comercio promovió el intercambio cultural entre las diversas Polis de la antigua
Grecia. El contacto entre formas de pensamiento muy diversas y diferenciadas impulsó un cambio
en la manera de interpretar la naturaleza. “Logos” es un término griego que significa palabra,
lenguaje o discurso. Las aportaciones de los nuevos pensadores ya no son meros relatos, sino teorías
argumentadas. Aparecen así los primeros filósofos, los llamados “presocráticos”. Entre ellos se
encuentran Tales, Anaximandro, Pitágoras, Parménides, Heráclito y los atomistas, Leucipo y
Demócrito.
Los pensadores de este nuevo paradigma buscan la comprensión racional de la physis (naturaleza)
en su conjunto, desde una perspectiva holística, partiendo de la premisa de que la naturaleza es
“todo lo que hay”. Por ello, podemos decir que las teorías de los presocráticos son “ontologías” (el
prefijo onto- viene del verbo griego to on, que significa “ser”).
Esto no quiere decir que todos los presocráticos rechacen la existencia de seres abstractos, como el
alma. Para algunos presocráticos la realidad es abstracta, para otros, la realidad es material.
Los presocráticos buscaban una razón de ser que diese cuenta de todo lo que existe. Como para
ellos no existe nada fuera de la naturaleza, su arjé (origen) debe encontrarse dentro de ella. El arjé u
origen es un principio inmanente a la naturaleza a partir del cual se genera todo lo que hay.
A pesar de que ya no se les considera poetas, sino filósofos, el decir poético seguirá profundamente
arraigado a la filosofía en sus inicios. Por ejemplo: Parménides expresa su doctrina a través del
Poema del Ser, y Heráclito expresa la suya a través de aforismos: sentencias breves con contenido
metafórico, a menudo de difícil interpretación, que sirven para expresar una “verdad” o una
“opinión” (si se prefiere). La diferencia fundamental entre los poetas y los filósofos es la actitud
frente al conocimiento. Para los filósofos la naturaleza ya no es un enigma, sino un objeto de
estudio.
2. Características del saber filosófico
- Es un saber reflexivo, que se revisa constantemente a sí mismo. A menudo el filósofo es visto
como un impertinente que insiste en recuperar viejas preguntas o replantearse una y otra vez
cuestiones aparentemente triviales. Esto le ocurría a Sócrates, por ejemplo, quien era despreciado
por muchos atenienses. La filosofía muchas veces versa sobre áreas del saber que se consideraban
ya plenamente conquistadas.
- Es un saber racional, a diferencia del mito, la religión o la magia. Al igual que estos, la filosofía
muchas veces también tiene el objetivo de orientar la vida humana, pero siempre buscando
soluciones que se adapten al entendimiento humano (encontrar un sentido). Por ejemplo, podríamos
decir que para Sócrates el sentido de la vida es la verdad, y que para los epicúreos, es el placer.
- Es un saber global; frente a la ciencia, que es parcial. La filosofía se esfuerza en captar la realidad
como totalidad. Muchos filósofos, al menos aquellos que estaban en una situación acomodada, se
dedicaban a la vida contemplativa: buscaban la posición del theoros, espectador absoluto que no
interviene en la realidad que observa.
-Es un saber radical, que va a la raíz de cuestiones como la libertad, el más allá, el bien y el mal, la
verdad… Estos problemas radicales no tienen soluciones concluyentes.
-Es un saber crítico y autocrítico. La filosofía se encuentra en una difícil tensión entre ser al mismo
tiempo reflejo (es decir, el producto) y crítica del ideario de una época. Hace una crítica de los
prejuicios y dogmatismos que existen en la mentalidad de una sociedad (sus creencias sin
fundamento, que se aceptan de manera inconsciente). Esto es lo que diferencia la filosofía de la
ideología. Karl Marx definía la ideología como el conjunto de las ideas, creencias y valores que
justifican o legitiman un determinado status quo y, por ende, respaldan los intereses de una clase
dominante. La ideología supone una visión sesgada de la realidad.
