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La Vocación del Guerrero: Fuerza y Resiliencia

El documento destaca la importancia de hombres fuertes y dedicados en la sociedad, quienes sacrifican su bienestar por el bienestar de los demás. Se reflexiona sobre la dualidad de la vida y la naturaleza del guerrero, enfatizando que su entrenamiento debe enfocarse en la eficiencia en combate y la resiliencia. Se rechaza la superficialidad del entrenamiento físico estético, abogando por una preparación que priorice la agilidad y la capacidad de respuesta en situaciones extremas.

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La Vocación del Guerrero: Fuerza y Resiliencia

El documento destaca la importancia de hombres fuertes y dedicados en la sociedad, quienes sacrifican su bienestar por el bienestar de los demás. Se reflexiona sobre la dualidad de la vida y la naturaleza del guerrero, enfatizando que su entrenamiento debe enfocarse en la eficiencia en combate y la resiliencia. Se rechaza la superficialidad del entrenamiento físico estético, abogando por una preparación que priorice la agilidad y la capacidad de respuesta en situaciones extremas.

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iberian.

athlete

La sociedad necesita todo tipo de buenas personas para funcionar eficazmente.


De entre todos los arquetipos que puedas imaginar, precisa especialmente de
hombres duros: soldados y policías al servicio de la Patria. La sociedad necesita
buenas personas que estén dispuestas a sacrificar su salud, agachando el lomo,
trabajando largas jornadas nocturnas, tragando gases nocivos, o pringando a
altas temperaturas para que el resto disfruten de tranquilidad, bienestar y
seguridad. Hombres, en general, difíciles de matar: de músculo fuerte y mente
dura. Hombres echados para delante, que, pese a rajar fuertemente del
servicio, no necesitan que les repitan dos veces las órdenes para cumplirlas,
aunque vayan en detrimento de su integridad física. Hombres que no necesitan
privilegios, ni que les reconozcan su trabajo, o que les dediquen un día al año.
¡Nos la pela! Seguiremos trabajando pese a la falta de medios, pese a lo mucho
que nos insulten, pese a que cada vez tengamos más enemigos, pese a los
desplantes y faltas de respeto de quienes nos dirigen.

Da igual cuanto traten de jodernos, porque tenemos junto a nosotros el arma


más poderosa que existe: la vocación de servir. Desde Empecinados os
alentamos a que nunca perdáis esa chispa pues es el combustible que
precisamos para seguir cargando con todo el peso que llevamos a nuestras
espaldas.

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Una reflexión que leí en un comentario de una cuenta hacía referencia a que el
acero de una espada es forjado para cortar y no adornar.
Maduremos y aceptemos la dualidad de la vida, aceptemos que la vida es
bonita y triste, que es amable y cruel, que mientras muestras todo tu apoyo y
cariño a tu binomio en esa zona de reunión fría y oscura te estas preparando
para poder asaltar una posición a sangre y fuego. Lo demencial y anecdótico de
todo esto es que en la profesión donde la humanidad se muestra más nítida y
clara posible nos preparamos para acometer el acto más inhumano posible que
es el de MATAR.
Nuestra función es clara matar, seguir matando y morir matando.
Y sin egos deberíamos reflexionar si realmente mi adiestramiento y el de mi
unidad nos permitiría sobrevivir en el peor de los casos, en casos reales como
por ejemplo los que vemos al este u Oriente Medio.
Nos enfrentaremos a personas embrutecidas en cuerpo y alma por el fanatismo
y las inclemencias diarias, personas cuyo único medio de transporte son sus
propios pies, que no disponen de calefacción ni aire acondicionado o que
duermen a la intemperie o en condiciones austeras.
Mentes y almas cuyo único fin es matar, seguir matando y morir matando.
Endurece el alma y cultiva la mente porque cuando el estruendo de la guerra
resuene con su rugido desgarrador, lo único que nos podrá librar del averno es
ser flexibles, letales y resilientes.
Estoy seguro que nuestra espada seguirá separando con su filo la tiranía de la
libertad y a cada golpe seguirá mostrando nuestra resistencia en las páginas
indelebles del tiempo.
[Link]

Un guerrero no es un atleta, es un guerrero.


Un peso muerto masivo no es impresionante si no puedes correr una milla con
todo tu equipo de combate sin esfuerzo. Un press de banca enorme no tiene
sentido si no puedes trepar por una cuerda o saltar una pared. No sirve ser un
mero espectáculo de volumen ni estar acostumbrado a funcionar al amparo de
un consumo calórico enorme y siendo adictos a bebidas energéticas.
Debemos movernos rápidos, ágiles y agresivos. Estamos aquí para construirnos
como máquinas implacables de combate eficientes, capaces de caer
fulminantes como un rayo sobre nuestro enemigo, tal vez tras una infiltración
de decenas de quilómetros cargando con todo el equipo necesario tras saltar de
un avión al vacío de los aires; guerreros instruidos en la austeridad y en la
carencia.
Debemos orientar nuestro trabajo físico y nuestra capacidad de generar
esfuerzo hacia la capacidad de violencia, no hacia lo estético, no hacia la pose,
porque ahí no es, eso lo recibiremos por añadidura.

En el guerrero histórico español no veremos quizás titanes físicos de aquel


imaginario colectivo helénico sino guerreros con el músculo pegado al hueso
como aquel guerrillero hecho a vivir y combatir en el monte sin más que con lo
puesto. O como aquellos pequeños grupos encamisados cruzándose las frías
aguas flamencas al amparo de la luna que fueron la pesadilla de Europa y que
hicieron del mundo su imperio.
Aún somos eso, solo hay que recordarlo.

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