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Relación entre Inmunidad y Neuroendocrino

El documento describe la interrelación entre el sistema inmune, endocrino y nervioso, destacando su importancia en la regulación de la homeostasis y la respuesta inmunitaria. Se explican los mecanismos de defensa del sistema inmune, incluyendo la inmunidad innata y adaptativa, así como el impacto del estrés en la función inmunitaria. Además, se menciona cómo la respuesta inmunitaria se activa ante la exposición a antígenos y la relevancia de las vacunas en la protección contra enfermedades infecciosas.
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Relación entre Inmunidad y Neuroendocrino

El documento describe la interrelación entre el sistema inmune, endocrino y nervioso, destacando su importancia en la regulación de la homeostasis y la respuesta inmunitaria. Se explican los mecanismos de defensa del sistema inmune, incluyendo la inmunidad innata y adaptativa, así como el impacto del estrés en la función inmunitaria. Además, se menciona cómo la respuesta inmunitaria se activa ante la exposición a antígenos y la relevancia de las vacunas en la protección contra enfermedades infecciosas.
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RELACION ENTRE EL SISTEMA INMUNE y el SISTEMA NEUROENDOCRINO.

Para lograr que el hombre se adapte a su medio es necesario una adecuada sincronización de
las funciones de los sistemas de su organismo y en caso del surgimiento de un desbalance,
esta adaptación depende del restablecimiento de ese equilibrio. La triada que existe entre
sistema inmune, endocrino y nervioso es importante para la regulación de la hemostasias del
organismo para estar en plena armonía y así el buen funcionamiento.

Se conoce con el término inmunidad al estado fisiológico de reacción y reconocimiento de toda


sustancia extraña por parte de un ser vivo. Tales elementos exógenos o foráneos son
denominados antígenos. Se consideran antígenos a una amplia variedad de elementos, entre
los cuales pueden incluirse microorganismos patógenos o macromoléculas de naturaleza
proteica o polisacárido, no necesariamente asociados con el desarrollo de enfermedades

Por tanto Inmunidad es el conjunto de mecanismos de defensa que le permiten a un organismo


protegerse del micro agresores que encuentra en su medio ambiente, evitar el desarrollo de
células tumorales y eliminar moléculas nocivas originadas en su interior como consecuencia
del envejecimiento, infecciones el trauma o el crecimiento neoplásico. De no ser por el sistema
inmune estos no invadirían los tejidos causando enfermedad y muerte, la ecuación salud-
enfermedad-muerte es un estado dinámico en el cual nuestro sistema inmune controla los
agentes externos que tratan de alterar la homeostasis.

El reconocimiento y protección contra un antígeno determinado se lleva a cabo a través de dos


tipos de respuesta inmunitaria: respuesta inmune innata y respuesta inmune adaptativa.

La respuesta inmune innata o natural se desarrolla como primera línea de defensa contra
antígenos con actividad patógena. Se caracteriza por un efecto inmediato, cuya actividad no es
estimulada exclusivamente por exposición al antígeno, ya que sus elementos efectores
constitutivos existen en el organismo antes de producirse el desafío antigénico.

El reconocimiento de todo antígeno (respuesta inmunitaria), se lleva a cabo a través de


diferentes eventos celulares y moleculares. Las células y moléculas responsables de tal
respuesta constituyen el sistema inmune

Componentes del Sistema Inmune Células: Linfocitos, T y B. Fagocitos Mononucleares,


Células Dendríticas, Granulocitos, Células Endoteliales, Fibroblasto.

Órganos Linfoides: Medula Ósea, Timo, Ganglio, Bazo.

Las células del tejido inmunológico están presentes como células circulantes en la sangre y
ganglios. La organización anatómica de las células, su habilidad para circular e intercambiarse
entre ganglios, sangre y tejido es de importancia para la generación de la Respuesta Inmune.

CLASIFICACION ORGANO LINFOIDE


PRIMARIO Médula Ósea Timo
SECUNDARIO Bazo Ganglios Linfáticos
Tejido Linfoide Asociado a Piel. Lámina
TERCIARIO Propia de Mucosas. Tejido Linfoide Asociado
a Intestino. Tejido Linfoide Asociado a
Bronquios. Células de revestimiento del
tracto urinario

RESPUESTA INMUNITARIA
La inmunidad innata (inespecífica) y la inmunidad específica (adquirida) son los dos
componentes que constituyen el sistema inmunitario. A su vez, la inmunidad específica incluye
dos subtipos: la inmunidad humoral, representada por los anticuerpos producidos por los
linfocitos B, y la inmunidad celular, mediada por los linfocitos.

