UNIDAD 4: EL SABER CIENTÍFICO
1. LA COSMOVISIÓN ARISTOTÉLICO-PTOLEMAICA
La cosmovisión aristotélico-ptolemaica perduró hasta el Renacimiento. Aristóteles recogió y
sistematizó muchas de las ideas de sus antecesores y extrajo una serie de principios que consideró
absolutamente verdaderos y a partir de los cuales dedujo toda su teoría. Sus postulados fueron:
A. La Tierra está en el centro del cosmos y es inmóvil.
B. Los movimientos de los astros son circulares y uniformes.
C. En el cielo no puede haber otro tipo de cambio, aparte del movimiento de los astros.
Aristóteles construyó una verdadera cosmología, una explicación global del mundo. Según él, todo
lo que existe está contenido en una gran esfera, en cuya superficie interna están pegadas las
llamadas estrellas fijas. Fuera no hay nada, pero en su interior todo está lleno, aunque dividido en
dos regiones completamente diferentes:
A. Mundo sublunar o región terrestre: formado por los cuatro elementos: tierra, aire, agua y
fuego. Tales elementos se distribuyen en capas concéntricas, de abajo a arriba (para
Aristóteles, arriba y abajo son lugares absolutos, no relativos como en la actualidad): tierra,
agua, aire y fuego. Lo que ocurre es que la región sublunar nunca está en calma por distintas
razones. Las partes de cada elemento que son continuamente desplazadas de sus lugares
naturales ofrecen resistencia a este desplazamiento y, tan pronto como pueden, tienden a
volver a sus lugares naturales y por el camino más corto (en línea recta). De esta forma
explicaba la caída de los cuerpos.
B. Mundo supralunar o región celeste: formado por un solo elemento, el éter, una sustancia de
características divinas: pura, inalterable, no engendrada e incorruptible, sin peso,
transparente y cristalina. Distribuida en capas concéntricas que giran en torno a la Tierra
transportando los astros (los planetas y las estrellas fijas). Estos son acumulaciones esféricas
de éter que brillan por su densidad.
Los tres postulados aristotélicos condicionaron toda la cosmología posterior hasta el Renacimiento.
Sin embargo, las observaciones chocaban con estos postulados. Los llamados planetas (palabra que
significa «vagabundo», «errante») no seguían curvas regulares, sino que, más bien, parecían seguir
rutas caprichosas.
Para solventar este problema se propusieron dos soluciones:
[Link] de Eudoxo: esferas homocéntricas.
[Link] de Ptolomeo: el planeta se movía directamente en torno a un punto (epiciclo) que, a su vez,
describía una circunferencia (deferente) alrededor de la Tierra. Este artilugio permitía todas las
adaptaciones necesarias para ajustar el movimiento, introduciendo más bucles, como puede
contemplarse en la siguiente imagen:
2. EL GIRO COPERNICANO
Fue Nicolás Copérnico quien inició la revolución astronómica moderna en su libro De
revolutionibus orbium coelestium (1543), donde expuso un sistema heliocéntrico (el Sol se situaría
en el centro del universo). Este nuevo sistema implicaba una imagen completamente distinta del
mundo.
Copérnico planteará su argumento según el modo establecido por Guillermo de Ockham: la
explicación más sencilla de cualquier fenómeno deberá ser la verdadera. Todo el complejo sistema
ptolemaico sería mucho más simple y predictivo si la Tierra dejara de ocupar su lugar preeminente y
este fuera ocupado por el Sol: modelo heliocéntrico frente a modelo geocéntrico. La Tierra, además,
poseería un movimiento de traslación alrededor del Sol, uno de rotación sobre sí misma y uno de
inclinación de su eje: modelo geodinámico frente a modelo geoestático.
No obstante, Copérnico sostuvo tesis del anterior paradigma, como el movimiento circular de los
planetas y la finitud del Universo. Su sistema seguía siendo confuso, pues el movimiento circular
obligaba a recurrir a las complicaciones de los epiciclos.
3. HACIA LA COSMOLOGÍA MODERNA
El resultado de la ciencia moderna hizo pasar de una imagen de un mundo como un cosmos –un
todo ordenado, finito y cerrado, constituido por dos regiones radicalmente distintas, compuestas de
sustancias distintas y regidas por leyes también distintas –a entenderlo como un Universo –un
conjunto abierto y posiblemente infinito de seres, formados enteramente por los mismos
componentes y regidos por las mismas leyes.
Johannes Kepler (1571-1630), astrónomo y matemático alemán, aportó un apoyo matemático más
firme que el de las tesis copernicanas. Formuló tres leyes cuyas principales implicaciones fueron las
siguientes:
*Los movimientos de los planetas alrededor del Sol no son circulares sino elípticos. El Sol estaría
situado en uno de los focos de la elipse.
*Introduce el concepto físico moderno de fuerza motriz.
*Tal fuerza motriz dirigida hacia el Sol hace que los planetas recorran áreas iguales en tiempos
iguales.
Galileo Galilei (1564-1642) sentó las bases de una nueva física compatible con el movimiento de la
Tierra, que contribuyó notablemente a la aceptación del heliocentrismo y también presentó pruebas
muy importantes a favor del sistema heliocéntrico.
Postuló que la Luna tiene la misma composición que la Tierra, criticando la doble composición del
Universo sostenida por Aristóteles.
Uno de los principios básicos de Galileo para explicar el movimiento en la Tierra fue el de la
relatividad del movimiento. Cuando un mismo movimiento afecta a diversos objetos, todo ocurre
entre ellos como si no existiera este movimiento. Por tanto, reposo y movimiento son relativos: un
cuerpo solo se puede considerar en movimiento por referencia a otro que se considera en reposo.