-Es un saber desinteresado. Por una parte, no responde a los intereses de un grupo determinado
(como es el caso de la ideología). Por otra parte, la filosofía es ya en su definición (filo- sofía) la
tendencia a la sabiduría, el amor por el conocimiento.
3. Diferencias entre saber científico y saber filosófico
-El saber científico estudia las causas inmediatas de las cosas que caen bajo nuestro radio de
observación y experimentación, se ocupa de lo observable, lo conocido. La ciencia es un saber de
primer grado, en la medida que se relaciona directamente con su objeto de estudio: es un saber
sectorial y específico, que descompone la realidad en diferentes campos de estudio. Es un saber
instrumental, constituye un medio para la obtención de un fin ulterior: el sentido de la ciencia es su
utilidad. Es un saber experimental: se refiere a hechos empíricos y se comprueba mediante
experimentos. La ciencia (cuando no está al servicio del capital) se ocupa de resolver problemas que
afectan a nuestro bienestar.
El progreso de la ciencia en la actualidad se relaciona directamente con el desarrollo de la
tecnología, el dominio de la naturaleza y la explotación de sus recursos. Al contrario que ocurría en
los mitos, la naturaleza a la luz de la ciencia ya no produce asombro (lo que en términos de Adorno
y Horkheimer se conoce como el “desencantamiento del mundo”). A veces la comunidad de
científicos carece de espíritu crítico como para preguntarse hacia dónde nos lleva ese progreso.
La ciencia en la actualidad ha reemplazado parcialmente otros saberes, como la magia y la religión.
En este sentido, la ciencia es un saber emancipador, ya que combate la superstición, el fanatismo y
la desinformación. Sin embargo, en este contexto hay quien proyecta en la ciencia un sentimiento
religioso, una suerte de fe ciega. En la medida que la ciencia es un saber “de soluciones”, que
resuelve problemas de manera eficiente; buscamos en ella el consuelo que antes encontrábamos en
la religión.
Corrientes de pensamiento actuales como el transhumanismo sostienen la idea de que la ciencia
tarde o temprano será capaz de resolver el problema de la muerte (sustituir órganos biológicos por
prótesis altamente funcionales, implantar dispositivos tecnológicos en nuestros cuerpos,
criogenizarnos hasta que alguien encuentre una cura para nuestras enfermedades, transferir
contenidos mentales a bases de datos, etc.). Mary Shelley, en Frankenstein, reflexionó acerca de los
peligros de desafiar los límites de nuestra condición humana.
-El saber filosófico es un saber de segundo grado, ya que versa sobre otros saberes, por lo tanto, es
un saber más general que la ciencia. Cuando la filosofía se relaciona con otros saberes, lo hace
desde una perspectiva crítica. Especula acerca de las “primeras causas” de los fenómenos que
observamos, aquellas que no son observables o medibles. De modo que la filosofía no se ocupa solo
de lo conocido, sino también indaga desconocido. Es un saber especulativo, que no parte de los
hechos, sino más bien de hipótesis e ideas. Cabe decir que las hipótesis también son fundamentales
en el progreso de la ciencia, tal y como había planteado Galileo: la ciencia avanza gracias a ideas
novedosas y revolucionarias.
La filosofía es un saber más de preguntas que de respuestas. Mientras que la ciencia busca dar una
solución práctica a problemas concretos, la filosofía se centra en abrir nuevos marcos conceptuales,
problematiza la realidad. La filósofa Betty Friedan, por ejemplo, hablaba del “problema que no
tiene nombre” para referirse al malestar que experimentaban algunas mujeres americanas que
habían renunciado voluntariamente a terminar sus estudios para dedicarse al hogar. Nos afectan más
los problemas que no somos capaces de identificar y comunicar a los demás. La filósofa Miranda
Fricker introdujo el concepto de “injusticia epistémica” para referirse a aquellos casos en los que no
disponemos de recursos conceptuales para interpretar una experiencia personal.
Si bien el sentido de la ciencia es su utilidad, es decir, la ciencia es un medio para obtener un fin
ulterior; la filosofía constituye un fin en sí mismo. Por su propia definición, la filosofía implica una
inclinación por el saber que no necesita justificarse en su utilidad práctica. Es “el saber por el
saber”.