La respuesta inmunitaria la inician las células del sistema inespecífico (neutrófilos, macrófagos
y células dendríticas), que fagocitan los gérmenes y presentan seguidamente los antígenos a
los linfocitos T ayudadores (T CD4). Estos linfocitos deciden si actuará la inmunidad específica
humoral o bien la inmunidad específica celular.

ESTRÉS E INMUNIDAD

Los estudios sobre los efectos del estrés sugieren que éste puede alterar el sistema
inmunitario, dando lugar a la aparición de procesos infecciosos, oncológicos o
autoinmunitarios, procesos que son debidos a una inhibición de la respuesta inmunitaria. La
capacidad de adaptación del organismo frente al estímulo afecta a la respuesta inmunitaria,
condicionando de este modo la respuesta individual frente a la infección, el cáncer, etc.
Conviene recordar que en determinadas etapas de la vida (fetal, perinatal y senescencia), la
interacción estrés-inmunidad adquiere una mayor importancia.

Por otra parte, durante el estrés se liberan neurotransmisores y hormonas que en su mayoría
tienen receptores y actividad sobre las células inmunitarias. Así por ejemplo, los corticoides
inhiben a un gran número de citoquinas proinflamatorias.

En general puede decirse que un hecho estresante afecta al sistema inmunitario de dos
formas:

Causando cambios en la distribución de células en el organismo, lo que influye en la respuesta


local frente a un agente patógeno.

Alterando la propia respuesta celular.

Actualmente se cree que el sistema inmunitario es un órgano sensorial que explora el medio
interno para descubrir infección y traumas e informar al sistema nervioso central. Es entonces
cuando este último elabora mensajes endocrinos y neurotransmisores que regulan la respuesta
inmunitaria, evitando así la hiperactividad inmunitaria inflamatoria que puede lesionar al
huésped. Así pues, el estrés intenso, tanto físico como psíquico, altera el sistema inmunitario
de varias formas:

Favoreciendo el desarrollo de infecciones oportunistas por inmunodeficiencia celular


cuantitativa y funcional o cualitativa.

Participando en o favoreciendo el desarrollo de cuadros de origen inflamatorio agudo, por


alteración de las cadenas de citoquinas.

Favoreciendo el desarrollo de enfermedades tan diversas como el Alzheimer y las patologías


autoinmunitarias, en cuya etiología se cree que podrían influir los trastornos de las citoquinas
inducidos por el estrés.

Produciendo reactivación viral, que podría ser consecuencia de un estrés intenso crónico y
agudo.

La respuesta inmune innata o natural se desarrolla como primera línea de defensa contra
antígenos con actividad patógena. Se caracteriza por un efecto inmediato, cuya actividad no es
estimulada exclusivamente por exposición al antígeno, ya que sus elementos efectores
constitutivos existen en el organismo antes de producirse el desafío antigénico.

Entre los factores efectores de la respuesta se encuentran:

1) Barreras fisicoquímicas, como la piel y mucosas

2) Moléculas circulantes, como el complemento.


3) Células, como fagocitos mononucleares (macrófagos), polimorfonucleares (neutrófilos) o
células asesinas naturales.

4) Factores humorales, como gamma-Interferon o Factor de Necrosis Tumoral

La respuesta adaptativa o específica se caracteriza por la capacidad de reconocer antígenos


con alta especificidad y desarrollar memoria inmunológica. Dicha respuesta se activa e
incrementa de manera determinante ante la exposición al antígeno.

La respuesta específica se clasifica a su vez en dos tipos:

1) Respuesta inmune celular específica, mediada por Linfocitos T

2) Respuesta humoral o B-dependiente. Para iniciar una respuesta específica, tanto los
linfocitos B como los T deben llevar a cabo procesos de activación, diferenciación y
proliferación, con el estímulo del antígeno.

Cuando nos vacunamos nuestro organismo activa una respuesta inmunitaria protectora que
nos ayuda a reconocer a un agente patógeno y a combatirlo en caso de estar en contacto con
él, evitando así la enfermedad infecciosa. La eficacia de las vacunas se basa en la capacidad
del antígeno (agente que queremos combatir) para provocar una respuesta inmune protectora
y que nuestro sistema inmunológico responda de una manera adecuada.

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