Por ejemplo, si jugamos con una pelota en un tren, la pelota subirá y bajará en línea recta, aunque el
tren se esté desplazando.
Galileo invalida la explicación aristotélica del movimiento al no depender este de aspectos pu-
ramente cualitativos (que un cuerpo sea de tierra o de aire), sino a aspectos que sean cuantitativos
(que un cuerpo pese más o menos).
4. EL PARADIGMA NEWTONIANO
Isaac Newton (1642-1727) culminará el sistema de la cosmología moderna al proponer un sistema
mecánico (sistema de explicación del movimiento) unificado. A partir de la ley de gravitación
universal, «dos cuerpos se atraen con una fuerza directamente proporcional al cuadrado de sus
masas e inversamente proporcional al cuadrado de su distancia», se pueden explicar fenómenos tan
diferentes como la caída de los objetos hacia el centro de la Tierra, los movimientos de la Luna y los
planetas, o las mareas.
En su obra “Principia Mathematica” (1687) desarrolló sus tres leyes referidas al movimiento:
1. Todo cuerpo sigue en su estado de reposo o de movimiento uniforme rectilíneo, salvo que
sea obligado a cambiar dicho estado por fuerzas aplicadas.
Esta ley de la inercia ya fue postulada por Galileo y somete a crítica la tesis aristotélica referida a
los movimientos locales violentos. Para Newton, tiempo y espacio son absolutos, es decir, siempre
podremos encontrar un sistema de referencia que dé razón del movimiento de los cuerpos.
2. El cambio de movimiento es la aceleración (F=m x a).
La aceleración de un objeto es directamente proporcional a la suma de fuerzas que actúan sobre un
objeto (fuerza neta) e inversamente proporcional a su masa.
3. A cada acción se le opone una reacción igual.
Cuando, por ejemplo, saltamos sobre el suelo, ejercemos una fuerza contra él (acción). Al mismo
tiempo, el suelo ejercerá una fuerza igual sobre nuestros pies, aunque en sentido opuesto (reacción).
Estas fuerzas no se anulan pues se están ejerciendo sobre cuerpos distintos.
5. EL DEBATE COSMOLÓGICO EN LA ACTUALIDAD: FÍSICA CUÁNTICA Y
TEORÍA DE LA RELATIVIDAD
La teoría newtoniana fue aceptada durante los siglos XVIII y XIX. Sin embargo, a partir de la
segunda mitad del siglo XIX empezaron a hacerse descubrimientos que, aunque en principio eran
interpretados siguiendo los principios de Newton, empezaban a poner de manifiesto dificultades que
no podían ser explicadas por la teoría y exigían una nueva revolución teórica.
Entre estas teorías destaca la teoría de la relatividad de Einstein y que supondrá el inicio de una
nueva revolución científica. Einstein afirma que se puede prescindir del éter si se abandona la idea
de un espacio y tiempo absolutos e independientes de los objetos que existen y de los sucesos que
ocurren. Acepta, en cambio, que las leyes de la naturaleza son las mismas para todos los
observadores, sea cual sea su velocidad y que para todos ellos la velocidad de la luz es constante. Se
rompe así con la física galileana y newtoniana.
Newton supuso que la luz estaba constituida por partículas que se movían a gran velocidad. ¿Pero
cómo se transporta la luz? Newton recurrió al éter. Michelson y Morley, a comienzos del s. XX,
idearon un experimento para poner a prueba la hipótesis del éter. Emitieron un rayo hacia un espejo,
en el mismo sentido en el que se desplaza la Tierra. Emitieron otro rayo en sentido opuesto. Según
la física newtoniana, el primer rayo viajará a una velocidad mayor y llegará al espejo un poco antes.
Pero no sucedió esto. Ambos haces de luces llegaron al mismo tiempo. Se tuvo que admitir que el
éter no existía.
Einstein estableció que la luz siempre se propaga a la misma velocidad, a una velocidad constante y
esto con independencia del sistema de referencia utilizado. Si alguien pudiera viajar a la velocidad
de la luz, con respecto a quienes no lo hicieran, experimentaría que el tiempo transcurre más rápido
y que el espacio se achica. Por tanto, no es posible hablar de un tiempo separado de su espacio.
Espacio-tiempo están unidos a la gravedad, de tal forma que la atracción de los cuerpos, también en
el Universo, se debe a una deformación de esta dimensión.
La física cuántica es el estudio de la realidad atómica y subatómica. Usemos la “paradoja del gato
de Schrödinger” para explicar alguno de sus aspectos.
Encerremos a un gato en una caja junto con una ampolla de veneno que tenga una partícula
radiactiva como tapón. Si el tapón se desintegra, el gato morirá. Si el tapón no se desintegra, el gato
vivirá. ¿Cómo saber si el gato está vivo o muerto? Abriendo la caja para comprobarlo. Si no la
abrimos, el gato estará vivo y muerto al mismo tiempo. ¿Qué ocurre cuando abrimos la caja? Que
sabremos qué paso con el gato.
¿Qué implicaciones tiene esto? La realidad no puede ser observada porque cuando lo hacemos deja
de comportarse como tal. Solo es tal como es cuando no la observamos. Esto se conoce con el
nombre de principio de superposición en física cuántica. Cuando observamos la realidad,
determinamos qué realidad es la posible, pero nunca podremos determinar cómo es la realidad en sí
misma. La realidad, en sí misma, es indeterminada. Si la realidad está determinada por la
observación, nunca sabremos a priori qué realidad será la que terminará siendo observada. Estamos
ante otro de los grandes principios de la física cuántica: el principio de incertidumbre de
Heisenberg.