En cuanto al problema de la muerte:
En el siglo XVIII, Kant estableció que los tres grandes temas de la metafísica eran el alma, el
mundo y Dios. Sin embargo, con la revolución industrial, el desarrollo de las ciencias y el declive
de las explicaciones religiosas; podríamos decir que la metafísica actual se centra en otros temas: el
ser humano como resultado de un proceso evolutivo y cultural, el mundo como totalidad de los
hechos, y la muerte. La angustia ante la muerte aflora especialmente cuando no nos ampara un
marco de creencias religiosas. Mientras que la ciencia se centra en mejorar nuestra calidad de vida,
la filosofía en general acepta que hay problemas que la ciencia no puede superar, y que definen la
experiencia vital del ser humano. El filósofo alemán Martin Heidegger decía que la esencia del ser
humano es su temporalidad, su existencia es finita: es un ser “para la muerte”.
4. Principales ramas de la filosofía en la antigüedad
4.1. Racionalidad teórica en la filosofía antigua
4.1.1 Ontología
Se ocupa de las cuestiones relativas a la realidad (“lo que hay”, “lo que existe”). En la época
presocrática, la pregunta por el origen –el arjé- de la naturaleza –la physis- era la cuestión filosófica
fundamental, una cuestión ontológica. Cada uno de los filósofos presocráticos (Tales, Pitágoras,
Heráclito y los atomistas, entre otros) propuso un posible “arjé”: el agua, el número, el fuego, el
átomo… Estos filósofos ejemplifican la transición conocida como paso del mito al logos, al sustituir
las explicaciones míticas propias de la tragedia griega por otras más “racionales”.
La ontología guarda una estrecha relación con la filosofía natura, la cosmología y la metafísica, la
rama de la filosofía que se pregunta por el “Ser” en general, o como dice Aristóteles, “el Ser en
cuanto Ser” (frente a la ciencia, que se pregunta por las diferentes “regiones del Ser”).
4.1.2 Epistemología
Se ocupa de lo relativo al conocimiento, ahondando en las relaciones entre el sujeto (el “yo” que
“aprehende” la realidad) y el objeto cognoscitivos. Algunas cuestiones fundamentales de la
epistemología son la percepción y el problema de la verdad. Los sofistas –antiguos maestros de
retórica- discutieron el problema epistemológico del acceso a la verdad, sosteniendo una postura o
bien relativista (Protágoras, entre otros) o bien escéptica (Gorgias, entre otros).
Protágoras: “el hombre es la medida de todas las cosas” (teoría de la homomensura).
Gorgias: “nada es; si alguna cosa había sido, no se podría conocer; y se se pudiera conocer, no se
podría comunicar”.
Por el contrario Sócrates, desde el realismo/universalismo acerca de la verdad, consideraba que la
verdad existía ya dentro de los seres humanos, e ideó la mayéutica socrática, un método que
consistía en desentrañar la verdad a través del diálogo y mediante lo uso de la ironía, para echar
abajo los perjuicios de sus interlocutores.
Otra teoría epistemológica importante en la Edad Antigua es la teoría de la reminiscencia de Platón.
Platón, también desde una postura realista, distingue la opinión o doxa del conocimiento real o
episteme. En otras palabras, para Sócrates o Platón, a diferencia de los sofistas, sí que es posible
aprehender la realidad.
4.1.3 Antropología
Se ocupa de lo relativo al ser humano. Durante la Edad Antigua, la antropología se centró en la
cuestión del alma, una idea que marcará el pensamiento occidental hasta la actualidad. En la Grecia
arcaica, antes del surgimiento de la filosofía, no existía la noción de “alma” tal como la entendemos
hoy. Lo más parecido que encontramos en Homero es “soma”, que significa “alma como sombra”.
El alma en la concepción arcaica no es más que un fantasma, un residuo que deja el cuerpo, un
mero reflejo.
Con Sócrates, sin embargo, aparece una nueva concepción del alma ligada a una concepción más
trascendental del ser humano: para Sócrates, la identidad y la conciencia se sitúan en el alma, luego
esta es mucho más importante que el propio cuerpo. Con Sócrates se inicia la tradición dualista que
separa alma y cuerpo como dos sustancias distintas, tradición que se prolonga hasta a nuestros días.
4.2. Racionalidad práctica en la filosofía antigua
4.2.1 Ética
Reflexión filosófica acerca de la acción moral, empleando conceptos como “bien”, “deber”,
“acción”, “intención”, “fin”, “responsabilidad”, etc.
El primero en cultivar este saber fue Sócrates, quien defendía un intelectualismo moral: quien hace
el mal, lo hace por ignorancia (desconocimiento). Sócrates identifica el bien y la felicidad, por eso
para él no tiene sentido pensar que alguien pueda hacer el mal intencionadamente, actuando así en
contra de su propia felicidad.
Aristóteles, seguidor en gran medida de las ideas de Sócrates, defendió un voluntarismo moral
basado en la virtud: la virtud es el justo medio entre dos extremos, y su contrario es el vicio. Por
ejemplo: el justo medio entre la cobardía y la temeridad (ambas, vicios) es la valentía. Sin embargo,
las virtudes según Aristóteles no se adquieren a través de la inteligencia, sino a través del hábito y la
buena voluntad.
La ética fue muy cultivada durante el período helenístico, con el epicureísmo, el hedonismo y el
estoicismo.
4.2.2 Filosofía política
En la Antigüedad trataba las cuestiones que alcanzaban al gobierno de la polis (la antigua ciudad-
Estado griega: Atenas, Esparta, Elea, Mileto, etc.). Con la democracia ateniense, una democracia
directa y deliberativa, adquieren una gran importancia las destrezas necesarias para participar en la
vida pública. A esto se deberá la fama de los sofistas en cuanto maestros de retórica: el arte de
hablar bien. Decía Pericles (político de la antigua Atenas) que aquel que sabe pero no se sabe
explicar, es como si no supiera nada. Los sofistas, que eran relativistas o escépticos, consideraban
que en un debate o disputa prevalece la palabra sobre la verdad: no gana aquel que tiene más razón,
sino el que es más diestro a la hora de argumentar. Los sofistas fueron los primeros en distinguir
naturaleza y convención, y paralelamente, la ley natural de la ley positiva. Consideraban que lo
natural es actuar según más nos convenga; y que las normas jurídicas, la mayor parte de las veces,
iban en contra de esta ley natural.
Sócrates, por el contrario, en su compromiso que verdad, fue un firme defensor de la justicia, lo
cual lo acabó llevando a la muerte, tras la Guerra del Peloponeso. Tal y como describe Platón,
cuando Sócrates fue sentenciado la muerte, aceptó la sentencia por su amor a Atenas, por el respeto
a las decisiones tomadas en democracia, y porque consideraba que “es mejor padecer injusticia que
cometerla”.
Platón y Aristóteles también contribuyeron a esta disciplina filosófica. Platón elaboró la teoría del
filósofo-rey. Aristóteles, la de las tres formas de gobierno: monarquía, aristocracia y república (y
sus respectivas degeneraciones: tiranía, oligarquía y democracia/demagogia).
5. Actividades recomendadas
5.1 Elabora una tabla comparativa de las explicaciones mitológicas y las filosóficas en el paso del
mito al logos
5.2 Elabora una tabla de diferencias entre el saber científico y el saber filosófico
5.3 Elabora un glosario de al menos quince conceptos filosóficos del temario
5.4 Escribe una reflexión personal acerca del siguiente fragmento en relación con los contenidos del
temario
Y es que las ciencias, importándonos tanto y siendo indispensables para nuestra vida y nuestro
pensamiento, nos son, en cierto sentido, más extrañas que la filosofía. Cumplen un fin más
objetivo, es decir, más fuera de nosotros. Son, en el fondo, cosa de economía. Un nuevo
descubrimiento científico, de los que llamamos teóricos, es como un descubrimiento
mecánico; el de la máquina de vapor, el teléfono, el fonógrafo, el aeroplano, una cosa que
sirve para algo. Así, el teléfono puede servirnos para comunicarnos a distancia con la mujer
amada. ¿Pero esta para qué nos sirve? Toma uno el tranvía eléctrico para ir a oír una ópera; y
se pregunta: ¿cuál es, en este caso, más útil, el tranvía o la ópera?
Miguel de Unamuno, del Sentimiento trágico de la vida
5.5 Escribe una reflexión personal acerca del siguiente fragmento en relación con los contenidos del
temario
«Sano» y «enfermo» son dos palabras que un médico decente y de buena fe no debería
pronunciar jamás, pues ¿dónde empieza la enfermedad y termina la salud? ¡Y lo mismo
«curable» e «incurable»! Ya lo sé, son palabras muy corrientes y en la práctica es difícil
pasarse sin ellas. Pero no conseguirá que pronuncie la palabra «incurable». ¡Yo, nunca! Sé
que el hombre más cuerdo del último siglo, Nietzsche, escribió esta frase terrible: no hay que
querer ser médico de lo incurable. Pero es, con diferencia, la más falsa de todas las frases
paradójicas y peligrosas que ofreció a nuestro análisis. La verdad es exactamente lo contrario,
y yo afirmo: es justamente de lo
incurable de lo que hay que querer ser médico. Y más aún: la verdadera piedra de toque del
médico está en lo que llamamos incurable.
El médico que acepta de antemano el concepto de «incurable» deserta de la misión que le es
propia, capitula antes de la batalla. Desde luego, sé que es más fácil y cómodo emplear la
palabra «incurable» en ciertos casos y dar media vuelta con cara de resignación y los
honorarios de la consulta en el bolsillo... Sí, sí, es muy cómodo y lucrativo ocuparse
exclusivamente de los casos comprobados, acreditados como curables y cuya terapia se puede
encontrar bien detallada en las páginas tal y tal de cualquier mamotreto. Bueno, a quien le
guste hacer de matasanos, que lo haga. A mí personalmente me parece una labor tan
lamentable como la del poeta que se limita a repetir lo ya dicho, en vez de intentar domar con
la palabra lo no dicho y aun lo indecible, o como el filósofo que explica por nonagésima
novena vez lo que ya se sabe desde hace tiempo, en vez de enfrentarse a lo desconocido, lo
incognoscible. Incurable: un concepto relativo, no absoluto. Para la medicina, como ciencia
progresiva, los casos
incurables sólo existen en un estadio momentáneo, en nuestro espacio de tiempo presente,
esto es, desde nuestra perspectiva limitada y obtusa de sapos.
Stefan Zweig, la Impaciencia del corazón
5.6 Escribe una reflexión personal acerca del siguiente fragmento en relación con los contenidos del
temario
“(…) para el griego, ser tiene de manera inmediata y natural la connotación de presencia,
aparecer y parecer, y lo que constituye problema filosófico, lo que está necesitado de una
expresa descripción fenomenológica, es el que, sin embargo, haya lo que parece-y-no-es.9”
“Platón es el primer momento en el que cierto rasgo peculiar del acontecer de la Grecia
arcaica y clásica se plasma en un tipo peculiar de decir. Podemos definir provisionalmente el
rasgo en cuestión diciendo que se trata de la insolencia consistente en que se vuelva o se
quiera volver relevante aquello que en todo caso está ya supuesto y que, por lo tanto, siempre
ya ha quedado atrás, digamos: que quiera hacerse relevante el juego mismo que siempre ya se
está jugando.”
“(…) ¿dónde, en qué dimensión, el zapato aparece como zapato o tiene lugar como zapato o
es caracterizado o «dicho» como zapato?, ¿dónde de esto acontece que ello sea zapato?; al
menos está bien claro dónde no acontece, dónde esto no es zapato, dónde no tiene lugar como
zapato, a saber: no es zapato en lo que yo estoy haciendo ahora, al fijar mi atención en ello, al
tematizarlo; hasta tal punto es así que de ordinario esa fijación y tematización se produce
precisamente cuando el zapato deja de tener lugar como tal, por ejemplo cuando lastima o se
estropea; es entonces cuando se presta atención al zapato y éste se vuelve tema; por el
contrario, zapato es el zapato mientras no le presto atención, porque entonces simplemente
camino seguro y es ahí donde en verdad el zapato es zapato”
Felipe M. Marzoa, Ser y diálogo